entendimiento á las verdades fundamentales, sino tomar en lugar de ellas
por principios lo que le sugiere su propio ingenio. Este es el origen de
los sistemas, y la raíz de tantas opiniones como reynan entre los
literatos. La voz _sistema_ en su rigurosa significacion muestra un
conjunto de cosas conexâs entre sí. Acomodóse en otro tiempo á cosas
serias, y vanas. Mas desde que los Filósofos siguiendo á los Astrónomos
han aplicado el sistema al orden de pensamientos con que intentan
satisfacer las dificultades que ocurren en las cosas, formándose
principios arbitrarios para explicarlas, se ha limitado su significacion
á mostrar las varias opiniones filosóficas, sostenidas con conexîon de
discursos fundados sobre los referidos principios. En este sentido se
opone el sistemático al experimental en lo físico, porque este no admite
otros principios que las leyes de la naturaleza conocidas por la
experiencia; de modo, que la conexîon que guarda, sin salir jamas de la
observacion, consiste en enlazar unas leyes de la naturaleza con otras,
y no deducir conseqüencia ninguna que no tenga por antecedentes lo
descubierto por la experiencia. El sistemático por el contrario nunca
pierde de vista los principios que se ha figurado, y no siendo estos
naturales, tampoco son conformes á lo natural sus raciocinios. En mi
discurso _sobre el Mecanismo_ se puede ver explicado esto con muchos
exemplos. Si se miran atentamente tantas y tan extrañas opiniones, como
se fomentan en las Escuelas, se hallará que, ó consisten en la confusion
y obscuridad de las voces, ó en los principios voluntarios que cada
partido toma para defenderlas. Así se ve, que donde quiera que se
conforman en los principios, solo disputan de los adherentes. Esta
costumbre ha trascendido á la Teología, donde si solo se tratasen las
qüestiones que pueden resolverse por la escritura y tradicion, que son
los principios fundamentales de la Religion Christiana, mantendria la
magestad que le es propia; mas como dexado este camino se mueven dudas
de cosas que no hay principios ciertos para resolverlas, puesto que ni
constan por la tradicion, ni por las Escrituras, se buscan para su
resolucion principios tomados de la Filosofía, la qual, como toda la que
se usa en las Escuelas es sistemática, hace tambien sistemática la
Teología. Obsérvense atentamente las ruidosas discordias sobre la
Ciencia de Dios, sobre la Gracia, sobre el libre albedrio del hombre, y
la combinacion de estas cosas entre sí, y se verá que las disputas se
mantienen porque quieren explicar, cada uno segun su partido, de un modo
humano lo que es divino, esto es, lo que es recóndito en los altísimos
senos de la Sabiduría Divina: y lo que no se ha manifestado á los
hombres por medio de la Escritura y tradicion, lo quieren alcanzar por
sus pensamientos puramente humanos, como si los inmensos atributos de
Dios estuvieran sujetos á la flaqueza de los hombres. _Cuidad mucho_,
decia el Apostol, _no os engañe alguno con la Filosofía_ (Epist. ad
Colossens. c. 2. v. 8.) ... _mis palabras no se fundan en las
persuasiones de la humana sabiduría_ (Paul. ad Corinth. epist. 1. c. 2.
v. 4.). En los libros donde se trata la Moral Christiana es donde hay
mas opiniones, debiendo ser donde hubiese menos. Es sumamente
perjudicial á la Religion y al Estado el estampar tantas Sumas de Moral
llenas de opiniones, y escritas con tan poca cultura, que mas parecen
libros para las Barberías que para las Iglesias. Si las costumbres han
de gobernarse por lo que enseñan las Divinas letras, las tradiciones
Apostólicas, la doctrina de los Padres, los cánones de los Concilios,
que son los principios fundamentales de la Moral: ¿cómo han de
dirigirlas los que solo estudian unas Sumas, donde lo que se trata no se
reduce á estas verdades fundamentales? Si el Derecho Natural y de
Gentes, y la razon instruida de estos principios, puede aprovechar
muchísimo á ilustrar las verdades católicas sobre las costumbres: ¿qué
se ha de esperar de unos libros, donde no se trata nada de esto, ni sus
Autores por la mayor parte han cultivado este estudio; antes bien muchos
de ellos hacen alarde de despreciarlo? El Padre CONCINA en una erudíta
Disertacion que compuso sobre esto, intenta probar que el Moralista que
dá dictámenes de conciencia sin estudio fundado de las Divinas
Escrituras, de los Padres, y de los Concilios, falta gravemente á su
obligacion. En lugar de estos principios substituyen otros arbitrarios
que sirven para acomodarlos á sus opiniones. Han tomado por máxîma
cierta que el Angel malo por la dignidad de la naturaleza angélica puede
todo quanto hace y executa la naturaleza: añaden otra máxîma, que
habiendo quedado en los Angeles malos su ciencia, con ella pueden,
aplicando las causas eficientes á los sugetos (_activa passivis_), obrar
cosas maravillosas; de aquí han nacido los vuelos de las brujas, la
impotencia respectiva por maleficios, los hechizos, encantos, y otras
monstruosidades en que se emplean muchas páginas, y se pierde muchísimo
tiempo. De los Angeles buenos y malos, de su ciencia, de su poder, no
hay otras noticias que las de las Sagradas Escrituras. La Santa Iglesia,
fiel Intérprete de ellas, nada nos manda creer sobre esta potencia tan
decantada, y mucho de lo que de ella se dice está fundado en los
principios de la comun doctrina de las Escuelas, como lo he mostrado en
mi discurso _sobre la aplicacion de la Filosofía á las asuntos de
Religion_. En fe de esto, el mantener tantas qüestiones sobre
maleficios, pactos implícitos y sus efectos, como hay en las Sumas de
Moral, ¿puede servir para otra cosa, que para fomentar vanas opiniones,
y radicarlas en el Pueblo, de donde de todo punto se debieran desterrar?
Son certísimos los documentos que dió el Divino Legislador Jesu-Christo
para dirigir bien nuestras costumbres: son de inviolable fe los cánones
que la Iglesia nos prescribe para este efecto: es de sumo peso la
doctrina que los Padres nos han dexado, gobernados de las propuestas
luces para que nuestras obras sean laudables: son fixos y ciertos los
principios del Derecho Natural, y de las Gentes para dirigir nuestra
conducta en ese ramo. Si hay, pues, estos principios ciertos, seguros, é
indubitables, ¿á qué propósito inventar otros para fomento de opiniones?
¿Será creible que Dios nos haya dado luces para hacer demostraciones
físicas, matemáticas, y de otras cosas puramente mundanas, y nos haya
dexado envueltos entre dudas y discordias sobre nuestra salud eterna? No
digo por eso, que todo se haya de demostrar en lo Moral, porque los
adherentes que se mezclan con los asuntos principales, nuestra flaqueza,
ignorancia, y descuidos hacen, que no siempre podamos llegar á ver con
toda evidencia la conformidad de nuestras resoluciones con las verdades
fundamentales; pero estoy cierto, que si se estudian los verdaderos
principios del Moral, y se trabaja en hacer la debida aplicacion de
ellos al exercicio de nuestras operaciones, se procederá con mas acierto
en materia de costumbres, y se podrán quitar de este estudio un
copiosísimo número de opiniones ruidosas.
[49] En los tiempos antiguos, sin estas Sumas oían los Doctores
Eclesiásticos las dudas de los Fieles sobre su modo de obrar, y las
resolvian por estas máxîmas; y si no alcanzaban á hacerlo en casos muy
graves, consultaban los Obispos, los quales, segun la doctrina de la
Iglesia, cuya custodia les está encargada, quitaban las dificultades.
Para dirigir el juicio con acierto en las opiniones conviene distinguir
las cosas de hecho y las de doctrina. Llamamos cosas _de hecho_ las que
son, han sido, ó han de ser, así en lo Físico, como en lo Moral, de
manera, que lo que se busca en ellas es, si exîsten, han exîstido, ó han
de exîstir. Cosas de _doctrina_ son las averiguaciones que hace el
entendimiento de la esencia, causas, atributos, &c. de las cosas de
hecho. Quando las cosas de hecho son puramente físicas, los principios
fixos que hay para juzgar de ellas son las noticias que dan los sentidos
y la experiencia que dimana de ellos. Lo que no pueda reducirse á estos
principios es incierto, y por mucho que se quiera fundar, pára en
opinion, debiendo poner cuidado en no asegurar lo que no puede reducirse
á los principios primeros. Los antiguos en esto fueron mas cautos que
algunos modernos. Observaban muchas obras de la naturaleza, cuyas causas
y modos de obrar eran ocultos por no presentarse á los sentidos, como la
generacion de los metales, las virtudes de los venenos, las simpatías,
los periodos de las tercianas, y otras semejantes, el origen, aumento y
carrera de la vida de los animales y de las plantas, y otras muchísimas
cosas que están sumergidas en lo mas profundo del pozo de Demócrito, y
se contentaban con ver los efectos que se observaban con los sentidos, y
lo demas decian que venía de una _virtud y qualidad oculta_. Los
modernos han vituperado esta explicacion, como que la qualidad oculta es
asilo de la ignorancia; pero si se vé lo que han adelantado en estas
cosas, se hallará que no son mas que razonamientos sistemáticos, que
cada cincuenta años se mudan, porque por muy especiosos que sean, con el
tiempo se conoce su poca, ó ninguna subsistencia. El que está instruido
en la Historia Filosófica sabe que esto es verdad. ¿No fuera mejor
confesar la ignorancia de una cosa que hasta ahora no se ha podido
alcanzar, que engañar con arrogantes y vanos discursos á los incautos?
Una de las cosas en que se conocen los grandes talentos es la confesion
ingénua de lo que ignoran, y el cuidado que ponen en no afirmar lo que
todavía no está descubierto. Si los asuntos sobre que recaen las
opiniones viniesen solos, no fuera tan difícil averiguar su conformidad
con los primeros principios; mas viniendo juntos con muchos adherentes
inseparables, son tambien muchos los principios á que se ha de atender
para juzgar con acierto. ¿Dúdase si deberá ayunar una muger preñada?
Aquí se juntan las obligaciones del ayuno, y las de mantener el feto. Si
las leyes del ayuno le prescriben la abstinencia de ciertos manjares, y
las limitaciones de usarlos, las de la conservacion propia y del feto le
dictan que use de los mantenimientos que por su calidad y cantidad sean
á propósito para sustentarse á sí, y á lo que lleva en sus entrañas. En
esta combinacion de leyes, que son los principios por donde se ha de
resolver la qüestion, es preciso atender á las mas urgentes y necesarias
por la máxîma primitiva _de acudir á lo mas preciso sin despreciar lo
demas quando hay lugar_; y siendo mas necesaria la conservacion propia,
y la del feto, que la mortificacion que se intenta con el ayuno,
prefiere el entendimiento las leyes naturales á las Eclesiásticas, y
resuelve que la muger preñada no está obligada al ayuno. Si una madre
criando á su propio hijo padece mucha quiebra en la salud, ó está en
peligro de padecerla, ¿se duda si ha de continuar? Por una parte está el
amor natural de los padres, y la ley que dicta la obligacion de
sustentar á sus hijos: por otra está la ley de la caridad que ha de
empezar por uno mismo. El hijo ya nacido es próximo, bien que en esta
linea es el mas inmediato y mas cercano; el que está en el vientre de la
madre es como parte de ella. Los mismos principios que exîmen á la muger
preñada del ayuno, exîmen tambien á la que ha parido de criar á su hijo,
quando hay daño manifiesto en su propia conservacion. A este modo han de
reducirse todas las dudas á sus principios; y por el enlace que tienen
las cosas y los negocios conviene instruirse en las máxîmas
fundamentales de la razon y de las Artes; y quando esto no pueda hacerse
asociar á sí perítos ingenuos, que con candor muestran las conexîones de
las cosas con los fundamentos de la razon en cada materia. Así que el
Letrado, que no sabe mas que las leyes, no puede resolver por sí solo
con acierto los casos que llevan adherentes de Física, Medicina,
Política, Agricultura y otras Artes. Lo mismo ha de entenderse del
Teólogo y Canonista, debiendo todos aplicar sus luces á lo que
entienden, y valerse de otros en lo que necesiten, que esto y mucho mas
merece la verdad y los beneficios que han de esperarse de ella.
[50] Los afectos del ánimo, que inseparablemente acompañan á las
opiniones, estorban el buen uso de ellas. El amor propio, que incita al
hombre á no reconocer superior, le hace creer que lo que piensa es lo
mejor y mas acertado: cada uno sostiene sus opiniones como verdades
fundamentales, y no da oidos á ninguno que piense de otra manera. Como
aborrecemos todo lo que nos es contrario, de ahí nacen los odios y
enemistades entre los de opiniones opuestas, y de estos las injurias,
venganzas, y otros males gravísimos que cada dia tenemos á la vista en
los profesores de todas las Facultades. La razon dicta, que nadie se
tenga por Juez y árbitro de la verdad en cosas opinables, que nos
oygamos, pesando las razones de cada uno recíprocamente, que abracemos
la verdad, aunque venga de nuestro mayor enemigo, que el que tiene mas
luces, se compadezca del que no las tiene, y que nunca hagamos guerra de
la voluntad, lo que solo es oposicion del entendimiento. Como el
extinguirse las contiendas de cosas que importan poco entre los
profesores de Teología, es necesario para que reyne la paz, y la verdad
no padezca detrimento, quiero poner lo que el Emperador CONSTANTINO
aconsejaba á los que turbaban la Iglesia con qüestiones voluntarias,
vanas é importunas, contrarias á la edificacion de los Fieles: "Las
qüestiones que ninguna ley ni regla Eclesiástica prescribe con
obligacion, antes dimanan de vanas altercaciones, aunque no se propongan
sino con el fin de exercitar el ingenio, deben contenerse en lo interior
de la mente, y no sacarlas á la vista del Pueblo, ni fiarlas
inconsideradamente á los oidos del vulgo.... Ni es conveniente que por
vuestras contiendas imprudentes sobre cosas de tan poco momento se lleve
el Pueblo á disension.... Si los Filósofos, aunque por la doctrina que
cada uno de ellos sostiene estén discordes, con todo están unidos por la
profesion con que mutuamente conspiran, no será mucho mas razonable que
los que somos siervos de Dios Todo poderoso estemos unidos, conformando
nuestros ánimos por el instituto de la Religion que profesamos? Pensemos
con mas cuidado: si será del caso que los hermanos riñan con los
hermanos por una liviana y inutil contienda de palabras, y que la paz se
quebrante con impía disension por vosotros que altercais por cosas tan
pequeñas, y en manera ninguna necesarias? Son estos procedimientos
populares y mas propios de la ignorancia de los niños que de la
sabiduría de los Sacerdotes y hombres prudentes ... y siendo entre
vosotros una misma la fe y una misma la creencia de Religion:
obligándonos el precepto de la ley á tener conformes las voluntades,
esto que ha movido entre vosotros la contienda, puesto que no pertenece
al principal fundamento de la Religion, no hay motivo para que mantenga
entre vosotros la discordia y la sedicion. No digo esto para obligaros á
que seais en todo de un mismo parecer, porque ni queremos todos una
misma cosa, ni pensamos de una misma manera; pero debe mantenerse entre
todos la union y la paz, aunque haya disension en cosas de poco
momento[a]."
[Nota a: Eusebius _de Vita Constantini, lib. 2. capit. 69. tom. 1.
pagin. 391. edicion de Amsterdam, año de 1695._]
[51] Para el remedio que debe aplicarse, segun buena Lógica, á fin de
llevar el entendimiento, en quanto sea posible, á la demostracion, y no
entregarse á las opiniones, ademas de las máxîmas que hemos propuesto
antes, será conveniente, que en qualquiera qüestion que se haya de
tratar, se mire primero si hay principios y verdades fundamentales para
resolverla, y si los hay, todo el cuidado se ha de poner en hallar la
conformidad de lo que se busca con los principios, haciéndolo de
raciocinio en raciocinio, como hemos explicado, tratando de las
demostraciones: si no hay principios, ó no se han descubierto hasta
ahora, es en vano buscar la certeza, y conviene entonces suspender el
juicio y no dar asenso á lo que se concibe. Si las cosas donde no hay
principios para resolverlas son puramente teóricas, es perder el tiempo
meterlas en disputa, como son muchas qüestiones de la Teología,
Metafísica, Física, y otras Artes: si son prácticas, de manera que sea
menester proceder á la obra, entonces se ha de solicitar la mayor
verosimilitud, que se consigue buscando para nuestra conducta la
conexîon que nuestro dictamen pueda tener con verdades ya conocidas,
ayudándonos para esto de la semejanza, correspondencia de acciones,
tiempos, &c. De esta manera se procede por lo comun en la Política, y
alguna vez en la Moral. Quando hay principios y verdades fundamentales,
que se ignoran por falta de estudio y aplicacion, ó no se descubren por
negligencia, son claros los remedios que se han de aplicar, pues
consisten en trabajar contra la ignorancia, dexar la pereza, y aplicar
todo el cuidado en descubrir la conexîon que tiene con las verdades
fundamentales aquello que se quiere saber. Si los principios son
fingidos como en los sistemáticos, el remedio es un absoluto desprecio
de todas sus opiniones. En este importante asunto de gobernar el
entendimiento en las cosas opinables, conviene mas que nunca tener
presente el consejo del Apostol: _Omnia probate, quod bonum est tenete_.
CAPITULO XVI.
_De la Crítica._
[52] Entre los Filósofos antiguos hubo algunos que dixeron que el
entendimiento humano no alcanza verdad alguna, y que en todas las cosas
no ve mas que apariencias, y sombras, por donde dudaban de todo y no se
daban por seguros de nada. Llamáronse Scépticos de la voz griega
[Griego: _Skephis_] _scepsis_, que quiere decir _consideracion_, como
que toda su Filosofía se empleaba en considerar y atender las cosas, sin
afirmar, ni negar nada de ellas. Por el presente basta esta noticia,
porque el tratar los varios grados y nombres que tenian los Filósofos
con el modo de considerar y dudar de las cosas, pertenece á la Historia
Filosófica. En la antigüedad SEXTO EMPIRICO, Escritor Griego, trató y
explicó la Filosofía de los Scépticos con mucha extension. Esta Obra
debe ser leida para saber muchas cosas de los Filósofos Griegos, que no
se hallan facilmente en otra parte; pero conviene saber, que los
argumentos con que quiere Sexto Empírico patrocinar el Scepticismo
universal, demas de la nimia prolixidad, son muy superficiales y de poco
momento, como lo conocerá quien quiera que le lea con atencion. En
nuestros tiempos, en que con título de _inventos_ no se hace otra cosa
que renovar las opiniones antiguas, ha vuelto á renacer una secta de
Scépticos de peor condicion que los antiguos, porque llevan la duda mas
allá que estos, y la extienden á las cosas de Religion. Bien comun es el
pernicioso libro, que se publicó en Francia no ha muchos años con el
título: _De la flaqueza del entendimiento humano_, donde el scepticismo
se defiende con mas rigor que en la escuela de Pyrrhon. Atribúyese al
insigne PEDRO DANIEL HUECIO, Obispo de Avranches, y hay muchos que así
lo creen; pero MURATORI, que impugnó este libro con otro que compuso de
propósito con opuesto título, ha puesto en duda que fuese de este docto
Prelado[a]. Aquí no pertenece rechazar á estos Sectarios, ni de ello hay
necesidad, porque lo que llevamos escrito, y lo que cada uno sabe que le
sucede, meditando en sí mismo, es un testimonio calificado contra tales
Filósofos; y entiendo que todo el género humano, gobernándose por sus
nociones y verdades originales, es un testigo firme y un impugnador
perpetuo de sus errores. Los demas Filósofos, creyendo que se alcanzan
algunas verdades, trataban del modo de adquirirlas, y á este exámen
llamaron [Griego: _Kriterion_] _Criterion_, y al juicio que resultaba
[Griego: _Krisis_] _Crisis_. Ahora con voz harto introducida entre los
literatos lo llamamos _Crítica_. Incluye, pues, la crítica el exámen y
averiguacion de la verdad junto con el juicio que resulta de este
exámen. Quando las cosas constan por los primeros principios, por las
demostraciones y sylogismos bien ordenados, precediendo las
difiniciones, divisiones, signos, causas, y quanto hasta aquí llevamos
propuesto, como medios de alcanzar la verdad, hecho todo con exâctitud,
no estan sujetas á la crítica, porque nos constan con toda evidencia;
pero quando nuestras inquisiciones paran en opinion, verosimilitud, y
probabilidad, ya sea en cosas de hecho, ya de doctrina, la crítica es
necesaria para asegurarnos, quanto sea posible, de la verdad; y la falta
de crítica es causa de innumerables errores: de modo, que los que la
vituperan, quando es como debe ser, son enemigos declarados de la Lógica
sensata, y de la buena razon. Las reglas de crítica son todas las de una
buena Lógica: algunos ponen en orden ciertas máxîmas, y las extienden
mucho; mas yo teniendo por fundamentos de crítica lo que hasta aquí he
escrito, no propondré mas que unas pocas reglas generales, que,
teniéndose á la mano quando se ofrezcan, sean suficientes para poder
juzgar con acierto de lo que se trata; y será preciso en la explicacion
de ellas, ademas de la Lógica, valernos de algunos principios de otras
Ciencias, pues que así lo pide el asunto, y el necesario encadenamiento
de las verdades que busca el entendimiento humano. Fuera de que la
Lógica solo prescribe reglas comunes, las quales no pueden aplicarse
bien sin la noticia, é inteligencia de las Artes y Ciencias á que se
arriman, pues la verdad que se intenta averiguar pertenece en particular
á cada una de ellas. Con esto nadie se ha de tener por crítico con sola
la Lógica, ni tampoco será buen crítico en ninguna Ciencia, ó profesion
sin ella.
[Nota a: En la prefacion á su Obra: _De la fuerza del entendimiento_.]
[53] Regla primera: _Si una cosa envuelve dos contradictorias, no ha de
creerse_. Proposiciones contradictorias son aquellas que afirman y
niegan á un tiempo mismo una cosa de otra, como _Pedro es blanco_, y
_Pedro no es blanco_; y es claro que qualquiera nocion que envuelva
proposiciones semejantes es falsa, porque no es posible ser las dos
contradictorias verdaderas, segun aquel principio de luz natural: _Es
imposible que una cosa sea, y no sea_. Aunque estas contradictorias no
se hallen en la substancia de la cosa, sino en algunas de sus
principales circunstancias, la hacen increible, porque el entendimiento
no puede creer un hecho que va acompañado necesariamente de
circunstancias imposibles.
[54] Regla segunda: _Si una cosa contingente se propone solo como
posible, no ha de creerse_. Porque en las cosas que pueden exîstir, y
dexar de exîstir, la posibilidad sola no muestra la existencia: así, que
Ticio pueda ser Sacerdote, no es prueba de que lo sea. En las Escuelas
está recibido, que de la potencia de una cosa á su actual existencia no
se arguye bien.
[55] Regla tercera: _Qualquiera cosa no solo ha de ser posible, y ha de
proponerse como exîstente, sino que su existencia con las circunstancias
con que se presenta, ha de ser verosimil_. Quando el hombre ve la verdad
con evidencia, ó con certidumbre, no necesita de reglas para asentir á
ella; pero quando no puede lograr la certidumbre, ni la evidencia, desea
á lo menos la verosimilitud. Para entender esto mejor se ha de saber,
que siempre que el hombre ha de asentir á una cosa, ve antes si es
conforme ó no con los primeros principios, con la experiencia, ó con
aquellas verdades que tiene recogidas, y depositadas para que le sirvan
de fundamentos. Si aquello que se propone es claramente conforme con
estos principios, es evidentemente verdadero; si la conformidad de la
cosa con los principios no es clara, entonces considera si se acerca, ó
no á ellos, y tiene por mas verosimil aquello, que nota tener mayor
conformidad con tales principios. Sea exemplo: Dice EUCLIDES, que todas
las lineas que en un círculo van desde la circunferencia al centro son
iguales, y que en todo triángulo los tres ángulos equivalen á dos
rectos: el entendimiento halla tanta conformidad entre estas cosas, y
los primeros principios, que con un poco de atencion facilmente asiente
á ellas. Dice COPERNICO, y antes de él algunos antiguos, que la tierra
da cada dia una vuelta entera sobre su exe, y que en un año la da al
rededor del Sol, que supone estar en el centro del mundo; y considerando
el entendimiento, que no se conforma este hecho que refiere Copérnico
con las verdades que alcanzamos con los sentidos, le mira con
desconfianza.
[56] Regla quarta: _Para creer los hechos contingentes y expuestos á los
sentidos, no basta que sean verosímiles: es menester tambien que alguno
asegure su existencia_. Si los hechos son contingentes pueden exîstir, y
dexar de exîstir, esto es, considera el entendimiento, que la existencia
de ellos se puede conformar con los principios de la razon humana, y
tambien la no exîstencia: por consiguiente, atendida la naturaleza de
los hechos contingentes, tan verosimil es que exîstan, como que dexen
de exîstir. Para que el entendimiento, pues, pueda asentir á su
exîstencia, es menester que haya quien la asegure con la experiencia.
Por exemplo: Es cosa contingente que se dé, ó no una batalla, y el
entendimiento ninguna oposicion halla con los principios de la razon
quando considera que la ha habido, y quando considera que no la ha
habido; pero si despues hay algunos que atestiguan haberse dado la
batalla, entonces asiente á eso, porque demas de la verosimilitud
intrínseca que en sí lleva el hecho, se añade el testimonio experimental
que inclina al asenso. Piensa tambien el entendimiento, y mira como
verosimil la exîstencia de una Puente de un solo arco, y de trescientos
pies de longitud: mírala como verosimil, porque la fábrica de semejante
Puente no se opone á las reglas ciertas de la arquitectura; pero no
obstante para creer su exîstencia es necesario que alguno atestigüe
haberla visto, como en la realidad la han visto muchos en la China.
[57] Regla quinta: _Para creer los hechos contingentes no solo es
necesario que sean verosímiles y probados por testigos, base de atender
tambien la calidad de los que atestiguan, y la grandeza, ó pequeñez del
hecho antes de dar el asenso_. Las cosas que se sujetan á nuestros
sentidos, antes de creerlas, hemos nosotros mismos de exâminarlas, y así
nos asegurarémos de la verdad, porque todos los hombres pueden
engañarnos, unos por malicia, otros por ignorancia: con que si nosotros
mismos exâminamos la cosa, no estarémos tan expuestos al error. Fuera de
esto, los hechos han de observarse de manera, que se eviten los errores
que los sentidos ocasionan, y esto lo podremos hacer nosotros mismos con
mayor satisfaccion que otros, de quien dudamos si han puesto la atencion
necesaria. Añádese, que es muy comun equivocar los hombres las
sensaciones con los juicios que las acompañan, y de ordinario quando nos
cuentan un suceso nos dicen el juicio que hacen de él, y no la
percepcion que han tenido.