BORIQUÉN.

Aún hay escritores puertorriqueños que continúan poniendo en tela de

juicio el nombre indígena de la isla de Puerto-Rico, á pesar de la

brillante conferencia desarrollada sobre este tema, en el Ateneo, por

don Salvador Brau.

El sesudo investigador, nutrido de interesantes datos, concretó[251] los

testimonios históricos aducidos en pro de su tesis, de esta manera:

ESCRITORES EPOCA │DENOMINACION

─────────────────────────────────────┼────────────

Doctor Chanca 1493 │Buriquén

─────────────────────────────────────┼────────────

Gonzalo Fernández de Oviedo 1535 │Boriquén

Fray Bartolomé de las Casas 1550[252]│ „

El Bachiller Santa Clara 1582 │ „

Juan de Castellanos 1589 │ „

Antonio de Herrera 1601 │ „

Juan de Laet 1640 │ „

Diego de Torres Vargas 1647 │ „

─────────────────────────────────────┼────────────

Fray Iñigo Abbad 1788 │Borinquén

─────────────────────────────────────┼────────────

Juan Bautista Muñoz 1793 │Boriquén

Washington Irving 1828 │ „

Alejandro Tapia 1854 │ „

El doctor Diego Alvarez Chanca, en su carta al Cabildo de Sevilla, llama

á la isla de Puerto-Rico, primero, BURENQUÉN; después, BURIQUÉN; y por

último, BORIQUÉN.

Letronne, en su Geografía Universal (1844), y Pastrana en su Catecismo

geográfico (1852) llaman á la isla BORICUA.

El mismo Pastrana, con su genio poético, toma el vocablo de Fray Iñigo

Abbad, Borinquén, y cambiando el acento crea la palabra BORÍNQUEN: la

cual ha tenido popular aceptación, principalmente entre literatos y

poetas.

El Pbro. don Juan Manuel Echeverría y el Profesor don Manuel Felipe

Castro, en sus cantos épicos consagrados al sitio puesto por los

ingleses á la ciudad de San Juan en el año de 1797, llaman á

Puerto-Rico, CARIB.

El padre Nazario[253], al tratar este punto, se separa de Chanca y se

decide por CARIB, como nombre primitivo de la isla.

Castro y Echeverría, al fijarle á Puerto-Rico el nombre de CARIB en sus

poemas, escritos el año de 1851, no hicieron más que seguir á don Martín

Fernández de Navarrete, en sus comentarios de 1825 al Diario de Colón.

Y vamos á probarlo.—Al estudiar Navarrete el Diario del Almirante y

llegar á la anotación del martes 15 de Enero, donde dice CARIB, pone el

académico don Martín una llamada y signa: PUERTO-RICO; é igual

manipulación efectúa al encontrar dicha voz CARIB en la signación del

miércoles 16 de Enero.—Y ha inducido á error á Navarrete y al padre

Nazario la siguiente relación del mismo Diario. Al amanecer de ese día

16 partió la armada del GOLFO DE LAS FLECHAS (bahía de Samaná),

“llevando la proa al Leste cuarta del Nordeste para ir diz que á la isla

de Carib.”—Con esta ruta, Colón se acercaba indudablemente á

Puerto-Rico, quedándole la isla al sureste, á más de 120 millas; y

quizás, rectificando algo el rumbo, hubiera dado el Almirante con

Boriquén, en este su primer viaje, si la gente no deseara el retorno á

España por el mal estado de las carabelas. Pero hay que tener en cuenta,

que si tal derrotero hubiera podido llevar á Colón á la isla de

Puerto-Rico, también con igual rumbo, más ó menos rectificado, hubiera

ido á las islas de Barlovento, donde señoreaban los CARIBES, y á quienes

se referían los indígenas, que estaban á bordo, al hablar de CARIB; pues

no correspondía á los naturales de Boriquén, y sí á los de las islas de

Barlovento, la descripción que los indios quisqueyanos y yucayos, de á

bordo, le daban al Almirante de los habitantes de Carib, Narra el Diario

de navegación:

“_Martes 15 de Enero._—Dice (el Almirante) que quiere partir, porque

ya no aprovecha nada detenerse, por haber pasado aquellos

desconciertos; debe decir del escándalo de los indios. Dice también

que hoy ha sabido que toda la fuerza del oro estaba en la comarca de

la villa de la Navidad de sus Altezas, y que en la isla de

_Carib_[254] había mucho alambre y en _Matinine_, puesto que será

dificultoso, porque aquella gente diz que come carne humana.”

Y al siguiente día escribe Colón en su cuaderno de bitácora:

_Miércoles 16 de Enero._—“... para ir diz que á la isla de Carib[255]

donde estaba la gente de quien todas aquellas islas y tierras tanto

miedo tenían, porque diz que con sus canoas sin número andaban todos

aquellas mares, y diz que comían los hombres que pueden haber. La

derrota diz que la había mostrado unos indios de aquellos cuatro que

tomó ayer en el _puerto de las flechas_.”

Basta la simple lectura de este párrafo para comprender claramente que

los indios quisqueyanos no se referían á Puerto-Rico. A suroeste de la

bahía de Samaná está la isla de ADAMANAY, hoy Saona, la cual para la

época del descubrimiento estaba ya en poder de los caribes. Además todos

esos mares estaban infestados de los belicosos antropófagos, que en sus

almadías salían á piratear por las vecinas tierras desde las islas de

Barlovento y costas de Venezuela y Colombia. Y confirma nuestro parecer,

de error de Navarrete en interpretar á CARIB por PUERTO-RICO, aquella

seguridad, que le daban los indios de á bordo á Colón, de que iba á dar

con MATININÓ (Martínica) al poner el rumbo de la armada “nordeste cuarta

del este”: lo cual no era cierto; como tampoco lo era, que dicha isla

estaba ocupada solamente por mujeres. Téngase en cuenta además, que ya

el domingo 13 de Enero, al tropezar el Almirante con los indios CIGUAYOS

de la bahía de Samaná, se creyó que eran los caribes, á quienes tantos

deseos tenía de conocer.

En la carta de Cristóbal Colón, escrita en el mar, cuando regresaba del

primer viaje, y enviada desde Lisboa, en Marzo de 1493, á Barcelona,

donde se encontraban los Reyes Católicos, se lee:

“Así que monstruos no he hallado, ni noticia, salvo de una isla de

_Caribes_, que es la segunda á la entrada de las Indias, que es

poblada de una gente que tienen en todas las islas por muy feroces,

los cuales comen carne humana”

Vése, pues, que la isla de CARIB, era una del grupo de las de

Barlovento, ocupada por indios antropófagos; y probablemente se referían

los indios de á bordo á SIBUQUEIRA (Guadalupe), especie de fortaleza, de

donde salían á piratear los caribes en sus grandes canoas por todo el

mar de las Antillas. Lo acontecido en esa isla en el segundo viaje de

Colón confirma este aserto; pues no había ninguna isla con el nombre

especial de CARIB, é indudablemente se referían los indígenas, que

estaban en la NIÑA, al pueblo de aquellas islas que, á diario, les

atacaban y saqueaban, y al cual llamaban CARIBES. Y dada la dificultad

de interpretar un lenguaje nuevo y extraño, á pesar de llevar Colón un

expedicionario políglota como lo era el judío Luís de Torres, que

dominaba el hebreo, caldeo y árabe, tomaron el CONTENIDO por el

CONTINENTE y aplicaron el vocablo á la isla cuando los quisqueyanos se

contraian á los naturales de ella.

Conste, pues, que don Martín Fernández de Navarrete es el ÚNICO

historiador, que ha aplicado la palabra CARIB á la isla de Puerto-Rico,

siguiéndole después Castro y Echeverría, en 1851, y en la actualidad el

presbítero Nazario y Cansel.

Bastarían los testimonios históricos presentados por don Salvador Brau,

en su interesante conferencia, y los razonamientos anteriormente

expuestos, para dejar dilucidado este punto de nuestra prehistoria

regional; pero como además del párroco de Guayanilla con su CARIB ha

aparecido don José de Jesús Domínguez asignándole á la isla, como nombre

indígena, el de BURIKEM[256] ó BURINKEM[257], creemos, por lo tanto,

conveniente apurar el testimonio de todos los cronistas é historiadores.

Y para ello, agregamos á la ya rica tabla de escritores de Indias,

presentada por el señor Brau por orden cronológico, la siguiente:

AUTORES FECHA NOMBRE

───────────────────────────────────────────────────────────

Pedro Mártir de Anglería 1494 Burichena[258]

Juan de la Cosa 1500 Boriquén

D. Fernando Colón 1571[259] Idem

P. P. Priores de San Gerónimo[260] 1517 Boriquén

Francisco López de Gómara 1540[261] Boriquén

Martín Fernández de Navarrete 1825 Carib

Modesto Lafuente 1860 Boriquén

Alejandro Gómez Ranera 1860 Idem

Manuel Felipe Castro 1851 Carib

Juan Manuel Echeverría 1851 Idem

Rodolfo Cronau 1891 Boriquén

Otto Neussel 1892 Boriquén[262]

Emilio Castelar 1892 Boriquén

Revue des Deux-Mondes 1893 Boriqve

La sílaba BU, en sustitución al BO de BORIQUÉN, la encontramos en

Chanca, Mártir de Anglería, y los Gerónimos, cronistas que respecto á

vocablos indígenas sufren lamentables equivocaciones. Los demás

cronistas é historiadores, que se han ocupado de Puerto-Rico usan el BO,

como puede verse perfectamente en las dos tablas que hemos presentado.

Don José de Jesús Domínguez, en nuestros días[263], se decide por la

sílaba BU.—Tanto BO como BU, son dos sílabas de pronunciación labial,

susceptibles de pasar de un sonido á otro por leyes filológicas

conocidas. La raíz BO es mucho más común en los vocablos, que

conservamos del lenguaje indo-antillano, y con etimología conocida.

Además, es importantísimo notar que Juan de la Cosa, que acompañó al

Almirante en el primero y segundo viaje, don Fernando Colón, que tuvo en

su poder los documentos de su padre, Bartolomé de las Casas, que residió

tanto tiempo en Santo Domingo y el capitán Gonzalo Fernández de Oviedo,

que trató personalmente al conquistador y poblador Juan Ponce de León,

escriben el nombre indígena de la isla de Puerto-Rico con la silaba BO.

Respecto á la K, que el doctor Domínguez pone en sustitución á la QU,

obedece á miras innovativas fonéticas. Roque Barcia ha dicho[264]:

“conviene que seamos innovadores con discreción, no bárbaros; y bárbaros

somos siempre que vamos contra la razón de la palabra, que es su

etimología, su fuente, su principio.” Desfigurar la palabra

indo-antillana BORIQUÉN sustituyéndola, arbitrariamente, con BORIKUA,

BURINKEM ó BURIKEM es ir contra la etimología del vocablo, contra sus

radicales, y contra la escritura y ortografía de los primeros cronistas.

Tan bárbaro es añadir letras de más á una palabra como quitárselas.—En

RELOJ, por ejemplo, ¿queréis una letra más inútil que esa J? Sin

embargo, RELOJ procede del griego HOROLOGION (el indicador de la hora) y

mediante la eufonización tenemos RELOGIO, RELOGE, RELOX y RELOJ. Esa J,

pues, que representa la G del griego y del latín, sería un barbarismo

retirarla del vocablo.

Y vaya otro ejemplo, á la inversa del anterior: hasta hace poco tiempo

se escribía ARMONÍA sin H; pero la Academia, volviendo por la fuerza del

lenguaje exige hoy la H, y se escribe, HARMONÍA, por su origen latino y

griego. Si mañana viésemos que la misma docta Corporación ordenaba, que

ABOGADO se escribiese AVOGADO, sería una innovación de igual pureza;

porque esa voz procede del latín ADVOCATO, ablativo de ADVOCATUS, y lo

escribimos anómalamente con B teniendo en su origen V.

Aceptaríamos, que se agregase la N, en BORIQUÉN, para hacer BORINQUÉN,

si el uso hubiese traído la desaparición de la N contra su etimología;

pero la sílaba RÍ es una raíz indo-antillana y RIN no lo es.

La sílaba KEM en sustitución á QUEN que introduce el doctor Domínguez va

también contra la escritura y ortografía de los primeros cronistas y le

da á la E acento nasal, al agregarle la M por la N, aunque la M sea

letra labial.

Verdaderamente que las vocales nasales existían en las lenguas antiguas,

principalmente en el sánscrito, y también en el latín, donde serían

escritas como hoy en portugués AM, EM, IM, OM[265]; pero los indígenas

antillanos no daban preferencia á sonidos nasales ni al uso de sílabas

fuertes, que requiriesen consonantes como la K. Y no sacamos nuestras

afirmaciones de conjeturas é hipótesis. Oigamos lo que dice el

Almirante, el martes 25 de Diciembre, en su cuaderno de bitácora:

“tienen una habla la más dulce del mundo y mansa, y siempre con risa.”

Los holandeses son muy amigos en su lengua de reemplazar la C y la Q por

la K[266] y los suecos tienden hoy día á este cambio. Los polacos

acostumbran á usar una K, muy ruda, delante de A en algunas palabras y

son muy dados á usar dobles consonantes. Los árabes, tan dados á los

signos de aspiración tienen una K que representa una mezcla de

inspiración muy ronca y particular, una K gutural; y también tienen otro

sonido que corresponde á una K muy fuerte[267]; pero Colón nos dice

gráficamente, que el habla de nuestros indios era la más dulce del mundo

y mansa, y siempre con risa. Y este parecer si lo diera un hombre del

norte de Europa, de áspero parlar en guturales sonidos, podría pasar por

cortesía del gran Navegante con los que le habían ayudado á salvar los

restos del naufragio de la SANTA MARÍA, pero lo emite nada menos que un

genovés, poseedor de los dulces y melodiosos acentos del Lacio.

Para cerciorarnos de la veracidad del Almirante, al justipreciar la

dulzura del lenguaje de nuestros indios, comparemos algunos vocablos

indo-antillanos con los de otras lenguas americanas, la mexicana, por

ejemplo, y notaremos la suavidad de las palabras de nuestros indígenas.

Hé ahí los nombres de algunas islas del Archipiélago antillano, tomados

al azar: Boriquén, Cuba, Quisqueya, Haití, Biminí, Ay-ay, Guanahaní,

Yumá, Mayaguaná, Bieque, Sibuqueira, Siquéo, Xaymaca, Cayrí, Yumay,

Yucayo, Guanaja, Ocamaniro, Matininó, Babeque, Guanabo, etc.

Y en el mapa del Anahuac, tales como eran los nombres en 1521

(Duvotenay, geógrafo), también leemos al azar: Mechoacan, Zacatallan,

Cuitlatecapan, Matlatzingo, Cohuixco, Coatzacualco, Zatonacapan,

Tlatlauhquitepec etc. Como los mexicanos no pronunciaban las letras b,

g, r, s, se veían precisados á usar mucho de las letras p, c, l, x, y,

t.

De manera, pues, que ni la ETIMOLOGÍA ú origen, ni la necesidad de

PRONUNCIACIÓN, ni el USO autorizado por los cronistas informan en favor

del vocablo BURIKEM ó BURINKEM, con el cual pretende el señor don José

de Jesús Domínguez sustituir á la palabra BORIQUÉN, usada por una

mayoría respetable de cronistas, cartógrafos é historiadores.

Qué significa Boriquén?

No existe nada en la naturaleza que tenga más vida que las palabras, y

para llegar á poseer tal vitalidad ha debido el lenguaje estar en un

estado de fluctuación ó indecisión hasta llegar á constituir un

verdadero organismo. Hoy podemos admirar la diversidad que hay, en el

modo de expresarse por medio de las palabras, entre unos y otros

pueblos; pero con un detenido exámen se pueden señalar los jalones de

una marcha evolutiva, llegando hasta encontrar las tres grandes

divisiones del lenguaje: monosilabismo, aglutinación y flexión.

Los sabios están unánimes en admitir que la construcción del lenguaje ha

principiado por la génesis de las raíces. Dice Max Müller[268]: “Si el

sánscrito, el hebreo ó el griego no hubiesen atravesado la aglutinación

ó capa aglutinativa, si no hubieran atravesado un período como el chino,

aislado ó monosilábico, su forma actual sería un milagro.” El

monosilabismo, pues, ha sido el primer medio que los hombres han tenido

para comunicarse sus afectos, sus necesidades y sus ideas, prescindiendo

de la mímica y de la onomatopeya; de aquí han pasado por una evolución

secular de grados diferentes á la aglutinación; y por fin, han alcanzado

algunos pueblos por medio de la compenetración y las tendencias

flexivas, la forma más perfecta del lenguaje.

Es, por lo tanto, una cosa reconocida en el progreso de la lingüística,

que la raíz ha tenido que existir por sí misma antes de llegar á la

aglutinación y á la flexión.

En el estudio de las raíces de las lenguas indo-jaféticas es un auxiliar

poderosísimo el zend y el sánscrito, manantiales fecundos donde el

investigador filólogo sacia la sed que le devora; pues no conforme la

Filología con darnos á conocer el hebreo, el griego y el latín asciende

en busca de progenie más antigua. Las investigaciones interesantísimas

de Grimm sobre las lenguas germánicas, y los trabajos de Bott y otros

filólogos sobre las lenguas indo-europeas constituyen la escala de Jacob

para la Filología comparada, pudiendo considerar esos estudios como

fuente regeneradora de la Historia antigua[269]. Pero en las

investigaciones del lenguaje indo-antillano, todo es tinieblas; no nos

queda un dialecto siquiera, que pueda servir de apoyo para verificar

nuestros estudios; únicamente, palabras sueltas, ya designando un árbol,

una comarca ó un río, ya el nombre de un cacique, ya alguna que otra

palabra recogida por los cronistas de la época de la colonización.

Estas palabras, que quedan al azar en la roca, en el arbusto y en el

cronicón son aún verdaderas margaritas. Las hemos recogido, con

asiduidad, no para reconstruir un lenguaje, lo cual es imposible, sino

para propia satisfacción en nuestros estudios filológicos; tratando de

averiguar sus raíces, sus temas y desinencias, para fijar sus

etimologías, porque el estudio de los elementos de una voz es el estudio

de la formación de la palabra. Y como dice muy bien el docto catedrático

del Instituto don Enrique Alvarez Pérez en la gramática española que

está editando[270]: “El filólogo, como el naturalista, analiza los

distintos elementos que constituyen el organismo de la palabra; estudia

las diversas fases que presenta en su desenvolvimiento; y compara las

analogías y diferencias que tiene con otras del mismo idioma ó de los

congéneres.”

En la carta de Cristóbal Colón escrita en el mar cuando regresaba del

primer viaje, y enviada desde Lisboa, en Marzo de 1493, á Barcelona,

donde se encontraban los Reyes Católicos[271], se lee:

“En todas estas islas non vide mucha diversidad en la fechura de la

gente, nin en las costumbres, nin en la lengua, salvo que todos se

entienden que es cosa muy singular.”

Dice el Almirante en su Diario de navegación:

_Lunes 12 de Noviembre._—“... y también estas mujeres mucho enseñarían

á los nuestros su lengua, la cual es toda una en todas estas islas de

India y todos se entienden y todas las andan en sus almadías.”

Además de un lenguaje indo-antillano, conocido en todo el

archipiélago[272], ocupado por los indios procedentes de la Florida,

había sus dialectos en algunas islas[273], nacidos de la peregrinación

de las palabras, y de la evolución en el continuo fermento en que se

hallaban, principalmente en un idioma, como el indo-antillano, que no

había llegado á la cristalización fonética[274].

Algunos hay que opinan que la lengua MAYA, ó primitiva del Yucatán,

tuviese sus afinidades con la que se hablara en Cuba, especialmente en

la parte occidental de la isla, tan cercana á la península yucateca.

Indudablemente había diferencia de dialecto en la región del oeste de

Cuba; pues el intérprete Diego, que acompañaba á Colón, cuando viajaba

cerca de BATABANÓ ó MAYABEQUE, no fué comprendido de los indígenas, y sí

por los indios de Vueltarriba. Pero el lenguaje SIBONEY, ó de los indios

de Cuba, era un dialecto con ligeras diferencias de la lengua general

indo-antillana.

Ahora bien, ciñéndonos á la palabra BORIQUÉN, cuya etimología queremos

estudiar, tenemos, que existen en ese vocablo tres raíces aglutinadas:

bo-ri-quen.

La inicial BO[275] equivale á GRANDE, SEÑOR[276]. Y la encontramos con

este valor en las palabras indígenas:

Caona-bó Señor del oro. Llamado así este régulo por hallarse en

su cacicazgo las minas auríferas del Cibao.

Bo-hechio Señor de gran territorio. Nombre asignado al anciano

cacique de Jaragua.

Bo-jío Territorio del señor. Denominación adjudicada á la parte

septentrional de Santo Domingo. También tenía este

nombre el rancho do se guarecía el indio con su familia.

Por antonomasia, la propiedad de un hombre jefe.

Bo-yá Gran lugar en el cacicazgo de Higiiey.

Bo-cú Gran río de Santo Domingo.

Bo-hití El sacerdote entre los haitianos.

Bo-niata Comida del señor.

Bo-siba Piedra grande.

Jo-bo-baba Cueva del Señor. Los indios suponían que de esta gruta

habían salido el Sol y la Luna. Radicaba en tierras del

cacique Maniatibex.

Bo-nao Lugar montañoso del señor. Valle montañoso de S. Domingo

donde Roldán y Riquelme se alzaron en armas contra el

Almirante.

Jo-bo Gran árbol. Los indios referían á Fray Román Pane, que

habiendo ido unos hombres á pescar les cogió el sol y

les convirtió en jobos; explicando de este modo la

formación de los árboles.

Bo-iní-ael El hijo del señor del agua. Este era el nombre de un

zemí de piedra, al cual tenían los indios en Haití gran

veneración, y cuando no llovía iban á visitarle. (Fray

Román Pane).

Na-bo-rí Cosa del valiente señor. Llevando la idea de SIERVO,

porque el primer indio que reconoció al Dios de los

cristianos, según refiere Fray Román Pane, dijo al

morir: DIOS NABORÍ DACHA, que quiere decir YO SOY SIERVO

DE DIOS.

La sílaba intermedia RÍ, de Boriquén, entraña el concepto de VALOR

guerrero, así como la idea de FUERTE. Y la encontramos en los vocablos:

Ca-ri-be Nombre aplicado á los belicosos indios de Barlovento.

In-ri-rí Según Fray Román Pane, los indios daban este nombre al

pájaro carpintero. Por onomatopeya llamaron así á esta

ave, por el ruido RÍ, RÍ, que produce al horadar los

árboles. Los carpinteros son pájaros valientes; su pico

es una verdadera lezna; sufre los tiros repetidos del

cazador, y caido picotea la mano que va á cogerle.

Baha-rí Tratamiento á los nitainos, equivalente á Señoría.

Guacanaga-rí El cacique adicto á los españoles.

Gua-ri-onex Nombre de un cacique de Haití y de otro de Boriquén.

Entrambos muy belicosos.

Ju-ri-can Por evolución, huracán. JU, viento; RI, fuerte: y CAN,

grande. Viento fuerte y grande.

Cana-rí Vasijas de barro. Los indios usaban los calabazos de

higüera para guardar líquidos; pero á estas vasijas por

ser más fuertes les daban esta denominación.

A-rí-juna Extranjero, A, evolución de GUA, el; RI, valiente; JU,

viento; NA, lugar. El valiente del lugar del viento.

Refiriéndose á los indios de Barlovento, ó del del Este,

de donde sopla siempre el viento alisio.

Cu-rí-can El actual vocablo CURRICÁN. Cordel largo y fuerte para

pescar.

Gua-rí-co Fuerte porción de tierra, ó punta, que en Haití y en

Cuba penetra en el mar.

Jumi-rí Fuerte árbol resinoso. (Hedwigia balsamifera). El

tabonuco.

La final QUEN[277], de Boriquén, implica idea íntima ó de relación con

la TIERRA, según lo prueban las palabras:

Jeni-quén. Especie de pita ó agave, que abarca mucho TERRENO en su

desarrollo.

Atebeane ne-quén. Frase con que, al decir de Oviedo, se

denominaba á la india que se ENTERRABA viva con el

cadáver de su marido.

Bie-que. Tierra pequeña. La actual isla de Viequez.

Babe-que. La isla Grande Inagua.

Bajara-que. El bohío que ocupaba mucha extensión de TERRENO.

Si-que-o. Evolucionando en CICHEO, y en el actual Desecheo. La

isleta al oeste de Puerto-Rico.

Ya-que. Gran río que recorre toda la longitud de la TIERRA de la

Vega Real de Santo Domingo.

Baiti-que-rí. Punta de TIERRA en la isla de Cuba, que hace una FUERTE

entrada en el mar. Hoy se llama, punta MAISÍ.

Guamí-que-ní. Tratamiento que daban los indios á Cristóbal Colón, y

que equivale á DUEÑO DE TIERRA Y AGUA.[278]

De modo que BORIQUÉN puede traducirse por TIERRAS DEL VALIENTE SEÑOR,

calificativo justificado; pues, aunque los boriqueños no constituían un

pueblo belicoso, ni tenían necesidad para subsistir de hacer la guerra á

sus convecinos, es fama que se mostraron siempre muy valerosos en la

defensa de su país contra las invasiones y depredaciones de los isleños

de Barlovento, sus encarnizados enemigos. A Cuba la conquistó Velázquez

sin pérdida de un solo hombre, Juan de Esquivel se adueñó de Jamayca sin

sacrificio alguno, y respecto al VALOR de los boriqueños, comparándolos

con los haitianos, dice Oviedo: “En la manera de la gente, no difieren

en cosa alguna de lo que tengo dicho de la isla Española, excepto que

estos indios de SANCT JOHAN, eran flecheros é más hombres de guerra;

pero assí andan desnudos é son de la misma color y estaturas.”

Colon en Puerto-Rico · 第 13 / 42 题