cruces, y una de cal y canto, de altura de diez palmos, en medio de un
patio cercado muy lucido y almenado, junto á un muy solemne templo, y
muy visitado de mucha gente devota, en la isla de Cozumel, que está
junto á la Tierra Firme de Yucatan. A esta cruz se dice que tenian y
adoraban por dios del agua-lluvia, y cuando habia falta de agua le
sacrificaban codornices, como se dirá; preguntados de dónde habian
habido noticia de aquella señal, respondieron que un hombre muy hermoso
habia por allí pasado y les habia dejado aquella señal, porque dél
siempre se acordasen; otros diz que afirmaban que porque habia muerto
en ella un hombre más resplandeciente que el sol: esto refiere Pedro
Mártir en el cap. 1.º de su cuarta Década. Otra cosa referiré yo harto
nueva en todas las Indias, y que hasta hoy en ninguna parte dellas
se ha hallado, y esta es, que como aquel reino entrase tambien, por
cercanía, dentro de los límites de mi obispado de Chiapa, yo fuí allí
á desembarcar como á tierra y puerto muy sano; hallé allí un clérigo,
bueno, de edad madura y honrado, que sabía la lengua de los indios por
haber vivido en él algunos años; y, porque pasar adelante á la cabeza
del obispado me era necesario, constituílo por mi vicario, y roguéle y
encarguéle que por la tierra dentro anduviese visitando á los indios,
y con cierta forma que le dí les predicase. El cual, á cabo de ciertos
meses y áun creo que de un año, me escribió que habia hallado un señor
principal, que inquiriéndole de su creencia y religion antigua, que
por aquel reino solian tener, le dijo que ellos cognoscian y creian
en Dios que estaba en el cielo, y que aqueste Dios era Padre, Hijo y
Espíritu Santo, y que el Padre se llamaba Içona, que habia criado los
hombres y todas las cosas; el Hijo tenía por nombre Bacab, el cual
nació de una doncella siempre vírgen llamada Chibirias, que está en el
cielo con Dios. Al Espíritu Santo nombraban Echuac. Içona dicen que
quiere decir el Gran Padre; de Bacab, que es el Hijo, dicen que lo
mató Eopuco, y lo hizo azotar, y puso una corona de espinas, y que lo
puso tendidos los brazos en un palo, no entendiendo que estaba clavado
sino atado (y así para lo significar extendia los brazos), donde,
finalmente, murió; estuvo tres dias muerto, y al tercero que tornó
á vivir y se subió al cielo, y que allá está con su Padre. Despues
de ésto, luégo vino Echuac, que es el Espíritu Santo, y que hartó la
tierra de todo lo que habia menester. Preguntado qué queria decir Bacab
ó Bacabab, dijo que Hijo del Gran Padre, y de este nombre Echuac que
significa mercader. Y buenas mercaderías trujo el Espíritu Santo al
mundo, pues hartó la tierra, que son los hombres terrenos, de sus dones
y gracias tan divinas y abundantes. Chibirias suena Madre del Hijo del
Gran Padre. Añidia más, que por tiempo se habian de morir todos los
hombres, pero de la resurreccion de la carne no sabian nada. Preguntado
cómo tenian noticia destas cosas, respondió que los señores lo
enseñaban á sus hijos, y así descendia de mano en mano; y que afirmaban
más, que antiguamente vinieron á aquella tierra veinte hombres (de los
quince señala los nombres, que porque es mala letra y porque no hace
al caso aquí no los pongo, de los otros cinco dice el clérigo que no
halló rastro), el principal dellos se llamaba Cocolcan, á éste llamaron
dios de las fiebres ó calenturas, dos de los otros del pescado, otros
dos de los cortijos ó heredades, otro que truena, etc.; traian las
ropas largas, sandalias por calzado, las barbas grandes, y no traian
bonetes sobre sus cabezas, los cuales mandaban que se confesasen las
gentes y ayunasen, y que algunos ayunaban el viérnes porque habia
muerto aquel dia Bacab; y tiene por nombre aquel dia himis, al cual
honran y tienen devocion por la muerte de Bacab. Los señores todas
estas particularidades saben, pero la gente popular solamente cree
en las tres personas Içona, y Bacab, y Echuac y Chibirias, la Madre
de Bacab, y en la madre de Chibirias, llamada Hischen, que nosotros
decimos haber sido Santa Ana. Todo lo de suso así dicho me escribió
aquel padre clérigo llamado Francisco Hernandez, y entre mis papeles
tengo su carta; dijo más, que llevó á aquel señor ante un fraile de
San Francisco que por allí estaba, y lo tornó á decir todo delante el
religioso, de que ambos quedaron admirados. Si estas cosas son verdad,
parece haber sido en aquella tierra nuestra Santa Fé notificada, pero
como en ninguna parte de las Indias habemos tal nueva hallado, puesto
que en la tierra del Brasil que poseen los portugueses se imagina
hallarse rastro de Santo Tomás Apóstol, pero como aquella nueva no
voló adelante, todavía, ciertamente, la tierra y reino de Yucatan dá á
entender cosas más especiales y de mayor antigüedad, por los grandes y
admirables y exquisita manera de edificios antiquísimos y letreros de
ciertos caracteres que en otra ninguna parte. Finalmente, secretos son
estos que sólo Dios los sabe.
CAPÍTULO CXXIV.
En el reino de Guatemala, donde tuvieron noticia del diluvio ántes
dél, dicen algunos que tenian y adoraban por Dios al Gran Padre y á la
Gran Madre que estaban en el cielo, y lo mismo despues del diluvio,
y que llamándolos cierta mujer principal, encomendándose á ellos, le
apareció una vision y que le dijo: «no llames así, sino desta manera,
que yo te acudiré», del cual nombre agora no se acuerdan, pero que
les parece que aquel nombre es lo que agora nosotros les decimos ser
Dios. Despues, creciendo y multiplicándose las gentes, se publicó
que habia nacido un dios en la provincia, 30 leguas de la cabeza de
Guatemala, llamada Ultlatlan, y la provincia nombramos agora la Vera
Paz, de que hablaremos si Dios quisiere abajo, el cual dios llamaron
Exbalanquen. Deste cuentan, entre otras fábulas, que fué á hacer
guerra al infierno, y peleó con toda la gente de allá, y los venció
y prendió al rey del infierno y á muchos de su ejército; el cual,
vuelto al mundo con su victoria y la presa, rogóle el rey del infierno
que no le sacase, porque estaba ya tres ó cuatro grados de la luz,
y el vencedor Exbalanquen con mucha ira le dió una coce diciéndole,
vuélvete y sea para tí todo lo podrido y desechado y hediondo. El
Exbalanquen se tornó, y en la Vera Paz, de donde habia salido, no le
rescibieron con la fiesta y cantos que él quisiera, por lo cual se fué
á otro reino, donde le rescibieron á su placer; y deste vencedor del
infierno dicen que comenzó sacrificar hombres. Donde quiera que por
aquellas tierras ofrecian sacrificio de cosas vivas, tenian ciertos
cuchillos de piedra, que llamamos de navaja, muy agudos, los cuales
dicen que cayeron del cielo, y que cada pueblo y personas tomaron los
que habian menester; á estos cuchillos llamaban manos de dios y del
ídolo á quien sacrificaban. Estos cuchillos, como cosa muy sacra por
matar con ellos las cosas vivas que ofrecian en sacrificio, en tanta
reverencia los tenian, que los adoraban en gran manera y en gran manera
los tenian en veneracion; hacíanles muy ricos cabos con figuras, segun
podian, de oro, y de plata, y de esmeraldas si las podian haber, ó
al ménos de turquesas, como de obra que llamamos mosáico, de la cual
obra mucho ellos y en muchas cosas obraban: teníanlos siempre con los
ídolos en los altares guardados. Los ídolos que comunmente tenian por
todas aquellas partes eran figuras de hombres y mujeres esculpidas en
piedras de diversos colores, y de aves, y de otros animales; en cierta
parte se halló un ídolo como una cabeza de caballo, como sacados los
ojos y los vasos dellos vacíos, y parecia que siempre corria dellos
sangre; cosa, dicen, admirable de ver. Toda esta tierra, con la de la
que propiamente se dice la Nueva España, debia tener una religion y una
manera de dioses, poco más ó ménos, y extendíase hasta la provincia
de Nicaragua y Honduras, y volviendo hácia la de Xalisco, llegaba,
segun creo, á la provincia de Colima y Culiacan; de allí adelante, la
vuelta del Norte 60 leguas, otra manera tienen de religion, como se
dirá, cuanto á los sacrificios, pero tienen sus ídolos, no muchos sino
uno ó algunos en cada pueblo, donde los reyes y señores van á orar y
á ofrecer sus sacrificios. En toda la tierra y reinos de Cibola, que
contiene muchas provincias por ser grande tierra, que tiene más de
300 leguas y llega hasta la mar del Sur, toda muy poblada, y contiene
infinitas naciones, no habia ni hay ídolo ni templo alguno, sólo tienen
y adoran por Dios al sol, y á las fuentes de agua dulce; en algunas
partes destas tienen cognoscimiento de un Dios verdadero que está
en el cielo, y parece que en adorar el sol entienden adorar á él.
Esto es en el Rio Grande, donde fué á entrar descubriendo Hernando
de Alarcon, enviado á descubrir por la mar por el virey de la Nueva
España D. Antonio de Mendoza; por aquel rio subió ochenta y tantas
leguas, donde vido y conversó con muchas gentes habitantes de una
banda y de la otra, y hallóse haber llegado por el mismo rio á 80
leguas de Cibola, donde andaba la otra gente que por tierra el Visorey
susodicho á descubrir envió. Lo mismo es en la grande y luenga tierra
que llamamos la Florida, donde caben inmensas naciones, ningun ídolo,
ni templo, ni sacrificio sensible se halla; así lo afirman todos los
que por diversos tiempos y en diversas armadas por aquellas tierras
han andado, y el que más dello supo fué Alvar Nuñez Cabeza de Vaca,
un caballero natural de Jerez de la Frontera. Este, habiendo vivido y
andado por aquellas tierras nueve continuos años, en la relacion dellas
que al Emperador dió dice aquestas palabras, en cuasi al cabo della:
«Dios Nuestro Señor por su infinita misericordia quiera que en los
dias de Vuestra Majestad, y debajo de vuestro poder y señorío, estas
gentes vengan á ser, verdaderamente y con entera voluntad, subjetas al
verdadero Señor que las crió y redimió, lo cual tenemos por cierto que
así será, y que Vuestra Majestad ha de ser el que ha de poner ésto en
efecto; que no será tan difícil de hacer, porque, en 2.000 leguas que
anduvimos por tierra y por la mar en las barcas, y otros diez meses,
que despues de salidos de captivos, sin parar anduvimos por la tierra,
no hallamos sacrificios ni idolatría», etc. Estas son sus palabras.
Dice tambien más un poco ántes, que hallaron cierta gente, ya al cabo
de su peregrinacion (digo al cabo, cerca de cuando hallaron cristianos
en los reinos de Xalisco ó en las provincias cercanas dellos), la
cual, preguntada en quién adoraban, y á quién sacrificaban y pedian el
agua para sus labranzas, y la salud para ellos, respondieron que á un
hombre que estaba en el cielo; preguntados cómo se llamaba, dijeron
que Aguar, y que creian que él habia criado todo el mundo y las cosas
dél; tornáronles á preguntar cómo sabian aquello, respondieron que
sus padres y abuelos se lo habian dicho, que de muchos tiempos tenian
noticia desto, y sabian que el agua y todas las buenas cosas las
enviaba aquél. Cabeza de Vaca y sus compañeros, que eran tres, les
dijeron que aquel que ellos decian lo llamaban ellos Dios, y así lo
llamasen ellos, y lo sirviesen y adorasen; respondieron que todo lo
tenian bien entendido, y que así lo harian, etc. Esto dice Cabeza de
Vaca. Dejada esta parte occidental y septentrional destas Indias, y
pasándonos á la otra parte meridional donde cae la costa que decimos de
Paria, y por allí arriba y abajo, cuasi por todas aquellas partes, las
gentes dellas tenian, poco más y poco ménos, una manera de religion,
teniendo algunos ídolos y dioses propios, pero en universal todos
pretendian haber uno comun de todos, y este era el sol; templo, empero,
ninguno. Yendo todavía la vuelta del austro ó Mediodía, hasta donde se
dice la tierra del Brasil, que es un pedazo de la Tierra Firme, que,
por concierto y conveniencia de los reyes de Castilla y Portugal, cupo
á los portugueses, la punta ó cabo de la cual tierra solíamos llamar
el cabo de San Agustin, por toda ella no tienen ni adoran ídolos, ni
tienen conocimiento alguno de Dios, solamente á los truenos deben dar
y atribuir alguna divinidad, porque los llaman Tupana, que significa
como cosa divina ó sobrenatural. Así lo escriben los religiosos de la
Compañía de Jesús, que fueron á predicar y predican en aquella parte, y
deste nombre Tupana usan para darles cognoscimiento del verdadero Dios.
Dicen asimismo aquellos predicadores que allí están, que, de ciertos
en ciertos años, vienen unos hechiceros de luengas tierras, fingiendo
traer santidad, y al tiempo de su venida, los mandan alimpiar los
caminos, y vánlos á rescibir con danzas y fiestas segun su costumbre,
y ántes que lleguen al lugar andan las mujeres de dos en dos por las
casas, diciendo públicamente las faltas que hicieron á sus maridos, y
unas á otras, y pidiendo perdon dellas; en llegando el hechicero con
mucha fiesta al lugar, entráse en una casa escura, y pone una calabaza
que trae en figura humana en la parte más conveniente para sus engaños,
y mudando su propia voz como de niño, y junto de la calabaza, les dice
que no curen de trabajar, ni vayan á las roças, porque el mantenimiento
por sí crecerá y que nunca les faltará que comer, que por sí se vendrá
á casa; dicen más, que los palos con que cavan se irán á cavar, y las
flechas se irán al monte á cazar para traer caza que coma su señor, y
que han de matar muchos de sus enemigos. Promételes larga vida, y que
las viejas se han de tornar mozas, y las hijas que las den á quien
las quisiere; y otras cosas semejantes les dice y promete, con que
los engañan, creyendo que en la calabaza debe de haber alguna cosa
divina que les dice aquellas cosas. Y acabando de hablar el hechicero,
comienzan á temblar todos, en especial las mujeres, con grandes
temblores en sus cuerpos, que parecen endemoniadas, como de cierto lo
son, echándose en el suelo, y espumando por las bocas; y en esto les
hace creer el hechicero que entónces les entra la santidad, y á quien
esto no hace tiene por malo y no digno de tanto bien. Ofrecen despues
desto al hechicero cada uno de lo que tiene muchas cosas; hácense
tambien médicos, y en las enfermedades les hacen muchos engaños con sus
hechicerías. Estos son los mayores contrarios que los predicadores del
Evangelio tienen, porque hacen entender á los dolientes, que les meten
en los cuerpos cuchillos y tijeras y cosas semejantes, con las cuales
dicen que los matan: en sus guerras se aconsejan con ellos, allende
que tienen muchos agüeros de ciertas aves. Todo esto escriben aquellos
padres de la Compañía de Jesús á sus hermanos, á Portugal, desde la
tierra del Brasil. Con esto se confirma lo que arriba digimos, que el
demonio lo primero que acostumbró, al principio que quiso introducir
en el mundo la idolatría, fué constituir ministros y sacerdotes della,
por engaño que hacia á los más dispuestos que para ello en malicia
y astucia hallaba, para que por medio de aquellos, su poco á poco,
á todos los demas engañase, y como éstos sean, por sus ficciones
y prestigios que hacen, de los pueblos y gente simple venerados y
acatados, y así alcanzan honra, y estima, y dádivas, y lo que más la
soberbia y codicia les demanda, y por la predicacion de la fe y la
doctrina cristiana todo aquello se les desbarate, de allí es, y siempre
fué, que ningunos otros, á la predicacion y doctrina del Evangelio y á
la introduccion de la religion cristiana, fueron ni se hallaron mayores
ni iguales contrarios. Esto es y será bien claro, al que leyó y leyere
las vidas y historias de los Apóstoles y de los Mártires, donde parece
que muchas veces estaban los pueblos para se convertir y recibir la fe
y el bautismo, y los sacerdotes de los ídolos, con el autoridad que con
los reyes tenian, movian sedicion y escándalo, y así lo estorbaban.
Ejemplo tambien tenemos del cual no podemos dudar, como quien más
contradijo al Redentor, y principalmente le causó la muerte, fueron
los sacerdotes del pueblo judáico, segun testifican los Evangelistas;
la razon dello era, porque si admitieran la ley Evangélica, parecíales
que su sacerdocio perecia, y, por consiguiente, perdian sus provechos
temporales y toda su autoridad. Quiero aquí entreponer una cosa bien
al propósito notable. Muchos años ha que ví predicar al obispo de
Velandia, de la órden de Santo Domingo, egregio en letras y santidad
predicador, en el convento de San Pablo de Sevilla, el cual dijo que
cuando los judíos moraban en Castilla, disputando y tratando con
los sacerdotes y rabíes de aquella ley en la ciudad de Segovia, y
reprendiéndoles de su engaño y ceguedad diciendo: «¿Vosotros no veis
vuestro engaño en esta y en esta profecía y en este paso y en aquel de
la Sagrada Escritura? ¿porque teneis engañados estos desventurados?» y
otras semejantes razones y palabras con que los convencia, afirmó que
le respondian: «Señor, bien lo vemos, pero ¿qué quereis que hagamos,
que nos dan de comer éstos?» etc. De manera, que por no perder lo que
interesaban sus provechos, su crédito, honra y autoridad, puesto que
sabian tener el pueblo engañado, enseñaban y conservaban el pueblo en
sus errores y resistian impugnando la verdad. Y así es entre los turcos
y moros y todo género de infideles, que los sacerdotes que llaman
alfaquíes son los que resisten y más resisten á la doctrina divina,
como principales contrarios escogidos y bien instruidos ministros para
estos efectos por Satanás. Por esta causa deben los predicadores del
Evangelio, donde quiera que entre infieles, de cualquiera secta que
sean, fueren á predicar, principalmente armarse contra los sacerdotes,
y procurar de desengañarlos y persuadirlos, y atraerlos por bien
cuanto pudieren, ó persiguiéndoles si hobiere facultad, y débese
trabajar mucho delante todo el pueblo en quitalles el crédito que la
gente dellos tiene y toda su autoridad, porque, éstos derrocados ó
ganados, la conversion de todo el pueblo con el favor de Dios está en
la mano. Algunos destos, en algunas destas nuestras Indias, se cree
convertirse, pero yo entiendo que son pocos y con gran dificultad,
porque como más poseidos é instructos del demonio, y que para pervertir
y poseer las ánimas mayor ayuda que otro alguno le hacen, ménos lugar
dan al Espíritu Santo. La misma querella escriben los religiosos de la
Compañía de Jesús que están en la India, y provincias que tratan los
portugueses, diciendo que de los sacerdotes de aquella gentilidad son
más impugnados é infestados. Tornemos al propósito: Pasando adelante de
las tierras del Brasil, sé siguen luégo las grandes provincias del rio
que hoy llaman de la Plata, donde tienen poblado los nuestros cierta
ciudad que llaman la Asumpcion; afirman todos los que vienen de allá,
que por 400 leguas de sus alrededores, que dura una sola lengua, es la
gente, segun su natural, virtuosísima, y que carece de toda exterior
señal de idolatría, solamente tienen cuenta con estimar por más
excelente criatura que otras el sol, pero no se les conoce sacrificio
ni ceremonia que le hagan por Dios.
CAPÍTULO CXXV.
Dando la vuelta hácia atras desta misma costa ó ribera de la mar hasta
la dicha provincia de Paria, y de allí corriendo la costa y tierra
que va por el Poniente abajo, en la cual entran las provincias de
Cumaná, cerca de la cual está la isleta de Cubagua, donde se solian
pescar las perlas (y en esta provincia de Cumaná, y quizá por mucha
tierra, la costa abajo y arriba, sin alguna duda, tambien se halló
por nuestros religiosos, que allí algunos años trataron, reverenciar
la cruz, y con ella se abroquelaban del diablo, salvo que la pintaban
desta manera X, y desta X y quizás con otras revueltas que no llegaron
á nuestra noticia; llamaban la cruz en su lengua pumuteri, la media
sílaba luenga) item, las provincias de Venezuela, y Santa Marta y
Cartagena y otras hasta la Culata, que dijeron, el golfo de Urabá, la
última sílaba aguda, y la del Darien con la costa de la mar, y las
provincias ó tierra que se siguen algunas leguas la tierra dentro,
ningun ídolo, ni templo, ni sacrificio se ha visto ni se cree tener ni
haber tenido aquellas gentes. Sólo están proveidos de los susodichos
sacerdotes, ministros puestos por aquel nuestro capital enemigo, y
hablando con éstos saca los efectos dellas que de las otras se han
dicho. Lo mismo era en toda la costa del Sur, desde Panamá hasta cuasi
la provincia de Nicaragua, y en la del Norte por el Nombre de Dios y
la provincia de Veragua, y de allí por toda aquella tierra que corre
hasta Honduras, creo que podré decir exclusive, cuanto á algunos
ritos y cosas; tenian conocimiento alguno de Dios verdadero, y que
era uno que moraba en el cielo, al cual, en la lengua de las gentes
habitadoras de la provincia del Darien, y creo que tambien de Veragua,
llamaban Chicuna, la media sílaba, si no me engaño, luenga; querian
decir por este nombre Chicuna principio de todo. A éste ocurrian con
todas sus necesidades, pidiéndole remedio dellas, y á él hacian sus
sacrificios. El mismo conocimiento de un Dios se tenía en la provincia
de Honduras y Naco, y donde se pobló la ciudad de Gracias á Dios, y
hasta los confines de Guatemala, creyendo haber un Dios criador de
todo. Con todo esto reverenciaban al sol, y á la luna, y al lucero del
alba, y les ofrecian sacrificios; tenian eso mismo dioses de palo y de
piedra, que presidian en el agua y en el fuego, y de las sementeras
y de otras muchas cosas; tenian, no ménos, diosas, que eran abogadas
ó que presidian en las cosas tocantes á las mujeres y niños, y los
mismos dioses y religion creo que se extendia, más y ménos, poco, por
todas las provincias de Guatemala. Dando la vuelta para la provincia
de Urabá, y de allí entrando por la tierra adentro hácia el reino de
Popayan, y el que dicen de Granada, donde se contienen innumerables
naciones, no se halla templo, ni estatuas ó ídolos que parezcan
serles dioses, sino que en las casas de los señores de los pueblos ó
de las provincias habia un aposento apartado, muy esterado, limpio y
adornado; que parecia como oratorio, y allí habia muchos incensarios
de barro, donde quemaban muchas resinas y cosas aromáticas, y entre
ellas unas yerbas muy menudas, de las cuales algunas tenian una flor
negra y otras blanca. En otras partes y casas de otros señores habia,
entrando en ellas, una renglera de imágenes de bulto, quince y veinte
en número, hechas de palo, á la hila puestas, tan grandes como un
hombre; las cabezas de calavernas de hombres, los rostros ó caras de
cera de diversos visajes ó disposiciones. Estas imágenes ó estatuas,
más se cree ser los señores y antecesores de aquellos que señorean en
aquel principado, que ídolos que tengan por dioses, puesto que dicen
que aquéllas sirven de oráculos, porque cuando llaman los sacerdotes
al demonio entra en ellas y dá de allí sus respuestas á lo que le
preguntan; ó quizás los mismos sacerdotes se meten dentro, y ellos son
los que hablan, responden ó informan, como arriba hemos mostrado de
otras muchas naciones. En algunas partes de la provincia de Popayan,
las gentes dellas, ó por ventura no todos sino sólo aquellos sacerdotes
de que todo este orbe abundaba, henchian cueros de tigres de paja, y
dentro dellos les hablaban y respondian los demonios, y así aquellos
eran sus oráculos. Por esta manera iba la religion, cuanto á los dioses
de todas las naciones que habia en todas las provincias que habemos
nombrado, y otras que dejamos de nombrar, que duran por muchas leguas
en ancho y largo hasta entrar en los reinos del Perú, en algunas poco
más, y en otras poco ménos; y así todas, cuasi por la mayor parte de
este orbe, tienen algun cognoscimiento del verdadero Dios, puesto que
se lo mezcla y ofusca el demonio, en unas partes más y en otras ménos,
segun le es permitido por Dios, con algunos y con muchos errores, por
medio de aquellos sus ministros sacerdotes.
CAPÍTULO CLXVI.