Ambos a dos se conmovieron notablemente.
--¿Berta?.. le dijo el embozado.
Berta calló. Pero la misma mujer que habria rechazado la mas leve
insinuacion amorosa de cualquier hombre, permanecia de pié, si bien
trémula i vacilante, delante del desconocido, que se habia rodeado de
todos los misterios del abismo.. Pero los abismos del amor, como todo
abismo, producen a la vez la atraccion i el vértigo a quien los
contempla de cerca.
--Berta, déjame siquiera conocer el eco de tu voz, agregó el
desconocido.
Ella calló......
--¡Berta rompe por Dios! tu silencio mortál, ódiame si no me amas. El
amor i el odio son la vida; la indiferencia es la muerte.
--¿Plácido?.. balbuceó Berta.
¡Habla! ¡habla! la contestó el poeta, apoyando la gacha frente sobre
las rejas. ¡Díme, díme que me amas!
--¿I qué podré decirte?... Si en tí no hai la franqueza de descubrirse
¿cómo me exijes la confianza de entregarte mi corazon? ¡Ah, vete!
--¡Irme!... ¡irme alejado por tí!...
--Pueden descubrirnos.
--Bien; dáme con las puertas si acaso quieres, ¡pero arrójame una
esperanza, dia claro del alma!....
--¡Esperanza! murmuró Berta. ¿Esperanza, a tí que viniendo en pos del
dia del alma, me buscas como la noche del misterio?
--Vengo a ofrecerte no mi nombre, sino mi corazon, ¡el corazon de un
poeta!
--¡Poeta! esclamó Berta, entonces exajeras tus sentimientos.
--¡Bendita exajeracion!
--Pero en fin si me amas, Plácido, no me pongas en peligro de que nos
vean, esponiéndote a que no nos volvamos a ver.
--¿I nos veremos mañana?
--No lo sé.
--¡Adios!.... murmuró Berta, con la barba que le temblaba de emocion.
--¡Adios! contestó el desconocido; i la luz del sol de la mañana invadió
a torrentes; la niebla del cielo se disipó; la naturaleza parecia
sonreir ante la felicidad de esos amantes.