sacrificios como aquellos gentiles, que ignoraron tanto tiempo el
verdadero sacrificio, navegaron sin tiento, de los cuales, aunque
mucho he dicho, mucho más decir pudiera; de aquí adelante, segun la
órden que traemos, será bien referir los sacrificios de estas nuevas
naciones nuestras, que vulgarmente llamamos Indias. Y comenzando,
como en lo demas, desta Española grande isla, digo así: Como segun
las noticias que los hombres y naciones alcanzaron y hoy alcanzan
de Dios, así le sirven, honran y veneran, constituyéndole templos,
sacerdotes, ceremonias y sacrificios, que todo esto se funda, procede
y se deriva de lo primero, que es el conocimiento, como por todas, y
cuasi sin número, las razones y ejemplos que con tan gran discurso
habemos traido se ha visto, y las gentes de aquesta Isla y todas las
de su circuito tenian delgado, débil y confuso conocimiento de Dios,
aunque más limpio ó ménos sucio de las horruras de idolatría que otras
muchas, de allí les provino que no tuvieron ídolos ó muchos dioses,
sino pocos ó cuasi ningunos, ni templos ni sacerdotes sino muy pocos
ó cuasi ningunos, solos aquellos que arriba llamamos hechiceros y
médicos, y, por consiguiente, fueron muy pocos los sacrificios puesto
que tuvieron algunos. Destos diré lo que sé y lo que vide, y lo que
otros experimentaron. Hallamos que en el tiempo de coger las mieses
de las labranzas que labraban y sembraban, las cuales eran del pan
que se hacia de raíces y de los ages y batatas y del mahíz, daban
cierta parte como primicias, cuasi haciendo gracias de los beneficios
recibidos; esta parte ó primicias de los frutos, como no tenian
señalados templos, ni casas de religion, como arriba se ha dicho,
poníanla en la casa grande de los Señores y Caciques, que llamaban
Caney, ofreciéndola y dedicándola al Cemí; aquel decian ellos que
enviaba el agua, y daba el sol, y criaba todos aquellos frutos, y les
daba los hijos, y los otros bienes de que abundaban. Todo aquello que
desta manera ofrecian se estaba allí, ó hasta que se pudria ó los niños
lo tomaban, ó jugaban ó desperdiciaban, y desta manera se consumia.
Antes que se descubriese la Nueva España y las provincias de Naco,
y Honduras y el Perú, por ver el cuidado que los indios de aquestas
Islas, en especial desta Española y de Cuba, tenian de dar esta parte
de los fructos que cogian como primicias, y gastarlo en ofrenda de
aquella manera, comencé á advertir ser de ley natural la obligacion de
hacer á Dios sacrificio que ántes habia leido y no visto, como Santo
Tomás prueba en la _Secunda secundæ_, cuestion 85, art. 1.º, diciendo
así: _Oblatio sacrificiorum pertinet ad jus naturale_, etc., y arriba
se dijo por sentencia de Porfirio, que todos los antiguos ofrecian las
primicias; y lo que todos los hombres hacen sin ser enseñados, y de
sí mismos se inclinan á obrar, es argumento claro ser aquello de ley
natural, como tambien arriba destas inclinaciones naturales se declaró
algo. Preguntando yo á los indios algunas veces, «¿quién es aqueste
Cemí que nombrais?» respondíanme, «el que hace llover y hace que haya
sol, y nos dá los hijos, y los otros bienes que deseamos»; añidia yo:
«ese Cemí que hace eso, me lleve á mi el alma». De aquí tomaba ocasion
de predicarles de Dios algo, aunque por aquellos tiempos (para mi
confusion lo digo) no me habia hecho Dios la gran merced que despues me
hizo, dándome cognoscimiento de las necesidades que aquestas gentes de
su salud temporal y espiritual padecian, habiendo en ellas disposicion
para ser traidas á Jesucristo prontísima y admirable, y tambien de la
estrecha obligacion que los cristianos que á estas tierras venimos
tenemos de socorrer á prójimos tan necesitados. De lo dicho parece
seguirse, tener las gentes destas islas cognoscimiento, aunque confuso,
de un Dios, como arriba dejamos tratado. Ya digimos arriba como en
esta Isla tenian ciertas estatuas aunque raras, en éstas se cree que á
los sacerdotes que llamaban behiques hablaba el diablo, y tambien los
señores y reyes cuando para ello se disponian de manera que aquéllas
eran sus oráculos; de aquí procedia otro sacrificio y ceremonias que
ejercitaban para agradallo, que él debia habellos mostrado. Este se
hacia por esta manera: Tenian hechos ciertos polvos de ciertas yerbas
muy secas y bien molidas, de color de canela ó de alheña molida, en
fin, eran de color leonada; éstos ponian en un plato redondo, no llano
sino un poco algo combado ó hondo, hecho de madera, tan hermoso, liso y
lindo, que no fuera muy más hermoso de oro ó de plata; era cuasi negro
y lucio como de azabache. Tenian un instrumento de la misma madera
y materia, y con la misma polideza y hermosura; la hechura de aquel
instrumento era del tamaño de una pequeña flauta, todo hueco como lo
es la flauta, de los dos tercios de la cual en adelante se abria por
dos cañutos huecos, de la manera que abrimos los dos dedos del medio,
sacado el pulgar, cuando extendemos la mano. Aquellos dos cañutos
puestos en ambos á dos ventanas de las narices, y el principio de la
flauta, digamos, en los polvos que estaban en el plato, sorbian con el
huelgo hácia dentro, y sorbiendo recibian por las narices la cantidad
de los polvos que tomar determinaban, los cuales recibidos salian luégo
de seso cuasi como si bebieran vino fuerte, de donde quedaban borrachos
ó cuasi borrachos. Estos polvos y estas ceremonias ó actos se llamaban
cohoba, la media sílaba luenga, en su lenguaje; allí hablaban como en
algarabía, ó como alemanes confusamente, no sé qué cosas y palabras.
Con esto eran dignos del coloquio de las estatuas y oráculos, ó por
mejor decir del enemigo de la naturaleza humana; por esta manera se
les descubrian los secretos, y ellos profetaban ó adevinaban, de allí
oian y sabian si les estaba por venir algun bien, adversidad ó daño.
Esto era cuando el sacerdote sólo se disponia para hablar y que le
hablase la estatua, pero cuando todos los principales del pueblo para
hacer aquel sacrificio, ó que era (que llamaron cohoba) por permision
de los behiques ó sacerdotes, ó de los señores, se juntaban, entónces
verlos era el gasajo. Tenian de costumbre, para hacer sus cabildos y
para determinar cosas arduas, como si debian de mover alguna de sus
guerrillas, ó hacer otras cosas que les pareciesen de importancia,
hacer su cohoba, y de aquella manera embriagarse ó cuasi. Y esta manera
de consultar, bien llenos de vino y embriagos ó cuasi, no fué la
primera en éstos, porque segun Herodoto en el libro I, y Estrabon en
el fin del libro XV, los persas, cuando habian de consultar de cosas
grandes y de grande importancia, la usaron, porque nunca lo hacian
sino miéntras comian y bebian y estaban de vino bien cargados, y aquel
consejo y las determinaciones que dél sacaban decian ellos ser más
firmes que las que con la sobriedad y templanza eran deliberadas. Yo
los ví algunas veces celebrar su cohoba, y era cosa de ver cómo la
tomaban y lo que parlaban. El primero que la comenzaba era el señor,
y en tanto que él la hacia todos callaban; tomada su cohoba (que es
sorber por la narices aquellos polvos, como está dicho, y tomábase
asentados en unos banquetes bajos, pero muy bien labrados, que llamaban
duhos, la primera sílaba luenga), estaba un rato la cabeza á un lado
vuelta y los brazos puestos encima de las rodillas, y despues alzaba la
cara hácia el cielo hablando sus ciertas palabras, que debian ser su
oracion á Dios verdadero, ó al que tenian por dios; respondian todos
entónces cuasi como cuando nosotros respondemos _Amen_, y esto hacian
con grande apellido de voces ó sonido, y luégo dábanle gracias, y
debian decille algunas lisonjas, captándole la benevolencia y rogándole
que dijese lo que habia visto. El les daba cuenta de su vision,
diciendo que el Cemí le habia hablado y certificado de buenos tiempos ó
adversos, ó que habian de haber hijos, ó que se les habian de morir, ó
que habian de tener alguna contencion ó guerra con sus vecinos, y otros
disparates que á la imaginacion estando turbada de aquella borrachera
le venian, ó por ventura, y sin ella, el demonio para los engañar é
introducir en ellos su culto les habia traido. Tenian mil patrañas y
como fábulas, segun parece las que fingian entre los antiguos griegos
y latinos los poetas, puesto que los poetas pretendian en muchas de
sus ficciones, aunque no en todas, alguna moralidad y alegorías para
inducir los hombres á buenas costumbres, estos no sabemos lo que por
aquellas sus fantasías entender ó que se entendiese querian. Como lo
que contaban del Cemí de Buyayba, (que creo que era un pueblo), y el
Cemí nombraban Vaybrama, la penúltima sílaba luenga, el cual en una
guerra que tuvieron decian haber sido quemado, y que lavándolo con
zumo de las raíces que arriba digimos llamarse yuca, de que hacian el
pan cazabí, le crecieron los brazos y le nacieron otra vez los ojos,
y le creció el cuerpo; y porque la yuca ó raíces dichas era en aquel
tiempo chiquita, despues que con el agua della lo lavaron fué, dende
adelante como agora lo es, gorda y muy crecida. Este Cemí causaba,
segun ellos creian, enfermedades á los hombres, por las cuales acudian
á los sacerdotes ó behiques, que eran sus profetas y teólogos como
está dicho; éstos respondian que aquello les venia porque habian sido
negligentes ú olvidadizos en traer pan cazabí y ages, y otras cosas
de comer para los ministros que barrian y limpiaban la casa ó ermita
de Vaybrama, buen Cemí, y que él se lo habia dicho. Otras ficciones
muchas y patrañas les hacian entender aquellos behiques, que si no
pretendian significar alguna alegoría ó moralidad, como los antiguos
poetas, eran invenciones del demonio ó grandes desvaríos.
CAPÍTULO CLXVII.
Otro sacrificio rito ó devocion tambien tenian, y éste era grande
ayuno, y comenzó en ellos desta manera: Refiere fray Ramon el ermitaño,
que arriba digimos cuando hablamos de los dioses desta Isla, que vino á
ella cinco años ántes que yo, que habia fama y credulidad en esta Isla,
que cierto cacique y rey dellos hizo cierta abstinencia al Señor Grande
que vive en el cielo, del cual se debia el conocimiento ú opinion de
un Dios del cielo en los demas derivarse; el abstinencia fué que seis
ó siete dias estaban encerrados sin comer cosa alguna, sino cierto
zumo de yerbas para no del todo desfallecer, con el cual zumo tambien
el cuerpo se lavaban: y debian tener virtud aquellas yerbas, como la
yerba del Perú que llaman coca y las otras de que trata Plinio, y
arriba hicimos dellas mencion. Durante aquel ayuno, con la flaqueza de
la cabeza les venian ó les aparecian ciertas formas ó imaginaciones de
lo que deseaban saber, ó, á lo que es de creer, que el demonio se las
ponia y pintaba por los engañar, porque dado que el primer cacique ó
señor ó señores que aquel ayuno y abstinencia inventó ó principió, la
hiciese por devocion del Señor que está en el cielo, y á él quisiese ó
entendiese pedir que le dijese ó respondiese á lo que deseaba, empero
los que despues la prosiguieron debíanla de hacer en honor de los
cemíes, ó ídolos ó estatuas, ó de aquel que con ellas del conocimiento
del verdadero Dios desviarlos trabajaba, el cual poco á poco algo en
este caso siempre con ellos ganaba, como les faltase, segun muchas
veces se ha dicho, gracia y doctrina. Esto se puede argüir por lo
que los que fuímos primero en la isla de Cuba de los vecinos della
y de la ceremonia que usaron alcanzamos. En aquella Isla era extraño
el ayuno que algunos hacian, principalmente los behiques, sacerdotes
ó hechiceros, y espantable; ayunaban cuatro meses, y más, continuos
sin comer cosa alguna, sino sólo cierto zumo de yerba ó yerbas, que
solamente para sustentarlos que no muriesen bastaba, de donde se colige
que debian ser de grandísima virtud aquellas yerba ó yerbas, mucho más
que de las que Plinio, libro XXV, cap. 8.º, y arriba referimos, habla.
Y esta es la misma coca que en las provincias del Perú es tan preciada,
como parece por testimonio de religiosos y de indios que han venido del
Perú, que la vieron y conocieron en la dicha isla de Cuba, y en mucha
abundancia. Macerados, pues, y atormentados de aquel cruel y aspérrimo
y prolijo ayuno, que no les faltaba sino espirar, decíase que entónces
estaban dispuestos y dignos que les apareciese y de ver la cara del
Cemí, que no podia ser otro sino el demonio; allí les respondia é
informaba de lo que le preguntaban, y lo que más él para engañarlos les
añadia, todo lo cual despues á la otra gente los behiques denunciaban
y persuadian. Solamente aqueste indicio y engaño de idolatría, y no
otro que alcanzáramos, habia en la isla de Cuba, porque ni ídolo, ni
estatua, ni otra cosa que á idolatría oliese hallamos. Y esta parece
cosa maravillosa, que de tanta virtud sea el ayuno y abstinencia, que
áun á los demonios es agradable, y que pidiesen á sus servidores tan
diuturna maceracion de la carne, que no fuesen hábiles para ver su
infernal presencia sino los que tenian mortificados y cuasi muertos
los sentidos, como se recreen más en la embriaguez y glotonería de
los suyos, como sea la fuente y la madre de donde se originan todos
los vicios, segun San Juan Crisóstomo, cap. 27, homilia 58, sobre San
Mateo, y siendo aquella virtud una de las armas con que han de ser
derrocados, como el Salvador nos dejó avisados: _Hoc genus demoniorum
non ejicitur nisi in oratione et jejunio_. San Mateo, 17. Pero este
ayuno y abstinencia no la persuadian ó mandaban hacer sino por su
antiquísima y profunda soberbia, por la cual querian usurpar, como
el honor y culto de Dios, la virtud, no en cuanto virtud sino en
cuanto por pedirla querian dar á entender que amaban las virtudes,
por cobrar más crédito con los hombres, y para vejar y atormentar con
aquella áspera é infructuosa maceracion en esta vida los cuerpos,
como en la otra las ánimas, por el odio que tienen á los hombres, y
así siempre se huelgan de sus tormentos y trabajos, usando con ellos
de su entrañable crueldad. Tornando al propósito del cacique ó señor
que habia comenzado aquel ayuno, decian y era pública voz y fama, que
habiendo hablado con cierto Cemí, que tenía por nombre Yocahuguama, le
habia dicho que los que despues que él fuese muerto fuesen vivos, poco
gozarian de sus tierras y casas, porque vernia una gente vestida que
los señorearia y mataria y que se moririan de hambre; de allí adelante
creyeron ellos que aquella gente debia ser los que llamamos caribes, y
entónces los llamaban y llamábamos caníbales. Todo esto refiere fray
Ramon haber de los indios entendido. Algunas otras cosas dice confusas
y de poca sustancia, como persona simple y que no hablaba del todo
bien nuestra castellana lengua, como fuese catalan de nacion, y por
tanto es bien no referillas, sólo quiero decir lo que afirma de un
indio ó indios que él tornó cristianos, que matándolos otros indios,
por el aborrecimiento que tenian á los españoles, decian á grandes
voces: «Dios naboría daca, Dios naboría daca», que quiere decir, en
la lengua más comun y más universal desta Isla, «yo soy sirviente y
criado de Dios», y éste se llamaba Juan; y desta manera y con estas
palabras murió otro llamado Anton, que era su hermano. Naboría queria
decir sirviente ó criado, y daca quiere decir yo. Y así dijo destos
fray Ramon haber sido mártires; de lo cual ninguna duda puede quedar á
algun cristiano si por la fe ó por no dejar la fe, ó por otra virtud
alguna los mataran; pero no los mataban por ésto, porque nunca indios
algunos jamás tal hicieron, sino porque vivian con los españoles, ó
les loaban ó defendian á quien todos tanto desamaban, ó porque quizás
les hacian aquellos indios, por mandado de los españoles, algun daño,
como habemos visto desto asaz harto, y en estos casos harta merced les
hizo Dios si por confesar ser sus sirvientes y criados se salvaron,
pero no por ser mártires. La misma manera de religion de la desta isla
Española estimé y entendí siempre que tenian las gentes de las islas
comarcanas, sin tener ídolos muy estimados (en la isla de Cuba ningunos
hallamos), ni ofrecelles sacrificios, más de aquellos ayunos, y de las
mieses que cogian cierta parte, y no ceremonia sino aquellas cohobas
con que se cuasi embriagaban. Los más limpios destas heces, en este
caso, de todos fueron, segun entendí siempre, la simplicísima gente de
los Lucayos, los cuales muchas veces á los Séres, nacion felice, arriba
he comparado; destos, ninguna señal de idolatría, ni creencia mala, ni
figura ó imágen ó estatua exterior sentimos que tuviesen, ántes creemos
que con sólo el conocimiento universal y confuso de una primera causa,
que es Dios, y que moraba en los cielos, pasaban, y así en contar sus
sacrificios no hay por qué detenernos.
CAPÍTULO CLXXXI.
No creo haber hecho poco en cumplir con la relacion que convenia
(segun la órden y propósito que traemos) hacer de los sacrificios
de los grandes reinos que comprendemos en lo que llamamos La Nueva
España, que tienen todos juntos de ámbito más creo que de 800, y áun
sin quizá de 1.000 leguas, comenzando de la provincia de Xalisco, y
acabando en las de Honduras y Nicaragua. Lo cual concluido, pasémonos
á la otra ala de la Tierra Firme, que es la del Sur, y corrella hemos
comenzando de la punta de Paria, una vez al Levante y otra por el
Poniente, como se corrió cuando de los dioses hicimos mencion, de lo
cual, presto, placiendo á Dios, nos expediremos. En la provincia de
Paria é isla de la Trinidad, que está con ella pegada, y de allí por
la costa del Levante, ó por mejor decir hácia el Sur ó Mediodía, por
la tierra del Brasil y hasta las provincias del Rio de la Plata, ya se
dijo arriba no tener ídolos ó cuasi ninguna religion, ó poca, sino en
algunas partes donde habia algunos hechiceros, ministros del diablo,
que los inducian en algunos supersticiosos errores y agüeros y otros
resabios de idolatría, por manera que sacrificios no tenian ningunos,
porque como de todo el discurso que habemos traido, refiriendo los
dioses, y templos, y sacerdotes, y sacrificios de las gentes antiguas
y destas indianas, puede colegirse, segun el concepto y estimacion
que los hombres de Dios alcanzaron así le tuvieron la devocion y
le constituyeron los templos, y hobo el sacerdocio é inventaron y
ordenaron los sacrificios, y, por consiguiente, fueron en ceremonias
más ó ménos religiosos; de manera, que de lo primero necesariamente
se consiguió lo segundo, y á lo segundo lo tercero, y á lo tercero
los sacrificios, que es lo último. Y porque los desta isla Española
y destas otras, fué muy confuso el cognoscimiento que tuvieron de
Dios, así, ni de templos, ni de sacerdotes (sino aquellos hechiceros
de que siempre proveyó en el mundo el demonio), ni de sacrificios ni
ceremonias curaron hacer mencion, y, por consiguiente, fueron muy
poquito y nada religiosos; lo mismo habemos visto de las gentes y
pueblos de La Florida, y de las ciudades de Cibola, y de otras muchas
provincias de por allí. De las del Brasil y Rio de la Plata lo mismo ha
parecido, y aquello tambien conviene decir de los moradores de la costa
de la Tierra Firme, de Paria, por el Poniente adelante, hasta la Culata
que llamaron Urabá. Pero porque los mejicanos y todos los reinos que se
comprenden por aquello que llamamos La Nueva España, y lo demas de que
habemos hablado, se derramaron en tener y constituir muchos y diversos
dioses, y por muchos y varios respectos y causas, por las cuales se
aplicaban á cada uno, más ó ménos, y á algunos mucha y grande parte de
deidad, como vimos arriba largamente haber hecho los antiguos gentiles,
mayormente los romanos; de aquí vino que curiosa y suntuosamente
les constituyeran templos, ordenaron muchos grados de sacerdotes,
inventaron tan diversos, y tan nuevos y costosos sacrificios,
ceremonias tantas y tan trabajosas, y, por consiguiente, fueron
religiosísimos. Prosigamos, pues, los de la tierra dentro, desde la
culata de Urabá, por el camino que va hácia el Nuevo Reino, que dijeron
los españoles, de Granada, y los indios nombraban Bogotá, la última
luenga, y otros reinos y provincias, llamadas en las lenguas dellos
Anzerma, Popayan, Arma, Paucura, Pozo, Pycara, Carrapa, Quimbaya,
Cali, Pasto, y otras más. En ésta, segun dicen algunos españoles
(puesto que de la del Nuevo Reino ha sido muy poco lo que he podido
averiguar), ofrecian por sacrificios ciertas resinas y sahumerios, y
en especial unas yerbas muy menudas y muy bajas, que tenian, dellas
una flor blanca, y dellas una flor negra; éstas, con las resinas,
quemaban en unos incensarios ante los ídolos, los que los tenian. En
otras partes sacrificaban algunos hombres, segun refieren los dichos,
pero todo es poco lo que todos dicen, porque todas las gentes destas
provincias, como tuvieron pocos ídolos, y poca estima dellos, y pocos
ó ningunos templos, poca fué su religion y pocos ó cuasi ningunos sus
sacrificios.
CAPÍTULO CXCVII.