cómo percibimos los objetos corporeos: la segunda, cómo conocemos los
espirituales: la tercera, cómo se ha de conocer el predominio de cada
potencia. El alma, durante la vida, está tan estrechamente unida al
cuerpo, que no puede sin él exercitar sus propias y naturales potencias.
No entienden bien la constitucion del hombre los que atribuyen al alma
operaciones intelectuales totalmente independientes del cuerpo, pues no
pudiendo jamas pensar, discurrir, ni juzgar, sino con dependencia de las
imágenes de la fantasía, que mira como objetos inmediatos de sus
conceptos, es preciso que obre siempre con dependencia del cuerpo que ha
de concurrir con los sentidos á la produccion de tales representaciones.
Lo que sucede es, que el cuerpo está dispuesto con orden maravilloso
para estos fines, á los quales principalmente concurren los órganos de
los sentidos y los nervios. El objeto corporeo, arrimado al órgano del
sentido, hace impresion en él y en sus nervios, por los quales se
comunica hasta la cabeza, donde está el origen de ellos. Así que es
preciso que el celebro concurra con su ayuda al exercicio de las
operaciones de los sentidos, no porque en él se hagan las sensaciones,
sino por las leyes de la necesaria conexîon con que en el cuerpo humano
unas partes se socorren de otras, y todas juntas se encaminan á mantener
el prodigioso enlace, y á cumplir los fines que les ha prescrito con
inefable sabiduría el Hacedor de todas las cosas. En la primera edicion
de esta obrita seguia yo otras máxîmas en esto; mas habiéndolo escrito
con mas conocimiento en mis _Instituciones Médicas_, allí se podrá esto
ver con mas extension[a]. Concurriendo, pues, todo lo dicho, á la
presencia del objeto sensible se sigue la sensacion, y despues la
imagen, ó representacion del mismo en la fantasía. El alma percibe
distintamente los objetos por la sensacion, y por la imagen que forma de
ellos en la imaginativa los alcanza con toda claridad. Así como la
sensacion se hace donde quiera que estan los órganos de los sentidos, la
especie, imagen, y forma de la imaginativa se exercita siempre en el
celebro, á quien por los nervios se comunica la impresion que los
objetos sensibles hacen en ellos. Si estan sanos los órganos de los
sentidos y bien aplicados á las cosas, la imaginativa bien constituida,
y el juicio que acompaña á estas operaciones es recto, se logra una
certidumbre entera, como se ve en la seguridad que en esto tiene, sin
excepcion, todo el género humano, que se satisface y gobierna por lo que
ve, oye, palpa, &c. sin poner nadie replica á estos testimonios quando
son exâctos. El conocimiento de la cosa que resulta de la debida
aplicacion de los sentidos es el que llamamos _experiencia_, fuente
fecundísima de la mayor parte de las verdades que alcanzan los hombres.
Los errores que se cometen en esto, y se quieren dorar con el especioso
título de la experiencia, se explicarán mas adelante. Ya hemos visto que
el entendimiento por el uso de sus potencias hace reflexîon, sobre sus
propios actos. Las imágenes que se forman de estos en la fantasía no son
perfectas, ni sensibles, sino formadas por semejanza, tal vez muy
remota, de las que exîsten en esta potencia. Con esto se ve que los
actos del entendimiento no son materiales, ni corporeos, porque no
tienen la solidez y fuerza que hay en la materia y en los cuerpos para
impresionar nuestros sentidos. Tampoco tienen extension para ocupar
lugar, pues en un solo pensamiento se incluye todo el universo. No son
impenetrables, porque en una misma proposicion el predicado está
incluido claramente en el sugeto, y en los sylogismos el consiguiente
está íntimamente contenido en las premisas. Separan las cosas que en sí
son juntas, y unen las que estan separadas, cosa que en la materia no
puede suceder. El conocimiento que tiene el hombre del _infinito_, donde
se reduce á un acto indivisible todo lo que exîste y puede exîstir,
muestra que quanta es la extension de las cosas está reducida á un
concepto mental distinto de todas ellas. A la vista de estas y otras
muchas reflexîones, que subministran la Animástica y Metafísica, se
entiende, que hay en nosotros un principio producidor de estos actos, el
qual es de muy distinto ser y naturaleza que la materia; porque así como
conocemos las cosas materiales y corporeas que hay en nosotros por las
afecciones perpetuamente inseparables de ellas, como la extension,
impenetrabilidad, solidez, &c. que dexan impresion en nuestros sentidos
y imágenes en la fantasía, del mismo modo alcanzamos que hay en nuestra
constitucion otro principio ageno de las referidas afecciones, con
facultad de producir otras muy diversas, no solo en su ser, sino en sus
propiedades, de modo que para separar estos principios constitutivos del
hombre, así como al que es extenso, sólido é impenetrable le llamamos
_cuerpo_, porque goza de las propiedades inseparables de las cosas
corporeas, al otro le llamamos _espíritu_, porque por el general
consentimiento de los Filósofos se da este nombre al ser inmaterial, que
no participa ni puede participar de lo corporeo, antes tiene distinta
naturaleza y opuestas afecciones á las de la materia. Este es el modo
natural primitivo como el hombre, reflexîonando sobre sí mismo, conoce
las cosas espirituales, conociendo su propia alma: de aquí pasa al
conocimiento de Dios, como espíritu perfectísimo. Dentro de sí mismo
tiene el hombre el concepto del infinito, de lo eterno, de lo inmenso,
no por los sentidos, sino por la reflexîon. Conoce claramente que su ser
es limitado y muy ageno de ser partícipe de aquellos objetos. Estas
consideraciones le llevan á entender, que estas cosas se hallan en otro
Ser, que es eterno, infinito, é inmenso, y que no le puede engañar esta
percepcion mental, pues no descansa mas el entendimiento con la
percepcion de las cosas sensibles, quedando satisfecho de su exîstencia
quando se le presentan, que lo queda el juicio y la razon de las
reflexîones propuestas, las quales halla conexâs con los primeros
principios que tiene en sí para juzgar rectamente de las cosas, y son
nacidas de la fuerza innata que tiene el entendimiento para producirlas.
Añádese que por la facultad natural de juzgar alcanza el hombre, que es
_causa_ de una cosa aquello que á su presencia hace exîstir otra. Conoce
con mucha claridad, que no exîste por sí mismo, y por consiguiente su
ser depende de otro. Este conocimiento le extiende á las demas cosas
hasta llegar, como término donde descansa, á un Ser de infinita
potencia, de donde dimanan todos los demas seres. Con estas reflexîones
entiende, que este Ser inmenso, omnipotente, y eterno es infinitamente
sabio: que piensa con infinita perfeccion sin poder errar: que tiene
conocimiento de todo infinitamente superior al suyo; de donde concluye
con buena razon, que este Ser supremo es espíritu puro, perfectísimo,
ageno de todo lo corporeo, é imposible de hallarse en la materia. Esto
no es mas que mostrar el origen de nuestros conocimientos, así de los
que tienen por objeto lo material y corporeo, como los puros espíritus,
por lo que conduce á la Lógica. La buena Metafísica añade á estas
primitivas reflexîones algunas otras con que se ilustra mas este asunto.
Quando las luces sobrenaturales de la Fe Divina, comunicada por la
Iglesia Católica, entran en nuestro entendimiento, fortifican
extremamente estas verdades naturales, y se hermanan con ellas, de modo
que las nociones que las potencias mentales producen á la ocasion de
otras por su fuerza innata, se acomodan con las luces divinas, y juntas
ilustran el entendimiento para conocer á Dios, y alabar y engrandecer
sus infinitas perfecciones. Para conocer el predominio de cada una de
las potencias mentales, es preciso suponer que un gran talento merece
llamarse así, quando todas son grandes y cumplidas. Mas este don
celestial es muy raro, y en un siglo entero se ve en muy pocos. Una
potencia sensitiva fina, delicada, pronta, y expedita: una imaginativa
firme, fecunda, exâcta, y acomodable á tantos objetos, como se deben
pintar en ella: una memoria felíz, estable, y dilatada: un ingenio
agudo, extendido, claro, pronto, descubridor, y desembarazado: un juicio
sólido, recto, maduro, firme, seguro, é incorruptible por los afectos
del ánimo, son un conjunto de preciosidades tan difíciles de encontrar
entre los hombres, como el Fenix. Felíz aquel en quien concurren la
mayor parte de estos incomparables bienes, que alguna vez, aunque de
tarde en tarde, envia la Divina Providencia para manifestacion de su
Gloria, y bien de la Humanidad. Siendo, pues, los hombres por lo comun
escasos de tantas luces, y sugiriendo el amor propio á cada uno de
nosotros, que las tenemos todas, conviene primero que cada qual estudie
y medite qué potencias intelectuales predominan en sí mismo, y qué
afectos las acompañan, para adquirir con el estudio y aplicacion lo que
le falta, y dominar las pasiones que corrompen el juicio. Despues de
haber hecho una averiguacion sana de su propio entendimiento, puede
pasar á ver cómo podrá aprovecharse de las luces de los demas. Para esto
se ha de saber, que en todas las artes Mecánicas, en que principalmente
se exercitan las manos y el cuerpo, la potencia sensitiva, é imaginativa
predominan; porque su incumbencia es trabajar sobre cosas sensibles, ya
juntándolas, ya desuniéndolas, ya trabándolas de mil maneras entre sí,
en lo que los sentidos y la imaginacion estan siempre ocupados. En la
pintura, escultura, estatuaria, y otras semejantes facultades domina la
imaginacion, pues de ella se vuelven á copiar las imágenes de las cosas.
Los Poetas tienen por lo comun la imaginacion vivaz, agitada y fuerte,
el ingenio agudo y descubridor, pero corto el juicio, porque aunque
algunos le tienen, pero son muy pocos. Los Dialécticos ocupan todo el
ingenio. Las verdaderas Ciencias y la sabiduría son obras del juicio,
porque dado que todas las potencias deben concurrir, la razon es la que
en ellas predomina. La Física pide igual aplicacion de la potencia
sensitiva y de la imaginativa con el juicio, porque es necesario
percibir los objetos corporeos con delicadeza y distincion, tener las
imágenes de ellos en la fantasía exâctas, claras, y sin confusion
alguna; pero como no basta esto solo, pues conviene ademas de esto
combinar, para lo qual es preciso el ingenio, y sobre todo razonar,
arreglar, ordenar, y colocar cada cosa en el punto en que lo ofrece la
naturaleza, sin equivocaciones, ni falsas atribuciones, y aplicar los
principios fundamentales del saber, en todo lo qual ha de ocuparse el
juicio; por eso es menester mucho para formarse un Físico verdadero, y
por eso aunque hoy todos hablan de la Física, no todos la entienden, ni
es tanto como se cree lo que se ha adelantado en ella. Para hacer
crítica de los Autores y aprovecharse de ellos es menester reparar, qué
potencias mentales y qué afectos del ánimo los dominan; porque si
escriben apasionados, ó con cortas luces del entendimiento, ó sin
potencias correspondientes á los asuntos en que se empeñan, poco fruto
se sacará de su letura; y sin este conocimiento son de poco valor los
juicios que unos Autores hacen de otros. Nos hemos valido hasta aquí de
la Animástica y Metafísica para darnos á entender con toda claridad en
lo que vamos á decir de la Lógica.
[Nota a: _Instit. Medic. Phisolog. proposic. 47. y 48. num. 187._]
CAPITULO VI.
_De las nociones mentales simples._
[14] Llamamos _nociones_ (voz bastantemente introducida en nuestra
lengua) los actos de qualquiera potencia mental, con que el
entendimiento conoce las cosas. Si comprehende, pues, un objeto con una
sola nocion, esta se llama simple, como lo es la percepcion que llaman
_aprehension_ en las Escuelas. Todas las nociones simples conocen, ó la
cosa que exîste por sí sin necesitar de otra, como la _substancia_: ó la
que no puede estár sin otra á quien se arrima, como la _adherente_
(algunos la llaman _accidente_): ó la que incluye juntas las dos, es á
saber, accidente y substancia. El Agua, el Fuego, la Tierra, el Ayre,
los Cielos, los Planetas, los Cuerpos terrestres, son substancias que
exîsten por sí, y las conocemos como tales por las simples nociones que
de cada una tenemos: los colores, los sabores, el frio y el calor, la
extension é impenetrabilidad, y otros seres semejantes, nunca exîsten
por sí solos, sino adherentes, ó arrimados á las substancias. Todos los
entes corpereos del Universo se componen á un tiempo de substancia y
accidentes, y como tales los conocemos con simples nociones, pues por
una sola percepcion los representamos en la mente. Importa mucho separar
las nociones de cada cosa, no confundirlas, ni atribuir á una lo que es
de otra, para averiguar en cada una de ellas su naturaleza, efectos, y
propiedades.
[15] Las nociones simples, unas son _universales_, otras _singulares_,
otras _medias_. Todas las cosas en sí mismas, ó, como en las Escuelas
con su bárbaro estilo dicen, _à parte rei_, son singulares: pero como
cada una tiene un atributo, que es comun con otras, el entendimiento
suele mirarlas por el lado solo en que se semejan, y con una _nocion_
las comprehende todas. Esta nocion se llama _universal_, y comunmente se
dice hecha por _abstraccion_, porque la mente de muchas cosas del objeto
no conoce entonces mas que una, abstrayéndola, como que la mira separada
de las demas. El modo de abstraher es este: fórmase en la fantasía la
imagen de lo viviente y sensitivo (que llamamos _animal_) todas las
veces que ve estas cosas en los entes singulares, ya sean hombres, ya
bestias, ya sabandijas, &c. la memoria renueva en confuso estas
imágenes, cada vez que se presenta una sola, por la necesaria conexîon
que unas tienen con otras: estas potencias tienen entonces, sin
transcender á mas, la nocion de _animal_, con la que miran no un solo
individuo singular, sino todos los que forman y excitan aquella misma
representacion; y siendo muchos, la nocion es universal. La nocion
_singular_ no necesita de explicacion, pues por ella conocemos cada cosa
en particular. Las nociones singulares anteceden, como hemos dicho, á
las universales; y para que estas sean exâctas es menester adquirir
aquellas con el mayor cuidado, á fin de asegurarse de manera, que la
nocion mental sea enteramente conforme á la cosa que mira como objeto.
Las nociones _medias_ son aquellas, que ni representan los singulares,
ni son universales, sino excluyendo tácitamente á ambos, participan de
las dos, como quando decimos: _algun hombre_, pues con esta nocion, ni
comprehendemos todos los hombres, ni á uno solo. Esto lo hace el
entendimiento quando no ve en el objeto lo singular, ni descubre en él
mismo los atributos universales.
[16] A las nociones simples pertenecen los predicamentos (en Griego se
llaman [Griego: _Kathaegoriai_], _Cathegoriae_) que comunmente se tienen
por diez, es á saber, la _substancia_, ó el ser que por sí subsiste: la
_quantidad_, ó medida de la cosa: la _qualidad_, ó aquello por donde la
cosa se tiene por tal ó tal, como blanco, negro, &c: la _relacion_, ó la
referencia que dice una cosa con otra: la _accion_, ó el acto con que
obran las causas: la _afeccion_, ó pasion, que es lo que sufre una cosa
por la accion de otra: la _ubicacion_, esto es, la ocupacion de lugar:
el _quándo_, ó en qué tiempo: la _situacion_, ó modo de estar: el
_hábito_, ó forma exterior. A las nociones simples pertenecen tambien
los _predicables_. Llaman así los Filósofos ciertas nociones comunes,
que pueden adaptarse, segun convenga, á cada uno de los predicamentos:
de modo, que el predicamento es la cosa que puede decirse de otra, y el
predicable es la clase en que se coloca el predicamento, y encierra la
manera con que este se puede mas bien explicar, y entender. Los
predicables son cinco, es á saber, _género_, ó la parte esencial de una
cosa mas comun á otras, como quando de Ticio decimos, _que es animal_;
pues en esto explicamos una porcion de su ser comun á otras cosas
distintas de Ticio: _Especie_, ó la clase inmediatamente contenida
debaxo del género, como en Ticio el ser _hombre_; pues en otra clase de
animal estan las bestias, por donde el género _animal_ encierra las dos
especies: _Diferencia_ que es la parte propia y peculiar de la esencia
de una cosa, por la qual la nocion universal del género se contrahe á
una determinada especie, como es en Ticio el ser _racional_; pues con
esto se determina no ser como quiera animal, sino _animal racional:
Propio_, que es una cosa necesariamente conexâ con la esencia, como que
dimana de ella, y no se puede separar; asi el poder reirse y admirarse
es propio del hombre: _Accidente_ es una cosa que puede estar, ó no
estar en otra sin perjudicar á la esencia de ella, como el _vestir_ en
el hombre. En los predicamentos y predicables hemos tenido la mira de
explicarlos, segun pertenecen á la Lógica, en quanto son nociones
universales, con que el entendimiento conoce lo que es comun en las
cosas, y halla así el modo facil de colocarlas en ciertas clases, para
difinirlas con exâctitud, dividirlas sin confusion, y argumentar con
claridad. El exâminar á fondo el ser y calidades de los predicamentos,
segun se hallan en las cosas, pertenece á la Física y Metafísica; y
cierto que en estas Ciencias no adelantará mucho el que en el exámen de
los objetos de ellas no lleve por delante estas nociones Lógicas; sin
que deba apartarnos del conocimiento y uso recto de ellas lo que trae el
_Arte de pensar_ con razones muy frívolas, solo por oponerse á
Aristóteles[a].
[Nota a: _Part. I. cap. 3. pag. 57. y sig_.]
CAPITULO VII.
_De las nociones mentales combinadas._
[17]Los nombres con que los Griegos, los Latinos, y los Dialécticos de
las Escuelas nombran las nociones combinadas, quedan ya explicados.
Usarémos aquí del vocablo _Proposicion_, que es hoy el mas recibido. En
las proposiciones aquella cosa de quien se dice algo se llama _sugeto_:
lo que de ella se dice se llama predicado, ó _atributo_. El medio con
que se juntan, ó se separan el sugeto y predicado lo llaman _cópula_.
Aunque en todo rigor los tres se pueden llamar _nombres_; pero el comun
de los Dialécticos llama así al sugeto y predicado, y á la cópula
_verbo_. El sugeto y predicado de las proposiciones se llaman
_términos_, voz tomada de los Geómetras, porque son los extremos de las
proposiciones. Así que en esta proposicion _Ticio es hombre_, Ticio es
el sugeto, porque de él se dice ser hombre: este es el predicado, porque
es lo que se dice de Ticio, y el verbo _es_, que junta el atributo de
hombre con Ticio, es la cópula. Qualquiera que sea el verbo se puede
reducir á este, como si decimos Ticio _cuida, ama, estudia_, &c.
equivale á _Ticio es cuidadoso, amante, estudioso_, &c. Si nos
acomodamos al orden natural, en toda proposicion pone el entendimiento
antes que todo al _sugeto_, despues el _verbo_, y luego al _predicado_,
y quien quiera que así se explica, usa el modo mas simple y mas perfecto
que hay de hablar de las cosas. Las transposiciones, que en varias
lenguas se han introducido, son artificiosas, y por agradables que sean,
siempre son confusas, porque son contra el modo natural de las nociones
mentales; de suerte, que para entenderlas se ve obligado el
entendimiento á colocarlas en su natural constitucion: _el dinero ama
Ticio_, por el modo simple, dirá: _Ticio ama el dinero. Fué de Ticio
criado_, debe decir, _fué criado de Ticio_. Los verdaderos Filósofos
cuidan mucho de hacer así las proposiciones, de suerte, que quanto mayor
es la simplicidad natural, tanto mas inteligible es lo que se dice, y
mas perfecto, porque es mas conforme á la naturaleza.
[18] En las Escuelas es inmensa la confusion que se ha introducido en la
explicacion de los términos de las proposiciones, y en las varias
divisiones de ellas con tantas y tan inútiles explicaciones, que han
obligado á Vives á decir: _que son mas á propósito para jugar que para
hablar, siendo infinitas las que hay en sus libros, y imposible el
referirlas todas_[a]. MELCHOR CANO, tomándolo de VIVES como acostumbra,
dice: _No entiendo con qué motivo algunos hombres doctos con el título
de Dialéctica han introducido en las Escuelas las proposiciones
exponibles, obligaciones, insolubles, reflexîvas, y otras monstruosas á
este modo_[b]. Estos dos insignes Españoles han mostrado por extenso los
defectos de la Lógica de las Escuelas, en especial Luis Vives; y quien
los lea conocerá, que han ido delante de los modernos, que se precian de
ser los reformadores de las Artes; y conviene advertir, que el _Arte de
pensar_, y el que le sigue los pasos LUIS ANTONIO VERNEI, conocido por
el _Barbadiño_, en sus Lógicas son en este asunto tan prolixos como los
Escolásticos, y los andan siguiendo en la explicacion de las diferencias
de las proposiciones, aunque descontentos de su Dialéctica. Para
proceder en esto con claridad sin faltar á lo preciso conviene saber,
que las proposiciones se diferencian entre sí, ó por los _términos_ de
ellas, ó por el _verbo_. Debe qualquiera, si no quiere ser engañado,
poner atencion en el sugeto y predicado, si son simples, ó compuestos.
Son simples en esta proposicion: _Ticio es hombre_. Son compuestos en
esta: _Ticio que es sabio entiende la Lógica mas pura_. Visto es que el
sugeto de esta última encierra á _Ticio_ y la proposicion _que es
sabio_: y el predicado contiene la Lógica _que es mas pura que todas_.
Si el término complexo no tiene conexîon precisa con lo restante de la
proposicion, puede ser falso, sin que la proposicion lo sea. _Eumenio
hombre discreto sabe montar á caballo._ Esta proposicion puede ser
verdadera, aunque Eumenio no sea discreto. Son infinitas las maneras de
hablar que en el trato civil y en los libros se hallan semejantes á
esta, en que se dexan en los _términos_, supuestas algunas proposiciones
incidentes como seguras, que no lo son. Si el supuesto que se contiene
en el sugeto, ó predicado, tiene conexîon necesaria con lo que se
afirma, ó niega, entonces segun él es, será la verdad, ó falsedad de
toda la proposicion, _Ser el hombre piedra es imposible_. Si el
_imposible_ se dixera de solo esto _ser el hombre_, fuera falsa la
proposicion; pero recayendo la imposibilidad sobre todo el complexo _ser
el hombre piedra_, es verdadera. Así que, siempre que el sugeto es
complexo conviene ver, si el atributo se afirma, ó niega de todo él, ó
solo de una parte, y lo mismo se ha de hacer quando, siendo el sugeto
simple, el predicado es compuesto. _El hombre que no cree en Dios es
infiel._ En esta proposicion la infidelidad, que es el atributo, recae
sobre todo el complexo del sugeto, y así es verdadera. De este modo con
mediana atencion conocerá qualquiera las proposiciones conjuntas por la
conjuncion _et_ ó _y_: las _disjuntas_, por la partícula _nec_ ó _ni_:
las _hypotéticas_, ó condicionales juntas por la partícula _si_: las
_causales_ indicadas por la partícula _quia_, ó _porque_: las _divisas_
que contienen diversas proposiciones y se muestran por las partículas
_quamvis_, _etsi_, esto es _aunque_: las _relativas_, que incluyen
miembros que se refieren entre sí y se suelen juntar por las partículas
_quanto, tanto_, como esta: _tanto es Ticio sagáz quanto estudioso_: las
_exclusivas, exceptivas_, &c. las quales se expresan por partículas, que
excluyen, exceptúan, &c. En estas maneras de proposiciones, y todas las
que se pueden reducir á estas, ya sea oculto el complexo, ya manifiesto,
es menester descubrirlo y desembarazarlo, para que se vea la conexîon
que entre sí tienen el sugeto y predicado, y por ella conocer si son
verdaderas, ó falsas. Por razon del verbo, que junta, ó separa el sugeto
del predicado, son las proposiciones: _necesaria_, quando los términos
de ella mutuamente lo son, como _el hombre es animal_, y se llama
necesario _lo que es, y no puede ser de otro modo_: _contingente_,
quando no son los términos entre sí necesariamente conexôs, como _Ticio
es docto_, pues se llama contingente _lo que es, y puede no ser, ó ser
de otra manera: posible_, quando el sugeto y predicado pueden juntarse,
como _Eumenio es sabio_, y se llama posible, _lo que, dado que no sea,
puede ser_: por donde todo lo que es, puede ser, mas no todo lo que
puede ser, es; y así es verdadero el comun dicho de las Escuelas, que
vale la conseqüencia _del actu al posse_, esto es, del ser actual á lo
posible, mas no del _posse al actu_, que es de lo posible á lo actual:
_imposible_ se dice la proposicion, cuyos términos no se pueden juntar
como _el hombre es piedra_, pues se llama imposible lo que ni es, ni
puede ser. Siempre que semejantes proposiciones expresan la union, ó
desunion del sugeto con el predicado por un adverbio, ú otra suerte de
partículas, que se juntan al verbo, se llaman _modales_. Si el sugeto de
las proposiciones, qualesquiera que sean, es _universal_, la proposicion
toma este nombre, y se expresa con la voz _omnis_ todo, _nullus_
ninguno: si es _particular_, se llama así la proposicion, y se expresa
por las voces _quidam_ cierto, _aliquis_ alguno: si es _singular_ será
singular la proposicion, y se expresa con la voz _hic_ este: si el
_sugeto_ es indefinido, esto es, no lleva ninguna de las significaciones
propuestas, es menester determinarlo para que se sepa si es verdadera, ó
falsa la proposicion. Si los hombres cuidasen explicar sus nociones
mentales con las expresiones que corresponden á cada una de ellas, se
evitarian mil qüestiones inútiles y viciosas, que se ven en los libros,
y innumerables reyertas en el trato civil. Tiénese por regla general
entre los Dialécticos, que si la proposicion _indefinida_, esto es, de
sugeto indefinido, es _necesaria_, equivale á universal, como esta, _el
hombre es viviente_, que ha de entenderse de todos los hombres: y si es
_contingente_ equivale á particular como esta, _el hombre anda_, que
solo se debe entender de alguno. Para no errar en esto conviene saber el
predicado que es necesario, ó contingente respecto del sugeto, lo qual
no se averigua solo por la Lógica. Todas estas suertes de proposiciones
se dicen _opuestas_, quando con un mismo sugeto y predicado se oponen en
los términos universales y particulares. _Todo hombre es sabio, algun
hombre es sabio_ se llaman _subalternas_, porque lo son los términos
_todo_ y _alguno_; y ambas son afirmativas, ó negativas, y pueden ser la
una verdadera, la otra falsa, ó las dos á un tiempo verdaderas, ó
falsas. _Todo hombre es justo, ningun hombre es justo_, son contrarias,
porque lo son los términos _todo_ y _ninguno_, y pueden ser á un mismo
tiempo falsas las dos, mas no verdaderas. _Algun hombre es veraz, algun
hombre no es veraz_, son subcontrarias por el término _alguno_, y pueden
ambas ser verdaderas, mas no falsas. Estas proposiciones, _todo hombre
es bueno, algun hombre no es bueno: Ticio es virtuoso, Ticio no es
virtuoso_, son contradictorias, porque se oponen entre sí en quanto se
pueden oponer, así en los términos como en la afirmacion y negacion, y
es preciso que de estas la una sea verdadera, la otra falsa, por el
principio de luz natural que dicta, _toda cosa es, ó no es_. En las
proposiciones complexâs no se podrá averiguar bien si son
contradictorias, si no se desembarazan los miembros de la composicion, y
se comparan unos con otros. Los Dialécticos de las Escuelas, demas de
estas cosas, que tratan con suma prolixidad, se entretienen en la
_equipolencia_ y conversion de las proposiciones. Nosotros las omitimos
por ser cosas enredosísimas y de pura especulacion, siendo nuestro
intento omitir lo superfluo, y proponer lo que de qualquiera modo sea
preciso. En la diferencia de las proposiciones por el verbo lo
principalmente notable es la afirmacion y negacion, con las quales se
juntan, ó se desunen los términos de ellas; mas como este asunto pide
mayor explicacion, vamos á darla en el capítulo siguiente.
[Nota a: Lud. Viv. _de Caus. corrup. art. lib. 3. p. 387. ed. Basilea de
1555._]
[Nota b: Cano _de Loc. Theolog. lib. 9. c. 1. pag. 288._]
CAPITULO VIII.
_De la afirmacion y negacion de las proposiciones._
[19] La partícula negante, para que la proposicion sea negativa, ha de
juntarse con el verbo; pues si se antepone al nombre, le hace infinito é
indeterminado, sin que por eso la proposicion sea negativa. _Non homo
est aliquid, lo no hombre es alguna cosa_, es proposicion afirmativa,
aunque haya negacion, bien que el sugeto se hace infinito. En las
nociones mentales, siguiendo el orden natural, la negacion de las
proposiciones siempre va cerca del verbo, y esto deben hacer los que
quieren hablar y escribir con perspicuidad; pero los Escolásticos para
hallar nuevos modos de enredar los conceptos del entendimiento han hecho
mil transposiciones de la partícula negativa, sacándola del orden
natural, y con esto han movido muchas qüestiones impertinentísimas. Con
lo que hemos dicho de la negacion, y con saber el uso que de ella se
hace en las principales lenguas, se podrá gobernar qualquiera con
acierto en la averiguacion de la verdad: lo que en este asunto conviene
explicar con mas extension es el uso que ha de hacerse de la afirmacion
y negacion. _Afirmar_ significa, como hemos dicho, juntar en el
entendimiento dos nociones por el verbo _ser_, ú otro, que puede
reducirse á este. _Afirmar_ significa tambien asegurar una cosa
consintiendo en ella. Quando juntamos en el entendimiento las nociones
de monte y de oro, diciendo: _El monte es oro_, afirmamos en el primer
modo, y no en el segundo, porque aunque tengamos juntos estos conceptos,
no asentimos á semejante proposicion. Lo mismo ha de entenderse de esta
proposicion: _Pedro es piedra_, la qual es afirmativa en el primer modo,
mas no afirmamos en ella ser Pedro piedra en el segundo. Esta diferencia
consiste, en que la afirmacion con que solo juntamos los extremos,
qualesquiera que sean, es obra del ingenio; mas la afirmacion con que
asentimos á una proposicion, es obra del juicio. Y sucede muchísimas
veces hallarse en el entendimiento muchas combinaciones diferentes, sin
aprobarlas el juicio, porque este asiente á la verdad de una
proposicion, quando ya ha visto la conexîon que tiene con los principios
primitivos; así quando decimos _Pedro es piedra_, en la nocion de Pedro
considera el juicio la de hombre, la de viviente sensitivo y racional; y
en la de la piedra concibe la de un cuerpo duro, é incapaz de vida y
sentimiento, y no pudiendo juntar, ni combinar realmente estas nociones,
no asiente á semejante proposicion.
[20] Por esto será bien advertir, que tenemos muchas percepciones de las
cosas sin asentir á ellas, y por consiguiente, que no es lo mismo
pensar, que consentir. Muchos de conciencia delicada se equivocan en
esto, porque no se paran á meditar lo que les sucede en la variedad de
sus pensamientos; pero si reflexîonan un poco, conocerán claramente, que
las percepciones que tenemos por los sentidos, puesta la buena
disposicion de sus órganos, no pueden dexar de seguirse á las
impresiones, que estos reciben. Son pues, como lo hemos explicado,
libres el asenso y disenso, que pertenecen al juicio; y como este asunto
sea importantísimo, será bien declararse con algunos exemplos.
Preséntase Ariston delante de un arbol ó de un jardin, y si tiene los
ojos sanos y bien dispuestos, no puede dexar de ver aquellos objetos.
Estará á la verdad en su albedrio algunas veces ponerse delante del
jardin ó del arbol; mas ya puesto y aplicado á mirarlos, no puede evitar
el verlos. Si el arbol es grande ó pequeño, y el jardin ameno y
divertido, luego acompañará á la vision de ellos el juicio afirmativo:
_El jardin es ameno_, _el arbol es grande_, y estas proposiciones son en
todas maneras afirmativas, porque al tiempo que junta al _arbol_ la
nocion de _grande_, por el uso y experiencia de las cosas, sabe que le
conviene, y así lo afirma y lo consiente; y lo mismo sucede quando la
nocion de la amenidad la apropia al jardin. Supongamos ahora, que
Ariston es curioso en las cosas naturales, y luego su curiosidad le
mueve á saber qué arbol es el que tiene por _grande_. Aquí no hallándose
con bastantes principios experimentales para asegurarlo, queda dudoso, ó
suspende su juicio, y esta suspension, sin afirmar ni negar, no es otra
cosa que el exercicio de su libertad, con la qual consiente, disiente ó
suspende el asenso y disenso á su albedrio. Mas ya Ariston exâminando
las partes del arbol, su forma externa, su figura, y todas las demas
cosas necesarias, combinándolas con otras de que tiene ciencia y
experiencia cierta, asiente á que el arbol _grande_ es _almendro_. No
hay que dudar, que quando Ariston averiguaba qué arbol era el que veía,
tendria dentro de sí varios pensamientos con que le compararia hasta
encontrar con aquel que tenia entera conveniencia con el que buscaba, y
así interiormente diría: _Este arbol parece sauce_, y afirmaba en el
primer modo en quanto juntaba la nocion de _sauce_ con la de aquel
arbol; mas no en el segundo, porque no hallando entre el arbol
presente, y el sauce la semejanza necesaria que debia corresponder á su
experiencia, no asentia á que lo fuese. Del mismo modo pensaria en otros
árboles, y de ninguno lo afirmaria con asenso hasta llegar al
_almendro_.
[21] De otro modo le sucede á Ticio, que, paseando con serenidad de
ánimo, ve á Crisias su mayor enemigo, que quiso tal vez en otro tiempo
quitarle la vida, y la fama. Luego que Ticio le descubre, percibe á
Crisias, y junta la nocion de enemigo, diciendo dentro de sí: _Crisias
es mi enemigo; Crisias me quiso quitar la vida; Crisias intentó quitarme
la fama_. Pero al mismo tiempo se le excita á Ticio la memoria del
agravio y maldad de Crisias, y los afectos de ira, de odio, ú de
venganza. Esto se executa en Ticio tan aprisa, que casi lo mismo es ver
á Crisias, que suceder todo lo referido. La primera percepcion de
Crisias, que tuvo Ticio, no fué voluntaria, puesta la aplicacion de la
vista en el modo dicho. Tampoco lo fué la memoria del agravio, y de la
ofensa, ni el primer movimiento de los afectos nombrados. Lo son
solamente las proposiciones propuestas, y lo son mucho mas los juicios
que suelen seguirse á los afectos, como si Ticio llevado de la ira
dixese: _He de vengarme_, y otros semejantes. Aquí se han de distinguir
los afectos é inclinaciones que se excitan en Ticio quando ve á Crisias,
de los juicios que de ordinario suele Ticio juntar con ellos, porque el
primer movimiento de aversion ácia Crisias, excitado de la primera
percepcion que aquel tuvo de este, no es voluntario, y los Filósofos le
llaman _motus primo primus_; pero los juicios que suelen acompañar
aquellos movimientos son voluntarios, y puede Ticio, y debe apartarlos,
y en algunas ocasiones aplicar todas sus fuerzas para reprimirlos.