Los mantenimientos que habia en esta Isla naturales fueron el pan de

raíces, de que abajo se dirá; cuanto á la carne, habia unos conejos

de hechura y cola propia de ratones, aunque poco ménos grandes que

conejos de los de Castilla, muy sabrosa y muy buena carne, y comunmente

vivian y criaban entre la yerba, y no en los montes, no en madrigueras

ni cuevas, sino en la superficie de la tierra, de los cuales habia

infinitos. Estos eran de cuatro especies; una se llamaba quemí, la

última sílaba aguda, y eran los mayores y más duros; la otra especie

era las que se llamaban hutias, la penúltima luenga; la tercera los

mohics, la misma sílaba luenga; la cuarta era como gazapitos, que

llamaban curics, la misma sílaba tambien luenga, los cuales eran muy

sanos y delicatísimos. Tenian unos perrillos chiquitos como los que

decimos de halda, mudos, que no ladraban sino gruñian, y estos no

servian sino para los comer. Tenian ratones chiquitos, y muy chiquitos,

que tambien comian, grandes como los de Castilla no los habia hasta

que nosotros vinimos, ó que salieron de los navíos en las cosas que

trajimos de allá ó se criaron del orin del hierro ó de la corrupcion

de nuestras cosas de Castilla, de los cuales hobo despues y hay hoy

harta abundancia. Cuando los indios vecinos desta isla querian cazar

muchos, ponian fuego á las çabanas ó yerbazales, y huyendo del fuego

los conejos iban á parar donde la gente los esperaba. Habia otra caza,

segun ellos muy preciada, y áun segun muchos de nuestros españoles

despues que la gustaron, y esta fué las que llamaron iguanas, propias

sierpes; es tan grande como un perrillo de halda, de la hechura de

un lagarto, pintada como él, pero no de color verde las pinturas ó

azafranadas, sino pardas que la afean más, tiene un cerro de espinas

desde la cabeza por el lomo hasta lo postrero de la cola, que la hace

más horrible y espantable; cuando la iban á tomar los indios, hacia y

hace un papo como las lagartijas, más grande ó tanto como una vejiga

de una gran ternera, y abre la boca y muestra los dientes como una

fiera sierpe, como lo es al parecer, pero no hace mal, y fácilmente

la prenden y atan y traen; la cola della es blanca como pechuga de

gallina. Dicen los españoles comunmente que no hay tan sabroso manjar,

pero yo nunca la he podido comer, áun en los tiempos primeros que en

esta Isla tuvimos necesidad; cómenla en viérnes por pescado, criándose

en la tierra y montes como los otros animales, no sé dónde lo hallaron

que fuese pescado. En esta Isla hay grandes y muchas culebras, todas

cuasi pardas, las cuales ni tienen ponzoña ni hacen mal; arremetia un

indio á ellas, y lo primero era echalle mano de la cabeza, y con los

dientes se la estrujaba, y la culebra se le revolvia al brazo, despues

de muerta la hacia rosca y ataba; este tambien era su manjar. Otras

culebras hay en los remansos de los rios, pero pocas, que son verdes,

las cuales creo que son ponzoñosas, puesto que la fama es que en esta

Isla ninguna cosa de ponzoña hay; éstas ni las comian ni las curaban de

matar. Tenía otro mantenimiento la gente de esta Isla, y este era la

abundancia del pescado; hacian muchas pesquerías, los que alcanzaban

la mar, en la mar con redes y anzuelos hechos de hueso, y los que no,

pescaban en los rios; los pescados de la mar eran lizas, de las que

arriba hemos dicho, xureles, parbos, róbalos, mojarras, y tambien

dorados, y este es pescado precioso, pero no se pesca sino muy dentro

en la mar; estos géneros de pescados son los mismos de Castilla; hay

cazones y otros excelentes pescados, y agujas y anguilas muy grandes,

y las que llaman morenas. Hay en la mar, y entran tambien en los rios,

unos peces de hechura de cazones ó al ménos todo el cuerpo, la cabeza

bota, y la boca en el derecho de la barriga, con muchos dientes,

que los indios llamaron tiburones, bestia bravísima y carnicera de

hombres; el mayor terná de luengo 10 ó 12 palmos, de gordo, por lo

más, poco ménos que un hombre; tranzan una pierna de hombre y áun de

un caballo dentro del agua; son muy golosos, con que cualquiera cebo

que pongan de carne ó pescado, en un anzuelo de cadena, luégo caen y

se toman. Historias hay de lo que tragan; cualquiera cosa que se eche

de los navíos á la mar, y aunque sea estiercol, lo engullen sin dejar

nada. Despues que los toman y abren el buche, se hallan dentro todas

las cosas que han tragado, y ha acaecido pedazos de botijas de barro

hallarse dentro del buche, y creo que yo he visto algo dello si no lo

he olvidado. Si una vez los prenden con el anzuelo, y al subir en el

navío, como es muy pesado, se desgarra, no por eso escarmienta, sino

que por su golosina, tornándole á echar cebo, tarde que temprano, si la

nao no anda mucho, es tomado; cómese como cazon bien harto y cubierto

de ajos, y con él hartas veces se mata en los navíos la hambre. Hay

infinitos crocodilos de los que se dice haber en el Nilo, que llamamos

impropiamente lagartos, pero no son sino crocodilos naturales; no

tienen la cabeza roma como los lagartos, sino muy salido el hocico de

la manera de los del puerco, y más de dos ó tres palmos; tiene cuatro

piés con sus uñas, y gran cantidad de dientes muy agudos que parece

poder tronzar una barra de hierro; muy más fiera y cruel bestia es

para comer hombres que los tiburones; llegan á tener 10 y 15 codos de

longura, y yo los he visto muy grandes. Tienen los machos su natura

para engendrar (puesto que no sé si usan de aquel instrumento para la

generacion), de la manera que la tienen los niños de cuatro y cinco

años, y toda la gordura de alrededor della es almizque verdadero, y lo

mismo es las agallas; es tan penetrativo aquel olor, aunque muy suave,

que pone hastío quitando la gana de comer; yo tengo al presente dello,

y ha más de 16 años que lo tengo y huele hoy tanto como si fuera ayer

cuando se sacara. Viven de noche en el agua, y de dia en la tierra;

puédense matar con anzuelo de cadena en el agua, con cebo, y cuando

están en tierra durmiendo con alguna ballesta dándoles por la barriga,

pero si le dan por encima, un arcabuz no lo matará por la dureza de

las conchas ó cuero que tiene. Es pecoso de manchillas amarillas como

azafranadas, y por eso se dice crocodilo, de _croco_, que quiere decir

azafran; uno solo se halló en esta Isla, en la punta del Tiburon, á

la mar del Sur. La abundancia dellos es en tierra firme, muchos hay

en la costa del Sur de la isla de Cuba, en un rio que se llama Caulo;

dícese que éste, entre todo los animales, mueve la quijada ó mejilla

de arriba. Hay en esta mar, en especial por estas islas, á la boca de

los rios, entre el agua salada y dulce, los que llamaban los indios

manatíes, la penúltima sílaba luenga: estos se mantienen de yerba, la

que nace en el agua dulce junto á las riberas. Son tan grandes como

grandes terneras, sin piés sino con sus aletas, con que nadan, y bien

tienen tanto y medio como una ternera; no es pescado de escama, sino

de cuero como el de las toninas ó atunes, ó como de ballenas; el que

lo comiese delante quien no supiese qué era, en Viérnes Santo, creeria

que comia propia carne, porque así lo parece; es muy más sabroso y

precioso que ternera, mayormente los que se toman pequeños, echados en

adobo como se suele comer la ternera. En todas las cosas que comian

estas gentes, cocidas, ó asadas ó crudas, echaban de la pimienta que

llamaban axí, la última sílaba aguda, la cual ya es en toda España

conocida; tiénese por especia sana, segun acá dicen nuestros médicos,

y la mejor señal es comella mucho los indios, porque esto es cierto,

que en no comer cosa que sea dañosa eran temperatísimos. Hay tres

especies de esta pimienta ó axí; la una grande, cuasi como un dedo, y

que llega á pararse muy colorado, y otra redonda, que parecen propias

cerezas, y esta especie quema más, y ambas las dichas son domésticas;

la tercera es menudita como la pimienta que conoscemos, y ésta es toda

silvestre que nasce sin sembralla en los montes. Y es aquí de saber,

que sólo aquello es lo que quema en esta pimienta ó axí, conviene á

saber, la simiente y unas listicas ó rayas ó cejas que hacen dentro

los apartamientos donde suele estar la simiente; todo lo de en medio,

que no toca á las dichas rayas ó granitos de simiente, dulce y suave

es. Tornando al pan, que llamaron los indios cazábi, la penúltima

luenga, este es el mejor pan que creo yo haber en el mundo despues del

de trigo, porque es muy sano y muy fácil de hacer, y pocas personas

y en pocos dias pueden aparejar cantidad para provision de mucha

gente, y sostiénese mucho tiempo; este defecto tiene, que para solo

no tiene sabor ni gusto, sino poco, pero con manjar que haga cocina

sabrosa, y tambien para con leche, muy mejor es que áun el de trigo.

Pónese, y críase, y cógese y amásase de la manera siguiente: Hacian

los indios unos montones de tierra, levantados una vara de medir y

que tenian en contorno 9 á 12 piés, el uno apartado del otro dos ó

tres piés, todos por su órden, rengleras de 1.000 y 2.000 y 10.000 de

luengo, y otros tantos de anchura, segun la cantidad que determinaban

poner; hechos los montones tomaban la planta, que son unas ramas tan

altas como un hombre, y como los sarmientos de las vides cuando están

tiernas y verdes con sus yemas, puesto que muy más gruesas y áun más

hermosas y más verdes oscuras que los sarmientos que digo de nuestras

viñas, y hacen pedazos dellas de á palmo ó poco más de palmo, y hincan

seis ó ocho ó nueve dellos, las yemas hácia arriba, en la corona de

cada monton, por su órden, apartados uno de otro, á la manera de un

alquerque con que entre nosotros se juega, con tres ó cuatro rengleras,

segun el monton es, dentro todo en la tierra, salvo dos ó tres dedos

que dejan fuera: la cual postura en tiempo que no llueve, sino que

en polvo esté la tierra, debe ser. Sobreviniendo despues las aguas,

prenden aquellos pedazos que de á palmo fueron puestos, y de cada yema

de las que quedaron fuera de la tierra se produce su ramilla, y éstas

van creciendo; y cuanto las ramas crecen y suben en alto por de fuera,

tanto se arraigan y crecen de dentro de la tierra las raíces, así en

grandeza, que será de dos y de tres palmos (de la hechura de zanahorias

aunque no de aquella color), como en gordura, que llega á ser gruesa

como una pierna, y á las veces como el muslo, y otras veces, segun la

fertilidad de la tierra, algo más. Luégo, como son presos aquellos

pedazos de planta, en las puntas dellos brotan las hojas, y creciendo

crecen ellas, y de las ramas principales nacen otras ramillas, y luégo

sus hojas encima de las puntas dellas; son las hojas como una mano

abierta y extendidos los dedos, es muy hermosa y verde oscura, con una

listilla que tira algo á coloradilla ó un poquillo bermejuela. Cuando

esta labranza es ya de cuatro ó cinco meses, que hace copa la hoja,

es tan hermosa de ver de léjos y de cerca, que ni nuestras viñas por

Mayo ni Junio, ni otra alguna huerta ni labranza puede parecer más

hermosa, mayormente cuando la labranza es grande que tiene 20 ó 30.000

montones de luengo juntos y 5 ó 10.000 de ancho, porque ocupa gran

campo, sólo carecen de olor del que abundan las viñas en Castilla.

Despues de puestas estas plantas, hasta un entero año no están las

raíces, para hacer pan dellas, sazonadas, puesto que, á necesidad,

bien se podria hacer y comer; de un año en adelante puédense coger y

hacer pan, pero mejor despues de año y medio pasado, y mejor de dos, y

duran hasta tres, que pueden estar debajo de la tierra sin dañarse,

y así se va comiendo dellas. Despues de tres años son ya viejas y

duras y no buenas para hacer pan sino fuere para los puercos ó para

el muladar, por manera que despues de un año se comienza á hacer pan

dellas el que es menester, y estáse siempre en el campo el resto, que

aunque llueva ó ventée no le hace daño hasta los tres años, como dicho

es. Dentro del primer año es menester desyerbarse toda la labranza dos

veces, porque nace mucha yerba como la tierra es tan fértil, despues

del año no es menester. Esta labranza, en el lenguaje de los indios

desta isla, se llamaba conúco, la penúltima luenga, y las raíces yuca,

luenga la primera sílaba, y la planta yucubia; la color de las raíces

es como leonada oscura una tez que tienen muy delgada por encima, pero

quitada ó raspada con una concha como de almeja, aquella tez, todo lo

demas es blanco como la nieve, al ménos más blanco que un nabo raido;

esta yuca ó raíces de que hacen el pan es tal, que quien las comiese

así crudas moriria, por el zumo que tienen, que es ponzoña, como abajo

diremos. Hay otras raíces que llamaron los indios ajes y batatas, y son

dos especies dellas; estas postreras son más delicadas y de más noble

naturaleza en su especie; siémbranse de planta en montones de la manera

que de la yuca se ha dicho, pero la planta es diversa. La planta de

estas raíces es á la manera de las calabazas de nuestra tierra, pero

es muy más hermosa y delicada; no tiene aquellas como espinitas que la

planta de las calabazas tiene, sino más suave, delgada, limpia ó lisa,

y las hojas del tamaño, y así arpadas y tan lisas suaves y hermosas,

como la de las vides ó viñas de Castilla. Estas, á cuatro y á cinco

meses despues de plantadas á ser comestibles vienen. Plántanse en los

montones dichos un palmo ó dos de aquellas ramillas, ó como correas,

la mitad dentro de la tierra, en cinco ó seis partes de la corona del

monton, y por la órden de la planta de la yuca que está dicha, las

cuales luégo con el sol se amortiguan y marchitan como que se mueren,

pero fácilmente prenden y reviven, y tanto crecen las raíces que crian

dentro de la tierra, cuanto la planta por la tierra cunde, y como

la de las calabazas se extiende: no son mayores que nabos grandes ó

zanahorias pequeñas. Llámase la dicha planta yucaba, la media sílaba

luenga; cómese cocida como espinacas ó acelgas con aceite y vinagre,

y crudas son buenas tambien para los puercos. Estas raíces de ajes y

batatas no tienen cosa de ponzoña, y puédense comer crudas y asadas y

cocidas, pero asadas son más buenas, y para que sean muy mucho buenas,

las batatas especialmente que son de más delicada naturaleza, hánlas

de poner 8 ó 10 dias al sol rociadas primero y áun lavadas con un

escudilla de salmuera, más agua que sal, y cubiertas por encima de rara

yerba porque no les dé todo el sol, lo cual hecho, las que se quieren

comer asadas, metidas en el rescoldo del fuego hasta que ellas esten

tiernas, salen enmeladas como si las sacasen de un bote de conserva;

y si las quieren cocidas hinchan una olla de ellas y echen dentro una

escudilla de agua, no para cocellas, sino porque la olla, estando seca

en el principio, no se quiebre, y cubran la olla con hojas de la planta

dellas, ó de vides ó de otras hojas buenas, para que no salga el vaho

fuera, y cociendo así una, ó dos, ó tres horas, ó lo que menester

fuere, porque no han menester mucho tiempo, embébese aquella agua y

sale otra tanta miel ó almíbar, y ellas todas enmeladas como si fuesen

una conserva, pero harto más sabrosas que otra cosa muy buena. Y cierto

en ninguna parte del mundo parece que puede haber tantas ni tales

raíces como las destas tierras; las batatas de la provincia de Xaraguá

eran las mejores de toda esta Isla por excelencia. Habia en esta

Isla, y ponian los vecinos naturales della, otras raíces tan gruesas

y redondas como unas chicas pelotas, que llamaban lerenes; las hojas

dellas eran como de coles, las que llaman yantas, pero más hermosas y

más llanas y anchas, y las ramas ó mástiles que tienen la hoja son más

tiestas y levantadas. Otras raíces habia que llamaban yahubias, que no

hallo en las cosas de Castilla á qué comparallas; todas estas buenas y

sabrosas de comer cocidas y asadas, pero ninguna se iguala con los ajes

y batatas. Sin todas estas raíces, que eran domésticas y los indios

las sembraban ó plantaban y cultivaban, hay en los montes otras que

llamaban los indios guayaros, la sílaba de en medio breve, que tienen

la hechura y blancura de chiquitos rábanos, buenas de comer asadas,

pero para los puercos muy sabrosas y deseadas, y por esta raíz y otras

muchas montesinas y frutas que hay en esta Isla, que los puercos

comen, y con que se crian, es tan sabrosa y tan sana y comestible su

carne. Otra fructa tenian, que sembraban y se criaba ó hacia debajo

de la tierra, que no eran raíces sino lo mismo que el meollo de las

avellanas de Castilla, digo que eran ni más ni ménos que las avellanas

sin cáscara, y estas tenian su cáscara ó vaina en que nacian y con que

se cubrian muy diferente que las avellanas, porque era de la manera

como están las habas en sus vainas cuando están en el habar, puesto

que ni era verde la vaina ni blanda, sino seca, cuasi de la manera que

están las vainas de las arvejas ó de los garbanzos en Castilla cuando

están para cogerlas; llamábase maní, la última sílaba aguda, y era

tan sabrosa que ni avellanas ni nueces, ni otra fruta seca de las de

Castilla por sabrosa que fuese, se le podia comparar. Y porque siempre

se comia della mucha por su buen sabor, es luégo el dolor de la cabeza

tras ella, pero no comiendo demasiada ni duele la cabeza ni hace otro

daño; háse de comer siempre, para que sepa muy bien, con pan cazabí, ó

de trigo si lo hay.

CAPÍTULO XI.

Historia de las Indias (vol. 5 de 5) · 第 23 / 41 段