los actos del entendimiento accidentalmente, son dolor, y temor, y
tristeza, y enojo y rencor, destas dos postreras no reinar en estas
gentes, por lo que se ha probado de su mansedumbre y benigna complixion
y dulce propiedad de su conversacion, manifiesto queda; pero en cuanto
á las demas, es aquí de presuponer lo que por las condiciones y
propiedades, que se han de aquestas gentes referido, se puede colegir,
y es que de su naturaleza, todas ó la mayor parte, son de complixion
sanguina, que es de las cuatro complixiones la nobilísima, porque
entre todas ellas, las propiedades desta, por su sotileza, claridad
y temperancia, en cálido y húmido, son muy favorables al ánima y al
cuerpo, y causan en los hombres, naturalmente y por la mayor parte,
virtuosas inclinaciones. Una muy comun á todos los sanguinos, segun
Alberto, es que son alegres y no puede durar en ellos mucho tiempo
tristeza, son dulces, y benignos, y amorosos en el hablar, el vulto
ó rostro siempre lo tienen alegre, son amativos y que fácilmente se
aficionan en amistad á otros; son risueños y causan risa; son píos,
francos y liberales, dispuestos para todas las artes, y otras buenas
y laudables condiciones é inclinaciones. Que los indios por la mayor
parte sean sanguinos, lo referido, como dije, y lo que luégo se dirá
lo testifican. Son todas estas gentes desde niños letísimos, y así
son amigos de tañer, y bailar, y de cantar con la voz cuando les
faltan instrumentos; algunos tenian con que hacian sones para bailar,
y provocarse á regocijo y alegría, segun á su manera y carencia de
instrumentos de hierro para artificios hacerlos podian; son en gran
manera benívolos, y dulces y benignos, lo cual manifiestan en recibir
los huéspedes y tambien en su despedida. De esta virtud y propiedad,
el Almirante primero, que descubrió este mundo, fué, como parece en
otra parte, buen testigo. En la Nueva España, cuando les viene algun
huésped, desta manera le reciben, conviene á saber: «A vuestra tierra y
á vuestra casa venis, en ella podeis estar, no os ha de faltar nada»; y
si es persona principal: «Vuestros vasallos y criados somos, bien nos
podeis mandar», y otras palabras semejantes; á la despedida: «Mirad
mucho cómo vais, no caigais, id paso á paso porque no tropeceis»; y así
desta manera. Los recibimientos y despedidas cuanto á las obras, porque
lo ya dicho es de palabras, abajo, si place á Dios, se explicará, y los
que lo oyeren, si tuvieren buena consideracion quizá se admirarán. Lo
mismo se probará (ser, digo, sanguinos y de sanguina complixion) cuanto
á su habilidad y disposicion para todas las artes; desta complixion
es muy cierto, singular y evidente argumento, conviene á saber, el
sufrimiento y paciencia que en los trabajos intolerables, y nunca otros
tantos ni tales imaginados ni imaginables, que han de los españoles
padecido, como esta Historia, con verdad, delante de Dios, que es y
será testigo y verdad de todo, testificará; creo, cierto, y con verdad
entiendo que lo digo, que en toda la masa del linaje humano gente
otra no puede más ni tanto sufrir, ántes sobre todas tengo por cierto
ser pacientísima, porque padecer y sufrir los trabajos, servidumbre
y opresiones, con tan calamitosa y desafortunada vida, como han
padecido, no ha podido ser sino por su incomparable paciencia, y por
tolerallos con alegría, al ménos no con tanta tristeza como otros lo
sufririan. Esto es muy claro por lo que experimentamos en ellos cada
dia, porque estando en los trabajos de las minas, que no para hombres
de carne, pero aunque fuesen de acero serian insufribles, y llevando
cargas de tres y cuatro arrobas de peso á cuestas 50 y 100 leguas de
camino, están y van cantando y riendo entre sí, diciendo mil gracias
y remoquetes que entre ellos hay, como si fuesen á fiestas por los
caminos; de donde parece hacer menor efecto y perturbacion en ellos el
dolor y la tristeza, que harian, tanto por tanto, en otras naciones,
por su noble condicion sanguina y natural alegría. Sufrir dolores y
tormentos diversos y terribles yo los he visto algunas veces, con tanta
paciencia y tolerancia, que aunque lloraban y daban de sí angustiosos
y dolorosos gemidos, pero, cierto, exceder el dolor y afliccion al
sentimiento en demasiada manera claro parecia. El temor, empero, junto
con la tristeza de la vida infelice, dura y diuturna servidumbre
y cautiverio, que han padecido y padecen, por la imaginacion
vehementísima que sobre otras naciones tienen, como abajo diremos, de
nunca salir de aquellos males ó venirles otros mayores (y afirmo no
ser posibles otros mayores), hace más fuertes efectos en estas gentes
que podrian causar en otras, y esto por cuatro razones: La una, por la
grandeza, y exceso y acerbidad de los agravios, angustias, trabajos,
vejaciones y continuas persecuciones, que toda la natural alegría y
noble complixion destas naciones ha sobrepujado; la segunda, por la
diuturnidad dellas que tanto ven que les duran, por lo cual muchos,
perdida la esperanza de jamás salir dellas, se han desesperado y muerto
con sus mismas manos, ahorcándose ó tomando cosas ponzoñosas, y ésta la
paciencia y sufrimiento totalmente les ha desterrado; la tercera, por
la delicadez de sus cuerpos, y miembros, y complixion noble, que causan
serles cualquier lesivo, y que puede lastimar, más que á otros penoso,
y por esto pueden durar ménos en los trabajos y calamidades que otras
naciones, segun vemos por experiencia cuán de golpe han perecido tantos
cuentos de gente y cada dia se consumen; la cuarta, por la virtud y
fortaleza de su imaginacion, que es más que la de otros vehementísima.
Por estas cuatro razones, que cada una dellas por sí es causa, y todas
juntas son causas en gran manera eficaces, se han seguido en estas
gentes cuatro efectos desastrados y lamentables, y los mismos se
siguieran, ellas supuestas, en todo el linaje humano; el primero, las
pestilencias que se han en algunas partes destas Indias engendrado,
que es cierto proceder de la imaginacion y de la tristeza de los males
presentes y pasados, y del temor vehemente de los por venir, y del
mal comer y beber, y de los muchos y demasiados trabajos, como arriba
comenzamos á decir y más se repetirá abajo; el segundo es, que aquestas
naciones, por las angustias y amarguras, y vida más que dolorosa y
amarga que pasan, y el temor continuo y sobresalto de su noble y
natural condicion han degenerado convirtiéndose tan pusilánimes, y
de tan serviles ánimos, chicos y grandes, súbditos y señores, que no
osan respirar, ántes vienen á dudar si son hombres ó animales, ó á
creer que están encantados: y esto es cosa natural en los opresos y
en dura servidumbre nacidos y criados, como arriba fué probado. El
tercer efecto es, la poca estima, y menosprecio, y abatimiento que los
nuestros españoles destas domésticas y humanas gentes cobraron, no
por más de por verlas tan mansas, tan pacientes, tan humildes, y con
tanta facilidad haberlas sojuzgado, como desnudas y sin armas, y para
cualquier servicio y provecho suyo hallarlos tan á la mano, debiéndolas
de amar y agradar, honrar y estimar y consolar por las mismas dichas
causas. El cuarto, y sobre todos miserando y más que lamentable, los
números tan innumerables que dellos han perecido, por las razones ó
causas arribas recitadas, sin haber ofendido á nadie; pero de esto
la historia será larga. Tornando, pues, á nuestro propósito, dejadas
estas causas vehementísimas contrarias del entendimiento, impeditivas
y accidentales, manifiesto queda en lo traido arriba, ser todas estas
naciones muy ajenas de las pasiones comunes, que pueden perturbar
las potencias interiores y así estorbar los actos del entendimiento,
como son, la ira, tristeza, dolor, enojo y rencor, y las muy grandes
y vehementes serles más que á otras del mundo tolerables, por ser de
nobilísima complixion, y carecer de las perturbaciones que proceden de
las pasiones del ánima, mucho por la mayor parte. Puédese confirmar
todo lo dicho en esta materia, conviene á saber, carecer estas gentes
de los impedimentos que suelen ofuscar las dichas potencias interiores,
y así no tener tanta libertad el entendimiento para entender, por los
mismos efectos de las mismas potencias y mayormente de la imaginacion
y memoria, las cuales muestran tenerlas todos comunmente más que otras
naciones, claras, fuertes, bien dispuestas en todo y desembarazadas;
esto parece, porque cuando los hablan, y cuando ven y oyen, están
atentísimos con vivísimos aspectos que parecen penetrar los corazones,
y perciben y notan mucho lo que ven y oyen, más que otras generaciones,
y entienden muy presto los conceptos ajenos, y parece que se les
clava indeleblemente en la imaginacion cualquiera cosa, por sotil y
artificiosa que sea. Esto es manifiesto, porque poniéndose un indio
en una calle, no muy cerca de la tienda de un platero sino arredrado,
porque de que ya los cognoscen los nuestros los avientan luégo que los
ven, y mirando un rato cómo labra una joya, por difícil de labrar y de
artificio que el platero la obre, luégo se va á su casa y la hace tan
perfecta y algunas veces mejor que el artífice á quien hacerla vido
primero; por esta y otras muy muchas sotilezas que hacen, solamente
con una vez ó dos vellas, les llaman los nuestros oficiales españoles
monas, y no osan hacer cosa delante dellos. Pues las cosas que han
hecho y hacen en las procesiones, representando actos y farsas sacadas
de la Sagrada Escritura, y de nuestra redencion cosas devotas, nadie
podrá encarecellas, porque á todos los nuestros seglares y religiosos
ponen cada dia en admiracion; ésto, señal es de tener muy limpia y
fuerte y muy bien dispuesta la imaginacion. Lo mismo está probado y muy
averiguado de la potencia en ellos memorativa, por la buena y favorable
disposicion de la cual tienen inmortal memoria, como parece en las
cosas diversas y muchas que toman de coro, así de las eclesiásticas y
doctrina cristiana, como de las mundanas y seglares de sus historias;
á cada paso, en cada ermita ó iglesia se juntan muchos á decir é
dicen las horas de Nuestra Señora, de coro, que en breves dias las
encomendaron á la memoria, y otras muchas oraciones y devociones, en
romance y en latin y en sus lenguas rezándolas ó cantándolas. De la
doctrina cristiana no es cosa fácilmente creible, porque veinte y
treinta pliegos de papel escritos, hay muchos indios que cuasi todos
los han tomado á la memoria, y con pocos tropiezos los recitan sin
pena alguna; de cosas antiguas entre ellos acaecidas, y de muchos
tiempos pasadas, la memoria tienen por historia; de la artes liberales
abajo se referirán cosas notables; luego buenas y limpias, y fuertes
y aptas, para ejercitar sus oficios, y servir al entendimiento, y
representarle las formas é intenciones sensibles, tienen estas gentes
las potencias, imaginativa, y la memoria, que son las principales de
todas las cuatro, ó segun Alberto cinco, potencias interiores. Lo
mismo argüiremos, no sofística sino demostrativamente, de la primera
dellas, que es el sentido comun, porque, como el sentido comun sea el
primero de los interiores, segun su buena ó no buena disposicion así
son dispuestos los otros; pues si los ya dichos tienen ó son de buena
disposicion éste será ó terná buena disposicion, como quiera que él en
sí reciba las especies ó imágenes de todos los otros y las represente
á la imaginacion. El sentido comun tiene por oficio, lo primero
aprender ó recibir en sí ó cognoscer todas las imágenes phantasmas ó
especies ó sensaciones de los cinco sentidos exteriores; lo segundo
juzgar dellas, así como esta es color, y este es son, y aquel es
olor, aquello negro, aquello es blanco, dulce ó amargo, lo que no
pueden los mismos sentidos exteriores el uno del acto del otro hacer.
Entónces tiene buena disposicion el sentido comun cuando la parte del
cerebro primera y delantera, donde tiene su celda y órgano, tiene bien
dispuesta y proporcionada para obrar los dichos sus actos y oficios,
es entónces aquella parte delantera, y celda del sentido comun, apta
y bien dispuesta cuando es algo grande y proporcionada la cabeza, ó
al ménos no es muy chica, y es salida ó luenga ó empinada, segun en
el cap. 25 digimos, y es señal de la buena disposicion del órgano del
sentido comun, y, por consiguiente, son los tales de buena capacidad
y aprehension, y buen juicio; lo cual hallamos en los indios por la
mayor parte, como arriba en el cap. 34 queda dicho, y sin duda son de
muy buena aprehension como prueba lo que se ha mostrado y concluido
de la imaginacion. De la cogitativa ó phantasía es lo mismo, por dos
razones; la primera, porque como sea potencia que tenga su aposento en
el medio del cerebro, entre la imaginativa por la parte delantera, y la
memorativa ó la memoria sensitiva por la postrera, si las dos extremas
son buenas y aptas para ejercer sus actos y operaciones, síguese que ha
de participar de la bondad de ambas á dos extremas, segun aquella regla
de filosofía: _Medium participat conditiones et naturas extremorum._
La segunda razon es, porque como aquel lugar donde aquesta potencia
tiene su órgano y aposento sea muy cálido de su naturaleza, al cual
suban muchos espíritus por lo cual siempre está en continuo movimiento,
como parece, que continuamente phantasea, compone; divide y juzga,
pasando celérrimamente de la imaginacion, tomando las intenciones ó
estimaciones que están en ella que se dicen sensatas, sacando otras
no sensatas, quiere decir, que no han pasado ó entrado por alguno de
los cinco sentidos, ni las aprehendió el sentido comun, como es, que
la oveja visto el lobo por el sentido del ver, y aprehendida la forma
del lobo y enviada al sentido comun, y de allí pasada ó pegada en la
imaginacion, esta potencia phantástica ó cogitativa en los hombres (y
por la estimativa en las bestias), colige la intencion ó estimacion
de que el lobo es enemigo, y por consiguiente que se debe huir, y
que cuando oye el balido del cordero, su hijo, colige la intencion ó
estimacion que tiene hambre, de la cual es movida de le dar las tetas
para mamar. Así los pollos, oyendo la voz de la gallina, sacan esta
intencion, que la gallina pretende que todos se ayunten para ponerse
debajo sus alas; el perro, si se ve halagar y se le dá un pedazo de
pan, saca intencion de amistad, y luégo él tambien halaga con la
cola, pero si ve amenazarse y que van hácia él con un palo, colige
la intencion de enemistad, y, ó huye; ó arremete á morder al que le
amenaza. Esta intencion ó estimacion de que el lobo es enemigo, y
las otras que se han dicho, no entran por los ojos ni por los oidos,
porque no es cosa la enemistad que se ve ni se oye, ni se huele, ni
se toca, y así no se conoce por alguno de los sentidos, las cuales
intenciones ó phantasías, así no sensadas como las sensadas por los
hombres, la cogitativa las envía que las tenga en guarda la memoria
sensitiva, para cuando las quisiere despues tornar á tomar tornando
á phantasear. Así que, como los indios todos, por la mayor parte,
sean de no sólo buenas pero admirables imaginacion y memoria, como
dejamos probado, que son las dos extremas potencias, síguese tener muy
buena la potencia cogitativa ó phantástica, por la razon primera un
poco arriba dicha. Item, como estas indianas gentes sean de muy noble
complixion, por la mayor parte, porque sanguinos y de moderada sangre,
y pocos espíritus y claros, por su poco comer y beber y las otras
causas de que arriba hemos hablado largo, síguese que el calor del
órgano desta potencia cogitativa es más que en otras gentes templado,
y que no suben á el demasiados espíritus ni terná tan vehementes y
continuos los movimientos, y, por consiguiente, que la dicha potencia
alcanzan, como las otras, apta y dispuesta para producir sus actos
libre y desembarazadamente, y así, que no ménos que ellas sirve con
sus operaciones para que bien y sotilmente entienda el entendimiento;
lo cual parece manifiestamente porque son en gran manera reposados
en pensar, que no es otra cosa sino ser mucho cogitativos, y ésta es
potísima señal de ser bien intelectivos, porque la potencia cogitativa
es lo altísimo que tiene la parte sensitiva del hombre, la cual frisa
y toca en alguna manera á la parte intelectiva, en tanto grado que
participa algo de aquello que es ínfimo ó más bajo del entendimiento. Y
esto es el discurso de la razon segun la regla del Santo Dionisio, cap.
7.º _De Divinis moribus_, donde dice que los principios de las cosas
segundas ó más bajas se ayuntan ó frisan con los fines, de las primeras
ó más subidas; y por esta vecindad tan cercana del entendimiento,
esta potencia se llama razon particular (segun dice el Comentador
en el 3.º _De Anima_, y rescíbese su sentencia en la filosofía), la
cual no está sino en los hombres, en lugar de la cual las bestias
tienen la estimativa natural, con la cual forman las intenciones no
sensatas que digimos, y por ésta conocen las cosas amigas y enemigas.
Esto es de Santo Tomás, en las cuestiones disputadas _De Veritate_,
cuestion catorce, artículos 1.º al 9.º Y con esto concluimos lo que
en el capítulo 34 comenzamos y en el 26 prometimos, conviene á saber,
ser ayudadas estas gentes para tener buenos entendimientos de algunas
causas accidentales que disponen la potencia interiores, en especial
las aprehensivas, para poder bien servir con sus actos y sensaciones al
entendimiento, en lo cual principalmente consiste ser los hombres bien
intelectivos.
CAPÍTULO XXXVIII.