tolerable; el caso es que se halla en infinitos libros de todas
facultades, y sus Autores nos hacen perder el tiempo y el dinero en
inútiles niñerías. MENKENIO desprecia con donayre algunos Gramáticos que
disputaron mucho tiempo sobre sola una voz[a], y cerca de nuestros
tiempos hemos visto empeñados dos hombres famosos en averiguar si ha de
escribirse Virgilio, ó Vergilio. ¿Y qué cosa mas comun y mas inútil, que
exâminar aquello que despues de averiguado para nada aprovecha? Todo el
año emplea ARISTON en averiguar si Ciceron estudiaba sentado, ó
paseando, si los vestidos que usaba eran varios, ó uniformes. CLEÓBULO,
está afanado para saber qué figura tenian las hebillas de los Romanos, y
hace un tomo entero para probar que no usaban espuelas, y trata con
mucha extension de los anillos, de los juegos, y otros divertimientos
de aquellos tiempos, con tanta satisfaccion, que tiene por ignorantes, é
irracionales á los que no emplean, como él, todo el tiempo en inútiles
averiguaciones. PEDRO BURMANO, BENTLEIO, y otros semejantes son dignos
de estimacion por el trabajo con que nos dan buenas ediciones de Autores
Latinos, y por el zelo con que promueven las letras humanas; pero no son
de alabar los cuidados que en sus notas ponen, deteniéndose lo mas del
tiempo en corregir la palabra del Autor original, gobernados por sus
propias reglas, y en impugnar á otros, porque no lo han hecho, sin
cuidar de las sentencias, que es el punto principal en que se debieran
detener. _Han llegado á tal punto estos Correctores_ (dice MENKENIO),
_que con verdad se puede decir ahora lo que en otro tiempo se dixo de
los exemplares, de Homero; es á saber, que se han de tener por mejores y
mas correctos los Autores que no se han corregido._[b].
[Nota a: Menken. _Charlat. Eruditor. pag. 155._]
[Nota b: _Cbarlataner, pag. 164._]
[55] Alguna vez puede esto ser un poco útil; pero si se considera el
estrépito con que algunos han tratado estas materias, bien se podrán
comparar á la mosca, que andando sobre la rueda de un carro, decia:
¡_Quánto polvo levanto_! Otros emplean gruesos volúmenes en explicar una
sola voz de algun Escritor antiguo. Yo siempre he tenido por hombres de
imaginacion pequeña á los que se detienen en una palabrilla, en un
acento, en si se ha de entender esta voz en este, ú en otro significado:
aunque esto importe poco, y sin llegar á conocer lo útil de las cosas,
solo se contentan de lo superficial. Parécense estos á los cazadores,
que no llegando á saber cazar las aves y bestias útiles para el
mantenimiento del hombre, se emplean en cazar ratones, ó tal vez se
hacen cazadores de moscas. Lo mismo debe decirse de aquellos que se
tienen por grandes hombres, porque saben hacer un verso, ó una
redondilla. _¡O! Narciso es mozo de grandes esperanzas, porque hace un
Epigrama, y forma versos que es una maravilla_. Exâminando bien las
cosas, se halla que Narciso es hombre de pequeña imaginacion y de poco
juicio, porque sabe hacer versos que nada mas tienen que el sonido, el
metro, y la cadencia, cosas propias de la imaginacion; pero no incluyen
sentencias graves, ni instructivas, en que resplandezca el juicio. ¿De
qué puede servir hacer versos con letras forzadas, y anagramas
obscurísimos, sino de atraer aquellos que admiran todo lo que no
entienden, y celebran lo que no alcanzan[a]? Bien pueden estos
compararse á los niños, á quien el color del oropel hace creer que es
oro lo que es plomo, y tal vez madera podrida.
[Nota a: _Omnia enim stolidi magis admirantur, amantque,
Inversis quae sub verbis latitantia cernunt,
Veraque constituunt, quae bellè tangere possunt
Aureis, & lepida quae sunt fucata sonore._
Lucret. _de Rer. natur. lib. I. verso 638._]
[56] En segundo lugar coloco yo las imaginaciones hinchadas, y llamo así
aquellas que se llenan de muchas imágenes, ó ya se adquieran y recojan
con la aplicacion, ó ya naturalmente sea dispuesta la fantasía á
formarlas. Es menester confesar, que si á las imaginaciones llenas se
junta buen juicio, son muy estimables, y solo de ellas han de esperarse
grandes ventajas en el descubrimiento de la verdad, y en el exercicio de
las Artes, y Ciencias; pero si á una imaginacion muy llena no acompaña
un juicio atinado, suele ser causa de muchos errores. _¡O! Fulano es muy
lleno! ¡Qué de noticias tiene! ¡Qué de cosas sabe! De qualquiera asunto
que se hable, en todo entiende._ Este es el lenguage del vulgo en la
calificacion de los sugetos. Si el juicio no coloca en el debido lugar
las noticias, si á la muchedumbre de ellas no acompaña un gran
discernimiento de lo verdadero y de lo bueno, y un conocimiento de lo
útil y superfluo, de lo bello y de lo rústico, nada mas serán todas
aquellas noticias que un monton de trigo, cebada, heno, paja y polvo,
donde hay algo de bueno, pero mezclado con muchísimo sucio, malo y
abominable. En efecto la llenura de la imaginacion es como la del
cuerpo, que siendo gobernada por la naturaleza es sana y loable, y en
siendo desordenada causa la enfermedad y la cacoquimia.
[57] Esta enfermedad, ó disposicion cacoquímica de la imaginacion es
comun en las oraciones y en los escritos. Llena CLEÓBULO su celebro de
noticias vulgares, de lugares comunes, porque las Poliantheas son sus
delicias, y en los Diccionarios hace su mayor estudio. En un sermon, en
la conversacion, ó Discurso Académico vacia quanto ha leido en estas
fuentes de vulgar erudicion y doctrina, y no hay Autor que no cite, ni
noticia que no partícipe á su auditorio. La desgracia es, que le
acompaña poco juicio, y no coloca las cosas en el lugar que les
corresponde, ni las aplica en el modo necesario para instruir, ni añade
verdad alguna que penetre en el corazon de los oyentes. Los que tienen
la imaginacion muy llena son intolerables en las conversaciones. Háblese
de lo que se quiera, luego salen vertiendo noticias fuera del lugar y
tiempo, y estas á veces tan mal digeridas, que no parecen sino un
aborto, ó una de aquellas insufribles evacuaciones, que por descargarse
excita la naturaleza.
[58] No es posible tratar aquí individualmente de todos los Escritores,
que siendo de imaginacion hinchada, muestran tener poco juicio, porque
son innumerables, y hoy mas que nunca reyna la moda de querer los
hombres parecer sabios, amontonando citas y noticias, aunque sean
inútiles y vulgares. Propondré dos solamente, y así se podrá formar
juicio de los demas. En la Medicina está muy celebrado MIGUEL ETMULLERO,
y no puede negarse que es Autor llenísimo, pero de poco provecho, porque
no acompaña gran juicio, ni aun mediano, á tanta baraunda de cosas
vulgares, poco fundadas, é inútiles como propone. Este Autor es aquel
que estudian muchos que no profesan la Medicina, para hablar de ella en
sus discursos, y mostrar que la entienden radicalmente; y á la verdad
hallan en él un fondo inagotable de noticias para embelesar á los que se
contentan de la abundancia de la imaginacion; pero nunca agradarán á los
que solo se gobiernan por el juicio. De este, y de LUCAS TOZZI se valió
FEYJOÓ las mas veces para escribir de la Medicina. ¡Pero qué Maestros!
Así han salido los discursos. ¡O quántos libros llenan los estantes, sin
haber en ellos mas que amontonamiento de noticias falsas, vulgares, ó
inciertas, pero regladas de modo, que puedan hacer impresion en la
fantasía!
[59] En tercer lugar pueden colocarse las imaginaciones profundas, y
llamo así aquellas en que las representaciones se arraigan mucho. De
tres maneras se hace profunda la imaginacion, ó por temperamento, ó á
fuerza de meditar, ó por enfermedad. Los que tienen el temperamento
melancólico, de ordinario son de imaginacion profunda. La imaginacion
naturalmente profunda, junta con buen juicio, suele aprovechar mucho,
porque suele causar mucha constancia en las cosas que emprende, y esta
constancia nace de la duracion de las imágenes; por eso los que tienen
así la imaginacion son tenaces en su propósito, y no dexan la cosa hasta
que la apuran del todo. Aquellos que han tenido buen juicio, junto con
semejante imaginacion, han hecho progresos en las empresas loables y
difíciles. Por el contrario, si la imaginacion es profunda, y el juicio
es corto, se siguen muchos errores y lo que es peor los acompaña una
tenacidad invencible. Suele ser muy comun á los que tienen la
imaginacion profunda, andar pensativos, y no reparar en las cosas
triviales, mayormente si ocupan el juicio en cosas de importancia.
Ariston va por la calle tan profundo, que no repara en los que
encuentra, ni saluda á sus amigos, ni se entretiene con la hermosura de
los balcones y ventanas. Crisias lo mira todo, de todo se divierte, ni
en una mosca que vaya volando dexa de reparar. De estos dos Ariston
tiene la imaginacion profunda, Crisias pequeña. El hombre mientras está
velando, ó no duerme, siempre piensa, y siempre se presentan á sus
sentidos objetos que los impresionan; pero hay la diferencia, que los
objetos de poca substancia no ocupan la imaginacion de Ariston, y llenan
la de Crisias. Quando van estos por la calle, los dos piensa, pero se
distinguen, en que Crisias piensa en las ventanas, en los balcones, en
las rejas, y otros objetos que se presentan á sus ojos, y son bastantes
para entretener su fantasía. Ariston tiene presentes los mismos objetos;
pero como por la rectitud del juicio no le admiran, y por la profundidad
de la imaginacion tiene presentes dentro de sí otros objetos tal vez mas
dignos de su aplicacion, ó á lo menos mas profundamente arraigados, por
eso piensa mas en estos, y apenas se ocupa de aquellos. Bien creo yo que
tambien es menester justa medida en la profundidad de imaginacion de
Ariston, porque de otra forma se volverá inútil, é intratable, y en esto
es menester que el juicio tenga presente _ne quid nimis._
[60] A fuerza de meditar se hace profunda la imaginacion. La razon es,
porque meditando mucho, se hace hábito, con el qual se adquiere la facil
repeticion de las representaciones. CARTESIO tuvo profunda la
imaginacion, meditó mucho; y si hubiera tenido el juicio tan profundo
como la fantasía, hubiera logrado para siempre el renombre de Filósofo.
Sucede en esto lo mismo que en el exercicio del cuerpo, cuyos miembros
con el continuo trabajo se habitúan á aquel movimiento en que mas se
exercitan.
[61] Por enfermedad suele hacerse tan profunda la imaginacion, que
ocasiona muchísimos errores. Es de advertir, que algunas veces la
enfermedad que daña la imaginacion, dexa al juicio sano y este corrige
los errores y desórdenes de aquella. Otras veces la enfermedad del
celebro daña la imaginacion y al juicio, y los que así padecen, yerran
neciamente. De uno y otro he visto exemplares en mi práctica de la
Medicina, y de ambas cosas habló muy concertadamente GALENO, y despues
otros Autores. Aquí se ha de notar, que á veces es tan poderosa la
fuerza de la fantasía, que el juicio por mas que quiera apartar de ella
algunos objetos, no puede conseguirlo, y esto sucede en aquellos que por
enfermedad tienen viciada la parte del celebro donde reside la
imaginacion. El remedio cierto que hay para no errar en este caso, es
despreciar las representaciones de la fantasía, y fortalecer el juicio
para que la domine: y sé yo que haciendo buen uso de la razon, y
acostumbrándose á vencer y moderar la fuerza de la imaginativa, se
consigue el alivio. De esta enfermedad de la imaginacion deben tener
noticia y procurar conocerla los directores espirituales de las almas,
porque de ella nacen casi siempre las conciencias escrupulosas,
corrompiendo poco á poco en ellas la imaginacion al juicio. Quando la
enfermedad del celebro de tal suerte vicia la imaginacion que comunique
el daño al juicio, se sigue la locura, ó bien melancólica, ó maniática.
En estos hay algunos, que solo deliran sobre una cosa, y están sanos en
lo demas. Qual dice que es Rey, qual Papa, qual que es Leon, qual que es
hormiga. La impresion de estos objetos ha echado raices tan hondas en su
imaginativa, que es difícil borrarlas, y por la enfermedad no puede el
juicio corregir este error. De esto puede el Lector tener larga noticia
viendo algunos autores de Medicina, y en especial á PAULO ZAQUIAS en las
Qüestiones Médico-Legales.
[62] Síguense las imaginaciones _contagiosas_, y llamo así aquellas, que
con facilidad comunican sus impresiones á otras, y las arrastran. De
esto hay infinitos exemplares en el trato civil, y nada es mas comun que
dexarnos llevar los hombres por la fuerza de la imaginacion de aquellos
con quien mas familiarmente tratamos. Es bien sabido que la vista de un
objeto asqueroso nos provoca á vómito, y la tristeza de un amigo nos
entristece: _Si vis me flere_, decia HORACIO[a], _dolendum est primum
ipsi tibi_. Estas cosas suceden por contagio de la imaginacion, porque
la vista de estos objetos excita en nuestra fantasía las mismas
impresiones y movimientos que en aquellos donde se hallan, y por eso nos
excitan las mismas pasiones.
[Nota a: Horat. _Art. Poet. vers. 102._]
[63] Nada es mas comun, que imitar nosotros aquellos con quien tenemos
familiar comunicacion. Si nuestro amigo viste de moda, vestimos
nosotros; si habla con algun tonecillo, insensiblemente le vamos
adquiriendo; si tiene algun vicioso estrivillo, tal vez le tomamos sin
poderlo evitar. Esto sucede, porque nos vamos habituando con el trato á
aquel modo que observamos continuamente en otro. Por esto es bien buscar
para el trato familiar aquellos sugetos en quien resplandezcan las
virtudes y el juicio, porque al fin teniendo en nuestras operaciones
tanta parte la fantasía, es muy conveniente hacerla á recibir imágenes
de lo bueno y razonable.
[64] La imaginacion de los hombres de autoridad es muy contagiosa. Ya la
grandeza, ya la ostentacion, y las dignidades suelen ocupar la fantasía
de los súbditos, é inferiores, porque estos consideran en aquellas cosas
una suma felicidad. La sujecion en el inferior por otra parte dispone el
ánimo á recibir las impresiones del Superior. De aquí nace, que poco á
poco se va haciendo la fantasía de los domésticos y sujetando á las
mismas manejas de los dueños, y la de estos por cierto modo de contagio
arrastra la de aquellos. Por esta razon es importantísimo, que los que
se hallan en grandes dignidades y empleos no exerciten sino obras de
virtud, procurando enseñar á los demas con el exemplo; y no hay que
dudar que puede ocasionar gran daño en la imaginacion de los súbditos el
desorden del superior, por el contagio de la imaginacion. Esto se vé
prácticamente en la crianza de los hijos. En vano serán los castigos, en
vano las amenazas, y en vano qualquiera diligencia de los padres, si
estos no procuran poner el fundamento de la educacion en el buen
exemplo. Los niños no exercitan otras operaciones que las de los
sentidos, é imaginacion, y aun quando ya empiezan á razonar, no tienen
otros principios sobre que exercitar y fundar la razon, que aquellas
cosas que se les comunican con el trato, porque vienen al mundo como un
lienzo raido, como ya hemos dicho. Como por sí mismos en este estado
alcanzan poco, miran á sus padres como únicos Maestros; y como están
sujetos á ellos, les sujetan tambien el entendimiento, porque en esto
tiene gran parte la autoridad. Reciben, pues, como regla infalible lo
que los padres les dicen, y muchísimo mas lo que les ven hacer; porque
dice muy bien HORACIO, que mayor y mas pronta impresion hacen las cosas
que se presentan á los ojos, que las que excitan al oido[a]. Por otra
parte se ha de considerar, que los niños no son capaces de distinguir
con toda claridad si lo que los padres les amonestan es bueno, ó malo, y
así lo siguen ciegamente por la autoridad y respeto con que los miran.
[Nota a: _Segnius irritant animos demissa per aures,
Quàm quae sunt oculis subjecta fidelibus._
Horat. _Art. Poet. v. 108._]
[65] Por todas estas razones han de cuidar con suma solicitud los padres
que quieren educar bien á sus hijos, no hacer delante de ellos cosa que
no sea buena y capaz de producir loables impresiones en la imaginacion
de ellos, y por otra parte han de empezar muy temprano á enseñarles los
principios y máxîmas de la Religion Christiana, junto con lo que pueda,
segun es su capacidad, ilustrar la razon. Este punto es importantísimo
al público, y yerran muchísimos padres en la crianza de los hijos,
porque no consideran que su imaginacion es contagiosa, y que los hijos
la reciben y se forman á su modelo. PLUTARCO escribió un Tratado _de la
educacion de los hijos_, y en nuestros tiempos vemos muchos libros que
tratan christianamente tan importante asunto, y creo yo que el poco
fruto que se saca de tales escritos, nace de que los padres no
consideran que la principal leccion para educar bien sus hijos, consiste
en obrar ellos mismos loablemente, en hablar delante de los hijos con
modestia, en mostrarlos con su exemplo lo que es feo y lo que es
abominable, lo que deben seguir y evitar, y de este modo la imaginacion
de los niños se va llenando de imágenes y de señales, que en llegando al
uso de la razon, le sirven de fundamento para razonar con juicio. Lo
mismo que hemos dicho de los padres ha de entenderse de todos los que se
hallan al rededor de los niños; y es bien cierto, que los padres que no
pondrán cuidado en la familia, y en el buen exemplo de sus domésticos,
nunca lograrán buena crianza en sus hijos.
[66] Tambien es contagiosa la imaginacion de los Maestros respecto de
los discípulos, porque la atencion con que estos los miran, y la
autoridad que los Maestros tienen sobre ellos, dispone su imaginacion á
recibir qualesquiera impresiones, y sucede que los discípulos suelen
tomar los mismos modelos de los Maestros. Por esta razon es necesario,
que los que han de enseñar públicamente sean hombres de buen exemplo y
conocida literatura, porque suelen las letras y costumbres de los
Maestros pegarse, digamoslo así, á los discípulos. En efecto lo que
hemos dicho de los padres respecto de los hijos, puede decirse de los
Maestros respecto de los discípulos, con sola la diferencia, que los
niños son mas dispuestos á recibir qualesquiera impresiones, que los
adultos.
[67] Ya se ve que muchos errores nacen de este contagio de la
imaginacion, y son de mayor, ó menor entidad, segun su objeto. ¡Quántos
infelizmente han bebido la heregía y la han sostenido hasta la muerte,
por habérseles comunicado de los padres, ó de los Maestros! No hay mas
que leer las historias de nuestros tiempos para tener de esto muchos
lastimosos exemplares. Aun en otros asuntos es tan dañoso el contagio de
la imaginacion, que suele atrasar mucho los buenos progresos de las
Artes y Ciencias. Bien ve Ariston que algunas cosas nuevas de la
Filosofía son mas comprehensibles que las que ha aprendido en las
Escuelas; pero no se atreve á abandonar las máxîmas de sus Maestros.
_O!_ dice Crisias, _yo oí á mi padre, que lo contaba muchas veces, que
en casa salia un Duende, y así no hay duda que ha habido Duendes._
Cleóbulo dice: _Esto es cierto, yo se lo he oido contar muchas veces á
mi abuela, y á fe que era una señora bien racional, que una noche voló
una bruja, y paso el mar, y se fué á Nápoles, y luego volvió, &c._ A
estos tales es difícil desengañarlos, porque se les pegó quando eran
niños la errada imaginacion de sus padres, y abuelos.
[68] En último lugar coloco yo las imaginaciones _apasionadas_, y llamo
así aquellas que van acompañadas de alguna vehemente, ó desordenada
pasion. A la verdad nunca imagina el hombre cosa alguna, sin que alguna
pasion acompañe sus percepciones, como ya hemos dicho muchas veces; pero
suele en algunas ocasiones ser tan vehemente la pasion que acompaña á la
fantasía en la percepcion de algun objeto, que juntas arrastran al
juicio y ocasionan graves errores. A un niño se le amenaza con el
Duende, ó porque no llore, ó por imprudente conducta de los que le
educan. Excítasele la pasion del miedo, y se le imprime tan vivamente
aquella especie, ó imagen, que despues nadie es capaz de desengañarle.
Si ha de ir de noche á algun lugar, y se le ha dicho que sale una
fantasma, cada sombra, cada ruido, cada mata le parece que lo es, y que
ha de tragarle, cosa que dura aun en los adultos, si no regulan el
juicio, y con él moderan la pasion del miedo: las visiones y apariciones
de Almas, de Duendes y Fantasmas no son otra cosa que apariencias de la
fantasía alterada con la pasion del miedo, del espanto, ú otras
pasiones, á quienes se junta las mas veces la enfermedad, y siempre la
ignorancia. Si semejantes cosas se presentaran por sí solas al alma, no
harian grande impresion; pero como van juntas con el miedo, con
dificultad se borran; porque se ha de saber, que el miedo no es otra
cosa que un movimiento que se excita en el hombre, con el qual se aparta
de algun objeto que considera como dañoso, como que puede causarle algun
gran mal. A los niños se les hace creer que la fantasma ha de
tragarlos, ó que ha de hacerles algun otro daño, y por esto en
presentándoseles semejante objeto, temen, esto es, se excita un
movimiento para apartarle. Todo esto dexa raices y impresiones muy
hondas: de suerte que muchas veces suele el juicio dexarse llevar de
ellas, y cae en el error.
[69] Lo mismo sucede quando á la fantasía se allega alguna otra pasion.
Ama Narciso extraordinariamente á Lucinda, y tiene la imagen de esta tan
viva en la imaginacion, que en ninguna otra cosa piensa. Como el amor es
aquel movimiento con que queremos un objeto, que, ó realmente es, ó á lo
menos nos parece bueno y agradable; por esto no hay perfeccion, ni
bondad que no tenga Lucinda, segun el juicio de Narciso. De suerte, que
en siendo semejante pasion desordenada, suele pervertir de mil maneras
al juicio; y nada es mas comun en las historias, que exemplos de hombres
perdidos por el amor. Aun el cariño y aficion con que tratamos á los
hijos, á los amigos y bienhechores, hace tal impresion en nosotros, que
de ordinario suele el juicio gobernarse mas por la pasion, que por la
verdad[a].
[Nota a: _Omnes quorum in alterius manu vita posita est saepè illud
cogitant, quid possit is, cujus in ditione ac potestate sunt quam quid
debeat facere._ Cicer _pro P. Quinct._]
[70] El deseo de una cosa de tal suerte muda la fantasía, y altera al
juicio, que si es muy vehemente nos hace errar. Cuenta MURATORI[a], que
conoció á un Religioso venerable por su virtud y literatura, el qual
deseaba con sumo ardor el Capelo. Este deseo le gastó la fantasía de
manera, que ninguna otra cosa imaginaba con mayor vehemencia. La
imaginacion de este objeto, junta con el deseo de poseerle, de tal modo
trastrocaron al juicio, que llegó á creer que era Cardenal, y se
enfadaba de que no se le diese el tratamiento correspondiente á esta
dignidad. En todo lo demas hablaba racionalmente; pero en esto nunca, ni
hubo fuerzas para apartarle de su error. No hay cosa mas facil que
conocer lo que puede la fantasía dominada de alguna vehemente pasion, y
pudiera poner exemplos innumerables, discurriendo sobre cada una de
las pasiones, porque el teatro del mundo ofrece cada dia con abundancia;
pero no lo permite la brevedad de este escrito, y con los exemplos
propuestos pueden los lectores atentos conocer semejantes cosas.
[Nota a: Murat. _de la Filos. Mor. c. 6. p. 70._]
[71] Para evitar todos estos errores se ha de saber, que la imaginacion
solamente los ocasiona, y caemos en ellos, porque _libremente_ dexamos
que el juicio se gobierne por la imaginacion. De suerte, que quando
decimos en esta obrilla, que la fantasía _arrastra, pervierte, corrompe_
al juicio, entendemos solamente la grande influencia que tiene la
imaginativa en nuestras operaciones; bien que siempre suponemos, como
varias veces hemos dicho, que el juicio _libremente_ asiente, ó disiente
á las cosas que se presentan á los sentidos, ó se imprimen en la
imaginacion. Será bien, pues, que cada qual exercite el juicio, y que se
haga á distinguir lo que toca á la fantasía, y lo que pertenece á la
razon; y para fortalecer el juicio será conveniente pensar, que nada ha
de gobernarle sino lo bueno, lo verdadero, y lo util, y que moderando
las pasiones, y refrenando el vigor de la fantasía, tiene lugar el
juicio para exâminar mejor las cosas. La Filosofía Moral aprovecha mucho
para lo que toca á las pasiones. Quisiera yo que todos tuvieran presente
la famosa máxîma de Epícteto, célebre Estoico: _Sustine, & abstine_, es
á saber, _sufre_ y _abstente_. Y por lo que toca á las Artes y Ciencias,
quisiera tambien que se tuvieran presentes los errores que se notan en
este breve escrito, para que conociéndolos, sea mas facil evitarlos.