Hay en esta Isla asimismo unos árboles que los indios llamaban xaguas;

árboles son hermosos y copados como naranjos, pero mucho más altos y

la hoja verde escura, no me acuerdo á qué la pueda comparar; tiene

una fruta de hechura de huevos grandes de abutardas, blanca la tez y

dura por de fuera, lo de dentro no hay á qué lo pueda comparar de las

cosas de Castilla. El zumo desta fruta es blanco y poco á poco se hace

tinta muy negra, con que teñian los indios algunas cosas que hacian de

algodon y nosotros escribíamos. Este zumo ó agua de las xaguas tiene

virtud de apretar las carnes y quitar el cansancio de las piernas, y

por esto se untaban los indios las piernas principalmente y tambien

el cuerpo; despues de pintada se quita con dificultad en algunos dias

aunque se lave. Estos mismos árboles y la misma fruta, á lo que parece,

porque ninguna diferencia parece tener, hay en la isla de Cuba, y allí

tambien los llamaban los vecinos naturales de allí xaguas; dándoles

con un palo ó piedra, porque son duras, y poniéndolas juntas muchas

dellas á un rincon, tres ó cuatro dias ó pocos más, se maduran y se

hace la carne dellas muy zumosa ó llena de un licor dulce como miel y

cuasi de la color de miel, que las hace como una breva muy madura, y

tan dulcísimas, que pocas ó ninguna fruta les hace ventaja de las de

Castilla, pero en esta Isla española no las comian los vecinas della,

ó porque no cayeron en ello, ó porque por ventura son aquéllas de otra

especie, aunque no lo parecen por ningun indicio. Otro árbol hay muy

provechoso en esta Isla, y es el que llamaban los indios hibuero, la

sílaba penúltima luenga; éste produce unas calabazas redondas como una

bola y no mayores comunmente, aunque algunos las echan un poco luengas,

están llenas de pepitas y carne blanca como las de Castilla, y son tan

tiestas y duras las teces despues de secas, por de dentro y por de

fuera, no como las de Castilla, que son fofas y fácilmente se quiebran,

sino como si fuesen de hueso; sacada la carne y las pepitas, servíanse

dellas de vasos para beber y de platos y escudillas. Hay tambien unos

arbolitos tan altos como estado y medio, que producen unos capullos que

tienen por de fuera como vello, y son de la hechura de una almendra

que está en el árbol, aunque no de aquella color ni gordor porque son

delgados y huecos; tienen dentro unos apartamientos ó venas, y estos

están llenos de unos granos colorados pegajosos como cera muy tierna

ó viscosa. Destos hacian los indios unas pelotillas, y con ellas se

untaban y hacian coloradas las caras y los cuerpos, á jirones con la

otra tinta negra, para cuando iban á sus guerras; tambien aprieta esta

color ó tinta las carnes. Tírase tambien con dificultad, tiene un olor

penetrativo y no bueno; llamaban esta color los indios bixa. Almácigos

tambien hay muchos, segun decia el Almirante; si almácigos son aquellos

que él decia, no siento á qué los comparar, y nunca vide que se probase

sacar dellos almáciga. Hay otro árbol en esta Isla que los indios della

llamaban cupey, la penúltima sílaba luenga, del cual se puede alguna

cosa nueva referir; es árbol más alto que un alto naranjo, aunque no

así copado sino algo más abierto, tiene tres cosas notables, la una

las hojas, que son tan grandes y cuasi de la hechura de un azuela de

hierro de un carpintero, imaginándola que sea lo agudo della redondo,

y sin gavilanes; es muy verde y escura y hermosa, gruesa como un

real y tiesta, no floja, y por esto con un alfiler, y mejor con un

palillo agudo, escribe el hombre todo lo que quiere, y luégo señálase

la letra amarilla, de un sudor ó zumo cuasi como el de la çabila, y

desde á poco tórnase la letra blanca; deste papel, y péndolas, por

falta del de Castilla, los tiempos primeros en esta Isla usábamos. La

otra cosa es la fruta que produce aqueste árbol, no para comer, ni

hay á qué comparalla sino á unas rosas no llanas de madera que ponen

sobre las cuatro varas de las camas de campo, doradas, bien hechas,

con unas coronillas encima cuasi de la forma de las adormideras; por

de fuera son blancas y que tiran á verdes claras, puesto que se abren

ó desquebrajan, lo de dentro es pez negra, con que se puede cualquiera

cosa, como con pez, empegar; tiene algunas pepitas que comen las aves,

ó lo que con ellas está pegado. La tercera cosa es más notable, que

cuando las aves están en este ó en otro árbol, y en él purgan algunas

de las dichas pepitas, las que páran ó se pegan en el árbol allí nacen

como si las ingiriesen, y lo que nasce son unas raíces del gordor de

una lanza muy lisa, y todo su crecer es ir cara abajo á buscar la

tierra y despues en ella arraigarse, y, echadas raíces, nasce della

otro árbol como el que la fruta hobo dado; estas raíces, descendiendo

hácia abajo, como el árbol es alto, son de 25 y 30 y más palmos, y

éstas son muy lindas astas de lanzas, todas muy derechas y muy nervudas

y lisas, que no han menester dolallas ó alisallas. Y deste árbol, que

digimos llamarse cupey, salen de la manera dicha las varas de lanzas,

y no, como algunos piensan, de los árboles que se llaman xaguas.

Estrabon, en el libro XV de su Geografía, refiere haber en la India,

que está más al Mediodía, unos árboles grandísimos, que algo parecen

á lo que deste cupey habemos dicho, aunque digno de mayor admiracion.

Destos dice que sus ramas, despues que han crecido hasta grandor de

12 codos (debe ser en soslayo y no hácia arriba), van creciendo para

abajo en busca de la tierra, y llegadas en la tierra echan allí raíces,

y dellas nasce otro árbol como él mismo, el cual, despues de criado

y las ramas crecidas como las primeras, van cara abajo buscando la

tierra, y echan sus raíces, y dellas crece otro árbol, y así de uno

se hacen muchos, y de todos se constituye una como cámara ó pabellon

grande puesto sobre muchas columnas; de aquí podemos colegir que estas

nuestras Indias son parte de aquella nombrada India. Otro árbol hay,

principalmente en la provincia de Higuey, hácia la costa de la mar,

y más cantidad en la isla de la Saona y por aquellas isletas, que

los indios llamaban guao, la primera sílaba luenga, el cual será, el

más alto, de estado y medio de un hombre, que con sus ramas no hace

mucho bulto, árbol seco y estéril, y así no se halla sino entre peñas,

cuya hoja es como la coscoja ó carrasco que queman en los hornos en

Castilla, con sus espinitas al rededor de la hoja, y tambien tiene

algunas por las ramas y todo él (á lo que creo, porque ha dias que no

lo vide); la leche deste árbol es ponzoñosa, y della y de otras cosas

hacen los indios la yerba que ponen en las flechas con que matan.

Andando por los montes destos árboles, como son espesos y bajos y los

caminos angostos, tocando las ramas en la cara, con las espinillas,

parece que salpica la leche, y luégo se hincha la cara y abrasa como

si se cubriese de la que llamamos del monte, y por muchos dias no se

quita y amansa, y esto comunmente hace daño á las caras de los hombres

que son muy blancos y delicados y flemáticos, á los coléricos y que

tiran en el pelo á çaheños y á los bermejos ningun daño hace; y á mí me

dieron las ramas muchas veces en la cara y nunca me hizo mal, porque no

soy de los muy blancos ni flemático. Fuera de las provincias y tierra

que dije, por toda esta Isla no hay este árbol guao, sino uno de cuando

en cuando, porque toda la tierra, fuera de aquella que es estéril, en

esta Isla es fertilísima, que sean montes ó valles.

CAPÍTULO XV.

Hay otro árbol de que se hace artificiosamente el bálsamo, que llaman

en esta Isla bálsamo; este árbol será como pequeños naranjos, la hoja

tiene verde escura, del tamaño de medio real ó poco más, cuasi es de

la forma de un corazon; donde yo lo he visto es en el monte, una legua

pasando de la villa de Santiago, yendo camino de Puerto de Plata y

por los montes por allí adelante. Hácese por arte desta manera: Que

los palos ó rajas dél se cortan muy menuditos con una hacha (y mejor

es azuela, porque cuanto más menudos se cortaren mejor es); estas

cortaduras, en cantidad de dos celemines ó tres, échanse en un lebrillo

grande que quepa dos arrobas y áun media más lleno de agua, y así,

con esta proporcion, más ó ménos segun la cantidad de la madera el

agua proporcionable; déjase así estar remojando ocho dias, despues, en

una caldera muy limpia, pónese á cocer, y mengua de cuatro las tres

partes; cocido y menguado así, en muchas escudillas se echa y reparte,

poniéndolo al sol dos ó tres dias, el cual se espesa como miel y pára

de color de arrope ó de miel algo escura, y el olor cobra algo suave.

Yo lo he hecho hacer por este modo y salió mucho bueno, y obra de un

cuartillo ó poco más que envié á Castilla á cierta persona, en el año

de 28 ó 30, lo vendió, segun supe, por 20 ducados. La experiencia que

deste licor se tiene hoy es, que para cualquiera herida donde salga

sangre, ó donde no haya miembro ó nervio ó casco cortado, puesto en

ella caliente, bien empapada y atada, no es menester más de una vez

curalla. Las palmas desta Isla son muy provechosas, mayormente las

que tienen las hojas y ramas como las de Castilla, porque hay otras

especies de palmas que las tienen tiestas y como una mano abiertos los

dedos, ó como la hoja de las de los palmitos de Castilla, sino que las

de Castilla están parradas con el suelo y éstas son altas tres y cuatro

estados dél, y destas hay dos ó tres maneras dellas, y el provecho que

hay dellas es cobrir las casas en algunas partes desta Isla con ellas.

Nacen comunmente en los lugares no fértiles, y no en montañas sino en

llanos rasos, pero las primeras que dije, que tienen las ramas y hojas

como las de Castilla, éstas son muy hermosas y provechosas, fértiles,

y nunca se hallan sino en tierra muy fértil, de muchas aguas y rios

cerca; éstas son muy altas, tanto y más que las de España, porque

tienen 10, y 12, y 15 brazas en alto, y muy derechas, el mástel dellas

no es á pencas como las nuestras, sino lisas y duras, mucho más que si

fuesen de hueso. Son huecas, pasados dos dedos buenos de gordo, que

tiene lo que digo, que es muy dura, y están llenas de unas hilachas,

las cuales quitadas ó sacadas, que se quitan y sacan fácilmente, quedan

como una culebrina ó lombarda, que suelen servir, enteras ó partidas

por medio, de canales por donde venga el agua para edificios, en

especial donde se hace el azúcar, que se llaman ingenios; desta madera

hacian los indios las que llamaban macanas. Llegando á lo alto, que es

pasando todo lo que digo ser duro como hueso, comienza el palmito, que

terná seis palmos y siete de alto, y terná de grueso como un hombre por

la cintura y más grueso, y es algo más que el mismo mástel que viene

desde el suelo; este palmito, que dije tener seis y siete palmos, está

vestido de unas hojas que los indios llamaban yaguas, la última breve,

de las cuales tiene 10 y 12 tantas cuantos son los ramos de la palma

y unas sobre otras; las primeras, como se van secando, las despide

la naturaleza, y como aquéllas caen las segundas son ya primeras, y

despues las otras, y entre tanto que unas están para caer, otras se

crian de nuevo, y así nunca faltan unas y otras perpetuamente. Son por

la parte de fuera algo verdes y por la de dentro blancas, despues de

secas quedan en la misma color con poca diferencia; despues de caidas

en el suelo son tan anchas y tan largas, y cuasi de la forma y manera

que un cuero de un grande becerro, y así tienen lomo é ijadas; con una

se cubre un hombre del sol y del agua sin mojarse un pelo, y no las

pasa el agua más, ántes ménos, que á un grueso cuero. Con estas se

pueden cubrir y cubren las chozas, andando camino, y áun en los pueblos

las casas; son, finalmente, para mil provechos y cosas buenas. De lo

postrero ó que es más alto de cada yagua, nace un ramo, y cuando cae á

su tiempo que se despide la yagua, cae el ramo, porque en ella, como

dije, es originado; de cada yagua, como dije, sale un grande ramo de

la misma hoja y manera de los de España que llevan los dátiles, y así

hacen arriba la copa muy graciosa y muy ancha. No llevan fruto sino

aquellos como manojos blancos en que las de Castilla producen dátiles,

y en aquellos nacen ciertas contecitas no grandes. El palmito, desnudo

de siete ó de ocho yaguas y otras cortezas que se siguen á ellas muy

albas ó blancas, ántes que se llegue á lo comestible, es muy dulce

todo él, con muchos cogollos que dentro de sí contiene, y la cabeza en

especial que comienza, como dije, donde el mástel todo acaba, y ternan

en él que comer 20 hombres y más, como sea tan grande. Nogales hay

algunos pero muy raros, y no sé que los haya sino en lo alto de las

minas de Cibao, la provincia que dije llamarse Haytí, la última sílaba

aguda, de donde se denominó toda este Isla; las nueces que echan no son

de provecho alguno, porque todo lo de dentro es madera y cuasi nada

tienen de meollo; si los ingiriesen por ventura se harian domésticos

y darian buen fruto. Zarzasmoras hay algunas pero cuasi sin fruto,

porque las morillas que hacen valen poco. Parras montesas de las que

se cree que Noé plantó la viña, que en latin se llaman _labruscas_, y

que dán de sí uvas tintas menudas pero verdaderas uvas, en diversas

partes desta Isla, en los montes apegadas á otros árboles, hay muchas;

son acedas porque nunca bien maduran, madurarian segun yo creo, si las

cultivasen y les diera el sol y el aire, lo que no tienen por estar

en los montes pegadas á los árboles y siempre á la sombra; la hoja no

la tienen escotada por dos partes como la de Castilla, sino una sola,

es sin aquello algo más luenga que redonda, pero arpada á la redonda.

Cañas y cañaverales hay infinitas en esta Isla, en todos los rios y

arroyos y riberas dellos hasta entrar en el agua, y siempre es muy

fértil y viciosa la tierra, más que otra, donde las hay; difieren de

las de Castilla en esto, que son cuasi macizas porque están llenas de

hilos de la misma natura, puesto que por de fuera tienen sus ñudos y

señalados los cañutos. Jamás se quiebran por medio, aunque con un trozo

dellas dén muchos y grandes golpes en cualquier cosa, si no rájanse

por muchas rajas ó hendeduras de alto á bajo; las hojas y hermosura

dellas propias son como las de Castilla, sino que todavía muestran ser

más silvestres y no tan delicadas. Carrizos hay tambien muchos en las

ciénagas y lagunas ó lagos; estos son huecos los cañutos como los de

España, y con estos mondados, porque son muy lindos, los indios hacian

lazos y adornaban sus casas. Hay otras infinitas especies de árboles

silvestres, á muchos de los cuales tenian puestos nombres los indios y

de otros creo que no curaban nombrallos, muy diferentes en hoja y en

madera de los de España.

CAPÍTULO XVI.

Cuanto á las yerbas, son inmensas las que hay en esta Isla y de

especies diversas, y que creo que de gran virtud medicinales, porque

son muy hermosas y pintadas, como con tijeras cortadas muchas dellas,

que luégo parece haberlas naturaleza por su virtud señalado. Una yerba

conozco yo que es como una lechuga de pocas hojas, y está parrada con

el suelo, y comunmente está en los rasos y çabanas, con el zumo de

la cual el flujo de la sangre de las narices se estanca echándose la

persona en el suelo ó sobre una mesa, la cara arriba, exprimiendo de

aquel zumo algunas gotas por la ventana de la nariz por donde sale la

sangre. De las de Castilla, que acá son y eran, cuando los primeros

venimos, naturales, las que yo he visto y conozco son las que aquí

nombraré: Helecho muy alto y grande, hay en las sierras comunmente

que tienen yerba y son de montes muy claros en gran abundancia,

culantrillo de pozo, cerrajas, creo que doradilla, llanten, verdolagas,

y éstas me acuerdo que llamaban los indios manibari, la penúltima

breve; bledos de dos maneras, unos muy verdes y otros colorados y

muy grandes, salvo que tienen algunas espinas; ortigas, yerba-mora,

altamisa muy grande y muy buena, manzanilla, á lo que parece sin olor

alguno; los boticarios dicen que hay otras muchas de las que hay en

España, que los que no las conocemos no tenemos cuenta con ellas.

Una otra yerba, natural desta Isla, nasce á las riberas y junto al

agua de los rios, en la tierra de las hoyas, que es muy fértil y muy

blanda para sembrar en ella cualquier hortaliza; esta yerba llamaban

los indios _y_, es muy fresca y muy verde y muy graciosa, tiene la

forma de un corazon en plano, y es tan ancha como muy poco ménos que

dos manos, críase y cunde todo el suelo sin levantarse como la hiedra

ó las calabazas, pero las correas donde nace son muy más hermosas y

sotiles y delgadas que la de la hiedra ni calabazas; tiene un poco de

buen olor, y con ella se lavaban los indios, hombres y mujeres, como

siempre acostumbraban. Tiene la virtud del jabon para lavar ropas, en

especial de lienzo, puesto que los españoles no han curado della para

en esto della se aprovechar. Algunas veces se han purgado con ella á

tiento y sanado de calenturas, no sabiendo á qué indisposicion se ha

de aplicar: cómenla muy bien los puercos y engordan con ella. Otra

yerba hay que es como cebollas albarranas, la cual es muy buen jabon

para lavar ropa, puesto que creo que mucho la gasta. Hay juncia de

la de Castilla, y tambien la que llamamos enea, de donde salen los

que nombramos bohordos; en las ciénagas y lugares de muchas aguas hay

muchas malvas de las de Castilla. La yerba comun, de que todos los

llanos que llamaban los indios çabanas, la penúltima luenga, y las

sierras que no tienen arboledas, están llenas, es yerba hermosísima

y odorífera, delgada y muy alta, que poco ménos por alguna y muchas

partes un hombre se cubria, pero en general pasaba de la cinta. Entre

esta yerba se criaba otra yerba muy delgada que parecia lino en cerro

ya seco, cogido, raspado y adobado para hilarse, y podré decir que era

muy más linda, con la cual cobrian los indios sus casas, que llamaban

bohíos, la penúltima luenga, que la hermosura y limpieza della, y de

las casas della cubiertas, eran verlas alegría. Era muy más hermosa

y espesa y alta la de las vegas, y sobre todas la de la Vega Real;

quien agora viere las vegas, y mayormente la Grande, parecerle ha que

nunca en ellas hobo tal yerba, porque están tan pacidas y comidas de

los infinitos ganados que en ellas hay, que no es salida de la tierra

cuando es comida y raida; pero lo dicho es verdad.

CAPÍTULO XVII.

De todas las cosas referidas de esta Isla, se puede bien colegir su

salubridad y templanza, así por su sitio, por respecto del aspecto y

figura del cielo, como por la figura y disposicion de la misma tierra;

puédese tambien luégo entender la bondad, fertilidad, templanza y

sanidad de todas estas Indias, si se considerase lo que las otras islas

y Tierra Firme y partes della están desta distantes; pero, para mayor

noticia y claridad desto, es bien de notar, que así como los médicos

dicen que para conocer la naturaleza y disposicion del cuerpo humano es

necesario considerar, no sólo la raíz ó la causa superior y universal,

conviene á saber, el cielo ó cuerpos celestiales y su disposicion y

movimientos, pero tambien debe el médico de tener consideracion de la

raíz ó causa inferior, y ésta es la complexion y disposicion de la

persona, por esta misma manera es en el propósito, conviene á saber,

que para haber noticia de las tierras si son aptas y dispuestas para la

habitacion humana, si son templadas ó destempladas, sanas ó enfermas,

si son pobladas ó frecuentadas mucho ó poco de los hombres, se requiere

que tengamos noticia y conocimiento de la causa universal, que es el

cielo, conviene á saber, de la moderacion, ó mediocridad, ó templanza,

ó exceso y destemplanza que se causa por la distancia ó propincuidad

de la vía ó camino del sol, porque la mucha distancia causa el mucho

frio, y la mucha propincuidad ó vecindad causa el excesivo calor, y

tambien de las causas particulares ó especiales por respecto de la

tierra y disposicion della. Y de aquí es, que puede acaecer y acaece,

que, por el aspecto y figura del cielo, esté alguna tierra favorecida,

y dispuesta por su templanza y mediocridad para la habitacion humana,

y para los animales, arboledas y frutos de que los hombres tienen para

vivir necesidad, y por las causas inferiores, conviene á saber, por

la disposicion de la tierra, de sierras ó valles ó aires, ó de otros

inconvenientes que concurren, no sea proporcionada ni conveniente

para ser habitada ó mal habitada ó del todo inhabitable; y por el

contrario, por el aspecto y figura del cielo ser desconveniente y

desproporcionada para habitarse ó ser naturalmente inhabitable, y

por la buena disposicion, sitio y compostura della y de los montes y

valles y aires que en ella hay, ser convenientísima y proporcionable

para la habitacion humana. Cinco causas particulares se pueden colegir

de lo que dejaron escrito los filósofos y astrólogos, como abajo se

dirá, que pueden concurrir, ó alguna dellas, para que alguna tierra

sea mal habitada ó del todo inhabitable, aunque en conveniente y

proporcionada distancia del sol: La primera, por ser aquella tierra

cubierta de algun pedazo de mar ó de otras aguas dulces, como lagunas,

ó lagos ó ciénagas. La segunda, porque la tierra es estéril é

infructuosa, que ni nace yerba ni árboles como los arenales de Egipto

ó de Etiopía. La tercera, cuando está ocupada de serpientes ó malas

bestias, como en algunas partes de Etiopía y en otras de la India ó

Taprobana son algunos montes, que llaman de oro ó dorados, llenos de

grifos y hormigas y otras bestias, como abajo si viniere á propósito,

placiendo á Dios, se dirá. La cuarta, por la disposicion ó figura de

algunos lugares ó montañas, montes ó valles, que son inhabitables por

el exceso de calor ó frio que en ellos por su mala postura ó sitio

hace. La quinta, por razon de ser el aire de aquella comarca mucho

y demasiadamente sotil, ó en mucho exceso grueso, espeso y tupido,

ó por otra causa particular. Por el contrario es posible que suceda

en tierras cuyo sitio está en disconveniente y desproporcionada

distancia del sol (las cuales, cuanto al aspecto y figura del cielo,

fueran inhabitables ó mal habitables), por el concurso de cinco causas

contrarias á las cinco susodichas, conviene á saber, siendo la tierra

enjuta de agua de la mar, y de lagunas, y de ciénagas, que es contrario

de la primera; y siendo la tierra fértil, fructuosa de yerbas, árboles

y fructos, y el terruño grueso, jugoso y de buena color, que es

contrario á lo segundo, y que carezca de bestias fieras y ponzoñosas,

contrario de la tercera; y porque es tierra exenta, descubierta, no

avahada ni sombría, las sierras ó montañas altas de cara el sol, los

valles no cubiertos de espesas nieblas, que es contrario de la cuarta;

los aires de la comarca no demasiadamente sotiles ni gruesos, sino

llegados á mediocridad, que es contrario de la quinta causa. De aquí

es lo que de los montes Hiperbóreos se dice, los cuales, por la figura

del cielo, están en la extremidad del mundo, debajo del polo Artico ó

del Norte, el cual tienen encima de la cabeza, y la línea equinoccial

por horizonte, y el dia es de seis meses y de otros tantos la noche,

que habian de ser inhabitables por el excesivo frio; empero cuentan

dellos las historias que moran en ellos unos pueblos y gentes que dicen

ser beatísimas, que nunca mueren, sino, de hartos y cansados de vivir,

se suben á una peña altísima de donde se despeñan en la mar. Así lo

cuenta Plinio en el libro IV, cap. 12, y Solino en su _Polystor_, cap.

26, y Pomponio Mela, libro III, cap. 5. Estrabon, libro XV, dice que

algunos tenian por opinion que vivian mil años: dellos tambien habla

Macrobio _De Somno Scipionis_, libro II, y Diodoro tambien dice dellos

muchas cosas, en especial de su religion, libro III, capítulo 11, y

otros autores, de los cuales algo hablamos en el cap. 7. La razon de

aquello, asigna Lyconniense, segun refiere Aliaco en el tratado _De

Imagine mundi_, capítulo 12, diciendo que aquello acaece por la figura

y disposicion de aquellos montes, porque tienen la superficie hácia

el sol polida ó de su naturaleza clara y cóncava, y por esto reciben

y retienen la lumbre del sol, y por consiguiente el calor soficiente

para que no haya por allí tanto frio, y sean defendidos y conservados

los moradores de aquellos montes, que los vientos naturales de la

region, que son frios, no les sean nocivos y empecientes. En estas

nuestras Indias tenemos tambien ejemplo de lo que decimos, y es en

la línea equinoccial, la cual, por respecto del cielo, es manifiesto

estar debajo de una figura y constelaciones en todas partes y en

igual latitud, como esté medio por medio del mundo, pero en muchas

partes, así en la mar como en la tierra hácia las provincias del Perú,

es tierra templada, y en la provincia del Quito debajo de la misma

línea; en las sierras, por nieves, hay algunos pedazos inhabitables,

y en la isla de Santo Tomé, que tienen los portugueses y está debajo

de ella, apénas es habitable por mucho calor: esto no puede ser sino

por razon de la tierra y su dispusicion. Lo mismo es de las islas de

Cabo Verde, las cuales están en la misma altura con ésta, y aquéllas

son por el mucho calor mortíferas, y ésta por su amenidad felicísima

y vivificativa. Y así parece que si las causas especiales aptas para

la buena habitacion concurren, aunque la universal fuere contraria,

sería posible ser la tal region de buena y saludable habitacion,

no embargante la contrariedad de la universal y superior; de aquí

mucho con más verdad se sigue, que si la causa universal y superior

es favorable y concurren ó convienen con ella las especiales é

inferiores, conviene á saber, que el aspecto y figura del cielo por

sus salubres influencias favorezca, y la tierra por la mediana y

cómoda distancia del sol sea situada en buena proporcion, y así sea

fértil, enjuta, descubierta y bañada de buenos aires ó vientos, y de

ciénagas y hediondez ó pudrimiento y otros inconvenientes apartada,

esta tal region será mucho bien templada, muy apta y dispuesta para

la habitacion humana, y dignísima de ser de hombres frecuentada

y poblada; y así es verisímile que debe ser la tierra del Paraíso

terrenal y todas las tierras que son muy habitadas y pobladas. De

todo lo susodicho en este capítulo se puede colegir manifiestamente

la salubridad, fertilidad, y sanidad, felicidad, y poblacion desta

Isla; la razon es, porque en ella concurren, juntamente, la causa

universal que es el aspecto y figura del cielo, y la cómoda y mediana ó

mediocridad de la distancia del sol, y concurren asimismo con la causa

universal susodicha las cinco causas ya dichas especiales favorables, y

que por sí solas pudieran bastar. Cuanto á la causa superior y figura

del cielo y distancia convenible del sol, parece porque como esta

Isla, segun en el capítulo 1.º digimos, esté en 16, y 17, y 18, y 20

grados, y el mayor dia del año no pase de 13 horas con algunos minutos,

y la noche no mengüe de 11 ménos aquellos minutos, lo cual es poca

distancia y hay poca diferencia de la templanza que hay en la línea

equinoccial por la igualdad del dia y de la noche, como en otra parte,

por sentencia de Avicena y otros filósofos, digimos, y por experiencia

sabemos ser así verdad, luego el aspecto del cielo y distancia

convenible del sol, y así la causa superior y universal, concurren á

la salubridad, fertilidad, sanidad, felicidad y poblacion de esta isla

Española, y á ser de su naturaleza bien habitable. Esto se corrobora,

porque segun Aristóteles, en el libro «De las causas de las propiedades

de los elementos», y Avicena é Hipócrates y todos los astrólogos

y matemáticos y filósofos, la raíz de la felicidad y fertilidad y

habitacion de las tierras es la igualdad, ó templanza, ó mediocridad,

y ésta procede de la igualdad del dia y de la noche, porque cuanto el

dia escallenta el calor del sol, tanto enfria el frescor de la noche,

pues como esta Isla tenga una hora no más, ó poco más, de dia, cuando

mayor es el dia de todo el año, y aquélla ménos de noche, y ésta sea

muy poca diferencia de la igualdad y templanza que alcance la línea

equinoccial, síguese que muy poco ménos de templanza tenga esta Isla

en el mayor dia del año que la línea equinoccial, y, por consiguiente,

cuando vuelve el sol y va creciendo la noche hasta subir á 13 horas, y

menguando el dia hasta 11, de necesidad en esta Isla se ha de seguir

deleitable habitacion. De aquí es, que desde mediado Setiembre, que es

el equinoccio austral, hasta todo Abril, que son siete meses y medio,

es muy buena y muy deleitable por toda esta Isla la habitacion humana,

y los cuatro meses y medio que son, Mayo, Junio, Julio y Agosto y

mediado Setiembre, hace los calores (y más son bochornos que calores),

porque entónces son las aguas comunmente; y áun este calor no es

demasiado en muchas partes della, sino son las provincias que están á

la costa ó ribera de la mar del Sur, y esto proviene por el aspecto ó

figura del cielo y la conveniente distancia del sol, y así por la causa

universal y superior.

CAPÍTULO XVIII.

Historia de las Indias (vol. 5 de 5) · 第 25 / 41 段