En el barrio de Yumurí i en la estremidad de la calle de N.... se
ostentaba una casa apartada, que resaltaba de las demas por su belleza i
contrastaba con ellas por la orijinalidad de su aspecto. De madera en su
mayor parte, de forma circular, con cornizas talladas caprichosamente,
rodeada de ojivas i ventanas cubiertas de vidrios de vivos i variados
colores. Cuando por la noche, las luces la iluminaban por dentro,
parecia, vista de lejos, un farol encendido. Una galeria de arcos
oblongos, sostenidos por torneados i delgadísimos pilares, circundaba la
casa. Al pié, i en torno de esta arquería, estendíase una grada de
piedra blanquecina, imitacion de mármol. Pequeña, blanca en sus paredes
i su techumbre, i rodeada de jardines, esa casa semejaba a una blanca
paloma posada sobre un campo florido. Frente al frontispicio i a ambos
costados de una elegante pila de bronce oscuro, que arrojaba variados
juegos de agua, se alzaban dos estátuas de mármol, que representaban la
Poesía i la Música, i al rededor de cada una de las estátuas, varios
faroles suspendidos sobre delgadas columnatas de hierro.
A la espalda de la casa estendíase un huerto poblado de frondosos
árboles i dividido por una calle recta i central formada por dos hileras
de naranjos, limoneros, i guayabos. Hácia el fondo de esa calle angosta,
i prolongada abovedada a trechos por el follaje de las palmeras,
divisábase la faz trasparente i azulada de un lago cuyas lijeras ondas
se bordaban con las flores marchitas i las hojas secas o amarillentas de
las parras i las higueras que se inclinaban en torno de ese lago,
besándole con sus ramas i brindándole su compañía, los despojos de su
follaje i su sombra. Una pequeña góndola flotaba errante i al capricho
del viento sobre los pliegues cristalinos de la superficie del lago:
tres remos gastados i descoloridos se cruzaban en su fondo. A uno i otro
lado del lago i a corta distancia de él, descollaban solitarios dos
cenadores, cubiertos por fuera de tupidas madreselvas i campanillas,
cuyas flores adornaban las cortinas de vejetacion que se descolgaban, en
forma irregular, sobre la entrada de esos que semejaban verdes i
floridos torreones, como para encubrir esos recintos románticos que
parecian el asilo de los secretos i las delicias del amor. El verde
musgo alfonbraba sus alrededores. En su interior no habia mas que un
banco formado de troncos de árboles i una mesa de madera blanca sobre la
que se levantaba un búcaro de arcilla que contenia flores artificiales.
Contra el tronco de dos árboles inmediatos a los cenadores estaban
amarradas con hilos de cáñamo una cruz de madera i una seca rama de
palma bendita, que daba a ese paraiso en miniatura cierto vago aspecto
de relijiosidad i misticismo.