tratar. Aunque comunmente se cree, y graves Autores lo dicen, que Platon
fué el primero que usó la voz _idea_: yo hallo que Hippócrates, anterior
á Platon, la usó muchas veces en sus escritos legítimos; con que solo se
puede decir, que Platon fué el que hizo mas universal la noticia de las
ideas. Decia este Filósofo, que quando el Hacedor de todas las cosas
hizo este mundo visible, miraba como originales á quienes se adaptaba
ciertas formas exteriores, inmateriales, insensibles, eternas, que le
servian de exemplar, y á estas llamaba _ideas_. Leyendo el _Timeo_ de
Platon y su _Phedon_, donde trata de estas cosas, se echa de ver mucha
confusion en los dictámenes de este Filósofo, y poca constancia en lo
que establece sobre estas ideas, de modo que sus sectarios Plotino,
Alcinoo, Apuleyo, y otros, no se pueden convenir entre sí quando tratan
de averiguar la mente de su Maestro en este punto. SAN AGUSTIN, que con
admirable sabiduría supo enmendar los errores gentílicos,
convirtiéndolos en usos verdaderos para ilustracion de las verdades
christianas, hablando de las ideas de Platon, las coloca en la mente
divina, como que Dios en la creacion del mundo iba poniendo en obra lo
que desde la eternidad estaba en su mente. ARISTÓTELES impugnó las ideas
Platónicas; y en los tiempos medios no se ha hecho mencion de ellas sino
para rechazarlas, de manera que en las Escuelas nunca han tenido
entrada, ni en su significado, ni en la voz _Idea_, para explicar los
actos del entendimiento. Los modernos han tomado por su cuenta hablar en
sus Lógicas de las _Ideas_, no de las de Platon, porque todos conocen
que son fingidas, sino aplicando esta voz á los conceptos del
entendimiento, con lo que han introducido un lenguage, que en sí es
confusísimo, y cierra la comunicacion de los Dialécticos de ahora con
los de la antigüedad. CARTESIO, á lo que yo entiendo, por no hablar como
los antiguos, fué el que introduxo las ideas en la Filosofía[a]. Como el
sistema Cartesiano deslumbró toda la Europa, se hizo como cosa de moda
pensar, y hablar como Cartesio. Despues que han conocido los hombres de
buen juicio, que la Filosofía Cartesiana era por la mayor parte un
cúmulo de ficciones bien encadenadas, la han abandonado, quedándoles
pegada alguna cosa, como sucede siempre que se han preocupado los
entendimientos, pues cuesta mucho desarraigar de todo punto lo que
estuvo internado en la mente. Han quedado, pues, las _Ideas_, y las
aplican los mas á cosas con que no tienen conexîon, ni pueden tenerla.
Ni Platon, ni sus discípulos entre los Griegos: ni Ciceron, ni Séneca
entre los Latinos entendieron, que la voz _Idea_ significase conceptos
mentales, sino la forma exterior, hábito y caracter circunstanciado, con
que se muestran las cosas, de modo que la Idea reside en ellas, no en el
entendimiento; y es el modelo, exemplar, y especie exterior que se tiene
presente para la imitacion[b]. En el mismo sentido usó Galeno de esta
voz. En las Escuelas han guardado en esto mas propiedad, porque llaman
_Conceptos_ lo que los modernos _Ideas_, y así mantienen la inteligencia
de las voces que usaron los antiguos. Algunos Filósofos de estos
tiempos, conociendo esto, se han disculpado del demasiado uso de la voz
_Idea_, como Gasendo, y Lock[c]. Los mas han hecho la salva en sus
Lógicas de la variedad suma que reyna entre ellos mismos sobre la
inteligencia de las Ideas[d]; pero la torrente del siglo, y el no ser
facil desprenderse de lo que prematuramente se creyó, ha hecho que
siguiesen en sus Lógicas lo que veían en los que les habian precedido.
El inconveniente que trae el usar de esta voz, como se hace, es el
impedir la inteligencia de los Filósofos Griegos y Romanos, que no
usaron tal lenguage, y quando lo usaron, que fué muy pocas veces, era en
otro sentido. Es tambien inconveniente, y no pequeño, el no estar
convenidos los modernos en lo que está significado con la voz _Idea_.
Cartesio no se declaró bastantemente, ni está firme en la
significacion[e]. Despues algunos no entienden por Idea, sino las
imágenes y representaciones de la fantasía: otros la extienden á
significar todos los actos del entendimiento. La obscuridad que de esto
nace es muy grande, porque se confunden las operaciones de las potencias
mentales, y se atribuye á una lo que es propio de las otras. Tienen por
axîoma (así llaman á una proposicion de todo punto cierta, aunque los
antiguos no lo entendieron así) _que lo que se incluye en la idea clara
y distinta de una cosa es de la esencia de ella_. Si por Idea entienden
las imágenes de la fantasía, es falso, porque estas representaciones
cada punto engañan por ser correspondientes á la impresion de los
objetos sensibles, y ser muy facil que los sentidos nos engañen. Con
toda claridad, y distincion se nos pinta en la imaginativa como torcido
un palo metido en el agua quando está derecho: y con la misma claridad
se nos representa una bola de cera como si fuesen dos, quando la movemos
con los dedos atravesados, y así otras muchas cosas, en que quedamos
cada dia engañados por las representaciones de la fantasía. Este punto
le trató bien el Padre Mallebranche, sin embargo que de las Ideas habló
con mucha extravagancia, así en la difinicion de ellas, como en afirmar
que vemos todas las cosas en Dios[f]. Si por Ideas se entienden las
imágenes que de los mismos pensamientos forma la fantasía, tampoco es
verdadero el axîoma, porque formándose estas de las primeras, estan
expuestas á las mismas equivocaciones; á que se añade, que las imágenes
de los actos mentales que la imaginacion engendra, y conserva la
memoria, nunca son exâctas porque se forman de las sensibles, y lo
representado por ellas no lo es[g]. La verdad, pues, y la seguridad que
se puede tener de alcanzarla, no depende de las que llaman _Ideas_, sino
de la rectitud del juicio, y esta depende de los principios de juzgar,
de que hemos hablado en el capítulo antecedente, y tendrémos hartas
ocasiones de hablar en esta Lógica. De lo que hemos dicho se colige, que
la voz _Idea_ en su riguroso sentido no está bien aplicada á las
nociones mentales: que conviene hablar de cada una de estas segun lo que
son, y las potencias de donde dimanan, sin confusion alguna: que para
mantener la comunicacion de idiomas con los modernos, y poder usar de
sus luces, nos podremos valer alguna vez de la voz _Idea_, fixando su
significacion á las meras imágenes de la fantasía, sin transcender á los
demas actos del entendimiento, como lo hacen entre ellos los mas
cuerdos: y que la adquisicion de la verdad no se puede conseguir sino
por la aplicacion de los principios sólidos, con que el juicio descubre
la conformidad de ellos con las demas nociones mentales.
[Nota a: Véase la Introduccion, _núm._ 12.]
[Nota b: Véase mi Discurso sobre el _Mechânismo, pág. 69_.]
[Nota c: Gassend. _Instit. Log. pars 1. tom. 1. pág. 92_. Lock _Essai
Philos. praefat. num. 8. pág. 5_.]
[Nota d: Véase Purchot _Logic, c. 1. p. 46_. Leibnitz _Logic. oper. tom.
2. pág. 17. edicion de Ginebra de 1768_.]
[Nota e: Véase la respuesta á las primeras objeciones, _pág. 53. De
existentia Dei, pág. 85. y la impugnacion 3. de_ Gasendo, _pág. 16_.]
[Nota f: Véase la Inquisicion de la verdad, _tom. 2. cap. 1. pág. 59. y
sig. edicion de París de 1730_.]
[Nota g: Véase Leibnitz en el lugar antes citado.]
[10] Segun lo que dexamos sentado es claro que no hay _ideas innatas_,
aun en el sentido en que lo entienden los modernos; porque las imágenes
de la fantasía dimanan de los sentidos: los demas actos del
entendimiento proceden de sus respectivas potencias, y no se ponen en
obra, sino quando hay en la imaginacion las representaciones de las
cosas sensibles, las quales son el objeto inmediato de ellas. Así que es
indubitable, _que nada hay en el entendimiento que no haya entrado por
los sentidos_, en quanto estos son las primeras puertas por donde entra
en la mente la primera noticia de las cosas, y con la ocasion que de
esto toman las potencias intelectuales, exercitando su natural fuerza,
producen sus actos. Comparo yo esto por lo que toca á cada una de las
potencias (aunque en tales asuntos no hay que esperar comparaciones del
todo exâctas) á un grano de trigo ú otra semejante semilla. Tiene esta
dentro de sí la fuerza de engendrar su semejante; mas no la exercita si
no la meten en la tierra, y allí recibe las disposiciones necesarias
para producir su efecto. Estas disposiciones son ocasion y motivo
preciso para que el grano ponga en obra la virtud oculta que encierra;
pero el engendrar á su semejante lo hace por la potencia natural que en
él se halla, muy distinta de los aparatos que se requieren para explicar
su fuerza. Así como en el grano no es innato quanto hace el Labrador, y
solo lo es la potencia interior de engendrar su semejante, del mismo
modo no son innatos los motivos y ocasiones que el entendimiento tiene
para obrar, y solo lo son las potencias con que exercita sus actos
mentales. La equivocacion que ha dado motivo á esta duda consiste en
esto. Hay ciertas verdades fundamentales, que con la luz natural se
alcanzan, como _el todo es mayor que su parte: cada cosa es ó no es_,
&c. y á estas algunos modernos, renovando máxîmas de la antigüedad, las
llaman _innatas_, como que están plantadas en el alma, y solo se
excitan, ó dispiertan con la presencia de los objetos. La verdad es, que
ni estos ni otros tales principios están en la mente humana, sino que
las potencias mentales los engendran quando hay motivo y proporcion; por
donde son innatas las potencias, y nunca lo son sus actos. Conviene
explicar un poco mas este punto. Las primeras verdades que el
entendimiento alcanza, le vienen de dos fuentes, es á saber de la
_experiencia_, y de lo que llamamos _razon natural_. La experiencia nos
subministra principios para juzgar de todo lo corporeo y sensible: y la
razon natural nos sugiere luces para conocer lo incorporeo é insensible.
Las leyes inviolables, que en su modo de obrar guarda la naturaleza
corporea, observadas por la recta aplicacion de nuestros sentidos, son
objetos de conocimientos claros, y de principios indubitables. La
verdad, justicia, virtud, relacion, y otras cosas á este modo, conocidas
por los actos mentales, y miradas atentamente por el juicio, son objetos
que subministran máxîmas indefectibles á la razon natural. La Física en
toda su extension averigua las verdades experimentales. La Moral, la
Jurisprudencia, la Metafísica, y la Lógica son el depósito de las
máxîmas que pertenecen á lo incorporeo. Unidas todas ellas entre sí,
enriquecen al entendimiento de principios seguros y constantes para
seguir la verdad y evitar el engaño. Lo que conviene es saber aplicar
las proposiciones de qualquiera asunto á las máxîmas ciertas, ya
experimentales, ya de luz natural; porque el entendimiento en viendo
claramente la conformidad y conveniencia de unas con otras, queda
convencido de todas ellas. La Lógica trabaja mucho en hacer esta
aplicacion, y de prueba en prueba, y de argumento en argumento conduce
la mente á conocer la conveniencia del asunto que se trata, y su
conformidad con las verdades primitivas. Nada hay innato hasta aquí:
todo se adquiere con el debido exercicio de los sentidos, y con el uso
de la recta razon. A las potencias del entendimiento les es innata la
fuerza de producir los actos de las primeras verdades, una vez que
antecedan las ocasiones y motivos necesarios para que obren; y puestas
estas disposiciones, como que se vienen por sí, no pueden dexar de
producirlos. Propónese á la mente una cosa acaecida, para la qual halla
imposible la causa, y no asiente á ella, porque sin poderlo evitar
produce este acto intelectual: _ningun efecto puede haber sin causa_, y
de este sube al principio: _de la nada, ó de lo que no hay, nada se
puede hacer_. Propónesele tambien que haga una injuria á su próximo, y
lo repugna, porque el entendimiento conoce: _lo malo no se puede hacer,
y el injuriar á otro es malo, puesto que ninguno ha de hacer á su
próximo lo que no quiere que se haga con él_. Todas estas proposiciones
hasta llegar á la verdad primitiva, que por sí misma es clara, son unos
sylogismos tácitos, que con facilidad se pueden reducir á raciocinios
descubiertos, con los quales se llega á ver la conveniencia de lo que se
trata con los primeros principios. Estas y otras tales verdades
primitivas las producen, en presentándose ocasion, las potencias
mentales sin poderlo evitar, y por eso es innata en ellas la fuerza de
engendrar los primeros razonamientos que han de servir de basa á todos
los otros. Así como la tierra es una madre fecunda, que recibiendo
varias semillas, hace que cada una, dado que acudan las necesarias
disposiciones, engendre á su semejante sin poderlo estorbar, y sin
equivocar las fuerzas respectivas de cada una de ellas, del mismo modo
el entendimiento humano, puestas las ocasiones y motivos necesarios para
obrar, produce los actos que corresponden á cada una de sus potencias: y
así como á la imaginativa le toca formar imágenes de los objetos, al
ingenio combinarlos, á la memoria retenerlos, al juicio le pertenece
producir las primeras proposiciones que encierran las verdades
fundamentales de la razon, y lo executa como que esto es propio de su
íntima y natural potencia. De lo dicho se deduce, que la qüestion de las
_ideas innatas_, que inutilmente se trata en las Lógicas de los
modernos, es importuna, porque conociendo y distinguiéndose bien las
potencias mentales de sus actos, y viendo atentamente cómo estas cosas
se exercitan, se sabrá lo que es innato y no lo es, y tambien lo que
puede ser provechoso averiguar en esta materia.
CAPITULO IV.
_De las cosas que acompañan á los actos del entendimiento._
[11] Si quando el hombre piensa no tuviese otro motivo para alcanzar la
verdad que el que le sugieren sus conocimientos, con solo cuidar de que
estos fuesen exâctos y no confusos, adelantaria lo que permite la
condicion humana en el exámen de ella; mas como junto con los actos del
entendimiento andan inseparables los afectos del ánimo, estos turban,
confunden, y aceleran las percepciones mentales, y, lo que es peor,
corrompen de mil maneras al juicio, por donde son ocasion de muchísimos
errores. Para evitar pues, los excesos que en esta parte cometemos los
hombres en la averiguacion de la verdad, conviene mostrar como los
afectos del ánimo concurren con el entendimiento, y alteran el buen
orden de sus operaciones: asunto que se toma de la _Moral_ para hacerlo
servir á la Lógica.
[12] Al punto que en los órganos de los sentidos se hace la impresion
del objeto, y la sensacion, se siente el ánimo agitado de dolor, ó
deleyte. Por dolor se entiende aquí qualquiera molestia, de modo, que la
agitacion del ánimo va junta con gusto, complacencia, y satisfaccion,
que los Filósofos llaman _Deleyte_: ó con molestia, disgusto, pena,
displicencia, que llaman _Dolor_. Por poca reflexîon que haga qualquiera
con lo que le sucede quando percibe los objetos sensibles, verá que no
hay ninguno que no le mueva el ánimo con uno de los nombrados afectos:
bien que á veces es tan poca la agitacion que excitan, que nos parece no
hallarnos alterados y á esta situacion llamamos _Indiferencia_. Luego
que se pinta en la fantasía la imagen del objeto, y el entendimiento le
percibe claramente, se excitan en el ánimo los afectos de fuga, ó
prosecucion; es decir, se ve incitado á abrazarle, ó rechazarle. Esto se
funda en que los sentidos se nos han dado para nuestra conservacion: el
dolor es indicio de cosa que nos destruye, y el deleyte de cosa que nos
conserva; con que somos naturalmente llevados por nuestro propio bien
ácia el deleyte, y huimos siempre de qualquiera dolor. Sabiendo por la
Filosofía Moral las pasiones que se excitan para la fuga del mal, como
el temor, cobardía, odio, envidia, ira, enojo, &c. y las que se mueven
por el bien, como el amor, alegria, deseo, complacencia, &c. qualquiera
conocerá á la presencia de los objetos sensibles la pasion, ó pasiones
de que se halla agitado, segun los contempla buenos, ó malos, dignos de
prosecucion, ó de fuga. Este conocimiento es de tanta importancia, que
sin él no es posible gobernar bien el juicio; porque así como no puede
sentenciar bien el Juez apasionado, tampoco puede juzgar con acierto el
entendimiento que se gobierna por una pasion: siendo de notar, que es
tanta la influencia de estos afectos del ánimo, que las mas veces
trastornan la razon, porque sigue el hombre mas los ímpetus de ellos que
lo que le dicta el buen juicio. Quando el ingenio combina las imágenes,
y nociones simples, se andan tambien combinando las pasiones que las
acompañan; y son tantas y tan varias las que se mezclan, que por su
influxo se ven tan diversas y extravagantes maneras de obrar en los que
no estudian en conocerlas y moderarlas. Si alguno tiene la desgracia de
no saber pensar, y junto con esto se halla agitado de fuertes pasiones,
entonces se ofusca de todo punto la racionalidad. El amor propio, que es
la fuente de todos los afectos del ánimo, se mezcla siempre en todas
nuestras deliberaciones, y es causa de errores gravísimos, que
descubrirémos con especificacion mas adelante. Raro es el hombre en
quien no domine una pasion con preferencia á las otras. Este dominio
hace que sus pensamientos, su juicio y su razon se sujeten facilmente al
afecto que prevalece, de lo qual nacen grandes y enormes defectos, así
en el entender como en el obrar. A esta pasion arraigada y dominante
llaman _Genio, Natural_, y conviene que cada qual conozca el suyo para
enmendarle. Unos son incitados al juego, otros al dinero, y así de
muchas maneras nos arrastra el Genio y Natural á varias cosas, que
insensiblemente nos corrompen. Felíz aquel que por su genio se ve
incitado á la virtud. La buena educacion, la Lógica, el estudio de las
Artes y Ciencias, los loables exemplos, el cuidado de pensar y juzgar
bien, son los medios mas á propósito para dirigirse con acierto y
enderezar el Genio. Hasta aquí hemos dicho los afectos del ánimo, que
necesariamente se excitan á la vista de los objetos que se proponen al
entendimiento: resta ahora manifestar, que con las operaciones del
juicio anda junta la _libertad_, que es la alhaja mas preciosa que el
Cielo ha concedido á los hombres. Es así, que conocidas las cosas por la
razon, puede el hombre determinarse á quererlas ó desecharlas, y á ir en
busca ó en fuga de ellas. Esta potencia libre se llama en Griego [Griego:
_thaelaema_]: en Latin _voluntas_: en Castellano _voluntad_. Dícese
potencia ciega, porque nunca obra sin preceder la luz del entendimiento,
por donde es verdadero el principio de las Escuelas: _nihil volitum quin
praecognitum_: es decir, nada puede querer la voluntad sin que la
ilumine el conocimiento. Si el juicio es recto, y el hombre le sigue en
el determinarse á buscar los objetos, ó á desecharlos, entonces hace
buen uso de su libertad; si no le sigue es al contrario: y si el juicio
no está bien formado, yerra la voluntad por yerro del entendimiento, que
es lo que regularmente suele suceder. Con que dos cosas debe hacer el
que quiere acertar: la una dirigir bien los actos mentales, rectificar
el juicio, perficionar la razon: la otra sujetar su voluntad, no á lo
que sugiere el amor propio y las pasiones, sino al dictamen de la razon
bien ordenada. Esto basta para el uso de la Lógica: los que quieran
instruirse mas, lo podrán hacer con la Filosofía Moral.
CAPITULO V.
_Del uso de las Potencias mentales._