[22] Síguese de lo dicho, que los errores están en el _juicio_, y que

debemos trabajar en dirigirle con acierto para proceder con rectitud en

el exámen de la verdad. Tambien es de notar, que han de distinguirse las

operaciones _libres_ del alma, de las que no lo son, porque este

conocimiento importa mucho para poder hacer buen uso de nuestra

libertad. Algunos modernos hacen actos de la voluntad, y no del

entendimiento, al _asenso_ y _disenso_, y por consiguiente al _juicio_;

y lo fundan en que á nuestro albedrio consentimos en las proposiciones,

ó disentimos á ellas quando queremos, lo que parece propio de la

voluntad. Esta qüestion la tengo por poco util para hallar la verdad, y

evitar el error en las Artes y Ciencias. Lo que yo juzgo es, que en el

alma no son potencias distintas el entendimiento y voluntad, sino que

son el alma misma en quanto piensa y quiere, y que estas denominaciones

y distinciones de potencias solo se toman de los diversos actos que

exercita; y así siempre que piensa, ya sea imaginando, ya sintiendo, ya

acordándose de las cosas, ya hallándolas, ya combinándolas, lo hace el

alma por una fuerza que llamamos _entendimiento_; y siempre que ama ú

aborrece, asiente ó disiente á las proposiciones, lo hace el alma misma:

y aquella fuerza con que libremente exercita estos actos llamamos

_voluntad_.

CAPITULO IX.

_De la difinicion._

[23] Los Filósofos llaman difinicion á la proposicion que declara bien

la esencia de la cosa. El sugeto de la proposicion es el _difinido_, y

la difinicion es el predicado; y como no qualquiera declaracion de la

esencia de una cosa es difinicion, por eso se añade que debe hacerse

_bien_, esto es, segun ciertas reglas que prescribe la recta razon, las

quales propondrémos despues. En la difinicion del hombre: _Animal

racional_ se entiende la proposicion: _el hombre es animal racional_,

donde el hombre es el difinido y el sugeto, y animal racional es la

difinicion y el predicado. Debiendo toda difinicion declarar la esencia

de las cosas, con el fin de que no se confundan y se puedan distinguir

unas de otras, conviene advertir, que el entendimiento no alcanza las

esencias de los entes en sí mismos; porque siendo el origen de todos los

conocimientos humanos lo que entra por los sentidos, como estos no nos

descubren el íntimo ser de las cosas, sino solo la forma de ellas, que

consiste en un conjunto de caractéres inseparables de la esencia, por

eso nuestros alcances no llegan íntimamente á penetrarle. Esta es una

verdad fundamental, que, repetida muchas veces por los modernos, fué

establecida de los antiguos; pues entre ellos Santo Thomas confiesa

llanamente, no una vez sola, que nos son desconocidas las diferencias

substanciales y esenciales de las cosas[a]. Quando se dice que el ser, ó

esencia de una cosa es aquello, lo qual puesto, la cosa precisamente se

pone, y faltando precisamente falta, se dice bien; mas nosotros no

conocemos que la _cosa_ se pone ó falta, porque sepamos lo que ella es

en sí misma, sino porque anda siempre acompañada de formas y caractéres

exteriores, inseparables de todo punto de ella, los quales haciendo

impresion en nuestros sentidos, nos hacen conocer por su presencia que

la cosa exîste. El exemplo del Sol muestra esto con evidencia. Nadie

sabe qual es la esencia del Sol; pero ninguno hay que dude del ser del

Sol y de su presencia, quando vemos un cuerpo redondo, celeste, lucido,

que despide luz y claridad de sí mismo, que nace y se pone todos los

dias, trayendo el dia y la noche, y que da una vuelta entera al Cielo

cada año, moviéndose por una linea, siempre la misma, desde Poniente á

Levante. Esto es una breve descripcion del Sol, que declarando los

caractéres y formas exteriores perpetuas é inseparables de su ser, nos

muestran estar presente su esencia. Esto mismo ha de extenderse á

quantos seres hay en el Universo, pues que ninguno hay que le conozcamos

de otra manera. Deben los Filósofos ser cautos en difinir las cosas: y

el haber hecho muchas difiniciones en las Artes y Ciencias antes de

tener bien conocidos los caractéres propios de los difinidos, ha sido

causa de muchísimos errores, tomando una cosa por otra, confundiendo las

que deben estar separadas, y haciendo una misma la que tal vez es muy

diversa. Hase de poner gran cuidado antes de difinir las cosas en hacer

de ellas descripciones exâctas, notando las particularidades que las

acompañan, como sus causas, sus efectos, sus necesarias ó contingentes

mutaciones, sus atributos perpetuos é invariables, sus movimientos, las

leyes inviolables que guardan en sus acciones, sus propiedades, su

origen, aumento, perfeccion y fines, combinando todo esto con los

tiempos, y notando puntualmente la perseverancia, encadenamiento y

mutaciones que observan. Por no hacerse bien las descripciones de las

cosas, se confunden unas con otras, y así no se llega á entender el sér

ó esencia, ni las afecciones de ellas por el embarazo que se halla en

separarlas. Los antiguos Médicos Griegos, y algunos pocos de los

modernos, que han hecho descripciones exâctas de las enfermedades, han

aprovechado mucho para conocerlas; los que no han hecho esto, se puede

decir que hablan de los males, pero no enseñan á conocerlos, ni á

distinguirlos. Algunos Filósofos han hecho admirables descripciones,

como Aristóteles en la _Historia de los animales_, y Teofrasto en los

_Caractéres de las pasiones_. Los Historiadores, los Políticos, y

algunos Poetas han descrito muchas cosas con admirable propiedad.

Hállanse recogidas muchas de estas descripciones en la _Eloqüencia

sagrada_ del Padre Causino, Obra por esto solo muy recomendable. Ya

creen muchos, que en la Física, Botánica, Medicina, Historia Natural no

hay otro medio de conocer cada cosa y distinguirla de las demas, que el

de las buenas y exâctas descripciones; mas yo quisiera que creyesen que

en todas las demas Ciencias sucede lo mismo; pues que las esencias de

las cosas, donde quiera que pertenezca el tratar de ellas, no las

conocemos de otra manera. Por esto no se han de arrojar facilmente los

Literatos á formar _difiniciones_, sin que antes tengan bien conocidas

las cosas, que quieren difinir, por descripciones exâctas y bien

seguras. Así son imperfectísimas las difiniciones _por las causas_, las

que solo manifiestan la cosa por algunas propiedades y efectos, y las

que llaman físicas por la materia y forma; pues demas de que las formas

de las Escuelas, que son las que se toman por norma, son fingidas, y lo

es quanto los Escolásticos dicen de ellas, tienen el inconveniente, que

el conjunto de lo que llaman materia y forma, no suele ser sino una

porcion, á veces la menos esencial, de la cosa. Conócese esto en que si

se hace de la misma cosa una exâcta y cumplida descripcion, se hallará

que lo que ponen por materia y forma es lo de menos consideracion que

hay en los difinidos. El modo, pues, de hacer una difinicion, quando ya

la cosa sea conocida por exâctas descripciones es, formar un género

comun y una diferencia, y por estas hacer la difinicion que llaman

Metafísica, que es sola la que los verdaderos Filósofos reconocen por

difinicion. El género y la diferencia de las cosas son dos predicados

esenciales, que las hacen conocer y distinguir, de modo que no se pueden

equivocar. Este género y diferencia se han de tomar de los constitutivos

y distintivos que resultan de las descripciones bien hechas, pues por

ellas se descubre qué cosas son mas precisas, necesarias, permanentes y

perpetuas para la exîstencia y el ser de los entes que se describen. El

motivo de querer los Filósofos, especialmente Aristóteles, superior á

todos, que el género entre en las difiniciones es, porque no conocemos

mas que los individuos, esto es, cada cosa de por sí en qualquiera

linea. La cosa determinada y singular no se puede difinir, ni lo

necesitamos, porque tenemos de ella nociones tan fixas, que si ponemos

atencion no podemos confundirla con otra. Queriendo, pues, para la mayor

facilidad de entender las cosas, reducirlas á ciertas clases, en que con

prontitud y seguridad las conozcamos, se hace preciso buscar un

predicado esencial y comun á todos los individuos que en tal clase se

comprehenden, y este es el género, pues que se extiende á todos los que

debaxo de sí contiene. Este género ha de ser el mas inmediato, porque si

es remoto confunde la nocion de la cosa y no la determina. En la

difinicion del hombre _animal racional_ se comprehenderá todo lo dicho.

No conocemos otros hombres que los individuos de la especie humana:

vemos en todos ellos que son vivientes sensitivos: de modo, que

exâminadas todas las particularidades que subministra la verdadera

descripcion del hombre, hallamos que el ser viviente y sensitivo (esto

significa la voz _animal_) es un atributo comun á todos, sin excepcion

ninguna, y esencial, pues que precisamente puestas la vida y

sensibilidad hay hombre, y si estas faltan de todo punto, tambien el

hombre falta. Fórmase, pues, del animal un género comun, cuya nocion es

extensible á todos los hombres: de suerte, que no puede estar en el

entendimiento el concepto de animal, sin que por él haya una nocion

genérica, que tenga tambien por objeto al hombre. Es así que en todas

las cosas hay ciertas porciones comunes con otras y transcendentales

entre sí, esto es, que el entendimiento las concibe como juntas, ó como

una misma en el predicado comun que las incluye todas. No solo son

vivientes sensitivos los hombres, sino tambien las bestias; con que con

la nocion genérica de _animal_ conocemos al hombre y al bruto: y aunque

la nocion de animal es clara para conocer lo viviente sensitivo, es

confusa para conocer por ella sola al hombre. Es, pues, necesario añadir

la diferencia _racional_, que es un predicado comun á todos los hombres

y limitativo, esto es, determinativo de lo genérico de animal á solo el

hombre, de manera que juntos el género y diferencia: _Animal racional_,

se comprehenden todos los hombres sin peligro de poderse confundir con

ninguna otra cosa. Si en lugar de _animal_ pusiésemos _Ente_ ó

_substancia_, aunque son atributos esenciales, no fuera buena

difinicion, porque estos predicados son muy de lejos, y por muy

universales no determinan la nocion que tenemos de los individuos de la

especie humana: como si para difinir la rosa pusiésemos por género

_Planta_, que dista mucho de la nocion de la rosa, para la qual es

género inmediato y conforme á la nocion el de _flor_; y lo mismo

sucediera si para difinir el Aguila pusiésemos por género _viviente_;

pues siendo tan general esta nocion, no es correspondiente á la que

tenemos de las águilas: y esto sucede porque el género próxîmo ya

incluye en sí los remotos, no pudiendo haber nocion de animal que no

encierre la de substancia y ente; mas los remotos no incluyen

_formalmente_, esto es, con expresa determinacion las nociones

inferiores, de modo que fuera vaga é incierta la aplicacion de ellos á

los seres determinados. En lo que llevamos explicado se fundan las

reglas de una buena difinicion, las quales consisten en que sea tal esta

que se convierta con el difinido, de modo que no haya mas, ni menos en

uno de lo que explica el otro, como sucede en la propuesta difinicion

del hombre, porque así el entendimiento con la difinicion entenderá la

esencia del difinido, sin poderla aplicar á otra cosa: para esto

conviene que sea breve y clara: esto se logra con el género y

diferencia; y así las difiniciones que no se hacen de este modo, no lo

son en rigor lógico, sino explicaciones, como lo suelen hacer los

Oradores y Poetas, y en el trato civil el comun de las gentes: conviene

tambien que sus términos expliquen con mas claridad que el _difinido_ lo

que es la cosa; porque si falta esto, quedan obscuras y confusas las

nociones, y no se logra el fin de conocer por las difiniciones las cosas

con claridad y sin peligro de confundirlas; bien que esta mayor claridad

basta que sea para los Filósofos, porque el vulgo por ignorancia mejor

entiende lo que quiere decir _hombre_ que _animal racional_. De lo dicho

se deduce, que no pueden llamarse difiniciones muchísimas explicaciones,

que quieren se tengan por tales: y que deben ser raras y hechas con gran

cuidado las difiniciones legítimas, aunque conviene que los sabios

despues de maduros exámenes y bien hechas descripciones difinan las

cosas, para que dexando sentado el verdadero ser de ellas, no se

confundan, y se pueda así pasar á otras averiguaciones filosóficas con

entera seguridad. Aristóteles difinió pocas cosas, pero explicó muchas.

Los modernos tomando sus explicaciones por difiniciones, hallan motivo

de contradecirle. El Autor del _Arte de pensar_[b], que hizo empeño de

desautorizar á este Filósofo por corregir los defectos de la Lógica de

las Escuelas, impugna las quatro explicaciones de lo _caliente, frio,

húmedo_, y _seco_, que pone Aristóteles; y aseguro que si hubiera leido

con atencion todo el capítulo segundo del libro segundo _de la

generacion y corrupcion_, no las tuviera por difiniciones, sino por

declaraciones de estas quatro qualidades por los principales efectos de

ellas, quando concurren á la generacion y corrupcion de los mixtos; ni

las hubiera impugnado del modo que lo hizo, porque Aristóteles por

[Griego: _ugron_] no entendió solo lo húmido _madefactivo_, esto es, que

moja, sino lo _líquido_: ni por [Griego: _xaeron_] lo que está falto de

_madefaccion_, esto es, de humedad que moja, sino lo _tieso_, reduciendo

á estas clases generales las particulares, que se comprehenden en ellas:

echándose de ver, que una misma cosa puede en diversos respetos

pertenecer á lo húmedo y seco. Es cierto que los Escolásticos usan de

muchas difiniciones, que justamente son reprehendidas de los modernos;

pero estos no siempre las han hecho mejores, como que han sido felices

en derribar, y no lo han sido igualmente en establecer. Lock, impugnando

las difiniciones que los Atomistas y Cartesianos han dado al

movimiento[c], dice estas palabras: "Nuestros Filósofos modernos, que

han trabajado en desasirse del vicioso lenguage de las Escuelas, y en

hablar de un modo inteligible, no lo han hecho mejor, difiniendo las

nociones simples por la explicacion que nos dan de sus causas, ú de otra

qualquiera manera." El Marques de San Aubin en su _tratado de la

Opinion_[d] hace una burla grande de la difinicion del hombre: _animal

racional_, como que es obscura y confusa, entendiendo qualquiera lo que

es hombre, y entendiendo pocos lo _animal racional_. Mas, fuera de que

las rigurosas difiniciones sirven solo á los Filósofos, como queda

dicho, el mismo Autor poco antes la dió por buena en estas palabras:

"Las mas exâctas difiniciones son las que explican la naturaleza del

difinido por su género inmediato, y su diferencia esencial como esta:

_El hombre es un animal racional_." En obras tumultuarias y de acinada

erudicion, como la de este Marques, es preciso se hallen algunas

contradicciones.

[Nota a: _1. part. quaest. 29. art. 1. ad 3. pag. 113. edic. de Roma de

1571. & lib. 7. Metaph. lect. 12. tom. 4. pag. 100. & passim alibi._]

[Nota b: _Part. 2. cap. 16. p. 248. edicion de la Haya de 1700_.]

[Nota c: _Esai Philosoph. del entend. lib. 3. cap. 4. pág. 339_.]

[Nota d: _Lib. 2. part. I. tom. 2. pág. 21. y 23_.]

CAPITULO X.

_De la division._

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