¡Pobre Berta! la bala del cazador no hiere al ave, como esos billetes de
amor su tierno corazon. Iba a retirarse de la ventana casi aturdida, con
la cabellera que parecia que el aliento del sueño habia desparpajado
sobre sus sienes, cuando sintió un leve ruido.. ¿Era tal vez la briza
que jugueteaba? El ruido aumentó. Tenia miedo.. Aproximó el oido a la
ventana i persibió el eco vago de un suspiro.. Dió un paso atrás
estremecida de espanto; quedó inmóvil, paralizada i volvió a
aproximarse. Resolvió por fin entreabrir la puerta, es decir, razgar el
velo..
Un hombre con el sombrero calado hasta los ojos i embozado en una larga
capa permanecia con el alma suspensa i el oido atento junto a la reja de
la ventana.