Declarado queda difusamente cuántas y cuáles sean las causas

que concurren ó concurrir puedan para que los hombres sean bien

intelectivos y dispuestos para producir los actos de buena razon,

y tengan buenos entendimientos, conviene de aquí adelante mostrar,

yendo por cada una de estas causas, en qué grado de entender colocó

la naturaleza los entendimientos de estas indianas gentes, que es el

fin por que hemos entrepuesto en la Historia esta tan gran digresion.

Cuanto, pues, á la primera causa, que asignamos ser la influencia de

los cielos (y esta es causa universal), la cual, segun arriba en el

capítulo 16 y en otros habemos tocado y probado, que los cielos y

estrellas, con sus influencias, esta Isla y todas estas islas é Indias,

por la mayor parte de la latitud de 1.800 leguas, segun demostramos en

el cap. 19, favorezcan y hagan felices en templanza, y mediocridad, y

amenidad, y por consiguiente, siendo favorables, sean causa de que los

cuerpos humanos, en estas Indias nacidos y criados, sean proporcionados

en los miembros y en todas sus partes, como vemos claro y abajo

parecerá más; luego, por las influencias de los cielos para tener

buenos entendimientos, y así naturalmente, son estas gentes ayudadas,

al ménos no impedidas ni les son contrarias. Item, como se dijo arriba

en el cap. 23, las estrellas y cuerpos celestiales, para por sus

influencias y virtudes producir los efectos que la naturaleza pretende,

usan de dos medios, el uno es su rayo, y el otro es el continente de

la cosa que se engendra; para las aves el aire, y para los peces el

agua, y la tierra para los animales; pues el continente, que son todas

estas regiones indianas, es felicísimo y favorable á la naturaleza

y condicion humana, como arriba queda muy más que bien probado, y

ésto es por la virtud é influencias de los cuerpos celestiales, luego

por las influencias de los cielos, que influyen en las gentes que en

estas tierras nascen, el continente mediante, naturalmente son bien

intelectuales, y por consiguiente, la naturaleza les dió en suerte

rescebir buena ánima. Item en los capítulos 16 y 17 está probado que

la causa superior y universal, que son las influencias celestiales,

concurren con las causas cinco particulares para la bondad, felicidad,

sanidad, amenidad, y favor y conformidad de la naturaleza humana,

y destas tierras, pues no serian favorables ni útiles, sino muy

defectuosamente, á la naturaleza humana, si estas gentes tan infinitas

no las dotara la naturaleza de buenos entendimientos, como sea lo más

precioso y más necesario que les podia dar; luego la influencia del

cielo concurrió en dotar estas naciones de buenos entendimientos,

ingenio y racional habilidad. Item, á la parte austral, pasada la

línea equinoccial, destas nuestras Indias, hay grandísimas tierras

llenas de infinitas naciones, no sólo el espacio que hay entre la

línea y el trópico de Capricornio, pero el espacio que hay despues del

dicho trópico, donde cae la grande y felice tierra de Chile, que es

la postrera provincia ó reino del Perú; y de este espacio, pasado el

dicho trópico, hablando Alberto Magno en el libro _De Natura locorum_,

distincion primera, capítulo 7.º, dice, que hasta la latitud del

sétimo clima, que será 48 ó 50 grados, es la habitacion continua y

deleitable, y concuerda bien con la experiencia que ya tenemos de la

provincia ó reino de Chile, pues en aquella parte austral las estrellas

y cuerpos celestiales son mayores y más resplandecientes, y más nobles

y perfectas, y de mayor virtud y eficacia, y así sus influencias y

virtud en sus operaciones son más eficaces, por ser aquella parte

toda austral la cabeza del mundo, como abajo parecerá, luego las

influencias del cielo á todas aquellas gentes de la parte austral

fueron y son favorables, para que naturalmente sean por la mayor parte

intelectivos y áun de mayor habilidad que otras, no lo estorbando

algunas causas particular; y esta no parece que la hay, pues sabemos

ser todas aquellas tierras felicísimas, y vemos las gentes dellas

capacísimas, como es manifiesto y abajo parecerá. Y porque cuanto

más las cosas se apropincuan y allegan á alguna causa de que pueden

recibir alguna alteracion en bien ó en mal, más participan de su accion

y virtud, y cuanto ménos, ménos, como parece cuando nos llegamos al

fuego ó á la nieve y nos desvíamos dellos, por esta razon, cuanto más

propincuas son las gentes de nuestras Indias de aquella parte austral,

áun dentro de los dos trópicos, pero al ménos de esa parte de la

equinoccial, más favorables y benignas les son las estrellas y cuerpos

celestiales por sus influencias, y, por consiguiente, más hábiles y

más racionales, ingeniosos, y agudos de entendimientos, naturalmente,

por la mayor parte serán; y esto expresamente lo pone Tolomeo en su

Quadripartito, tratado segundo, donde dice estas palabras: _Horum

autem hi, qui meridiani sunt propinquiores, in majori parte melioris

sunt ingenii et acutioris intellectus, et in scientia rerum stellarum

fortiores, propter circuli signorum et stellarum erraticarum loco

zenit capitum eorum propinquitatem_, etc. Y así parece, que la

primera causa y universal, que es la influencia del cielo, favorece

naturalmente, y por la mayor parte, á estas nuestras indianas gentes

á que sean intelectivos, ingeniosos, racionales y de buena capacidad,

y así, por consiguiente, les haya cabido en suerte recibir de Dios

y de la naturaleza buenas y nobles ánimas. Lo mismo probaremos por

la segunda causa que arriba en el capítulo 23 pusimos, la cual puede

concurrir para ser los hombres bien intelectivos y bien racionales, y

ésta es las buenas calidades y disposicion de la region y tierra que

alcanzaron. Esta, en nuestro propósito, no habria menester por teórica

y razones naturales proballa, pues, por práctica y experiencia ocular,

y por todos los sentidos de infinitos que á aquestas nuestras Indias

han venido y vienen cada dia, es, porque así lo diga, palpada, sabida

y averiguada; y este es uno de los primeros principios y fundamentos

que la Geografía supone (segun Tolomeo, en el libro I, cap. 2.º, y cap.

8.º), sin los cuales, como ni en las otras ciencias, ninguno la puede

saber ni adquirir, conviene á saber, la relacion é historia de los que

por sus ojos y experiencia vieron y cognoscieron las tierras de que se

hobiere de tratar. Esta experiencia, digo, que es el principio, ó de

los primeros principios de la Geografía, segun Tolomeo, pero para quien

no las ha visto, ni oido á los que las vieron, arriba desde el capítulo

1.º hasta aquí, y mayormente queda probado en suma en el capítulo 19

y 20, por razones naturales, y por sus causas y efectos más que la

lumbre claros, ser todas estas regiones, islas y Tierra Firme de este

tan vasto orbe, temperatísimas, felicísimas, salubérrimas, y en todas

sus calidades, disposiciones y causas universales y particulares,

conformes y amicísimas de la vivienda y naturaleza humana. Y la latitud

de todas estas Indias nuestras es desde el medio del clima sexto,

segun los antiguos, y el fin del sétimo, segun la division de los

climas que hacen hoy los modernos, de la parte Norte ó Septentrion,

que hacen 45 grados, hasta el medio del sexto, segun los antiguos, y

fin del sétimo clima, segun los modernos, que hacen otros 45 grados

de aquella parte de la línea equinoccial á la parte austral, que dije

arriba contarse bien 1.800 leguas, una region y una provincia ó tierra

mejor y más felice y graciosa y alegre que otra; pues como, segun

Tolomeo, y todos los astrólogos, y Aristóteles, y todos los filósofos,

y Avicena, Hipocras y Galeno, y todos los médicos, y despues dellos

Santo Tomás, y Alberto Magno, de las calidades y propiedades de las

regiones extremas ó medianas y templadas procedan las complixiones de

los hombres y animales, y de las plantas y cosas que en ellas nascen,

y de las complixiones, ó segun las complixiones, se causen á las

gentes bajos ó altos, sotiles ó botos, malos ó buenos entendimientos,

segun parece arriba por el cap. 23, y todas estas Indias, y por

todas partes dellas, sean tierras en toda mediocridad y templanza

temperatísimas, unas más y mejores, y otras buenas, pero todas mucho

buenas generalmente, y si algun pedazo ó provincia dellas se halla

que á la mediocridad exceda es como monstruo y rarísimamente, como en

todas las cosas naturales acaece producir alguna vez por errar el curso

ordinario la naturaleza, luego síguese que las gentes de todas estas

Indias, desta Isla, islas y Tierra Firme, por razon de la templanza y

mediocridad y disposicion suave de las regiones, provincias, reinos y

tierras en que viven, naturalmente son de muy templada, y moderada, y

favorable complixion, y, por consiguiente, de su propia naturaleza son

muy bien intelectivos, de muy buenos juicios, de muy buenos ingenios,

y de muy buenos entendimientos, puesto que en cada provincia, por la

diversidad de la disposicion de la tierra, por ser alta ó baja, y por

otros accidentes, sean los de un lugar más ó ménos que los de otro,

como largamente queda demostrado en el capítulo 29. Y porque, como

dejamos dicho y probado en los mismos capítulos 23 y 29, las gentes

que viven en la region de Grecia, por estar en medio de Asia y Europa,

así como tienen el medio segun el lugar, así tienen las disposiciones

é inclinaciones medias y mejor proporcionadas, porque ni tienen tanto

frio como los de Europa y Septentrion, ni tanto calor como los de Asia,

y por consiguiente son intelectivos y artificiosos, no tanto, empero,

como los de Asia, y tambien son animosos, ménos, empero, que los de

Europa, por manera que cuanto más se llegan las regiones al medio y

templanza del frio y del calor, tanto más las gentes moradoras dellas

participan de la viveza del entendimiento que causa el calor, y del

esfuerzo y animosidad de que el frio es causa; pues como las regiones

destas Indias, por toda la mayor parte dellas, sean temperatísimas,

más templadas que ninguna parte de las que se saben del mundo, y las

naciones que las habitan, por consiguiente, alcancen temperatísima

complixion y más favorable que otras, síguese que de su naturaleza no

sólo son de buenos y vivos entendimientos más que otras naciones, pero

tambien no les falta naturalmente animosidad y esfuerzo de corazon:

porque regla es general, como muchas veces arriba se ha dicho, ser los

hombres de tierras frias inclinados á lo que inclina ó dispone el frio,

y los de las calientes á lo que dispone é inclina el calor, y los de

las regiones que están en medio á haberse medianamente participando de

ambos á dos. De que sean de vivos y muy sotiles entendimientos de su

natural, evidentísimamente por las razones siguientes abajo parecerá,

pero que tengan esfuerzo y animosidad parece que habrá duda, lo cual

no será ménos evidente á cualquiera que quisiere considerar lo que

vemos por experiencia, porque una gente desnuda, sin armas ofensivas

ni defensivas (porque los arcos y flechas que tienen son por la mayor

parte, al ménos por respecto ó para con nosotros, como juegos de

niños), osen acometer y seguir á otra gente como somos, que tanta

ventaja les hacemos en lo uno y en lo otro, tan brava y tan feroz y tan

armada de hierro, que con una espada desbarriga uno de nosotros, en una

hora, 500 dellos, y mayormente siendo nosotros armados de caballos,

que con una lanza uno, en un cuarto de hora, mata 1.000, cuando se

ven perseguidos y atribulados de los españoles, por defension suya

de su vida, patria y libertad, ¿no es señal, cierto, de no ser de su

natural mucho y bien animosos y de gran corazon? Desto se referirán,

placiendo á Dios, en otro lugar hartos y notables ejemplos, y algunos

señalados vistos por nuestros ojos. No temen la muerte, mucho ménos que

otra nacion, porque aunque sus comeres y manjares son muy delicados,

como se dirá, todavía tienen suficiente abundancia de sangre, que de

no temer las heridas ni la muerte, es, como digimos en el cap. 23, la

causa; concuerda con esto y con lo de arriba el dicho de Vejecio, _De

Re militari_, libro I, capítulo 2.º: _Omnes nationes quæ vicinæ sunt

soli, nimio calore siccatæ, amplius quidem sapere sed minus de sanguine

habere dicuntur: ac propterea constantiam atque fiduciam de propinquo

pugnandi non habent_, etc. No se podrá bien decir contra esto, que

vemos estas gentes comunmente muy tímidas, y por tales en verdad las

tenemos, y esto les debe venir de su natural; á lo cual respondemos no

tener esta objecion mucha verdad, porque esto es de _per accidens_,

ó accidentalmente, conviene á saber, por causa de las grandes y

extrañas crueldades que en ellas hemos usado, como se verá, y por el

temor nuestro que en ellas se ha entrañado viviendo en amarguísima y

durísima servidumbre, y ésta es sufientísima causa para no solamente á

estos, pero á los Scipiones, hacellos de servil condicion y cobardes,

como en el cap. 27, largamente y por razones naturales, probamos.

Son, pues, los indios, vecinos y moradores naturales de todas estas

nuestras Indias, por la mayor parte y generalmente, de su natural, por

razon de nacer y morar en tierras temperatísimas al ménos en mediana

manera, bien intelectivos, y para las obras de razon bien dispuestos,

más ó ménos segun se llegaren más á la mediocridad y templanza las

provincias, mayormente las más meridionales, puesto que entre ellos

haya grados que, por razon de la disposicion de las tierras, sean unos

de más sotiles ingenios y artificiosos que otros, y lo mismo es cuanto

á la animosidad y el esfuerzo.

CAPÍTULO XXXIV.

Pruébase allende lo dicho, ser las gentes destas Indias naturalmente

de buenos entendimientos por la tercera causa que puede concurrir

para esto, y que concurre notoriamente en ellos; ésta es la buena

compostura de los miembros, y la conveniente proporcion de los órganos

de los sentidos exteriores, como en el capítulo XXIV referimos. Los

indios, pues, de todas estas Indias, por la mayor parte, como sean de

muy buenas y favorables complixiones, como queda visto, de necesidad

debian ser, como lo son, de buenos cuerpos y todos los miembros

dellos muy bien proporcionados y delicados, áun los más plebeyos

y labradores, no muy carnudos ni muy delgados sino entre magrez y

gordura, las venas no del todo sumidas ni muy levantadas sobre la

carne; esto se ve muy claro si quisiéremos considerar las manos, los

dedos, las uñas, los brazos, los pechos, los piés, las piernas, que

comunmente se les parecen, por no traer más vestidos de una manta

de algodon como un cendal ó almaizar, ó de un lienzo los que más

vestidos andan, y mayormente donde todos y del todo andan desnudos,

cubiertos sólo aquello que la honestidad y vergüenza cubrir manda, los

cuales miembros son y tiénenlos tan juntos, dispuestos y tales y tan

proporcionados que no parece sino que todos son hijos de príncipes,

nacidos y criados en regalos. Causa esto, eficazmente, la mediocridad

de la sangre y del calor natural y de los espíritus que tienen, como

se verá adelante, que hacen los cuerpos de los hombres delicados,

como en el libro _De Somno et vigilia_ dice Aristóteles. Los sentidos

exteriores alcánzanlos admirables; ellos ven muy mucho de léjos, y

determinan lo que ven, más que otros, parece que con la vista penetran

los corazones de los hombres, y tienen, comunmente, los ojos hermosos;

oyen tambien muy mucho, huelen cualquiera cosa de muy léjos, aunque

sea entre los montes, lo mismo es del gusto; y, cierto, dello tenemos

experiencia, y aquí no hablamos á tiento ni, como dicen, de coro. Item

el sentido del tacto tiénenlo en gran igualdad, lo cual se muestra

porque cualquiera cosa lesiva y que pueda lastimar, así como frio,

calor, azotes ó otra afliccion exterior, muy fácilmente y en muchos

grados los aflige, angustia y lastima, mucho más sin comparacion que

á nosotros y áun que á los más delicados que hay entre nosotros, no

obstante áun el traer los cuerpos y miembros desnudos al sol, á los

vientos y al agua, lo cual les habia de causar ser duros y robustos,

y no tener tan sensible y lastimable aquel sentido del tacto. Item,

cualquiera enfermedad accidental más presto les adelgaza, enflaquece

y los despacha que á otra nacion alguna de los que tenemos noticia;

allende desto, como es notorio á todos los que los cognoscemos, gentes

son los indios para sufrir muy poco trabajo, y porque han sido puestos

despues que acá venimos en grandes y desordenados trabajos, faltan

dellos muchos millares. Son luego estas gentes todas universalmente de

buenos sentidos exteriores, y en especial de muy temperados y delicados

tactos, y por consiguiente, argumento es claro y áun necesario, segun

el Filósofo en el II _De Anima_ y en el I de la Política, tener cuerpos

de libres y nobles ánimas, que es decir que tienen naturalmente buenos

entendimientos, y son ingeniosos y bien razonables; todo lo cual parece

arriba. Las caras, y rostros, y gestos tiénenlos graciosos y hermosos,

hombres y mujeres, desde su niñez y nacimiento, porque todos los niños

y niñas desde que nacen, y como van creciendo, son todos comunmente

muy graciosos, lindos, alegres, corderitos vivos, y de buena índole,

que es señal é indicio ó significacion de bondad de las ánimas dellos

natural, de buenos entendimientos, y que se perfeccionarian si fuesen

ayudados, como parece, por muchos que crian y han criado los frailes.

De aqueste indicio y significacion habla el Filósofo en el I de la

Política, cap. 3.º, diciendo: Que desde el nacimiento de cada uno y de

su niñez, luégo la naturaleza muestra en los cuerpos y gestos de los

niños si tienen ánimas de libres ó de siervos, conviene á saber, si

tienen buenos y capaces entendimientos: _Statim ex generatione quædam

distincta sunt, alia quidem ad imperandum, alia vero ad parendum_,

y pone ejemplo en el ánima que naturalmente es apta para mandar y

señorear al cuerpo, y la razon á la sensualidad, y el hombre á las

bestias, y el género masculino al femenino, y concluye así: _eodem modo

necesse est in cunctis hominibus esse_, etc. Y si despues de hombres,

algunos hallamos de grandes y feroces caras ó feos gestos, como en

la provincia de Guatemala y en algunas otras partes de Tierra Firme,

pero no en muchas, era la causa de la costumbre que tenian de con

industria hacerse fieras las caras rompiéndose las orejas y hacellas

muy grandes, lo mismo las narices y los bezos ó labios, poniéndose

allí en los agujeros unas joyas labradas de oro ó de plata, por fin de

parecer en las guerras á los enemigos espantables, ó tambien por arreo

de gallardía. Cuanto á la costumbre de querer parecer fieros en las

guerras, ordenaron á los principios hacerse las caras y cabezas, por

industria de las parteras ó de las mismas madres cuando las criaturas

son tiernas y chiquitas, empinadas y hacer las frentes anchas, de la

manera que en el cap. 29 referimos decir Hipocras, y Galeno en el

libro, arriba muchas veces nombrado, _De Aere et aqua_, de las gentes

de Asia llamadas Onacrocephalas, que se hicieron al principio las

cabezas luengas por mostrar ferocidad en las guerras, lo cual comenzó

la industria y despues prosiguió la misma naturaleza, como allí fué

dicho, de lo cual parece que en hacer las cabezas y caras fieras,

como en otras muchas costumbres, segun parecerá, no fueron solas las

gentes destas Indias ni las primeras. Tampoco lo fueron en horadarse

las orejas y poner en ellas aquellas cosas de oro, pues en España

suelen traer las mujeres zarcillos en ellas, de lo cual los franceses

burlan y escarnecen, teniéndolas por barbarísimas; esto no era tenido

en otras naciones por feo, pues entre los judíos, y otras gentes debia

ser tambien, no solamente las mujeres los traian pero los hombres se

arreaban dello, y esto parece por lo que leemos en el Exodo, y es, que

cuando Moisés se tardaba en el monte y los judíos pidieron á Aarón

que les diese dioses que adorasen y los guiasen en el desierto, por

detenellos y no hacer cosa tan nefanda, mandóles que trujesen todas

las joyas que tuviesen de oro que se ponian en las orejas las mujeres

é hijos é hijas, creyendo que de pura codicia no las trujeran; pero

traidas todas, él, de miedo no lo matasen, hízolas todas fundir, y

dicen que por arte del diablo salió hecho un becerro. De donde se

colige claro, antiguamente los hombres, ó al ménos los mancebos,

acostumbrar á traer zarcillos ó cosas semejantes en las orejas; en

otra manera era vituperiosa cosa y gran injuria entre los hebreos

horadalles por justicia las orejas, y esto se hacia á los esclavos que

eran hebreos, los cuales, si los compraba el señor, mandaba la ley que

se sirviese dellos seis años y al sétimo los habia de dejar libres con

mujeres é hijos, pero si el tal esclavo no queria recibir la libertad,

sino quedarse todavía esclavo, por el amor que al amo y señor tenía,

mandaba la ley que con un cincel con que suelen los zapateros sacar los

bocados de los agujeros que hacen á los cintos, ó á otras cosas hechas

de cuero, horadasen al tal esclavo la oreja, y desde allí habia de ser

esclavo perpetuo, y esto era grande afrenta. Tornando al propósito

de los indios, ellos tenian y tienen de su natural buenos y graciosos

gestos, sino que ellos con aquellas superfluidades los desgarraban

y hacian y hacen feos, como acaece hartas veces á las mujeres de

España, que, teniendo blancos y hermosos gestos, tantas blanduras se

ponen y afeites, que no es poco asco solamente vellas. En esta isla

Española, digo verdad, que hobo hombres y mujeres muchas de tan buena

disposicion y compostura en los gestos, que aunque los tenian algo

morenos, señaladamente mujeres, podian ser miradas y loadas en España

por de buena y egregia hermosura por todos los que las vieran. En la

Vega conocí á mujeres casadas con españoles, y algunos caballeros,

señoras de pueblos, y otras en la villa de Santiago, tambien casadas

con ellos, que era mirable su hermosura y cuasi blancas como mujeres

de Castilla, y puesto que en toda esta Isla, mujeres y hombres fuesen

de muy buenos y proporcionados cuerpos y gestos universalmente,

porque aquí no se rompian ni estragaban los rostros más de sola y

delicadamente las orejas para poner algunas joyas de oro las mujeres,

pero donde fué la señalada hermosura y muy comun á todo género, fué en

la provincia de Xaraguá, que arriba digimos estar hácia el Poniente

desta Isla, hobo. Y yo ví un lugar ó villa que se llamó de la Vera-Paz,

de 60 vecinos españoles, los más dellos hidalgos, casados con mujeres

indias naturales de aquella tierra, que no se podia desear persona

que más hermosa fuese; y este don de Dios, como dije, muy comun y

general fué en las gentes de aquella provincia más que en todas las

desta Isla. Las gentes de las islas de los Lucayos, que el Almirante

descubrió las primeras, segun arriba digimos, todas á una mano, hombres

y mujeres, eran de aspectos angélicos; las de la isla de Cuba, y más

las de la isla de Jamáica, lo mismo; las de los reinos de la Nueva

España al rededor de Méjico, las de la provincia de Xalisco, las de

la de Nicaragua, las de la Tierra Firme hácia Cumaná y del reino de

Yucatan, y las de la costa toda de Guatemala de la mar, que son las

tierras que yo he andado, y otras que no digo, y las de los reinos del

Perú, y la gente de La Florida, y lo postrero que se descubrió, que

es lo de Cibola, de su buena y graciosa disposicion y hermosura por

los que lo han visto se publican maravillas. Y es necesario que así

sea en todas por la mayor parte destas Indias, porque, como habemos

dicho, el aspecto y figura del cielo y la virtud de las estrellas, que

son causa universal y primera, y la felice disposicion, y suavidad,

y mediocridad de la tierra, y todos los mismos climas, que es la

segunda, y próximo continente y todas juntas otras circunstancias,

esta graciosa y hermosa disposicion destas gentes favorecen. Así que,

pues que todos los moradores destas Indias, por la mayor parte, y en

especial los niños y niñas y adolescentes, sean de buenos aspectos y

acatamientos, de hermosas caras y proporcionados miembros y cuerpos, y

esto desde su nacimiento, como el Filósofo dijo, se muestra, síguese

haberles Dios y la naturaleza dado y dotado y concedido nobles ánimas

naturalmente, y así ser bien razonables y de buenos entendimientos.

La forma ó figura de las cabezas comunmente las tienen proporcionadas

á los cuerpos y á los otros miembros, y derechas; algunos las tienen

empinadas, y las frentes cuadradas y llanas, como los desta Isla,

otros, como los mejicanos, y algunos de los del Perú, y los de La

Florida, las tienen de mejor forma, algo como las que en el capítulo

24 digimos, de hechura de martillo ó de navío, que es la mejor forma

de todas. Dije algunos de los del Perú, porque, por la mayor parte,

cuasi en cada provincia tenian propia costumbre y diversa de las

otras de formar con industria las cabezas. Y es cosa de maravilla

ver la diligencia é industria que tienen para entallar las cabezas,

mayormente de los señores; éstas de tal manera las atan y aprietan,

con lias ó vendas de algodon ó de lana, por dos y tres años á las

criaturas, desde que nacen, que las empinan un palmo grande, las

cuales quedan de la hechura y forma de una coroza ó de un mortero de

barro muy empinado, y esta costumbre tienen los Ginoveses, y tanta

industria y diligencia ponen para que las criaturas tengan las cabezas

muy empinadas, puesto que no redondas sino llanas, como vemos, que

cuasi parecen á las gentes que en esta Isla moraban. Por privilegio

grande concedian los del Perú á algunos señores, y que ellos querian

favorecer, que formasen las cabezas de sus hijos de la forma que los

reyes y los de su linaje las tenian. Las de las gentes de los Lucayos

y de la isla de Cuba y Jamáica, segun me puedo acordar, las tenian

cuasi como las nuestras ó que más nos parecian en las figuras dellas;

muchos tienen las frentes cuadradas de moderada grandeza, que es buena

señal, como en el cap. 24 digimos; los cabellos todos comunmente los

tienen negros y moderadamente delgados y correntíos y blandos, y cuando

niños no tan negros sino que tiran á castaños, que significa buena

composicion, como parece allí en el dicho capítulo. Y porque dice el

Eclesiástico, cap. 19: _Ex visu cognoscitur vir, et ab occursu facici

cognoscitur sensatus: amictus corporis et risus dentium et ingressus

hominis enunciant de illo_: En la vista y en la cara, en el andar y en

la risa, se conoce el hombre y el seso y entendimiento de cada uno;

digo verdad, la cual muchos y todos los que tienen noticia en aquestas

partes la saben si la quieren confesar, que así en los niños como en

los grandes, como en mujeres y hombres, y señaladamente en los hombres,

se ve y conoce tanta modestia y mansedumbre, tanta composicion, tanta

vergüenza, honestidad y mortificacion y madureza en los actos y meneos

exteriores, en la vista, en la risa, en la compostura de la cabeza é

inclinacion de la frente y de los ojos, y en el andar, y en gran manera

en la habla (que de pura reverencia y humildad mudan la voz, que si

la tienen gruesa y autorizada, la adelgazan y abajan cuando hablan con

personas de autoridad, y á quien hayan de tener reverencia), que no

parece sino que fueron criados en la disciplina y debajo de regla de

muy buenos religiosos. Esto es señal de tener igualdad de complixion, y

tambien discrecion y buena razon, cuanto á los principios naturales, no

faltalles. No queremos aquí decir ni afirmar que todos, universalmente,

en todos sus actos actualmente sean perfectos, y muy acenderados en las

obras de perfecta razon, sino que todos universalmente, y por la mayor

parte, tienen natural aptitud y habilidad, y muy de propíncuo están en

potencia para ser reducidos al acto y actos, siendo instruidos, de todo

buen entendimiento y de buena razon, y finalmente, que son hombres de

su naturaleza bien razonables y bien inclinados, y dello tienen muy

ciertos y naturales indicios y claras señales. Porque mucho es ayudado

el entendimiento y la razon ejercitándose por sí mismo con la lumbre

natural de la razon y por el oficio della, que es explicando lo que en

los primeros principios, que son de sí cognoscidos ó cognoscibles, se

contiene implícitamente, ó siendo ayudada por otros que más se hayan

ejercitado, y es tambien desayudado cuando las personas se ocupan

mucho en las cosas sensuales, mayormente en algunos señalados vicios;

pero como arriba en el cap. 22 y 29 se dijo, como los hombres sean

de libre albedrío de sí mismos, por eleccion propia que tienen en su

mano ó de otros persuadidos, pueden ayudar á los entendimientos para

producir buenos actos intelectivos y alcanzar virtudes, ocupándose en

buenos ejercicios, y así entendemos hablar aquí de los indios. Así que

por la disposicion y hermosura corporal y por la modestia, vergüenza

y honestidad, madureza, composicion, mortificacion, cordura, y los

otros actos y movimientos exteriores, que en sí y de sí muestran áun

desde niños, los cuales les son innatos y naturales, manifiesta cosa

es haberles proveido la naturaleza y su Criador dotado naturalmente de

aptitud y capacidad, de buena razon y buenos entendimientos. Son, pues,

las gentes naturales destas Indias, universalmente y por la mayor parte

de su natural, por razon de la buena compostura de los miembros, por la

conveniencia y proporcion de los órganos de los sentidos exteriores,

y la hermosura de los gestos ó caras y de todo el _vultu_, la figura

de las cabezas, los meneos y movimientos, etc., naturalmente de buena

razon y buenos entendimientos.

CAPÍTULO XXXV.

Historia de las Indias (vol. 5 de 5) · 第 29 / 41 段