_De los errores que ocasionan el ingenio y memoria._
[72] Ya hemos explicado en el primer libro, que hay en el hombre una
potencia de combinar las nociones simples y compuestas, á la qual hemos
llamado _ingenio_, y de quien es propio combinar las cosas de mil
maneras diferentes. Ahora mostrarémos de quántas maneras caemos en el
error por ser ingeniosos. El ingenio de dos modos suele ocasionar el
error, es á saber, ó por muy grande, ó por pequeño. Quando el
entendimiento percibe las cosas sin penetrar las circunstancias que las
acompañan, ó sus maneras de ser, ó sus propiedades inseparables; ó por
decirlo en una palabra, no penetra mas que la corteza de las cosas, sin
alcanzar el fondo, se siguen mil errores y engaños, porque el juicio no
puede ser atinado con tan poca noticia como subministra el ingenio; y
por eso los que son naturalmente de poca comprehension sin hacer
combinaciones copiosas, y los que no aguzan el ingenio, ó con la buena
crianza, ó con el trato civil, ó con el exercicio de las Artes y
Ciencias, son rudos y desatinados, porque juzgan de las cosas sin haber
penetrado en todos los senos de ellas. Por esto la gente vulgar en sus
juicios no suele pasar de la superficie de las cosas. Los grandes
ingenios si no los acompaña un buen juicio, suelen caer en errores de
mayor consideracion que los pequeños. Algunos Hereges han sido muy
ingeniosos, pero la falta de juicio los ha hecho errar neciamente. Y de
ordinario quando un herege tiene ingenio penetrante, es mas obstinado, y
sus errores son mas disimulados, porque el ingenio con la abundancia de
combinaciones los encubre, los adorna, y los representa con otros
colores que los que les corresponden. Por esta razon tanto mayor ha de
ser la cautela con que se han de leer los libros de los Hereges, quanto
estos son mas ingeniosos.
[73] A veces los errores que ocasiona el ingenio son solamente
filosóficos. CARTESIO tuvo un ingenio singular, y el juicio no fué igual
al ingenio. Quando dexaba correr libremente el ingenio, solia escribir
cosas, que mas parecian sueños que realidades, porque era fecundísimo en
combinar: tales son muchísimas de las que propone en los _principios
filosóficos_. De CARAMUEL dice MURATORI, que mostró un ingenio grande en
las cosas pequeñas, y pequeño en las grandes. RAYMUNDO LULIO tuvo buen
ingenio, y muy poco juicio. Su Filosofía no es á propósito sino para
exercitar la charlatanería, y con ella ninguno sabrá mas que ciertas
razones generales, sin descender jamas al caso particular. Todo su
estudio consistia en reducir las cosas, qualesquiera que sean, á lugares
comunes, á sugetos y predicados generales, que puedan convenirles, y de
este modo habla un Lulista eternamente, y sin hallar fin; pero con una
frialdad, y con razones tan vagas, que apenas llegan á la superficie, y
á lo mas comun de las cosas. En efecto un Lulista podrá amplificar un
asunto mientras le pareciere; pero despues de haber hablado una hora,
nada util ha dicho. Redúcese, pues, á ingenio todo el arte de Lulio;
pero el juicio no halla de que poderse aprovechar. Este mismo concepto
hacen de Lulio muy grandes Escritores, y en especial GASENDO, y
MURATORI; pero si á alguno de mis Lectores le parece áspera la censura,
ruego que vea las Obras de Lulio, y que medite sobre lo que llevo dicho,
que creo se convencerá.
[74] En las escuelas se tratan muchas qüestiones en que se aguza el
ingenio, y no se perficiona el juicio. La gran qüestion de la
_transcendencia del ente_, la del _ente de razon_, la del _objeto formal
de la Lógica_, la de la _distincion escótica_, y otras semejantes, son
puramente ingeniosas, interminables y vanísimas. El juicio nada tiene
que hacer en ellas, porque no hay esperanza de hallar la verdad, y una
vez hallada, aprovecharia muy poco. Yo nunca alabaré que se haga perder
el tiempo á la juventud, entreteniéndola en tales averiguaciones, que
aunque son ingeniosas, pero son inútiles. Convengo yo en que alguna vez
á los jóvenes se han de proponer qüestiones con que exerciten el
ingenio; pero si esto puede hacerse de modo que se aguce el ingenio, y
se perficione el juicio, será mucho mejor; y no hay duda que puede
entretenerse la juventud en algunas disputas en que se consigan ambas
cosas. El P. MABILLON fué varon docto y juicioso, y en sus _Estudios
Monásticos_ aconseja, que se eviten semejantes qüestiones, porque no
solamente son inútiles, sino que obscurecen la verdad. Y es de notar,
que el habituar los jóvenes á estas qüestiones suele ocasionar algun
daño: porque los hace demasiadamente especulativos, y á veces tan
tercos, que el hábito que contrahen en ellas, le conservan en otros
asuntos; y como el amor propio no cesa de incitarlos á su elevacion, por
eso nunca se rinden, antes estas qüestiones especulativas los hacen
vanos y porfiados. Demas de esto siempre he juzgado que el tiempo es
alhaja muy preciosa, y que siendo tanto lo que sólidamente puede
aprenderse, es cosa ridícula emplearlo en cosas vanas, en que
resplandece el ingenio, y no el provecho[a], ni la enseñanza. Algunos
suelen celebrar con alabanzas extraordinarias la carroza de marfil que
hizo Mirmecidas con quatro caballos y el gobernador de ellos, tan
pequeña, que la cubrian las alas de una mosca; las hormigas de
Calicrates, cuyos miembros no distinguian sino, los de perspicacísima
vista, y otras cosas maravillosas por su pequeñez[b]. Mas yo acostumbro
medir las alabanzas de estas cosas por el provecho que puede sacarse de
ellas; y así me parece muy fundado en razon lo que dice ELIANO hablando
de esto, es á saber, que ningun hombre sabio puede alabar tales obras,
porque no aprovechan para otra cosa, que para hacer perder vanamente el
tiempo[c]. Es verdad que en ellas resplandece la destreza, y ingenio del
Artífice; pero yo nunca alabo solamente á un hombre por su ingenio, por
grande que sea, sino por su juicio.
[Nota a: _Nisi utile est quod facimus, stulta est gloria_. Phedr. _lib.
3 fabul. 17._]
[Nota b: Feyjoó _t. 7. disc. I. p. 1. 2. &c._]
[Nota c: _Non aliud reverà sunt, quàm vana temporis jactura._ Aelian.
_lib. I. Var. hist. cap. 17._]
[75] Por lo general ninguno hace mayor ostentacion del ingenio, y con
menos provecho que los Poetas, en especial los de estos tiempos. CICERON
observó muy bien, que no hay ningun Poeta á quien no parezcan sus
poesías mejores que qualesquiera otras; y si hubiera vivido en nuestros
tiempos, hubiera confirmado con la experiencia la verdad de su
observacion. A los Poetas se les debe la gloria de haber sido los
primeros que trataron las Ciencias con método. Pero ya en lo antiguo
sucedia lo mismo que ahora, pues en aquel tiempo habia muy pocos Poetas
buenos[a], y muchos malísimos. Piensan algunos, que para ser buen Poeta
no es menester mas que hacer versos, y darles cadencia; y la mayor parte
de los que juzgan, solamente se contentan del sonido y tal qual agudeza
de ingenio. Y se ha de tener por cierto, que para ser buen Poeta es
menester ser buen Filósofo. No entiendo por Filósofo al que sabe la
Filosofía en el modo que se enseña en las Escuelas, sino al que sabe
razonar con fundamento en todos los asuntos que pueden tocar á la
Filosofía. Así será necesario que el Poeta sepa bien la Filosofía Moral,
y sin ella nada puede hacer que sea loable, porque no habrá excitar los
afectos, ni animar las pasiones, que es una de las cosas principales de
la Poesía. Muchos de nuestros Poetas, y algunos de los antiguos supieron
muy bien excitar al amor profano; pero en esto mostraron su poco juicio,
porque nunca puede ser juicioso el Poeta que excite los afectos para
seguir el vicio, antes debe ser su instituto animar á la virtud; y no
hay que dudar, que si los Poetas supieran hacerlo, tal vez lo
conseguirian mejor que algunos Oradores, porque los hombres se inclinan
mas á lo bueno, si se les propone con deleyte, y esto hace la Poesía
halagando el oido. Ha de saber el Poeta la Política, la Económica, la
Historia sagrada y profana. Ha de saber evitar la frialdad en las
agudezas: ha de ser entendido en las lenguas: ha de saber las reglas de
la Fábula y de la invencion. Ha de conocer la fuerza de las Figuras, y
en especial de las Traslaciones. Ha de hablar con pureza y sin
afectacion: y en fin ha de tener presentes las máxîmas que propone
ARISTÓTELES en su _Poética_, y saber poner en práctica los preceptos que
han usado los mejores Poetas. Pero hoy vemos que todo el arte se reduce
á equívocos frios, á frases, afectadas, á pensamientos ingeniosos, sin
enseñanza ni doctrina; y aun hay Poetas celebrados, que no observan
ninguna de las reglas que propone HORACIO en su _Arte Poética_, y no
adquieren el nombre sino por la poca advertencia de los que lo juzgan, y
porque ellos mismos dicen que son excelentes Poetas[b]. Descendiera en
esto mas á lo particular, si no temiera conciliarme la enemistad de
muchos alabadores de los Poetas recientes.
[Nota a: _Verè mihi hoc videor esse dicturus, ex omnibus iis, qui in
harum artium studiis liberalissimis sint doctrinisque versati, minimam
copiam Poetarum egregiorum extitisse._ Cic. _de Orat. lib. I. pag.
255._]
[Nota b: _Nunc satis est dixisse: Ego mira poemata pango_. Hor. _Art.
Poet. v. 416_.]
[76] Siendo, pues, cierto, que el juicio ha de gobernar al ingenio para
que este aproveche, será necesario saber, que los que profesan las Artes
y Ciencias no deben tener otro fin, que aprender, ó enseñar la verdad y
el bien, y que toda la fuerza del ingenio ha de ponerse en descubrir
estas cosas, y esclarecerlas para evitar el error y la ignorancia. Bien
puede el ingenio buscar á veces lo deleytable, pero ha de ser con las
reglas que prescribe el juicio, y haciéndolo servir solamente para que
con mayor facilidad se alcance lo verdadero, y se abrace lo bueno. Segun
estos principios, han de desecharse todas las obras de ingenio que
deleytan y no enseñan, y que ponen toda su fuerza en agudeza
superficial, que no dura sino el tiempo que se leen, ú oyen[a].
[Nota a: _Nihil est infelicius, quàm in eo in quo minimum proficias,
plurimum laborare_. Menk. _Charl. p. 224._]
[77] La memoria si no está junta con buen juicio es de poca estimacion,
porque importa poco saber muchas cosas si no se sabe hacer buen uso de
ellas. El vulgo está engañadísimo creyendo que son grandes hombres los
que tienen gran memoria: y de ordinario para significar la excelente
sabiduría de alguno, dice que tiene una memoria felicísima. A la verdad
quando á un juicio recto se junta una memoria grande, puede ser muy
util, y creo yo que necesita el juicio del socorro de la memoria para
valerse de las especies que tiene reservadas; pero no hay que dudar, que
por sí sola merece poca estimacion. Admirablemente dixo SAAVEDRA en su
República Literaria: _Muchos buscaban el eléboro, y la nacardina para
hacerse memoriosos, con evidente peligro del juicio; poco me pareció que
tenian los que le aventuraban por la memoria, porque si bien es depósito
de las Ciencias, tambien lo es de los males; y fuera felíz el hombre, si
como está en su mano el acordarse, estuviera tambien el olvidarse_[a].
La memoria deposita las noticias y retiene las imágenes de los objetos;
así se hallan en ella todas las cosas indiferentemente, y es necesario
el juicio recto para colocarlas en sus lugares. Es la memoria como una
feria donde están expuestas mercancías de todos géneros, unas buenas,
otras malas; unas enteras, otras podridas; pero el juicio es el
comprador, que escoge solamente las que merecen estimacion, y hace de
ellas el uso que corresponde, y desecha las demas. Es verdad que si no
hay abundancia y riqueza, poco tendrá que escoger. Algunos leen buenos
libros, estudian mucho, y no pueden hablar quando se ofrece, porque la
memoria no les presenta con prontitud las nociones de las cosas. Estos
por lo ordinario se explican mejor por escrito, que de palabra. Muchos
han inventado diversas Artes para facilitar la memoria, y se aprovechan
de ciertas señales, para que excitándose en la fantasía, se renueven los
vestigios de otras con quien tienen conexîon. Pero la experiencia ha
mostrado el poco fruto de semejantes invenciones; y sabemos ciertamente,
que nada aumenta tanto la memoria como el estudio continuado; y es
natural, porque la continua aplicacion á las letras la exercita, con lo
que contrae hábito y facilidad de retener las nociones, que es su propia
incumbencia. Lo que algunos dicen de la anacardina es fábula y hablilla
que se ha quedado de los Árabes, gente crédula y supersticiosa.
[Nota a: _Rep. Lit. p. 3. edic. de Alcalá 1670._]
[78] Resta ahora explicar los desórdenes que acompañan á una gran
memoria quando está junta con poco juicio, y mostrar quán poco
estimables son los Autores en quien resplandece solamente aquella
potencia. Cleóbulo está continuamente leyendo, en todo el dia hace otra
cosa, tiene una memoria admirable. ¿Quién no pensará con estas buenas
circunstancias, que Cleóbulo ha de dar al público alguna obra estimable?
Luego vemos que nos sale con una Floresta, ó Jardin, ó Ramillete de
varias flores, y acercándose, y mirándole de cerca, no hay en su jardin
sino adelfa y vedegambre. Hay algunos que no están contentos si no hacen
participantes á los demas de lo que ellos saben, y como todo su estudio
ha sido de memoria, no se halla en sus escritos sino un amontonamiento
de noticias vulgares, ó falsas; y si bien se repara, en semejantes
libros no hay mas que molestas repeticiones de una misma cosa. Yo
confieso, que apenas hay Autor que no se aproveche de lo que otro ha
escrito; pero los que son buenos añaden de lo suyo, ó á lo menos dan
novedad, y método á lo ageno[a]; mas esto no saben hacerlo sino aquellos
que á la memoria añaden buen juicio[b]. Otros quieren parecer sabios,
teniendo en la memoria buena copia de Autores, y los nombran y citan
para mostrar su estudio. Pero el haber visto muchos libros no hace mas
sabios á los hombres, sino haberlos leido con método, y tener juicio
para conocer y discernir lo bueno que hay en ellos, de lo malo. No saben
estos mas, que los niños, á quien se hace aprender de memoria una serie
de cosas, que la dicen sin saber lo que contiene, ni para qué aprovecha.
No hay cosa mas facil que citar una docena de Autores sobre qualquier
asunto, porque para esto están á mano las Polianteas, los Diccionarios,
las Miscelaneas, los Teatros, y otros semejantes libros, en que está
acinada la erudicion sin arte, sin método, y sin juicio. Dixo muy bien
el P. FEYJOÓ, que el Teatro de la vida humana, y las Polianteas son
fuentes donde pueden beber la erudicion, no solo los racionales, sino
las bestias[c]. Bien pudieran entrar en este número muchos Diccionarios
y Bibliotecas. Con todo, este es el siglo de los Diccionarios, y muchos
de los que hoy se llaman sabios no estudian otra cosa que lo que leen en
los innumerables Diccionarios, de que estamos inundados. La mejor parte
de tales libros, aunque son de la moda, se escriben sin exâctitud, y
todos sin los principios fundamentales de lo que tratan. Por esto, los
que solo saben por ellos, son entendimientos que se satisfacen de la
memoria, sin exercitar el ingenio ni el juicio; siendo cierto, que
semejantes libros solo pueden aprovechar en tal qual ocasion á los
hombres de mucha letura y de atinado juicio, ó para tener á mano una
especie, ó para volver á la memoria alguna cosa que se habia olvidado.
[Nota a: _Res ardua, vetustis novitatem dare, novis auctoritatem,
obsoletis nitorem, obscuris lucem, fastiditis gratiam, dubiis fidem,
omnibus verò naturam, & naturae suae omnia_. Plin. _Hist Nat. lib. 1. p.
3. n. 25. tom. 1._]
[Nota b: _Mandare quemquam literis cogitationes suas, qui eas nec
disponere, nec illustrare sciat, nec delectatione aliqua allicere
lectorem, hominis est intemperanter abutentis, & otio, & literis._ Cic.
_Q. Tusc. lib. 1. cap. 5._]
[Nota c: Feyjoó _Theat. Crit. disc. 8. §. 7. n. 31. p. 192. tom. 2._]
[79] En la Medicina son infinitos los libros de erudicion desaliñada, y
solo á propósito para cargar la memoria. No hay Autor que haya recogido
mas noticias, ni cite con mayor freqüencia que ETMULLERO; pero es
Escritor de pequeño juicio, porque entre tanta barahunda de noticias,
opiniones, y Autores, de ordinario sigue lo peor. Sus observaciones
especiales son vanísimas, y lo he conocido por propia experiencia. Si
trata de curar las enfermedades, usa de infinitos medicamentos Chímicos,
con perjudicial ponderacion de sus falsas virtudes. FORESTO es exâcto en
sus observaciones, y sus curaciones no son despreciables; pero sus
preámbulos largos para cosas pequeñas, y sus repeticiones de cosas que
nada importan, hacen enfadosa su letura. No obstante le tengo por mas
util que á SENERTO, y puede aprovechar en manos de un Médico juicioso.
JUAN DOLEO hizo una Enciclopedia, en que comprehendió los pareceres de
muchos Autores, especialmente modernos, sobre cada enfermedad, señalando
distintamente el dictamen de cada uno. No puede haber cosa mas á
propósito para facilitar la memoria de los Médicos, ni mas propia para
corromperles el juicio. Porque este Escritor en el decir es fantástico,
lleno de frases poéticas, y _rimbombantes_. Introduce términos
obscurísimos con gran perjuicio de los letores, porque ya la Medicina
necesitaba de hacerse mas comprehensible, familiarizando infinito número
de voces Griegas, que ni se han hecho Latinas, ni Españolas, lo que
ocasiona embarazo y confusion. Y despues de todo esto nos viene DOLEO
con _Microcosmetor, Cardimelech, Gasteranax_, y _Bitnimalca_,
repitiéndolos á cada linea, y no significan otra cosa que el celebro,
corazon, estómago, y útero, ó los espíritus especiales de estas partes y
que sirven para sus funciones. Demas de esto no hay en sus curaciones
aquel nervio de observacion que se halló en los Griegos; ni sus remedios
son otra cosa que medicamentos comunes vanamente ponderados. HOFFMAN es
tambien Autor de varia leccion, su juicio mediano; pero su imaginacion
fecunda, y la memoria grande: su estilo es asiático y poco nervioso,
dice y repite las cosas sin medida, y cita mas de lo que sabe. No
obstante es Autor que puede aprovechar mucho si se sabe hacer buen uso
de sus noticias, y se separa de ellas lo sistemático, que se lleva las
dos partes de sus obras. Finalmente para hallar locucion breve y clara,
método, enseñanza, y buen juicio, es necesario leer á HIPPÓCRATES,
ARETEO, CELSO, y á sus seguidores MARCIANO, DURETO, LOMIO, y los dos
PISONES, y algunos otros de quien hemos hecho crítica en otra parte.
[80] No sé si entre los Teólogos y Letrados reyna este defecto como
entre los Médicos. Sé muy bien que en ambas ciencias hay Profesores de
erudicion exquisita, y de atinado juicio. Pero como salen á luz tantos
tratados de Teología sin añadir novedad ninguna unos á otros, tantos
Autores de Poliánteas, de Sermones, de Miscelaneas, he sospechado que
tal vez se hallarán algunos que no habrán tratado estos asuntos con la
perfeccion necesaria. En efecto CANO, el P. MABILLON, y mucho antes LUIS
VIVES, han hallado en algunos Teólogos muchas superfluidades. Tal vez
dirá alguno que esto es meter la hoz en mies agena, pero la Lógica da
reglas generales para gobernar al juicio, y es necesaria para dirigirle
con rectitud y hacer buen uso de él en todas las ciencias. Por eso un
buen Lógico puede conocer los defectos que por falta de cultura, y
rectitud de juicio cometen los Autores que tratan la Teología. Lo mismo
ha de entenderse de la Jurisprudencia, en cuya ciencia son muchos los
Autores que ponen toda su enseñanza en amontonar citas y lugares
comunes, y creo yo que no consultan los Autores originales, sino que
unos sacan las citas de otros, y estos de otros mas antiguos, y todos
estos son plagiarios, y compiladores[a]. Por lo menos en estas que
llaman Alegaciones es cierto, que muchos muestran falta de Lógica y de
cultura en el juicio, porque reyna en ellas, erudicion desaliñada y
vulgar, y se pone mayor cuidado en amontonar citas, que razones sólidas
y concluyentes. SAAVEDRA en la _República Literaria_, ya se quexa del
poco juicio de algunos Autores de Jurisprudencia. _Acerqueme á un
Censor_, dice, _y ví que recibia los libros de Jurisprudencia, y que
enfadado con tantas cargas de leturas, tratados, decisiones y consejos
exclamaba: ¡O Júpiter!, si cuidas de las cosas inferiores, ¿por qué no
das al mundo de cien en cien años un Emperador Justiniano, ú derramas
exércitos de Godos que remedien esta universal inundacion de libros? Y
sin abrir algunos caxones los entregaba para que en las Hosterías
sirviesen los_ civiles_ de encender el fuego, y los _criminales_ de
freír pescado y cubrir los lardos_[b]. CICERON se quexaba tambien de la
poca cultura de los Juristas de su tiempo[c], y en varias partes los
reprehende, en especial en la Oracion que hizo por MURENA, digna de ser
leida, porque trata este asunto con extension[d]. Ninguna Arte,
entiendo yo, necesita mas de la buena Lógica que la Jurisprudencia,
porque el conocimiento de lo recto y de lo justo pertenece al juicio. Si
este no solo necesita de sus propios principios, sino de otras verdades
fundamentales por el encadenamiento que hay entre ellas, ¿cómo ha de ser
buen Jurisconsulto el que no sea buen Filósofo? No extraño que GENARO,
que conocia por dentro lo que anda en esto, haya empleado tan vivas y
tan continuas sátiras contra los Letrados.
[Nota a: _Omnes omnium Jurisconsultorum libros evolvendos sibi putant,
totaque citatorum quae vocant plaustra colligunt, quibus suas
dissertatiunculas, responsa, decreta, non tàm ornant, quàm onerant._
Menk. _Charl. p. 267._]
[Nota b: _pag. 31._]
[Nota c: _Sed Jureconsulti, sivè erroris objiciendi causa quo plura, &
difficiliora scire videantur, sivè, quod similius veri est_, ignoratione
docendi, nam non solam scire aliquid artis est, sed quaedam ars etiam
docendi, saepè, quod positum est in una cognitione, in infinita
dispartiuntur._ Cicer. _de Leg. 2. cap. 45_.]
[Nota d: _Itaque si mihi homini vehementer occupato stomachum moveritis,
vel triduo me Jurisconsultum esse profitebor._ Cic. _pro Muraen. c. 13.
p. 272. t. 5_.]
CAPITULO VI.
_De los errores que ocasiona el amor propio._
[81] Entiendo por amor propio aquella inclinacion natural que tenemos á
nuestra conservacion y nuestro bien. Todo aquello que pensamos ser á
propósito para nuestra conservacion, y todo lo que nos parece que ha de
hacernos bien, lo apetecemos llevados de la naturaleza misma; y hemos de
considerar que el amor propio es un adulador que continuamente nos
lisonjea y nos engaña. Porque si nosotros regulasemos esta innata
inclinacion que tenemos ácia nuestro bien y provecho, segun las reglas
que prescribe el juicio, y le conformasemos con las máxîmas que enseña
la doctrina de Jesu-Christo, no apeteciéramos sino lo que es
verdaderamente bueno, y lo que en realidad puede conducir á nuestra
conservacion; pero el caso es que estudiamos poco para moderarlo, y su
desenfrenamiento nos ocasiona mil males. Para describir los malos
efectos que causa en las costumbres el desordenado amor propio, es
menester recurrir á la Filosofía moral, porque segun yo pienso, la
inclinacion que los hombres tienen á la grandeza, á la independencia, y
á los placeres no son mas que el amor propio disimulado, ó lo que es lo
mismo, todas aquellas inclinaciones no son otra cosa, que el apetito
que tienen los hombres de su conservacion y de su bien, pareciéndoles
que le han de saciar con la grandeza, con los placeres, y con la
independencia: apetito que si no se regula, como he dicho, ocasiona
grandes daños. Mas yo solo intento aquí descubrir algunos artificios con
que el amor propio nos engaña en el exercicio de las Artes y Ciencias; y
si no atendemos con cuidado, nos vuelve necios, haciéndonos creer que
somos sabios. Ya hemos mostrado quantos determinados errores nos
ocasionan las pasiones con que acompañamos nuestros conocimientos. A la
verdad todos estos nacen del amor propio, que es la fuente de todas las
pasiones y apetitos; mas aquí queremos en general mostrar los varios
caminos con que este oculto enemigo nos engaña en el exercicio de las
Artes y Ciencias.