[82] Si alaban á nuestro contrario en nuestra presencia, allá

interiormente lo sentimos, aunque las alabanzas sean justas, porque el

amor propio hace mirar aquellas alabanzas como cosa que engrandece al

enemigo; y como el engrandecerse el enemigo ha de estorbar nuestra

grandeza, ó ha de ser motivo de privarnos de algun bien, por esto no

gustamos de semejantes alabanzas. No se forman sylogismos para esto,

porque basta nuestra inclinacion poderosa ácia lo que concebimos como

bien; pero si quisiéramos exâminarlo un poco, facil sería reducir á

sylogismos las razones que nos mueven. _Si mi enemigo se engrandece,

tiene mayores fuerzas que yo; si tiene mayores fuerzas, me ha de vencer:

luego mi enemigo me ha de vencer._ Así hace argüir el amor propio, ó de

esta manera: _Yo no quiero á mi enemigo: los demas dicen que él es

justo, piadoso y bueno: luego yo no amo á lo que es bueno y justo: luego

pierdo de mi estimacion para con los demas._ O de esta forma: _Lo bueno

y justo es estimable: luego si los demas tienen á mi enemigo por bueno y

justo, le estiman; si le estiman, no me aman, &c._ Esto pasa dentro de

nosotros á veces sin repararlo, y por eso quando oimos á alguno que

alaba á nuestro contrario, pareciéndonos por las razones propuestas, que

quanto el contrario es mas digno de alabanza, tanto menos lo somos

nosotros, intentamos con artificio rechazar las alabanzas, ó ponerlas

en duda, ó culparle en otras cosas, que puedan obscurecer las alabanzas,

y no sosegamos hasta que estamos satisfechos, que ya los demas nos han

creido. Todo esto lo ocasiona el amor propio, haciéndonos creer que

quedamos privados de un gran bien, quando le tiene nuestro contrario, ó

que el creer los demas que nuestro contrario es bueno y justo, se opone

á nuestra utilidad y conservacion. De esto nacen tantas injurias y

falsedades, que se atribuyen recíprocamente los Escritores, que son de

pareceres opuestos. Los hombres muy satíricos de ordinario tienen

desordenadísimo amor propio, y continuamente exercitan la sátira, porque

quieren ajar á los demas, y hacerse superiores á todos. Por esta razon

han de considerar los que escriben sátiras, que para ser buenas han de

hacer impresion en el entendimiento, y no han de herir al corazon,

porque como el satirizado tiene tambien amor propio, se moverá á abatir

en el modo que pueda al Autor de la sátira, y estas luchas pocas veces

se hermanan bien con la humanidad. Esto no suele suceder así quando se

reprehenden defectos en general, porque entonces no se excita el amor

propio de ningun particular.

[83] El amor propio hace que un hombre se alabe á sí mismo; y el amor

propio es la causa por que no podemos sufrir que otro se alabe en

nuestra presencia. El que se alaba á sí mismo, se engrandece, porque se

propone como sugeto lleno de cosas que dan estimacion. Si lo hace

delante de otros, se supone poseedor de cosas buenas, que los demas no

tienen, ó que él las tiene con preeminencia; ó á lo menos lo hace para

que los demas dén el justo valor á su mérito. El amor propio de los

demas no consiente esto, y así no pueden tolerar que otro se haga mayor,

ni pueden sufrir que otro sea superior en cosas buenas, porque si lo

fuera, sería mayor y digno de mayores bienes; y como nunca queremos ser

inferiores á los demas, ni sufrimos que otros nos excedan, ni que sean

mas dignos de los bienes que nosotros, por eso nos parecen mal las

alabanzas. Si otro dice estos elogios del mismo sugeto, no solemos

sentirlo tanto, y entonces solo los admitimos, ó rechazamos, segun la

pasion que nos domina; pero si uno mismo se alaba en nuestra presencia,

siempre lo sentimos, porque nunca podemos sufrir que venga alguno, que

á nuestra vista quiera hacerse mejor que nosotros. Por esto el alabarse

á sí mismo es gradísima necedad, porque como cada uno se estima tanto,

creen los demas que se alaba por amor propio, y por la estimacion que se

tiene, y no con justicia; y como el que se alaba irrita al amor propio

de los demas, él mismo hace que los que escuchan las alabanzas, las

miren con tedio, como opuestas á su grandeza, y así estan menos

dispuestos á creerlas. Con que es necio, porque no consigue el fin de la

publicacion de sus alabanzas, es á saber, que los demas le crean; y lo

es tambien, porque está tan poseido del amor propio, que le hace creer,

que es un modelo de perfeccion, y no le dexa conocer su flaqueza. No

obstante es cosa comunísima alabarse á sí mismos los Escritores de los

libros. Si un Autor ha pensado una cosa nueva, cada instante nos

advierte, _que esto lo ha inventado él solo, y que hasta entonces nadie

lo ha dicho._ Es bueno que los lectores conozcan esto; pero parece muy

mal que el mismo Autor lo diga. Los títulos de los libros muestran el

amor propio de sus Autores, porque poner títulos grandes, pomposos,

magníficos, y llenos de términos ruidosos, prueba que su Autor ha hecho

de sí mismo y de sus escritos un concepto grande é hinchado. Por esto

alabaré siempre la modestia en los títulos. Las coplas, decimas,

sonetos, y otras superfluidades, que vemos al principio de algunos

libros, significan dos cosas, es á saber, que hay grande abundancia de

malos Poetas, y que el Autor gusta que los ignorantes le alaben, lo qual

es efecto de desordenado amor propio. Las aprobaciones comunes son

indicio del amor propio de los Escritores, y de sus Aprobantes. El Autor

de un libro precisamente ha de conseguir que le alaben sus amigos, si

los busca de propósito para este efecto. Los Aprobantes tienen el estilo

de quedarse admirados á la primera linea, pasmados á la segunda, y

atónitos antes de acabar la cláusula. De suerte, que este es el lenguage

comun de los Aprobantes, que sean buenos los libros, que sean malos, y

es porque no gobierna al juicio en las alabanzas la justicia, sino el

amor propio. Por esto vemos que los Aprobantes no dexan de manifestar su

erudicion, aunque sea comun, y citan Autores raros para hacerse admirar

(exceptuando á CASIODORO, que se cita en las aprobaciones por moda y

estilo), y todas estas cosas las hace el Aprobante por mostrar su saber,

con la ocasion, ó pretexto de hacer juicio del escrito.

[84] Las satisfacciones impertinentes que dan los Autores en los

Prólogos, son efectos del amor propio. El Prólogo se hace para advertir

algunas cosas, sin cuyo conocimiento no se penetraria tal vez el

designio de la obra; ó para dar á los lectores una descripcion general

de ella, para que se muevan con mayor aficion á leerla. Pero no poner en

los Prólogos sino escusas, ponderaciones de su trabajo, y dexar á los

lectores para que juzguen si ha cumplido, ó no con la empresa, son

exâgraciones que ocasiona el amor propio. ¿Pues qué dirémos de los

_perdones_ que piden? Pocas veces piden perdón á los lectores por

humildad, y casi siempre le piden por amor propio, porque creen con

estas prevenciones hallar mejor acogida en ellos. Despues nos dicen, que

los amigos, ó alguna grande persona los ha obligado á imprimir el libro,

y no se olvidan de hacer poner en la primera hoja su retrato, para que

todos conozcan tan grande Escritor. Cuenta el P. MALLEBRANCHE[a], que

cierto Escritor de grande reputacion hizo un libro sobre las ocho

primeras proposiciones de EUCLIDES, declarando al principio, que su

intencion era solo explicar las difiniciones, peticiones, sentencias

comunes, y las ocho primeras proposiciones de Euclides _si las fuerzas y

la salud se lo permitian;_ y que al fin del libro dice, que ya con la

asistencia de Dios ha cumplido lo que ofreció, y que ha explicado las

peticiones y difiniciones, y ocho primeras proposiciones de Euclides, y

exclama: _Pero ya cansado con los años dexo mis tareas; tal vez me

sucederán en esto otros de mayor robustez, y de mas vivo ingenio._

[Nota a: Mallebranch. _Recherch. de la verit. tom. I. liv. 2. chap. 6.

pag. 417._]

[85] Quién no creyera, que este hombre con tantos aparatos, y deseando

salud y fuerzas, habia de hallar la quadratura del círculo, ó la

duplicacion del cubo? Pues no hizo otra cosa, que explicar las ocho

primeras proposiciones de la Geometría de Euclides, con las peticiones

y difiniciones; lo qual puede aprender qualquiera hombre de mediana

capacidad en una hora y sin maestro ninguno, porque son muy faciles, y

no necesitan de explicacion. No obstante habla este Autor como si

trabajara la cosa de mayor importancia y dificultad, y teme que le han

de faltar las fuerzas y dexa para sus sucesores lo que él no ha podido

executar. Este Autor estaba enamorado de sí mismo, y sus inepcias las

proponia como cosas grandes, porque el amor propio le obscurecia al

juicio. Y aunque qualquiera conocerá, que detenerse en semejantes

ponderaciones es cosa estultisíma, no obstante la fuerza con que se aman

los Autores hace que en los Prólogos no se lean sino estas excusas, ú

otras del mismo género[a]. Antes que el P. MALLEBRANCHE satirizó estos y

otros defectos de los Prólogos, con mucha gracia y agudeza, nuestro

CERVANTES en el admirable Prólogo de su D. Quixote.

[Nota a: _Sed quid ego plura? Nam longiore praefatione, vel excusare,

vel commendare ineptias, ineptisimum est._ Plin. Jun. _lib. 4. epist.

14._]

[86] Una de las cosas mas importantes para adelantar las letras es

comentar, explicar, y aclarar los Autores originales fundadores de

ellas; de modo, que si los comentos son buenos, dan mucha luz á los que

se quieren instruir en las Ciencias. Mas aunque esto sea así, el amor

propio ocasiona mil extravíos en los Comentadores. Uno de ellos es la

erudicion que emplean en explicar un lugar claro y facil del Autor

principal, lo que hacen por mostrar que saben mucho, y por dar á

entender que son hombres capaces de comentar, é ilustrar las cosas mas

difíciles. Si encuentran en VIRGILIO el nombre de un rio, nos derrama el

Comentador el principio, el fin, y la carrera de aquel rio: nos dice

quantas cosas ha hallado en los Autores sobre el asunto; y por decirlo

de una vez, hace un comento largo para explicar una palabra facil de

entender; y no hace otra cosa que llenar el celebro de los lectores de

noticias comunes, y tal vez falsas. Si el Poeta nombra á un Filósofo de

la Grecia, se le presenta la ocasion oportuna de explicar la vida, los

hechos, y sentencias del Filósofo, y nos da un compendio de LAERCIO, de

PLUTARCO, y de todos los antiguos que han tratado del asunto. Así se ve

claramente, que esto no lo hacen por esclarecer los Autores, ni por

hallar la verdad, sino por adquirir fama de hombres eruditos. Dirá

alguno, que los Comentadores no piensan en estas cosas quando emprenden

el comento; pero si me fuera lícito decirlo así, yo diría que el amor

propio lo piensa por ellos. Este es un enemigo que obra secretamente y

con grande artificio, y si los Comentadores hacen reflexîon conocerán,

que no tanto los obliga á hacer los comentos el querer ilustrar á un

Autor, como querer acreditarse ellos mismos.

[87] El amor propio engaña tambien á los sabios aparentes, haciéndoles

creer que son sabios verdaderos, y que les importa que los demas lo

conozcan. Sus artificios se hallan explicados con gracia y agudeza en la

_Charlatanería de los Eruditos_ de MENKENIO; pero aquí advertiré

solamente algunas particularidades para que los conozcan mejor, y los

traten segun su mérito. Una de las cosas que mas comunmente hacen los

falsos sabios es hinchar la cabeza con lugares comunes de CICERON, de

ARISTÓTELES, de PLINIO, y de otros Autores recomendables de la

antigüedad. Despues de esto cuidan mucho en tener en la memoria un

catálogo copioso de Autores: y si se hallan en una conversacion, vierten

noticias comunísimas, y dicen que ya Ciceron lo conoció, que ya se halla

en Aristóteles, y luego añaden, que entre los modernos lo trata bien

CARTESIO, y mejor que todos NEWTON. Si tienen la desgracia de encontrar

con uno, que esté bien fundado en las Ciencias, y haya leido estos

Autores, y les replica, mudan de conversacion, y así siempre mantienen

la fama entre los que no lo entienden. Lo mismo hacen en los libros,

citan mil Autores para probar lo que no ignora una vieja. Y una vez ví

uno de estos, que en una cláusula de cinco lineas citó á LIEBRE, y á

BURDANIO para probar una friolera. Es tanta la inclinacion que tienen

los poco sabios á citar Autores, y mostrarse eruditos, que uno de ellos

en cierta ocasion hablaba de la batalla de Farsalia, que no la habia

leido sino de paso en alguno de los libros que no tratan de propósito de

la historia de Roma, y se le habia hinchado la cabeza de manera, que

decia: _Grande hombre era Farsalia_, y Farsalia no fué hombre grande,

ni pequeño, sino un campo, ó lugar donde se dió la batalla entre CESAR,

y POMPEYO. Semejantes desórdenes ocasiona el querer parecer sabios; y es

cosa certísima, que por lo comun es mejor la disposicion de

entendimiento de los ignorantes, que la de los sabios aparentes, porque

estos son incorregibles, y aquellos suelen sujetarse al dictamen de los

entendidos.

[88] Ninguno ha descubierto mejor las artes, y mañas artificiosas de los

falsos sabios que el P. FEYJOÓ en un discurso, que intitula: _Sabiduría

aparente_[a]. Al mismo tiempo ninguno, sin pensar en ello, ha criado mas

sabios aparentes que este Escritor. Como trata tantos y tan varios

asuntos, y los adorna con mucha erudicion, estos semisabios vierten sus

noticias en las conversaciones, en los escritos, y donde quiera que se

les ofrece. El perjuicio que de esto se sigue es, que se creen sabios

solo con leer á este Autor. Si los asuntos que trata Feyjoó son

científicos (estos en toda la extension de sus obras son pocos), no se

pueden entender sin los fundamentos de las Ciencias á que pertenecen; y

no teniéndolos muchos de los que le leen, quando se les ofrecerá hablar

de ellos, lo harán como falsos sabios. Si son asuntos vulgares, que es

el instituto de la obra, la materia es de poca consideracion, y solo los

adornos la hacen recomendable. Los puntos históricos, filosóficos, y

críticos, de que están adornados los discursos, piden verse en las

fuentes para usar de ellos con fundamento, ya porque alguna vez no son

del todo exâctos, ya tambien porque desquiciados de su lugar y

trasladados á otro, no pueden hacer buena composicion sino con el orden,

método, y fines con que los propusieron sus primitivos Autores. Al fin

de su discurso dice el P. Feyjoó, como hemos ya insinuado, y conviene

repetirlo: _El Teatro de la vida humana, las Polyanteas_ (bien pudiera

añadirse el infinito número de Diccionarios de que estamos inundados),

_y otros muchos libros, donde la erudicion está acinada, y dispuesta con

orden alfabético, ú apuntada con copiosos índices, son fuentes públicas,

de donde pueden beber, no solo los hombres, mas tambien las bestias_. El

mal uso de las obras de este Escritor puede producir el mismo efecto.

[Nota a: Feyjoó _Teatr. Crític. tom. 2. pág. 179. y sig._]

CAPITULO VII.

_De los errores del juicio._

[89] Todos los errores del entendimiento humano, hablando con propiedad,

pertenecen solamente al juicio, porque este es el que asiente, ó

disiente á lo que se le propone. Los sentidos, la imaginacion, las

inclinaciones, el temperamento, la edad, y otras cosas semejantes no son

mas que ocasiones, ó motivos por los quales yerra el juicio. Pero se ha

de advertir, que hay dos caminos muy comunes, por los quales se anda

ácia el error, es á saber, la _preocupacion_, y la _precipitacion del

juicio_, porque quantas veces cae este en el error, casi siempre sucede,

ó porque está preocupado, ó porque se precipita. La preocupacion es

aquella anticipada opinion, y creencia que uno tiene de ciertas cosas,

sin haberlas exâminado, ni conocido bastantemente para juzgar de ellas.

Por exemplo. Han dicho á un hombre codicioso y crédulo, que es facil

hacer oro del cobre, ó del hierro. Por la credulidad facilmente se

convence: por la codicia lo cree con eficacia, porque ya hemos probado,

que qualquiera nocion si va junta con alguna fuerte inclinacion del

ánimo, se imprime con mayor fuerza. Si este hombre oye despues á otro

que prueba con razones concluyentes, que no es posible convertir el

cobre, ni el hierro, ni ningun otro metal en oro, lo oye con

desconfianza, y las razones evidentes no se proporcionan á su juicio,

porque está preocupado, esto es, porque anticipadamente ha creido lo

contrario, y esta creencia ha echado raices en el entendimiento.

[90] No intento tratar aquí de toda suerte de preocupaciones, ya porque

fuera imposible comprehenderlas todas, ya porque muchas han sido

explicadas en los capítulos antecedentes: propondré solamente algunas

muy notables, que nos hacen caer en muchos errores. Quando somos niños

creemos todo quanto nos dicen los padres, los Maestros, y nuestros

mismos compañeros. El entendimiento entonces se va llenando de

preocupaciones, y si no cuidamos exâminarlas, siendo adultos, toda la

vida mantenemos el error. El amor que tenemos á la patria, y á los

parientes, y amigos nos preocupa fuertemente[a]. Las nociones de estas

cosas las tenemos continuas, y las impresiones se van haciendo de cada

dia mas profundas; por esto nos hacemos á juzgar conformando nuestros

juicios con ellas, y muchas veces son errados. Despues cada qual alaba

su Patria, y la prefiere á qualquiera otra. Su Patria es la mas antigua

del mundo, porque ha oido contar á sus paysanos, que se fundó en tal, y

tal tiempo muy antiguo, y que se fundó casi por milagro. Esta

preocupacion arrebata á veces hasta hacer decir á algunos, que nada hay

bueno sino en su País; y en los demas todo es malo. Apenas hay

Historiador, que en ponderar las antigüedades de los Pueblos no cometa

mil absurdos y falsedades, por gobernarse, en lugar de buenos

documentos, por una vanísima credulidad y preocupacion. Yo oigo con

mucha desconfianza á estos preocupados alabadores de sus Patrias. Es

noticia harto vulgar, que los Griegos tenian por bárbaros á todos los

que no eran Griegos; y habiendo sido los principales establecedores de

las Ciencias, no pudieron librarse de tan vana preocupacion.

[Nota a: _Sunt enim ingeniis nostris semina innata virtutum, quae si

adolescere liceret ipsa nos ad beatam vitam natura perduceret; nunc

autem simul, atque editi in lucem, & suscepti sumus, in omni continuò

pravitate, & in summa opinionum perversitate versamur, ut penè cum lacte

nutricis errorem suxisse videamur. Cum verò parentibus redditi,

magistris traditi sumus, tum ita variis imbuimur erroribus, ut vanitati

veritas, & opinioni confirmatae natura ipsa cedat. Accedunt etiam

Poetae, qui cum magnam speciem doctrinae, sapientiaeque prae se

tulerunt, audiuntur, leguntur, ediscuntur, & inhaerescunt penitus in

mentibus. Cum verò accedit eodem quasi maximus quidem magister populus,

atque omnis undique ad vitia consentiens multitudo, tum planè inficimur

opinionum pravitate, à naturaque ipsa desciscimus._ Cicer. _Q. Tusc.

lib. 3. c. 2._]

[91] Entre nosotros reynan hoy dos partidos igualmente preocupados. Unos

gritan contra nuestra nacion en favor de las extrañas, ponderando que en

estas florecen mucho las Artes, las Ciencias, la policía, la ilustracion

del entendimiento: por donde van con ansia tras de los libros

extrangeros, todo lo hallan bueno en ellos, los celebran como venidos

del Cielo. Otros aborrecen todo lo que viene de afuera, y solo por ser

extraño lo desechan. La preocupacion es igual en ambos, partidos; pero

en el número, actividad, y potencia prevalece el primero al segundo. La

verdad es, que en todas las Provincias del Mundo hay vulgo, en el qual

se comprehenden tambien muchos entendimientos de escalera arriba (frase

con que se explica el P. FEYJOÓ)[a], y todas las naciones cultivadas

pueden mútuamente ayudarse unas á otras con sus luces con la

consideracion que unas exceden en unas cosas y otras en otras, y cada

una ha de tornar lo que le falta. Se puede demostrar con libros

Españoles exîstentes, que muchísimas cosas con que hoy lucen las

naciones extrangeras en las Artes y Ciencias, las han podido tomar de

nosotros. Los excesos y poca solidez de la Filosofía de las Escuelas han

sido conocidos y vituperados de los Españoles, antes que de otra nacion

alguna, porque LUIS VIVES, PEDRO JUAN NUÑEZ, GASPAR CARDILLO

VILLALPANDO, el Maestro CANO, los han descubierto é impugnado mucho

antes que VERULAMIO, CARTESIO, y GASENDO. El método de enseñar la lengua

Latina de PORT-ROYAL tan celebrado en todas partes, fué mucho antes

enseñado con toda claridad, y extension por FRANCISCO SANCHEZ DE LAS

BROZAS. ¿Quién duda que antes de LINACRO en Inglaterra, y de COMENIO en

Francia, echó en España los cimientos de la verdadera lengua Latina el

Maestro ANTONIO DE NEBRIJA? Aun en la Física el famoso sistema del fuego

que BOHERAAVE ha ilustrado en su Chímica, está con bastante claridad

propuesto, y explicado por nuestro VALLES en su Filosofía Sagrada. El

sistema del _suco nerveo_ de los Ingleses tuvo origen en España por Doña

OLIVA DE SABUCO. La inteligencia de las enfermedades intermitentes

peligrosas, que han ilustrado MORTON en Inglaterra, y TORTI en Italia,

ha tenido su origen en España por LUIS MERCADO, Médico de Felipe

Segundo, á quien por esto debe el género humano inmortal agradecimiento,

pues que con sus luces ha dado la vida á millares de gentes. Tambien ha

nacido en España la nueva observacion de los _pulsos_ de SOLANO DE

LUQUE, que despues han ilustrado algunos Ingleses y Franceses.

[Nota a: _Teat. Crit. disc. 10. núm. 15. y 16._]

[92] A este modo otras muchas cosas importantes se han tomado de

nosotros, como lo harémos patente en otra obra, así como en algunas

materias confesamos que nos sirven las luces de los Extrangeros. Este

punto le tocó de paso el P. Feyjoó, hablando _del amor de la patria y

pasion nacional_; bien que inclinó mas á los extraños que á los

nuestros; y aquí, aunque de paso, advertiré que tratando de esto pone

estas palabras: "Tambien puede ser que algunos se arrojasen á la muerte,

no tanto por el logro de la fama, quanto por la loca vanidad de verse

admirados, y aplaudidos unos pocos instantes de vida: de que nos da

LUCIANO un ilustre exemplo en la voluntaria muerte del Filósofo

PEREGRINO[a]". Luciano en la muerte del Peregrino que escribió á CRONIO

Epicurista amigo suyo, tomó el empeño de vituperar á los Christianos de

su tiempo, que padecian martirio por defender la Fé de Jesu-Christo; y

es conjetura de hombres muy doctos, que el Peregrino de quien habla

Luciano fué S. POLYCARPO, discípulo de S. JUAN EVANGELISTA, cuyo

martirio atribuía Luciano á vanidad y á locura. Como quiera que fuese,

este escrito de Luciano está lleno de burlas, y blasfemias contra el

nombre Christiano, digno por eso de igualarse con FILOSTRATO, CELSO,

JULIANO, y otros impugnadores de la Religion Christiana. Si en los

puntos históricos, tantos como toca Feyjoó en sus escritos, hubiera

consultado los originales, hubiera evitado muchas equivocaciones, que

descubren los inteligentes.

[Nota a: _Teat. Crit. disc. 10. §. 1. n. 3. p. 213. tom. 3._]

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