El mulato cartero al presentar esta correspondencia lloraba amargamente.
Manfredo al recibirla le preguntó en tono insinuante i compasivo: ¿qué
tienes?, ¿por qué lloras?--¡Qué ha de ser señor! ¿que no ha sabido su
merced que ha fracasado la revolucion i que se ha derramado tanta sangre
entre los hombres de color? dijo, i al retirarse lloraba todavia.
¡Cuán hondas i contrarias impresiones produjo la lectura de esa carta!
¡Lágrimas de dolor por la suerte infortunada de los revolucionarios,
lágrimas de alegria por haber salvado Gabriel de los horrores de la
revuelta! Raquel juntaba las manos sobre el seno bendiciendo al cielo
por la suerte feliz del camarero. Manfredo comprimiendo la frente
entrambas manos llegaba hasta a renegar de su patria al lamentarse por
la suerte desgraciada de los vencidos i la ferocidad de los vencedores.
"Plácido dicen que ha fugado" decia la carta, i esa frase cayó al
corazon de Berta como la gota de agua al desierto abrasado.
--Ya vé Ud. señora, como el tiempo ha desmentido tan pronto sus temores,
dijo Arturo.
--¡Bendito sea Dios que así haya sido!
--I así tenia que ser; porque en su carta anterior asegura que no tenia
intencion de rolarse en la política. I porque al través de esa carta se
trasluce un carácter pusilánime i apocado, i un cariño por Uds. que se
sobrepone a todo.
--Es que Ud. Arturo no conoce a Gabriel íntimamente. Tiene al contrario
un carácter impetuoso i arrebatado.
--Pero en todo caso, señora, eran lágrimas i sentimientos mui
malgastados los de Ud. i su hija.
--Qué quiere Ud., ¡es tan simpático Gabriel..! ¡nos quiere tanto! Él
tiene cariño hasta por las plantas del huerto, i a su vez le quieren a
él hasta los perros de la casa, dijo Raquel i el tinte del rubor pareció
asomar a su rostro.....
Raquel despues de muchas conversaciones del mismo tema i por el mismo
estilo, ordenó a los esclavos que asearan el cuarto de Gabriel, que
desempolvaran sus muebles i sacudieran su hamaca. I no contenta talvez
con dar i hacer cumplir sus órdenes, fué personalmente a revisar la
pequeña habitacion del camarero, como en aquel tiempo en que se instaló
por primera vez en la casa. Un alborozo mal disimulado animaba sus
palabras, sus acciones, su rostro i su mirada....
No sabria decirse si es mas débil la mujer para recibir impresiones o
para ocultarlas. Piensan muchos i dicen todos que su talento se
despliega cuando está al servicio de la mentira; pero piensan i dicen
mal. La mujer miente con las palabras, engaña con las promesas, pero su
mirada es mas indiscreta, su faz trasparenta mejor el sonrosado del
rubor, su voz es mas suceptible de apagarse al grito de la conciencia,
su aliento mas débil para cortarse con la impresion que alhaga o que
acongoja, tanto mas espansiva, cuanto mas íntima. Calla a veces.... ¿i
qué importa su silencio? ¿No está su rostro al capricho de sus
impresiones, como las caras de esas pantallas trasparentes que cambian
con el juego i los matices de la luz que las alumbra? Raquel a su pesar,
trasparentaba su alegria.