XXVII.

En la tarde del 20 de julio de ese mismo año, estaban todos los de la

casa reunidos en el salon principal. Berta tarareando en el piano una de

aquellas saladas _habaneras_ que tienen todo el sabor nacional i

refunden en sí tan admirablemente, la alegria mas risueña i el mas

quejumbroso sentimiento. Arturo hojeaba con cierto embelezo el papel de

música estendido en el atril del piano; Manfredo i Raquel conversaban al

parecer apasiblemente en un sofá inmediato.

Si el pasado se reproduce por el recuerdo, el porvenir se anticipa a

veces con la imajinacion i el deseo hasta rozarse con el presente,

especialmente en la vida de las ideas i del sentimiento. I así como dos

viejos esposos hacen renacer _sus tiempos_, como los llaman,

encarnándolos en sus recuerdos, avanzan los novios hácia la felicidad

que vá a llegar, la miran con los ojos del alma i se anticipan a gozar

de la delicia de sus intimidades. Ven el sol al través de la aurora. Se

miran entre sí como los esposos del dia siguiente.

Arturo veia ya en Berta no solo la prometida de su corazon, sino la

compañera vinculada a su existencia. La acariciaba con su mirada

mientras ella exalaba en el canto de una _habanera_ los ecos dulcísimos

de su voz que resonaban como una lluvia de cuentas que cayeran sobre el

cristal.

Así adormecia esa mujer con el hechizo de su belleza i encantaba con la

majia de sus gracias i de su voz, esas horas tan dulces para Arturo que

las veia deslizarse como la corriente cuyo curso se encamina sobre

flores a la felicidad. Pero, ¿quién ha interpelado el lecho del reposo?

¿quién ha sorprendido en el silencio de la velada la lágrima furtiva?

¿quién ha visto la ilusoria quimera, el fantasma de la realidad, la

vision de la congoja cruzando en tropel por la soledad de aquella

vijilia alumbrada con el resplandor de la fantasia..?

¡Mientras se derrama a torrentes la luz de la apariencia engañosa en

torno de una vida, se encuentra el alma humana en un completo eclipse!

¡Mientras el rostro de Berta resplandecia a veces como la mañana de un

bello dia, las profundidades de su corazon encerraban una noche

perdurable....! ¡Suele ser la sonrisa la máscara del dolor!

Sonó repentinamente la campanilla de la puerta. Manfredo iba a salir,

pero Arturo se le anticipó con lijereza, diciéndole: no se moleste tio,

iré yo a ver quién es, i salió precipitadamente.

Un hombre de humilde aspecto, algo encorvado por la edad, con el

sombrero lijeramente abollado, un gruezo baston bajo el brazo i un rollo

de papeles en la mano se paseaba a lo largo de la reja de la calle.--Era

una de esas _ejecuciones con levita_ que vomitan los tribunales, que se

llaman procuradores i que todo el mundo mira como a pájaros de mal

agüero.

Conversó un momento con Arturo, i éste a las primeras palabras que

cambió con aquel llevó la mano a la frente dando un paso atrás i

quedando despues indesiso i pensativo. Iba a regresar al salon para

participarle a Manfredo disimuladamente lo ocurrido. Pero a la sazon se

aproximó éste a la puerta i Arturo le llamó haciéndole una señal con la

mano. Manfredo que lo comprendió todo, acudió a su encuentro con el

rostro mas sombrio que el de la muerte. I en efecto, ¡llevaba la muerte

en el alma! Empeñóse entre los tres una conversacion ajitada. Inútil fué

que Arturo, en actitud amenazante, pusiera la mano sobre el hombro del

siniestro recien-llegado para imponerle silencio. Levantó este la voz i

puso en alarma la familia que salió i se apercibió del misterioso

asunto, de la sentencia de muerte contra su fortuna, escrita en esa hoja

de papel que traia en la mano ese verdugo de la tranquilidad.

Manfredo habia perdido al juego el último resto de su fortuna. Tiempo

hacia que sus acreedores, los amigos de la vísqera, le ejecutaban sin

conmiseracion; i era llegado el caso de pagar su deuda, de grado o por

fuerza. La casa, en cuyo valor no tenia sino una parte, debia ser

rematada en subasta pública. Las deudas exedian a su haber. Su familia

debia quedar literalmente en la calle, en brazos de la miseria. Los

propósitos mas siniestros cruzaron por su mente, como pasó Verther por

la cabeza de Goethe. El supremo remedio de la suprema debilidad; el

único crímen que no dá lugar a arrepentimiento fué su única esperanza.

Temeroso de empañar el lustre de su familia ante el pretendiente de la

mano de su hija sepultó el secreto en el sijilo mas profundo. A haberlo

traslucido habria comprometido talvez el porvenir de su hija. Porque

bien podia un hombre opulento, soberbio i caballerezco como Arturo,

verse obligado aun a destiempo a renunciar a la pasion mas encarnizada,

siendo inspirada por la hija de la cómica i el jugador. Porque el amor

pasa i la deshonra queda, porque el decoro se sobrepone aun al delirio

del amor.

Padres e hijos estaban entregados en brazos de la desesperacion mas

completa. Cada uno llevaba un puñal atravezado en el alma. Manfredo el

torcedor del remordimiento. La madre la imájen de Gabriel; la hija el

melancólico recuerdo de Plácido i el suplicio de su enlace con Arturo.

¡El ánjel de la adversidad batia sus alas sobre ese hogar! las batia

pero las plegaba a la vez.

Arturo despues de desplegar la ternura mas esquisita por Berta i el

cariño mas solícito por Manfredo, llamó a éste a su habitacion. Largo

rato conversaron encerrados en él. Berta i Raquel esperaban ansiosas el

desenlace de aquella escena. El temor inmotivado i la esperanza vaga

luchaban en sus conjeturas. Detrás de la ansiedad vino el sociego.

Arturo, bajo su palabra de honor, se comprometió con Manfredo a pagar su

última deuda, rescatar el valor completo de la casa i asignar a su

familia una pension mensual, tan luego como recibiera una libranza de

España. Acordaron tambien, para el entretanto, pedir un plazo a los

acreedores, obligándose a pagarles el interés corriente.

Un abrazo ferviente i lágrimas de gratitud coronaron la entrevista.

Una vez recobrada de ese modo la estabilidad de la familia, Arturo i

Berta partirian para España seis meses despues de su matrimonio,

llevando consigo a Alberto para que se educase en los mejores colejios

de Madrid.

La gratitud que es el mas noble de los sentimientos inspiraba o hacia,

en cierto modo, las veces de la fatalidad del amor en el corazon de

Berta. I comenzó a vacilar su sentimiento como la péndola de un reloj,

entre el pasado i el presente, entre la esperanza que se realiza i el

recuerdo que se aleja, entre el ideal que se vá i la ventura que llega.

¡Habia sin embargo en _el interior_ de su existencia íntima un vacio que

no se reemplaza, la vaguedad de un deseo que no se robustece pero que no

se olvida, una sombra que no oscurece i una luz que no alumbra i cuya

espresion podria decirse que era una sonrisa amarga o una lágrima

risueña...! ¡Triste alegria!

El corazon se presenta a veces velado ante la conciencia. I si ésta

interpelase sus latidos, no sabria darle cuenta de ellos, como el ojo

del ciego que está abierto pero que no tiene mirada. ¡Pobre corazon si

se descorre el velo..! ¡Pobre ciego si llega a ver..!

Pero sea de eso lo que fuere. Era ya el 23 de julio i el sol del 30 de

ese mismo mes debia alumbrar la alianza nupcial de Arturo. ¡Ojalá que

ese sol lleno de felicidad no se pusiera jamás!

Ese mismo dia recibió Manfredo la siguiente carta de Gabriel:

"Mi respetado i querido señor:

Sin embargo de que ignoro si mi noticiosa carta anterior llegó a su

poder, tengo el gusto de saludar a Ud. i besar su mano con mis

recuerdos, lo mismo la de su esposa i de su hija.

La delacion soplada al oido de las autoridades ha conjurado, señor, la

rebelion. Ha sido sorprendida en alta noche la casa de uno de los

complotados (don Jorje Lopez) que era el teatro principal de las

conspiraciones.--De ese modo se ha cortado de un golpe el nudo de las

maquinaciones. Por todas partes se levanta un cadalso i se dicta una

sentencia de muerte. Las puertas de los presidios tragan reos a

centenares. Infinidad de personas distinguidas han sido pasadas por

las armas, las mas veces por meras sospechas de conspiracion, como los

señores José de la Cruz Caballero, Domingo Delmonte i Felix Manuel

Tanco; lo mismo que los cabecillas Pimienta i Dogde. Dicen que

_Plácido_ ha fugado.

Varios reos, i entre ellos el mencionado don Jorje Lopez, deben ser

conducidos a Matanzas i juzgados allí.

Así los designios de la Providencia mas poderosos que los

conciliábulos de los hombres han hecho caer en tierra la bandera de la

libertad que flameaba por primera vez en las manos del pueblo. A su

sombra se han reatado las cadenas de la servidumbre i los héroes han

muerto sonriendo, porque han muerto por la patria. ¡Que la tierra les

sea lijera! ¡que la bendicion de Dios sea la almohada de su eterno

sueño!

Pronto tendrá el placer de abrazar a Ud. aunque mui de paso, su adicto

servidor i camarero.

El Mulato Plácido o El Poeta Mártir · 第 45 / 53 题