[40] Si como á las bellas representaciones de su fantasía, y

combinaciones vastas de su ingenio han acompañado siempre las pasiones

de desafecto á la Religion Christiana, de deseo de gloria y de

singularidad, de independencia, de satisfaccion propia, y otras de este

jaez, hubiera tenido inclinacion á la piedad, subordinacion á los

sabios, desconfianza de sí mismo, mas deseos de ser util que aplaudido,

mas contenido, menos licencioso, menos propension á las apariencias

atractivas de lo sensible, y, por decirlo de una vez, menos amor propio,

hubiera podido ser util al género humano, empleando en su favor los

talentos. Si en lugar de un estilo florido correspondiente á su

imaginacion, lleno de expresiones chocantes y agudas, de sales

penetrantes y malignas, de un ayre y tono libre y desenvuelto, hubiera

usado (á lo menos en la prosa) de un lenguage propio, expresivo,

moderado, y tal que conociesen todos que tiraba á enseñar y no á

ofender, sería mas aceptable entre los que prefieren lo sólido á lo

brillante, gobernándose por el juicio, no por la imaginacion. Muéstrase

defensor de la humanidad, pero al hombre para mantenerle solo le procura

lo que le destruye. Mírale por la parte de lo sensible, y por este lado

le levanta, dándole licencia para quanto le sugiere el apetito y el

gusto: no le mira por la parte de la razon, ni del juicio, y por eso se

abstiene de darle buenas máxîmas. En los grandes hombres solo nota las

faltas, calla las virtudes, y si las nombra las envuelve en sátiras; y

siendo así que mientras haya hombres ha de haber vicios y defectos,

asido de estos pinta al género humano de peor condicion que las bestias,

gobernándose por lo que vulgarmente es, sin enseñarle lo que debe ser.

En todas sus obras no hay un discurso filosófico seguido. En la historia

no se citan monumentos que hagan fé. Si BALUZIO, LAUNOI, Y VALESIO, sus

paysanos, sacasen la cabeza, y viesen lo que este Historiador asegura

siempre sobre su palabra, y ageno de documentos, se admirarían que

hubiese celebradores de tales escritos. Habla de todas las cosas sin

estudio fundado de ellas, y está á la vista, que rara vez trae pruebas

de lo que afirma. El Diccionario Filosófico suyo, donde todo se dice al

ayre sin probarse nada, es un testimonio calificado de esto, pues en él

ha reducido á compendio toda la impiedad, y cúmulo de errores esparcidos

en los demas libros. El Parlamento de París le ha mandado quemar por

mano del Verdugo. De la Araucana de Alonso de Ercilla, despues de una

alabanza de un solo pasage, habla de lo demas con gran desprecio. ¿Qué

dirán nuestros Críticos que á Ercilla le llaman Lucano Español? ¿Trae

algunas pruebas para este desprecio? Nada menos. Sobre su palabra va

todo, como acostumbra.

[41] Por el estudio de la Historia Eclesiástica mas limada se echa de

ver, que quantas blasfemias, y sátiras trae contra la Religion

Christiana, son antiguos errores combatidos de los Padres, y olvidados

de los fieles. JULIANO el Apóstata, CELSO el Filósofo, FILOSTRATO, y

otros impugnadores antiguos de la Religion de Jesu-Christo, junto con

los desvaríos de los Filósofos Gentiles le hacen el gasto: con añadir

las sátiras; invectivas, chistes satíricos de los incrédulos modernos,

en lo que está bien instruido, tiene materiales para constituirse

enemigo de la verdad, y de la buena Lógica. ¿Qué capacidad, ni talento

es menester para renovar errores viejos, vistiéndolos con nuevos adornos

de estilo, agudeza y ayre agradable á los oidos incautos, para que sean

bien admitidos? Si las máxîmas de Voltaire se publicasen desnudas de

adornos, y viniesen, como solemos decir, á cara descubierta, dudo que

hubiese hombre sensato que las adoptase; mas viniendo vestidas con

quanto puede halagar los sentidos y hinchar la imaginacion, no es de

extrañar se hayan impresionado en el entendimiento de los que son mas

sensibles que racionales.

[42] Ya que nuestros jóvenes no puedan leer facilmente las impugnaciones

sólidas, que los Franceses han hecho á Voltaire, á lo menos conviene que

vean la que en lengua Castellana se ha publicado con el título: _Oráculo

de los nuevos Filósofos_, donde hallarán por menor descubiertos y

rechazados sus errores. Lo que yo puedo asegurar es, que en un libro

suyo intitulado _Cacomonade_ comete un plagío enorme, copiando á la

letra del célebre ASTRUC quanto allí pone sobre el mal gálico, y solo

añade Voltaire lo que no se puede referir sin faltar á la modestia.

Sobre NEWTON no hace mas que extractar la Óptica de este Ingles,

añadiendo algunas voluntariedades suyas, como se ve á cada paso en lo

que atribuye á los antiguos, en el desprecio que hace de los Griegos, y

en lo que celebra, segun su pasion sin consultar los originales, en

algunos modernos. Dicen que Voltaire es buen Poeta; lo que yo aseguro

es, que ni es Lógico, ni verdadero Filósofo.

[43] Por otro camino yerran otros, y los precipita su imaginacion. Como

todos sentimos, é imaginamos las cosas en la niñez, y entonces no

razonamos, hacemos un hábito de imaginar de tal suerte, que despues

quando exercitamos la razon nos vemos obligados á imaginar los objetos

sobre que razonamos, y no podemos percibir la cosa si no formamos imagen

sensible de ella en la imaginacion. Esta es la razon por que con solo el

estudio teórico hacemos pocos progresos en las Ciencias prácticas,

porque la sola teórica no ofrece nociones tan sensibles de las cosas

como la práctica, que las vuelve mas perceptibles; sucede por esto, que

algunos niegan todo aquello que no pueden imaginar. CALVINO nunca pudo

comprehender con su imaginacion, que el Cuerpo de Jesu-Christo pudiera

estar en la Eucaristía y en el Cielo á un mismo tiempo, porque la

imaginacion no puede percibir á un cuerpo en dos lugares distintos á un

tiempo; de aquí concluyó, que la presencia del Cuerpo de Jesu-Christo en

la Eucaristía no era real y verdadera, sino mística. Erró torpemente

este Heresiarca, así en esto, como en muchas otras cosas, por la fuerza

de su imaginacion, y por dar á la imaginativa mayor extension de lo que

le corresponde. No puede la imaginacion concebir á un cuerpo en dos

lugares distintos á un mismo tiempo, porque el entendimiento entonces

junta la representacion de aquel cuerpo con la del lugar; y como las

imágenes de los lugares son distintas, hace distintas las del cuerpo, ó

no sabe hacer á esta una sola. En este asunto erró tambien JUAN

CLERICO[a], y muchos Lógicos entre los modernos. Pero para desengañarse

no es menester mas que ver lo que toca á la imaginacion y ver lo que

pertenece á la razon. Esta dicta, que Dios puede infinitamente mas de lo

que podemos los hombres imaginar, y que por consiguiente aunque la

imaginacion no comprehenda una cosa, debemos creerla si la Fe divina la

enseña. Estos sectarios admiten por ciertas muchas cosas, que no puede

alcanzar su imaginacion. La eternidad no la podemos imaginar, y la

tenemos por cierta. Tampoco podemos imaginar al infinito, y no obstante

le tenemos por exîstente. ¿Por qué, pues, se ha de dar tanto valor á la

imaginacion en unas cosas, y no en otras? Yo creo que es, porque estos

tales de puro imaginar no hacen otro exercicio que el de esta potencia,

y á ella temerariamente sujetan la razon, el juicio, y aun el soberano,

é infalible dictamen de la Iglesia.

[Nota a: Cleric. _Pneumatol. cap. 8. sect. 3._]

[44] Pasemos ahora á otros errores que ocasiona la imaginacion, y son

muy freqüentes, aunque por lo comun no tan peligrosos. Lusinda tiene la

fantasía blanda y dispuesta á recibir varias representaciones con

viveza, y á retenerlas: dedícase á leer libros de piedad y devoción, ó

empieza á meditar y pensar en las cosas divinas. Con la meditacion y la

letura se va llenando de imágines la fantasía de Lusinda, de suerte, que

apenas se excitan en su imaginativa otras representaciones, que las que

ha impreso la continua letura y meditacion. En este estado se le excita

la pasion, ó el deseo de lograr lo que lee, ó sabe haber logrado otras

personas piadosas, es á saber, _hablar con Dios_; y continuando Lusinda

en meditar las mismas cosas, la pasion va creciendo al paso que crecen

las imágenes que hay en la imaginativa. La fuerza y continuacion en

imaginar calientan la fantasía, y juntando las representaciones antes

separadas, la vehemente pasion empieza á dominar al juicio, y luego

piensa Lusinda que ve á Dios en esta, ó la otra forma, que le habla en

esta, ó la otra manera, que le representa su pasion y muerte, y otras

mil cosas que le vienen á la fantasía; de suerte, que como su

imaginacion es capaz de recibir muchas imágenes, y el juicio no sabe ya

entenderlas, facilmente las cree en el modo mismo que las imagina.

Entonces dice Lusinda, que son revelaciones divinas lo que no es mas que

entusiasmo de su imaginacion blanda y acalorada. Y si encuentra con un

Director, que tenga la misma blandura en la fantasía, y no tiene aquella

prudente sagacidad que se requiere para estas cosas, facilmente tiene

por revelaciones todo lo que Lusinda cuenta, y las estampa despues en

los libros como venidas del Cielo.

[45] Bien se yo que hay en la realidad revelaciones especiales, ó

privadas, y que Dios habla á los varones santos, y les comunica algunas

cosas para su utilidad y consuelo; pero sé tambien que es muy

dificultoso distinguir las verdaderas de las falsas, y que es muy facil

que la fantasía vehemente y acalorada haga parecer verdaderas

revelaciones las que solo son apariencias de la imaginacion. El diablo

suele transformarse á veces en Angel de luz, y para engañar á las

criaturas se aprovecha de esta flaqueza de la fantasía en que tiene

especial influencia. Por esto la Iglesia Católica procede con gran

cautela en el exámen de semejantes revelaciones, y á su exemplo suelen

exâminarlas con mucho cuidado los varones santos y juiciosos, que no

quieren ser engañados. En efecto Priscila, y Maxîmila tuvieron por

revelaciones divinas los errores del Herege Montano, y creian que les

hablaba el Espíritu Santo, y les fué facil comunicar el contagio de su

depravada fantasía á un varon tan ilustre como Tertuliano, porque

hallaron en él una imaginacion fecunda, y superior al juicio. En

nuestros tiempos tenemos otros exemplares recientes de muchos Hereges,

que quieren hacer pasar los delirios de su imaginacion por revelaciones

especiales, y harto se han gloriado de esto Lutero, y Mr. Jurieu, pero

con risa y desprecio de todos los sabios.

[46] Hay otras mugeres que hablan de revelaciones especiales, y su error

está en la fantasía, aunque se hace de otra manera. Gelarda, muger

sumamente devota y piadosa, está enferma de afecto histérico, y no lo

conoce. Es este un mal que de ordinario gasta la imaginativa, porque

tiene su asiento en aquellos nervios, que extendidos hasta el diafragma

y el celebro, sirven para propagar las impresiones de los objetos

externos. Introdúcese poco á poco en el celebro de Gelarda aquella

enfermedad, que se llama _melancolía_, y suele acompañar al afecto

histérico. Desordenadas ya las partes sobredichas, que influyen

poderosamente en la imaginativa, se descompone el orden de las

impresiones en que continuamente exercita Gelarda la fantasía, por donde

es muy natural que en la enfermedad se le exciten las imágenes de cosas

devotas, al modo de uno que delira, pues habla de las mismas cosas que

en la salud mas pensaba, bien que desordenadamente por el vicio de su

celebro. Ocupada ya Gelarda de la melancolía, empieza á delirar, y dice

que ve á Jesu-Christo en el Huerto sudando sangre, ú vé á la Virgen

Santísima, que se le aparece en su gloriosa Asuncion, y le dice estas, ú

las otras cosas; y si la fantasía está muy caliente, tal vez dice que le

da coplas y redondillas para que las cante. Si la enfermedad no es muy

fuerte, queda en este estado el delirio de Gelarda, y no es conocido

sino de aquellos que en estas cosas saben la fuerza de la fantasía, y no

se dexan engañar. Un caso muy semejante á este me ha sucedido, y conocí

el delirio, y lo previne, y con el tiempo se acabó de confirmar

evidentemente mi pensamiento. LUIS ANTONIO MURATORI[a] cuenta que en

Milan habia una Religiosa, que decia que cada noche hablaba

familiarmente con Jesu-Christo, y así lo creía la mayor parte de aquel

gran pueblo. El Arzobispo, que era entonces Federico Borromeo, varon de

gran juicio y singular discernimiento, quiso asegurarse por sí mismo, y

dixo á la Religiosa, que se hallaba con una alhaja muy estimable y de

gran valor, pero que para saber lo que debia hacer de ella lo preguntase

á Jesu-Christo, y con eso sabria que no podia errar. Tuvo la Religiosa

sus imaginadas habladurías, y dió de respuesta, que vendiese la alhaja y

la repartiese entre los pobres. El caso fué, que la alhaja de que

hablaba el Arzobispo era su alma, y si Jesu-Christo hubiera hablado con

la Monja, no le hubiera dicho que la diese á los pobres. Otra Religiosa

decia, que Dios todos los dias la subia hasta el Sol, y la hacia ver la

hermosura de aquel Planeta. Preguntóla el mismo Prelado quán grande era

aquel Astro, y respondió que como un Cesto. Conoció claramente este

insigne Varon, que no eran otra cosa semejantes revelaciones, que

entusiasmos de imaginaciones valientes, y pervertidas. Para que esto no

cause dificultad, no hay mas que considerar la viveza con que la

imaginativa representa una cosa en los sueños. No parece sino que la

tenemos presente, y que en la realidad nos sucede lo que soñamos.

Entonces no obra el juicio ni la razon, y por eso no corregimos lo que

se nos presenta. Sucede, pues, en la vigilia, que la imaginacion

representa algunas cosas con la misma fuerza y tal vez mayor que en los

sueños: sucede tambien que el juicio no corrige á la fantasía, ó porque

es pequeño, ó por estar impedido de alguna enfermedad, y así ocasiona la

imaginacion mil errores.

[Nota a: _Philosoph. Moral, cap. 6._]

[47] No pretendo con esto introducir la terquedad y obstinacion en no

creer estas cosas que pertenecen á revelaciones especiales, como hacen

algunos: intento solo descubrir la verdad, y deseo que se hagan los

hombres á exercitar la razon; y siempre tendré por prudencia desconfiar

de las relaciones de muchas personas devotas concernientes á este

asunto; y exâminarlas con toda la diligencia posible para evitar el

error; porque algunas de estas revelaciones, ó mejor imaginaciones, son

á la verdad inocentes, esto es, no incluyen cosa opuesta á los sagrados

dogmas, ni disciplina de la Iglesia; pero hay otras llenas de peligro,

y no fuera difícil mostrarlas en algunos libros donde se hallan

impresas. Por esta razon quisiera yo que algunos de los que trabajan

vidas de personas Venerables por su santidad y virtud, tuviesen mejor

gusto, y las escribiesen con mejor Lógica. Alabo el zelo de semejantes

Escritores, pero no el juicio. El escribir la vida de una persona

virtuosa es instituto muy loable, porque es ofrecer á los lectores un

exemplo de virtud para imitarle y aspirar á la misma perfeccion. Pero he

visto muchos libros, que no muestran el fondo de virtud de sus héroes,

ni manifiestan el modo con que exercitaban la humildad, la paciencia, la

caridad, la mortificacion, la honestidad, y demas virtudes, antes se

trata esto de paso; y muy de propósito se ponderan las revelaciones

inmensas, las apariciones sinnúmero, que tuvo la persona Venerable; y

casi se intenta probar la gran santidad de un Varon por el copioso

número de revelaciones, y no por la prueba real y verdadera de sus

eminentes virtudes. Lo peor es, que despues de haber llenado un libro de

revelaciones, no se halla en todo él ni una sola prueba, de si fueron, ó

no verdaderas, y es, porque los Escritores no lo dudan. Ya se queja de

estos descuidos Benedicto XIV. en su Obra de la Canonizacion de los

Bienaventurados, donde de propósito trata este mismo asunto. Y pocos

dias hace que se publicó el tratado de _Revelaciones_ del famoso Crítico

Eusebio Amort, merecedor de que le lean los que han de exâminar

semejantes revelaciones, porque se trata este asunto con buena Lógica y

justa Crítica.

[48] Podráse decir contra esto, que algunas personas santas y virtuosas

dicen de sí mismas haber tenido visiones y apariciones, por donde es

forzoso, ó creerlas, ó tener á tales personas por no veraces. Es así que

hay muchas visiones y apariciones de Varones santos; y al mismo tiempo

es cierto que hay muchas apócrifas, ó fingidas por otros que se las

atribuyen con ánimo deliberado de captar al Pueblo. Harto comunes son en

los libros los exemplos de entrambas. De las fingidas no hay necesidad

de hablar, sino, en sabiendo que lo son, desecharlas. De las personas

venerables por su virtud y santidad se ha de creer, que dicen lo que

sienten con veracidad; pero aun de este modo han de ser exâminadas sus

visiones, porque cabe que sin faltar á la verdad, las apariciones no

sean aceptables. A dos clases se han de reducir las visiones y

apariciones: unas son sensibles, quando las cosas que no existen, pero

existieron, ó han de exîstir, se presentan á los sentidos como actuales:

otras son mentales, quando la imaginacion tiene tan vivas las imágenes y

representaciones de los objetos que fueron, ó han de ser, pero no son,

que el entendimiento los mira como presentes. Las primeras nunca suceden

sin un verdadero milagro; y aunque es cierto que Dios hace milagros,

pero tambien lo es que no son tantos como el vulgo literario presume: de

manera que siendo preciso exâminar la operacion milagrosa con mucha

diligencia para asegurarnos, el mismo cuidado se ha de poner en

averiguar las apariciones sensibles antes de creerlas. Las mentales unas

son naturales, como se ve en los melancólicos muy imaginativos, á

quienes se ofrecen las cosas pasadas y futuras, como presentes, con una

viveza extraordinaria: en los maniacos y frenéticos, que por la

enfermedad dicen que ven los muertos, y mil cosas que no hay, y lo

aseguran, y gritan si se les contradice: en los sueños, donde cada dia

hay motivo de experimentarlo: otras son sobrenaturales, como las que se

conoce claramente que no caben en la esfera de la naturaleza.

[49] El modo de distinguirlas se toma de lo que representan y las

circunstancias que las acompañan. Si la persona, aunque sea virtuosa, es

crédula, de imaginacion fuerte, muy melancólica, enferma, ya sea de todo

el cuerpo, ya de la cabeza, pensativa, metida en sí, y nos dice que ha

tenido visiones y apariciones, es menester suspender el juicio hasta

exâminarlas, porque tales personas naturalmente son visionarias: si lo

que dicen de su vision es inverosimil, extravagante, erroneo, de ningun

momento, y contradictorio, se han de tener por naturales, de

acaloramiento de la cabeza, y falsas: si la doctrina que encierran es

opuesta á los dogmas, ó disciplina de la Iglesia, ó en ellas se encierra

interes, daño del próximo, ú qualesquiera fines particulares distintos

de la gloria de Dios, y instruccion de los Fieles, se han de mirar como

entusiasmos de una fantasía inflamada. Las sobrenaturales se conocen por

caractéres opuestos á los sobredichos, y de ellas hay exemplos en las

divinas Letras, que han de recibirse con toda sumision. Lo cierto es que

en Roma, donde se exâminan estas cosas con gran exâctitud y juicio, de

millares de visiones de las personas virtuosas apenas se aprueba una, y

á veces se reprueban todas. Esta materia, ademas de los Autores citados,

la ha tratado con solidez el ABAD LANGLET; y antes que todos los

propuestos ha abierto el camino con admirables advertencias para no

desviarse nuestro insigne Español el P. JUAN DE AVILA en su

_Audifilia_[a].

[Nota a: _Capítulo 50, 51, y 52. tom. 3. pág. 279, y sig._]

[50] Para no caer, pues, en errores en este asunto, será bien

exercitarse en distinguir lo que es propio de la imaginacion, y lo que

toca al juicio. Se ha de saber, que la imaginacion no hace otra cosa,

que representar al vivo las imágenes de los objetos; pero al juicio toca

hallar la verdad de las cosas que ofrece la fantasía; y como desde niños

nos hacemos á imaginar mas que juzgar, será bien exercitar continuamente

la razon, y sobre todo saber dudar quando convenga, y no juntar con

precipitada facilidad el juicio con la imaginacion. Si se trata de

conocer lo que sucede en otra persona, ademas de lo dicho será

conveniente exâminar si la gobierna alguna secreta pasion, y muchas

veces se hallará, que el deseo que tiene una muger de parecer santa, ó

el apetito de fama de virtuosa, ó la ambicion y deseo de mandar, ó tal

vez el despecho por no venirle las cosas como desea, han corrompido su

fantasía; y de aquí nace que juzgue por revelaciones sus delirios. Acaso

la malicia es el mobil de estas fingidas apariciones: tal vez alguna

oculta enfermedad, que no es conocida, porque no se manifiesta por

defuera, ó la ignorancia, que es general fomento de estas creencias. En

fin la razon dicta, que quando se ofrecen semejantes revelaciones,

empiecen los hombres sabios á exâminarlas dudando, averiguando las

pasiones, la eficacia de la imaginacion, la verosimilitud, y la

conformidad que tienen con los dogmas y disciplina de la Iglesia, y

poniendo en obra todas las reglas de la buena crítica.

CAPITULO IV.

_Continúase la explicacion de los errores que la imaginacion ocasiona._

[51] Hemos propuesto en el capítulo antecedente algunos errores que

ocasiona la imaginacion en asuntos de Religion y de piedad; en este

manifestarémos los que principalmente ocasiona en el trato civil, y en

el exercicio de las Artes y Ciencias, y para hacerlos mas

comprehensibles, los dividirémos en varias clases, segun las varias

influencias que suele tener en ellos la fantasía.

[52] En primer lugar suelen ocasionar el error las _imaginaciones

pequeñas_: entiendo por pequeñas imaginaciones las que se llenan y

satisfacen de cosas de ningun momento, y suelen hacer que el juicio las

tenga por grandes, y se ocupe en ellas. Esto suele observarse en los

niños y mugeres, y por eso las vemos casi siempre ocupadas en cosas

pequeñísimas, mirándolas como grandes, y dignas de su aplicacion. La

moda, la cortesía, el adorno, y la conversacion de estas mismas cosas es

el atractivo de su juicio, como en los niños los juegos, las bagatelas,

y las diversiones. De ordinario las imaginaciones pequeñas son blandas,

esto es, son dispuestas á recibir facilmente las representaciones: son

asimismo acompañadas de afectos de dulzura y de gusto; y siendo poco, ó

nada instruido el juicio de los niños y de las mugeres, se ocupa todo de

los objetos de la fantasía. En vista de esto se ha de procurar, ya con

la enseñanza, ya con el exemplo, el instruir temprano la juventud en

máxîmas fundamentales de la razon, formando su juicio segun permite su

capacidad. De este modo se ha visto un niño que á la edad de siete años

ha defendido públicamente las principales Ciencias con acierto[a], y

mugeres que han excedido á los hombres en el juicio. Muchos exemplos

pueden verse de uno, y otro en los Autores, en especial en Plutarco[b],

y entre los modernos en Mr. Baillet[c].

[Nota a: Murator. _Filosof. Moral. capit. 10._]

[Nota b: Plutarc. _de Clar. Mulier._]

[Nota c: Baillet. _Jugemens de Savans, t. 5._]

[53] No faltan hombres afeminados de imaginacion bien pequeña. Algunos

usan mas adornos que las mugeres, otros continuamente exâltan cosas de

poco momento: unos exâgeran las cosas de ninguna importancia; otros se

hacen entremetidos, dando á entender que son grandes hombres, y solo lo

son en frioleras. Cleóbulo se altera de lo que no debe, se admira de

bagatelas, y no sabe hablar de otra cosa que de su dolor de cabeza, de

lo que ha trabajado, de lo cansado que se halla, y en esto emplea toda

una tarde, y tal vez todo el dia. Evaristo se halla en una conversacion,

y no hace otra cosa que ponderar la desigualdad del tiempo, las niñerías

de sus hijos y sus gracias: y despues, por hacer demostracion de su

saber, se pone á hablar de los vestidos de los Macedonios, del orden de

batalla de las Amazonas; y si se le ocurre, no omite tal qual lugar de

Quinto Curcio. Este vicio es el que llaman los Modernos _pedantería_,

que consiste en entretenerse solo el entendimiento en cosas de ninguna

substancia, mas propias de niños que de adultos, proporcionadas á la

pequeñez de su fantasía, y objetos dignos de su corto juicio. Estos

tales no suelen hacer otro daño con estos errores, que causar enfado á

todo el mundo, y en especial á los hombres que hacen uso de la razon.

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