cuerpos, y favorable compostura de los miembros y órganos exteriores,
y hermosura de los gestos que estas gentes tienen ser buen argumento
y señal de tener buenos entendimientos de su naturaleza, y en los
capítulos de ántes, la buena complixion y armonía proporcionada de los
humores, y tener las tierras donde moran templadas, y otras causas
que digimos y otras que diremos ser naturales, las cuales todas ó la
mayor parte parece concurrir en estas gentes para que tengan habilidad
natural para los actos de razon y de buenos entendimientos; agora,
en este capítulo presente y en los siguientes, queremos mostrar en
esto tambien, las causas que en el cap. 23 digimos accidentales
favorecerles, porque éstas disponen mucho bien los órganos de las
potencias interiores aprehensivas, que son, como ya digimos, el
sentido comun, la imaginacion, la cogitativa ó fantasía, y la memoria
sensitiva. La primera, pues, causa accidental y bien dispositiva de
las potencias interiores, es la sobriedad y templanza en el comer y en
el beber, y poco mantenimiento; ésta tienen los indios, más que otras
muchas gentes, en excelencia, porque todos general, y particularmente,
de su naturaleza son abstinentísimos y muy sobrios, de muy poco comer
y beber; y esto es notorio á todos los que con verdad y simplicidad
les ayudan y favorecen, y áun á todos los que mal les hacen, si lo
quieren sin doblez y fielmente decir. Y en tanto grado es verdad esto,
que los religiosos y siervos de Dios, que de raíz y de propósito han
experimentado y penetrado sus costumbres, no suelen hablar dellos en
este caso, sino diciendo que su comer y beber cotidiano es como el de
los Santos Padres en el Yermo; y esta comparacion no discrepa mucho,
ántes confina con lo propio que destas gentes se ha dicho, porque
todos, por la mayor parte, no comen, sino raras veces y acaso, carne
ni pescado, y muchas no cosa asada ni cocida. Comun comida es la suya
legumbres y yerbas, y frutas, y raíces de las que arriba digimos ages ó
batatas, conficionadas ó guisadas con aquella pimienta que, en lengua
desta Isla, se llamaba axí, la última sílaba aguda, y en la mejicana
chile, la primera sílaba luenga; ésta es muy sana y templada, entre
calor y frio, la cual tiempla y adoba mucho la humedad y terrestridad
de las dichas raíces. La bebida es generalísimamente agua en todas
estas Indias, y donde se alcanza el cacao que es agua fresquísima, y
ésta no embriaga, y la chicha en el Perú, que puede y suele embriagar,
que se hace del grano que en esta dicha lengua llamamos mahíz. No
contradice á esto que algunas veces, y muchas, los indios de la Tierra
Firme, con la chicha y otros vinos, se destemplan y emborrachan, porque
no es su bebida ordinaria ésta ni la beben por ser destemplados, sino
cuando hacen sus convites comunes y fiestas por ceremonias y ritos en
honor y religion del culto de sus ídolos; esta costumbre y religion
generalmente fué defecto de todos los gentiles por industria del
demonio, que, para derrocallos en muchos abominables vicios, les dió
manera para privarlos de los sentidos. Esto expresamente San Pedro
en su canónica primera nos lo significa: _Sufficit enim præteritum
tempus ad voluntatem gentium consummandam, his, qui ambulaverunt in
luxuriis, desideriis, vinolentiis, comessationibus, potationibus, et
illicitis Idolorum cultibus_, etc.; y San Pablo _Ad Romanos XIII: Non
in comessationibus et ebrietatibus et in impudiciciis_, etc.; y es de
notar, que no reprenden allí San Pedro y San Pablo sino el exceso de
las comidas y bebidas, y tambien hacerlas por religion, y en veneracion
de sus dioses, pero no los convites que los gentiles hacian; pues hacer
convites absolutamente no es ilícito (y Cristo, ejemplo de sobriedad y
templanza, se halló en uno cuando las bodas de Archiclitino), porque,
segun el Filósoso en el VII de la Política, en la ciudad bien ordenada
debe haber convites y comidas públicas ó comunes, para conservar la
familiaridad y amistad entre los ciudadanos, y Platon lo habia dicho
ántes en el libro _De Legibus_, diálogo primero, y los romanos tenian
convites públicos, unos que llamaron triunfales, que al pueblo hacian
los que triunfaban, otros pontificales, que celebraban en sacrificio
de los dioses, y otros funerales, que se hacian en las obsequias ú
honras de los muertos. Pues asentados á la mesa del convite, ¿quién
será tan templado y moderado, que no exceda poco que mucho en el comer
ó beber, mayormente aquellos que carecen de fe y cognoscimiento de
Dios? Ni tampoco hace contra lo dicho, decir que con nuestro vino,
cuando lo pueden haber, algunos se embriagan, porque esto es muy de
_per accidens_, ó accidentalmente, por no saber la fuerza del vino,
en la cual dificultad cayó Noé, santo hombre, y en esto harto los
excusan, como se dirá, otras muchas naciones estimadas por prudentes
que todos cognoscemos, y pocos hay que no se les traben los celebros
con el vino, fuera de la nuestra Española; y Platon, en el libro XXXIV
_De Legibus_, diálogo sexto, dice que emborracharse los hombres no
era cosa decente, sino fuere en las fiestas y solemnidades de aquel
dios que dió el vino. Entre los indios desta Isla yo vide Señor ó
Cacique, que, teniendo harto vino nuestro y de Guadalcanal, lo bebia
con tanta templanza, que un monje muy reglado no podia tenella mayor.
Y así nos hablamos aquí de lo que por naturaleza estas gentes tienen,
y de la costumbre de su comer y beber que tambien les es natural, y
no de lo que algunas veces les acaece hacer, mayormente que áun esto
no lo hace cada uno en su casa en particular, sino cuando se juntan
en comun muchos á los comunes convites, y fiestas, y ceremonias, y
ritos, y observancia y honor de sus dioses; pues como los indios todos
en universal sean sobrios y abstinentes, de poco comer, y la comida
sea legumbres y yerbas, y el pan harto áspero y no muy bueno, como es
el del grano mahíz en toda la Tierra Firme, y el caçabí, que se hace
de raíces, muy cenceño y delicatísimo, y de muy fácil digestion y de
ménos sustancia, en todas estas islas, y en alguna parte de Tierra
Firme, y por esto sean de moderada cantidad de sangre y calor, y, por
consiguiente, de pocos huelgos y espíritus pero claros y sotiles,
porque no suben las evaporaciones ni humosidades que los suelen
turbar, y enturbiar, escurecer, engrosar, y anublar, y confundir y
desordenar, como acaece en los hombres comedores, bebedores y glotones,
segun arriba en el cap. 26 queda dicho, y de allí proceda que las
potencias cogitativa, memorativa, y la imaginacion, sean dispuestas,
y bien dispuestas y fuertes para producir sus actos, y ejercitar
sus oficios, y aparezcan á la imaginacion la forma ó especies, ó
imágenes ó intenciones, sensibles, claras, distintas y ordenadas, por
cuya causa el entendimiento fácilmente percibe y forma las especies
inteligibles, por las cuales suele entender, síguese de todo lo dicho,
necesariamente, que los indios son de su natural intelectivos, y tienen
buenos entendimientos, y son gentes de buena razon, por la primera
causa accidental, que es la sobriedad y templanza del comer y beber y
mantenimiento, que ayuda y dispone las potencias interiores, que sirven
al entendimiento para poder bien entender. Y argumento manifiesto de
su sobriedad y templanza, en el comer ordinario y comun beber, es
multiplicar tanto por la generacion como multiplican, porque hallamos
aquestas tierras todas universalmente tan llenas de gentes, que en todo
el mundo parece que nunca se vió ni halló tierra más ni tanto poblada,
ni donde más el género humano se multiplicase; vemos esto cada dia,
donde hay gente áun despues de la persecucion que les vino, que los ha
despoblado y cuasi aniquilado, y de que en otra parte se hará mencion,
que las mujeres tienen tres, y cuatro, y cinco hijos, como los dedos
de la mano, cuando van por agua al rio llevan dos ó tres delante, y
uno en los brazos, y otro en el vientre, y no ha muchos años que parió
una mujer india, de la ciudad de Méjico, de un vientre cinco hijos.
La razon de esta multiplicacion de la generacion es, segun regla de
filosofía (y trátase en los libros _De Generatione et corruptione_,
y _De Longitudine et brevitate vitæ_, por el Filósofo, y tambien lo
tratan más en particular los médicos), porque los hombres templados
en comer y beber son de más fuerte y virtuosa natural complixion,
más aptos para engendrar y para mejores hijos y de mejor complixion
producir, que los comedores y bebedores destemplados; la razon de la
razon es, porque así como por el demasiado comer y beber es impedida
la buena nutricion del cuerpo, y la luenga conservacion de la vida de
un hombre, así por la misma causa se estorba la buena generacion y
multiplicacion que pertenece á la humana especie. Y segun Platon, en
el libro _De Legibus_, diálogo sexto, y lugar postreramente alegado,
mucho deben el marido y la mujer estar sobre aviso, de vivir, miéntras
son casados, templadamente, mayormente cerca del vino, porque siempre
se hallen con buen juicio y entendimiento, pues se ignoran el dia y
la hora que la mujer conciba en su ayuntamiento, porque va mucho que
estando ellos en buena, templada y moderada disposicion la criatura se
conciba; por ende conviene, dice Platon, para que lo que se concibiere
sea estable y quieto, que los cuerpos de los padres no sean con exceso
ó embriaguez, al tiempo de la generacion distraidos (y la razon, segun
él asigna, es porque el que está lleno de vino es como con rabia,
así en el ánima como en el cuerpo, traido y llevado aquí y acullá,
y por tanto como mentecato es inhábil para concebir y engendrar),
porque verisímile cosa es, que las criaturas que engendraren los tales
nazcan de desiguales complixiones, instábiles y vanos, torcidos en
los miembros, como en las costumbres desordenados. Por lo cual, es
cosa necesaria que los casados, por toda la vida, y en especial por el
tiempo de la generacion, se deben guardar de hacer ó padecer cosa que
perturbe la mente y desordene la voluntad, por la cual naturalmente
puedan causar alguna enfermedad dañosa en el cuerpo ó en el ánima, ó
incurran desvergüenza ó fealdad, porque cualquiera cosa destas, en las
ánimas y en los cuerpos de las criaturas que de los tales padres nacen,
se imprimen y traspasan, y peores que ellos serán. Todas estas son
palabras de Platon.
CAPÍTULO XXXVI.
No poco difiere de esta la causa otra, que arriba en el capítulo 26
digimos ser tambien accidental, que sirve y ayuda muy mucho á la buena
disposicion de los entendimientos, y se la abstinencia y templanza
cerca de las afecciones sensibles, viciosas, mayormente las venéreas ó
sucias. Desta creemos poderse decir con verdad, que son más que otras
gentes, por la mayor parte y comunmente, moderados y templados (y
pluguiese á Dios que los nuestros no les excediesen cuasi sin alguna
medida), como se puede cognoscer por la templanza de usar con sus
propias mujeres, que no parece que las tienen para otra cosa sino para
sustentar solamente la humana especie, que es el fin de la naturaleza,
y no para salir de los límites de la razon; esto se alcanza á saber por
las vías que se suelen entender las cosas secretas, por vía limpia y
honesta, como lo alcanzan los que procuran limpiar y curar las ánimas.
Y desto es uno y muy cierto argumento exterior, que todos los españoles
que han estado y están en estas Indias podrán tener experimentado,
si de industria no lo quisiesen negar, que en ninguna parte dellas
hombre ha visto ni sentido á algun indio obrar deshonestidad, ni con
sus mujeres propias, ni con otras casadas ni solteras, ni áun en las
tierras donde, como en estas islas, todos andaban desnudos desde los
piés á la cabeza (excepto las mujeres que traian obra de dos palmos
de tela de algodon con que cubrian sus vergüenzas), hombre no vido,
andando y conversando juntos en obras que hacian mujeres y hombres,
que por el primer movimiento se sintiese alteracion, más que si
fuesen hombres muertos, en las partes inferiores; y si alguno ha
visto y sentido á indio alguna desvergüenza, de obra ó de palabra,
no habrá sido sino de los que han criado y tenido los españoles en
sus casas, porque lo aprendieron dellos: pero desta honestidad no se
podrán gloriar muchos de los nuestros, porque se hallarán millares
de indios que hayan visto y sido testigos de infinitas torpedades
cometidas por nuestros compatriotas, para nuestra gran confusion. Es
tambien otro argumento de la templanza destas gentes cerca de los
actos venéreos, conviene á saber, andar descalzos, y mucho mayor si
andan del todo desnudos, porque esto templa y deshecha el deseo, y
amortigua la inclinacion de aquel vicio, segun dicen los médicos; otro
es, lavarse muchas veces en las aguas frias, como estos se lavan de
noche y de dia; otro es, la poquedad de los manjares, poco comer y poco
beber, y comunmente beber agua, y los manjares ser de poca sustancia
y nutrimiento. Item, la poca ociosidad que estas gentes acostumbraron
tener comunmente es tambien causa que no sean muy inclinadas á caer
en aquel vicio; nunca hallarán indios, por la mayor parte, que en su
casas ó en el campo, mucho que poco, no hagan algun ejercicio con sus
manos, con que no sea de mucho trabajo. Estas causas son propias y
cuasi naturales y acostumbradas á estas gentes, que son señales de no
ser excesivos en aquellas obras, y estas deben procurar de adquirir
los que desean vivir castamente, segun Magnino, médico, con otras que
pone en el tratado que hizo _De Regimine sanitatis_, parte tercera,
cap. 23, pero la principal es el socorro de arriba; y saber que sólo
es don de Dios dice Salomon ser suma sabiduría. No impide á lo dicho
ni contradice los que algunos de nuestros españoles dicen (lo que
yo, ciertamente, nunca tuve por cierto), conviene á saber, que haya
entre estas gentes algunos, y aunque sean muchos, que incurran y se
contaminen con el dicho nefando vicio, porque no es esto universal,
como abajo probaremos, y no es maravilla que en un mundo tan grande
y tan luengo, y de tan inmensas naciones lleno, siendo infieles,
faltándoles gracia y doctrina, tuviesen y tengan estos y otros muchos
vicios, pues entre los que tienen nombres de cristianos no faltan
hartos que padezcan las dichas ignominias, y estas pudieron incurrir
por algunas causas particulares que abajo señalamos. Nos, empero,
hablamos aquí en universal, y por la mayor parte, ser los indios
naturalmente bien dispuestos para producir actos de buen entendimiento,
y carecer más que otras gentes de los contrarios que á estos pueden
impedir, é lo demas que en contra se hallare ha de estimarse como
monstruo en naturaleza, que suele muy raro acaecer, segun arriba en
cierto capítulo digimos. Y así queda mostrado que, por la moderacion
y templanza que tienen cerca de las afecciones y cosas venéreas, al
ménos no son ménos dispuestos que otras gentes, para producir buenos
actos de razon y entendimiento, los indios. Asignamos otra causa
accidental en el cap. 26, que impide los hombres á que sean por algun
tiempo bien intelectivos, conviene á saber, la solicitud demasiada
y cuidado intenso cerca de las cosas mundanas y temporales, y el
contrario della, que es la moderacion, allí pusimos; desta ser estas
gentes más adornadas que cuantas en el mundo nacieron, de su naturaleza
parece manifiesto. Cuanto de la solicitud de allegar riquezas y bienes
temporales, y ambiciones, y usurpar lo ajeno, no se contentando con lo
suyo, son más que todas libres. ¿Qué cuidado, ni qué solicitud puede
dar pena ni ocupacion del entendimiento, á gente que no pretende más de
su propia, no supérflua sino necesaria, sustentacion, la cual con un
poco de trabajo corporal tienen cumplida, y no cura en pensar lo que ha
de comer mañana, porque lo tiene ya cierto con aquel poquito trabajo?
El que no cura de vestirse más de cubrirse las carnes con una manta
de algodon de una vara en cuadro, ó de ponerse solamente dos palmos
de la misma tela delante sus vergüenzas, cuando mucho, como en estas
islas que andaban totalmente desnudos se acostumbraba, ¿qué vehemencia
podrá tener aqueste cuidado de se vestir para que deje de bien producir
el entendimiento de los tales los actos ordenados de buena razon, y
vacar ó ejercitarse, cuando inducidos y ayudados y doctrinados fuesen,
cerca de las operaciones intelectuales y espirituales? La gente que
no ha menester allegar de muchos años atras ajuares desde cuasi que
nacen las hijas para las casar, sino que el yerno le viene á rogar
por ella, y si ella se contenta de él y el padre ve que será hombre
para, por su trabajo en la cultura de la tierra, á sí é á la mujer, y
á los suegros cuando sean viejos, poderlos sustentar; item, quien no
piensa en quitarle el estado ni la hacienda de su vecino, por fuerza
ó por engaño, ó por pleito que piense moverle con ayuda de cohechados
letrados, y no tiene puntos de honra queriendo en el pueblo ó en la
provincia señorear, ó dejar á sus hijos, aunque sean muchos, cada
uno con su mayorazgo, pocos tumultos y ménos perturbaciones tienen
en sus ánimas, y poco impedimento y ofuscacion del entendimiento
cualquiera destos cuidados ni todos juntos les podrán causar. Estas
gentes indianas universas deste orbe, todas, de su natural ó de su
costumbre convertida en naturaleza, carecen de todas estas solicitudes
y cuidados, como ya es á todo el mundo claro, por ende manifiesta cosa
es, que, por la modestia y templanza que de estos cuidados alcanzan,
son ayudados y favorecidos para ser intelectivos, por ésta como por
las de suso puestas causas accidentales. No ménos les ayuda, para bien
formar los actos de entender y bien razonar, la otra causa accidental
que en el dicho cap. 26 se sigue á la precedente, y ésta es la carencia
que naturalmente tienen, por su buena y laudable complixion que cuasi
todas estas gentes alcanzan, de las pasiones del ánima, que causan en
ella gran perturbacion, y, por consiguiente, impiden al entendimiento,
las cuales son principalmente, ira, gozo, dolor, temor, tristeza,
enojo y rencor, etc. Cuanto á la ira, manifiesta cosa es á todos los
que conocen estas gentes en todas las partes destas Indias, la ira que
tienen de su naturaleza, la cual tanta es que podríamos afirmar, sin
desviarnos mucho de la verdad, haber papagayos, en especial unos muy
chiquitos que arriba digimos, capítulo 9.º, llamarse en la lengua desta
isla Española xaxabis, la media sílaba luenga, que tienen más ira que
los indios; bien creemos que otra generacion en el mundo de las que
se tiene noticia no es más quieta, pacífica, más mansa, más benigna,
humilíma, y sobre todas pacientísima, y tengo por cierto exceder en
todo á la gente que arriba digimos de Asia, segun Hipocras y Galeno.
Desto podríamos traer muchos y muy ciertos ejemplos, pero por no
alargar dejarémoslos todos refiriendo algunos. Digo verdad, que habia
quince ó veinte años que yo estaba en estas Indias, en los cuales nunca
ví reñir indio con indio, hasta un dia que vide dos que se estaban
dando de puñadas, las cuales eran tales, poco más que cuando unos gatos
entre sí retozan, ó unos niños de cinco años de los nuestros andan
burlando; yo, cuando los vide, comencé á llamar testigos, diciendo que
diesen testimonio como vian de apuñear dos indios, y pasan de cincuenta
años que he vivido y tratado en estas tierras y conversado con diversas
gentes, y nunca vide otro tanto. Si acababan de azotar cruelmente los
españoles á un indio, porque se fué huyendo de los trabajos de las
minas ó de otra parte, ó por lo que quiso cualquiera azotalle, despues
de haber sus dolores y desventura llorado, que los llamen y halaguen,
no hay más dificultad en aplacalles que á unos niños que lloran
dándoles una manzana. No muchos dias atras que á este paso escribiendo
yo llegase, me contó un español que, una vez, llegando él y otros á
un pueblo de indios, y dándoles dos gallinas para que comiesen, dijo
uno dellos á éste: «Estos perros, para que traigan cuanto quisiéremos,
no hay mejor industria sino que les deis con esas gallinas en las
caras»; hízolo así, dándolos buenos golpes con ellas: tornan los indios
á traerles todo cuanto tenian en sus casas. Despues, pasados algunos
dias ó meses, tornó por aquel pueblo éste, que se llamaba Juan Gomez,
que con las gallinas los habia aporreado, y saliéronsele de una bolsa
cerca de cien reales; vídolos el indio aporreado, y díjole: «Juan
Gomez, ¿has perdido algo?» él miró el freno del caballo, las espuelas,
y lo que traia en las alforjas, y respondió; «no he perdido nada»;
añidió el indio, «mira si has perdido algo», y él afirmando que no,
torna el indio á decir; «mira si has perdido dinero»; el Juan Gomez
miró entónce la bolsa, y halló que se le habian salido por cierta
descosedura los reales; saca luégo el indio los reales sin faltar uno
y dáselos. ¡Señal es esta, cierto, de duralles mucho el enojo, y de
tomar de sus enemigos dura venganza! Las injurias que entre sí unos á
otros, cuando reñian y más airados y turbados estaban, y contra quien
se enojaban decian por injuriallo y hacelle mayor daño, eran, si tenia
los ojos zarcos, buticaco, conviene á saber, «andá para hombre, que
teneis los ojos zarcos»; si los tenia negros, peiticaco, hombre de ojos
negros; si tiene algun diente dañado ó le falta, injúrianle diciendo
mahíte, la media sílaba luenga; «andá para dañados los dientes, ó que
os faltan dientes», y así de los otros defectos corporales. Estas
son las injurias y oprobios y maldiciones con que, generalmente, de
los que quizá se airaban tomaban y toman sus venganzas, y así les
duran sus enojos como si nunca por ellos pasasen; y en esto parecen á
aquellas gentes, de que dice Haly, el comentador de Tolomeo, que viven
al Occidente, cuyas contenciones son semejantes á las de las mujeres,
como en el cap. 29 fué relatado. Si un indio está durmiendo y otro
viene á llamarlo, no sabe despertalle de presto por no dalle pena, sino
que estará una hora muy pasito estirándole, si tiene camisa ó manta, de
la halda, ó si no la tiene, meneándole del pié poquito á poquito, y con
muy blandas y bajas palabras hasta, sin cuasi sentirlo, despertarlo.
Esta natural mansedumbre y modestia les viene de la nobleza, templanza
y mediocridad de sus complixiones, y ésta nace de la mediocridad y
templanza de todas estas indianas regiones, por causa de la igualdad de
los tiempos de todo el año; porque no hay muy continuas ó frecuentes
en el tiempo mutaciones ó turbaciones, ni de excesivos frios ni de
excesivos calores, sino que siempre, ó cuasi siempre, son los tiempos
iguales ó cuasi iguales. De donde proviene que ni las mentes de los
habitantes son fatigadas con alteracion, estupor, ó espanto grande,
por la violencia de los tiempos, ni los cuerpos incurren transmutacion
alguna que sea fuerte ó destemplada, de donde se causa que la materia
seminal no resciba alteracion mala ni corrupcion dañosa al tiempo de
la generacion de los animales, por lo cual nacen las criaturas de
templada y noble complixion y mediocridad proporcionadas; esto siempre
y comunmente si no es acaso, errando la naturaleza, como los monstruos,
ó porque la generacion fué con alguna enfermedad celebrada, y por estas
causas puede acaecer salir el contrario pero esto es muy raro. Ya queda
dicho arriba, que en las tierras y regiones que hay en los tiempos
del año muchas y grandes transmutaciones, y diversidad vehemente de
frios, y calores, y lluvias, y nieves y otras variedades, los moradores
dellas naturalmente son inquietos, rijosos, feroces, bravos, mal
acomplixionados y peor inclinados, y de malas y perversas costumbres,
más ó ménos segun mayores y más vehementes, y más frecuentes y
continuas fueren las diferencias de los tiempos y transmutaciones.
Contra lo arriba determinado parece ser los frecuentes huracanes que
hay en estas Indias, que son grandes tempestades por la mar y por la
tierra, que no dejan cosa que no destruyan y echen á perder, naos en
la mar, y las heredades y edificios en la tierra, como es manifiesto;
huracanes llamaban los indios desta Isla, las dichas tempestades ó
tormentas. A esto se responde, que estos eran muy raros, que por
maravilla solian venir de muchos á muchos años, como tenemos los viejos
en estas tierras experiencia, y, por tanto, poca diversidad ó variedad
ó transmutacion en el tiempo, y, por consiguiente, en las personas
causaban; haberlos de pocos años acá cada año, y hacer los estragos y
destrucciones que por la mar y la tierra hacen, otra causa oculta que
la natural debemos buscar, y no es otra sino nuestros muy nuevos y
muchos pecados, que el discurso de otra nuestra Historia muy claramente
mostrará. Como, pues, aquestas naciones sean de su naturaleza tan
benignas, quietas, y mansas y ajenas de ser perturbadas sus mentes de
la ira, que es pasion impeditiva del entendimiento, manifiesto es, que,
por la carencia natural que tienen della, no podrán ser impedidos en
los actos del entendimiento naturales.
CAPÍTULO XXXVII.