combinaciones vastas de su ingenio han acompañado siempre las pasiones
de desafecto á la Religion Christiana, de deseo de gloria y de
singularidad, de independencia, de satisfaccion propia, y otras de este
jaez, hubiera tenido inclinacion á la piedad, subordinacion á los
sabios, desconfianza de sí mismo, mas deseos de ser util que aplaudido,
mas contenido, menos licencioso, menos propension á las apariencias
atractivas de lo sensible, y, por decirlo de una vez, menos amor propio,
hubiera podido ser util al género humano, empleando en su favor los
talentos. Si en lugar de un estilo florido correspondiente á su
imaginacion, lleno de expresiones chocantes y agudas, de sales
penetrantes y malignas, de un ayre y tono libre y desenvuelto, hubiera
usado (á lo menos en la prosa) de un lenguage propio, expresivo,
moderado, y tal que conociesen todos que tiraba á enseñar y no á
ofender, sería mas aceptable entre los que prefieren lo sólido á lo
brillante, gobernándose por el juicio, no por la imaginacion. Muéstrase
defensor de la humanidad, pero al hombre para mantenerle solo le procura
lo que le destruye. Mírale por la parte de lo sensible, y por este lado
le levanta, dándole licencia para quanto le sugiere el apetito y el
gusto: no le mira por la parte de la razon, ni del juicio, y por eso se
abstiene de darle buenas máxîmas. En los grandes hombres solo nota las
faltas, calla las virtudes, y si las nombra las envuelve en sátiras; y
siendo así que mientras haya hombres ha de haber vicios y defectos,
asido de estos pinta al género humano de peor condicion que las bestias,
gobernándose por lo que vulgarmente es, sin enseñarle lo que debe ser.
En todas sus obras no hay un discurso filosófico seguido. En la historia
no se citan monumentos que hagan fé. Si BALUZIO, LAUNOI, Y VALESIO, sus
paysanos, sacasen la cabeza, y viesen lo que este Historiador asegura
siempre sobre su palabra, y ageno de documentos, se admirarían que
hubiese celebradores de tales escritos. Habla de todas las cosas sin
estudio fundado de ellas, y está á la vista, que rara vez trae pruebas
de lo que afirma. El Diccionario Filosófico suyo, donde todo se dice al
ayre sin probarse nada, es un testimonio calificado de esto, pues en él
ha reducido á compendio toda la impiedad, y cúmulo de errores esparcidos
en los demas libros. El Parlamento de París le ha mandado quemar por
mano del Verdugo. De la Araucana de Alonso de Ercilla, despues de una
alabanza de un solo pasage, habla de lo demas con gran desprecio. ¿Qué
dirán nuestros Críticos que á Ercilla le llaman Lucano Español? ¿Trae
algunas pruebas para este desprecio? Nada menos. Sobre su palabra va
todo, como acostumbra.
[41] Por el estudio de la Historia Eclesiástica mas limada se echa de
ver, que quantas blasfemias, y sátiras trae contra la Religion
Christiana, son antiguos errores combatidos de los Padres, y olvidados
de los fieles. JULIANO el Apóstata, CELSO el Filósofo, FILOSTRATO, y
otros impugnadores antiguos de la Religion de Jesu-Christo, junto con
los desvaríos de los Filósofos Gentiles le hacen el gasto: con añadir
las sátiras; invectivas, chistes satíricos de los incrédulos modernos,
en lo que está bien instruido, tiene materiales para constituirse
enemigo de la verdad, y de la buena Lógica. ¿Qué capacidad, ni talento
es menester para renovar errores viejos, vistiéndolos con nuevos adornos
de estilo, agudeza y ayre agradable á los oidos incautos, para que sean
bien admitidos? Si las máxîmas de Voltaire se publicasen desnudas de
adornos, y viniesen, como solemos decir, á cara descubierta, dudo que
hubiese hombre sensato que las adoptase; mas viniendo vestidas con
quanto puede halagar los sentidos y hinchar la imaginacion, no es de
extrañar se hayan impresionado en el entendimiento de los que son mas
sensibles que racionales.
[42] Ya que nuestros jóvenes no puedan leer facilmente las impugnaciones
sólidas, que los Franceses han hecho á Voltaire, á lo menos conviene que
vean la que en lengua Castellana se ha publicado con el título: _Oráculo
de los nuevos Filósofos_, donde hallarán por menor descubiertos y
rechazados sus errores. Lo que yo puedo asegurar es, que en un libro
suyo intitulado _Cacomonade_ comete un plagío enorme, copiando á la
letra del célebre ASTRUC quanto allí pone sobre el mal gálico, y solo
añade Voltaire lo que no se puede referir sin faltar á la modestia.
Sobre NEWTON no hace mas que extractar la Óptica de este Ingles,
añadiendo algunas voluntariedades suyas, como se ve á cada paso en lo
que atribuye á los antiguos, en el desprecio que hace de los Griegos, y
en lo que celebra, segun su pasion sin consultar los originales, en
algunos modernos. Dicen que Voltaire es buen Poeta; lo que yo aseguro
es, que ni es Lógico, ni verdadero Filósofo.
[43] Por otro camino yerran otros, y los precipita su imaginacion. Como
todos sentimos, é imaginamos las cosas en la niñez, y entonces no
razonamos, hacemos un hábito de imaginar de tal suerte, que despues
quando exercitamos la razon nos vemos obligados á imaginar los objetos
sobre que razonamos, y no podemos percibir la cosa si no formamos imagen
sensible de ella en la imaginacion. Esta es la razon por que con solo el
estudio teórico hacemos pocos progresos en las Ciencias prácticas,
porque la sola teórica no ofrece nociones tan sensibles de las cosas
como la práctica, que las vuelve mas perceptibles; sucede por esto, que
algunos niegan todo aquello que no pueden imaginar. CALVINO nunca pudo
comprehender con su imaginacion, que el Cuerpo de Jesu-Christo pudiera
estar en la Eucaristía y en el Cielo á un mismo tiempo, porque la
imaginacion no puede percibir á un cuerpo en dos lugares distintos á un
tiempo; de aquí concluyó, que la presencia del Cuerpo de Jesu-Christo en
la Eucaristía no era real y verdadera, sino mística. Erró torpemente
este Heresiarca, así en esto, como en muchas otras cosas, por la fuerza
de su imaginacion, y por dar á la imaginativa mayor extension de lo que
le corresponde. No puede la imaginacion concebir á un cuerpo en dos
lugares distintos á un mismo tiempo, porque el entendimiento entonces
junta la representacion de aquel cuerpo con la del lugar; y como las
imágenes de los lugares son distintas, hace distintas las del cuerpo, ó
no sabe hacer á esta una sola. En este asunto erró tambien JUAN
CLERICO[a], y muchos Lógicos entre los modernos. Pero para desengañarse
no es menester mas que ver lo que toca á la imaginacion y ver lo que
pertenece á la razon. Esta dicta, que Dios puede infinitamente mas de lo
que podemos los hombres imaginar, y que por consiguiente aunque la
imaginacion no comprehenda una cosa, debemos creerla si la Fe divina la
enseña. Estos sectarios admiten por ciertas muchas cosas, que no puede
alcanzar su imaginacion. La eternidad no la podemos imaginar, y la
tenemos por cierta. Tampoco podemos imaginar al infinito, y no obstante
le tenemos por exîstente. ¿Por qué, pues, se ha de dar tanto valor á la
imaginacion en unas cosas, y no en otras? Yo creo que es, porque estos
tales de puro imaginar no hacen otro exercicio que el de esta potencia,
y á ella temerariamente sujetan la razon, el juicio, y aun el soberano,
é infalible dictamen de la Iglesia.
[Nota a: Cleric. _Pneumatol. cap. 8. sect. 3._]
[44] Pasemos ahora á otros errores que ocasiona la imaginacion, y son
muy freqüentes, aunque por lo comun no tan peligrosos. Lusinda tiene la
fantasía blanda y dispuesta á recibir varias representaciones con
viveza, y á retenerlas: dedícase á leer libros de piedad y devoción, ó
empieza á meditar y pensar en las cosas divinas. Con la meditacion y la
letura se va llenando de imágines la fantasía de Lusinda, de suerte, que
apenas se excitan en su imaginativa otras representaciones, que las que
ha impreso la continua letura y meditacion. En este estado se le excita
la pasion, ó el deseo de lograr lo que lee, ó sabe haber logrado otras
personas piadosas, es á saber, _hablar con Dios_; y continuando Lusinda
en meditar las mismas cosas, la pasion va creciendo al paso que crecen
las imágenes que hay en la imaginativa. La fuerza y continuacion en
imaginar calientan la fantasía, y juntando las representaciones antes
separadas, la vehemente pasion empieza á dominar al juicio, y luego
piensa Lusinda que ve á Dios en esta, ó la otra forma, que le habla en
esta, ó la otra manera, que le representa su pasion y muerte, y otras
mil cosas que le vienen á la fantasía; de suerte, que como su
imaginacion es capaz de recibir muchas imágenes, y el juicio no sabe ya
entenderlas, facilmente las cree en el modo mismo que las imagina.
Entonces dice Lusinda, que son revelaciones divinas lo que no es mas que
entusiasmo de su imaginacion blanda y acalorada. Y si encuentra con un
Director, que tenga la misma blandura en la fantasía, y no tiene aquella
prudente sagacidad que se requiere para estas cosas, facilmente tiene
por revelaciones todo lo que Lusinda cuenta, y las estampa despues en
los libros como venidas del Cielo.
[45] Bien se yo que hay en la realidad revelaciones especiales, ó
privadas, y que Dios habla á los varones santos, y les comunica algunas
cosas para su utilidad y consuelo; pero sé tambien que es muy
dificultoso distinguir las verdaderas de las falsas, y que es muy facil
que la fantasía vehemente y acalorada haga parecer verdaderas
revelaciones las que solo son apariencias de la imaginacion. El diablo
suele transformarse á veces en Angel de luz, y para engañar á las
criaturas se aprovecha de esta flaqueza de la fantasía en que tiene
especial influencia. Por esto la Iglesia Católica procede con gran
cautela en el exámen de semejantes revelaciones, y á su exemplo suelen
exâminarlas con mucho cuidado los varones santos y juiciosos, que no
quieren ser engañados. En efecto Priscila, y Maxîmila tuvieron por
revelaciones divinas los errores del Herege Montano, y creian que les
hablaba el Espíritu Santo, y les fué facil comunicar el contagio de su
depravada fantasía á un varon tan ilustre como Tertuliano, porque
hallaron en él una imaginacion fecunda, y superior al juicio. En
nuestros tiempos tenemos otros exemplares recientes de muchos Hereges,
que quieren hacer pasar los delirios de su imaginacion por revelaciones
especiales, y harto se han gloriado de esto Lutero, y Mr. Jurieu, pero
con risa y desprecio de todos los sabios.
[46] Hay otras mugeres que hablan de revelaciones especiales, y su error
está en la fantasía, aunque se hace de otra manera. Gelarda, muger
sumamente devota y piadosa, está enferma de afecto histérico, y no lo
conoce. Es este un mal que de ordinario gasta la imaginativa, porque
tiene su asiento en aquellos nervios, que extendidos hasta el diafragma
y el celebro, sirven para propagar las impresiones de los objetos
externos. Introdúcese poco á poco en el celebro de Gelarda aquella
enfermedad, que se llama _melancolía_, y suele acompañar al afecto
histérico. Desordenadas ya las partes sobredichas, que influyen
poderosamente en la imaginativa, se descompone el orden de las
impresiones en que continuamente exercita Gelarda la fantasía, por donde
es muy natural que en la enfermedad se le exciten las imágenes de cosas
devotas, al modo de uno que delira, pues habla de las mismas cosas que
en la salud mas pensaba, bien que desordenadamente por el vicio de su
celebro. Ocupada ya Gelarda de la melancolía, empieza á delirar, y dice
que ve á Jesu-Christo en el Huerto sudando sangre, ú vé á la Virgen
Santísima, que se le aparece en su gloriosa Asuncion, y le dice estas, ú
las otras cosas; y si la fantasía está muy caliente, tal vez dice que le
da coplas y redondillas para que las cante. Si la enfermedad no es muy
fuerte, queda en este estado el delirio de Gelarda, y no es conocido
sino de aquellos que en estas cosas saben la fuerza de la fantasía, y no
se dexan engañar. Un caso muy semejante á este me ha sucedido, y conocí
el delirio, y lo previne, y con el tiempo se acabó de confirmar
evidentemente mi pensamiento. LUIS ANTONIO MURATORI[a] cuenta que en
Milan habia una Religiosa, que decia que cada noche hablaba
familiarmente con Jesu-Christo, y así lo creía la mayor parte de aquel
gran pueblo. El Arzobispo, que era entonces Federico Borromeo, varon de
gran juicio y singular discernimiento, quiso asegurarse por sí mismo, y
dixo á la Religiosa, que se hallaba con una alhaja muy estimable y de
gran valor, pero que para saber lo que debia hacer de ella lo preguntase
á Jesu-Christo, y con eso sabria que no podia errar. Tuvo la Religiosa
sus imaginadas habladurías, y dió de respuesta, que vendiese la alhaja y
la repartiese entre los pobres. El caso fué, que la alhaja de que
hablaba el Arzobispo era su alma, y si Jesu-Christo hubiera hablado con
la Monja, no le hubiera dicho que la diese á los pobres. Otra Religiosa
decia, que Dios todos los dias la subia hasta el Sol, y la hacia ver la
hermosura de aquel Planeta. Preguntóla el mismo Prelado quán grande era
aquel Astro, y respondió que como un Cesto. Conoció claramente este
insigne Varon, que no eran otra cosa semejantes revelaciones, que
entusiasmos de imaginaciones valientes, y pervertidas. Para que esto no
cause dificultad, no hay mas que considerar la viveza con que la
imaginativa representa una cosa en los sueños. No parece sino que la
tenemos presente, y que en la realidad nos sucede lo que soñamos.
Entonces no obra el juicio ni la razon, y por eso no corregimos lo que
se nos presenta. Sucede, pues, en la vigilia, que la imaginacion
representa algunas cosas con la misma fuerza y tal vez mayor que en los
sueños: sucede tambien que el juicio no corrige á la fantasía, ó porque
es pequeño, ó por estar impedido de alguna enfermedad, y así ocasiona la
imaginacion mil errores.
[Nota a: _Philosoph. Moral, cap. 6._]
[47] No pretendo con esto introducir la terquedad y obstinacion en no
creer estas cosas que pertenecen á revelaciones especiales, como hacen
algunos: intento solo descubrir la verdad, y deseo que se hagan los
hombres á exercitar la razon; y siempre tendré por prudencia desconfiar
de las relaciones de muchas personas devotas concernientes á este
asunto; y exâminarlas con toda la diligencia posible para evitar el
error; porque algunas de estas revelaciones, ó mejor imaginaciones, son
á la verdad inocentes, esto es, no incluyen cosa opuesta á los sagrados
dogmas, ni disciplina de la Iglesia; pero hay otras llenas de peligro,
y no fuera difícil mostrarlas en algunos libros donde se hallan
impresas. Por esta razon quisiera yo que algunos de los que trabajan
vidas de personas Venerables por su santidad y virtud, tuviesen mejor
gusto, y las escribiesen con mejor Lógica. Alabo el zelo de semejantes
Escritores, pero no el juicio. El escribir la vida de una persona
virtuosa es instituto muy loable, porque es ofrecer á los lectores un
exemplo de virtud para imitarle y aspirar á la misma perfeccion. Pero he
visto muchos libros, que no muestran el fondo de virtud de sus héroes,
ni manifiestan el modo con que exercitaban la humildad, la paciencia, la
caridad, la mortificacion, la honestidad, y demas virtudes, antes se
trata esto de paso; y muy de propósito se ponderan las revelaciones
inmensas, las apariciones sinnúmero, que tuvo la persona Venerable; y
casi se intenta probar la gran santidad de un Varon por el copioso
número de revelaciones, y no por la prueba real y verdadera de sus
eminentes virtudes. Lo peor es, que despues de haber llenado un libro de
revelaciones, no se halla en todo él ni una sola prueba, de si fueron, ó
no verdaderas, y es, porque los Escritores no lo dudan. Ya se queja de
estos descuidos Benedicto XIV. en su Obra de la Canonizacion de los
Bienaventurados, donde de propósito trata este mismo asunto. Y pocos
dias hace que se publicó el tratado de _Revelaciones_ del famoso Crítico
Eusebio Amort, merecedor de que le lean los que han de exâminar
semejantes revelaciones, porque se trata este asunto con buena Lógica y
justa Crítica.
[48] Podráse decir contra esto, que algunas personas santas y virtuosas
dicen de sí mismas haber tenido visiones y apariciones, por donde es
forzoso, ó creerlas, ó tener á tales personas por no veraces. Es así que
hay muchas visiones y apariciones de Varones santos; y al mismo tiempo
es cierto que hay muchas apócrifas, ó fingidas por otros que se las
atribuyen con ánimo deliberado de captar al Pueblo. Harto comunes son en
los libros los exemplos de entrambas. De las fingidas no hay necesidad
de hablar, sino, en sabiendo que lo son, desecharlas. De las personas
venerables por su virtud y santidad se ha de creer, que dicen lo que
sienten con veracidad; pero aun de este modo han de ser exâminadas sus
visiones, porque cabe que sin faltar á la verdad, las apariciones no
sean aceptables. A dos clases se han de reducir las visiones y
apariciones: unas son sensibles, quando las cosas que no existen, pero
existieron, ó han de exîstir, se presentan á los sentidos como actuales:
otras son mentales, quando la imaginacion tiene tan vivas las imágenes y
representaciones de los objetos que fueron, ó han de ser, pero no son,
que el entendimiento los mira como presentes. Las primeras nunca suceden
sin un verdadero milagro; y aunque es cierto que Dios hace milagros,
pero tambien lo es que no son tantos como el vulgo literario presume: de
manera que siendo preciso exâminar la operacion milagrosa con mucha
diligencia para asegurarnos, el mismo cuidado se ha de poner en
averiguar las apariciones sensibles antes de creerlas. Las mentales unas
son naturales, como se ve en los melancólicos muy imaginativos, á
quienes se ofrecen las cosas pasadas y futuras, como presentes, con una
viveza extraordinaria: en los maniacos y frenéticos, que por la
enfermedad dicen que ven los muertos, y mil cosas que no hay, y lo
aseguran, y gritan si se les contradice: en los sueños, donde cada dia
hay motivo de experimentarlo: otras son sobrenaturales, como las que se
conoce claramente que no caben en la esfera de la naturaleza.
[49] El modo de distinguirlas se toma de lo que representan y las
circunstancias que las acompañan. Si la persona, aunque sea virtuosa, es
crédula, de imaginacion fuerte, muy melancólica, enferma, ya sea de todo
el cuerpo, ya de la cabeza, pensativa, metida en sí, y nos dice que ha
tenido visiones y apariciones, es menester suspender el juicio hasta
exâminarlas, porque tales personas naturalmente son visionarias: si lo
que dicen de su vision es inverosimil, extravagante, erroneo, de ningun
momento, y contradictorio, se han de tener por naturales, de
acaloramiento de la cabeza, y falsas: si la doctrina que encierran es
opuesta á los dogmas, ó disciplina de la Iglesia, ó en ellas se encierra
interes, daño del próximo, ú qualesquiera fines particulares distintos
de la gloria de Dios, y instruccion de los Fieles, se han de mirar como
entusiasmos de una fantasía inflamada. Las sobrenaturales se conocen por
caractéres opuestos á los sobredichos, y de ellas hay exemplos en las
divinas Letras, que han de recibirse con toda sumision. Lo cierto es que
en Roma, donde se exâminan estas cosas con gran exâctitud y juicio, de
millares de visiones de las personas virtuosas apenas se aprueba una, y
á veces se reprueban todas. Esta materia, ademas de los Autores citados,
la ha tratado con solidez el ABAD LANGLET; y antes que todos los
propuestos ha abierto el camino con admirables advertencias para no
desviarse nuestro insigne Español el P. JUAN DE AVILA en su
_Audifilia_[a].
[Nota a: _Capítulo 50, 51, y 52. tom. 3. pág. 279, y sig._]
[50] Para no caer, pues, en errores en este asunto, será bien
exercitarse en distinguir lo que es propio de la imaginacion, y lo que
toca al juicio. Se ha de saber, que la imaginacion no hace otra cosa,
que representar al vivo las imágenes de los objetos; pero al juicio toca
hallar la verdad de las cosas que ofrece la fantasía; y como desde niños
nos hacemos á imaginar mas que juzgar, será bien exercitar continuamente
la razon, y sobre todo saber dudar quando convenga, y no juntar con
precipitada facilidad el juicio con la imaginacion. Si se trata de
conocer lo que sucede en otra persona, ademas de lo dicho será
conveniente exâminar si la gobierna alguna secreta pasion, y muchas
veces se hallará, que el deseo que tiene una muger de parecer santa, ó
el apetito de fama de virtuosa, ó la ambicion y deseo de mandar, ó tal
vez el despecho por no venirle las cosas como desea, han corrompido su
fantasía; y de aquí nace que juzgue por revelaciones sus delirios. Acaso
la malicia es el mobil de estas fingidas apariciones: tal vez alguna
oculta enfermedad, que no es conocida, porque no se manifiesta por
defuera, ó la ignorancia, que es general fomento de estas creencias. En
fin la razon dicta, que quando se ofrecen semejantes revelaciones,
empiecen los hombres sabios á exâminarlas dudando, averiguando las
pasiones, la eficacia de la imaginacion, la verosimilitud, y la
conformidad que tienen con los dogmas y disciplina de la Iglesia, y
poniendo en obra todas las reglas de la buena crítica.
CAPITULO IV.
_Continúase la explicacion de los errores que la imaginacion ocasiona._
[51] Hemos propuesto en el capítulo antecedente algunos errores que
ocasiona la imaginacion en asuntos de Religion y de piedad; en este
manifestarémos los que principalmente ocasiona en el trato civil, y en
el exercicio de las Artes y Ciencias, y para hacerlos mas
comprehensibles, los dividirémos en varias clases, segun las varias
influencias que suele tener en ellos la fantasía.
[52] En primer lugar suelen ocasionar el error las _imaginaciones
pequeñas_: entiendo por pequeñas imaginaciones las que se llenan y
satisfacen de cosas de ningun momento, y suelen hacer que el juicio las
tenga por grandes, y se ocupe en ellas. Esto suele observarse en los
niños y mugeres, y por eso las vemos casi siempre ocupadas en cosas
pequeñísimas, mirándolas como grandes, y dignas de su aplicacion. La
moda, la cortesía, el adorno, y la conversacion de estas mismas cosas es
el atractivo de su juicio, como en los niños los juegos, las bagatelas,
y las diversiones. De ordinario las imaginaciones pequeñas son blandas,
esto es, son dispuestas á recibir facilmente las representaciones: son
asimismo acompañadas de afectos de dulzura y de gusto; y siendo poco, ó
nada instruido el juicio de los niños y de las mugeres, se ocupa todo de
los objetos de la fantasía. En vista de esto se ha de procurar, ya con
la enseñanza, ya con el exemplo, el instruir temprano la juventud en
máxîmas fundamentales de la razon, formando su juicio segun permite su
capacidad. De este modo se ha visto un niño que á la edad de siete años
ha defendido públicamente las principales Ciencias con acierto[a], y
mugeres que han excedido á los hombres en el juicio. Muchos exemplos
pueden verse de uno, y otro en los Autores, en especial en Plutarco[b],
y entre los modernos en Mr. Baillet[c].
[Nota a: Murator. _Filosof. Moral. capit. 10._]
[Nota b: Plutarc. _de Clar. Mulier._]
[Nota c: Baillet. _Jugemens de Savans, t. 5._]
[53] No faltan hombres afeminados de imaginacion bien pequeña. Algunos
usan mas adornos que las mugeres, otros continuamente exâltan cosas de
poco momento: unos exâgeran las cosas de ninguna importancia; otros se
hacen entremetidos, dando á entender que son grandes hombres, y solo lo
son en frioleras. Cleóbulo se altera de lo que no debe, se admira de
bagatelas, y no sabe hablar de otra cosa que de su dolor de cabeza, de
lo que ha trabajado, de lo cansado que se halla, y en esto emplea toda
una tarde, y tal vez todo el dia. Evaristo se halla en una conversacion,
y no hace otra cosa que ponderar la desigualdad del tiempo, las niñerías
de sus hijos y sus gracias: y despues, por hacer demostracion de su
saber, se pone á hablar de los vestidos de los Macedonios, del orden de
batalla de las Amazonas; y si se le ocurre, no omite tal qual lugar de
Quinto Curcio. Este vicio es el que llaman los Modernos _pedantería_,
que consiste en entretenerse solo el entendimiento en cosas de ninguna
substancia, mas propias de niños que de adultos, proporcionadas á la
pequeñez de su fantasía, y objetos dignos de su corto juicio. Estos
tales no suelen hacer otro daño con estos errores, que causar enfado á
todo el mundo, y en especial á los hombres que hacen uso de la razon.