Aplicadas las tres causas naturales, de seis que en el capítulo 30

referimos, que pueden concurrir á la nobleza del ánima y á ser los

hombres bien intelectivos, á las ánimas destos indios, y á vueltas

dellas otras causas accidentales, resta tratar de la cuarta, que es

la clemencia y templanza, igualdad y suavidad de los tiempos que

comunmente andan con la disposicion de los lugares, y aplicar della

lo que sintiéremos convenir á estas gentes. En el cap. 23 se trató

largamente, que en las regiones y tierras donde hace los tiempos

iguales, y entre sí semejantes, se excluyen las corrupciones y maldad

que pueden causarse en las criaturas que se conciben al tiempo de la

generacion, así cuanto á los entendimientos como á las inclinaciones

y las costumbres. Item, que donde corren vientos boreales, que son el

Norte y sus colaterales y los orientales ó sus colaterales, y los aires

ó vientos locales son templados, ayudan mucho á la generacion y á que

las criaturas sean de buenos entendimientos y buenas inclinaciones.

Item, si ayudan las causas particulares, como son las disposiciones de

la misma tierra, porque es enjuta, limpia, descubierta, airosa, sus

altos y sus bajos, no tiene cercanía ó vecindad con ciénagas, lagos y

árboles malos, y otras cosas contrarias, por manera que concurran las

causas particulares con la universales, la generacion de los que allí

se concibieren y nacieren será naturalmente, por la mayor parte, cuanto

á los entendimientos y á las inclinaciones, favorable y loable, y harán

ventaja, en ambas á dos propiedades, á las gentes de otras muchas

partes. Manifiesto pues es, y asaz evidentemente por muchas razones

naturales queda en muchos capítulos arriba demostrado, ser todas estas

tierras y regiones mucho templadas, correr los vientos boreales y

orientales por ellas cuasi continuo todo el año, los aires ó vientos

locales, clementes, salubres, favorables y sanos; la disposicion de la

misma tierra, y en todas sus partes ser limpia y enjuta, desavahada,

quita y remota de malas vecindades; las sierras y campiñas, graciosas

y bien puestas, las arboledas y selvas que hay, de muchos y muy sanos

y saludables y aromáticos árboles, y pocos de contrarias propiedades;

las aguas delgadas, corrientes, sanísimas y suaves, y, finalmente,

concurren las causas particulares con las universales para perfeccionar

la felicidad, templanza, sanidad y amenidad de todo este orbe. Todo

esto en todas estas regiones por la mayor parte, y si algun pedazo ó

pedazos de tierra ó region no es tal, háse de estimar como monstruo

en naturaleza y raro, como suele acaecer en todas las cosas naturales

de cuando en cuando. Luego, necesariamente, las gentes que en estas

tierras nacen y se crian son de buena y laudable complixion, todas

iguales ó cuasi iguales, y de nobles ánimas, y por consiguiente, de su

naturaleza, de buenos entendimientos en universal y por la mayor parte;

y si algunas personas entre ellos hobiere de poca habilidad y que

tengan notable falta en sus entendimientos, acaecerá esto en algunas

particulares, pero no que todas las de una provincia ó region puedan

ser tales en general, porque esto es imposible, como los monstruos son

imposibles en todas cualesquiera cosas naturales acaecer por la mayor

parte: y sería herejía afirmar que los tales acaeciesen por la mayor

parte en la naturaleza humana, como habemos probado en algunos nuestros

Tractados. Confírmase todo lo arriba dicho, al ménos cuanto á gran

parte de este orbe, lo primero, por lo que queda escrito en el cap. 23,

donde se probó, por sentencia de Tolomeo y de Haly, su comentador, que

las gentes que nacen y se crian en las regiones que están debajo del

tercero, y cuarto, y quinto clima, segun los climas que dividieron los

antiguos, y especialmente en latitud y altura de 34 grados hasta 42,

son natural y generalmente de buenos y sotiles entendimientos, por el

sitio, y la templanza, y mediocridad de las regiones y tierras en que

nacen y se crian, y así por concurrir las causas particulares con la

universal y superior; dentro de los cuales grados caen ó están grandes

y muchas provincias y partes destas Indias, de una parte y de otra de

la línea. De la parte del Norte cae mucha tierra y grandes regiones de

la Tierra Firme, que llamamos de la Florida, y la tierra de Cibola, que

es tierra excelentísima y de gentes llena muy discretas y políticas,

como en otro libro, si nuestro Dios concediere hasta entónces la vida,

será declarado; de la otra parte de la línea (equinoccial digo) están

las provincias que son reinos, que se comprenden, segun el vulgo dice,

en los del Perú, y la provincia de Chile, tierra tambien beatísima,

y las gentes della no poco sabias y políticas; todo esto, digo, que

cae dentro de los tercero, cuarto y quinto clima, segun los antiguos.

Aquí es de presuponer, si arriba quizá abiertamente no lo hemos dicho,

que á los climas que contaron, dividiendo la tierra habitable de la

parte Septentrional, los antiguos, corresponden otros tantos, con las

mismas calidades, de la otra parte austral de la línea, y por aquella

manera se divide, segun la continencia de la natural disposicion, el

inferior hemisferio como dividimos el superior nuestro, segun dice

Alberto Magno en el libro _De Natura locorum_, tratado I, capítulo

12, siguiendo á los varones probados y sabios en filosofía. Solamente

destas partes ya dichas destas Indias, que son lo ménos dellas, se ha

probado lo que pretendemos por lo que alcanzaron de la tierra habitable

los antiguos, pero todo lo demas de este nuevo y grande orbe, que, como

arriba en el cap. 20 declaramos, alcanza de latitud 90 grados, 45 al

Septentrion y 45 al Austro de la línea, que hacen 1.800 leguas, lo cual

todo ellos ignoraron, por nuestra experiencia y vista de ojos, cuanto

á la felicidad, fertilidad, igualdad, mediocridad, templanza y sanidad

de las regiones, clemencia y suavidad de los tiempos, y habilidad,

capacidad y sotileza de los entendimientos de las gentes naturales

habitadores dellas pertenece, todo nuestro intento asaz plenamente se

confirma y manifiesta. Lo segundo (ó tercero), se confirma nuestro

intento destas gentes, por lo que arriba en el dicho cap. 29 referimos

de las naciones que nacen y moran en Asia la Menor, segun Tolomeo y los

demas filósofos y médicos, conviene á saber, que por la mediocridad,

templanza, igualdad y bondad de la tierra son las gentes de laudable y

moderada complixion, y, por consiguiente, blandas y mansas, modestas,

de buenas inclinaciones, amadoras de limpieza, y que naturalmente

aman la doctrina y el estudio de las letras, y aptas para las cosas

espirituales y que pertenecen á la religion, y, por consiguiente, son

hábiles para producir obras del entendimiento; por lo cual, vistas las

cualidades de aquellas regiones de Asia, y condiciones de las gentes

naturales dellas, y cotejadas con estas tierras y naciones habitadores

dellas, no creo yo que otras en el mundo pueden ser más, ni quizá

tanto entre sí, que éstas con aquéllas semejantes. Puede asimismo,

empero, haber alguna diferencia entre aquestas, como entre aquéllas,

en lo tocante á la viveza de los entendimientos y inclinaciones de las

costumbres, por razon de algunas causas particulares, como el aire

que cerque é hincha la region, y estar en alto ó en bajo el lugar ó

villa, casa ó habitacion, ó por la vecindad de montes ó valles, nieves

ó lagos y aguas; destos se ha dado doctrina cierta, ó cuasi cierta

y probable, arriba en el cap. 29 y en otros, de la cual podrá quien

quisiere colegir por estas tierras nuevas dos cosas: la una que podrá

pronosticar ó juzgar (aunque no ha de ser con juicio temerario, sino

siempre con prudencia y limitacion de lo que á él parece que juzga)

la habilidad y disposicion de los entendimientos de las gentes que

en cada provincia destas ó poblacion haya, y lo mismo cerca de las

inclinaciones y costumbres, al ménos en general; la otra, que si

hobiere de poblar y buscar asiento de pueblo, villa, lugar ó ciudad,

podrá saber elegir el sitio y asiento para la tal habitacion más

congruo y conveniente, más dispuesto, más saludable y proporcionado

á la naturaleza humana. Parece, pues, por las razones dichas, y

aplicacion de la cuarta causa que suele concurrir á la nobleza del

cuerpo humano, y, por consiguiente, la del ánima (que fué la templanza

y suavidad de los tiempos, como habimos puesto en el capítulo 29), ser

todas estas universas naciones indianas, naturalmente, no sólo hábiles

y de buenos juicios y entendimientos, pero muy hábiles, ingeniosos y

muy razonables por la mayor parte.

CAPÍTULO XXXIX.

Cuanto á la quinta causa que concurre á la buena disposicion de

los cuerpos humanos, y así á la nobleza de las ánimas, que es la

conveniente y proporcionada edad de los padres (y ésta quedó puesta en

el cap. 30), y aplicando á ella la parte que á estas naciones cabe,

decimos que en algunas partes destas Indias, y en muchas dellas quizá,

padecian en esto algun inconveniente por casarse, al ménos las mujeres,

temprano, puesto que en otras tenian costumbre del contrario; y es

de notar, que aunque casarse las personas de tierna edad comunmente

incurran algunos, y quizás muchos, de los defectos que referimos en

el dicho cap. 30, en muchas ó en algunas naciones, en éstas, empero,

no parecen que se incurren tantos, por faltarles muchas condiciones

y cualidades que á otras gentes sobran ántes que faltan, y tener

algunas favorables que otras no alcanzan. Esto parece discurriendo

por cada uno de los defectos ó inconvenientes que digimos incurrir

los que muy temprano se casan: Del primero, que es debilitarse ántes

de tiempo y perder las fuerzas, y del quinto, que causa poca vida,

y del noveno, que suelen ser las mujeres que muy muchachas se casan

incontinentísimas, estos inconvenientes cesan en estas gentes, por

la mayor parte, porque, sin alguna duda, como en el cap. 35 digimos,

ellas son muy templadas en aquellos actos conyugales, y quizás más

por la mayor parte que otras algunas. El segundo inconveniente, que

es cuando los padres se casan muchachos y los hijos llegan en algun

conocimiento, y se ven cuasi coetáneos y de poco ménos edad, no les

ternán la debida reverencia y acatamiento, etc., no impide á estas

gentes por su mucha innata y natural mansedumbre y humildad, y otras

condiciones que tienen humanas y semejantes; tampoco el tercero, de

tener poca experiencia y no ser hábiles para regir sus casas, en éstos

no ha lugar, la razon es porque como todas estas gentes tengan pocos

embarazos y cuidados de grandes posesiones, haciendas y riquezas que

hayan de regir, ni pendencias ó pleitos que hayan de mover, y por ende

vivan contentos con no más de lo muy á la vida necesario, y esto lo

tengan tan á la mano como arriba significamos, poca experiencia ni

prudencia es necesaria para regir sus casas, mayormente que en todas

las cosas son sujetísimos y obedientísimos á sus padres. Cuanto al

sexto inconveniente, que es peligro de las mujeres si cuando niñas se

casan por la estrechura de los vasos, á esto decimos, que aunque á las

mujeres deste orbe desde muchachas las daban maridos, al ménos en estas

islas, no corrian el dicho peligro, porque ó la naturaleza de algun

secreto remedio proveia, ó los trabajos que tenian comunmente todas

las mujeres de acá, puesto que moderados, ó porque sus comidas no son

delicadas, que pariesen sin peligro aunque fuesen muy muchachas y áun

cuasi sin dolor lo causaria, segun parece por el Filósofo, VII de la

Política, cap. 6.º, y en el libro _De admirandis in natura auditis_,

cap. 89, refiere, que las mujeres de los Ligures, que son pueblos de la

provincia de Génova, no en las camas echadas sino estando trabajando,

sin gemido alguno, paren los hijos, y despues que los raspan y friegan

los llevan al rio á lavar, y no por eso dejan de proseguir las obras

y trabajos que hacian; y esto cuenta el Filósofo entre las maravillas

de la naturaleza, y lo mismo hacian las mujeres desta Isla y creo

que muchas otras destas Indias. Y porque los trabajos de las mujeres

destas tierras eran continuos, porque nunca estaban ociosas, y aquéllos

eran moderados y nunca excesivos, sin alguna duda por esta causa,

los hijos que producian eran favorecidos, al ménos no impedidos, para

ser intelectivos; de aquí podemos bien claro inferir, que despues que

los españoles vinieron á estas tierras y sojuzgaron estas gentes,

y pusieron en el duro cautiverio con que afligieron, y afligen, y

oprimen duramente hombres y mujeres, por los excesivos trabajos

y aflicciones que todos ellos y ellas padecen, de necesidad ó no

engendrarán ni concebirán, ó si engendraren ó concibieren malparirán,

y, sino malparieren, las criaturas que engendraren ó parieren han de

ser muy faltas, por la mayor parte, de cuerpos y fuerzas, de ingenio

y entendimiento. Cuanto al cuarto inconveniente, que nacen los hijos

de chicos cuerpos, y el quinto que son de poca vida, y el sétimo que

es imperfecto el mestruo, y así salen las criaturas diminuidas, á

todos tres inconvenientes se puede responder que la gran temperancia

y virtudes de la tierra felice que habitan, y los aires, tiempos y

vientos saludables, y las favorables constelaciones ú otras virtudes

secretas de naturaleza, deben suplir el susodicho defecto de la edad

tierna de los padres, y ántes de la edad conveniente á la buena

generacion casar; porque vemos que aunque en algunas y en muchas

partes destas Indias nacen los hombres bajos de cuerpo, comunmente,

pero son muy bien proporcionados y de miembros recios y de muchas

fuerzas, y esto yo lo he visto y experimentado, y es notorio á todos

los que por estas regiones ó provincias estamos: cuanto más que, áun

entre las gentes que hay de bajos cuerpos, hay muy muchos de altos

y muy bien dispuestos cuanto pueden ser en otras muchas partes, y

allende esto hay muchas provincias y regiones que comunmente son de

cuerpos bien grandes. Dejo de decir de otros que por su proceridad y

grandeza les llamamos en estas islas gigantes, como en otra Historia,

si Dios quisiere, se dirá algo; y en el estrecho de Magallanes, ó por

allí cerca, se tiene por cierto tener los hombres de altura doce y

trece palmos. Item, la vida de las gentes destas Indias comunmente

y en general es larga, y en muchas partes muy larga, como habemos

experimentado viendo viejos de sesenta y setenta y ochenta años, y la

razon lo declara por ser todas estas regiones de su naturaleza muy

sanas por la mayor parte; la causa desta sanidad es porque todas ellas,

en general y por la mayor parte, son cálidas y húmedas templadas, y en

otras si son frias no tanto que no venza y sobrepuje al frio el calor

del verano, y los principios de la vida en todas las cosas que viven,

señaladamente en los animales, son lo húmedo y cálido proporcionado,

y más tiempo viven los hombres y animales, y tambien las plantas, en

las regiones cálidas que en las frias, _ceteris paribus_, porque lo

cálido en estas regiones tales, abriga y conforta lo húmedo, pero en

las frias el húmedo congela y espesa y amortigua y áun mata lo cálido.

Pues como todas estas tierras destas Indias, por la mayor parte, sean

por el húmedo y cálido, y por las otras muchas calidades de suso

expresas, temperatísimas, todas y por la mayor parte naturalmente han

de ser y son de necesidad sanísimas; desto se ha necesariamente de

seguir que todas las gentes, naturales vecinos y habitadores dellas,

naturalmente son de larga vida. Así lo dice Aristoteles en el libro

_De Longitudine et brevitate vitæ_, párrafo último, y Santo Tomás allí

tambien lo sigue donde dice, que aquellos hombres ó gentes son de vida

más larga que otros, que viven en tierras que son cálidas ó húmedas,

ó templadas en ambas á dos calidades, y en las cálidas más que en las

frias; luego las gentes destas Indias son naturalmente de larga vida.

Item, los que han de vivir mucho, segun el Filósofo, no deben abundar

en muchas superfluidades, porque la superfluidad tiene fuerza de

contrario; pues los indios, como está probado, no tienen superfluidades

sino solamente toman deste mundo lo necesario, luego son de larga vida.

Item, los hombres templados en el uso venéreo con sus mujeres son de

más larga vida que los dados mucho á aquel vicio, porque éstos son

de muy poca vida, porque se les deseca la virtud del húmedo y así se

consumen, y, por consiguiente, se envejecen y mueren más presto; y pone

ejemplo el Filósofo en los gorriones, que no viven por esta causa dos

años, y siempre ménos que las hembras: pues los indios son moderados

en esto, luego son naturalmente de larga vida, y bien se confirma por

las grandes multitudes que hallamos de gentes, y muchas personas muy

viejas, como ya digimos. Lo dicho todo es tambien de Alberto Magno,

en el libro _De Morte et vita_, tratado II, capítulos 6.º, 7.º, 8.º y

9.º, y en el _De Natura loci_ lo toca en muchas partes. Luego los tres

susodichos inconvenientes, cuarto y quinto y sétimo, no han lugar ó

no tienen tanta fuerza ó eficacia en las gentes destas partes, aunque

no sean los padres de los que nacieren de tanta edad como convernia,

y, por consiguiente, no por eso dejarán las gentes destas tierras

de ser de buenos entendimientos para producir actos racionales é

intelectuales. El octavo tampoco tiene ó tenía eficacia para dejar de

parir las muchachas puesto que de poca edad se casen, lo cual, que sea

así, la experiencia que con los ojos tenemos habida sea la probanza,

pues hallamos, como dije, esta Isla é islas y toda esa vastísima Tierra

Firme tan frecuentada y plenísima rebosando de mortales; porque cuasi

es de las mujeres destas tierras lo que dice el Filósofo, en el libro

_De Admirandis in natura auditis_, cap. 70, de las mujeres de Humbría,

provincia de Italia que es en el Florentinado, conviene á saber, que

son muy fetosas ó abundosas en los partos y de cada parto paren muchos,

y parir uno sólo las acaece muy raro. Y esto baste para cumplir con

la causa quinta que suele ó puede concurrir con otras para que los

hombres sean bien intelectivos. Cuanto á la sexta y última, de la

cual presto nos queremos despedir, diremos que, aunque los manjares

destas gentes comunmente no sean favorables al entendimiento, de sí

mismos, por ser raíces y legumbres y otras cosas muy terrestres, ó

que tienen mucho de terrestridad, contra este inconveniente se provee

con la mucha templanza y abstinencia que en sus comidas ordinarias

(como en el cap. 34 se dijo) tienen, y otras muchas cualidades que

segun por lo mucho que se ha referido se puede colegir les favorecen.

Y con esto concluimos las seis causas naturales, universales y

particulares, que pueden y suelen concurrir, ó algunas dellas, para

poner tales disposiciones en los humanos cuerpos, que las ánimas que en

ellos se infunden sean de mucha natural nobleza, y, por consiguiente,

de sotiles y altos entendimientos, como arriba en el capítulo 22

parece. Por todas las susodichas causas seis naturales, y por otras

accidentales que se introdujeron hablando de aquéllas, queda, si no me

engaño, asaz evidentemente probado ser todas estas indianas gentes,

sin sacar alguna, de su mismo natural, comun y generalmente de muy

bien acomplixionados cuerpos, y así dispuestos y bien proporcionados

para recibir en sí nobles ánimas y recibirlas con efecto de la divina

bondad y certísima Providencia, y por consiguiente, sin alguna duda,

tener buenos y sotiles entendimientos, más ó ménos, menores ó mayores,

segun más ó ménos causas de las seis susodichas en la generacion de los

cuerpos humanos concurrieren.

CAPÍTULO CXX.

Referidos ya bien prolijamente los dioses de los gentiles antiguos y

de tantos siglos pasados, en lo cual su grosísima ceguedad y engaño

se ha bien mostrado, tiempo es de aquí adelante dar noticia de los

dioses que aquestas nuestras indianas gentes, ó que de aquellos

antiguos idólatras recibieron y heredaron, segun es verisímile, al

ménos en mucha parte, ó ellos añidieron é inventaron, para despues en

ésto como en lo demas cotejallos: de los primeros, pues primero que

otros se descubrieron, conviene hablar de los habitadores de esta isla

Española y de las demas, por la órden que al principio comenzamos.

Para principio de lo cual es de saber, que las gentes desta Española,

y la de Cuba, y la que llamamos de San Juan, y la de Jamáica, y todas

las islas de los Lucayos, y comunmente en todas las demas que están

en cuasi renglera desde cerca de la Tierra Firme, que se dice La

Florida, hasta la punta de Paria, que es la Tierra Firme, comenzando

del Poniente al Oriente bien por más de 500 leguas de mar, y tambien

por la costa del mar las gentes de la Tierra Firme, por aquella ribera

de Paria, y todo lo de allí abajo hasta Veragua, cuasi toda era una

manera de religion y poca ó cuasi ninguna, aunque alguna especie tenian

de idolatría. No tenian templos en muchas partes, y los que tenian

eran de poca estimacion, porque no eran sino una casa de paja como las

otras comunes, algo apartada; no tenian ídolos sino raros, y éstos

no para los adorar por dioses, sino por imaginacion que les ponian

ciertos sacerdotes, y á aquéllos el diablo, que les podian hacer

algun bien, como dalles hijos, y envialles agua, y otras cosas útiles

semejantes. No hacian ceremonias exteriores ni sensibles, sino muy

pocas, y éstas se ejercitaban por aquellos sacerdotes que ponia por

sus ministros el demonio, con ciertas colores que fingian engañados.

Principalmente su religion parece que residia en la mente ó estimacion

de un Dios, y allí obraban su culto, puesto que, con los embarazos

y persuasiones que el demonio y sus ministros les ponian y hacian,

careciendo de doctrina y de gracia, se les mezclasen algunos errores.

La gente desta isla Española tenía cierta fe y cognoscimiento de un

verdadero y solo Dios, el cual era inmortal é invisible que ninguno

lo puede ver, el cual no tuvo principio, cuya morada y habitacion es

el cielo, y nombráronlo Yocahu Vagua Maorocoti; no sé lo que por este

nombre quisieron significar, porque cuando lo pudiera bien saber no lo

advertí. A este verdadero y católico conocimiento de Dios verdadero, se

les mezclaron estos errores, conviene á saber, que Dios tenía madre,

cuyo nombre era Atabex, y un hermano suyo Guaca, y otros desta manera;

debian de ser como gentes sin guía en el camino de la verdad, ántes

habia quien della los desviase, ofuscándoles la lumbre de la razon

natural que pudiera guiallos. Tenian ciertas estatuas de madera, segun

escribió en una carta el almirante don Cristóbal Colon á los Reyes,

donde metian los huesos de sus padres (y debian ser los de los Reyes y

Señores), y éstas llamaban del nombre de la persona cuyos huesos allí

encerraban. Cuenta que, como fuesen huecas, metíase un hombre dentro

dellas y allí hablaba lo que el Rey ó Señor le decian que hablase á los

populares; y acaeció que entrando dos españoles en la casa donde una

estatua de aquellas estaba, dió un grito, segun parecia, la estatua

y habló ciertas palabras, pero como los españoles no se asombran

fácilmente de gritos de palos, ni son tan simples que no cayesen presto

en el engaño, llegóse uno y dió del pié á la estatua, y dá con ella de

lado, y así descubrió el secreto de lo que dentro estaba. El secreto

era, que á un rincon de la casa debia estar un hoyo ó cierto espacio

en el rincon cubierto de rama, donde estaba encubierta la persona que

hablaba, y ésta tenía una trompa ó cerbatana que metia por el hueco de

la estatua, y allí hablando parecia que hablaba la estatua. Dice más el

Almirante, que habia trabajado de saber si tenian las gentes desta Isla

secta alguna que oliese á clara idolatría, y que no lo habia podido

comprender, y que por esta causa habia mandado á un catalan que habia

tomado hábito de ermitaño, y le llamaban fray Ramon, hombre simple y

de buena intencion, que sabía algo de la lengua de los indios, que

inquiriese todo lo que más pudiese saber de los ritos, y religion, y

antigüedades de las gentes desta Isla y las pusiese por escrito. Este

fray Ramon escudriñó lo que pudo, segun lo que alcanzó de las lenguas,

que fueron tres las que habia en esta Isla; pero no supo sino la una

de una chica provincia que arriba digimos llamarse Maçorix de abajo,

y aquélla no perfectamente, y de la universal supo no mucho como los

demas, aunque más que otros, porque ninguno, clérigo, ni fraile, ni

seglar supo ninguna perfectamente dellas, sino fué un marinero de

Palos ó de Moguer, que se llamó Cristóbal Rodriguez, la Lengua, y éste

no creo que penetró del todo la que supo, que fué la comun, puesto

que ninguno la supo sino él. Y esto, de no saber alguno las lenguas

desta Isla, no fué porque ellas fuesen muy difíciles de aprender, sino

porque ninguna persona eclesiástica ni seglar tuvo en aquel tiempo

cuidado chico ni grande, de dar doctrina ni cognoscimiento de Dios á

estas gentes, sino sólo de servirse todos dellas, para lo cual no se

aprendian más vocablos de las lenguas, de «daca pan», «ve á las minas»,

«saca oro», y los que para el servicio y voluntad de los españoles eran

necesarios; sólo este fray Ramon, que vino á esta Isla al principio

con el Almirante, parece que tuvo algun celo y deseo bueno, y lo puso

por obra, de dar cognoscimiento de Dios á estos indios, puesto que como

hombre simple no lo supo hacer, sino todo era decir á los indios el

Ave María y Paternóster con algunas palabras, de que habia en el cielo

Dios y era criador de las cosas, segun que él podia, con harto defecto

y confusamente, dalles á entender. Tambien hobo en esta Isla dos

frailes de San Francisco, legos aunque buenos, que yo tambien como á

fray Ramon congnoscí, que tenian buen celo, pero faltóles tambien saber

las lenguas bien; estos eran extranjeros, ó picardos ó borgoñones, el

uno se llamaba fray Juan el Bermejo ó Borgoñon, y el otro fray Juan

de Tisim. A este fray Ramon mandó el Almirante saliese de aquella

provincia del Maçorix de abajo, cuya lengua él sabía, por ser lengua

que se extendia por poca tierra, y que se fuese á la Vega y tierra

donde se enseñoreaba el rey Guarionex, donde podia hacer más fruto por

ser la gente mucha más y la lengua universal por toda la Isla, y así

lo hizo, donde estuvo dos años no más é hizo lo que allí pudo, segun

su poca facultad; con él fué uno de los dos religiosos dichos de San

Francisco. Tornando al propósito de la religion de la gente desta Isla,

lo que pudo este fray Ramon colegir, fué que tenian algunos ídolos ó

estatuas de las dichas, y éstas generalmente llamaban Cemí, la última

sílaba luenga y aguda; éstas creian que les daban el agua, y el viento,

y el sol cuando lo habian menester, y lo mismo los hijos y las otras

cosas que deseaban tener. Destos eran algunos de madera y otros de

piedra; los de madera, cuenta fray Ramon que fabricaban desta manera:

Cuando algun indio iba camino y via algun árbol que con el viento más

que otro se movia, de lo cual el indio tenía miedo, llegábase á él y

preguntábale: ¿Tú quien eres? y respondia el árbol: Llámame aquí á un

bohique y él te dirá quien yo soy. Este era sacerdote, ó profeta, ó

hechicero, de que luégo se dirá. Venido aquél llegábase á el árbol, y

asentado junto á él, y hecha cierta ceremonia, levantábase y referíale

las dignidades y títulos de los mayores señores que habia en la Isla,

preguntándole ¿qué haces aquí? ¿qué me quieres? ¿para qué me mandaste

llamar? dime si quieres que te corte, si quieres ir conmigo y de qué

manera quieres que te lleve, porque yo te haré una casa y una labranza;

el árbol entónces le respondia lo que queria, y que lo cortase, y

daba la manera cómo le habia de hacer la casa, y la labranza, y las

ceremonias que por el año le habia de hacer. Cortaba el árbol, y hacia

dél una estatua ó ídolo, de mala figura, porque comunmente hacian las

caras de gesto de monas viejas regañadas; hacíale la casa y labranza,

y cada año le hacia ciertas ceremonias, al cual tenía recurso como á

oráculo, preguntando y sabiendo dél las cosas futuras de mal ó de bien,

las cuales él despues á la gente comun predicaba. Todo lo dicho, de

hablar el árbol, y pedilles las cosas que les pedian, y mandalles que

lo cortasen y hiciesen dél la dicha estatua ó imágen, es posible, con

permision de Dios, al diablo, y puede haber sido todo verdad, que haya

tenido tales cautelas y mañas para inducir aquestas gentes simples á su

culto é idolatría, como parece por muchas cosas que arriba quedan bien

declaradas. Y lo primero que el demonio para conseguir su fin tracta es

constituir ministros, engañando personas que más para ello dispuestas é

inclinadas, resabidas y maliciosas halla; estos fueron siempre, y son,

entre los gentiles y naciones que ignoraron y viven sin cognoscimiento

del verdadero Dios, los sacerdotes, á quienes primero se muestra y

hace algunos particulares regalos, y descubre ó avisa de algunas

necesarias verdades para que les den crédito, porque con estos engaña

todos los demas. Así debia ser en esta Isla y en estas otras con esta

simplicísima gente, donde no habia del todo ni muy abierta y desaforada

idolatría, y quizá pocos años habia que á engrañarlos habia comenzado;

porque no súbitamente corrompió con ceguedad de las cosas divinas todo

el linaje humano, sino poco á poco oscureciendo la lumbre natural que

muestra ó inclina á buscar el verdadero Dios, y Dios, justo y bueno,

no luégo desmampara los hombres de su gracia, primero espera que lo

desmerezcan por sus pecados, segun arriba fué á la larga declarado. Así

que, primero el demonio gana sus ministros y los debe constituir en

oficio y ministerio de sus sacerdotes, y suficiente industria suya pudo

ser, para engañar al principio á algunos que él cognoscia que podian

en sus maldades ayudalle, meterse dentro de un árbol y hablalle las

susodichas y otras á su propósito palabras, y tener otras mil cautelas

y mañas. Estos, pues, sacerdotes, que en la lengua destas Islas se

llamaban behiques, que eran sus teólogos, profetas y adivinos, hacian

á estas gentes algunos engaños, mayormente cuando se hacian médicos,

segun que el demonio, y le era permitido á él, lo que habian de decir

ó hacer les dictaba. Dábanles á entender que hablaban con aquellas

estatuas y ellas les descubrian los secretos y sabian dellas cuanto

querian saber; y así debia ello de ser, porque el demonio debia hablar

en aquellas estatuas. No eran, empero, muchos ni muy graves, como se

verá, sacando afuera todo aquello que el demonio rodeaba para inducir

la gente, poco que mucho, á las supersticiones, ramos y circunstancias

de la idolatría, que es tras de lo que siempre anda, lo cual, por

poco que sea, es mal y engaño grande. Otros ídolos ó imágenes tenian

de piedra, las cuales hacian entender al pueblo aquellos sacerdotes

y médicos que las sacaban de los cuerpos de los enfermos, y estas

piedras eran de tres maneras, la forma dellas nunca la vide, pero

cada una estimaban tener su virtud; la de la una era que favorecia

sus sementeras, la de la segunda para que las mujeres tuviesen buena

dicha en parir, la virtud de la tercera para que tuviesen agua y

buenos temporales cuando los habian menester: por manera que debian

ser como los dioses que los antiguos tenian, cuyo cargo era cada uno

en su cosa presidir, aunque aquestas gentes más ruda y simplemente

sentian desto que los antiguos. Cerca destos Cemies ó dioses, los reyes

y señores, y así debia en esto la otra gente seguilles, se jactaban y

tenian por más gloriosos, diciendo que tenian mejores Cemies que los

otros pueblos y señores, y unos á otros se los trabajaban de hurtar:

y puesto que tenian gran recaudo en guardar estas estatuas ó ídolos,

ó lo que eran, de otros indios, de otros reinos y señores, pero mucho

más sin comparacion los guardaban y celaban de los españoles, y, cuando

sospechaban su venida, los llevaban y escondian por los montes. Las

ceremonias ó sacrificios que los behiques ó sacerdotes hacian á estas

estatuas, primero que les preguntasen lo que pretendian saber, se

notificarán abajo.

CAPÍTULO CXXI.

Historia de las Indias (vol. 5 de 5) · 第 32 / 41 段