[93] Otra suerte de preocupados perniciosos son los viageros que andan á

correr las Cortes, quando se restituyen á sus patrias. No vituperamos el

que se hagan viages á Paises extraños para instruir el entendimiento,

porque sabemos que en todos tiempos se ha usado esto con el fin de ver

las varias costumbres, inclinaciones, leyes, policía, gobierno,

Ciencias, y Artes de varios Pueblos, para tomar lo util, y honesto que

falta en el propio Pais, y trasladarlo á él. Debiendo, pues, hacerse

estos viages para mejorarse en el saber, y en las costumbres el viagero,

y á la vuelta ilustrar á su Patria, es cosa clara que para lograr estos

fines es menester que el viage se haga en edad competente con

instruccion para conocer lo honesto y util, y distinguirlo de lo

aparente y superfluo: conviene tambien la sagacidad necesaria para

conocer á los hombres, y las varias maneras que estos tienen de engañar

á los viandantes. Con estas prevenciones, y con un conocimiento

suficiente de las Artes y Ciencias puede hacerse el viage con provecho,

deteniéndose en los lugares, donde pueda instruirse el tiempo necesario

para enterarse de las cosas importantes de cada Pais. Pero como hoy se

usa ir aprisa, volver presto, sin estudios, sin lógica, sin la moral,

sin filosofía, en edad tierna, poco proporcionada para la instruccion,

es ir á embelesar los sentidos, hinchar la imaginacion, llenar el

ingenio de combinaciones superficiales, y preocupar el juicio con los

errores de estas otras potencias. Así traen á su Pais la moda, la

cortesía afectada, el ayre libre, y el ánimo inclinado á vituperar en su

propia Patria todo lo que no sea conforme á lo que han visto en la

agena. Dos célebres Escritores[a], el uno Frances, llamado MIGUEL DE

MONTAGNA; el otro Ingles, llamado LOCK, bien conocidos en el orbe

literario, explican muy bien los defectos de estos viages, y las

bagatelas de que vuelven muy satisfechos los viageros. Para evitar estos

inconvenientes aconsejan que estas peregrinaciones se hagan hasta los

quince años, con un buen Maestro que dirija al joven viandante, como lo

hacia MENTOR con TELEMACO. A la verdad esta especie de viage en edad tan

tierna podrá servir para instruirse en las lenguas, en lo demas nada.

[Nota a: Montagne _Esais lib. I. capítulo 25._ Lock _Educacion des

enfans, tom. 2. §. CCXIX. pág. 266. y sig._]

[94] El P. LEGIPONT, de la Orden de S. Benito, ha publicado poco ha un

itinerario para hacer con utilidad los viages á Cortes extrangeras. Le

ha traducido en Español el Dr. JOAQUIN MARIN, docto Abogado Valenciano.

En esta obrita se hallan las reglas prudentes para viajar con utilidad;

y el que lea la censura que á ella ha puesto el Dr. AGUSTIN SALES,

Presbítero en Valencia, no le pesará de su trabajo, por ser digna de

leerse, y estar escrita por uno de los eruditos principales de nuestra

España. Feyjoó conoció ya algunos defectos de los viandantes de estos

tiempos, y los explicó con estas palabras: "Aun despues que el Mundo

empezó á peregrinarse con alguna libertad, y no hubo tanta para mentir,

nos han traido de lo último del Oriente fábulas de inmenso vulto, que se

han autorizado en innumerables libros, como son las dos populosísimas

Ciudades Quinzai y Cambalii: gigantes entre todos los Pueblos del Orbe:

el opulentísimo Reyno del Catay al Norte de la China: los Carbunclos de

la India: los Gigantes del Estrecho de Magallanes; y otras cosas de que

poco ha nos hemos desengañado[a]".

[Nota a: Feyjoó _Teat. Crit. tom. 5. disc. I. §. 3. n. 10_.]

[95] Suele preocuparse el juicio freqüentemente en las cosas de piedad y

Religion. Ha creido uno quando era niño, que el Santuario de su tierra

es un seminario de milagros, que un Peregrino formó la Imagen que en él

se venera, y que no puede disputársele, ó la prerrogativa de tocarse por

sí misma la campana, ó de aparecer tal dia florecillas, ú otras cosas

maravillosas, con que Dios le distingue entre muchos otros. Algunos

dexan correr estas relaciones, porque dicen son piadosas, aunque en

parte sean falsas. Mas yo quisiera que se descartaran quando no están

bien averiguadas, porque nuestra santísima Religion es la misma verdad,

y no necesita de falsas preocupaciones para autorizar su creencia. De

esto hablarémos mas adelante. Lo que toca ahora á nuestro propósito es,

que estas cosas creidas con anticipacion ocasionan despues mil guerras,

y discordias entre los Escritores, que quieren, ó defenderlas, ó

impugnarlas.

[96] La letura de algun Autor suele causar fuertes preocupaciones[a].

Hay uno que en su juventud ha leido continuamente á SENECA, y despues no

hay perfeccion que no halle en este Filósofo, y todos los demas no han

hecho cosa notable; ni ya se oirá de su boca otra cosa que lugares de

Séneca, máxîmas morales sueltas y descadenadas. En este asunto tengo

por cierta especie de felicidad preocuparse de un Autor bueno, porque

aunque no lo sea tan universalmente como le hace creer la preocupacion,

por lo menos ya en algunas cosas no le ocasiona error. Por esto ha de

cuidarse, y es punto esencial de la buena crianza, en no dexar leer á

los muchachos sino libros buenos, y que puedan instruir su

entendimiento, y perficionarles el juicio; y me lastimo de ver, que

apenas se les entregan otros libros que los de Novelas, ó Comedias, ó de

Fábulas, con que se habitúan á todo aquello que les hincha la

imaginacion, y corrompe el juicio. No solamente se preocupan muchos de

algun Autor, sino tambien de la autoridad de ciertas personas. Cree

Fabio anticipadamente, que Ariston es un hombre consumado en todas

Ciencias, y prescindo ahora si lo cree con justicia, ó erradamente.

Trátese despues qualquiera materia, y Fabio no dice mas, sino que ha

oido decir á Ariston, que la cosa era de esta manera, y no de otra. Si

se le replica diciéndole, que lo exâmine por sí mismo, y que no se fie

de semejante autoridad, se enfurece, y con ademanes mantiene su opinion,

porque está enteramente preocupado[b].

[Nota a: _Refert certè in quacumque arte plurimum unum in illa

excellentem Auctorem legere, cui potissimum te addicas. Nullus tamen

quamlibet eruditus sentiendi tibi, ac dissentiendi Auctor futurus est.

Nemo enim fuit omnium, qui non ut homo interdum halucinaretur._ Cano _de

Loc. lib. 10. c. 5_.]

[Nota b: _Nec verò probare soleo id quod de Pythagoricis accepimus, quos

ferunt, si quid affirmarent in disputando, cùm ex iis quaereretur quare

ita esset, respondere solitos_: Ipse dixit. _Ipse autem erat Pythagoras,

tantum opinio praejudicata poterat, ut etiam sine ratione valeret

auctoritas._. Cicer. _de Nat. Deor. lib. I. cap. 8. pág. 198_.]

[97] Pudiera poner muchos exemplos de esto en el trato civil: de suerte,

que si bien lo reparamos, gran parte de los juicios humanos en el

comercio de la vida se fundan en preocupacion, y no en realidad[a]. Esto

mismo es lo que sucede á aquellos, que en las letras no aprecian sino la

antigüedad. No dudo que en ella se halla un tesoro muy precioso, y que

qualquiera ha de consultar los Autores antiguos para perficionar el

juicio, y para aprender y enseñar las Ciencias humanas, conformándose

con las reglas del buen gusto, pues hubo entre ellos muchos que fueron

exâctísimos, y tuvieron un juicio muy recto en lo que toca á las Artes y

Ciencias profanas; mas esto no es bastante para preocuparse de forma,

que no se haya de celebrar sino lo que sea antiguo, porque no se agotó

en aquellos siglos la naturaleza, ni se estancaron las buenas Artes, de

suerte, que no pueda beberse la doctrina sino en aquellas fuentes. Yo he

reparado, que los Romanos veneraron mucho á los Griegos, y se

aprovecharon de su doctrina en muchísimas cosas; pero tambien en otras

los dexaron, buscando nuevos caminos para alcanzar la verdad, y alguna

vez se gloriaron de ser iguales, ó superiores á los Griegos[b]. GALENO

en el comento del primer aforismo de HIPPÓCRATES dice, que los antiguos

hallaron las Ciencias, pero no pudieron perficionarlas, y que los que

les han sucedido las han aumentado y perficionado. CICERON afirma, que

en su tiempo habia en Roma Oradores tan grandes, que en nada eran

inferiores á los Griegos[c]. ¿Pues por qué nosotros hemos de creer, que

nada bueno puede hallarse en nuestros dias? ¿Y por qué no podrémos decir

de los Romanos, lo que estos dixeron de los Griegos[d]; y de los

Griegos, lo que ellos dixeron de otros mas antiguos? La razon dicta, que

la verdad ha de buscarse en los antiguos y en los modernos, y ha de

abrazarse donde quiera que se halle.

[Nota a: _Extant & quidem non pauci, qui Doctorem unum ita prae caeteris

diligunt, ejusque dicta adeò religiosè, ne dicam superstitiosé,

amplectuntur, ut non gloriae solùm, verum etiam piaculum ducant ab

illius verbis, ne latum quidem unguem discedere. Nihil propterea quàm

Pythagoricum illud:_ Ipse dixit, _frequentius ipsis est.... tantum

quippe apud eos potest praejudicata quaevis opinio Magistri, in cujus

verba jurant, ut non secus ac de Pythagorae discipulis olim praeclarè

scripserat Tullius, etiam sine ulla prorsus ratione illius quaevis vel

mínima apud eos valeat auctoritas._ Brix. _Logic. pág. 164._]

[Nota b: _Sed meum judicium semper fuit omnia nostros aut invenisse per

se sapientius quàm Graecos, aut accepta ab illis fecisse meliora_.

Cicer. _Q. Tusc. lib. I. cap. 2_.]

[Nota c: Cicer. _Q. Tusc. lib, I. cap. 4_.]

[Nota d: _Brutus quidem noster, excellens omni genere laudis, sic

Philosophiam Latinis literis persequitur, nihil ut eisdem de rebus à

Graecis desideres._ Cicer. _Acad. q. lib. 2. cap. 9_.]

[98] Los antiguos tienen la ventaja de haber sido los primeros, y por

esto los imaginamos como mas venerables, porque de ordinario formamos

concepto mas grande de los hombres famosos quando están distantes de

nosotros, que quando están á nuestra vista, pues entonces hallamos que

son hombres como los demas, y sujetos á las mismas inclinaciones y

engaños que nosotros mismos, y por esto solemos apreciar mas lo que

tenemos distante, que lo que está cercano. Pero si nos libramos de toda

preocupacion, hallarémos entre los antiguos, hombres de grande ingenio y

juicio, de mucha erudicion y doctrina, y tambien entre los modernos; y

entre estos hallamos Sofistas, y no faltaron entre aquellos. Esto es lo

que dicta la buena Lógica; pero hoy los literatos inclinan á lo moderno

con conocida preocupacion, la qual hace que se hable de los antiguos con

desprecio, sin haberlos leido. El juicio dicta, que tomemos de la

antigüedad los fundamentos de las Artes y Ciencias, pues que ellos las

establecieron, y procuremos instruirnos en lo que los modernos hayan

añadido con solidez á lo que ellos fundaron.

[99] La precipitacion del juicio se observa freqüentemente en el trato

civil, porque es muy comun juzgar de las cosas sin haberlas averiguado.

Uno disputa y se descompone por defender la Filosofía, que no ha visto.

Otro afirma que tal Autor lo dice, sin haberle leido. Qual apenas ha

oido una palabrita á otro, ya forma mil juicios. Qual por un

acaecimiento imprevisto, forma mil presagios. En efecto los juicios

temerarios casi siempre se hacen con precipitacion, porque se hacen sin

atender las circunstancias necesarias para juzgar; y si bien se repara,

en el trato civil se hallará, que son infinitos los juicios

precipitados. En los libros son tambien freqüentísimos, y cada dia vemos

contender los Autores recíprocamente sobre si es cierta la narracion, ó

falsa la cita, y las mas de estas contiendas proceden de la

precipitacion del juicio. De la misma nacen á veces las alabanzas

vanísimas y los vituperios de los Autores; porque toma uno un libro en

la mano, y luego que empieza á leerle, encuentra una cosa que no le

satisface, y sin pasar mas adelante dice, que el libro no vale nada, que

es una friolera quanto el Autor escribe, y otras cosas semejantes. Por

el contrario, si halla en el libro un estilo proporcionado á su genio, ú

otras cosas que á los principios le contentan, dice que el libro es

bueno, y es lo mejor que se ha escrito. De este modo se hacen muchas

críticas, y las hacen hoy sugetos de buena recomendacion; pero fuera

facil mostrar que se hacen con manifiesta precipitacion de juicio. A

veces la precipitacion del juicio es muy peligrosa, porque ocasiona

errores enormes. Oimos una palabrita á un hombre que miramos con odio,

y luego la interpretamos y echamos en mala parte, y el otro tal vez la

ha dicho con sana intencion. En el juicio que algunos hacen de los

libros sucede lo mismo, porque tal proposicion, que por sí sola puede

parecer mala, acompañada con toda la serie de principios y razonamientos

con que está conexâ, es sanísima. De otro modo precipitamos el juicio,

haciendo de un hecho particular una razon universal. Así vemos que

Ariston ha faltado en una cosa, ó no se ha desempeñado bien en un

asunto, y luego le tenemos por un hombre inútil para todos los negocios.

[100] Nunca precipitamos mas el juicio, que quando nos dexamos dominar

de alguna pasion, y esto se observa en casi todas las disputas, en que

no se tiene por fin el descubrimiento de la verdad, sino la vanagloria.

Quando uno se calienta mucho en una disputa, de ordinario se arrebata, y

su imaginacion tiene imágenes muy arraigadas de lo que intenta

persuadir: de esto se sigue, que no atiende á lo que dice el contrario,

y si oye algo, lo acomoda á lo que domina en su fantasía, porque esta no

admite sino muy ligeramente las impresiones distintas de aquel objeto

que la ocupa. De aquí nace, que muchas veces están disputando dos

hombres serios con grande estrépito, y diciendo ambos una misma cosa; y

es cierto que luego feneciera la contienda, si no hubiera precipitacion

de juicio de los contendores. De esto tengo yo bastante experiencia,

como tambien de muchas sospechas que resultan despues de semejantes

disputas, y nacen las mas veces de no haber puesto la atencion necesaria

en lo que se dice, y de juzgar con precipitacion. En fin reflecte cada

qual un poco, y hallará que muchísimos juicios en el trato civil se

hacen por el miedo, odio, amor, esperanza, ó segun la pasion que reyna

en el que juzga[a].

[Nota a: _Plura enim multò homines judicant odio, aut amore, aut

cupiditate, aut iracundia, aut dolore, aut laetitia, aut spe, aut

timore, aut errore, aut aliqua permotione mentis, quam veritate, aut

praescripto, aut juris norma aliqua, aut judicii formula, aut legibus._

Cic. _de Orat. lib. 2. p. 370._]

[101] Resta ahora proponer el remedio para estos males del juicio. Ante

todas cosas se ha de tener presente lo que hemos dicho en los capítulos

pasados, porque las preocupaciones, y precipitaciones del juicio por la

mayor parte proceden de la fuerza de las pasiones, de la imaginacion,

del ingenio, de los sentidos, y demas cosas que hemos explicado. Demas

de esto será bien acordarse de lo que ya hemos dicho, es á saber, que el

hombre sabe las cosas, ó por la ciencia, ó por la opinion. No puede el

hombre errar quando tiene evidencia de las cosas que ha de juzgar, con

que solamente el juicio ha de tener reglas para no preocuparse en las

cosas que se alcanzan por opinion. Para gobernarse en estas con acierto,

será importante ver lo que hemos dicho hablando de la extension de las

opiniones; y ahora puede añadirse, que nada es mas á propósito para

evitar la preocupacion, que el saber dudar y suspender el juicio con

prudencia[a]. Hágome cargo, que no puede el entendimiento mantenerse

siempre en la duda, como hacian los Pirrhonistas; pero á lo menos es

argumento de buen juicio saber dudar quando conviene, y no dar asenso

sino á lo que consta por la certeza de los primeros principios.

[Nota a: _Epicharmi illud teneto nervos, atque artus esse sapientiae non

temerè credere._ Ciceron _de Petit. Consul._]

[102] El entendimiento ayudado de las reglas de la Lógica, ha de

exâminar las cosas, y si las halla conformes á las primeras verdades, ó

los fundamentos principales de la razon humana, que tantas veces hemos

propuesto, entonces se resuelve, y pasa de la duda á la creencia. Pero

si en semejantes averiguaciones descubre poca conformidad de las cosas

con la razon, y los principios de ella, ó disiente, ó suspende de nuevo

el juicio, hasta que averiguándolo mejor, se le presente claramente la

verdad. Por esta razon han de exâminarse con cuidado las opiniones que

recibimos en la niñez, y muchas otras que se enseñan en las Escuelas, y

las que se adquieren en la conversacion y trato, y no han de creerse

ciegamente, sino solo despues de bien exâminadas. Débese aquí advertir,

que en las ciencias prácticas basta á veces la verosimilitud, porque en

muchísimas cosas si hubiera el entendimiento de hacer exámenes para

alcanzar la evidencia, se pasaría la ocasion de obrar, y esta no suele

volver siempre que queremos. De este modo gobernamos la práctica de la

Medicina en muchos casos, y lo mismo acontece algunas veces en lo moral.

Mas aun en tales lances conviene siempre seguir lo que se acerca mas á

las primeras verdades, porque esto es lo mas conforme á la buena razon.

Por esto creo yo, que si en las Escuelas se llega á enseñar la buena

Lógica, con esto solo se acabarán las ruidosas contiendas sobre el

_probabilismo_, porque conocerán todos, que lo menos racional no debe

seguirse á vista de lo mas razonable.

[103] Para no precipitar el juicio se han de tener presentes las mismas

reglas que hemos propuesto para evitar las preocupaciones. Pero en

especial conduce poner la atencion necesaria en las cosas antes de

juzgar, y exâminarlas de suerte que no se determine el juicio sino

despues del exámen necesario. Las cosas suelen combinarse de muchas

maneras; y si el entendimiento no atiende á todas las circunstancias,

facilmente caerá en el error, porque solo juzgará por la vista de una, y

debiera hacerlo despues de atender á todas. El exámen es tambien

necesario, porque de otra forma lo que es incógnito se tendrá por

sabido, lo falso se tendrá como cierto, y lo dudoso como ciertamente

verdadero[a]. Esto se hace mas comprehensible con exemplos, y lo

ilustrarémos mas en los capítulos siguientes.

[Nota a: _Ne incognita pro cognitis habeamus, hisque temerè assentiamus.

Quod vitium effugere qui volet (omnes autem velle debebunt) adhibebit ad

consderandas res, & tempus, & diligentiam._ Cicer. _de Offic. lib. I.

cap. 29_.]

CAPITULO VIII.

_De los Sofismas._

[104] Antiguamente llamaron Sofistas á los Sabios: y viendo SÓCRATES que

en su tiempo habia muchos que no tenian mas que una sabiduría aparente,

y que procuraban engañar á los ignorantes con argumentillos caprichosos

y con sofisterías, empezó á dar á los falsos sabios el nombre de

Sofistas. Lo mismo hicieron PLATON, y ARISTÓTELES, y ambos los

rechazaron con eficacia, porque Platon describió los engaños de los

Sofistas, y Aristóteles manifestó admirablemente todos los caminos de

que se aprovechaban para formar sus sofismas; de suerte, que este

Filósofo trató con perfeccion este asunto. Oxalá le leyesen los que se

precian de Sectarios suyos.

[105] Los Romanos á imitacion de los Griegos llamaron Sofistas á los que

se aprovechaban de argucias, ó vanos argumentos. Es, pues, el sofisma un

raciocinio que nada concluye, y tiene apariencia superficial de

concluir. Hay algunos sofismas tan claros y tan fáciles de conocer, que

el mas rudo los desecha por engañosos. La sola Lógica natural basta para

conocerlos, y qualquiera en oyéndolos, comprehende que el tal

razonamiento no concluye, aunque no sepa la razon. Por eso los omitiré,

proponiendo solamente aquellas fuentes generales de donde nacen muchos

sofismas que cada dia observamos, así en las disputas, como en los

libros, amonestando á los jóvenes que vean en Aristóteles sus trece

fuentes de los argumentos sofisticos, que ciertamente les servirá mucho

para la cumplida inteligencia de este asunto. En primer lugar puede

colocarse aquel sofisma con que se prueba otra cosa de lo que se

disputa. Llamóle Aristóteles _ignoratio Elenchi_. Elencho es el

sylogismo con que se intenta probar lo contrario de lo que se ha

establecido, como hacen en las Escuelas los que impugnan las

conclusiones que otro defiende. Si el elencho se forma con manifiesto

engaño, ya consista este en las voces, ya en las cosas, es elencho

sofistico; y todos los sofismas los reduce Aristóteles á este, porque

todos consisten en la mala formacion del sylogismo; pues en todos sucede

que haya apariencia de raciocinio, no habiéndolo en la realidad. Por eso

el que entienda bien las reglas que hemos propuesto, tratando de la

formacion de los sylogismos, sabrá los fundamentos con que ha de

desenredar todos los sofismas, mayormente si descendiendo á lo

particular advierte las varias maneras capciosas, y engañadoras que hay

de sylogizar, ya por el mal uso de las palabras, ya por la mala

inteligencia, y aplicacion de las cosas. No solo en las Escuelas domina

mucho el uso de los sofismas en los actos literarios, por el dolo, mala

fe, y poco amor á la verdad, sino tambien en las conversaciones y

discursos Académicos, quando los dicta el interés y la pasion de algun

sistema. Tambien se usa este sofisma en el trato comun.

[106] Unas veces disputa Ticio con mucho calor, y hace mil exâgeraciones

para probar lo que no se le niega, y es que por tener acalorada la

fantasía, no atiende lo que su contrario dice. Otras veces con malicia,

y de intento dexa de probar lo que le toca, ya porque no se halla con

bastantes razones, ó porque se ha introducido en una qüestion, que no

sabe, y no quiere confesar su ignorancia. Aquí es de advertir, que hay

algunos que con mala fe atribuyen en las disputas á su contrario ciertas

cosas, que este ni las ha imaginado; y otras veces le atribuyen ciertas

proposiciones, que piensan deducirse de la doctrina que el contrario

enseña, aunque en la realidad este las niega, y no ha tenido él ánimo

jamas de admitirlas; y esto lo hacen para triunfar del enemigo entre la

gente ruda, que no alcanza estos artificios. En los impugnadores de los

libros es comunísimo este modo de sofisticar, y cada dia vemos

atribuirse á un Autor lo que no ha dicho, y otras mil cosas, que no son

de la disputa. Así lo hizo JUAN CLERICO en muchas impugnaciones que hace

de los Santos Padres, y señaladamente en la Disertacion _de argumento

theologico ab invidia ducto_, puesta al fin de su Lógica en el tomo

primero de sus obras filosóficas de la edicion de Amsterdam de 1722.

[107] Su intento es mostrar las falacias, y sofismas que usan los

hombres para volver odioso á su contrario, para que siendo mirado con

odio, nadie reciba su doctrina. Pone diez y seis lugares, ó modos con

que puede uno hacer odioso á otro, y en cada uno de ellos toma por

objeto á S. GERÓNIMO, queriendo mostrar que lo que este Santo Doctor

escribió contra los hereges, especialmente contra Vigilancio, no tenia

solidez ninguna, sino solo artificios, depravada fe, y malas artes para

volver odioso á Vigilancio. Estoy admirado, que siendo tan públicos hoy

estos libros, nuestros Teólogos embebecidos con las disputas con que se

impugnan unos á otros, siendo todos Católicos, dexen sin respuesta á

este y otros Escritores audaces, que sin respeto ninguno á los varones

mas santos y mas doctos tiran á volverlos despreciables y

desautorizados, mayormente extendiendo CLERICO esta calumnia en el

principio de su Disertacion á todos los Teólogos. Es verdad, que

AMORT[a] en su Filosofía Polingana resiste á Clerico, pero es de paso, y

convenia que se hiciese en mas forma. Lo cierto es, que los diez y seis

lugares con que quiere Clerico infamar á S. GERÓNIMO, pretendiendo que

este se valió de ellos para volver odioso á VIGILANCIO, con grande arte

los pone en obra para hacer odioso á este Santo Doctor. Sabemos muy bien

que S. Gerónimo era activo y ardiente quando impugnaba á los hereges;

pero el zelo, no el dolo, era el que encendia su fuego, como lo ha

mostrado muy bien DUPIN en su obra _de Veritate_.

[Nota a: Amort _Philosoph. Pelling. pág. 577. edic. de Auxgbourg. año

1730_.]

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