felicidad de todas estas Indias, ser parte y la postrera de la
verdadera India, de cuya felicidad tantas maravillas escribieron los
historiadores antiguos, la India digo _ultra ó extra-Gangem_, la cual,
segun sentencia de Solino en su _Polystor_, cap. 65, por muchos años
fué estimada ser la tercera parte de todas las tierras; Plinio, libro
VI, cap. 17, dice lo mismo, y Estrabon en el libro XV de su Geografía,
y Pomponio en ella, libro III, capítulo 7.º, afirma que tanto espacio
de costa ó ribera de mar ocupa, cuanto en 60 dias con sus noches podrá
una nao ó navío navegar, en el cual tiempo al ménos podrá un navío
andar 2.000 leguas, porque entre dia y noche, con viento moderado,
anda 40 leguas un navío por perezoso que sea. Plinio, libro VI, cap.
17, dice ser tanta su longura, cuanto se anduviese por la mar en 40
dias, con sus noches, pero puede estar la letra corrupta, puesta la
_x_ ántes de la _l_, y así por decir 60 dijo 40. Pues corriendo 2.000
leguas, y que sea 1.500, desde donde comienza la India que dicen
_extra-Gangem_, harto vecinas pueden parecer las postreras partes que
se han descubierto de nuestras Indias, sin haber parecido el cabo,
como podrá ver cualquiera que especulare el globo en que se figura ó
pinta toda la tierra; y esta puede ser una de las razones que se puedan
traer por argumento de que aquestas Indias nuestras son cabo de la que
antiguamente se llamó India, conviene á saber, la fertilidad destas
conformar con la de aquellas. De la cual dice San Isidoro, libro XIV,
cap. 3.º de sus Etimologías, que es tierra salubérrima, llena de
infinitas gentes, los árboles nunca despiden las hojas, dá dos veces
fruto en el año, en lugar de invierno sirven las lluvias Etesias, que
son los vientos que corren en el verano, especialmente en los dias
caniculares, así toda la fuerza de las lluvias que hay en toda la mayor
parte deste orbe son Julio y Agosto. Abunda de metales, oro y plata, y
cobre y hierro, perlas y piedras, ó margaritas preciosas; notoria cosa
es el oro, plata, cobre, perlas y esmeraldas que hay por este orbe; hay
muchas especies aromáticas y odoríferas. Cria los papagayos verdes; los
que en estas Indias y de diversas especies hay, y todos verdes, son
sin número. Todo esto dice San Isidoro, lo cual, todo, vemos en estas
Indias, puesto que elefantes y otras cosas que allí pone no las hayamos
en esta tierra visto. Plinio, muchas cosas cuenta de la India en el
libro VI, pero muchas más particularidades refiere Diodoro en el libro
III, y más que Diodoro Estrabon en el XV de su Geografía; Diodoro,
en el cap. 5.º, dice que la India excede á todas las otras regiones
en hermosura, y que la riegan muchos y grandes rios, y lo mismo dijo
Plinio; y en el capítulo 10 dice Diodoro, que la razon porque muchos
y grandísimos rios hay en la India, señalan los filósofos y físicos
ser porque toda la India es muy húmeda, y así, los rios de nuestras
Indias ser tan grandes y tan nunca otros tan poderosos vistos ni oidos,
manifiestan ser parte de aquella nombrada India. Cuenta eso mismo la
fertilidad della que dá dos veces fruto en el año, y tan cierto sin
faltar ninguno, que nunca se vido en ella esterilidad, ni hambre, ni
falta de los frutos de la tierra; y así nunca las gentes destas tierras
parece que la tuvieron sino despues que á ellas nosotros venimos. Dos
veces se siembra y coge el grano, y otras muchas cosas cuasi cada mes,
y frutas cuasi todo el año; y en Tierra Firme, á la parte de Cumaná, he
comido yo dos veces uvas de las nuestras de Castilla, en obra de cinco
ó seis meses, todas de unas mismas vides ó parras. Dice más Diodoro,
que hay mucho grano, que llama mijo, pero Herodoto, en el libro III,
donde cuenta inmensas fertilidades, y alabanzas, y propiedades de la
India, dice que es semejante al mijo, el cual sin sembrallo nace; podrá
ser que por el grano que en esta Isla llamaban mahíz lo diga, y cosa
es maravillosa que, segun vemos, con este grano de mahíz se mantengan
sobre 12.000 leguas de tierra llenas de gentes. De otras legumbres
hace allí Diodoro mencion; manifiesto es en la Tierra Firme haber
muchas y diversas especies de legumbres, como abajo en su lugar, Dios
queriendo, se verá. Loa mucho Diodoro haber en la India muchas y muy
dulces y sabrosas raíces; dicho queda en los capítulos de arriba de
cuántas naturales, y cuán sabrosas y provechosas para el mantenimiento
y recreacion de los hombres, está proveida esta Isla, de las cuales, y
de otras, no carece la Tierra Firme. Es argumento tambien la grandeza
de los árboles, que arriba en los capítulos 12 y 13 pusimos, que
conforman con los de la India, no sólo en la grandeza y proceridad pero
tambien en nunca perder la hoja, en lo cual, segun Solino, excede á
todas las tierras la India. Conforman tambien algunos árboles destas
nuestras islas con aquella, en criar cierta lana por fruto, de que
hilándola creo que se podrian vestir, puesto que no he visto que della
se aprovechen; de aquellos árboles hacen mencion Herodoto, libro III;
y Estrabon, XV, y Pomponio Mela, libro VIII, cap. 7.º. Hay otro harto
suficiente argumento, y es que, segun Plinio, libro X, cap. 42, y
Solino, en su _Polystor_, cap. 65, sola la India tiene los papagayos,
verdes por todo el cuerpo y el cuello colorado; pues ya está dicho que
en estas Indias destos hay inmensos. Es, finalmente, otro argumento
en la multitud de las gentes y naciones que en estas Indias hay, en
lenguas diversas, como dicen los autores antedichos de la India.
Refiere Herodoto ser los indios numerosísimos en multitud sobre todos
los mortales, y Diodoro que son muchas y varias gentes, y que nunca
colonias de naciones extrañas entraron á poblar en la India, sino que
todos son della naturales; la razon de la multitud dá Solino, conviene
á saber, porque nunca salieron destas tierras á buscar ni infestar
á otras, sino vivian en ellas pacíficos. Las naciones y multitudes
dellas, y diversidades de lenguas, que en estas islas y Tierra Firme
habia, cuando á ellas vinimos, tampoco se pueden por hombre alguno
encarecer, ¿cómo se podrian numerar? Por maravilla se hallará en
pueblo alguno, que, donde hobiese 100 vecinos casados, no haya 500 ó
700 personas procedidas dellos allí presentes y naturales; váse una
mujer por agua al rio, y lleva delante dos ó tres muchachos como los
dedos de las manos, y otro en los brazos, y otro dentro de la barriga,
y de esto más diremos adelante. Cuanto á la color, dice Estrabon que
los indios que están hácia el Mediodía son algo semejantes en la
color á los negros, pero no son crespos como ellos porque participan
de los aires húmedos y templados; los que están y viven más hácia el
Polo Ártico, que llama boreales, son semejantes en la color á los
naturales de Egipto. De aquí parece que nuestras Indias alcanzan mejor
aspecto de cielo, y mejor disposicion de tierra y clemencia de aires,
y otras causas particulares, y, por consiguiente, son las tierras más
templadas, pues las gentes dellas tienen mejor color y más llegada á
la mediocridad de los extremos dos, negro y blanco, que ninguna de las
de la India, que ha sido siempre tan nombrada y celebrada; la razon
es porque, segun Tolomeo en su Quadripartito, y Haly, su intérprete,
cap. 2.º, y Hipocras en el tratado _De Aere et aqua et regionibus_,
y Alberto Magno, en el libro II, cap. 3.º y 4.º _De Natura locorum_,
la causa de la color negra, en los hombres principalmente, es el
gran calor del sol en las regiones cálidas, el cual quema ó deseca y
ennegrece los cuerpos, y deseca los humores dellos, asa las caras y
rostros, y enmagrece los miembros, y así vence la complexion caliente
en los cuerpos, y, por consiguiente, su figura y color de sus cabellos
es segun la natura de los de donde salen, y, porque la complexion de su
naturaleza es muy cálida, necesariamente han de ser negros, y porque
los poros de sus cuerpos no son ductivos ni desembarazados, por la
sequedad del cuero por donde pasan, por tanto de necesidad han de ser
en gran manera crespos. Por el contrario, en las tierras que son mucho
frias, como las que están só el sétimo clima, que terná de latitud
de 50 hasta 63 grados, donde hace poco calor en el estío, y en el
tiempo del invierno mucho frio, que vence al calor, el cual incluye ó
encierra las fumosidades y vapores en los cuerpos, tapando ó apretando
la superficie ó tez de los cueros, por ende causa los cuerpos humanos
blancos, y por el encerramiento de las fumosidades son los cabellos
rubios, blandos, extendidos, ó, como dicen, correntíos, y porque por el
calor natural que está encerrado é incluso en los cuerpos se crian de
las fumosidades y vapores húmedos muchos humores, de aquí es que los
cuerpos de los tales hombres, naturalmente, son grandes, como parece
en los ingleses y alemanes y las otras gentes que moran só el sétimo
clima y dende adelante. De lo dicho se sigue, segun Haly, que los que
viven só la línea equinoccial, como participen de la templanza della,
son de color algo azafranada, ó, como decimos, loros, y porque, como
habemos arriba probado, todas estas indianas regiones, por latitud
1.800 leguas, son temperatísimas y felicísimas, algo más y algo ménos
segun la figura de los cielos, clemencia de los aires, y disposicion
de la tierra que unas provincias y tierras alcanzan más y mejores que
otras, de necesidad se sigue ser la color de todas estas gentes, entre
blanco y prieto, mediada, en unas partes más cercana á lo blanco y en
otras más á lo negro, pero en todas en mediocridad ó en mediana manera,
y, por consiguiente, los cabellos de todas son llanos, blandos, y
comunmente tiran más á negros, y todos correntíos, segun todo lo dicho
vemos asaz por larga experiencia. Y así parece, que de la color destas
gentes podemos la templanza de este orbe, y de la templanza misma
su color y tambien sus costumbres y sus entendimientos, como luégo
veremos, argüir.
CAPÍTULO XXIII.
Despues de haber dado noticia particularizadamente de las calidades
y bondades desta isla Española, cuanto al sitio y figura del cielo y
disposicion de la tierra, con todo lo á ésto perteneciente, y en comun
la misma materia tratado de todas estas Indias, resta en los capítulos
siguientes, segun al principio de este libro prometimos, hablar de lo
que concierne á las gentes naturales vecinos y habitadores della, y
despues, consiguientemente, trataremos en universal lo que conviniere
decir de todas las otras naciones de que hallamos lleno este Mundo
Nuevo, de las cuales, para consecucion del fin que pretendemos, cinco
consideraciones principalmente con el favor divino explicaremos. La
una declarará la disposicion y habilidad natural en lo tocante á los
actos del entendimiento y á las otras potencias que al entendimiento
sirven; la segunda mostrará las especies de prudencia de que usaban, y
con que se regian; la tercera, cuál fué y de qué especie la gobernacion
que tuvieron; por la cuarta se verá sus costumbres malas y buenas,
que á la voluntad concierne; la quinta conterná, dar noticia de la
religion, ritos y supersticiones que tenian, como gentes desiertas de
gracia divina y de verdadera doctrina. En todo lo cual se cotejará y
haremos comparacion destas otras naciones del mundo, pasadas mayormente
y tambien presentes, porque cognoscan los imperitos y cudiciosos, que
toman por achaque y color para las sojuzgar, robar y consumir, ser de
bajo entendimiento, ser infieles, idólatras y de corruptas costumbres,
no ser solas en el orbe, ni tampoco las peores que hobo en él; que
si nosotros y otras naciones fuímos y fueron con la predicacion de
la fe más temprano que aquestas socorridos, que no fué por faltarnos
idolatría y supersticiones, y bestialidades y vicios, ni por haberlo á
Dios más que ellas merecido, sino sola por su inmensa bondad y gratuita
liberalidad, por lo cual quiso prevenirnos, no dándonos licencia por
este privilegio para menospreciar y maltratar las otras gentes, de las
cuales, por ventura, tiene la Providencia divina más predestinados que
de nosotros, puesto que primero á su cognoscimiento hayamos venido.
Cuanto, pues, á lo primero, es de considerar que tener los hombres
habilidad natural de buenos entendimientos puede nacer de concurrir
seis causas naturales ó algunas dellas, y éstas son, la influencia del
cielo, la una; la disposicion y calidad de la region y de la tierra
que alcanzan, la otra; la compostura de los miembros y órganos de
los sentidos, la tercera; la clemencia y suavidad de los tiempos, la
cuarta; la edad de los padres, la quinta, y la bondad y sanidad de los
mantenimientos, que es la sexta. La influencia de los cielos, cuando
es buena y favorable, disponiendo los cuerpos y miembros humanos en
buena y conveniente proporcion, ayuda y aprovecha mucho á la perfeccion
y grado de nobleza del ánima cuando es infundida en el cuerpo, y, por
consiguiente, aquella persona será de más sotil entendimiento. Esto no
lo pueden causar los cielos directamente, porque, como nuestra ánima
sea espíritu inmaterial, los cuerpos no pueden obrar bien ni mal en
las cosas inmateriales; pueden, empero, los cuerpos celestiales causar
indirectamente algo en el ánima, en cuanto influyendo en el cuerpo,
más ó ménos, mejor ó peor, más capaz ó ménos capaz lo disponen, para
que reciba el ánima, y en el instante de su efusion queda determinada
en sus grados de bondad, ó de no tan buena cuanto á lo natural (no
á lo moral sino natural digo), el ánima. Y de aquí es, que segun la
capacidad del cuerpo se mide la capacidad del ánima, y así unos
hombres tienen el ánima más perfecta ó ménos perfecta que otros; la
razon es, que como la natura del ánima sea natura espiritual que se
comunica al cuerpo humano, y ella, segun ella, no tenga término, porque
no es cosa compuesta, por ende puédese comunicar más y ménos, segun que
el cuerpo á que se comunica es más capaz, y, por consiguiente, segun la
capacidad del cuerpo es el término de la naturaleza del ánima en los
hombres. Y esta es la causa porque vemos y parecen algunos hombres más
sotiles y más ingeniosos que otros, y de las virtudes naturales del
ánima más adornados, segun que el ánima no igualmente es comunicada en
diversos cuerpos, permaneciendo siempre la misma, segun su especie.
Y este término recibe el ánima de la disposicion del cuerpo que la
recibe, porque el cuerpo humano es apto naturalmente para ser informado
de tal ánima, segun las disposiciones que en él son, y ningun cuerpo
otro sería capaz para rescibir tal ánima, porque la naturaleza entiende
siempre disponer tal cuerpo para tal ánima, de donde se sigue ser
algunos cuerpos humanos más capaces de ánimas que otros; y puede llegar
esta diferencia, de mayor y menor disposicion, hasta haber ánima, en
algun cuerpo determinado, en todos los grados de perfeccion que le
puedan competer, segun es posible en la especie humana. De aquí es, que
si Dios quiere infundir un ánima perfecta, que tenga todas las virtudes
naturales, comienza del cuerpo, el cual le dá tal que convenga á tan
excelente ánima. Y así, segun la diferencia de la disposicion de parte
del cuerpo, así consigue los grados diversos en la comunicacion del
ánima; y esto necesariamente suele ser, que segun el cuerpo de alguno
en la infusion del ánima fué más y mejor dispuesto, y más capaz de la
forma que el cuerpo de otro, el ser del ánima de aquél es determinado
más perfecto, y segun más perfecto grado de naturaleza que el de otra
ánima: y por esta causa pensaron algunos ser las ánimas en los hombres
tales, cuales hicieron ser los cuerpos celestiales. Así lo toca el
Filósofo en el III _De Anima_, cap. 3.º, alegando á Homero, que decia
ser tal el entendimiento de cada uno, cual lo dió en el dia el Padre de
los varones y de los dioses, conviene á saber, el sol ó los planetas
en el dia de la concepcion de cada uno; desde allí se comienza á tomar
el indicio, y por el nacimiento de cada uno, de las condiciones ó
inclinaciones del que nace, no por otra causa sino porque los cuerpos
celestiales, influyendo sobre el cuerpo humano su natural virtud, lo
disponen ántes que el ánima se le infunda para que sea tal ó tal, y
segun lo que requiere aquella disposicion así se siguen los grados en
el ánima. Lo cual tambien aprueba Salomon en el libro de la Sabiduría,
cap. 3.º, _Puer eram ingeniosus et sortitus sum animam bonam_. Venir en
suerte al hombre ánima buena, es cuasi rescibir por buena suerte ánima
en lo natural perfecta, y solemos decir que aquello habemos por suerte
y por ventura, que no es en nuestra mano ni poder sino que de otro
depende; y allí no se entiende ánima buena moralmente virtuosa ó santa,
porque ninguna ánima nace tal, sino los que son santificados en el
vientre de sus madres, sino entiéndese naturalmente hábil é sotil en el
ingenio y buen entendimiento, y bien inclinada en la voluntad. Y desta
manera se entiende causar los cielos, por sus influencias, en nosotros
buenos y sotiles ó no tales entendimientos, y por consiguiente,
indirectamente y de recudida, como dicen, ayudan los cielos mucho á la
perfeccion y grados, mayor ó menor, de la nobleza natural de nuestras
ánimas. Y así parece que segun la diversidad de los cuerpos, proviene
la diversidad de las ánimas, y ser los hombres más ó ménos entendidos,
naturalmente sabios ó de poco saber; pero no por eso se sigue que haya
diferencia específica en las ánimas, como todas sean de una especie y
á ésta no pueda diversificar la diferencia material, que es de parte
del cuerpo, ni el ménos ó más ó mejor entender, que es diversidad
accidental, puede causar diferencia en la especie. De esto trata Santo
Tomás en la primera parte, cuestion ochenta y nueve, artículo 7.º, y en
el II de las Sentencias, distincion treinta y dos, cuestion segunda,
artículo tercero.
CAPÍTULO XXXIII.