[9]No es qüestion de _voz_, sino de cosas muy precisas la que vamos á

tratar. Aunque comunmente se cree, y graves Autores lo dicen, que Platon

fué el primero que usó la voz _idea_: yo hallo que Hippócrates, anterior

á Platon, la usó muchas veces en sus escritos legítimos; con que solo se

puede decir, que Platon fué el que hizo mas universal la noticia de las

ideas. Decia este Filósofo, que quando el Hacedor de todas las cosas

hizo este mundo visible, miraba como originales á quienes se adaptaba

ciertas formas exteriores, inmateriales, insensibles, eternas, que le

servian de exemplar, y á estas llamaba _ideas_. Leyendo el _Timeo_ de

Platon y su _Phedon_, donde trata de estas cosas, se echa de ver mucha

confusion en los dictámenes de este Filósofo, y poca constancia en lo

que establece sobre estas ideas, de modo que sus sectarios Plotino,

Alcinoo, Apuleyo, y otros, no se pueden convenir entre sí quando tratan

de averiguar la mente de su Maestro en este punto. SAN AGUSTIN, que con

admirable sabiduría supo enmendar los errores gentílicos,

convirtiéndolos en usos verdaderos para ilustracion de las verdades

christianas, hablando de las ideas de Platon, las coloca en la mente

divina, como que Dios en la creacion del mundo iba poniendo en obra lo

que desde la eternidad estaba en su mente. ARISTÓTELES impugnó las ideas

Platónicas; y en los tiempos medios no se ha hecho mencion de ellas sino

para rechazarlas, de manera que en las Escuelas nunca han tenido

entrada, ni en su significado, ni en la voz _Idea_, para explicar los

actos del entendimiento. Los modernos han tomado por su cuenta hablar en

sus Lógicas de las _Ideas_, no de las de Platon, porque todos conocen

que son fingidas, sino aplicando esta voz á los conceptos del

entendimiento, con lo que han introducido un lenguage, que en sí es

confusísimo, y cierra la comunicacion de los Dialécticos de ahora con

los de la antigüedad. CARTESIO, á lo que yo entiendo, por no hablar como

los antiguos, fué el que introduxo las ideas en la Filosofía[a]. Como el

sistema Cartesiano deslumbró toda la Europa, se hizo como cosa de moda

pensar, y hablar como Cartesio. Despues que han conocido los hombres de

buen juicio, que la Filosofía Cartesiana era por la mayor parte un

cúmulo de ficciones bien encadenadas, la han abandonado, quedándoles

pegada alguna cosa, como sucede siempre que se han preocupado los

entendimientos, pues cuesta mucho desarraigar de todo punto lo que

estuvo internado en la mente. Han quedado, pues, las _Ideas_, y las

aplican los mas á cosas con que no tienen conexîon, ni pueden tenerla.

Ni Platon, ni sus discípulos entre los Griegos: ni Ciceron, ni Séneca

entre los Latinos entendieron, que la voz _Idea_ significase conceptos

mentales, sino la forma exterior, hábito y caracter circunstanciado, con

que se muestran las cosas, de modo que la Idea reside en ellas, no en el

entendimiento; y es el modelo, exemplar, y especie exterior que se tiene

presente para la imitacion[b]. En el mismo sentido usó Galeno de esta

voz. En las Escuelas han guardado en esto mas propiedad, porque llaman

_Conceptos_ lo que los modernos _Ideas_, y así mantienen la inteligencia

de las voces que usaron los antiguos. Algunos Filósofos de estos

tiempos, conociendo esto, se han disculpado del demasiado uso de la voz

_Idea_, como Gasendo, y Lock[c]. Los mas han hecho la salva en sus

Lógicas de la variedad suma que reyna entre ellos mismos sobre la

inteligencia de las Ideas[d]; pero la torrente del siglo, y el no ser

facil desprenderse de lo que prematuramente se creyó, ha hecho que

siguiesen en sus Lógicas lo que veían en los que les habian precedido.

El inconveniente que trae el usar de esta voz, como se hace, es el

impedir la inteligencia de los Filósofos Griegos y Romanos, que no

usaron tal lenguage, y quando lo usaron, que fué muy pocas veces, era en

otro sentido. Es tambien inconveniente, y no pequeño, el no estar

convenidos los modernos en lo que está significado con la voz _Idea_.

Cartesio no se declaró bastantemente, ni está firme en la

significacion[e]. Despues algunos no entienden por Idea, sino las

imágenes y representaciones de la fantasía: otros la extienden á

significar todos los actos del entendimiento. La obscuridad que de esto

nace es muy grande, porque se confunden las operaciones de las potencias

mentales, y se atribuye á una lo que es propio de las otras. Tienen por

axîoma (así llaman á una proposicion de todo punto cierta, aunque los

antiguos no lo entendieron así) _que lo que se incluye en la idea clara

y distinta de una cosa es de la esencia de ella_. Si por Idea entienden

las imágenes de la fantasía, es falso, porque estas representaciones

cada punto engañan por ser correspondientes á la impresion de los

objetos sensibles, y ser muy facil que los sentidos nos engañen. Con

toda claridad, y distincion se nos pinta en la imaginativa como torcido

un palo metido en el agua quando está derecho: y con la misma claridad

se nos representa una bola de cera como si fuesen dos, quando la movemos

con los dedos atravesados, y así otras muchas cosas, en que quedamos

cada dia engañados por las representaciones de la fantasía. Este punto

le trató bien el Padre Mallebranche, sin embargo que de las Ideas habló

con mucha extravagancia, así en la difinicion de ellas, como en afirmar

que vemos todas las cosas en Dios[f]. Si por Ideas se entienden las

imágenes que de los mismos pensamientos forma la fantasía, tampoco es

verdadero el axîoma, porque formándose estas de las primeras, estan

expuestas á las mismas equivocaciones; á que se añade, que las imágenes

de los actos mentales que la imaginacion engendra, y conserva la

memoria, nunca son exâctas porque se forman de las sensibles, y lo

representado por ellas no lo es[g]. La verdad, pues, y la seguridad que

se puede tener de alcanzarla, no depende de las que llaman _Ideas_, sino

de la rectitud del juicio, y esta depende de los principios de juzgar,

de que hemos hablado en el capítulo antecedente, y tendrémos hartas

ocasiones de hablar en esta Lógica. De lo que hemos dicho se colige, que

la voz _Idea_ en su riguroso sentido no está bien aplicada á las

nociones mentales: que conviene hablar de cada una de estas segun lo que

son, y las potencias de donde dimanan, sin confusion alguna: que para

mantener la comunicacion de idiomas con los modernos, y poder usar de

sus luces, nos podremos valer alguna vez de la voz _Idea_, fixando su

significacion á las meras imágenes de la fantasía, sin transcender á los

demas actos del entendimiento, como lo hacen entre ellos los mas

cuerdos: y que la adquisicion de la verdad no se puede conseguir sino

por la aplicacion de los principios sólidos, con que el juicio descubre

la conformidad de ellos con las demas nociones mentales.

[Nota a: Véase la Introduccion, _núm._ 12.]

[Nota b: Véase mi Discurso sobre el _Mechânismo, pág. 69_.]

[Nota c: Gassend. _Instit. Log. pars 1. tom. 1. pág. 92_. Lock _Essai

Philos. praefat. num. 8. pág. 5_.]

[Nota d: Véase Purchot _Logic, c. 1. p. 46_. Leibnitz _Logic. oper. tom.

2. pág. 17. edicion de Ginebra de 1768_.]

[Nota e: Véase la respuesta á las primeras objeciones, _pág. 53. De

existentia Dei, pág. 85. y la impugnacion 3. de_ Gasendo, _pág. 16_.]

[Nota f: Véase la Inquisicion de la verdad, _tom. 2. cap. 1. pág. 59. y

sig. edicion de París de 1730_.]

[Nota g: Véase Leibnitz en el lugar antes citado.]

[10] Segun lo que dexamos sentado es claro que no hay _ideas innatas_,

aun en el sentido en que lo entienden los modernos; porque las imágenes

de la fantasía dimanan de los sentidos: los demas actos del

entendimiento proceden de sus respectivas potencias, y no se ponen en

obra, sino quando hay en la imaginacion las representaciones de las

cosas sensibles, las quales son el objeto inmediato de ellas. Así que es

indubitable, _que nada hay en el entendimiento que no haya entrado por

los sentidos_, en quanto estos son las primeras puertas por donde entra

en la mente la primera noticia de las cosas, y con la ocasion que de

esto toman las potencias intelectuales, exercitando su natural fuerza,

producen sus actos. Comparo yo esto por lo que toca á cada una de las

potencias (aunque en tales asuntos no hay que esperar comparaciones del

todo exâctas) á un grano de trigo ú otra semejante semilla. Tiene esta

dentro de sí la fuerza de engendrar su semejante; mas no la exercita si

no la meten en la tierra, y allí recibe las disposiciones necesarias

para producir su efecto. Estas disposiciones son ocasion y motivo

preciso para que el grano ponga en obra la virtud oculta que encierra;

pero el engendrar á su semejante lo hace por la potencia natural que en

él se halla, muy distinta de los aparatos que se requieren para explicar

su fuerza. Así como en el grano no es innato quanto hace el Labrador, y

solo lo es la potencia interior de engendrar su semejante, del mismo

modo no son innatos los motivos y ocasiones que el entendimiento tiene

para obrar, y solo lo son las potencias con que exercita sus actos

mentales. La equivocacion que ha dado motivo á esta duda consiste en

esto. Hay ciertas verdades fundamentales, que con la luz natural se

alcanzan, como _el todo es mayor que su parte: cada cosa es ó no es_,

&c. y á estas algunos modernos, renovando máxîmas de la antigüedad, las

llaman _innatas_, como que están plantadas en el alma, y solo se

excitan, ó dispiertan con la presencia de los objetos. La verdad es, que

ni estos ni otros tales principios están en la mente humana, sino que

las potencias mentales los engendran quando hay motivo y proporcion; por

donde son innatas las potencias, y nunca lo son sus actos. Conviene

explicar un poco mas este punto. Las primeras verdades que el

entendimiento alcanza, le vienen de dos fuentes, es á saber de la

_experiencia_, y de lo que llamamos _razon natural_. La experiencia nos

subministra principios para juzgar de todo lo corporeo y sensible: y la

razon natural nos sugiere luces para conocer lo incorporeo é insensible.

Las leyes inviolables, que en su modo de obrar guarda la naturaleza

corporea, observadas por la recta aplicacion de nuestros sentidos, son

objetos de conocimientos claros, y de principios indubitables. La

verdad, justicia, virtud, relacion, y otras cosas á este modo, conocidas

por los actos mentales, y miradas atentamente por el juicio, son objetos

que subministran máxîmas indefectibles á la razon natural. La Física en

toda su extension averigua las verdades experimentales. La Moral, la

Jurisprudencia, la Metafísica, y la Lógica son el depósito de las

máxîmas que pertenecen á lo incorporeo. Unidas todas ellas entre sí,

enriquecen al entendimiento de principios seguros y constantes para

seguir la verdad y evitar el engaño. Lo que conviene es saber aplicar

las proposiciones de qualquiera asunto á las máxîmas ciertas, ya

experimentales, ya de luz natural; porque el entendimiento en viendo

claramente la conformidad y conveniencia de unas con otras, queda

convencido de todas ellas. La Lógica trabaja mucho en hacer esta

aplicacion, y de prueba en prueba, y de argumento en argumento conduce

la mente á conocer la conveniencia del asunto que se trata, y su

conformidad con las verdades primitivas. Nada hay innato hasta aquí:

todo se adquiere con el debido exercicio de los sentidos, y con el uso

de la recta razon. A las potencias del entendimiento les es innata la

fuerza de producir los actos de las primeras verdades, una vez que

antecedan las ocasiones y motivos necesarios para que obren; y puestas

estas disposiciones, como que se vienen por sí, no pueden dexar de

producirlos. Propónese á la mente una cosa acaecida, para la qual halla

imposible la causa, y no asiente á ella, porque sin poderlo evitar

produce este acto intelectual: _ningun efecto puede haber sin causa_, y

de este sube al principio: _de la nada, ó de lo que no hay, nada se

puede hacer_. Propónesele tambien que haga una injuria á su próximo, y

lo repugna, porque el entendimiento conoce: _lo malo no se puede hacer,

y el injuriar á otro es malo, puesto que ninguno ha de hacer á su

próximo lo que no quiere que se haga con él_. Todas estas proposiciones

hasta llegar á la verdad primitiva, que por sí misma es clara, son unos

sylogismos tácitos, que con facilidad se pueden reducir á raciocinios

descubiertos, con los quales se llega á ver la conveniencia de lo que se

trata con los primeros principios. Estas y otras tales verdades

primitivas las producen, en presentándose ocasion, las potencias

mentales sin poderlo evitar, y por eso es innata en ellas la fuerza de

engendrar los primeros razonamientos que han de servir de basa á todos

los otros. Así como la tierra es una madre fecunda, que recibiendo

varias semillas, hace que cada una, dado que acudan las necesarias

disposiciones, engendre á su semejante sin poderlo estorbar, y sin

equivocar las fuerzas respectivas de cada una de ellas, del mismo modo

el entendimiento humano, puestas las ocasiones y motivos necesarios para

obrar, produce los actos que corresponden á cada una de sus potencias: y

así como á la imaginativa le toca formar imágenes de los objetos, al

ingenio combinarlos, á la memoria retenerlos, al juicio le pertenece

producir las primeras proposiciones que encierran las verdades

fundamentales de la razon, y lo executa como que esto es propio de su

íntima y natural potencia. De lo dicho se deduce, que la qüestion de las

_ideas innatas_, que inutilmente se trata en las Lógicas de los

modernos, es importuna, porque conociendo y distinguiéndose bien las

potencias mentales de sus actos, y viendo atentamente cómo estas cosas

se exercitan, se sabrá lo que es innato y no lo es, y tambien lo que

puede ser provechoso averiguar en esta materia.

CAPITULO IV.

_De las cosas que acompañan á los actos del entendimiento._

[11] Si quando el hombre piensa no tuviese otro motivo para alcanzar la

verdad que el que le sugieren sus conocimientos, con solo cuidar de que

estos fuesen exâctos y no confusos, adelantaria lo que permite la

condicion humana en el exámen de ella; mas como junto con los actos del

entendimiento andan inseparables los afectos del ánimo, estos turban,

confunden, y aceleran las percepciones mentales, y, lo que es peor,

corrompen de mil maneras al juicio, por donde son ocasion de muchísimos

errores. Para evitar pues, los excesos que en esta parte cometemos los

hombres en la averiguacion de la verdad, conviene mostrar como los

afectos del ánimo concurren con el entendimiento, y alteran el buen

orden de sus operaciones: asunto que se toma de la _Moral_ para hacerlo

servir á la Lógica.

[12] Al punto que en los órganos de los sentidos se hace la impresion

del objeto, y la sensacion, se siente el ánimo agitado de dolor, ó

deleyte. Por dolor se entiende aquí qualquiera molestia, de modo, que la

agitacion del ánimo va junta con gusto, complacencia, y satisfaccion,

que los Filósofos llaman _Deleyte_: ó con molestia, disgusto, pena,

displicencia, que llaman _Dolor_. Por poca reflexîon que haga qualquiera

con lo que le sucede quando percibe los objetos sensibles, verá que no

hay ninguno que no le mueva el ánimo con uno de los nombrados afectos:

bien que á veces es tan poca la agitacion que excitan, que nos parece no

hallarnos alterados y á esta situacion llamamos _Indiferencia_. Luego

que se pinta en la fantasía la imagen del objeto, y el entendimiento le

percibe claramente, se excitan en el ánimo los afectos de fuga, ó

prosecucion; es decir, se ve incitado á abrazarle, ó rechazarle. Esto se

funda en que los sentidos se nos han dado para nuestra conservacion: el

dolor es indicio de cosa que nos destruye, y el deleyte de cosa que nos

conserva; con que somos naturalmente llevados por nuestro propio bien

ácia el deleyte, y huimos siempre de qualquiera dolor. Sabiendo por la

Filosofía Moral las pasiones que se excitan para la fuga del mal, como

el temor, cobardía, odio, envidia, ira, enojo, &c. y las que se mueven

por el bien, como el amor, alegria, deseo, complacencia, &c. qualquiera

conocerá á la presencia de los objetos sensibles la pasion, ó pasiones

de que se halla agitado, segun los contempla buenos, ó malos, dignos de

prosecucion, ó de fuga. Este conocimiento es de tanta importancia, que

sin él no es posible gobernar bien el juicio; porque así como no puede

sentenciar bien el Juez apasionado, tampoco puede juzgar con acierto el

entendimiento que se gobierna por una pasion: siendo de notar, que es

tanta la influencia de estos afectos del ánimo, que las mas veces

trastornan la razon, porque sigue el hombre mas los ímpetus de ellos que

lo que le dicta el buen juicio. Quando el ingenio combina las imágenes,

y nociones simples, se andan tambien combinando las pasiones que las

acompañan; y son tantas y tan varias las que se mezclan, que por su

influxo se ven tan diversas y extravagantes maneras de obrar en los que

no estudian en conocerlas y moderarlas. Si alguno tiene la desgracia de

no saber pensar, y junto con esto se halla agitado de fuertes pasiones,

entonces se ofusca de todo punto la racionalidad. El amor propio, que es

la fuente de todos los afectos del ánimo, se mezcla siempre en todas

nuestras deliberaciones, y es causa de errores gravísimos, que

descubrirémos con especificacion mas adelante. Raro es el hombre en

quien no domine una pasion con preferencia á las otras. Este dominio

hace que sus pensamientos, su juicio y su razon se sujeten facilmente al

afecto que prevalece, de lo qual nacen grandes y enormes defectos, así

en el entender como en el obrar. A esta pasion arraigada y dominante

llaman _Genio, Natural_, y conviene que cada qual conozca el suyo para

enmendarle. Unos son incitados al juego, otros al dinero, y así de

muchas maneras nos arrastra el Genio y Natural á varias cosas, que

insensiblemente nos corrompen. Felíz aquel que por su genio se ve

incitado á la virtud. La buena educacion, la Lógica, el estudio de las

Artes y Ciencias, los loables exemplos, el cuidado de pensar y juzgar

bien, son los medios mas á propósito para dirigirse con acierto y

enderezar el Genio. Hasta aquí hemos dicho los afectos del ánimo, que

necesariamente se excitan á la vista de los objetos que se proponen al

entendimiento: resta ahora manifestar, que con las operaciones del

juicio anda junta la _libertad_, que es la alhaja mas preciosa que el

Cielo ha concedido á los hombres. Es así, que conocidas las cosas por la

razon, puede el hombre determinarse á quererlas ó desecharlas, y á ir en

busca ó en fuga de ellas. Esta potencia libre se llama en Griego [Griego:

_thaelaema_]: en Latin _voluntas_: en Castellano _voluntad_. Dícese

potencia ciega, porque nunca obra sin preceder la luz del entendimiento,

por donde es verdadero el principio de las Escuelas: _nihil volitum quin

praecognitum_: es decir, nada puede querer la voluntad sin que la

ilumine el conocimiento. Si el juicio es recto, y el hombre le sigue en

el determinarse á buscar los objetos, ó á desecharlos, entonces hace

buen uso de su libertad; si no le sigue es al contrario: y si el juicio

no está bien formado, yerra la voluntad por yerro del entendimiento, que

es lo que regularmente suele suceder. Con que dos cosas debe hacer el

que quiere acertar: la una dirigir bien los actos mentales, rectificar

el juicio, perficionar la razon: la otra sujetar su voluntad, no á lo

que sugiere el amor propio y las pasiones, sino al dictamen de la razon

bien ordenada. Esto basta para el uso de la Lógica: los que quieran

instruirse mas, lo podrán hacer con la Filosofía Moral.

CAPITULO V.

_Del uso de las Potencias mentales._

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