En la tarde del 20 de julio de ese mismo año, estaban todos los de la
casa reunidos en el salon principal. Berta tarareando en el piano una de
aquellas saladas _habaneras_ que tienen todo el sabor nacional i
refunden en sí tan admirablemente, la alegria mas risueña i el mas
quejumbroso sentimiento. Arturo hojeaba con cierto embelezo el papel de
música estendido en el atril del piano; Manfredo i Raquel conversaban al
parecer apasiblemente en un sofá inmediato.
Si el pasado se reproduce por el recuerdo, el porvenir se anticipa a
veces con la imajinacion i el deseo hasta rozarse con el presente,
especialmente en la vida de las ideas i del sentimiento. I así como dos
viejos esposos hacen renacer _sus tiempos_, como los llaman,
encarnándolos en sus recuerdos, avanzan los novios hácia la felicidad
que vá a llegar, la miran con los ojos del alma i se anticipan a gozar
de la delicia de sus intimidades. Ven el sol al través de la aurora. Se
miran entre sí como los esposos del dia siguiente.
Arturo veia ya en Berta no solo la prometida de su corazon, sino la
compañera vinculada a su existencia. La acariciaba con su mirada
mientras ella exalaba en el canto de una _habanera_ los ecos dulcísimos
de su voz que resonaban como una lluvia de cuentas que cayeran sobre el
cristal.
Así adormecia esa mujer con el hechizo de su belleza i encantaba con la
majia de sus gracias i de su voz, esas horas tan dulces para Arturo que
las veia deslizarse como la corriente cuyo curso se encamina sobre
flores a la felicidad. Pero, ¿quién ha interpelado el lecho del reposo?
¿quién ha sorprendido en el silencio de la velada la lágrima furtiva?
¿quién ha visto la ilusoria quimera, el fantasma de la realidad, la
vision de la congoja cruzando en tropel por la soledad de aquella
vijilia alumbrada con el resplandor de la fantasia..?
¡Mientras se derrama a torrentes la luz de la apariencia engañosa en
torno de una vida, se encuentra el alma humana en un completo eclipse!
¡Mientras el rostro de Berta resplandecia a veces como la mañana de un
bello dia, las profundidades de su corazon encerraban una noche
perdurable....! ¡Suele ser la sonrisa la máscara del dolor!
Sonó repentinamente la campanilla de la puerta. Manfredo iba a salir,
pero Arturo se le anticipó con lijereza, diciéndole: no se moleste tio,
iré yo a ver quién es, i salió precipitadamente.
Un hombre de humilde aspecto, algo encorvado por la edad, con el
sombrero lijeramente abollado, un gruezo baston bajo el brazo i un rollo
de papeles en la mano se paseaba a lo largo de la reja de la calle.--Era
una de esas _ejecuciones con levita_ que vomitan los tribunales, que se
llaman procuradores i que todo el mundo mira como a pájaros de mal
agüero.
Conversó un momento con Arturo, i éste a las primeras palabras que
cambió con aquel llevó la mano a la frente dando un paso atrás i
quedando despues indesiso i pensativo. Iba a regresar al salon para
participarle a Manfredo disimuladamente lo ocurrido. Pero a la sazon se
aproximó éste a la puerta i Arturo le llamó haciéndole una señal con la
mano. Manfredo que lo comprendió todo, acudió a su encuentro con el
rostro mas sombrio que el de la muerte. I en efecto, ¡llevaba la muerte
en el alma! Empeñóse entre los tres una conversacion ajitada. Inútil fué
que Arturo, en actitud amenazante, pusiera la mano sobre el hombro del
siniestro recien-llegado para imponerle silencio. Levantó este la voz i
puso en alarma la familia que salió i se apercibió del misterioso
asunto, de la sentencia de muerte contra su fortuna, escrita en esa hoja
de papel que traia en la mano ese verdugo de la tranquilidad.
Manfredo habia perdido al juego el último resto de su fortuna. Tiempo
hacia que sus acreedores, los amigos de la vísqera, le ejecutaban sin
conmiseracion; i era llegado el caso de pagar su deuda, de grado o por
fuerza. La casa, en cuyo valor no tenia sino una parte, debia ser
rematada en subasta pública. Las deudas exedian a su haber. Su familia
debia quedar literalmente en la calle, en brazos de la miseria. Los
propósitos mas siniestros cruzaron por su mente, como pasó Verther por
la cabeza de Goethe. El supremo remedio de la suprema debilidad; el
único crímen que no dá lugar a arrepentimiento fué su única esperanza.
Temeroso de empañar el lustre de su familia ante el pretendiente de la
mano de su hija sepultó el secreto en el sijilo mas profundo. A haberlo
traslucido habria comprometido talvez el porvenir de su hija. Porque
bien podia un hombre opulento, soberbio i caballerezco como Arturo,
verse obligado aun a destiempo a renunciar a la pasion mas encarnizada,
siendo inspirada por la hija de la cómica i el jugador. Porque el amor
pasa i la deshonra queda, porque el decoro se sobrepone aun al delirio
del amor.
Padres e hijos estaban entregados en brazos de la desesperacion mas
completa. Cada uno llevaba un puñal atravezado en el alma. Manfredo el
torcedor del remordimiento. La madre la imájen de Gabriel; la hija el
melancólico recuerdo de Plácido i el suplicio de su enlace con Arturo.
¡El ánjel de la adversidad batia sus alas sobre ese hogar! las batia
pero las plegaba a la vez.
Arturo despues de desplegar la ternura mas esquisita por Berta i el
cariño mas solícito por Manfredo, llamó a éste a su habitacion. Largo
rato conversaron encerrados en él. Berta i Raquel esperaban ansiosas el
desenlace de aquella escena. El temor inmotivado i la esperanza vaga
luchaban en sus conjeturas. Detrás de la ansiedad vino el sociego.
Arturo, bajo su palabra de honor, se comprometió con Manfredo a pagar su
última deuda, rescatar el valor completo de la casa i asignar a su
familia una pension mensual, tan luego como recibiera una libranza de
España. Acordaron tambien, para el entretanto, pedir un plazo a los
acreedores, obligándose a pagarles el interés corriente.
Un abrazo ferviente i lágrimas de gratitud coronaron la entrevista.
Una vez recobrada de ese modo la estabilidad de la familia, Arturo i
Berta partirian para España seis meses despues de su matrimonio,
llevando consigo a Alberto para que se educase en los mejores colejios
de Madrid.
La gratitud que es el mas noble de los sentimientos inspiraba o hacia,
en cierto modo, las veces de la fatalidad del amor en el corazon de
Berta. I comenzó a vacilar su sentimiento como la péndola de un reloj,
entre el pasado i el presente, entre la esperanza que se realiza i el
recuerdo que se aleja, entre el ideal que se vá i la ventura que llega.
¡Habia sin embargo en _el interior_ de su existencia íntima un vacio que
no se reemplaza, la vaguedad de un deseo que no se robustece pero que no
se olvida, una sombra que no oscurece i una luz que no alumbra i cuya
espresion podria decirse que era una sonrisa amarga o una lágrima
risueña...! ¡Triste alegria!
El corazon se presenta a veces velado ante la conciencia. I si ésta
interpelase sus latidos, no sabria darle cuenta de ellos, como el ojo
del ciego que está abierto pero que no tiene mirada. ¡Pobre corazon si
se descorre el velo..! ¡Pobre ciego si llega a ver..!
Pero sea de eso lo que fuere. Era ya el 23 de julio i el sol del 30 de
ese mismo mes debia alumbrar la alianza nupcial de Arturo. ¡Ojalá que
ese sol lleno de felicidad no se pusiera jamás!
Ese mismo dia recibió Manfredo la siguiente carta de Gabriel:
"Mi respetado i querido señor:
Sin embargo de que ignoro si mi noticiosa carta anterior llegó a su
poder, tengo el gusto de saludar a Ud. i besar su mano con mis
recuerdos, lo mismo la de su esposa i de su hija.
La delacion soplada al oido de las autoridades ha conjurado, señor, la
rebelion. Ha sido sorprendida en alta noche la casa de uno de los
complotados (don Jorje Lopez) que era el teatro principal de las
conspiraciones.--De ese modo se ha cortado de un golpe el nudo de las
maquinaciones. Por todas partes se levanta un cadalso i se dicta una
sentencia de muerte. Las puertas de los presidios tragan reos a
centenares. Infinidad de personas distinguidas han sido pasadas por
las armas, las mas veces por meras sospechas de conspiracion, como los
señores José de la Cruz Caballero, Domingo Delmonte i Felix Manuel
Tanco; lo mismo que los cabecillas Pimienta i Dogde. Dicen que
_Plácido_ ha fugado.
Varios reos, i entre ellos el mencionado don Jorje Lopez, deben ser
conducidos a Matanzas i juzgados allí.
Así los designios de la Providencia mas poderosos que los
conciliábulos de los hombres han hecho caer en tierra la bandera de la
libertad que flameaba por primera vez en las manos del pueblo. A su
sombra se han reatado las cadenas de la servidumbre i los héroes han
muerto sonriendo, porque han muerto por la patria. ¡Que la tierra les
sea lijera! ¡que la bendicion de Dios sea la almohada de su eterno
sueño!
Pronto tendrá el placer de abrazar a Ud. aunque mui de paso, su adicto
servidor i camarero.