[13] Tres cosas me propongo manifestar en este capítulo: la primera,

cómo percibimos los objetos corporeos: la segunda, cómo conocemos los

espirituales: la tercera, cómo se ha de conocer el predominio de cada

potencia. El alma, durante la vida, está tan estrechamente unida al

cuerpo, que no puede sin él exercitar sus propias y naturales potencias.

No entienden bien la constitucion del hombre los que atribuyen al alma

operaciones intelectuales totalmente independientes del cuerpo, pues no

pudiendo jamas pensar, discurrir, ni juzgar, sino con dependencia de las

imágenes de la fantasía, que mira como objetos inmediatos de sus

conceptos, es preciso que obre siempre con dependencia del cuerpo que ha

de concurrir con los sentidos á la produccion de tales representaciones.

Lo que sucede es, que el cuerpo está dispuesto con orden maravilloso

para estos fines, á los quales principalmente concurren los órganos de

los sentidos y los nervios. El objeto corporeo, arrimado al órgano del

sentido, hace impresion en él y en sus nervios, por los quales se

comunica hasta la cabeza, donde está el origen de ellos. Así que es

preciso que el celebro concurra con su ayuda al exercicio de las

operaciones de los sentidos, no porque en él se hagan las sensaciones,

sino por las leyes de la necesaria conexîon con que en el cuerpo humano

unas partes se socorren de otras, y todas juntas se encaminan á mantener

el prodigioso enlace, y á cumplir los fines que les ha prescrito con

inefable sabiduría el Hacedor de todas las cosas. En la primera edicion

de esta obrita seguia yo otras máxîmas en esto; mas habiéndolo escrito

con mas conocimiento en mis _Instituciones Médicas_, allí se podrá esto

ver con mas extension[a]. Concurriendo, pues, todo lo dicho, á la

presencia del objeto sensible se sigue la sensacion, y despues la

imagen, ó representacion del mismo en la fantasía. El alma percibe

distintamente los objetos por la sensacion, y por la imagen que forma de

ellos en la imaginativa los alcanza con toda claridad. Así como la

sensacion se hace donde quiera que estan los órganos de los sentidos, la

especie, imagen, y forma de la imaginativa se exercita siempre en el

celebro, á quien por los nervios se comunica la impresion que los

objetos sensibles hacen en ellos. Si estan sanos los órganos de los

sentidos y bien aplicados á las cosas, la imaginativa bien constituida,

y el juicio que acompaña á estas operaciones es recto, se logra una

certidumbre entera, como se ve en la seguridad que en esto tiene, sin

excepcion, todo el género humano, que se satisface y gobierna por lo que

ve, oye, palpa, &c. sin poner nadie replica á estos testimonios quando

son exâctos. El conocimiento de la cosa que resulta de la debida

aplicacion de los sentidos es el que llamamos _experiencia_, fuente

fecundísima de la mayor parte de las verdades que alcanzan los hombres.

Los errores que se cometen en esto, y se quieren dorar con el especioso

título de la experiencia, se explicarán mas adelante. Ya hemos visto que

el entendimiento por el uso de sus potencias hace reflexîon, sobre sus

propios actos. Las imágenes que se forman de estos en la fantasía no son

perfectas, ni sensibles, sino formadas por semejanza, tal vez muy

remota, de las que exîsten en esta potencia. Con esto se ve que los

actos del entendimiento no son materiales, ni corporeos, porque no

tienen la solidez y fuerza que hay en la materia y en los cuerpos para

impresionar nuestros sentidos. Tampoco tienen extension para ocupar

lugar, pues en un solo pensamiento se incluye todo el universo. No son

impenetrables, porque en una misma proposicion el predicado está

incluido claramente en el sugeto, y en los sylogismos el consiguiente

está íntimamente contenido en las premisas. Separan las cosas que en sí

son juntas, y unen las que estan separadas, cosa que en la materia no

puede suceder. El conocimiento que tiene el hombre del _infinito_, donde

se reduce á un acto indivisible todo lo que exîste y puede exîstir,

muestra que quanta es la extension de las cosas está reducida á un

concepto mental distinto de todas ellas. A la vista de estas y otras

muchas reflexîones, que subministran la Animástica y Metafísica, se

entiende, que hay en nosotros un principio producidor de estos actos, el

qual es de muy distinto ser y naturaleza que la materia; porque así como

conocemos las cosas materiales y corporeas que hay en nosotros por las

afecciones perpetuamente inseparables de ellas, como la extension,

impenetrabilidad, solidez, &c. que dexan impresion en nuestros sentidos

y imágenes en la fantasía, del mismo modo alcanzamos que hay en nuestra

constitucion otro principio ageno de las referidas afecciones, con

facultad de producir otras muy diversas, no solo en su ser, sino en sus

propiedades, de modo que para separar estos principios constitutivos del

hombre, así como al que es extenso, sólido é impenetrable le llamamos

_cuerpo_, porque goza de las propiedades inseparables de las cosas

corporeas, al otro le llamamos _espíritu_, porque por el general

consentimiento de los Filósofos se da este nombre al ser inmaterial, que

no participa ni puede participar de lo corporeo, antes tiene distinta

naturaleza y opuestas afecciones á las de la materia. Este es el modo

natural primitivo como el hombre, reflexîonando sobre sí mismo, conoce

las cosas espirituales, conociendo su propia alma: de aquí pasa al

conocimiento de Dios, como espíritu perfectísimo. Dentro de sí mismo

tiene el hombre el concepto del infinito, de lo eterno, de lo inmenso,

no por los sentidos, sino por la reflexîon. Conoce claramente que su ser

es limitado y muy ageno de ser partícipe de aquellos objetos. Estas

consideraciones le llevan á entender, que estas cosas se hallan en otro

Ser, que es eterno, infinito, é inmenso, y que no le puede engañar esta

percepcion mental, pues no descansa mas el entendimiento con la

percepcion de las cosas sensibles, quedando satisfecho de su exîstencia

quando se le presentan, que lo queda el juicio y la razon de las

reflexîones propuestas, las quales halla conexâs con los primeros

principios que tiene en sí para juzgar rectamente de las cosas, y son

nacidas de la fuerza innata que tiene el entendimiento para producirlas.

Añádese que por la facultad natural de juzgar alcanza el hombre, que es

_causa_ de una cosa aquello que á su presencia hace exîstir otra. Conoce

con mucha claridad, que no exîste por sí mismo, y por consiguiente su

ser depende de otro. Este conocimiento le extiende á las demas cosas

hasta llegar, como término donde descansa, á un Ser de infinita

potencia, de donde dimanan todos los demas seres. Con estas reflexîones

entiende, que este Ser inmenso, omnipotente, y eterno es infinitamente

sabio: que piensa con infinita perfeccion sin poder errar: que tiene

conocimiento de todo infinitamente superior al suyo; de donde concluye

con buena razon, que este Ser supremo es espíritu puro, perfectísimo,

ageno de todo lo corporeo, é imposible de hallarse en la materia. Esto

no es mas que mostrar el origen de nuestros conocimientos, así de los

que tienen por objeto lo material y corporeo, como los puros espíritus,

por lo que conduce á la Lógica. La buena Metafísica añade á estas

primitivas reflexîones algunas otras con que se ilustra mas este asunto.

Quando las luces sobrenaturales de la Fe Divina, comunicada por la

Iglesia Católica, entran en nuestro entendimiento, fortifican

extremamente estas verdades naturales, y se hermanan con ellas, de modo

que las nociones que las potencias mentales producen á la ocasion de

otras por su fuerza innata, se acomodan con las luces divinas, y juntas

ilustran el entendimiento para conocer á Dios, y alabar y engrandecer

sus infinitas perfecciones. Para conocer el predominio de cada una de

las potencias mentales, es preciso suponer que un gran talento merece

llamarse así, quando todas son grandes y cumplidas. Mas este don

celestial es muy raro, y en un siglo entero se ve en muy pocos. Una

potencia sensitiva fina, delicada, pronta, y expedita: una imaginativa

firme, fecunda, exâcta, y acomodable á tantos objetos, como se deben

pintar en ella: una memoria felíz, estable, y dilatada: un ingenio

agudo, extendido, claro, pronto, descubridor, y desembarazado: un juicio

sólido, recto, maduro, firme, seguro, é incorruptible por los afectos

del ánimo, son un conjunto de preciosidades tan difíciles de encontrar

entre los hombres, como el Fenix. Felíz aquel en quien concurren la

mayor parte de estos incomparables bienes, que alguna vez, aunque de

tarde en tarde, envia la Divina Providencia para manifestacion de su

Gloria, y bien de la Humanidad. Siendo, pues, los hombres por lo comun

escasos de tantas luces, y sugiriendo el amor propio á cada uno de

nosotros, que las tenemos todas, conviene primero que cada qual estudie

y medite qué potencias intelectuales predominan en sí mismo, y qué

afectos las acompañan, para adquirir con el estudio y aplicacion lo que

le falta, y dominar las pasiones que corrompen el juicio. Despues de

haber hecho una averiguacion sana de su propio entendimiento, puede

pasar á ver cómo podrá aprovecharse de las luces de los demas. Para esto

se ha de saber, que en todas las artes Mecánicas, en que principalmente

se exercitan las manos y el cuerpo, la potencia sensitiva, é imaginativa

predominan; porque su incumbencia es trabajar sobre cosas sensibles, ya

juntándolas, ya desuniéndolas, ya trabándolas de mil maneras entre sí,

en lo que los sentidos y la imaginacion estan siempre ocupados. En la

pintura, escultura, estatuaria, y otras semejantes facultades domina la

imaginacion, pues de ella se vuelven á copiar las imágenes de las cosas.

Los Poetas tienen por lo comun la imaginacion vivaz, agitada y fuerte,

el ingenio agudo y descubridor, pero corto el juicio, porque aunque

algunos le tienen, pero son muy pocos. Los Dialécticos ocupan todo el

ingenio. Las verdaderas Ciencias y la sabiduría son obras del juicio,

porque dado que todas las potencias deben concurrir, la razon es la que

en ellas predomina. La Física pide igual aplicacion de la potencia

sensitiva y de la imaginativa con el juicio, porque es necesario

percibir los objetos corporeos con delicadeza y distincion, tener las

imágenes de ellos en la fantasía exâctas, claras, y sin confusion

alguna; pero como no basta esto solo, pues conviene ademas de esto

combinar, para lo qual es preciso el ingenio, y sobre todo razonar,

arreglar, ordenar, y colocar cada cosa en el punto en que lo ofrece la

naturaleza, sin equivocaciones, ni falsas atribuciones, y aplicar los

principios fundamentales del saber, en todo lo qual ha de ocuparse el

juicio; por eso es menester mucho para formarse un Físico verdadero, y

por eso aunque hoy todos hablan de la Física, no todos la entienden, ni

es tanto como se cree lo que se ha adelantado en ella. Para hacer

crítica de los Autores y aprovecharse de ellos es menester reparar, qué

potencias mentales y qué afectos del ánimo los dominan; porque si

escriben apasionados, ó con cortas luces del entendimiento, ó sin

potencias correspondientes á los asuntos en que se empeñan, poco fruto

se sacará de su letura; y sin este conocimiento son de poco valor los

juicios que unos Autores hacen de otros. Nos hemos valido hasta aquí de

la Animástica y Metafísica para darnos á entender con toda claridad en

lo que vamos á decir de la Lógica.

[Nota a: _Instit. Medic. Phisolog. proposic. 47. y 48. num. 187._]

CAPITULO VI.

_De las nociones mentales simples._

[14] Llamamos _nociones_ (voz bastantemente introducida en nuestra

lengua) los actos de qualquiera potencia mental, con que el

entendimiento conoce las cosas. Si comprehende, pues, un objeto con una

sola nocion, esta se llama simple, como lo es la percepcion que llaman

_aprehension_ en las Escuelas. Todas las nociones simples conocen, ó la

cosa que exîste por sí sin necesitar de otra, como la _substancia_: ó la

que no puede estár sin otra á quien se arrima, como la _adherente_

(algunos la llaman _accidente_): ó la que incluye juntas las dos, es á

saber, accidente y substancia. El Agua, el Fuego, la Tierra, el Ayre,

los Cielos, los Planetas, los Cuerpos terrestres, son substancias que

exîsten por sí, y las conocemos como tales por las simples nociones que

de cada una tenemos: los colores, los sabores, el frio y el calor, la

extension é impenetrabilidad, y otros seres semejantes, nunca exîsten

por sí solos, sino adherentes, ó arrimados á las substancias. Todos los

entes corpereos del Universo se componen á un tiempo de substancia y

accidentes, y como tales los conocemos con simples nociones, pues por

una sola percepcion los representamos en la mente. Importa mucho separar

las nociones de cada cosa, no confundirlas, ni atribuir á una lo que es

de otra, para averiguar en cada una de ellas su naturaleza, efectos, y

propiedades.

[15] Las nociones simples, unas son _universales_, otras _singulares_,

otras _medias_. Todas las cosas en sí mismas, ó, como en las Escuelas

con su bárbaro estilo dicen, _à parte rei_, son singulares: pero como

cada una tiene un atributo, que es comun con otras, el entendimiento

suele mirarlas por el lado solo en que se semejan, y con una _nocion_

las comprehende todas. Esta nocion se llama _universal_, y comunmente se

dice hecha por _abstraccion_, porque la mente de muchas cosas del objeto

no conoce entonces mas que una, abstrayéndola, como que la mira separada

de las demas. El modo de abstraher es este: fórmase en la fantasía la

imagen de lo viviente y sensitivo (que llamamos _animal_) todas las

veces que ve estas cosas en los entes singulares, ya sean hombres, ya

bestias, ya sabandijas, &c. la memoria renueva en confuso estas

imágenes, cada vez que se presenta una sola, por la necesaria conexîon

que unas tienen con otras: estas potencias tienen entonces, sin

transcender á mas, la nocion de _animal_, con la que miran no un solo

individuo singular, sino todos los que forman y excitan aquella misma

representacion; y siendo muchos, la nocion es universal. La nocion

_singular_ no necesita de explicacion, pues por ella conocemos cada cosa

en particular. Las nociones singulares anteceden, como hemos dicho, á

las universales; y para que estas sean exâctas es menester adquirir

aquellas con el mayor cuidado, á fin de asegurarse de manera, que la

nocion mental sea enteramente conforme á la cosa que mira como objeto.

Las nociones _medias_ son aquellas, que ni representan los singulares,

ni son universales, sino excluyendo tácitamente á ambos, participan de

las dos, como quando decimos: _algun hombre_, pues con esta nocion, ni

comprehendemos todos los hombres, ni á uno solo. Esto lo hace el

entendimiento quando no ve en el objeto lo singular, ni descubre en él

mismo los atributos universales.

[16] A las nociones simples pertenecen los predicamentos (en Griego se

llaman [Griego: _Kathaegoriai_], _Cathegoriae_) que comunmente se tienen

por diez, es á saber, la _substancia_, ó el ser que por sí subsiste: la

_quantidad_, ó medida de la cosa: la _qualidad_, ó aquello por donde la

cosa se tiene por tal ó tal, como blanco, negro, &c: la _relacion_, ó la

referencia que dice una cosa con otra: la _accion_, ó el acto con que

obran las causas: la _afeccion_, ó pasion, que es lo que sufre una cosa

por la accion de otra: la _ubicacion_, esto es, la ocupacion de lugar:

el _quándo_, ó en qué tiempo: la _situacion_, ó modo de estar: el

_hábito_, ó forma exterior. A las nociones simples pertenecen tambien

los _predicables_. Llaman así los Filósofos ciertas nociones comunes,

que pueden adaptarse, segun convenga, á cada uno de los predicamentos:

de modo, que el predicamento es la cosa que puede decirse de otra, y el

predicable es la clase en que se coloca el predicamento, y encierra la

manera con que este se puede mas bien explicar, y entender. Los

predicables son cinco, es á saber, _género_, ó la parte esencial de una

cosa mas comun á otras, como quando de Ticio decimos, _que es animal_;

pues en esto explicamos una porcion de su ser comun á otras cosas

distintas de Ticio: _Especie_, ó la clase inmediatamente contenida

debaxo del género, como en Ticio el ser _hombre_; pues en otra clase de

animal estan las bestias, por donde el género _animal_ encierra las dos

especies: _Diferencia_ que es la parte propia y peculiar de la esencia

de una cosa, por la qual la nocion universal del género se contrahe á

una determinada especie, como es en Ticio el ser _racional_; pues con

esto se determina no ser como quiera animal, sino _animal racional:

Propio_, que es una cosa necesariamente conexâ con la esencia, como que

dimana de ella, y no se puede separar; asi el poder reirse y admirarse

es propio del hombre: _Accidente_ es una cosa que puede estar, ó no

estar en otra sin perjudicar á la esencia de ella, como el _vestir_ en

el hombre. En los predicamentos y predicables hemos tenido la mira de

explicarlos, segun pertenecen á la Lógica, en quanto son nociones

universales, con que el entendimiento conoce lo que es comun en las

cosas, y halla así el modo facil de colocarlas en ciertas clases, para

difinirlas con exâctitud, dividirlas sin confusion, y argumentar con

claridad. El exâminar á fondo el ser y calidades de los predicamentos,

segun se hallan en las cosas, pertenece á la Física y Metafísica; y

cierto que en estas Ciencias no adelantará mucho el que en el exámen de

los objetos de ellas no lleve por delante estas nociones Lógicas; sin

que deba apartarnos del conocimiento y uso recto de ellas lo que trae el

_Arte de pensar_ con razones muy frívolas, solo por oponerse á

Aristóteles[a].

[Nota a: _Part. I. cap. 3. pag. 57. y sig_.]

CAPITULO VII.

_De las nociones mentales combinadas._

[17]Los nombres con que los Griegos, los Latinos, y los Dialécticos de

las Escuelas nombran las nociones combinadas, quedan ya explicados.

Usarémos aquí del vocablo _Proposicion_, que es hoy el mas recibido. En

las proposiciones aquella cosa de quien se dice algo se llama _sugeto_:

lo que de ella se dice se llama predicado, ó _atributo_. El medio con

que se juntan, ó se separan el sugeto y predicado lo llaman _cópula_.

Aunque en todo rigor los tres se pueden llamar _nombres_; pero el comun

de los Dialécticos llama así al sugeto y predicado, y á la cópula

_verbo_. El sugeto y predicado de las proposiciones se llaman

_términos_, voz tomada de los Geómetras, porque son los extremos de las

proposiciones. Así que en esta proposicion _Ticio es hombre_, Ticio es

el sugeto, porque de él se dice ser hombre: este es el predicado, porque

es lo que se dice de Ticio, y el verbo _es_, que junta el atributo de

hombre con Ticio, es la cópula. Qualquiera que sea el verbo se puede

reducir á este, como si decimos Ticio _cuida, ama, estudia_, &c.

equivale á _Ticio es cuidadoso, amante, estudioso_, &c. Si nos

acomodamos al orden natural, en toda proposicion pone el entendimiento

antes que todo al _sugeto_, despues el _verbo_, y luego al _predicado_,

y quien quiera que así se explica, usa el modo mas simple y mas perfecto

que hay de hablar de las cosas. Las transposiciones, que en varias

lenguas se han introducido, son artificiosas, y por agradables que sean,

siempre son confusas, porque son contra el modo natural de las nociones

mentales; de suerte, que para entenderlas se ve obligado el

entendimiento á colocarlas en su natural constitucion: _el dinero ama

Ticio_, por el modo simple, dirá: _Ticio ama el dinero. Fué de Ticio

criado_, debe decir, _fué criado de Ticio_. Los verdaderos Filósofos

cuidan mucho de hacer así las proposiciones, de suerte, que quanto mayor

es la simplicidad natural, tanto mas inteligible es lo que se dice, y

mas perfecto, porque es mas conforme á la naturaleza.

[18] En las Escuelas es inmensa la confusion que se ha introducido en la

explicacion de los términos de las proposiciones, y en las varias

divisiones de ellas con tantas y tan inútiles explicaciones, que han

obligado á Vives á decir: _que son mas á propósito para jugar que para

hablar, siendo infinitas las que hay en sus libros, y imposible el

referirlas todas_[a]. MELCHOR CANO, tomándolo de VIVES como acostumbra,

dice: _No entiendo con qué motivo algunos hombres doctos con el título

de Dialéctica han introducido en las Escuelas las proposiciones

exponibles, obligaciones, insolubles, reflexîvas, y otras monstruosas á

este modo_[b]. Estos dos insignes Españoles han mostrado por extenso los

defectos de la Lógica de las Escuelas, en especial Luis Vives; y quien

los lea conocerá, que han ido delante de los modernos, que se precian de

ser los reformadores de las Artes; y conviene advertir, que el _Arte de

pensar_, y el que le sigue los pasos LUIS ANTONIO VERNEI, conocido por

el _Barbadiño_, en sus Lógicas son en este asunto tan prolixos como los

Escolásticos, y los andan siguiendo en la explicacion de las diferencias

de las proposiciones, aunque descontentos de su Dialéctica. Para

proceder en esto con claridad sin faltar á lo preciso conviene saber,

que las proposiciones se diferencian entre sí, ó por los _términos_ de

ellas, ó por el _verbo_. Debe qualquiera, si no quiere ser engañado,

poner atencion en el sugeto y predicado, si son simples, ó compuestos.

Son simples en esta proposicion: _Ticio es hombre_. Son compuestos en

esta: _Ticio que es sabio entiende la Lógica mas pura_. Visto es que el

sugeto de esta última encierra á _Ticio_ y la proposicion _que es

sabio_: y el predicado contiene la Lógica _que es mas pura que todas_.

Si el término complexo no tiene conexîon precisa con lo restante de la

proposicion, puede ser falso, sin que la proposicion lo sea. _Eumenio

hombre discreto sabe montar á caballo._ Esta proposicion puede ser

verdadera, aunque Eumenio no sea discreto. Son infinitas las maneras de

hablar que en el trato civil y en los libros se hallan semejantes á

esta, en que se dexan en los _términos_, supuestas algunas proposiciones

incidentes como seguras, que no lo son. Si el supuesto que se contiene

en el sugeto, ó predicado, tiene conexîon necesaria con lo que se

afirma, ó niega, entonces segun él es, será la verdad, ó falsedad de

toda la proposicion, _Ser el hombre piedra es imposible_. Si el

_imposible_ se dixera de solo esto _ser el hombre_, fuera falsa la

proposicion; pero recayendo la imposibilidad sobre todo el complexo _ser

el hombre piedra_, es verdadera. Así que, siempre que el sugeto es

complexo conviene ver, si el atributo se afirma, ó niega de todo él, ó

solo de una parte, y lo mismo se ha de hacer quando, siendo el sugeto

simple, el predicado es compuesto. _El hombre que no cree en Dios es

infiel._ En esta proposicion la infidelidad, que es el atributo, recae

sobre todo el complexo del sugeto, y así es verdadera. De este modo con

mediana atencion conocerá qualquiera las proposiciones conjuntas por la

conjuncion _et_ ó _y_: las _disjuntas_, por la partícula _nec_ ó _ni_:

las _hypotéticas_, ó condicionales juntas por la partícula _si_: las

_causales_ indicadas por la partícula _quia_, ó _porque_: las _divisas_

que contienen diversas proposiciones y se muestran por las partículas

_quamvis_, _etsi_, esto es _aunque_: las _relativas_, que incluyen

miembros que se refieren entre sí y se suelen juntar por las partículas

_quanto, tanto_, como esta: _tanto es Ticio sagáz quanto estudioso_: las

_exclusivas, exceptivas_, &c. las quales se expresan por partículas, que

excluyen, exceptúan, &c. En estas maneras de proposiciones, y todas las

que se pueden reducir á estas, ya sea oculto el complexo, ya manifiesto,

es menester descubrirlo y desembarazarlo, para que se vea la conexîon

que entre sí tienen el sugeto y predicado, y por ella conocer si son

verdaderas, ó falsas. Por razon del verbo, que junta, ó separa el sugeto

del predicado, son las proposiciones: _necesaria_, quando los términos

de ella mutuamente lo son, como _el hombre es animal_, y se llama

necesario _lo que es, y no puede ser de otro modo_: _contingente_,

quando no son los términos entre sí necesariamente conexôs, como _Ticio

es docto_, pues se llama contingente _lo que es, y puede no ser, ó ser

de otra manera: posible_, quando el sugeto y predicado pueden juntarse,

como _Eumenio es sabio_, y se llama posible, _lo que, dado que no sea,

puede ser_: por donde todo lo que es, puede ser, mas no todo lo que

puede ser, es; y así es verdadero el comun dicho de las Escuelas, que

vale la conseqüencia _del actu al posse_, esto es, del ser actual á lo

posible, mas no del _posse al actu_, que es de lo posible á lo actual:

_imposible_ se dice la proposicion, cuyos términos no se pueden juntar

como _el hombre es piedra_, pues se llama imposible lo que ni es, ni

puede ser. Siempre que semejantes proposiciones expresan la union, ó

desunion del sugeto con el predicado por un adverbio, ú otra suerte de

partículas, que se juntan al verbo, se llaman _modales_. Si el sugeto de

las proposiciones, qualesquiera que sean, es _universal_, la proposicion

toma este nombre, y se expresa con la voz _omnis_ todo, _nullus_

ninguno: si es _particular_, se llama así la proposicion, y se expresa

por las voces _quidam_ cierto, _aliquis_ alguno: si es _singular_ será

singular la proposicion, y se expresa con la voz _hic_ este: si el

_sugeto_ es indefinido, esto es, no lleva ninguna de las significaciones

propuestas, es menester determinarlo para que se sepa si es verdadera, ó

falsa la proposicion. Si los hombres cuidasen explicar sus nociones

mentales con las expresiones que corresponden á cada una de ellas, se

evitarian mil qüestiones inútiles y viciosas, que se ven en los libros,

y innumerables reyertas en el trato civil. Tiénese por regla general

entre los Dialécticos, que si la proposicion _indefinida_, esto es, de

sugeto indefinido, es _necesaria_, equivale á universal, como esta, _el

hombre es viviente_, que ha de entenderse de todos los hombres: y si es

_contingente_ equivale á particular como esta, _el hombre anda_, que

solo se debe entender de alguno. Para no errar en esto conviene saber el

predicado que es necesario, ó contingente respecto del sugeto, lo qual

no se averigua solo por la Lógica. Todas estas suertes de proposiciones

se dicen _opuestas_, quando con un mismo sugeto y predicado se oponen en

los términos universales y particulares. _Todo hombre es sabio, algun

hombre es sabio_ se llaman _subalternas_, porque lo son los términos

_todo_ y _alguno_; y ambas son afirmativas, ó negativas, y pueden ser la

una verdadera, la otra falsa, ó las dos á un tiempo verdaderas, ó

falsas. _Todo hombre es justo, ningun hombre es justo_, son contrarias,

porque lo son los términos _todo_ y _ninguno_, y pueden ser á un mismo

tiempo falsas las dos, mas no verdaderas. _Algun hombre es veraz, algun

hombre no es veraz_, son subcontrarias por el término _alguno_, y pueden

ambas ser verdaderas, mas no falsas. Estas proposiciones, _todo hombre

es bueno, algun hombre no es bueno: Ticio es virtuoso, Ticio no es

virtuoso_, son contradictorias, porque se oponen entre sí en quanto se

pueden oponer, así en los términos como en la afirmacion y negacion, y

es preciso que de estas la una sea verdadera, la otra falsa, por el

principio de luz natural que dicta, _toda cosa es, ó no es_. En las

proposiciones complexâs no se podrá averiguar bien si son

contradictorias, si no se desembarazan los miembros de la composicion, y

se comparan unos con otros. Los Dialécticos de las Escuelas, demas de

estas cosas, que tratan con suma prolixidad, se entretienen en la

_equipolencia_ y conversion de las proposiciones. Nosotros las omitimos

por ser cosas enredosísimas y de pura especulacion, siendo nuestro

intento omitir lo superfluo, y proponer lo que de qualquiera modo sea

preciso. En la diferencia de las proposiciones por el verbo lo

principalmente notable es la afirmacion y negacion, con las quales se

juntan, ó se desunen los términos de ellas; mas como este asunto pide

mayor explicacion, vamos á darla en el capítulo siguiente.

[Nota a: Lud. Viv. _de Caus. corrup. art. lib. 3. p. 387. ed. Basilea de

1555._]

[Nota b: Cano _de Loc. Theolog. lib. 9. c. 1. pag. 288._]

CAPITULO VIII.

_De la afirmacion y negacion de las proposiciones._

[19] La partícula negante, para que la proposicion sea negativa, ha de

juntarse con el verbo; pues si se antepone al nombre, le hace infinito é

indeterminado, sin que por eso la proposicion sea negativa. _Non homo

est aliquid, lo no hombre es alguna cosa_, es proposicion afirmativa,

aunque haya negacion, bien que el sugeto se hace infinito. En las

nociones mentales, siguiendo el orden natural, la negacion de las

proposiciones siempre va cerca del verbo, y esto deben hacer los que

quieren hablar y escribir con perspicuidad; pero los Escolásticos para

hallar nuevos modos de enredar los conceptos del entendimiento han hecho

mil transposiciones de la partícula negativa, sacándola del orden

natural, y con esto han movido muchas qüestiones impertinentísimas. Con

lo que hemos dicho de la negacion, y con saber el uso que de ella se

hace en las principales lenguas, se podrá gobernar qualquiera con

acierto en la averiguacion de la verdad: lo que en este asunto conviene

explicar con mas extension es el uso que ha de hacerse de la afirmacion

y negacion. _Afirmar_ significa, como hemos dicho, juntar en el

entendimiento dos nociones por el verbo _ser_, ú otro, que puede

reducirse á este. _Afirmar_ significa tambien asegurar una cosa

consintiendo en ella. Quando juntamos en el entendimiento las nociones

de monte y de oro, diciendo: _El monte es oro_, afirmamos en el primer

modo, y no en el segundo, porque aunque tengamos juntos estos conceptos,

no asentimos á semejante proposicion. Lo mismo ha de entenderse de esta

proposicion: _Pedro es piedra_, la qual es afirmativa en el primer modo,

mas no afirmamos en ella ser Pedro piedra en el segundo. Esta diferencia

consiste, en que la afirmacion con que solo juntamos los extremos,

qualesquiera que sean, es obra del ingenio; mas la afirmacion con que

asentimos á una proposicion, es obra del juicio. Y sucede muchísimas

veces hallarse en el entendimiento muchas combinaciones diferentes, sin

aprobarlas el juicio, porque este asiente á la verdad de una

proposicion, quando ya ha visto la conexîon que tiene con los principios

primitivos; así quando decimos _Pedro es piedra_, en la nocion de Pedro

considera el juicio la de hombre, la de viviente sensitivo y racional; y

en la de la piedra concibe la de un cuerpo duro, é incapaz de vida y

sentimiento, y no pudiendo juntar, ni combinar realmente estas nociones,

no asiente á semejante proposicion.

[20] Por esto será bien advertir, que tenemos muchas percepciones de las

cosas sin asentir á ellas, y por consiguiente, que no es lo mismo

pensar, que consentir. Muchos de conciencia delicada se equivocan en

esto, porque no se paran á meditar lo que les sucede en la variedad de

sus pensamientos; pero si reflexîonan un poco, conocerán claramente, que

las percepciones que tenemos por los sentidos, puesta la buena

disposicion de sus órganos, no pueden dexar de seguirse á las

impresiones, que estos reciben. Son pues, como lo hemos explicado,

libres el asenso y disenso, que pertenecen al juicio; y como este asunto

sea importantísimo, será bien declararse con algunos exemplos.

Preséntase Ariston delante de un arbol ó de un jardin, y si tiene los

ojos sanos y bien dispuestos, no puede dexar de ver aquellos objetos.

Estará á la verdad en su albedrio algunas veces ponerse delante del

jardin ó del arbol; mas ya puesto y aplicado á mirarlos, no puede evitar

el verlos. Si el arbol es grande ó pequeño, y el jardin ameno y

divertido, luego acompañará á la vision de ellos el juicio afirmativo:

_El jardin es ameno_, _el arbol es grande_, y estas proposiciones son en

todas maneras afirmativas, porque al tiempo que junta al _arbol_ la

nocion de _grande_, por el uso y experiencia de las cosas, sabe que le

conviene, y así lo afirma y lo consiente; y lo mismo sucede quando la

nocion de la amenidad la apropia al jardin. Supongamos ahora, que

Ariston es curioso en las cosas naturales, y luego su curiosidad le

mueve á saber qué arbol es el que tiene por _grande_. Aquí no hallándose

con bastantes principios experimentales para asegurarlo, queda dudoso, ó

suspende su juicio, y esta suspension, sin afirmar ni negar, no es otra

cosa que el exercicio de su libertad, con la qual consiente, disiente ó

suspende el asenso y disenso á su albedrio. Mas ya Ariston exâminando

las partes del arbol, su forma externa, su figura, y todas las demas

cosas necesarias, combinándolas con otras de que tiene ciencia y

experiencia cierta, asiente á que el arbol _grande_ es _almendro_. No

hay que dudar, que quando Ariston averiguaba qué arbol era el que veía,

tendria dentro de sí varios pensamientos con que le compararia hasta

encontrar con aquel que tenia entera conveniencia con el que buscaba, y

así interiormente diría: _Este arbol parece sauce_, y afirmaba en el

primer modo en quanto juntaba la nocion de _sauce_ con la de aquel

arbol; mas no en el segundo, porque no hallando entre el arbol

presente, y el sauce la semejanza necesaria que debia corresponder á su

experiencia, no asentia á que lo fuese. Del mismo modo pensaria en otros

árboles, y de ninguno lo afirmaria con asenso hasta llegar al

_almendro_.

[21] De otro modo le sucede á Ticio, que, paseando con serenidad de

ánimo, ve á Crisias su mayor enemigo, que quiso tal vez en otro tiempo

quitarle la vida, y la fama. Luego que Ticio le descubre, percibe á

Crisias, y junta la nocion de enemigo, diciendo dentro de sí: _Crisias

es mi enemigo; Crisias me quiso quitar la vida; Crisias intentó quitarme

la fama_. Pero al mismo tiempo se le excita á Ticio la memoria del

agravio y maldad de Crisias, y los afectos de ira, de odio, ú de

venganza. Esto se executa en Ticio tan aprisa, que casi lo mismo es ver

á Crisias, que suceder todo lo referido. La primera percepcion de

Crisias, que tuvo Ticio, no fué voluntaria, puesta la aplicacion de la

vista en el modo dicho. Tampoco lo fué la memoria del agravio, y de la

ofensa, ni el primer movimiento de los afectos nombrados. Lo son

solamente las proposiciones propuestas, y lo son mucho mas los juicios

que suelen seguirse á los afectos, como si Ticio llevado de la ira

dixese: _He de vengarme_, y otros semejantes. Aquí se han de distinguir

los afectos é inclinaciones que se excitan en Ticio quando ve á Crisias,

de los juicios que de ordinario suele Ticio juntar con ellos, porque el

primer movimiento de aversion ácia Crisias, excitado de la primera

percepcion que aquel tuvo de este, no es voluntario, y los Filósofos le

llaman _motus primo primus_; pero los juicios que suelen acompañar

aquellos movimientos son voluntarios, y puede Ticio, y debe apartarlos,

y en algunas ocasiones aplicar todas sus fuerzas para reprimirlos.

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