[35] Toda la fuerza de los raciocinios sylogísticos se toma de dos

fuentes: la una es, el _decirse_ ó _negarse una cosa de todos_ (en las

Escuelas tomándolo de Aristóteles, _dici de omni, dici de nullo_): la

otra, que _siendo dos cosas una misma con un tercero, es preciso que

sean unas mismas entre sí, y al contrario_ (Quae sunt eadem uni tertio

sunt eadem inter se, & vice versa). Como el entendimiento con buena

lógica forma el _todo_ universal de que hemos hablado antes, quando

quiere averiguar si una cosa le conviene ó no á otra, procura ver si

está contenida en la razon general, de modo que el sugeto que hace el

menor extremo esté contenido en el extremo mayor, que es el predicado; y

así se convence concluyendo, que la cosa es como en el consiguiente del

sylogismo se propone. _Todo hombre es corruptible: Ticio es hombre:

luego Ticio es corruptible_. Aquí lo corruptible hace un _todo_ lógico,

y se prueba que en él se incluye Ticio, porque se ha probado que es

hombre, y todo hombre es corruptible. La otra fuente de la fuerza de los

sylogismos se descubre en los de predicado singular: _Eudoxô es

ingenioso: este hombre es Eudoxô: luego este hombre es ingenioso_. Aquí

se convence lo _ingenioso_ en este determinado hombre, porque los dos

están juntos en un tercero, que es Eudoxô. _Tito Livio no es Ciceron:

este hombre es Tito Livio: luego este hombre no es Ciceron._ Los dos

extremos de _este_ determinado _hombre_ y _Ciceron_ no se pueden juntar,

porque no se pueden unir con Tito Livio, que es el medio. A la verdad

este principio de la fuerza de los sylogismos, tambien se extiende al

otro que hemos explicado; pero para mayor inteligencia de estas cosas

conviene tener presentes los dos.

[36] Para el buen manejo de los sylogismos ha inventado el Arte las

_figuras_, y los _modos_. Llámase _figura_ la debida conexîon y atadura

del _medio_ con los dos _extremos_. _Modo_ es la proporcionada y recta

colocacion de las proposiciones. Estas cosas se enseñan difusamente á

los muchachos en las Escuelas, y es lo que en ellas se suele tratar en

las Súmulas con mas fundamento. Los antiguos por lo comun fueron mas

prolixos de lo que requeria este asunto: los modernos tomando el extremo

contrario, como acostumbran, lo miran todo como inutil. Los que quieren

enterarse de la verdad con todo fundamento, ni se entregan á tanta

delicadeza, como en esto gastan los Escolásticos, ni desechan como vano

este artificio Aristotélico. Es cierto que la fuerza de raciocinar

reside en la potencia mental combinatoria, y es el raciocinio el acto

mas noble de ella. Con su exercicio descubre, averigua, junta, compone,

ó descompone las cosas entre sí segun les corresponde. El Arte siguiendo

la naturaleza ha ordenado, dispuesto, y enlazado las nociones de manera,

que ha dado pulidéz, claridad, orden, y facilidad admirable á la

formacion de los sylogismos, y quien quiera que vea el artificio con que

Aristóteles ha dispuesto todas estas cosas, habrá de confesar, si tiene

candor, que la obra de este Filósofo es una de las mayores, y mas

sublimes del entendimiento humano. Dice Lock, extendiéndose[a] mucho en

esto, y con él otros modernos, que es ocioso, y que no ayuda al

entendimiento en el buen modo de pensar, el disponer los argumentos por

sylogismos, puesto que se hallan muchos que sin ellos raciocinan, y

concluyen los asuntos que tratan con claridad y perfeccion. De aquí

deducen, que el método de las Escuelas es importuno, inutil y enfadoso,

asegurando que fuera mejor tratar las Ciencias con discursos seguidos,

que con disputas Escolásticas. No apruebo yo todo lo que hacen las

Escuelas en punto de sylogizar, porque veo bien que se cometen excesos

dignos de enmendarse. Tampoco alabo los Escritores pesados, que

siguiendo este estilo, todo lo reducen á sylogismos, porque fatigan el

entendimiento, y le indisponen á poner la atencion necesaria para

enterarse del asunto; pero no tengo por inutil ni vano el Arte de

sylogizar, y el conocimiento de sus reglas, antes por el contrario en

quien le pueda aprender sin gran fatiga le considero util, y en algunas

ocasiones necesario. Mucho antes que Lock y sus precursores trató esto

mismo nuestro SANCHEZ BROCENSE[b], y probó con admirables exemplos de

Terencio, y otros Escritores de la pura latinidad, quán agradable y

convincente es ocultar el Arte, y mostrar las cosas con sylogismos

encubiertos, que este mismo Autor desembaraza, para que los Dialécticos

los vean con sus modos y figuras. Cierto que sería en las Escuelas muy

util á la juventud, así para mayor perfeccion en el Latin, como para

introducir el buen gusto de la Dialéctica, enseñar el Arte de sylogizar

del modo que lo hace este sabio y discreto Español, pues ninguno hasta

aquí en esta parte lo ha hecho mejor. En los exercicios de la Retórica,

del trato civil, de los Tribunales, de la política, se deben usar

discursos seguidos, los quales, aunque en sus pruebas encierran muchos

sylogismos, pero están encubiertos, y tanto mas apreciable es el Arte de

las arengas, quanto es mas oculto el artificio de los raciocinios. Mas

en las Escuelas, y en los Estudios privados conviene mucho practicar los

sylogismos, porque con ellos se hacen patentes á un tiempo las pruebas

sólidas, y los embrollos: se descubre lo sólido y concluyente, y lo

superficial y falso. En la Universidad de Valencia se guarda en esto una

costumbre digna de ser recibida de las demas Escuelas. El que arguye

pone sylogismos hasta que ha manifestado su dificultad, y hecho esto,

resume todo su argumento sylogístico en un discurso seguido. El que

defiende hace lo mismo, porque primero responde á los sylogismos segun

la forma Escolástica, y luego hace una recapitulacion de todo el

argumento, como una arenga, en la qual satisface á la dificultad que se

le ha propuesto. El que esté versado en el Arte de sylogizar conoce la

utilidad que le resulta, quando reduce á sylogismos un asunto en que le

importa averiguar si sus pruebas son conformes con los principios

fundamentales del juicio; pues esto de sylogismo en sylogismo se viene á

descubrir con perfeccion, y por este camino queda el entendimiento

asegurado de la verdad. Convencido de esto Leibnitz usó muchas veces del

método sylogístico para impugnar á los Materialistas, y probar la

inmortalidad del alma, para defender la verdad católica del Sacrosanto

Misterio de la Trinidad, y para declarar en un Apéndice por varios

sylogismos los principales puntos que estableció en su discurso seguido

de la _Theodicea_[c]. HEINECCIO, despues de haber explicado las figuras

de los sylogismos y sus reglas, dice: "Estas son las reglas especiales,

que sin embargo de ser vilipendiadas por los que no aman la mas sólida

doctrina, experimentan cada dia ser muy útiles los que desean alcanzar

la verdad. ¿Porque cómo averiguará ninguno la verdad si no raciocina? ¿y

quién podrá estar seguro de que ha raciocinado bien sin saber las reglas

de los buenos raciocinios? Son, pues, sólidas estas cosas, como lo son

otras muchas que hoy vulgarmente causan disgusto[d]". WOLFIO tiene á

los sylogismos ordenados, como se usan comunmente, por útiles para las

disputas, y en algunas ocasiones por necesarios[e], impugnando á los

modernos que los desprecian[f], y notando á algunos de ellos de no haber

entendido sus fundamentos[g]. Por comprehender yo tambien que es

conveniente en las disputas Escolásticas, y en los usos privados

mantener la forma sylogística, propondré las reglas ciertas que hay para

conocer los que están bien formados, y concluyen por su modo y figura,

sin que obste lo que dicen algunos, por no cansarse en estudiar, que los

mismos que disputan hacen buenos sylogismos sin atender á las reglas, y

que, si á cada sylogismo se hubiera de poner atencion á eso, serían

objeto de risa las disputas; porque quando se forma un hábito (esto no

solo en lo racional sucede, sino tambien en lo corporeo) es preciso

repetir los actos con advertencia á las reglas para el acierto: formado

ya el hábito, se hacen las cosas sin tal advertencia, porque la

facilidad que se adquiere con el uso lo suple todo[h].

[Nota a: Lock _Essai Philosoph. del ent. lib. 4. cap. 17. §. 4. y sig.

pag. 559._]

[Nota b: _Organ. Dialect. lib. 2. tom. 1. pag. 430. y sig._]

[Nota c: _Todas estas piezas dignas de leerse se hallan en el tom. 1. de

las obras de_ Leibnitz _pág. 5. 10. y 404. de la edic. de Gineb. de

1768._]

[Nota d: Heinec. _Elem. Logic. part. 1. cap. 2. prop. 82. in not._]

[Nota e: Wolf. _Logic. part. 2. sect. 4. cap. 4. §. 1094._]

[Nota f: Wolf. _Logic. part. 2. sect. 1. cap. 2. §. 560._]

[Nota g: Ibid. _part. 1. sect. 3. cap. 1. §. 353._]

[Nota h:_Esto conviene advertir para no hacer caso de lo que contra el

uso sylogístico pronuncia en tono de oráculo y de burla el célebre_

Vernei _ó_ Barbadiño: _De re logica, lib. 2. cap. 7. pág. 63._]

[37] Primera regla: _El consiguiente debe estar incluido en una de las

premisas, y la otra debe manifestarlo_. En este sylogismo: _Todo hombre

es mortal: Ticio es hombre: luego Ticio es mortal_, el consiguiente está

incluido en la universal: _Todo hombre es mortal_, y la proposicion

_Ticio es hombre_, sirve para hacerlo manifiesto. Esta regla es sin

excepcion, y la mas general y segura para conocer la bondad de los

sylogismos. Pónela Aristóteles en sus _analíticos_, y los Escolásticos

la explican difusamente, de modo, que no hay nada mas comun en sus

Súmulas impresas. Con todo el Autor del Arte de pensar[a] pondera la

utilidad y necesidad de esta regla, y habla de ella como que la ha

inventado, pues buscando una norma fixa para conocer la rectitud de los

sylogismos sin recurrir á las reducciones de ellos, y poder facilmente

desembarazarse, la propone como que le ha venido al pensamiento (_&

voici ce qui en est venu dans l'esprit_).

[Nota a: _Part. 3. cap. 10. pág. 308._]

[38] Regla segunda: _De premisas verdaderas precisamente ha de salir

consiguiente verdadero, de premisas falsas consiguiente falso_. Esta

regla consta, porque debiendo el consiguiente estar incluido en las

premisas, si estas son verdaderas debe ser verdadero, y si son falsas

falso: ni es otra cosa la conseqüencia, sino la necesaria conexîon con

que el consiguiente está embebido en los antecedentes; y no pudiendo una

misma proposicion ser verdadera y falsa, tampoco podrá ser falso un

consiguiente que está comprehendido en premisas verdaderas, y al

contrario. Añádese, que dos verdades no pueden ser opuestas, porque una

de ellas dexará de serlo por aquel principio de luz natural: _cada cosa

es, ó no es_; con que es preciso que lo que es verdad en los

antecedentes, lo sea tambien en el consiguiente legítimamente deducido

de ellos. Objétase contra esta regla, que por sylogismos bien hechos

sale un consiguiente verdadero de premisas falsas de lo qual trae

Aristóteles muchos exemplos en el libro primero de los Analíticos. _Todo

animal es piedra, ningun hombre es animal, luego, ningun hombre es

piedra_. Este consiguiente es verdadero, y se deduce de premisas falsas.

Se responde, que el consiguiente es verdadero por sí, esto es, por la

materia, ú asunto de que se compone; mas no por la disposicion y forma

del sylogismo, porque no está incluido en ninguna de las premisas, y así

falta el argumento á la primera regla. Múdese el asunto y materia, de

necesaria como es en el sylogismo propuesto, en otra contingente, y con

la misma coordinacion no saldrá el consiguiente verdadero, como se vé en

este: _Todo viviente es vino, todo liquor es viviente, luego todo liquor

es vino_. En las Escuelas dicen bien, que del imposible qualquiera cosa

se deduce; y si se concedieran las premisas, era precisa la

conseqüencia. Se entenderá esto mejor considerando, que en el sylogismo

para alcanzar la verdad concurren dos potencias mentales, el _ingenio_,

y el _juicio_. El ingenio combina las nociones, las descubre, y ordena

para deducir una cosa de otra: el juicio conoce y vé si las nociones se

conforman ó no con las cosas. Quando un sylogismo está bien ordenado

segun las combinaciones del ingenio, y no es conforme su contenido á lo

que requiere el juicio, entonces es una cosa puramente mental, como

otras muchas de la potencia combinativa, y puede llamarse _ente de

razon_, esto es, cosa que solo existe en el entendimiento, segun suele

fabricarlas esta potencia; pero si al buen orden que el ingenio da á las

nociones en el sylogismo se añade la confirmacion del juicio, en tal

caso concluye y dexa satisfecho de la verdad al entendimiento. En los

dos sylogismos propuestos, y otros muchos que se pueden hacer á este

modo, las premisas son puramente mentales, y solo existen en el

entendimiento; con que los consiguientes si la materia es necesaria se

verificarán por sí mismos; y si es contingente, saldrán tan falsos como

los antecedentes. Por eso en las Escuelas se conceden, ó niegan las

premisas antes de llegar al consiguiente, pues siendo verdaderas, si el

sylogismo es bueno ha de ser verdadero el consiguiente, y si son falsas

falso. Síguese de lo dicho, que no puede tener lugar en los argumentos

escolásticos que aconseja Feyjoó, de que el respondiente, quando no está

asegurado de la verdad, ó falsedad de las proposiciones del arguyente,

en lugar de conceder, ó negar diga, _que duda_, pues no está obligado á

mas por las leyes de la veracidad[a], porque si duda de las

proposiciones que le oponen como contrarias, á su _thesis_, ó

conclusion, deberá tambien dudar de esta, ó á lo menos se entenderá que

no está firme en ella, puesto que hay proposiciones que de cerca, ó de

lejos la destruyen, y dudando de ellas, es preciso que esté dudoso de la

conexîon, ó inconexîon que entre sí tienen, y por consiguiente lo esté

tambien de la firmeza de lo que defiende.

[Nota a: Feyjoó _Teatr. Crític. tom. 8 disc. I. §. 6. pág. II_.]

[39] Regla tercera: _En ningun sylogismo ha de haber mas que tres

términos_, porque como se ha de afirmar, ó negar la identidad de los

extremos por la que tienen con el medio, si los términos son mas de tres

no vale la prueba, ni puede ya fundarse en el principio: _las cosas que

son una misma con una tercera son unas mismas entre sí_. Gran cuidado

se ha de poner en los sylogismos de proposiciones exclusivas, de

términos compuestos, y otros tales, en exâminar bien los extremos, y el

medio, porque facilmente son mas de tres, y por eso no concluyen.

Desembarazándolos conviene ver, si los términos son unos mismos, é

invariables con las mismas propiedades, ampliaciones, restricciones, &c.

porque una variacion, que no aparece á primera vista, hace defectuoso el

argumento.

[40] Regla quarta: _Una de las premisas á lo menos ha de ser universal_;

porque así se verifica, _dici de omni, dici de nullo_: y no haciéndolo

así, con dos particulares se multiplica el medio, y salen mas de tres

términos. Trae esto tambien el inconveniente, que pudiendo ser diverso

el medio, no puede hacerse la identidad del sugeto, y predicado del modo

que se requiere para probarla por su union con un tercero. _Una

substancia es piedra: un animal es substancia: luego un animal es

piedra_. En este sylogismo el medio _substancia_ significa una cosa en

la mayor, que es la determinada materia, y otra en la menor, que es la

determinada substancia del animal, y por esta variacion no concluye.

Tambien es defectuoso el sylogismo, en cuya conclusion alguno de los

términos es mas universal que en las premisas, puesto que de

particulares no se puede colegir universal. _Todo animal es sensitivo:

todo animal es substancia: luego toda substancia es sensitiva_. La voz

_substancia_ en la menor se toma por cosa determinada, y en la

conclusion por comun á todo lo que es substancia.

[41] Regla quinta: _Una de las premisas á lo menos debe ser afirmativa_,

porque si las dos son negativas, ni unen los extremos con el medio, ni

los separan por el medio, sino del medio. Hay algunos sylogismos de

términos infinitos, que concluyen con dos premisas, al parecer

negativas; pero desentrañando las proposiciones se hallará que una de

ellas equivale á afirmativa. _Ningun animal es piedra: ningun hombre es

cosa distinta del animal: luego ningun hombre es piedra_. Bien se ve que

la menor equivale á esta afirmativa: _todo hombre es animal_. Otras

reglas, como que _el medio no ha de entrar en la conclusion; que, si hay

particular, ó negativa en las premisas, el consiguiente debe serlo_;

porque como dicen los Escolásticos,_la conclusion sigue la parte mas

debil_; y otras á este modo son tan llanas, que sin estudio, con un poco

de advertencia las conoce qualquiera. Siendo, pues, tan primoroso el

artificio de los sylogismos, no hay que extrañar, que en tantos y tan

diversos como se proponen en las funciones públicas de las Escuelas,

haya muchos defectuosos, que no siendo facil desenvolverlos con el calor

de la disputa, sean motivo de embrollos y dificultades, que ofuscan la

verdad. Todas estas reglas propuestas y explicadas con admirables

exemplos y advertencias por Aristóteles en el libro primero _de los

Analíticos_, las comprehendieron prácticamente los Escolásticos en la

formacion de los sylogismos por las voces inventadas de estos versos:

_Barbara, Celarent, Darii, Ferio, Baralipton.

Celantes, Dabitis, Fapesmo, Frisesomorum.

Cesare, Camestres, Festino, Baroco, Darapti.

Felapton, Disamis, Datisi, Bocardo, Ferison._

Aunque las palabras son bárbaras, pero son á propósito para el fin á que

se enderezan. Cada una de ellas significa un modo de sylogismo

concluyente, y cada letra vocal una proposicion, de manera, que la A

denota universal afirmativa, la E universal negativa, la I particular

afirmante, la O particular negante. Por exemplo, en _Barbara_ las tres

proposiciones corresponden á la A: con que el sylogismo ha de constar de

tres universales afirmativas. _Todo animal es viviente, todo hombre es

animal, luego todo hombre es viviente_. En _Celarent_ ha de ser la mayor

universal negativa por la E, la menor universal afirmativa por la A, y

la conclusion universal negativa. _Ninguna planta es animal, todo arbol

es planta, luego ningun arbol es animal_. A este modo se forman

facilmente en las demas palabras, y en todas concluyen, porque en todas

se encierran las reglas que pertenecen al modo de formar los sylogismos.

CAPITULO XIII.

_De la verdad._

[42] El entendimiento del hombre tiene por objeto, y fin de todas sus

obras la verdad, y con ella sosiega, y se satisface, como que es hecho

para la verdad eterna, que reside en el Cielo; de quien son chispas las

verdades de acá abaxo. _Verdad real_ es el ser de cada cosa, segun lo

que es, y le corresponde: _verdad mental_ es la conformidad de los actos

del entendimiento con la verdad real. Así que conviene exâminar cada

cosa, segun realmente es en sí misma, y despues comprehenderla como ella

es, para poder decir que se alcanza la verdad. La verdad real es una,

porque es el mismo ser de las cosas; la mental es Lógica, Metafísica,

&c. segun es el objeto de ella, y el fin á que se endereza. Si los actos

del entendimiento se conforman con el verdadero ser de los entes en

comun, la verdad es metafísica: si se conforman con lo justo, pertenece

á la Jurisprudencia: si con lo honesto, util, y deleytable, á la Moral:

y así de las demas Ciencias. La Lógica no tiene por objeto verdad alguna

determinada, sino el exâminar, y comprobarlas todas por medio de las

nociones exâctas, difiniciones, divisiones, y sylogismos. De aquí es,

que la Lógica es transcendental, esto es, abraza todas las Artes

científicas, y sirve, y aun es necesaria para todas ellas. La falsedad

solo cabe en las nociones del entendimiento, y por eso solamente es

contraria de la verdad mental. Aun en esto conviene distinguir la verdad

de la veracidad. Esta es la conformidad de la locucion con los

pensamientos, y es una gran virtud, de que se trata en la Filosofía

Moral: aquella es la conformidad de los pensamientos con las cosas: y es

visto que la una puede estar sin la otra de esta manera. Si alguno

alcanza la verdad de una cosa, y la dice contra lo que siente, tiene

verdad mental, mas no veracidad: si está equivocado creyendo ser verdad

lo que piensa, y lo dice como lo siente, tiene veracidad, y no verdad.

En el trato comun se explica todo con el nombre de _verdad_; mas

conviene mucho separar estas cosas, porque el que falta á la veracidad

voluntariamente, es hombre falso y engañador; el que siendo veraz

equivoca las cosas, no es falso ni mentiroso, sino facil crédulo y

poseido del error. Estas cosas son tan claras, que no necesitan de mas

explicacion. Lo que mas hace á nuestro asunto, es entender el modo como

hemos de portarnos, para que nuestras nociones sean siempre verdaderas.

Dos máxîmas ha de guardar el que quiere conseguirlo. La una es: _no dar

asenso, ó disenso á ninguna proposicion, de quien no veamos claramente

la conformidad que tiene con las cosas en que consiste la verdad real_.

Esta regla pertenece al juicio, y no es posible dar un paso seguro en

las Ciencias, ni en el trato civil sin observarla. En los capítulos

siguientes explicarémos esto con mas extension. La otra máxîma es: _no

asentir, ó disentir á las proposiciones por los afectos del ánimo que

las acompañan, sino por la mera correspondencia entre la verdad mental y

real_. El hombre en este mundo, ni estará jamas sin errores, ni sin

defectos, porque su naturaleza corrompida le arrastra, y si Dios no nos

asistiera, no seriamos otra cosa que depósitos de vicios y falsedades;

pero aseguro, que si usamos debidamente de nuestra libertad, observando

en nuestra conducta las dos máxîmas propuestas, ciertamente nos verémos

libres de muchos errores y engaños.

[43] El modo que ha de tener el hombre para conformar sus pensamientos

con las cosas, le hemos manifestado tratando del _juicio_ y de las

_ideas_. Aquí solo propondré cómo concurre la Lógica á la averiguacion

de la verdad. Para entender la naturaleza y sus obras conviene observar

con la recta aplicacion de los sentidos las cosas singulares, sus

atributos, propiedades, leyes de movimiento, generacion, corrupcion,

mutaciones, períodos, edades, relaciones, modos de obrar y de nacer;

esto es, como son causas y efectos, como se juntan unas con otras, y se

separan para componer varios todos físicos, &c. En el exámen de las

cosas inmateriales importa notar los principios de luz natural, las

conseqüencias que nacen de ellos, las reflexîones mentales, que

acompañándolos las ilustran, y el orden, conexîon y enlace, que entre sí

tienen para sacar de verdad en verdad la manifestacion de lo oculto. En

ambas clases es preciso reducir á nociones universales los predicados

comunes en que se convienen las cosas, y separar los atributos

especiales con que se diferencian, formando géneros, especies y

diferencias de los que son esenciales, y notando las afecciones que

pertenecen á las propiedades y accidentes. Con estas prevenciones se

podrán las cosas difinir y dividir sin equivocarlas, y se harán, segun

convenga, inducciones, exemplos, y sylogismos, con que por proposiciones

universales y particulares se llegue á descubrir si las cosas estan

bien, ó mal averiguadas, y si estan en las clases que les corresponde.

Dedúcese de esto, que son dos las maneras de verdades generales: unas

consisten en los principios derivados de la observacion por los

sentidos, y de la recta razon: otras se deducen por legítimas

conseqüencias de los dichos principios. Las primeras se pueden llamar

verdades primitivas, fundamentales, principios de bien juzgar: las otras

son secundarias, esto es, nacen de las primeras; y ambas son máxîmas

constantes para proceder con acierto al descubrimiento de otras

verdades. Las verdades fundamentales las produce el entendimiento,

poniendo en obra su potencia de juzgar: las demas las va descubriendo

con el estudio de las Artes y Ciencias. Facil es reparar, que todas las

Artes tienen sus reglas fixas, que les sirven de principios para

gobernarse, y debe ser el principal cuidado de los que quieren saber con

fundamento el instruirse en las máxîmas primitivas y originales de cada

profesion, como que las verdades que á cada una pertenecen no han de ser

sueltas, sino encadenadas con los primeros principios. Este enlace es el

que hace la Lógica, procediendo de proposicion en proposicion, y

enlazando con conseqüencias seguidas las últimas verdades con las

primeras. Es superficial, y poco estable lo que se sabe en cada Arte,

profesion, y facultad, si no se entienden bien los principios y

fundamentos de ella, porque es vago, é incierto lo que se establece sin

verdaderos fundamentos: así que yerran, y hacen errar á otros los que

con una mala Lógica, aunque sea moderna, con algunas noticias sueltas,

sin principios de las Artes, hablan de todo, y deciden como si fuesen

legítimos poseedores de las Ciencias.

CAPITULO XIV.

_De la Demostracion._

Logica · 第 10 / 28 段