[48] El otro modo de formarse las opiniones consiste en no atarse el

entendimiento á las verdades fundamentales, sino tomar en lugar de ellas

por principios lo que le sugiere su propio ingenio. Este es el origen de

los sistemas, y la raíz de tantas opiniones como reynan entre los

literatos. La voz _sistema_ en su rigurosa significacion muestra un

conjunto de cosas conexâs entre sí. Acomodóse en otro tiempo á cosas

serias, y vanas. Mas desde que los Filósofos siguiendo á los Astrónomos

han aplicado el sistema al orden de pensamientos con que intentan

satisfacer las dificultades que ocurren en las cosas, formándose

principios arbitrarios para explicarlas, se ha limitado su significacion

á mostrar las varias opiniones filosóficas, sostenidas con conexîon de

discursos fundados sobre los referidos principios. En este sentido se

opone el sistemático al experimental en lo físico, porque este no admite

otros principios que las leyes de la naturaleza conocidas por la

experiencia; de modo, que la conexîon que guarda, sin salir jamas de la

observacion, consiste en enlazar unas leyes de la naturaleza con otras,

y no deducir conseqüencia ninguna que no tenga por antecedentes lo

descubierto por la experiencia. El sistemático por el contrario nunca

pierde de vista los principios que se ha figurado, y no siendo estos

naturales, tampoco son conformes á lo natural sus raciocinios. En mi

discurso _sobre el Mecanismo_ se puede ver explicado esto con muchos

exemplos. Si se miran atentamente tantas y tan extrañas opiniones, como

se fomentan en las Escuelas, se hallará que, ó consisten en la confusion

y obscuridad de las voces, ó en los principios voluntarios que cada

partido toma para defenderlas. Así se ve, que donde quiera que se

conforman en los principios, solo disputan de los adherentes. Esta

costumbre ha trascendido á la Teología, donde si solo se tratasen las

qüestiones que pueden resolverse por la escritura y tradicion, que son

los principios fundamentales de la Religion Christiana, mantendria la

magestad que le es propia; mas como dexado este camino se mueven dudas

de cosas que no hay principios ciertos para resolverlas, puesto que ni

constan por la tradicion, ni por las Escrituras, se buscan para su

resolucion principios tomados de la Filosofía, la qual, como toda la que

se usa en las Escuelas es sistemática, hace tambien sistemática la

Teología. Obsérvense atentamente las ruidosas discordias sobre la

Ciencia de Dios, sobre la Gracia, sobre el libre albedrio del hombre, y

la combinacion de estas cosas entre sí, y se verá que las disputas se

mantienen porque quieren explicar, cada uno segun su partido, de un modo

humano lo que es divino, esto es, lo que es recóndito en los altísimos

senos de la Sabiduría Divina: y lo que no se ha manifestado á los

hombres por medio de la Escritura y tradicion, lo quieren alcanzar por

sus pensamientos puramente humanos, como si los inmensos atributos de

Dios estuvieran sujetos á la flaqueza de los hombres. _Cuidad mucho_,

decia el Apostol, _no os engañe alguno con la Filosofía_ (Epist. ad

Colossens. c. 2. v. 8.) ... _mis palabras no se fundan en las

persuasiones de la humana sabiduría_ (Paul. ad Corinth. epist. 1. c. 2.

v. 4.). En los libros donde se trata la Moral Christiana es donde hay

mas opiniones, debiendo ser donde hubiese menos. Es sumamente

perjudicial á la Religion y al Estado el estampar tantas Sumas de Moral

llenas de opiniones, y escritas con tan poca cultura, que mas parecen

libros para las Barberías que para las Iglesias. Si las costumbres han

de gobernarse por lo que enseñan las Divinas letras, las tradiciones

Apostólicas, la doctrina de los Padres, los cánones de los Concilios,

que son los principios fundamentales de la Moral: ¿cómo han de

dirigirlas los que solo estudian unas Sumas, donde lo que se trata no se

reduce á estas verdades fundamentales? Si el Derecho Natural y de

Gentes, y la razon instruida de estos principios, puede aprovechar

muchísimo á ilustrar las verdades católicas sobre las costumbres: ¿qué

se ha de esperar de unos libros, donde no se trata nada de esto, ni sus

Autores por la mayor parte han cultivado este estudio; antes bien muchos

de ellos hacen alarde de despreciarlo? El Padre CONCINA en una erudíta

Disertacion que compuso sobre esto, intenta probar que el Moralista que

dá dictámenes de conciencia sin estudio fundado de las Divinas

Escrituras, de los Padres, y de los Concilios, falta gravemente á su

obligacion. En lugar de estos principios substituyen otros arbitrarios

que sirven para acomodarlos á sus opiniones. Han tomado por máxîma

cierta que el Angel malo por la dignidad de la naturaleza angélica puede

todo quanto hace y executa la naturaleza: añaden otra máxîma, que

habiendo quedado en los Angeles malos su ciencia, con ella pueden,

aplicando las causas eficientes á los sugetos (_activa passivis_), obrar

cosas maravillosas; de aquí han nacido los vuelos de las brujas, la

impotencia respectiva por maleficios, los hechizos, encantos, y otras

monstruosidades en que se emplean muchas páginas, y se pierde muchísimo

tiempo. De los Angeles buenos y malos, de su ciencia, de su poder, no

hay otras noticias que las de las Sagradas Escrituras. La Santa Iglesia,

fiel Intérprete de ellas, nada nos manda creer sobre esta potencia tan

decantada, y mucho de lo que de ella se dice está fundado en los

principios de la comun doctrina de las Escuelas, como lo he mostrado en

mi discurso _sobre la aplicacion de la Filosofía á las asuntos de

Religion_. En fe de esto, el mantener tantas qüestiones sobre

maleficios, pactos implícitos y sus efectos, como hay en las Sumas de

Moral, ¿puede servir para otra cosa, que para fomentar vanas opiniones,

y radicarlas en el Pueblo, de donde de todo punto se debieran desterrar?

Son certísimos los documentos que dió el Divino Legislador Jesu-Christo

para dirigir bien nuestras costumbres: son de inviolable fe los cánones

que la Iglesia nos prescribe para este efecto: es de sumo peso la

doctrina que los Padres nos han dexado, gobernados de las propuestas

luces para que nuestras obras sean laudables: son fixos y ciertos los

principios del Derecho Natural, y de las Gentes para dirigir nuestra

conducta en ese ramo. Si hay, pues, estos principios ciertos, seguros, é

indubitables, ¿á qué propósito inventar otros para fomento de opiniones?

¿Será creible que Dios nos haya dado luces para hacer demostraciones

físicas, matemáticas, y de otras cosas puramente mundanas, y nos haya

dexado envueltos entre dudas y discordias sobre nuestra salud eterna? No

digo por eso, que todo se haya de demostrar en lo Moral, porque los

adherentes que se mezclan con los asuntos principales, nuestra flaqueza,

ignorancia, y descuidos hacen, que no siempre podamos llegar á ver con

toda evidencia la conformidad de nuestras resoluciones con las verdades

fundamentales; pero estoy cierto, que si se estudian los verdaderos

principios del Moral, y se trabaja en hacer la debida aplicacion de

ellos al exercicio de nuestras operaciones, se procederá con mas acierto

en materia de costumbres, y se podrán quitar de este estudio un

copiosísimo número de opiniones ruidosas.

[49] En los tiempos antiguos, sin estas Sumas oían los Doctores

Eclesiásticos las dudas de los Fieles sobre su modo de obrar, y las

resolvian por estas máxîmas; y si no alcanzaban á hacerlo en casos muy

graves, consultaban los Obispos, los quales, segun la doctrina de la

Iglesia, cuya custodia les está encargada, quitaban las dificultades.

Para dirigir el juicio con acierto en las opiniones conviene distinguir

las cosas de hecho y las de doctrina. Llamamos cosas _de hecho_ las que

son, han sido, ó han de ser, así en lo Físico, como en lo Moral, de

manera, que lo que se busca en ellas es, si exîsten, han exîstido, ó han

de exîstir. Cosas de _doctrina_ son las averiguaciones que hace el

entendimiento de la esencia, causas, atributos, &c. de las cosas de

hecho. Quando las cosas de hecho son puramente físicas, los principios

fixos que hay para juzgar de ellas son las noticias que dan los sentidos

y la experiencia que dimana de ellos. Lo que no pueda reducirse á estos

principios es incierto, y por mucho que se quiera fundar, pára en

opinion, debiendo poner cuidado en no asegurar lo que no puede reducirse

á los principios primeros. Los antiguos en esto fueron mas cautos que

algunos modernos. Observaban muchas obras de la naturaleza, cuyas causas

y modos de obrar eran ocultos por no presentarse á los sentidos, como la

generacion de los metales, las virtudes de los venenos, las simpatías,

los periodos de las tercianas, y otras semejantes, el origen, aumento y

carrera de la vida de los animales y de las plantas, y otras muchísimas

cosas que están sumergidas en lo mas profundo del pozo de Demócrito, y

se contentaban con ver los efectos que se observaban con los sentidos, y

lo demas decian que venía de una _virtud y qualidad oculta_. Los

modernos han vituperado esta explicacion, como que la qualidad oculta es

asilo de la ignorancia; pero si se vé lo que han adelantado en estas

cosas, se hallará que no son mas que razonamientos sistemáticos, que

cada cincuenta años se mudan, porque por muy especiosos que sean, con el

tiempo se conoce su poca, ó ninguna subsistencia. El que está instruido

en la Historia Filosófica sabe que esto es verdad. ¿No fuera mejor

confesar la ignorancia de una cosa que hasta ahora no se ha podido

alcanzar, que engañar con arrogantes y vanos discursos á los incautos?

Una de las cosas en que se conocen los grandes talentos es la confesion

ingénua de lo que ignoran, y el cuidado que ponen en no afirmar lo que

todavía no está descubierto. Si los asuntos sobre que recaen las

opiniones viniesen solos, no fuera tan difícil averiguar su conformidad

con los primeros principios; mas viniendo juntos con muchos adherentes

inseparables, son tambien muchos los principios á que se ha de atender

para juzgar con acierto. ¿Dúdase si deberá ayunar una muger preñada?

Aquí se juntan las obligaciones del ayuno, y las de mantener el feto. Si

las leyes del ayuno le prescriben la abstinencia de ciertos manjares, y

las limitaciones de usarlos, las de la conservacion propia y del feto le

dictan que use de los mantenimientos que por su calidad y cantidad sean

á propósito para sustentarse á sí, y á lo que lleva en sus entrañas. En

esta combinacion de leyes, que son los principios por donde se ha de

resolver la qüestion, es preciso atender á las mas urgentes y necesarias

por la máxîma primitiva _de acudir á lo mas preciso sin despreciar lo

demas quando hay lugar_; y siendo mas necesaria la conservacion propia,

y la del feto, que la mortificacion que se intenta con el ayuno,

prefiere el entendimiento las leyes naturales á las Eclesiásticas, y

resuelve que la muger preñada no está obligada al ayuno. Si una madre

criando á su propio hijo padece mucha quiebra en la salud, ó está en

peligro de padecerla, ¿se duda si ha de continuar? Por una parte está el

amor natural de los padres, y la ley que dicta la obligacion de

sustentar á sus hijos: por otra está la ley de la caridad que ha de

empezar por uno mismo. El hijo ya nacido es próximo, bien que en esta

linea es el mas inmediato y mas cercano; el que está en el vientre de la

madre es como parte de ella. Los mismos principios que exîmen á la muger

preñada del ayuno, exîmen tambien á la que ha parido de criar á su hijo,

quando hay daño manifiesto en su propia conservacion. A este modo han de

reducirse todas las dudas á sus principios; y por el enlace que tienen

las cosas y los negocios conviene instruirse en las máxîmas

fundamentales de la razon y de las Artes; y quando esto no pueda hacerse

asociar á sí perítos ingenuos, que con candor muestran las conexîones de

las cosas con los fundamentos de la razon en cada materia. Así que el

Letrado, que no sabe mas que las leyes, no puede resolver por sí solo

con acierto los casos que llevan adherentes de Física, Medicina,

Política, Agricultura y otras Artes. Lo mismo ha de entenderse del

Teólogo y Canonista, debiendo todos aplicar sus luces á lo que

entienden, y valerse de otros en lo que necesiten, que esto y mucho mas

merece la verdad y los beneficios que han de esperarse de ella.

[50] Los afectos del ánimo, que inseparablemente acompañan á las

opiniones, estorban el buen uso de ellas. El amor propio, que incita al

hombre á no reconocer superior, le hace creer que lo que piensa es lo

mejor y mas acertado: cada uno sostiene sus opiniones como verdades

fundamentales, y no da oidos á ninguno que piense de otra manera. Como

aborrecemos todo lo que nos es contrario, de ahí nacen los odios y

enemistades entre los de opiniones opuestas, y de estos las injurias,

venganzas, y otros males gravísimos que cada dia tenemos á la vista en

los profesores de todas las Facultades. La razon dicta, que nadie se

tenga por Juez y árbitro de la verdad en cosas opinables, que nos

oygamos, pesando las razones de cada uno recíprocamente, que abracemos

la verdad, aunque venga de nuestro mayor enemigo, que el que tiene mas

luces, se compadezca del que no las tiene, y que nunca hagamos guerra de

la voluntad, lo que solo es oposicion del entendimiento. Como el

extinguirse las contiendas de cosas que importan poco entre los

profesores de Teología, es necesario para que reyne la paz, y la verdad

no padezca detrimento, quiero poner lo que el Emperador CONSTANTINO

aconsejaba á los que turbaban la Iglesia con qüestiones voluntarias,

vanas é importunas, contrarias á la edificacion de los Fieles: "Las

qüestiones que ninguna ley ni regla Eclesiástica prescribe con

obligacion, antes dimanan de vanas altercaciones, aunque no se propongan

sino con el fin de exercitar el ingenio, deben contenerse en lo interior

de la mente, y no sacarlas á la vista del Pueblo, ni fiarlas

inconsideradamente á los oidos del vulgo.... Ni es conveniente que por

vuestras contiendas imprudentes sobre cosas de tan poco momento se lleve

el Pueblo á disension.... Si los Filósofos, aunque por la doctrina que

cada uno de ellos sostiene estén discordes, con todo están unidos por la

profesion con que mutuamente conspiran, no será mucho mas razonable que

los que somos siervos de Dios Todo poderoso estemos unidos, conformando

nuestros ánimos por el instituto de la Religion que profesamos? Pensemos

con mas cuidado: si será del caso que los hermanos riñan con los

hermanos por una liviana y inutil contienda de palabras, y que la paz se

quebrante con impía disension por vosotros que altercais por cosas tan

pequeñas, y en manera ninguna necesarias? Son estos procedimientos

populares y mas propios de la ignorancia de los niños que de la

sabiduría de los Sacerdotes y hombres prudentes ... y siendo entre

vosotros una misma la fe y una misma la creencia de Religion:

obligándonos el precepto de la ley á tener conformes las voluntades,

esto que ha movido entre vosotros la contienda, puesto que no pertenece

al principal fundamento de la Religion, no hay motivo para que mantenga

entre vosotros la discordia y la sedicion. No digo esto para obligaros á

que seais en todo de un mismo parecer, porque ni queremos todos una

misma cosa, ni pensamos de una misma manera; pero debe mantenerse entre

todos la union y la paz, aunque haya disension en cosas de poco

momento[a]."

[Nota a: Eusebius _de Vita Constantini, lib. 2. capit. 69. tom. 1.

pagin. 391. edicion de Amsterdam, año de 1695._]

[51] Para el remedio que debe aplicarse, segun buena Lógica, á fin de

llevar el entendimiento, en quanto sea posible, á la demostracion, y no

entregarse á las opiniones, ademas de las máxîmas que hemos propuesto

antes, será conveniente, que en qualquiera qüestion que se haya de

tratar, se mire primero si hay principios y verdades fundamentales para

resolverla, y si los hay, todo el cuidado se ha de poner en hallar la

conformidad de lo que se busca con los principios, haciéndolo de

raciocinio en raciocinio, como hemos explicado, tratando de las

demostraciones: si no hay principios, ó no se han descubierto hasta

ahora, es en vano buscar la certeza, y conviene entonces suspender el

juicio y no dar asenso á lo que se concibe. Si las cosas donde no hay

principios para resolverlas son puramente teóricas, es perder el tiempo

meterlas en disputa, como son muchas qüestiones de la Teología,

Metafísica, Física, y otras Artes: si son prácticas, de manera que sea

menester proceder á la obra, entonces se ha de solicitar la mayor

verosimilitud, que se consigue buscando para nuestra conducta la

conexîon que nuestro dictamen pueda tener con verdades ya conocidas,

ayudándonos para esto de la semejanza, correspondencia de acciones,

tiempos, &c. De esta manera se procede por lo comun en la Política, y

alguna vez en la Moral. Quando hay principios y verdades fundamentales,

que se ignoran por falta de estudio y aplicacion, ó no se descubren por

negligencia, son claros los remedios que se han de aplicar, pues

consisten en trabajar contra la ignorancia, dexar la pereza, y aplicar

todo el cuidado en descubrir la conexîon que tiene con las verdades

fundamentales aquello que se quiere saber. Si los principios son

fingidos como en los sistemáticos, el remedio es un absoluto desprecio

de todas sus opiniones. En este importante asunto de gobernar el

entendimiento en las cosas opinables, conviene mas que nunca tener

presente el consejo del Apostol: _Omnia probate, quod bonum est tenete_.

CAPITULO XVI.

_De la Crítica._

[52] Entre los Filósofos antiguos hubo algunos que dixeron que el

entendimiento humano no alcanza verdad alguna, y que en todas las cosas

no ve mas que apariencias, y sombras, por donde dudaban de todo y no se

daban por seguros de nada. Llamáronse Scépticos de la voz griega

[Griego: _Skephis_] _scepsis_, que quiere decir _consideracion_, como

que toda su Filosofía se empleaba en considerar y atender las cosas, sin

afirmar, ni negar nada de ellas. Por el presente basta esta noticia,

porque el tratar los varios grados y nombres que tenian los Filósofos

con el modo de considerar y dudar de las cosas, pertenece á la Historia

Filosófica. En la antigüedad SEXTO EMPIRICO, Escritor Griego, trató y

explicó la Filosofía de los Scépticos con mucha extension. Esta Obra

debe ser leida para saber muchas cosas de los Filósofos Griegos, que no

se hallan facilmente en otra parte; pero conviene saber, que los

argumentos con que quiere Sexto Empírico patrocinar el Scepticismo

universal, demas de la nimia prolixidad, son muy superficiales y de poco

momento, como lo conocerá quien quiera que le lea con atencion. En

nuestros tiempos, en que con título de _inventos_ no se hace otra cosa

que renovar las opiniones antiguas, ha vuelto á renacer una secta de

Scépticos de peor condicion que los antiguos, porque llevan la duda mas

allá que estos, y la extienden á las cosas de Religion. Bien comun es el

pernicioso libro, que se publicó en Francia no ha muchos años con el

título: _De la flaqueza del entendimiento humano_, donde el scepticismo

se defiende con mas rigor que en la escuela de Pyrrhon. Atribúyese al

insigne PEDRO DANIEL HUECIO, Obispo de Avranches, y hay muchos que así

lo creen; pero MURATORI, que impugnó este libro con otro que compuso de

propósito con opuesto título, ha puesto en duda que fuese de este docto

Prelado[a]. Aquí no pertenece rechazar á estos Sectarios, ni de ello hay

necesidad, porque lo que llevamos escrito, y lo que cada uno sabe que le

sucede, meditando en sí mismo, es un testimonio calificado contra tales

Filósofos; y entiendo que todo el género humano, gobernándose por sus

nociones y verdades originales, es un testigo firme y un impugnador

perpetuo de sus errores. Los demas Filósofos, creyendo que se alcanzan

algunas verdades, trataban del modo de adquirirlas, y á este exámen

llamaron [Griego: _Kriterion_] _Criterion_, y al juicio que resultaba

[Griego: _Krisis_] _Crisis_. Ahora con voz harto introducida entre los

literatos lo llamamos _Crítica_. Incluye, pues, la crítica el exámen y

averiguacion de la verdad junto con el juicio que resulta de este

exámen. Quando las cosas constan por los primeros principios, por las

demostraciones y sylogismos bien ordenados, precediendo las

difiniciones, divisiones, signos, causas, y quanto hasta aquí llevamos

propuesto, como medios de alcanzar la verdad, hecho todo con exâctitud,

no estan sujetas á la crítica, porque nos constan con toda evidencia;

pero quando nuestras inquisiciones paran en opinion, verosimilitud, y

probabilidad, ya sea en cosas de hecho, ya de doctrina, la crítica es

necesaria para asegurarnos, quanto sea posible, de la verdad; y la falta

de crítica es causa de innumerables errores: de modo, que los que la

vituperan, quando es como debe ser, son enemigos declarados de la Lógica

sensata, y de la buena razon. Las reglas de crítica son todas las de una

buena Lógica: algunos ponen en orden ciertas máxîmas, y las extienden

mucho; mas yo teniendo por fundamentos de crítica lo que hasta aquí he

escrito, no propondré mas que unas pocas reglas generales, que,

teniéndose á la mano quando se ofrezcan, sean suficientes para poder

juzgar con acierto de lo que se trata; y será preciso en la explicacion

de ellas, ademas de la Lógica, valernos de algunos principios de otras

Ciencias, pues que así lo pide el asunto, y el necesario encadenamiento

de las verdades que busca el entendimiento humano. Fuera de que la

Lógica solo prescribe reglas comunes, las quales no pueden aplicarse

bien sin la noticia, é inteligencia de las Artes y Ciencias á que se

arriman, pues la verdad que se intenta averiguar pertenece en particular

á cada una de ellas. Con esto nadie se ha de tener por crítico con sola

la Lógica, ni tampoco será buen crítico en ninguna Ciencia, ó profesion

sin ella.

[Nota a: En la prefacion á su Obra: _De la fuerza del entendimiento_.]

[53] Regla primera: _Si una cosa envuelve dos contradictorias, no ha de

creerse_. Proposiciones contradictorias son aquellas que afirman y

niegan á un tiempo mismo una cosa de otra, como _Pedro es blanco_, y

_Pedro no es blanco_; y es claro que qualquiera nocion que envuelva

proposiciones semejantes es falsa, porque no es posible ser las dos

contradictorias verdaderas, segun aquel principio de luz natural: _Es

imposible que una cosa sea, y no sea_. Aunque estas contradictorias no

se hallen en la substancia de la cosa, sino en algunas de sus

principales circunstancias, la hacen increible, porque el entendimiento

no puede creer un hecho que va acompañado necesariamente de

circunstancias imposibles.

[54] Regla segunda: _Si una cosa contingente se propone solo como

posible, no ha de creerse_. Porque en las cosas que pueden exîstir, y

dexar de exîstir, la posibilidad sola no muestra la existencia: así, que

Ticio pueda ser Sacerdote, no es prueba de que lo sea. En las Escuelas

está recibido, que de la potencia de una cosa á su actual existencia no

se arguye bien.

[55] Regla tercera: _Qualquiera cosa no solo ha de ser posible, y ha de

proponerse como exîstente, sino que su existencia con las circunstancias

con que se presenta, ha de ser verosimil_. Quando el hombre ve la verdad

con evidencia, ó con certidumbre, no necesita de reglas para asentir á

ella; pero quando no puede lograr la certidumbre, ni la evidencia, desea

á lo menos la verosimilitud. Para entender esto mejor se ha de saber,

que siempre que el hombre ha de asentir á una cosa, ve antes si es

conforme ó no con los primeros principios, con la experiencia, ó con

aquellas verdades que tiene recogidas, y depositadas para que le sirvan

de fundamentos. Si aquello que se propone es claramente conforme con

estos principios, es evidentemente verdadero; si la conformidad de la

cosa con los principios no es clara, entonces considera si se acerca, ó

no á ellos, y tiene por mas verosimil aquello, que nota tener mayor

conformidad con tales principios. Sea exemplo: Dice EUCLIDES, que todas

las lineas que en un círculo van desde la circunferencia al centro son

iguales, y que en todo triángulo los tres ángulos equivalen á dos

rectos: el entendimiento halla tanta conformidad entre estas cosas, y

los primeros principios, que con un poco de atencion facilmente asiente

á ellas. Dice COPERNICO, y antes de él algunos antiguos, que la tierra

da cada dia una vuelta entera sobre su exe, y que en un año la da al

rededor del Sol, que supone estar en el centro del mundo; y considerando

el entendimiento, que no se conforma este hecho que refiere Copérnico

con las verdades que alcanzamos con los sentidos, le mira con

desconfianza.

[56] Regla quarta: _Para creer los hechos contingentes y expuestos á los

sentidos, no basta que sean verosímiles: es menester tambien que alguno

asegure su existencia_. Si los hechos son contingentes pueden exîstir, y

dexar de exîstir, esto es, considera el entendimiento, que la existencia

de ellos se puede conformar con los principios de la razon humana, y

tambien la no exîstencia: por consiguiente, atendida la naturaleza de

los hechos contingentes, tan verosimil es que exîstan, como que dexen

de exîstir. Para que el entendimiento, pues, pueda asentir á su

exîstencia, es menester que haya quien la asegure con la experiencia.

Por exemplo: Es cosa contingente que se dé, ó no una batalla, y el

entendimiento ninguna oposicion halla con los principios de la razon

quando considera que la ha habido, y quando considera que no la ha

habido; pero si despues hay algunos que atestiguan haberse dado la

batalla, entonces asiente á eso, porque demas de la verosimilitud

intrínseca que en sí lleva el hecho, se añade el testimonio experimental

que inclina al asenso. Piensa tambien el entendimiento, y mira como

verosimil la exîstencia de una Puente de un solo arco, y de trescientos

pies de longitud: mírala como verosimil, porque la fábrica de semejante

Puente no se opone á las reglas ciertas de la arquitectura; pero no

obstante para creer su exîstencia es necesario que alguno atestigüe

haberla visto, como en la realidad la han visto muchos en la China.

[57] Regla quinta: _Para creer los hechos contingentes no solo es

necesario que sean verosímiles y probados por testigos, base de atender

tambien la calidad de los que atestiguan, y la grandeza, ó pequeñez del

hecho antes de dar el asenso_. Las cosas que se sujetan á nuestros

sentidos, antes de creerlas, hemos nosotros mismos de exâminarlas, y así

nos asegurarémos de la verdad, porque todos los hombres pueden

engañarnos, unos por malicia, otros por ignorancia: con que si nosotros

mismos exâminamos la cosa, no estarémos tan expuestos al error. Fuera de

esto, los hechos han de observarse de manera, que se eviten los errores

que los sentidos ocasionan, y esto lo podremos hacer nosotros mismos con

mayor satisfaccion que otros, de quien dudamos si han puesto la atencion

necesaria. Añádese, que es muy comun equivocar los hombres las

sensaciones con los juicios que las acompañan, y de ordinario quando nos

cuentan un suceso nos dicen el juicio que hacen de él, y no la

percepcion que han tenido.

Logica · 第 12 / 28 段