ningun adorno, porque no sigo el dictamen de los que dicen, que la
_eloqüencia es naturaleza, y no arte_. El P. FEYJOÓ estampó esta máxîma
en el segundo tomo de sus Cartas, y me parece que solo se halla en el
título de la Carta, y no en el cuerpo de ella; porque lo que el P.
Feyjoó prueba es, que sin arte hay quien es eloqüente, y que por mas
arte que haya, nunca puede ser uno eloqüente sin la naturaleza, esto es,
si no tiene un gran fondo de natural eloqüencia. Esto es verdad, y es
falso el título, porque en él se da á entender, que el estudio de la
Retórica para nada sirve, y así lo afirma este Escritor famoso. Ya
QUINTILIANO[a] trató de propósito este asunto; y habiendo rechazado á
los que tenian la Retórica por inutil, afirma que sin el arte, ninguno
puede ser Orador consumado, aunque sea tambien necesaria para esto la
naturaleza; y siendo así que este Escritor es el mas entendido, y mas
cumplido en esta materia, es de extrañar que el P. Feyjoó no le viese
antes de estampar tantas extravagancias, como puso en la citada Carta.
Con mejores fundamentos admitió, y probó la necesidad del arte el P.FR.
LUIS DE GRANADA en su Retórica Christiana. Volviendo á nuestro asunto de
la predicacion, es cierto que algunos modernos pretenden se debe
desterrar de los púlpitos la Retórica[b]. La mayor parte de los eruditos
no aprueban tan universal dictamen, y quantas invectivas emplearon los
antiguos y modernos contra este Arte, fué solo por desterrar el abuso
que se observa en algunos, que únicamente se aprovechan de él para
hacerse habladores hinchados. S. AGUSTIN[c], y muchísimos Escritores que
han exâminado bien esta materia, juzgan, que en algunas ocasiones es
utilísimo el Arte de la eloqüencia, si se sabe hacer de él buen uso.
Como quiera que sea, sin introducirme en semejante qüestion, me parece
que no puede ser acertado el dictamen del P. M. Feyjoó, porque debiera
haber antes estudiado de propósito la Retórica; haber visto el uso
artificioso con que se han aprovechado loablemente de ella los Griegos,
y Latinos; haber mirado de intento, no la Retórica pueril que suele
enseñarse á los muchachos, sino aquel arte racional de animar los
pensamientos, de mover los afectos, de excitar las pasiones, y de hacer
mas clara la verdad, lo qual no lo ha hecho, segun él mismo confiesa[d];
pues ¿cómo ha de ser justo el dictamen sobre una materia no estudiada?
[Nota a: _Sin ex pari coeant_ (habla de la naturaleza, y del arte) _in
mediocribus quidem utrisque majus adhuc naturae credam esse momentum,
consummatos autem plus doctrinae debere quam naturae putabo, sicut
terrae nullam fertilitatem habenti nihil optimus agricola profuerit, è
terra uberi utile aliquid etiam nullo colente nascetur. At in solo
foecundo plus cultor, quam ipsa per se bonitas soli efficiet._ Quintil.
_Instit. orat. lib. II. cap. 19._]
[Nota b: V.P. Lami _Ordin. S. Bened. in libr. de Cognit. sui ipsius_, &
alii apud Dupin _de Verit. págin. 315._]
[Nota c: S. Augustin. _lib. 4. de Doctr. Christ. cap. 2. num. 3. 6. 8._]
[Nota d: P. M. Feyjoó _Cart. erud. tom. 2. pag. 55. num 23._]
[25] Digo, pues, que pueden trabajarse las oraciones con estudio, y á
veces es necesario valerse del arte para hacerlas perfectas; porque el
fin principal del Orador es persuadir, y para esto algunas veces es
menester excitar los afectos, y animar las pasiones de los oyentes, lo
qual con el arte se hace maravillosamente. Demas de esto hay algunas
verdades que son intolerables á los hombres, y el Orador ha de hacerlas
suaves y acomodarlas á ser bien recibidas; por lo que en algunas
ocasiones es bien hacer un poco deleytable la Oracion; porque la verdad
que parecería inadmitible por sí sola, es bien recibida por lo dulce y
agradable que la acompaña[a], que; al fin, bueno es usar de algun arte
para hacer comprehender á los hombres la verdad, quando se considera que
no ha dé lograrse esto de otra manera. Pero siempre ha de llevar el
Orador la mira de poner el fundamento de su oracion en las verdades
ciertas, en las máxîmas sólidas, y en introducir en los oyentes el amor
á lo bueno y á la virtud, y solo para hacer ver claramente estas cosas
le será lícito usar de adornos; pero nunca será bien colocar todo el
trabajo en hablar mucho, y decir nada. Si el P. Feyjoó dixera, que él
arte ha de ser en las oraciones muy disimulado, y tanto, que se confunda
con la naturaleza; que la fuerza de la eloqüencia verdadera ha de
consistir en el vigor de las máxîmas y en lo sólido de las sentencias, y
no en la pompa de las palabras, sin negar que para persuadirlas ayude
mucho el arte, hubiera dicho una verdad admitida de todos los Sabios.
[Nota a: _Nom veluti pueris absinthia tetra medentes Cum dare conantur,
prius oras pocula circum Contingunt mellis dulci, flavoque liquore; Sic
ego nunc, quoniam haec ratio plerumque videtur Tristior esse quibus non
est tractata, retroque Vulgus abhorret ab hac: volui tibi suaviloquenti
Carmine Pierio rationem exponere nostram._ Lucret. de Rer. natur. lib.
4. verso II.]
[26] ¡O! dirá alguno, que eso es rigor de los Críticos, porque no hay
Sermon donde no se propongan muchos textos de la Sagrada Escritura, y
estos contienen grandes verdades. Es así; pero tambien es certísimo que
los mas de aquellos textos no los entiende el Pueblo en el modo que
suelen proponerse, y me consta esto por experiencia; y si se comprehende
lo que contienen, nada persuaden por la mala aplicacion, porque el
entendimiento humano es de tal naturaleza, que busca el orden y conexîon
entre sus nociones, porque en esto consiste la fuerza de raciocinar; y
como no suele hallar esta conexîon muchísimas veces entre los lugares de
la Escritura que se explican, y el asunto á que se traen, por eso no
queda convencido. En medio de la decadencia grande de la legítima
predicacion, que experimentamos, y de que nos dolemos, sirve de consuelo
el ver, que algunos Prelados Eclesiásticos de gran zelo y singular
doctrina han publicado en nuestros dias dos Pastorales, para reformar
cada uno en su respectiva Diócesis los abusos del Púlpito, y reformar la
oratoria christiana; y cierto que la necesidad que de ello hay, es muy
grande, porque vemos hoy cumplido lo que se dice en la vida del V. Juan
de Avila, llamado Apostol de Andalucía; es á saber, que una de las
mayores persecuciones de la Iglesia es la de los malos Predicadores[a].
Estamos esperanzados, que al exemplo de estos dos Prelados, los demas
procurarán enmendar la predicacion, y reducirla al punto que pide el
espíritu de la Santa Iglesia.
[Nota a: Muñoz _cap. 6. pag. 9._]
[27] ¡Válgame Dios, dice Ariston, qué primoroso, y sabido es Adonis!
Tiene una hora de conversacion, y en toda ella habla chistes y cosas
agudas, que es un pasmo; ¡qué equivocos usa! Naturalmente habla en
verso, y con suma facilidad deleyta. Vanísimo es el juicio que hace
Ariston de su Adonis, y es porque no tiene Lógica, ni trabaja en
exercitar la razon; porque eso mismo que tanto alaba, hace intolerable
á los sabios la conversacion de su Adonis. Qualquiera puede notar, que
estos tales ordinariamente se escuchan, y hablan tan afectadamente, que
toda su agudeza, y toda su poesía no es mas que una vanísima afectacion,
y se conoce facilmente atendiendo, que en todo un año, despues de haber
tenido todos los dias una hora de semejantes conversaciones, en todo el
año, digo, no ha dicho una sola verdad nueva, ni nada que hayan tenido
los concurrentes que aprender; lo que ha dicho son cosas vulgarísimas
con frases pomposas, que es lo mismo que si hubiera engastado en plata
un pedazo de corcho. No obstante á Ariston le gusta este su Adonis,
porque le hincha los sentidos, y le alhaga con algun deleyte
superficial. Si Ariston estudia la buena Lógica, sabrá que nada ha de
satisfacer al entendimiento, sino lo _sólido_ y lo útil, y estas cosas
no se hallan sino en lo verdadero y en lo bueno[a]. Por esta razon han
de despreciarse tantas poesías, que cada dia nos vienen á las manos, y
nada mas hay en ellas que la cadencia; y solo las pueden aprobar los
hombres que tienen el entendimiento en los oidos. Los que se contentan
con las apariencias sensibles, celebran mucho algunos poemas, que ni
tienen substancia, ni tienen solidez, ni contienen mas que pensamientos
superficiales, y en fin que son mas frios que el mismo yelo. No obstante
se aplauden, y se celebran como venidos del Cielo; y estos vanos
aplausos nos acarrean despues una lluvia de Poetas que nos oprimen, y la
poesía se hace estudio de moda; de suerte, que es tenido por grande
hombre un vanísimo Poeta. Por esto son tan comunes las malas poesías, y
tan abundantes, que tan facil es tropezar con los malos Poetas, como con
langostas: vicio que ya reprehendió con agudeza el ingenioso D.
FRANCISCO DE QUEVEDO, y no hay esperanza de que se corrija si no se
estudia muy de propósito la verdadera Lógica, y se hacen los hombres á
no fiarse de las apariencias de los sentidos, y á consultar siempre la
razon.
[Nota a: _Non qui multa, sed qui utilia novit, sapiens est._ Stob.
_serm. 3. t. 1. p. 35._]
[28] Entre las apariencias de los sentidos ninguna es mas engañosa que
la que lleva el caracter de _bello_, y de _hermoso_, Todavía no estan
conformes los Filósofos en difinir en qué consiste lo que llamamos
hermosura y belleza, así en las cosas animadas, como inanimadas. Yo
pienso, que lo que llamamos hermosura en las cosas sensibles es cierto
orden y proporcion que tienen entre sí las partes que las componen. Este
orden es relativo á nuestros sentidos, porque á unos parece hermoso lo
que á otros feo: y tanta variedad como se encuentra en estas cosas, nace
de la impresion diversa que un mismo objeto ocasiona en distintos
hombres, y del diferente modo con que excita los sentidos en cada uno.
Sucede, pues, en esto lo mismo que en todas las otras percepciones de
los sentidos, que solo nos ofrecen las cosas con proporcion á nuestro
cuerpo; y así se ve, que si se muda con el tiempo, ó de otro qualquier
modo el orden de partes en el objeto, ó en los órganos de los sentidos,
se pierde, ó se muda la hermosura.
[29] Síguese de esto, que la hermosura de estas cosas sensibles es una
apariencia, que solo puede arrastrar á los hombres que dexan llevarse de
las exterioridades que se ofrecen á los sentidos sin exercitar la razon.
El ver, pues, cómo inconsideradamente buscan muchos estas apariencias, y
van con inquietudes continuas ácia estos vanísimos atractivos de los
sentidos, hace ver el poco uso que hacen los hombres de la razon, y lo
poco que reflectan para distinguir lo aparente de lo verdadero. La
verdad tiene una hermosura, que puede satisfacer al entendimiento; la
bondad lleva consigo una belleza capaz de atraer á la voluntad. Si yo
dixera, que el entendimiento recibe un gran contento quando descubre la
verdad[a], y que la voluntad le recibe tambien quando ama lo bueno,
diría una cosa certísima, y digna de que la escuchasen y meditasen
seriamente todos los hombres; pero son tan sensibles por lo comun, que
les parecerá esto digno solo de contarlo á los habitadores de los
espacios imaginarios.
[Nota a: _Indagatio ipsa rerum tum maximarum, tum etiam occultissimarum
habet oblectationem. Si verò aliquid occurret, quod verisimile videatur,
humanissima completur animus voluptate._ Cicer. _Quaest. Acad. l. 2. c.
118._]
[30] Los hombres, que solo hacen uso de sus sentidos, miran este orden
de la hermosura, y siguen los desordenados afectos que ocasiona. _¡Qué
voz tiene Lucinda tan suave! ¡qué ayre tan magestuoso! ¡Es una maravilla
como canta, como anda, como habla! Todo es un encanto._ Y es verdad que
es un encanto para los que se paran solamente en las apariencias
sensibles. Ni hay que dudar, que el tono de la voz, el ayre del
semblante, la risa natural, el trato amable, y á veces las lagrimillas
de las mugeres, son un dulce veneno que ocasiona mil estragos en los
poco advertidos, que no conocen que aquellas cosas en sí mismas son de
muy poco valor, y solo son estimables quando van acompañadas de la
virtud y de la razon. Para conocer mejor la vanidad de estas
apariencias, se puede considerar la hermosura, y belleza de las cosas
como un orden físico, ó como orden moral. En el primer modo admira la
hermosura á los sabios, porque consideran en ella un orden de partes
maravillosamente fabricado por el Criador, y porque se descubre aquel
número, peso, y medida con que ha hecho todas las cosas materiales y
sensibles. La consideracion de lo hermoso, y de lo bello en este sentido
es inocente, y tal vez loable, porque excita el conocimiento de la
divina Omnipotencia. Con orden moral se consideran estas cosas como
pertenecientes á las costumbres, ó como objetos de las acciones morales
de los hombres. En este modo no puede el hombre, ni debe amar, ni
abrazar semejantes objetos, sino conformándose con la Ley divina, y con
sus sacrosantos Mandamientos y preceptos; y esto es lo que dicta la
razon, porque con ella alcanzamos, que de todas las cosas sensibles no
podemos debidamente hacer otro uso, que atendiendo al fin que el Criador
se ha propuesto, y con respecto ácia la eterna felicidad de los hombres.
[31] En el amor á lo bello sensible erramos tambien de otra manera.
Quando se nos presenta un objeto hermoso á la vista, no solo tenemos la
percepcion que viene de los sentidos, sino que juntamos á esta
percepcion la nocion del bien, y la voluntad es llevada á amarle. Pero,
como ya hemos dicho, todas las apariencias, y objetos de los sentidos no
ofrecen sino falsos bienes, ó aparentes, y ácia ellos nos arrastran la
concupiscencia, y el desorden de los apetitos. El hombre que usa de la
razon no hace caso de estos aparentes bienes, y dexa de juntar la
nocion del bien con semejantes objetos; antes algunas veces junta la
nocion del mal, la de lo aparente, la de lo engañoso, la de lo falso, y
de este modo aparta de la voluntad el amor desordenado de las cosas
bellas sensibles.
[32] Esta facilidad de detenerse los hombres en las cosas sensibles
nace, como ya hemos dicho, de que estas dexan en el cuerpo impresiones
que duran mucho, y con dificultad se borran; y como el alma corresponde
con ciertas representaciones, de ahí procede que le hagan mayor fuerza
las cosas que entran por los sentidos, que las que por sí misma alcanza.
Este es el motivo de muchísimos errores, y en especial de que hacemos
mucho caso de lo que tenemos presente, y despreciamos lo venidero. Todos
los Christianos, y todo hombre que hace uso de la razon conoce la
eternidad, y sabe que no somos criados para este mundo, sino para el
Cielo; no obstante estamos tan atados con aquel, que muy pocas veces
pensamos en este, y es porque el mundo le tenemos presente, y obra
continuamente sobre nuestros sentidos, y la eternidad la miramos de
lejos; ó, lo que es lo mismo, conocemos este mundo por los sentidos, y
al Cielo con la razon.
[33] Todas estas consideraciones tiran á fortalecer la razon contra las
apariencias de los sentidos, y á avisar á los hombres, que sus sentidos
son tal vez su mayor enemigo, que no deben facilmente dexarse llevar de
sus representaciones, y que no juzguen precipitadamente por solo su
informe sin consultar la razon. Hanse de mirar como instrumentos dados
por el Criador para la conservacion del cuerpo humano; y se ha de
advertir, que siendo los únicos medios por donde el alma empieza á
alcanzar las cosas, son tambien el principal origen de sus errores, y de
sus males. Si pudiéramos lograr que los Materialistas, y Deistas de
estos tiempos se parasen á contemplar estas verdades, que son muy
ciertas y muy claras, acaso volverían en sí, y dexarían su torpe
halucinacion, pues no conocen que toda su vida son como los niños, que
nunca piensan mas que en lo que tienen presente, porque son solo
sensibles, y no exercitan la razon, ni son capaces de la buena Lógica.
CAPITULO III.
_De los errores que ocasiona la imaginacion._
[34] No es posible comprehender en corto volumen los errores que
ocasiona la imaginacion; pero propondré los mas notables, y facilmente
podrá el que fuese atento conocer de quántas maneras nos engañamos por
las representaciones de esta potencia. Hase de tener presente lo que ya
hemos mostrado que nosotros formamos imágenes de todas las cosas que
percibimos, no solo de las sensibles, sino tambien de las espirituales;
y si las considerásemos atentamente, hallaríamos dentro de nosotros un
mundo espiritual mucho mayor que este que habitamos, y reducido á
cortísimo espacio: es decir, hallaríamos en nosotros mismos las imágenes
que corresponden á los objetos que componen este mundo visible, y á los
espirituales, é incorporeos que no son de su esfera, y lo que es mas
todas reducidas á cortísimos límites. Considerémos quantos objetos se
presentan á nuestros sentidos en el discurso de una larga vida, y
hallarémos que las imágenes de todos se hallan en la mente. Considerémos
tambien de quántas maneras combinamos, ó separamos tantos objetos, y las
imágenes que tenemos de estas combinaciones. Pensemos despues quántas
veces percibimos las cosas espirituales, de quántas maneras abstrahemos
la naturaleza de las cosas, y en fin la muchedumbre copiosa de
intelecciones que hacemos en el uso de las ciencias abstractas, y
hallarémos que todas las contiene el alma, y de todas quedan vestigios,
que con la memoria se renuevan. Si meditamos un poco sobre esto,
podrémos decir, que este es un Reyno, ó mundo interior reducido á
pequeño espacio, pero capaz de contener mayor número de cosas que el
mundo material que habitamos; y si levantamos debidamente la
consideracion, habrémos de reconocer la infinita sabiduría que ha
fabricado tan maravillosa obra, y confesar que no puede un mundo
material tan extendido contenerse en la materia reducida á un espacio
infinitamente pequeño, como es el que encierra tantas nociones; por
donde es preciso reconocer un Ser espiritual, cuya esfera es por su
indivisibilidad único receptáculo de tantos conocimientos. Esto con
alguna mas extension lo he manifestado contra los Materialistas en mi
_Discurso sobre el Mechânismo_.
[35] La impresion de los objetos sensibles hace variar las
imaginaciones. Si la fantasía es capaz de recibir muchas imágenes, hace
una imaginacion fecunda; si recibe las imágenes, y se hacen permanentes,
será la imaginacion fuerte; si con facilidad recibe las
representaciones, es la imaginacion blanda; si una vez recibidas con
tenacidad las retiene, es vehemente; si facilmente las recibe, y con la
misma facilidad se borran, es torpe; si con dificultad se imprimen, y
tenazmente se retienen, es violenta; y á este modo pueden ser infinitas
las combinaciones que nacen de la diversidad de pintarse las imágenes en
la fantasía. Lo que principalmente se ha de notar es, que toda suerte de
imaginacion nos puede ocasionar el error, porque puede engañar al
juicio; de modo, que si bien lo consideramos, no hay error en la
imaginacion, sino en el juicio, á la manera que sucede con las
percepciones de los sentidos. Débese, pues, poner el cuidado posible en
gobernar bien el juicio, y en no dexarse llevar de las apariencias de la
imaginacion. Aprovechará mucho para conseguir esto el conocimiento de
que las pasiones casi siempre acompañan á la imaginacion, como ya hemos
explicado antes.
[36] Con estas advertencias será facil descubrir muchos errores que
ocasiona la imaginacion, y manifestar el modo de evitarlos; y para
disponerlos con orden los distribuirémos en los que pertenecen á la
Religion, y al trato civil donde comprehenderémos los que atrasan los
progresos de las Artes y Ciencias. Gran parte de las heregías que en
todos los tiempos han infestado la Iglesia, han nacido de imaginaciones
fuertes, y fecundas. Pongamos en la antigüedad á MONTANO, que imagina
vivamente, que el Espíritu Santo ha dado á él sus dones, y no á los
Apóstoles, imprimiéndose profundamente en su imaginacion esta especie y
otras semejantes, las quales hallando la razon flaca, y el juicio poco
sólido, los pervirtieron, ocasionando graves errores. Fuéle facil á
Montano hacer creer como verdaderos los falsos entusiasmos de su
imaginacion á Prisca y Maxímilla, que por el sexo, y falta de
instruccion, lograban una imaginacion fuerte, y la razon flaca. Tuvo
Tertuliano la imaginacion muy fuerte y vehemente, y no la acompañaba un
juicio de los mas sólidos; y recibiendo en su fantasía los errores de
Prisca, no supo enmendarlos. Pero en Tertuliano no era solo fuerte la
imaginacion, sino vehemente, pues se le imprimian tan fuertemente las
cosas, que arrastraban al juicio, y por la vehemencia las persuadia
facilmente á los demas. No obstante esto, es preciso confesar, que su
_Apología_ por la Religion es ciertamente obra util y de juicio, aunque
resplandecen mucho en ella las fuerzas de la imaginacion vehemente; pero
acabó de mostrarlas en el libro de _Pallio_, donde emplea la eficacia
mayor, y toda la vehemencia que es decible en persuadir cosas inútiles,
y de ningun momento.
[37] Algunos colocan á Séneca entre los Escritores de imaginacion fuerte
y de poco juicio[a]. No puede negarse, que Séneca tuvo la imaginacion
fuertísima, y muy vehemente. Conócese en que igual eficacia emplea en
las cosas improbables, que en las ciertas, lo que es propio de los que
tienen imaginacion indómita. Su descripcion del _Sabio_, no solamente es
vana, sino ridícula; y como era su imaginacion fecunda, la hermoseó con
tanta variedad de pensamientos y sentencias, que ha embelesado á
muchísimos lectores, ó tan imaginativos como él era, ó de grande
imaginacion y pequeño juicio. No obstante se ha de advertir, que no fué
Séneca de los Autores menos juiciosos, aunque creo que fué mayor su
imaginacion que el juicio. Fué Estoico, ó quiso parecerlo, y se hallan
en sus escritos sentencias, y máxîmas admirables para animar á seguir la
virtud. Esto obligó á S. Gerónimo á contarle entre los Escritores
Eclesiásticos, y á tener por verdaderas las cartas de S. Pablo á Séneca;
mas los Críticos modernos no dudan que son apócrifas. Como quiera que
sea, tuvo Séneca eficacia loable en persuadir el camino de la virtud,
como el único medio para conseguir la felicidad humana; y ojalá que sus
sentencias tuvieran mayor trabazon, que así serían mas estimables: de
suerte, que ya en lo antiguo por esta falta fué llamado justamente el
estilo de Séneca _arena sin cal_. He visto muchos libros modernos que
tratan, ó de máxîmas morales, ó políticas, y justamente puede
atribuírseles la misma censura; y quizá su lectura fuera mas provechosa,
si el entendimiento hallara conexîon entre las verdades que contienen.
[Nota a: Mallebranche _Recherche de la verité, tom. 1. part. 3. chap.
4._]
[38] En nuestros tiempos tenemos hartos ejemplares de los errores que
ocasiona la imaginacion vehemente, y fuerte quando está acompañada de
poco juicio. Tanto número de Sectarios, como vemos en nuestros dias,
tienen corrompida la imaginacion, y pasa el contagio á corromper el
juicio. Imaginan una cosa, y esta hace tan hondas impresiones, que
excita continuamente pasiones desmedidas. El juicio entonces dexa
_libremente_ llevarse de la fuerza de aquellas imaginaciones, y las
tiene por verdaderas, y así ocasionan el error. MR. JURIEU, LUTHERO,
ZUINGLIO, y otros Hereges se imaginaban mil desórdenes en la Iglesia
Católica, y, el juicio asentia á que realmente los habia, estando solo
en su imaginacion. En estos acompañaba á sus depravadas imaginaciones
alguna pasion, porque como ya diximos, y conviene siempre tenerlo
presente, siempre que el alma percibe algun objeto, y tiene la imagen
que se pinta en la fantasía, suele excitarse alguna pasion, ó de
esperanza si puede lograrse el objeto, y se considera útil, ó del miedo
si se considera dañoso y cercano, y así de otras mil maneras. En las
expresiones, pues, de semejantes hereges se manifiesta, que á su
descompuesta imaginacion acompañaban pasiones desenfrenadas, ya de odio
ácia la Iglesia, ya de esperanza de ser por ese camino memorables y
afamados, ya el deseo inmoderado de la singularidad, y en fin un amor
propio extremado que los hacia parecer á ellos mismos únicos en razonar,
y los solos en conocer, y distinguir lo verdadero de lo falso. La fuerza
de tan vehementes imaginaciones junta con el desorden de pasiones tan
extravagantes, arrastraban al juicio, y los hacia caer en feísimos
errores.
[39] No se ha acabado la raza de estos Escritores, que por la depravada
imaginacion, y pasiones vehementes que la acompañan, publican enormes
extravagancias. MR. DE AROVET (llamóse despues _Voltaire_, y así le
nombrarémos) da hoy un evidente testimonio de esto. He visto de espacio
sus principales escritos en la famosa edicion del año 1757, que se
supone correcta por su Autor, y algunas obrillas junto con el
Diccionario Filosófico posteriores á esta edicion. Son dignos de verse
los Escritores Franceses que le han impugnado, porque algunos lo han
hecho con grandísimo acierto. Como yo veo que se celebra la sabiduría
que no tiene este Poeta, que desprecia la Religion Christiana, que alaba
los vicios mas abominables, protege el materialismo, desautoriza lo mas
sagrado, así Secular como Eclesiástico, y que habla de todo, como si
todo lo supiese: diré sin reparo lo que á mí puede tocarme, que es el
defecto de lógica, que generalmente reyna en sus obras, para que se
miren, como lo merecen, casi siempre opuestas á la razon. Quien quiera
que haya leido á Mr. Voltaire conocerá un hombre de imaginacion grande,
vehemente, fecunda: de un ingenio vivo, despejado, agudo, pronto: de una
letura vaga de libros modernos, limitada, y muy superficial de los
antiguos originales: una instruccion vasta de las cosas presentes, sin
ahondar en las Ciencias, ni en sus principios, ni fundamentos: en
conclusion un talento que los Franceses llaman _bel sprit_. Si á estas
calidades añadiese un juicio sólido, una instruccion maciza profunda,
una erudicion original, y un estudio continuo bien fundado de las Artes
y Ciencias, ciertamente se podria llamar no _bel sprit_, sino _bon
sprit_, habiendo mucha diferencia entre estos dos atributos.