La política toca a las puertas del hogar.
Al magnánimo i heroico don Jerónimo Valdés le sucedió provisoriamente en
el mando de la isla don Javier de Ulloa, que se hallaba en la Habana de
Comandante Jeneral de Marina hasta la llegada del Teniente Jeneral don
Leopoldo O'Donell. Este hombre en el que se despertó una avaricia
febril, comerciaba ya ostencible ya clandestinamente con la _trata_
(comercio de negros) de los esclavos cubanos i con el contrabando de
negros africanos, cuya inmigracion aumentó tan considerablemente, que
los buques mercantes llegaban a las costas de la isla colmados de esa
mercaderia de carne i libertad humana, cotizada a _una onza por cabeza_,
i que a su vez colmaba de oro las arcas voraces de O'Donell.
El gobierno inglés pidió la ejecucion del tratado de 1817 i, con ella,
la abolicion de la _trata_. El gobierno español dió una lei de pura
forma, de aparente abolicion, ocultando entre los aparatos de la intriga
individual, la accion oficial. I cuando en Cuba se supo que el
parlamento inglés discutia un proyecto de lei contra la _trata_, cuando
el Consul inglés Trumbull hizo sérias reclamaciones en el mismo
sentido, centuplicóse la actividad comercial de O'Donell que envió
centenares de buques a las costas del África para la importacion de ese
negro i nefando comercio.
Los blancos ardian con el temor de que la sabrosa presa se les
arrebatara de las garras. Los negros ardian de despecho i de indignacion
por desacirse de ellas. La atmósfera política estaba inflamable, i el
suelo movedizo. Una chispa encendería la hoguera. El sordo rumor de la
rebelion, como el rumor de un cataclismo, aterrorizaba a los españoles i
ensoberbecia a los esclavos. El blanco i el negro se miraban de reojo.
El hombre libre miraba con miedo i de soslayo las cadenas del esclavo.
Ya en este, ya en aquel _Injenio_ se amotinaban los negros
tumultuosamente. Los esclavos se fugaban de la casa de sus amos, los
asesinaban a veces i se manumitian de hecho. Habia en los campos una
verdadera inundacion negrera. La inundacion se desbordaba. La crónica
del crímen se escribia con sangre. Pero la _mano de hierro_ de la
autoridad metropolitana tambien se empapaba en sangre. Este negro
rebelde era colgado de los piés en una viga; aquel negro prófugo
desollado a azotes en la plaza pública; este otro fusilado por un jesto
o por una mirada. El negro habria envidiado aun la condicion del perro.
En la noche se desataban las cadenas del perro; las del esclavo nó.
La hoguera del incendio alumbra en alta noche la oscuridad de la campiña
¿qué sucede? es la choza de un negro que ha sido entregada a las llamas,
a las llamas en cuyo torno se alzan los clamores que se oyen desde
lejos, de la madre i de los hijos, mientras el padre pide en su dolor
que lo ultimen para evitar con su muerte el suplicio que le tortura el
cuerpo, en su dolor por el recuerdo de sus pequeños hijos que le tortura
el alma. ¡Desolacion i muerte por donde quiera!
Los negros entretanto se asilaron en los bosques de Trinidad, como nubes
de tempestad, para ir a despertar al Jenio de la Libertad que dormia a
su sombra.
O'Donell sin embargo contemplaba risueño la sedicion que se fermentaba i
que estaba próxima a estallar. Ella le daria ocasion de saciar su sed de
pantera desplegando el terror i el terror le captaria el aprecio del
gobierno peninsular i justificaria su inícuo enriquecimiento, a costa de
las arcas fiscales i de la libertad humana. Revolvia el rio para pezcar
i lo revolvia en sangre.
Bajo la bóveda estrellada del cielo i a la sombra de las ceibas i las
palmeras dió la negrera su primer grito de independencia. (1844). Era el
grito de un pueblo atribulado que llegó hasta el cielo.