Pasó la noche. La aurora tímida sonrosaba el horizonte. El canto
repetido del gallo, las campanas que tocaban a misa mayor, i el ladrido
desapacible del perro, marcaban el alborear del dia.
Arturo que con un sueño intranquilo, como una pesadilla, comenzaba
recien a reemplasar la ausencia del sueño de la noche, abrió i restregó
los párpados; i todo fué percibir el albo rayo de la mañana que filtraba
por las rendijas de su ventana i ponerse de pié para hacer, rápidamente,
su espléndida _toilete_.
--¿Si Berta dormirá aun? pensaba, peinando el cabello, alizando la barba
i enlazando el roson de la corbata.
¿Un instante despues salia de su habitacion con su andar pausado, i con
su aire aristocrático paseábase a lo largo del corredor inmediato
preguntándose al parecer a cada instante? ¿si Berta dormirá aun......?
No, Berta no dormia; soñaba sí, pero soñaba despierta; soñaba con el
porvenir... El primer rayo de amor acababa de caer sobre su vírjen
corazon, como cae el primer rayo de sol sobre la flor que se entreabre.
--¿Pensará en mí?.... ¡Ah! ¡soi jóven, bello, rico i aristocrático! ¿Por
qué no alcanzaré su mano? murmuraba levemente, recorriendo con sus
miradas en torno suyo.
Berta, entre tanto, acababa de encontrar sobre la ventana de su cuarto,
que daba a la calle, un tesoro de amor, la reliquia del corazon de un
hombre que para colocarla ahí se recató tímidamente entre las sombras de
la noche i del misterio..
¿Cual era esa reliquia? Los siguientes versos i la siguiente carta
firmadas con el seudónimo de _Plácido_ i entreocultos dentro de un
ramillete de flores.
La carta decia literalmente así:
«Berta:
En vano he luchado por ahogar en lo mas íntimo los latidos de mi
corazon, que ansia por hablarte. ¡Pero imposible Berta! te amo, i en
mi delirio te mando esas flores; que en ese alfabeto perfumado
descifres las espresiones salidas del amor.
En mi silencio pensé arrojar rota mi lira, musa querida de mis castos
amores, pero una secreta esperanza la hace sonar ahora.
¡Oh! ¡Si yo supiera que esas humildes flores fuesen la almohada de tus
celestes ensueños o se refrescasen en la dorada enredadera de tus
cabellos! ¡si yo supiera que la melodía de esos versos pasaban
murmurando por tus labios o recalando tu oido i te recordáran a tu
incógnito cantor i desconocido amante, me reconciliaria con la
felicidad!
Mañana resguardado por el silencio i la oscuridad de la alta noche, al
sonar esta misma hora, a la luz del mismo rayo de la luna, pasaré,
hermosa Berta, por el pié de esta ventana para ver si encuentro en
ella la forma de una esperanza que dé la vida a mi alma o el desengaño
que será, te lo juro, ¡la muerte de un corazon!
Dulce tirana de mi existencia
A quien el alma toda rendí,
Oye los ayes que por tí vierto,
I los suspiros que doi por tí:
Mas no insensible mi triste acento
Escuchar quieras por mas rigor,
No seas ingrata con quien te adora,
_Paga mi Berta, paga mi amor_.
Yo ví tus ojos mas relucientes
Que el esplendente sol tropical,
I son tus labios i breves dientes
Nítido nácar, fino coral.
Quedé cautivo de tus virtudes,
I de tus gracias i tu candor,
No seas ingrata con quien te ama,
_Paga mi Berta, paga mi amor_.
¿Cómo pudiera dejar de amarte?
¿Si por tí el fuego de amor sentí?
¿Si no me canso de contemplarte?
¿Si me es gustoso morir por tí?
¿I a tantos ruegos te muestras dura?
¿No te condueles de mi dolor?
No seas ingrata con quien te adora,
_Paga mi Berta, paga mi amor_.
Ni el soplo fiero de muerte airada
Estingue el Etna de mi pasion,
Estos acentos que oyes mi Berta,
Nacen del fondo del corazon:
Cuanto mas tardes en ser mi amada
Mas se acrecienta mi fino ardor.
No seas ingrata con quien te ama,
_Paga mi Berta, paga mi amor_.
El Ser Supremo que el orbe rije
La llama inflama que yo encendí;
Luego Dios mismo mi afecto aprueba
Cuando me inspira pasion por tí.
Virtud, dulzura, gracia i belleza
¿Quién las resiste? ¿dónde hai valor?
Ten de mis males piedad, bien mio,
_Paga mi Berta, paga mi amor_.
Si un rosal miro, tu eres la rosa
Mas elegante que encuentro allí;
Si sueño i canto, si rio i lloro,
Todo, tirana lo hago por tí.
¿I tanto anhelo no tiene premio?
¿Cuando se calma tanto rigor?
¿Quieres mi muerte? ¡no seas ingrata!
_Paga mi Berta, paga mi amor_.