[24] No es esto decir que se hayan de trabajar todas las Oraciones sin

ningun adorno, porque no sigo el dictamen de los que dicen, que la

_eloqüencia es naturaleza, y no arte_. El P. FEYJOÓ estampó esta máxîma

en el segundo tomo de sus Cartas, y me parece que solo se halla en el

título de la Carta, y no en el cuerpo de ella; porque lo que el P.

Feyjoó prueba es, que sin arte hay quien es eloqüente, y que por mas

arte que haya, nunca puede ser uno eloqüente sin la naturaleza, esto es,

si no tiene un gran fondo de natural eloqüencia. Esto es verdad, y es

falso el título, porque en él se da á entender, que el estudio de la

Retórica para nada sirve, y así lo afirma este Escritor famoso. Ya

QUINTILIANO[a] trató de propósito este asunto; y habiendo rechazado á

los que tenian la Retórica por inutil, afirma que sin el arte, ninguno

puede ser Orador consumado, aunque sea tambien necesaria para esto la

naturaleza; y siendo así que este Escritor es el mas entendido, y mas

cumplido en esta materia, es de extrañar que el P. Feyjoó no le viese

antes de estampar tantas extravagancias, como puso en la citada Carta.

Con mejores fundamentos admitió, y probó la necesidad del arte el P.FR.

LUIS DE GRANADA en su Retórica Christiana. Volviendo á nuestro asunto de

la predicacion, es cierto que algunos modernos pretenden se debe

desterrar de los púlpitos la Retórica[b]. La mayor parte de los eruditos

no aprueban tan universal dictamen, y quantas invectivas emplearon los

antiguos y modernos contra este Arte, fué solo por desterrar el abuso

que se observa en algunos, que únicamente se aprovechan de él para

hacerse habladores hinchados. S. AGUSTIN[c], y muchísimos Escritores que

han exâminado bien esta materia, juzgan, que en algunas ocasiones es

utilísimo el Arte de la eloqüencia, si se sabe hacer de él buen uso.

Como quiera que sea, sin introducirme en semejante qüestion, me parece

que no puede ser acertado el dictamen del P. M. Feyjoó, porque debiera

haber antes estudiado de propósito la Retórica; haber visto el uso

artificioso con que se han aprovechado loablemente de ella los Griegos,

y Latinos; haber mirado de intento, no la Retórica pueril que suele

enseñarse á los muchachos, sino aquel arte racional de animar los

pensamientos, de mover los afectos, de excitar las pasiones, y de hacer

mas clara la verdad, lo qual no lo ha hecho, segun él mismo confiesa[d];

pues ¿cómo ha de ser justo el dictamen sobre una materia no estudiada?

[Nota a: _Sin ex pari coeant_ (habla de la naturaleza, y del arte) _in

mediocribus quidem utrisque majus adhuc naturae credam esse momentum,

consummatos autem plus doctrinae debere quam naturae putabo, sicut

terrae nullam fertilitatem habenti nihil optimus agricola profuerit, è

terra uberi utile aliquid etiam nullo colente nascetur. At in solo

foecundo plus cultor, quam ipsa per se bonitas soli efficiet._ Quintil.

_Instit. orat. lib. II. cap. 19._]

[Nota b: V.P. Lami _Ordin. S. Bened. in libr. de Cognit. sui ipsius_, &

alii apud Dupin _de Verit. págin. 315._]

[Nota c: S. Augustin. _lib. 4. de Doctr. Christ. cap. 2. num. 3. 6. 8._]

[Nota d: P. M. Feyjoó _Cart. erud. tom. 2. pag. 55. num 23._]

[25] Digo, pues, que pueden trabajarse las oraciones con estudio, y á

veces es necesario valerse del arte para hacerlas perfectas; porque el

fin principal del Orador es persuadir, y para esto algunas veces es

menester excitar los afectos, y animar las pasiones de los oyentes, lo

qual con el arte se hace maravillosamente. Demas de esto hay algunas

verdades que son intolerables á los hombres, y el Orador ha de hacerlas

suaves y acomodarlas á ser bien recibidas; por lo que en algunas

ocasiones es bien hacer un poco deleytable la Oracion; porque la verdad

que parecería inadmitible por sí sola, es bien recibida por lo dulce y

agradable que la acompaña[a], que; al fin, bueno es usar de algun arte

para hacer comprehender á los hombres la verdad, quando se considera que

no ha dé lograrse esto de otra manera. Pero siempre ha de llevar el

Orador la mira de poner el fundamento de su oracion en las verdades

ciertas, en las máxîmas sólidas, y en introducir en los oyentes el amor

á lo bueno y á la virtud, y solo para hacer ver claramente estas cosas

le será lícito usar de adornos; pero nunca será bien colocar todo el

trabajo en hablar mucho, y decir nada. Si el P. Feyjoó dixera, que él

arte ha de ser en las oraciones muy disimulado, y tanto, que se confunda

con la naturaleza; que la fuerza de la eloqüencia verdadera ha de

consistir en el vigor de las máxîmas y en lo sólido de las sentencias, y

no en la pompa de las palabras, sin negar que para persuadirlas ayude

mucho el arte, hubiera dicho una verdad admitida de todos los Sabios.

[Nota a: _Nom veluti pueris absinthia tetra medentes Cum dare conantur,

prius oras pocula circum Contingunt mellis dulci, flavoque liquore; Sic

ego nunc, quoniam haec ratio plerumque videtur Tristior esse quibus non

est tractata, retroque Vulgus abhorret ab hac: volui tibi suaviloquenti

Carmine Pierio rationem exponere nostram._ Lucret. de Rer. natur. lib.

4. verso II.]

[26] ¡O! dirá alguno, que eso es rigor de los Críticos, porque no hay

Sermon donde no se propongan muchos textos de la Sagrada Escritura, y

estos contienen grandes verdades. Es así; pero tambien es certísimo que

los mas de aquellos textos no los entiende el Pueblo en el modo que

suelen proponerse, y me consta esto por experiencia; y si se comprehende

lo que contienen, nada persuaden por la mala aplicacion, porque el

entendimiento humano es de tal naturaleza, que busca el orden y conexîon

entre sus nociones, porque en esto consiste la fuerza de raciocinar; y

como no suele hallar esta conexîon muchísimas veces entre los lugares de

la Escritura que se explican, y el asunto á que se traen, por eso no

queda convencido. En medio de la decadencia grande de la legítima

predicacion, que experimentamos, y de que nos dolemos, sirve de consuelo

el ver, que algunos Prelados Eclesiásticos de gran zelo y singular

doctrina han publicado en nuestros dias dos Pastorales, para reformar

cada uno en su respectiva Diócesis los abusos del Púlpito, y reformar la

oratoria christiana; y cierto que la necesidad que de ello hay, es muy

grande, porque vemos hoy cumplido lo que se dice en la vida del V. Juan

de Avila, llamado Apostol de Andalucía; es á saber, que una de las

mayores persecuciones de la Iglesia es la de los malos Predicadores[a].

Estamos esperanzados, que al exemplo de estos dos Prelados, los demas

procurarán enmendar la predicacion, y reducirla al punto que pide el

espíritu de la Santa Iglesia.

[Nota a: Muñoz _cap. 6. pag. 9._]

[27] ¡Válgame Dios, dice Ariston, qué primoroso, y sabido es Adonis!

Tiene una hora de conversacion, y en toda ella habla chistes y cosas

agudas, que es un pasmo; ¡qué equivocos usa! Naturalmente habla en

verso, y con suma facilidad deleyta. Vanísimo es el juicio que hace

Ariston de su Adonis, y es porque no tiene Lógica, ni trabaja en

exercitar la razon; porque eso mismo que tanto alaba, hace intolerable

á los sabios la conversacion de su Adonis. Qualquiera puede notar, que

estos tales ordinariamente se escuchan, y hablan tan afectadamente, que

toda su agudeza, y toda su poesía no es mas que una vanísima afectacion,

y se conoce facilmente atendiendo, que en todo un año, despues de haber

tenido todos los dias una hora de semejantes conversaciones, en todo el

año, digo, no ha dicho una sola verdad nueva, ni nada que hayan tenido

los concurrentes que aprender; lo que ha dicho son cosas vulgarísimas

con frases pomposas, que es lo mismo que si hubiera engastado en plata

un pedazo de corcho. No obstante á Ariston le gusta este su Adonis,

porque le hincha los sentidos, y le alhaga con algun deleyte

superficial. Si Ariston estudia la buena Lógica, sabrá que nada ha de

satisfacer al entendimiento, sino lo _sólido_ y lo útil, y estas cosas

no se hallan sino en lo verdadero y en lo bueno[a]. Por esta razon han

de despreciarse tantas poesías, que cada dia nos vienen á las manos, y

nada mas hay en ellas que la cadencia; y solo las pueden aprobar los

hombres que tienen el entendimiento en los oidos. Los que se contentan

con las apariencias sensibles, celebran mucho algunos poemas, que ni

tienen substancia, ni tienen solidez, ni contienen mas que pensamientos

superficiales, y en fin que son mas frios que el mismo yelo. No obstante

se aplauden, y se celebran como venidos del Cielo; y estos vanos

aplausos nos acarrean despues una lluvia de Poetas que nos oprimen, y la

poesía se hace estudio de moda; de suerte, que es tenido por grande

hombre un vanísimo Poeta. Por esto son tan comunes las malas poesías, y

tan abundantes, que tan facil es tropezar con los malos Poetas, como con

langostas: vicio que ya reprehendió con agudeza el ingenioso D.

FRANCISCO DE QUEVEDO, y no hay esperanza de que se corrija si no se

estudia muy de propósito la verdadera Lógica, y se hacen los hombres á

no fiarse de las apariencias de los sentidos, y á consultar siempre la

razon.

[Nota a: _Non qui multa, sed qui utilia novit, sapiens est._ Stob.

_serm. 3. t. 1. p. 35._]

[28] Entre las apariencias de los sentidos ninguna es mas engañosa que

la que lleva el caracter de _bello_, y de _hermoso_, Todavía no estan

conformes los Filósofos en difinir en qué consiste lo que llamamos

hermosura y belleza, así en las cosas animadas, como inanimadas. Yo

pienso, que lo que llamamos hermosura en las cosas sensibles es cierto

orden y proporcion que tienen entre sí las partes que las componen. Este

orden es relativo á nuestros sentidos, porque á unos parece hermoso lo

que á otros feo: y tanta variedad como se encuentra en estas cosas, nace

de la impresion diversa que un mismo objeto ocasiona en distintos

hombres, y del diferente modo con que excita los sentidos en cada uno.

Sucede, pues, en esto lo mismo que en todas las otras percepciones de

los sentidos, que solo nos ofrecen las cosas con proporcion á nuestro

cuerpo; y así se ve, que si se muda con el tiempo, ó de otro qualquier

modo el orden de partes en el objeto, ó en los órganos de los sentidos,

se pierde, ó se muda la hermosura.

[29] Síguese de esto, que la hermosura de estas cosas sensibles es una

apariencia, que solo puede arrastrar á los hombres que dexan llevarse de

las exterioridades que se ofrecen á los sentidos sin exercitar la razon.

El ver, pues, cómo inconsideradamente buscan muchos estas apariencias, y

van con inquietudes continuas ácia estos vanísimos atractivos de los

sentidos, hace ver el poco uso que hacen los hombres de la razon, y lo

poco que reflectan para distinguir lo aparente de lo verdadero. La

verdad tiene una hermosura, que puede satisfacer al entendimiento; la

bondad lleva consigo una belleza capaz de atraer á la voluntad. Si yo

dixera, que el entendimiento recibe un gran contento quando descubre la

verdad[a], y que la voluntad le recibe tambien quando ama lo bueno,

diría una cosa certísima, y digna de que la escuchasen y meditasen

seriamente todos los hombres; pero son tan sensibles por lo comun, que

les parecerá esto digno solo de contarlo á los habitadores de los

espacios imaginarios.

[Nota a: _Indagatio ipsa rerum tum maximarum, tum etiam occultissimarum

habet oblectationem. Si verò aliquid occurret, quod verisimile videatur,

humanissima completur animus voluptate._ Cicer. _Quaest. Acad. l. 2. c.

118._]

[30] Los hombres, que solo hacen uso de sus sentidos, miran este orden

de la hermosura, y siguen los desordenados afectos que ocasiona. _¡Qué

voz tiene Lucinda tan suave! ¡qué ayre tan magestuoso! ¡Es una maravilla

como canta, como anda, como habla! Todo es un encanto._ Y es verdad que

es un encanto para los que se paran solamente en las apariencias

sensibles. Ni hay que dudar, que el tono de la voz, el ayre del

semblante, la risa natural, el trato amable, y á veces las lagrimillas

de las mugeres, son un dulce veneno que ocasiona mil estragos en los

poco advertidos, que no conocen que aquellas cosas en sí mismas son de

muy poco valor, y solo son estimables quando van acompañadas de la

virtud y de la razon. Para conocer mejor la vanidad de estas

apariencias, se puede considerar la hermosura, y belleza de las cosas

como un orden físico, ó como orden moral. En el primer modo admira la

hermosura á los sabios, porque consideran en ella un orden de partes

maravillosamente fabricado por el Criador, y porque se descubre aquel

número, peso, y medida con que ha hecho todas las cosas materiales y

sensibles. La consideracion de lo hermoso, y de lo bello en este sentido

es inocente, y tal vez loable, porque excita el conocimiento de la

divina Omnipotencia. Con orden moral se consideran estas cosas como

pertenecientes á las costumbres, ó como objetos de las acciones morales

de los hombres. En este modo no puede el hombre, ni debe amar, ni

abrazar semejantes objetos, sino conformándose con la Ley divina, y con

sus sacrosantos Mandamientos y preceptos; y esto es lo que dicta la

razon, porque con ella alcanzamos, que de todas las cosas sensibles no

podemos debidamente hacer otro uso, que atendiendo al fin que el Criador

se ha propuesto, y con respecto ácia la eterna felicidad de los hombres.

[31] En el amor á lo bello sensible erramos tambien de otra manera.

Quando se nos presenta un objeto hermoso á la vista, no solo tenemos la

percepcion que viene de los sentidos, sino que juntamos á esta

percepcion la nocion del bien, y la voluntad es llevada á amarle. Pero,

como ya hemos dicho, todas las apariencias, y objetos de los sentidos no

ofrecen sino falsos bienes, ó aparentes, y ácia ellos nos arrastran la

concupiscencia, y el desorden de los apetitos. El hombre que usa de la

razon no hace caso de estos aparentes bienes, y dexa de juntar la

nocion del bien con semejantes objetos; antes algunas veces junta la

nocion del mal, la de lo aparente, la de lo engañoso, la de lo falso, y

de este modo aparta de la voluntad el amor desordenado de las cosas

bellas sensibles.

[32] Esta facilidad de detenerse los hombres en las cosas sensibles

nace, como ya hemos dicho, de que estas dexan en el cuerpo impresiones

que duran mucho, y con dificultad se borran; y como el alma corresponde

con ciertas representaciones, de ahí procede que le hagan mayor fuerza

las cosas que entran por los sentidos, que las que por sí misma alcanza.

Este es el motivo de muchísimos errores, y en especial de que hacemos

mucho caso de lo que tenemos presente, y despreciamos lo venidero. Todos

los Christianos, y todo hombre que hace uso de la razon conoce la

eternidad, y sabe que no somos criados para este mundo, sino para el

Cielo; no obstante estamos tan atados con aquel, que muy pocas veces

pensamos en este, y es porque el mundo le tenemos presente, y obra

continuamente sobre nuestros sentidos, y la eternidad la miramos de

lejos; ó, lo que es lo mismo, conocemos este mundo por los sentidos, y

al Cielo con la razon.

[33] Todas estas consideraciones tiran á fortalecer la razon contra las

apariencias de los sentidos, y á avisar á los hombres, que sus sentidos

son tal vez su mayor enemigo, que no deben facilmente dexarse llevar de

sus representaciones, y que no juzguen precipitadamente por solo su

informe sin consultar la razon. Hanse de mirar como instrumentos dados

por el Criador para la conservacion del cuerpo humano; y se ha de

advertir, que siendo los únicos medios por donde el alma empieza á

alcanzar las cosas, son tambien el principal origen de sus errores, y de

sus males. Si pudiéramos lograr que los Materialistas, y Deistas de

estos tiempos se parasen á contemplar estas verdades, que son muy

ciertas y muy claras, acaso volverían en sí, y dexarían su torpe

halucinacion, pues no conocen que toda su vida son como los niños, que

nunca piensan mas que en lo que tienen presente, porque son solo

sensibles, y no exercitan la razon, ni son capaces de la buena Lógica.

CAPITULO III.

_De los errores que ocasiona la imaginacion._

[34] No es posible comprehender en corto volumen los errores que

ocasiona la imaginacion; pero propondré los mas notables, y facilmente

podrá el que fuese atento conocer de quántas maneras nos engañamos por

las representaciones de esta potencia. Hase de tener presente lo que ya

hemos mostrado que nosotros formamos imágenes de todas las cosas que

percibimos, no solo de las sensibles, sino tambien de las espirituales;

y si las considerásemos atentamente, hallaríamos dentro de nosotros un

mundo espiritual mucho mayor que este que habitamos, y reducido á

cortísimo espacio: es decir, hallaríamos en nosotros mismos las imágenes

que corresponden á los objetos que componen este mundo visible, y á los

espirituales, é incorporeos que no son de su esfera, y lo que es mas

todas reducidas á cortísimos límites. Considerémos quantos objetos se

presentan á nuestros sentidos en el discurso de una larga vida, y

hallarémos que las imágenes de todos se hallan en la mente. Considerémos

tambien de quántas maneras combinamos, ó separamos tantos objetos, y las

imágenes que tenemos de estas combinaciones. Pensemos despues quántas

veces percibimos las cosas espirituales, de quántas maneras abstrahemos

la naturaleza de las cosas, y en fin la muchedumbre copiosa de

intelecciones que hacemos en el uso de las ciencias abstractas, y

hallarémos que todas las contiene el alma, y de todas quedan vestigios,

que con la memoria se renuevan. Si meditamos un poco sobre esto,

podrémos decir, que este es un Reyno, ó mundo interior reducido á

pequeño espacio, pero capaz de contener mayor número de cosas que el

mundo material que habitamos; y si levantamos debidamente la

consideracion, habrémos de reconocer la infinita sabiduría que ha

fabricado tan maravillosa obra, y confesar que no puede un mundo

material tan extendido contenerse en la materia reducida á un espacio

infinitamente pequeño, como es el que encierra tantas nociones; por

donde es preciso reconocer un Ser espiritual, cuya esfera es por su

indivisibilidad único receptáculo de tantos conocimientos. Esto con

alguna mas extension lo he manifestado contra los Materialistas en mi

_Discurso sobre el Mechânismo_.

[35] La impresion de los objetos sensibles hace variar las

imaginaciones. Si la fantasía es capaz de recibir muchas imágenes, hace

una imaginacion fecunda; si recibe las imágenes, y se hacen permanentes,

será la imaginacion fuerte; si con facilidad recibe las

representaciones, es la imaginacion blanda; si una vez recibidas con

tenacidad las retiene, es vehemente; si facilmente las recibe, y con la

misma facilidad se borran, es torpe; si con dificultad se imprimen, y

tenazmente se retienen, es violenta; y á este modo pueden ser infinitas

las combinaciones que nacen de la diversidad de pintarse las imágenes en

la fantasía. Lo que principalmente se ha de notar es, que toda suerte de

imaginacion nos puede ocasionar el error, porque puede engañar al

juicio; de modo, que si bien lo consideramos, no hay error en la

imaginacion, sino en el juicio, á la manera que sucede con las

percepciones de los sentidos. Débese, pues, poner el cuidado posible en

gobernar bien el juicio, y en no dexarse llevar de las apariencias de la

imaginacion. Aprovechará mucho para conseguir esto el conocimiento de

que las pasiones casi siempre acompañan á la imaginacion, como ya hemos

explicado antes.

[36] Con estas advertencias será facil descubrir muchos errores que

ocasiona la imaginacion, y manifestar el modo de evitarlos; y para

disponerlos con orden los distribuirémos en los que pertenecen á la

Religion, y al trato civil donde comprehenderémos los que atrasan los

progresos de las Artes y Ciencias. Gran parte de las heregías que en

todos los tiempos han infestado la Iglesia, han nacido de imaginaciones

fuertes, y fecundas. Pongamos en la antigüedad á MONTANO, que imagina

vivamente, que el Espíritu Santo ha dado á él sus dones, y no á los

Apóstoles, imprimiéndose profundamente en su imaginacion esta especie y

otras semejantes, las quales hallando la razon flaca, y el juicio poco

sólido, los pervirtieron, ocasionando graves errores. Fuéle facil á

Montano hacer creer como verdaderos los falsos entusiasmos de su

imaginacion á Prisca y Maxímilla, que por el sexo, y falta de

instruccion, lograban una imaginacion fuerte, y la razon flaca. Tuvo

Tertuliano la imaginacion muy fuerte y vehemente, y no la acompañaba un

juicio de los mas sólidos; y recibiendo en su fantasía los errores de

Prisca, no supo enmendarlos. Pero en Tertuliano no era solo fuerte la

imaginacion, sino vehemente, pues se le imprimian tan fuertemente las

cosas, que arrastraban al juicio, y por la vehemencia las persuadia

facilmente á los demas. No obstante esto, es preciso confesar, que su

_Apología_ por la Religion es ciertamente obra util y de juicio, aunque

resplandecen mucho en ella las fuerzas de la imaginacion vehemente; pero

acabó de mostrarlas en el libro de _Pallio_, donde emplea la eficacia

mayor, y toda la vehemencia que es decible en persuadir cosas inútiles,

y de ningun momento.

[37] Algunos colocan á Séneca entre los Escritores de imaginacion fuerte

y de poco juicio[a]. No puede negarse, que Séneca tuvo la imaginacion

fuertísima, y muy vehemente. Conócese en que igual eficacia emplea en

las cosas improbables, que en las ciertas, lo que es propio de los que

tienen imaginacion indómita. Su descripcion del _Sabio_, no solamente es

vana, sino ridícula; y como era su imaginacion fecunda, la hermoseó con

tanta variedad de pensamientos y sentencias, que ha embelesado á

muchísimos lectores, ó tan imaginativos como él era, ó de grande

imaginacion y pequeño juicio. No obstante se ha de advertir, que no fué

Séneca de los Autores menos juiciosos, aunque creo que fué mayor su

imaginacion que el juicio. Fué Estoico, ó quiso parecerlo, y se hallan

en sus escritos sentencias, y máxîmas admirables para animar á seguir la

virtud. Esto obligó á S. Gerónimo á contarle entre los Escritores

Eclesiásticos, y á tener por verdaderas las cartas de S. Pablo á Séneca;

mas los Críticos modernos no dudan que son apócrifas. Como quiera que

sea, tuvo Séneca eficacia loable en persuadir el camino de la virtud,

como el único medio para conseguir la felicidad humana; y ojalá que sus

sentencias tuvieran mayor trabazon, que así serían mas estimables: de

suerte, que ya en lo antiguo por esta falta fué llamado justamente el

estilo de Séneca _arena sin cal_. He visto muchos libros modernos que

tratan, ó de máxîmas morales, ó políticas, y justamente puede

atribuírseles la misma censura; y quizá su lectura fuera mas provechosa,

si el entendimiento hallara conexîon entre las verdades que contienen.

[Nota a: Mallebranche _Recherche de la verité, tom. 1. part. 3. chap.

4._]

[38] En nuestros tiempos tenemos hartos ejemplares de los errores que

ocasiona la imaginacion vehemente, y fuerte quando está acompañada de

poco juicio. Tanto número de Sectarios, como vemos en nuestros dias,

tienen corrompida la imaginacion, y pasa el contagio á corromper el

juicio. Imaginan una cosa, y esta hace tan hondas impresiones, que

excita continuamente pasiones desmedidas. El juicio entonces dexa

_libremente_ llevarse de la fuerza de aquellas imaginaciones, y las

tiene por verdaderas, y así ocasionan el error. MR. JURIEU, LUTHERO,

ZUINGLIO, y otros Hereges se imaginaban mil desórdenes en la Iglesia

Católica, y, el juicio asentia á que realmente los habia, estando solo

en su imaginacion. En estos acompañaba á sus depravadas imaginaciones

alguna pasion, porque como ya diximos, y conviene siempre tenerlo

presente, siempre que el alma percibe algun objeto, y tiene la imagen

que se pinta en la fantasía, suele excitarse alguna pasion, ó de

esperanza si puede lograrse el objeto, y se considera útil, ó del miedo

si se considera dañoso y cercano, y así de otras mil maneras. En las

expresiones, pues, de semejantes hereges se manifiesta, que á su

descompuesta imaginacion acompañaban pasiones desenfrenadas, ya de odio

ácia la Iglesia, ya de esperanza de ser por ese camino memorables y

afamados, ya el deseo inmoderado de la singularidad, y en fin un amor

propio extremado que los hacia parecer á ellos mismos únicos en razonar,

y los solos en conocer, y distinguir lo verdadero de lo falso. La fuerza

de tan vehementes imaginaciones junta con el desorden de pasiones tan

extravagantes, arrastraban al juicio, y los hacia caer en feísimos

errores.

[39] No se ha acabado la raza de estos Escritores, que por la depravada

imaginacion, y pasiones vehementes que la acompañan, publican enormes

extravagancias. MR. DE AROVET (llamóse despues _Voltaire_, y así le

nombrarémos) da hoy un evidente testimonio de esto. He visto de espacio

sus principales escritos en la famosa edicion del año 1757, que se

supone correcta por su Autor, y algunas obrillas junto con el

Diccionario Filosófico posteriores á esta edicion. Son dignos de verse

los Escritores Franceses que le han impugnado, porque algunos lo han

hecho con grandísimo acierto. Como yo veo que se celebra la sabiduría

que no tiene este Poeta, que desprecia la Religion Christiana, que alaba

los vicios mas abominables, protege el materialismo, desautoriza lo mas

sagrado, así Secular como Eclesiástico, y que habla de todo, como si

todo lo supiese: diré sin reparo lo que á mí puede tocarme, que es el

defecto de lógica, que generalmente reyna en sus obras, para que se

miren, como lo merecen, casi siempre opuestas á la razon. Quien quiera

que haya leido á Mr. Voltaire conocerá un hombre de imaginacion grande,

vehemente, fecunda: de un ingenio vivo, despejado, agudo, pronto: de una

letura vaga de libros modernos, limitada, y muy superficial de los

antiguos originales: una instruccion vasta de las cosas presentes, sin

ahondar en las Ciencias, ni en sus principios, ni fundamentos: en

conclusion un talento que los Franceses llaman _bel sprit_. Si á estas

calidades añadiese un juicio sólido, una instruccion maciza profunda,

una erudicion original, y un estudio continuo bien fundado de las Artes

y Ciencias, ciertamente se podria llamar no _bel sprit_, sino _bon

sprit_, habiendo mucha diferencia entre estos dos atributos.

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