A la entrada de la anchurosa i abrigada bahía de Matanzas, bajo ese
cielo puro i azul de los trópicos, en medio de esa atmósfera perfumada
por una vejetacion secular, bañada por la blanca luz de la luna i vista
al través de la arboleda que la rodea i cuya sombra tiembla sobre la faz
movible i azul de las ondas del océano, se descubre la ciudad del mismo
nombre.
A los 32°, 2' i 30" de lonjitud i 75° i 15' de latitud i sobre un
terreno plano i elevado que está a diez varas de altura sobre el nivel
del mar, con su aspecto irregular, con sus frondosos bosques de
manglares, palmeras, ceibas, plátanos, cañas i cafetales que cubren las
hondonadas pantanosas de sus profundos valles, como océanos de
vejetacion, se estiende la mencionada ciudad, en la costa Norte de la
isla i al Este de la Habana, de la que se encuentra a 20 leguas de
distancia.
Los poetizados rios, San Juan i Yumurí, que abrazan cariñosamente la
poblacion por uno i otro costado, acarician a su vez con sus tranquilas
ondas las márjenes risueñas de esos bosques.
Desde la bahía, lo primero que descubre la vista es el castillo de San
Severino, situado a la mano derecha, entrando al puerto. De en medio de
la rojiza techumbre de las casas, cuyas paredes blanquean medio ocultas
por las ramas, se alzan tambien el fuerte Morrillo i la bateria de
Cajigal. Aquí el viejo torreon, detras el apartado campanario; mas allá
la ciudad de los muertos, rodeada de ceibas, de cipreses i olivos,
envuelta en el silencio i la soledad, que se dibuja hácia los estramuros
de la ciudad de los vivos, con la cual contrasta por el ruido, la
ajitacion i el movimiento que se nota en sus calles anchas, rectas i sin
empedrado.
Divídese la poblacion en doce cuarteles. De entre ellos los barrios de
Pueblo Nuevo i Yumurí tienen la particularidad de estar ligados por
sólidos, rústicos e inmensos puentes de madera.
Rodeada de bosques, respirando el ambiente caluroso del dia, o la
atmósfera entibiada por el aliento perfumado de la noche, llevando en la
frente una guirnalda de laureles, en la mano el estandarte de la
democracia i en los piés las cadenas de la esclavitud, diríase que
Matanzas es una vírjen que muellemente tendida sobre la ribera del mar,
acariciada por las olas, sueña con melancólica voluptuosidad en la
ausencia de los padres que la enjendraron i que se llaman la Gloria i la
Libertad.
Apesar del aspecto de antigüedad que se nota en la ciudad de Matanzas,
en la que domina el añejo gusto arquitectónico español, aquí i allí se
levanta de vez en cuando alguna casa de construccion moderna i de
risueña apariencia, como una que otra persona de vestidura elegante en
medio de una multitud harapienta i desaliñada.