[44] Quando las verdades fundamentales, ó las máxîmas que se deducen de

ellas, sirven de premisas en un sylogismo bien dispuesto, el

consiguiente es cierto y evidente, y el tal sylogismo se llama

_demostracion_; la qual no es otra cosa que un conocimiento cierto y

evidente de las cosas, deducido de premisas evidentes y ciertas.

Llamamos cierta la verdad de que estamos asegurados, como que no puede

faltar: _evidencia_ es el conocimiento que ademas de ser cierto y

seguro, nos muestra la verdad con la claridad misma con que solemos ver

las cosas. Así la certeza como la evidencia se consiguen, ó por medio de

la observacion experimental de los sentidos, ó por los principios de la

recta razon. Tan cierto y evidente es para mí, que es injusto un agravio

que se me hace, lo qual conozco por la razon, como que estoy padeciendo

en mi cuerpo quando tengo un dolor, lo qual alcanzo por los sentidos.

Con la misma certeza y evidencia que tengo de que el Sol trae luz y

calor, que es verdad sensible, estoy asegurado que el Sol ha recibido

estas fuerzas de Dios, lo qual es verdad de razon; porque así como soy

llevado á creer que el Sol trae consigo estas cosas, porque por sí

mismas nunca subsisten, y en la presencia del Sol nunca faltan, ni mas,

ni menos conozco que el Sol de sí mismo no tiene esta potencia por aquel

principio experimental, _que ningun ser corporeo viene de sí mismo, sino

de otra causa_, y otro de razon natural, _que no han de ir estas causas

hasta el infinito_, sino terminar en un ser que sea el origen y

principio de todos los movimientos, y á este ser llamamos _Dios_. Así

que la demostracion se ha de componer precisamente de verdades primeras,

ó de máxîmas, que tengan necesaria conexîon con ellas. Si hacemos

patente esta conexîon en lo que tratamos, decimos que lo hemos

demostrado: si no hemos llegado á eso, hemos de procurarlo, ordenando

las verdades (en las Escuelas las llaman _pruebas_) de sylogismo en

sylogismo, hasta encontrar el enlace de lo que intentamos probar con las

verdades fundamentales. En llegando á estas no se ha de pasar mas

adelante, porque son evidentes por sí mismas, y en viéndolas no hay

entendimiento que no quede asegurado y convencido: de modo, que dicen

bien los Escolásticos, que no se ha de disputar con los que niegan los

principios, y que lo que es por sí mismo claro, no necesita de pruebas.

Sea esto dicho de paso contra los Scépticos importunos y tupidos, que no

se rinden á la misma evidencia. Lock no estuvo constante tratando de

esto. Concede que el conocimiento _intuitivo_ es cierto y evidente, y

que con él estamos asegurados de la verdad. Llama _intuitivo_ el

conocimiento con que alcanzamos las cosas sin necesitar de otro

conocimiento, como son las verdades primitivas y primeros principios de

que hemos hablado. Dice tambien, que es cierto y evidente, aunque la

evidencia no es tan clara, lo que se prueba por necesaria conexîon con

los conocimientos _intuitivos_[a]. Tratando despues de las _máxîmas_,

que sirven de fundamento á los Filósofos para discurrir con acierto, las

quales son verdades fundamentales, deducidas y conexâs con las

primitivas, aunque no las tiene por absolutamente inútiles, las rechaza

como de poco uso, y en algunos casos como dañosas para alcanzar la

evidencia[b]. El extremo con que este y otros modernos persiguen las

Escuelas, hace que en algunas ocasiones no guarden perfecta conseqüencia

en la doctrina. Lo cierto es, que unas veces el entendimiento en una

cosa remota ve con claridad la conexîon que tiene con las verdades

primitivas, especialmente si es agudo, sagaz, y habituado á raciocinar,

y al punto asiente, ó disiente á ella, como que tácitamente, y en un

momento descubre todo el enlace de razonamientos con que se llega á los

primeros principios: otras veces no ve tan de cerca esta conexîon, y

entonces conviene pararse, y ir descubriendo el enlace de las verdades,

para quedar asegurado.

[Nota a: Lock _Essai del'entendem. lib. 4. cap. 2. pag. 432. y sig_.]

[Nota b: Lock _lib. 4. cap. 7. §. 11. pag. 495. y sig_.]

[45] Resta ahora proponer algunas advertencias para hacer bien las

demostraciones. Toda demostracion ha de tener por objeto las cosas

universales, porque de las singulares no puede haberla. Conócense las

singulares con toda evidencia por la aplicacion de los sentidos á las

cosas, y de la mente á las primeras nociones; pero no se demuestran, ni

lo necesitan, porque no es menester otro medio distinto de ellas mismas

para alcanzarlas. La presencia de la luz, lo pesado y liviano, el

movimiento, el frio y calor, y otras cosas á este modo con sola la

aplicacion de los sentidos son evidentes: como lo son tambien las

primeras y simples nociones que tiene el entendimiento, y sirven de

basa, y ocasion al ingenio para formar demostraciones. Es verdad, que

los universales se forman de los singulares; pero solo se hace

abstrayendo de estos los atributos comunes, los quales son los que

aprovechan para demostrar las cosas. En cada ente singular, ademas de

los predicados comunes, hay una particularidad tan propia suya, que no

se halla en otro ninguno aun del mismo género. Los Griegos la llamaron

[Griego: _Idyosynkrasia_] _idiosyncrasia_, de la qual se trata

extensamente en la Medicina, y no está sujeta á demostracion por ser

especial y propia de cada individuo. De esta singularidad nace la

distinta cara, genio, y especial temperamento de los hombres; y debe

esta conocerse por observacion particular, que solo sirve para aquella

determinada cosa donde reside, y no puede demostrarse, porque no hay

medio, antecedente, ni principio á que reducirla, por ser única. Debe

tambien la demostracion ser de cosas necesarias y perpetuas, porque así

será siempre verdadera, puesto que las cosas contingentes y que pasan,

por su misma mutacion estan expuestas á la incertidumbre. Por eso las

difiniciones y divisiones lógicas bien hechas son los medios mas á

propósito que hay para las demostraciones; y bien se ve que los

predicados esenciales son perpetuos y permanentes, y siempre unos mismos

en las cosas, porque ni se engendran de nuevo, ni se acaban: hácense

solo de nuevo, y se destruyen los singulares individuos que los

contienen. Para entender esto físicamente puede servir lo que hemos

dicho de los elementos, y de las semillas en el _discurso sobre el

Mecanismo_[a]. Sirve asimismo para demostrar las cosas el conocimiento

de sus causas. Para proceder en esto con acierto, especialmente en el

estudio de la naturaleza, cuyas demostraciones casi siempre se hacen por

este camino, conviene saber que por _causa_ no entendemos solo la

eficiente, sino tambien la _material_, que es el sugeto y basa de que se

compone una cosa: la _formal_, que es el conjunto de caractéres con que

se distingue de otras: la _instrumental_, que es el medio con que se

forma: la _final_, que es el fin á que se endereza. De todas estas

hablaba Virgilio quando decia: _dichoso aquel que puede conocer las

causas de las cosas[b], &c_. y con razon, porque es sumamente util

conocer y distinguir cada una de las causas propuestas. El no haber cosa

ninguna en que no concurran estas causas, es el motivo de ser útiles

para las demostraciones, y de ahí ha nacido la máxîma fundamental tantas

veces inculcada de Wolfio: _nada se hace sin razon suficiente_[c]. Por

esto han culpado muchos á Verulamio, que quitó del estudio de la Física

las causas finales, dando motivo con esto á introducir el _Epicurismo_.

Siendo, pues, preciso que estas causas estén conexâs con las cosas,

dimanan de ahí dos suertes de demostraciones: unas prueban las cosas por

sus causas, y se llaman _à priori_: otras descubren las causas por sus

efectos, y se llaman _à posteriori_; y ambas tienen su fuerza en el

necesario enlace con que las cosas y sus causas deben estar juntas. En

la naturaleza hay ciertas leyes generales, que siempre se guardan: hay

otras especiales y propias, que solo en ciertos casos se observan. Las

primeras conviene reducirlas á demostraciones por máxîmas universales,

ya se demuestren _à priori_, ya _à posteriori_. De esta clase son los

aforismos de Hippócrates: algunas máxîmas de la Física, aunque no tantas

como se cree: y las leyes generales, que van propuestas al principio de

mis _Instituciones Médicas_. Para hacer las demostraciones _à priori_,

conviene exâminar las causas evidentemente sensibles, notando el modo

como concurren en sus efectos. _La vida de los animales no se puede

mantener sin la respiracion. El ayre aun del modo que se hace sensible

es preciso para respirar: luego el ayre es preciso para mantener la vida

de los animales_. Las dos premisas de esta demostracion son evidentes y

experimentales. _Aquello que estando presente excita los animales y las

plantas á la propagacion, influye en la generacion de estas cosas: el

Sol con su presencia excita los animales y las plantas á la propagacion:

luego el Sol influye en la generacion de estas cosas_. A este modo

pueden formarse muchas demostraciones _à priori_ sobre la necesidad del

agua para la vegetacion y nutricion, sobre el frio y el calor, sobre las

pasiones del ánimo y sus efectos, y, por decirlo de una vez, sobre todas

las cosas, cuyas causas se presentan á los sentidos. _Lo justo y honesto

son verdaderos bienes: todo bien verdadero es digno de ser estimado:

luego lo justo y honesto es digno de ser estimado_. En esta demostracion

_à priori_ las premisas son principios de razon natural; y de un modo

semejante se puede demostrar la inmaterialidad é inmortalidad del alma:

la exîstencia de Dios como primera causa, y otras cosas de esta clase,

como pienso hacerlo en otra parte.

[Nota a: _Pág. 74. y sig_.]

[Nota b: Virgil. _Georgic. lib. 2. vers. 490_.]

[Nota c: Wolf. _Ontolog. Pars 1. sec. I. cap. 2. §. 70. pág. 28_.]

[46] Para hacer las demostraciones _à posteriori_, conviene saber que

hay ciertas causas que obran en la naturaleza ocultamente, de modo que

en sí mismas no se presentan á nuestros sentidos, y solo llegamos con

ellos á percibir sus efectos. El ayre en muchas ocasiones influye en los

cuerpos sin hacerlo por ninguna qualidad sensible, sino por una oculta

fuerza (Hippócrates la llama _divina_), que solo nos consta por los

efectos que causa. A este modo son ocultas muchas enfermedades internas,

las virtudes y modos de obrar de los venenos, y otras muchísimas cosas,

de modo que en esta linea en lo físico, debemos confesar, que es mas lo

que ignoramos que lo que sabemos. Mas los efectos que así vienen de

causas ocultas son en dos maneras: unos son totalmente inseparables de

su modo de obrar, porque dimanan inmediatamente del poder de la causa,

que dexaria de serlo si no los produxese: otros son contingentes, como

que para su produccion se requieren ciertas circunstancias en el sugeto

en que obran, las quales, por ser varias, hacen diversidad en la

produccion. A los primeros llamaron los Griegos [Griego: _Epiphenomenos_]

_Epiphenomenos_, que quiere decir que se manifiestan juntos con la

causa: á los segundos [Griego: _Epigenomenos_] _Epigenomenos_, que vale tanto

como que vienen despues. Unos y otros se ven en las enfermedades, en las

plantas, y en las mas de las producciones de la naturaleza. Con los

_Epiphenomenos_, formando primero historias exâctas de ellos, se hacen

demostraciones _à posteriori_, en que se descubre la actividad é

influencia de las causas ocultas: con los _Epigenomenos_ bien observados

se conoce la vehemencia y éxîto, ó término de la operacion. De ambos me

he valido yo en mi _Práctica Médica_ para manifestar las enfermedades

por sus símptomas, dando de este modo el conocimiento mas fixo que se

puede tener en estas cosas. Como el corazon del hombre es oculto, las

demostraciones de los Políticos, si es que las hay, pertenecen á esta

clase. Los Lógicos dicen, y conviene confesarlo, que las demostraciones

_à posteriori_ nunca son tan exâctas ni tan fixas como las que se hacen

_à priori_. No pongo exemplos de esto, porque todos mis escritos Físicos

y Médicos estan llenos de ellos; ó, por decirlo mas claro, he procurado

que fuesen un exemplo de estas reglas. Por lo que llevamos propuesto se

echa de ver quánta diligencia, sagacidad, exâctitud, y exámen se

requiere para hacer buenas demostraciones, y quán distantes de serlo

están muchas que se dan por tales en los libros modernos. El GENUENSE ha

llenado de este especioso título casi todos sus argumentos, y bien

mirados, apenas llegan muchos de ellos á una fundada probabilidad. Tan

lejos estan de la demostracion. Estos efectos, así necesarios como

contingentes, son los _signos_ de sus causas, de modo que los primeros

la descubren con seguridad por su necesaria conexîon con ella: los otros

no la muestran con tanta firmeza. A los primeros llamaron los Griegos

[Griego: _tekmerion_] _techmerion_, á los segundos, [Griego: _semeion_]

_semeion_, y de ambos usó primero con mucho acierto HIPPÓCRATES en la

Medicina: despues hizo ARISTÓTELES mencion de ellos en su libro [Griego:

_Peri Ermeneias_] _de Interpretatione_. Esta advertencia de los signos

es de suma consideracion, no solo en las Ciencias, sino en el trato

comun. Descúbrense con ellos las cosas ocultas, con tal que se distingan

los necesarios de los contingentes, y á cada clase se le dé el valor de

certeza que le corresponde. Grandes errores se han cometido en las

predicciones, adivinaciones, y profecías, por tener por signos fixos del

primer orden los que no lo son: todavía se cometen mayores en lo

político y en el trato civil, acostumbrándose los hombres con signos

ligeros (llámanse _sospechas_) ó muy contingentes, que á lo mas hacen

_conjeturas_, á asegurar la intencion de los que censuran. La mayor

parte de los juicios temerarios nacen de la mala observacion y poca

diligencia que se tiene en estos signos. Lo que hemos dicho hasta aquí

ha de entenderse de los signos naturales, porque las cosas que indican á

otras por instituto de los hombres, como los vocablos de las lenguas

provinciales, y el ramo sobre la puerta, que en algunos lugares

significa el vino para vender, y otras cosas á este modo, facilmente se

entiende lo que significan, si se pone cuidado en el uso que los hombres

á su beneplácito les han dado. La doctrina de los signos bien entendida

es sólida, y debe ocupar en la Lógica el lugar que los Escolásticos dan

á su tratado del _Signo_, donde no se explica nada util, y todo se

reduce á qüestiones pueriles, que emboban á los niños, y con ellas sin

aprender cosa alguna, se hacen tenazmente disputadores, y porfiados.

CAPITULO XV.

_De la Opinion._

[47] Quando el entendimiento, ó por los primeros principios, ó por las

demostraciones, alcanza claramente la verdad, queda convencido y

satisfecho, porque posee el bien á que aspira; mas quando se aplica á

saber una cosa, y no ve la conformidad de ella con los principios

ciertos de discurrir, queda con desconfianza y temor (en latin

_formido_), y este conocimiento es el que se llama _opinion_: de modo

que la opinion es un concepto mental con que el hombre no ve, ni

descubre claramente su conformidad con las primeras verdades. Mas si

llega á entrever la conformidad de lo que busca con los primeros

principios, se llama este concepto _verosimil_, y si se puede fortalecer

con argumentos se llama _probable_, bien que siempre queda en la esfera

de dudoso, lo que no puede demostrarse por sus principios fundamentales.

De dos maneras se forman las opiniones. El un modo es quando hay

principios que pueden servir para la certidumbre, y el entendimiento, ó

no los alcanza, ó no ve los medios de llegar á ellos. Los que en las

Ciencias estudian poco y sin buena guia, aunque ellas prestan principios

fundamentales, se gobiernan por meras opiniones, porque ni saben los

principios, ni pueden enlazar sus conceptos con las verdades

fundamentales. Lo mismo sucede á los que quieren hablar de las Artes,

que no profesan, ni conocen; porque ¿cómo pueden fundar sus discursos en

un asunto, en que ignoran los principios, que han de servir de basa á

sus razonamientos, y los medios de enlazar estos principios con sus

conceptos? Si los hombres se contuvieran en los límites de la razon, no

serían tan temerarios en juzgar de lo que no entienden, y dexarian que

cada cosa la manejasen los que son verdaderamente perítos en ella. En

los poderosos es donde está mas arraigado este defecto. Crece en ellos

el amor propio con el poder, y como son superiores á los demas en la

autoridad, lo quieren ser tambien en el entendimiento, siendo así que

este no reconoce otra superioridad que la de la razon. El hombre

mientras pueda no ha de gobernarse por opiniones, y debe aspirar á la

demostracion, para esto es menester que se instruya en los principios

fundamentales del saber, que procure conocer las cosas, y formar

difiniciones, y divisiones de ellas, que trabaje en descubrir sus

causas, y en distinguirlas por sus propios signos, y así de grado en

grado ir caminando hasta hermanar sus conceptos con las verdades

primitivas. Si esto se hiciera así, mayor sabiduría tendrian los

hombres; mas lo que sucede es, que por lo comun, y en las mas de las

cosas somos como una tropa de niños, que creen haber en la cima de un

monte encumbrado y áspero frutas de su gusto, y no las pueden lograr,

porque ni tienen fuerzas, ni saben los caminos, quando los hay, para

subir á ellas. He dicho _quando los hay_, porque nuestros mayores han

trabajado en abrir las sendas para hallar la verdad, y somos tales, que

por ignorancia, desidia, ó mala instruccion, no las seguimos, y así nos

gobernamos con opiniones vanísimas. Si esto hacemos en los caminos

abiertos, ¿qué se podrá esperar de nosotros en el discurso de las cosas

en que todavía están por descubrir? No sin fundamento algunos han

llamado á la opinion _Reyna del mundo_, por lo poco que se cuida de

averiguar con certeza la verdad. El vulgo ínfimo que suelen llamar _de

escalera abaxo_, es en esto de mejor condicion que el vulgo alto, que

llaman _de escalera arriba_. El Pueblo que constituye el primer vulgo

regularmente se gobierna por las primeras nociones sensibles, y por las

mas simples combinaciones del ingenio. En lo que es mas recóndito recibe

la ley de los que tiene por inteligentes, y se subordina. El vulgo

elevado no es así, porque se cree capaz de juzgar de todo, y lo hace con

gran satisfaccion, pero sin conocimiento; de modo, que los errores del

Pueblo en cosas substanciales siempre dimanan del vulgo superior á quien

mira como Maestro. De esto es un exemplo continuado el trato del mundo,

y debe entenderse de las cosas, que por su asunto y la poca seguridad

con que se tratan, quedan en la esfera de opiniones, puesto que son

muchísimas las que se tienen por tales, y son manifiestamente falsas. No

solo el vulgo está lleno de opiniones por no atender á los principios

fundamentales de la razon, sino tambien los Filósofos, NEWTON, hombre de

grande ingenio, miró como leyes generales de la naturaleza la _gravedad

y la atraccion_, y todas sus operaciones las quiso reducir á estos

principios. Que hay gravedad y atraccion en algunos cuerpos no se puede

dudar; mas que sean estas cosas generales en el universo lo niegan

muchos. Demos por ahora que lo sean: ¿por dónde se ha de probar que no

hay otras muchas leyes universales en la naturaleza para producir sus

obras, que ni pertenecen, ni se pueden reducir á estas? ¿cómo la

gravedad y atraccion intervienen en la constante produccion de flores en

la Primavera, y en el caer de las hojas en el Invierno? Las

fermentaciones, cocciones, fluidez, y movimientos de los cuerpos

fluidos: el sueño y vigilia, los periodos, la generacion y corrupcion de

los animales, y otras innumerables cosas á este modo, ¿qué conexîon

tienen con la gravedad y atraccion? Sé muy bien que FREIND, KEIL, MEAD,

todos tres Médicos doctos, han intentado explicar estas cosas por las

leyes Newtonianas; ¿pero con qué violencia y extravios? Si estos

Filósofos en sus discursos hubieran tenido mira á todos los principios

de la Física, y hubieran considerado todas las leyes de la naturaleza,

refiriendo á ellas sus proposiciones, hubieran aprovechado mas con su

talento para caminar á la certidumbre y la demostracion, habiendo ahora

quedado sus discursos en los términos de meras opiniones. Lo mismo

habian hecho antes los Físicos de las Escuelas. Con sus dos principios

de _materia_, y _forma_, junto con las dotes y calidades que á cada una

de estas cosas atribuían, se creían entender quanto executa la

naturaleza. En materia de Religion caminan de la misma suerte muchos

sectarios. No admiten mas que un principio, que es la Sagrada Escritura;

y faltándoles la mira al otro principio, que es la _tradicion_, cometen

mil errores, que quieren sostener como fundadas opiniones. Mézclase en

esto el amor propio como en todos los conceptos mentales, y con los

afectos de interes, de partido, de vanagloria, y otros semejantes se

mantienen sin querer exâminar y reconocer los verdaderos principios que

han de servir de basa á sus discursos. Si el estudio se pusiese en

alcanzar los principios radicales de las cosas, no habria, aun entre los

Filósofos, tanta diversidad de sentimientos. Al que no está bien

instruido en los fundamentos, le parece extraña una verdad, que se puede

demostrar. El Geómetra demuestra con toda evidencia, que en el triángulo

rectángulo el quadrado que se forma sobre la _hypotenusa_, esto es,

sobre el lado opuesto al ángulo recto es igual á los quadrados que se

forman sobre los otros dos lados. Esta verdad certísima y evidente

parecerá increible al vulgo, y causará admiracion á los Filósofos que no

están instruidos en Geometría. Son muchos los asuntos en todas clases

donde sucede lo mismo, pues solo llegan á la verdad los que entienden

los principios; los demas no alcanzan nada, ó se confunden con inciertas

opiniones.

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