correr las Cortes, quando se restituyen á sus patrias. No vituperamos el
que se hagan viages á Paises extraños para instruir el entendimiento,
porque sabemos que en todos tiempos se ha usado esto con el fin de ver
las varias costumbres, inclinaciones, leyes, policía, gobierno,
Ciencias, y Artes de varios Pueblos, para tomar lo util, y honesto que
falta en el propio Pais, y trasladarlo á él. Debiendo, pues, hacerse
estos viages para mejorarse en el saber, y en las costumbres el viagero,
y á la vuelta ilustrar á su Patria, es cosa clara que para lograr estos
fines es menester que el viage se haga en edad competente con
instruccion para conocer lo honesto y util, y distinguirlo de lo
aparente y superfluo: conviene tambien la sagacidad necesaria para
conocer á los hombres, y las varias maneras que estos tienen de engañar
á los viandantes. Con estas prevenciones, y con un conocimiento
suficiente de las Artes y Ciencias puede hacerse el viage con provecho,
deteniéndose en los lugares, donde pueda instruirse el tiempo necesario
para enterarse de las cosas importantes de cada Pais. Pero como hoy se
usa ir aprisa, volver presto, sin estudios, sin lógica, sin la moral,
sin filosofía, en edad tierna, poco proporcionada para la instruccion,
es ir á embelesar los sentidos, hinchar la imaginacion, llenar el
ingenio de combinaciones superficiales, y preocupar el juicio con los
errores de estas otras potencias. Así traen á su Pais la moda, la
cortesía afectada, el ayre libre, y el ánimo inclinado á vituperar en su
propia Patria todo lo que no sea conforme á lo que han visto en la
agena. Dos célebres Escritores[a], el uno Frances, llamado MIGUEL DE
MONTAGNA; el otro Ingles, llamado LOCK, bien conocidos en el orbe
literario, explican muy bien los defectos de estos viages, y las
bagatelas de que vuelven muy satisfechos los viageros. Para evitar estos
inconvenientes aconsejan que estas peregrinaciones se hagan hasta los
quince años, con un buen Maestro que dirija al joven viandante, como lo
hacia MENTOR con TELEMACO. A la verdad esta especie de viage en edad tan
tierna podrá servir para instruirse en las lenguas, en lo demas nada.
[Nota a: Montagne _Esais lib. I. capítulo 25._ Lock _Educacion des
enfans, tom. 2. §. CCXIX. pág. 266. y sig._]
[94] El P. LEGIPONT, de la Orden de S. Benito, ha publicado poco ha un
itinerario para hacer con utilidad los viages á Cortes extrangeras. Le
ha traducido en Español el Dr. JOAQUIN MARIN, docto Abogado Valenciano.
En esta obrita se hallan las reglas prudentes para viajar con utilidad;
y el que lea la censura que á ella ha puesto el Dr. AGUSTIN SALES,
Presbítero en Valencia, no le pesará de su trabajo, por ser digna de
leerse, y estar escrita por uno de los eruditos principales de nuestra
España. Feyjoó conoció ya algunos defectos de los viandantes de estos
tiempos, y los explicó con estas palabras: "Aun despues que el Mundo
empezó á peregrinarse con alguna libertad, y no hubo tanta para mentir,
nos han traido de lo último del Oriente fábulas de inmenso vulto, que se
han autorizado en innumerables libros, como son las dos populosísimas
Ciudades Quinzai y Cambalii: gigantes entre todos los Pueblos del Orbe:
el opulentísimo Reyno del Catay al Norte de la China: los Carbunclos de
la India: los Gigantes del Estrecho de Magallanes; y otras cosas de que
poco ha nos hemos desengañado[a]".
[Nota a: Feyjoó _Teat. Crit. tom. 5. disc. I. §. 3. n. 10_.]
[95] Suele preocuparse el juicio freqüentemente en las cosas de piedad y
Religion. Ha creido uno quando era niño, que el Santuario de su tierra
es un seminario de milagros, que un Peregrino formó la Imagen que en él
se venera, y que no puede disputársele, ó la prerrogativa de tocarse por
sí misma la campana, ó de aparecer tal dia florecillas, ú otras cosas
maravillosas, con que Dios le distingue entre muchos otros. Algunos
dexan correr estas relaciones, porque dicen son piadosas, aunque en
parte sean falsas. Mas yo quisiera que se descartaran quando no están
bien averiguadas, porque nuestra santísima Religion es la misma verdad,
y no necesita de falsas preocupaciones para autorizar su creencia. De
esto hablarémos mas adelante. Lo que toca ahora á nuestro propósito es,
que estas cosas creidas con anticipacion ocasionan despues mil guerras,
y discordias entre los Escritores, que quieren, ó defenderlas, ó
impugnarlas.
[96] La letura de algun Autor suele causar fuertes preocupaciones[a].
Hay uno que en su juventud ha leido continuamente á SENECA, y despues no
hay perfeccion que no halle en este Filósofo, y todos los demas no han
hecho cosa notable; ni ya se oirá de su boca otra cosa que lugares de
Séneca, máxîmas morales sueltas y descadenadas. En este asunto tengo
por cierta especie de felicidad preocuparse de un Autor bueno, porque
aunque no lo sea tan universalmente como le hace creer la preocupacion,
por lo menos ya en algunas cosas no le ocasiona error. Por esto ha de
cuidarse, y es punto esencial de la buena crianza, en no dexar leer á
los muchachos sino libros buenos, y que puedan instruir su
entendimiento, y perficionarles el juicio; y me lastimo de ver, que
apenas se les entregan otros libros que los de Novelas, ó Comedias, ó de
Fábulas, con que se habitúan á todo aquello que les hincha la
imaginacion, y corrompe el juicio. No solamente se preocupan muchos de
algun Autor, sino tambien de la autoridad de ciertas personas. Cree
Fabio anticipadamente, que Ariston es un hombre consumado en todas
Ciencias, y prescindo ahora si lo cree con justicia, ó erradamente.
Trátese despues qualquiera materia, y Fabio no dice mas, sino que ha
oido decir á Ariston, que la cosa era de esta manera, y no de otra. Si
se le replica diciéndole, que lo exâmine por sí mismo, y que no se fie
de semejante autoridad, se enfurece, y con ademanes mantiene su opinion,
porque está enteramente preocupado[b].
[Nota a: _Refert certè in quacumque arte plurimum unum in illa
excellentem Auctorem legere, cui potissimum te addicas. Nullus tamen
quamlibet eruditus sentiendi tibi, ac dissentiendi Auctor futurus est.
Nemo enim fuit omnium, qui non ut homo interdum halucinaretur._ Cano _de
Loc. lib. 10. c. 5_.]
[Nota b: _Nec verò probare soleo id quod de Pythagoricis accepimus, quos
ferunt, si quid affirmarent in disputando, cùm ex iis quaereretur quare
ita esset, respondere solitos_: Ipse dixit. _Ipse autem erat Pythagoras,
tantum opinio praejudicata poterat, ut etiam sine ratione valeret
auctoritas._. Cicer. _de Nat. Deor. lib. I. cap. 8. pág. 198_.]
[97] Pudiera poner muchos exemplos de esto en el trato civil: de suerte,
que si bien lo reparamos, gran parte de los juicios humanos en el
comercio de la vida se fundan en preocupacion, y no en realidad[a]. Esto
mismo es lo que sucede á aquellos, que en las letras no aprecian sino la
antigüedad. No dudo que en ella se halla un tesoro muy precioso, y que
qualquiera ha de consultar los Autores antiguos para perficionar el
juicio, y para aprender y enseñar las Ciencias humanas, conformándose
con las reglas del buen gusto, pues hubo entre ellos muchos que fueron
exâctísimos, y tuvieron un juicio muy recto en lo que toca á las Artes y
Ciencias profanas; mas esto no es bastante para preocuparse de forma,
que no se haya de celebrar sino lo que sea antiguo, porque no se agotó
en aquellos siglos la naturaleza, ni se estancaron las buenas Artes, de
suerte, que no pueda beberse la doctrina sino en aquellas fuentes. Yo he
reparado, que los Romanos veneraron mucho á los Griegos, y se
aprovecharon de su doctrina en muchísimas cosas; pero tambien en otras
los dexaron, buscando nuevos caminos para alcanzar la verdad, y alguna
vez se gloriaron de ser iguales, ó superiores á los Griegos[b]. GALENO
en el comento del primer aforismo de HIPPÓCRATES dice, que los antiguos
hallaron las Ciencias, pero no pudieron perficionarlas, y que los que
les han sucedido las han aumentado y perficionado. CICERON afirma, que
en su tiempo habia en Roma Oradores tan grandes, que en nada eran
inferiores á los Griegos[c]. ¿Pues por qué nosotros hemos de creer, que
nada bueno puede hallarse en nuestros dias? ¿Y por qué no podrémos decir
de los Romanos, lo que estos dixeron de los Griegos[d]; y de los
Griegos, lo que ellos dixeron de otros mas antiguos? La razon dicta, que
la verdad ha de buscarse en los antiguos y en los modernos, y ha de
abrazarse donde quiera que se halle.
[Nota a: _Extant & quidem non pauci, qui Doctorem unum ita prae caeteris
diligunt, ejusque dicta adeò religiosè, ne dicam superstitiosé,
amplectuntur, ut non gloriae solùm, verum etiam piaculum ducant ab
illius verbis, ne latum quidem unguem discedere. Nihil propterea quàm
Pythagoricum illud:_ Ipse dixit, _frequentius ipsis est.... tantum
quippe apud eos potest praejudicata quaevis opinio Magistri, in cujus
verba jurant, ut non secus ac de Pythagorae discipulis olim praeclarè
scripserat Tullius, etiam sine ulla prorsus ratione illius quaevis vel
mínima apud eos valeat auctoritas._ Brix. _Logic. pág. 164._]
[Nota b: _Sed meum judicium semper fuit omnia nostros aut invenisse per
se sapientius quàm Graecos, aut accepta ab illis fecisse meliora_.
Cicer. _Q. Tusc. lib. I. cap. 2_.]
[Nota c: Cicer. _Q. Tusc. lib, I. cap. 4_.]
[Nota d: _Brutus quidem noster, excellens omni genere laudis, sic
Philosophiam Latinis literis persequitur, nihil ut eisdem de rebus à
Graecis desideres._ Cicer. _Acad. q. lib. 2. cap. 9_.]
[98] Los antiguos tienen la ventaja de haber sido los primeros, y por
esto los imaginamos como mas venerables, porque de ordinario formamos
concepto mas grande de los hombres famosos quando están distantes de
nosotros, que quando están á nuestra vista, pues entonces hallamos que
son hombres como los demas, y sujetos á las mismas inclinaciones y
engaños que nosotros mismos, y por esto solemos apreciar mas lo que
tenemos distante, que lo que está cercano. Pero si nos libramos de toda
preocupacion, hallarémos entre los antiguos, hombres de grande ingenio y
juicio, de mucha erudicion y doctrina, y tambien entre los modernos; y
entre estos hallamos Sofistas, y no faltaron entre aquellos. Esto es lo
que dicta la buena Lógica; pero hoy los literatos inclinan á lo moderno
con conocida preocupacion, la qual hace que se hable de los antiguos con
desprecio, sin haberlos leido. El juicio dicta, que tomemos de la
antigüedad los fundamentos de las Artes y Ciencias, pues que ellos las
establecieron, y procuremos instruirnos en lo que los modernos hayan
añadido con solidez á lo que ellos fundaron.
[99] La precipitacion del juicio se observa freqüentemente en el trato
civil, porque es muy comun juzgar de las cosas sin haberlas averiguado.
Uno disputa y se descompone por defender la Filosofía, que no ha visto.
Otro afirma que tal Autor lo dice, sin haberle leido. Qual apenas ha
oido una palabrita á otro, ya forma mil juicios. Qual por un
acaecimiento imprevisto, forma mil presagios. En efecto los juicios
temerarios casi siempre se hacen con precipitacion, porque se hacen sin
atender las circunstancias necesarias para juzgar; y si bien se repara,
en el trato civil se hallará, que son infinitos los juicios
precipitados. En los libros son tambien freqüentísimos, y cada dia vemos
contender los Autores recíprocamente sobre si es cierta la narracion, ó
falsa la cita, y las mas de estas contiendas proceden de la
precipitacion del juicio. De la misma nacen á veces las alabanzas
vanísimas y los vituperios de los Autores; porque toma uno un libro en
la mano, y luego que empieza á leerle, encuentra una cosa que no le
satisface, y sin pasar mas adelante dice, que el libro no vale nada, que
es una friolera quanto el Autor escribe, y otras cosas semejantes. Por
el contrario, si halla en el libro un estilo proporcionado á su genio, ú
otras cosas que á los principios le contentan, dice que el libro es
bueno, y es lo mejor que se ha escrito. De este modo se hacen muchas
críticas, y las hacen hoy sugetos de buena recomendacion; pero fuera
facil mostrar que se hacen con manifiesta precipitacion de juicio. A
veces la precipitacion del juicio es muy peligrosa, porque ocasiona
errores enormes. Oimos una palabrita á un hombre que miramos con odio,
y luego la interpretamos y echamos en mala parte, y el otro tal vez la
ha dicho con sana intencion. En el juicio que algunos hacen de los
libros sucede lo mismo, porque tal proposicion, que por sí sola puede
parecer mala, acompañada con toda la serie de principios y razonamientos
con que está conexâ, es sanísima. De otro modo precipitamos el juicio,
haciendo de un hecho particular una razon universal. Así vemos que
Ariston ha faltado en una cosa, ó no se ha desempeñado bien en un
asunto, y luego le tenemos por un hombre inútil para todos los negocios.
[100] Nunca precipitamos mas el juicio, que quando nos dexamos dominar
de alguna pasion, y esto se observa en casi todas las disputas, en que
no se tiene por fin el descubrimiento de la verdad, sino la vanagloria.
Quando uno se calienta mucho en una disputa, de ordinario se arrebata, y
su imaginacion tiene imágenes muy arraigadas de lo que intenta
persuadir: de esto se sigue, que no atiende á lo que dice el contrario,
y si oye algo, lo acomoda á lo que domina en su fantasía, porque esta no
admite sino muy ligeramente las impresiones distintas de aquel objeto
que la ocupa. De aquí nace, que muchas veces están disputando dos
hombres serios con grande estrépito, y diciendo ambos una misma cosa; y
es cierto que luego feneciera la contienda, si no hubiera precipitacion
de juicio de los contendores. De esto tengo yo bastante experiencia,
como tambien de muchas sospechas que resultan despues de semejantes
disputas, y nacen las mas veces de no haber puesto la atencion necesaria
en lo que se dice, y de juzgar con precipitacion. En fin reflecte cada
qual un poco, y hallará que muchísimos juicios en el trato civil se
hacen por el miedo, odio, amor, esperanza, ó segun la pasion que reyna
en el que juzga[a].
[Nota a: _Plura enim multò homines judicant odio, aut amore, aut
cupiditate, aut iracundia, aut dolore, aut laetitia, aut spe, aut
timore, aut errore, aut aliqua permotione mentis, quam veritate, aut
praescripto, aut juris norma aliqua, aut judicii formula, aut legibus._
Cic. _de Orat. lib. 2. p. 370._]
[101] Resta ahora proponer el remedio para estos males del juicio. Ante
todas cosas se ha de tener presente lo que hemos dicho en los capítulos
pasados, porque las preocupaciones, y precipitaciones del juicio por la
mayor parte proceden de la fuerza de las pasiones, de la imaginacion,
del ingenio, de los sentidos, y demas cosas que hemos explicado. Demas
de esto será bien acordarse de lo que ya hemos dicho, es á saber, que el
hombre sabe las cosas, ó por la ciencia, ó por la opinion. No puede el
hombre errar quando tiene evidencia de las cosas que ha de juzgar, con
que solamente el juicio ha de tener reglas para no preocuparse en las
cosas que se alcanzan por opinion. Para gobernarse en estas con acierto,
será importante ver lo que hemos dicho hablando de la extension de las
opiniones; y ahora puede añadirse, que nada es mas á propósito para
evitar la preocupacion, que el saber dudar y suspender el juicio con
prudencia[a]. Hágome cargo, que no puede el entendimiento mantenerse
siempre en la duda, como hacian los Pirrhonistas; pero á lo menos es
argumento de buen juicio saber dudar quando conviene, y no dar asenso
sino á lo que consta por la certeza de los primeros principios.
[Nota a: _Epicharmi illud teneto nervos, atque artus esse sapientiae non
temerè credere._ Ciceron _de Petit. Consul._]
[102] El entendimiento ayudado de las reglas de la Lógica, ha de
exâminar las cosas, y si las halla conformes á las primeras verdades, ó
los fundamentos principales de la razon humana, que tantas veces hemos
propuesto, entonces se resuelve, y pasa de la duda á la creencia. Pero
si en semejantes averiguaciones descubre poca conformidad de las cosas
con la razon, y los principios de ella, ó disiente, ó suspende de nuevo
el juicio, hasta que averiguándolo mejor, se le presente claramente la
verdad. Por esta razon han de exâminarse con cuidado las opiniones que
recibimos en la niñez, y muchas otras que se enseñan en las Escuelas, y
las que se adquieren en la conversacion y trato, y no han de creerse
ciegamente, sino solo despues de bien exâminadas. Débese aquí advertir,
que en las ciencias prácticas basta á veces la verosimilitud, porque en
muchísimas cosas si hubiera el entendimiento de hacer exámenes para
alcanzar la evidencia, se pasaría la ocasion de obrar, y esta no suele
volver siempre que queremos. De este modo gobernamos la práctica de la
Medicina en muchos casos, y lo mismo acontece algunas veces en lo moral.
Mas aun en tales lances conviene siempre seguir lo que se acerca mas á
las primeras verdades, porque esto es lo mas conforme á la buena razon.
Por esto creo yo, que si en las Escuelas se llega á enseñar la buena
Lógica, con esto solo se acabarán las ruidosas contiendas sobre el
_probabilismo_, porque conocerán todos, que lo menos racional no debe
seguirse á vista de lo mas razonable.
[103] Para no precipitar el juicio se han de tener presentes las mismas
reglas que hemos propuesto para evitar las preocupaciones. Pero en
especial conduce poner la atencion necesaria en las cosas antes de
juzgar, y exâminarlas de suerte que no se determine el juicio sino
despues del exámen necesario. Las cosas suelen combinarse de muchas
maneras; y si el entendimiento no atiende á todas las circunstancias,
facilmente caerá en el error, porque solo juzgará por la vista de una, y
debiera hacerlo despues de atender á todas. El exámen es tambien
necesario, porque de otra forma lo que es incógnito se tendrá por
sabido, lo falso se tendrá como cierto, y lo dudoso como ciertamente
verdadero[a]. Esto se hace mas comprehensible con exemplos, y lo
ilustrarémos mas en los capítulos siguientes.
[Nota a: _Ne incognita pro cognitis habeamus, hisque temerè assentiamus.
Quod vitium effugere qui volet (omnes autem velle debebunt) adhibebit ad
consderandas res, & tempus, & diligentiam._ Cicer. _de Offic. lib. I.
cap. 29_.]
CAPITULO VIII.
_De los Sofismas._
[104] Antiguamente llamaron Sofistas á los Sabios: y viendo SÓCRATES que
en su tiempo habia muchos que no tenian mas que una sabiduría aparente,
y que procuraban engañar á los ignorantes con argumentillos caprichosos
y con sofisterías, empezó á dar á los falsos sabios el nombre de
Sofistas. Lo mismo hicieron PLATON, y ARISTÓTELES, y ambos los
rechazaron con eficacia, porque Platon describió los engaños de los
Sofistas, y Aristóteles manifestó admirablemente todos los caminos de
que se aprovechaban para formar sus sofismas; de suerte, que este
Filósofo trató con perfeccion este asunto. Oxalá le leyesen los que se
precian de Sectarios suyos.
[105] Los Romanos á imitacion de los Griegos llamaron Sofistas á los que
se aprovechaban de argucias, ó vanos argumentos. Es, pues, el sofisma un
raciocinio que nada concluye, y tiene apariencia superficial de
concluir. Hay algunos sofismas tan claros y tan fáciles de conocer, que
el mas rudo los desecha por engañosos. La sola Lógica natural basta para
conocerlos, y qualquiera en oyéndolos, comprehende que el tal
razonamiento no concluye, aunque no sepa la razon. Por eso los omitiré,
proponiendo solamente aquellas fuentes generales de donde nacen muchos
sofismas que cada dia observamos, así en las disputas, como en los
libros, amonestando á los jóvenes que vean en Aristóteles sus trece
fuentes de los argumentos sofisticos, que ciertamente les servirá mucho
para la cumplida inteligencia de este asunto. En primer lugar puede
colocarse aquel sofisma con que se prueba otra cosa de lo que se
disputa. Llamóle Aristóteles _ignoratio Elenchi_. Elencho es el
sylogismo con que se intenta probar lo contrario de lo que se ha
establecido, como hacen en las Escuelas los que impugnan las
conclusiones que otro defiende. Si el elencho se forma con manifiesto
engaño, ya consista este en las voces, ya en las cosas, es elencho
sofistico; y todos los sofismas los reduce Aristóteles á este, porque
todos consisten en la mala formacion del sylogismo; pues en todos sucede
que haya apariencia de raciocinio, no habiéndolo en la realidad. Por eso
el que entienda bien las reglas que hemos propuesto, tratando de la
formacion de los sylogismos, sabrá los fundamentos con que ha de
desenredar todos los sofismas, mayormente si descendiendo á lo
particular advierte las varias maneras capciosas, y engañadoras que hay
de sylogizar, ya por el mal uso de las palabras, ya por la mala
inteligencia, y aplicacion de las cosas. No solo en las Escuelas domina
mucho el uso de los sofismas en los actos literarios, por el dolo, mala
fe, y poco amor á la verdad, sino tambien en las conversaciones y
discursos Académicos, quando los dicta el interés y la pasion de algun
sistema. Tambien se usa este sofisma en el trato comun.
[106] Unas veces disputa Ticio con mucho calor, y hace mil exâgeraciones
para probar lo que no se le niega, y es que por tener acalorada la
fantasía, no atiende lo que su contrario dice. Otras veces con malicia,
y de intento dexa de probar lo que le toca, ya porque no se halla con
bastantes razones, ó porque se ha introducido en una qüestion, que no
sabe, y no quiere confesar su ignorancia. Aquí es de advertir, que hay
algunos que con mala fe atribuyen en las disputas á su contrario ciertas
cosas, que este ni las ha imaginado; y otras veces le atribuyen ciertas
proposiciones, que piensan deducirse de la doctrina que el contrario
enseña, aunque en la realidad este las niega, y no ha tenido él ánimo
jamas de admitirlas; y esto lo hacen para triunfar del enemigo entre la
gente ruda, que no alcanza estos artificios. En los impugnadores de los
libros es comunísimo este modo de sofisticar, y cada dia vemos
atribuirse á un Autor lo que no ha dicho, y otras mil cosas, que no son
de la disputa. Así lo hizo JUAN CLERICO en muchas impugnaciones que hace
de los Santos Padres, y señaladamente en la Disertacion _de argumento
theologico ab invidia ducto_, puesta al fin de su Lógica en el tomo
primero de sus obras filosóficas de la edicion de Amsterdam de 1722.
[107] Su intento es mostrar las falacias, y sofismas que usan los
hombres para volver odioso á su contrario, para que siendo mirado con
odio, nadie reciba su doctrina. Pone diez y seis lugares, ó modos con
que puede uno hacer odioso á otro, y en cada uno de ellos toma por
objeto á S. GERÓNIMO, queriendo mostrar que lo que este Santo Doctor
escribió contra los hereges, especialmente contra Vigilancio, no tenia
solidez ninguna, sino solo artificios, depravada fe, y malas artes para
volver odioso á Vigilancio. Estoy admirado, que siendo tan públicos hoy
estos libros, nuestros Teólogos embebecidos con las disputas con que se
impugnan unos á otros, siendo todos Católicos, dexen sin respuesta á
este y otros Escritores audaces, que sin respeto ninguno á los varones
mas santos y mas doctos tiran á volverlos despreciables y
desautorizados, mayormente extendiendo CLERICO esta calumnia en el
principio de su Disertacion á todos los Teólogos. Es verdad, que
AMORT[a] en su Filosofía Polingana resiste á Clerico, pero es de paso, y
convenia que se hiciese en mas forma. Lo cierto es, que los diez y seis
lugares con que quiere Clerico infamar á S. GERÓNIMO, pretendiendo que
este se valió de ellos para volver odioso á VIGILANCIO, con grande arte
los pone en obra para hacer odioso á este Santo Doctor. Sabemos muy bien
que S. Gerónimo era activo y ardiente quando impugnaba á los hereges;
pero el zelo, no el dolo, era el que encendia su fuego, como lo ha
mostrado muy bien DUPIN en su obra _de Veritate_.
[Nota a: Amort _Philosoph. Pelling. pág. 577. edic. de Auxgbourg. año
1730_.]