Complido con la provincia de Cibao, resta decir de otra, que con ella

se continúa por lo alto de las sierras á la mano derecha, teniendo

las espaldas al Norte, y esta es la Maguana, en la cual despues se

pobló una villa de españoles que llamaron San Juan de la Maguana. Esta

provincia, en sierras, y en rios, y en valles ó çabanas ó campiñas,

aunque no son muy grandes, es tierra bienaventurada; es muy fértil, es

muy templada, que cuasi ningun calor ni frio alguno es menester que

en ella se halle, sino es en las sierras muy altas que confinan con

Cibao, donde hay harto frescor, que ropas enforradas no harian mucho

daño. Es tierra mas enjuta que otras vegas que habemos dicho en lo

llano, y por esto es muy sana; granan aquí muchas cosas de semillas

sembradas, trigo se ha hecho, y yo lo he visto mucho bueno granado;

hay en ella ingenios de azúcar, la cual á toda la de ésta Isla hace,

en blancor y en dureza, y en las otras calidades, mucha ventaja. Pasa

un rio grande por ella, que se llama Yaqui, como el que arriba digimos

en el precedente capítulo, que tiene el mismo nombre, porque segun

decian los indios nascen de una misma fuente ambos; uno vierte las

aguas á la banda del Norte descendiendo de Cibao y pasa por la Vega

grande, y el otro va á parar á la costa del Sur por esta parte, como si

de propósito dijera la naturaleza que partia la Isla en dos partes, y

con una fuente sola queria regarlas, ó al ménos (porque no ha menester

regarse) adornarlas, produciendo de ella dos rios tan señalados, que el

uno adornase la Vega pequeña y el otro la Vega grande. Llamaban los

indios á la Vega grande Maguá, absolutamente la última sílaba aguda,

y á esta provincia decian con adicion, Maguana, cuasi la Vega menor.

Salen ambos á dos rios Yaquis á la mar, el uno del otro 150 leguas,

nasciendo, como dije, de una sierra y de una fuente en la provincia

de Cibao. Pasa despues del rio Yaqui dicho, por esta provincia, otro

mayor y más caudal que se llama Neyba, la primera sílaba luenga, el

cual queda con su nombre aunque estotro Yaqui se junta con él, y pierde

el suyo cuando entra en la mar; y esto es general en esta isla que

cuando los rios se juntan, puesto que corran por mucha tierra, siempre

los indios dejaban su nombre al más principal, ó por tener más oro, ó

llevar más ó mejor agua, ó más y mejor pescado, ó otra preeminencia

tal. Parte aquesta provincia de la Maguana términos con la de Xaraguá

y con la de Cayguani, y con la de Açua; lo que terná de longura y

anchura y en contorno, porque ha muchos años que estuve en ella y no

pensaba en la describir, no puedo bien acordarme para precisamente lo

decir; paréceme que terná más de 30 leguas de luengo y más de 20, y de

25 quizás, en ancho. Y porque para la cuarta vuelta nos reste sola la

gran Vega, y de toda esta isla, sin la Vega, no queda otra provincia

de que hablar sino la del Bonao y de lo que allí se sigue hasta la

provincia de Santo Domingo, tornemos á Cibao, y de allí á la mano

izquierda, hallaremos la dicha provincia del Bonao que de aquella va

continuada. Comienza, pues, la provincia del Bonao desde la descendida

de la sierra que hace y ataja la Vega de luengo y viene por su renglera

de Cibao, y así está el Bonao de la otra parte de la dicha sierra yendo

de Cibao por la Vega abajo, y la descendida es de un puerto muy alto;

comienza la subida por la parte de la Vega tres leguas de la ciudad de

la Concepcion por la Vega abajo. Este puerto es hermosísimo, lleno todo

de muy lindos pinos y de yerba deleitable, y es de la misma tierra y

dispusicion, y alegría, templanza y suavidad que la de la provincia de

Cibao, y si subimos por la parte del Bonao en este puerto á la cumbre

más alta, pasado un montecillo de un tiro de ballesta, de donde se

despeña un arroyo de muy linda agua, asomamos á ver la Vega, cuya vista

es tal que verdaderamente no parece sino que todos los sentidos tienen

presentes sus deleitables objectos y se abren y extienden y regocijan

las entrañas: véense más de 30 leguas como la palma de la mano. Este

puerto, de aquí adelante, se va abajando, desde á poco se acaba por

allí toda la renglera de las sierras que vienen de Guahaba, y entónces

se ensancha mucho la Vega grande. Así que, comienza, como dije, de la

descendida de este tan alto y hermoso puerto, la provincia del Bonao, y

luégo, descendido abajo, están dos arroyos de agua, y comienza una vega

desde allí de diez leguas grandes, y dos, y tres, y cuatro en ancho,

que no es ménos pintada toda ella y hermosa de yerba y de árboles

que una huerta ó vergel puesto á mano; pasan por ella algunos rios

señalados y muchos arroyos de muy sabrosas aguas. Destos es uno que le

nombran el rio de Mastre Pedro, un español, y pusiéronle aquel nombre

porque tuvo junto á este rio una hacienda ó granja, que por estas islas

llamamos estancia; este Mastre Pedro y á su hacienda en la ribera deste

rio, cognoscí yo algunos años. Es muy alegre rio, y trae siempre gran

ímpetu y vehemencia en el agua, viniendo por peñas, y trae infinitas

piedras grandes. Hay otro más adelante, yendo hácia Santo Domingo, que

se llama Yuna, la primera sílaba luenga, y así los indios lo llamaban;

este es gran rio y muy ahocinado, súbito y muy impetuoso, lo cual causa

que un año vaya por una parte de la madre y otro por otra, porque la

tiene muy ancha; desciende de altísimas sierras y muchas, que hacen

infinitas quebradas, y de muy cerca, y así han de estar sobre el aviso

los que por allí viven y pasan, que en pocas horas, si llueve, rescibe

en sí grande cantidad de aguas. Al cabo de esta vega sale otro rio

grande, que llamaban los indios Maymon, tambien muy deleitoso; no va

con tanto ímpetu como los dos dichos, pero cuando viene crecido es

peligroso por las grandes y muchas piedras que tiene, y como los demas

de muy delgada y suavísima agua. Estos son los tres principales, pero

entre ellos hay otros muchos arroyos grandes y de muy buenas aguas,

y donde se pueden hacer muchos ingenios de azúcar y otros artificios

que se suelen hacer de agua, de los cuales hay ya hechos algunos. Es

de tanta fertilidad esta provincia y vega del Bonao del pan y frutos

naturales desta tierra, que aunque toda esta Isla es de ellos abundante

y fructífera, pero ésta es sobre todas las provincias dichas, ó pocas

hay que le lleven ventaja, porque era sobre todas abundantísima y cuasi

como el alholí de toda la Isla. Aquí hizo edificar el Almirante viejo

una fortaleza, y despues se hizo una villa de españoles, que se llamó

la villa del Bonao, aunque fué como humo decreciendo como las otras,

por la causa que en otra parte, si Dios quisiere, se dirá. Está hoy

toda despoblada de hombres y llena de vacas, y naranjos, y guayabas

y otros frutales; tiene de longura, creo que 15 ó 20 leguas y otras

tantas de ancho, con un abismo de sierras altísimas, de las mayores

desta Isla, todas fresquísimas y de grandes arboledas y montañas, las

cuales son ramos, digo las sierras, de la hilera ó cordillera que viene

de Guahaba y pasa por la provincia de Cibao. Por la mano derecha de

esta provincia, teniendo todavía al Norte las espaldas, se sigue otra

grande, que nombraron los indios Maniey, la penúltima luenga, todo lo

más della de sierras muy altas, con algunos valles, llena de arroyos

y maravillosas aguas muy frescas, y muy fértil, y de los frutos de la

tierra naturales bien abundante; creo que hay ó hobo salinas en ella,

no de la mar, porque está en el riñon desta tierra, sino de las que

suele haber en Castilla, y tambien hay hartas en estas Indias, de pozo

ó pozas; y de ésta hablo así dudando, porque como está adentro como

arrinconada de la manera de las provincias Iguamuco y Xanique, no se

me ha ofrecido á estas tres llegar; de todas las susodichas, y las que

se dirán, tengo noticia por habellas visto por mis propios ojos todas

ó parte de cada una dellas, y de muchas lo más. Tornando á la mano

izquierda de la provincia del Bonao, yendo adelante, hay otra continua

que há por nombre Cotuy, la última aguda, de la manera y fertilidad

de las otras, puesto que no tiene las sierras y montes que las demas,

sino cerros con yerba y arboledas algunas, como ya está muy vecina de

la Vega grande y Real. Ha tenido muy ricas minas de oro y tiene algunas

hoy, con minas tambien de muy fino azul; en ella está hoy una villa

de españoles que se nombra el Cotuy. Dejadas las dos manos derecha é

izquierda, saliendo de la provincia del Bonao, camino derecho hácia

Santo Domingo, va el camino entre dos rengleras de altas sierras, de

parte de las de la mano diestra quedando la dicha provincia del Maniey,

y de las de la izquierda la del Cotuy, donde habrá de valle ancho

entre las dos rengleras, si no me he olvidado, cuatro ó cinco leguas;

comienzan luégo, desde el rio Maymon, que es el postrero de los tres

dichos grandes de la provincia del Bonao, los cerros que llaman las

Lomas del Bonao, que duran tres leguas de mal camino, por ser aquellos

cerros barriales de barro bermejo y pegajoso, y estar siempre sombrío

con muchos árboles y haber infinitos arroyos y aguas; de un lado y de

otro de las dichas Lomas, entre ellas y las rengleras de las sierras

que se han dicho, van dos valles con sus rios, que no parecen sino unos

vergeles muy graciosos pintados. Sálese luego, las tres leguas pasadas,

á otra provincia descombrada de çabanas ó vegas y rios y arroyos muy

hermosos, y especialmente á los principios del gracioso y fresquísimo

rio Hayna, en el cual entran muchos arroyos de oro, así de las minas

nuevas como de las viejas, el cual tiene una muy graciosa, alegre y

rica ribera que dura 10 leguas y más, desde donde comienzan en ella las

labranzas de los españoles hasta que entra en la mar. Tiene grandes

pesquerías de lizas y de otros pescados que de la mar entran al ménos

una legua ó dos de la boca, porque en lo de atras, por las muchas

haciendas y frecuencia de la gente y ganados, ó se huye ó se esconde

ó no se puede bien criar. Esta provincia llamábamos la provincia del

Arbol Gordo, y una villa que allí estaba donde agora está un ingenio

de azúcar, que hizo ó comenzó á hacer un licenciado Lebron, se llamó

la villa del Arbol Gordo; la causa de este nombre fué por un árbol que

habia allí cuasi frontero de donde agora está el dicho ingenio, junto

al rio, el cual era de tanta gordura, que ocho hombres, los brazos

tendidos, no pudieran cercallo. Luégo, de allí á dos leguas creo que

son, están las minas viejas, á la mano derecha del rio Hayna, teniendo

las espaldas, como queda dicho, al Norte, y éstas se llamaron, ó por el

Almirante ó por el Adelantado su hermano, de San Cristóbal. Llamámoslas

viejas por diferencia de las que despues se hallaron frontero destas

á la mano izquierda del dicho rio Hayna, que por ser halladas despues

se las puso por nombre las minas nuevas, de las unas á las otras habrá

legua y media; ambas á dos están ó son en ciertos arroyos y quebradas

que descienden al rio Hayna, y son unos muy hermosos y alegres cerros

rasos, cubiertos solamente de muy hermosa yerba. Destas minas viejas

y nuevas el oro que se ha sacado no tiene número ni cuento, y mucho

más de las nuevas, que de las viejas. Han sido grandes los granos y

gruesos que en las unas y en las otras han parecido, los que nunca en

lo poblado ó rico del mundo tales se han visto, y éstos mucho mayores

en las nuevas que en las viejas; entre otros muchos granos grandes de

oro fino se halló en las nuevas un monstruoso grano, nunca otro en

el universo ni visto ni oido á lo que se cree, ni tan grande ni tan

hermoso, dignísima joya para estar en la recámara real de Castilla

perpetuamente, cosa que viéndola fuera motivo para levantar y encender

los corazones de los hombres á referir inmensas y continas gracias al

Criador que tal hizo. Tenía tres palmos en redondo y cuatro dedos en

alto, pesaba 36 libras de oro, que son libra y media ménos que arroba

y media; valía 3.600 pesos ó castellanos de oro, de valor cada uno de

450 maravedises; juzgábase que ternía los 600 pesos de piedra por las

manchuelas que della tenía, puesto que el oro y ellas todo parecia oro;

yo lo vide y, cierto, era cosa digna de ser vista. El dia que se halló

se cortó y comió en él un lechon de puerco no muy chico; en otra parte

se dirá, placiendo á nuestro Señor, quién, y cómo y cuándo fué hallado,

con lo demas que tocare á estas minas. Al principio, y cuasi en medio

de estas minas viejas y nuevas, viniendo de Santo Domingo, la cara

hácia el Norte, al reves del camino que hasta agora hemos traido, se

edificó una villa sobre el rio Hayna, arriba dicho, puesto que, muertos

los indios, tambien como otras se despobló, y agora no hay sino unas

ventas en ella. Desde allí, pasados unos pocos de cerros, van grandes

dehesas, çabanas y campiñas, con muchos arroyos llenos de hatos de

vacas, ocho leguas, hasta Santo Domingo y la ribera de Hayna, á la mano

derecha, que es vellas alegría y maravilla; quedan á la mano izquierda

del mismo camino ciertas minas en unos arroyos, que se llamaron las

minas de los Arroyos, de donde se sacó los tiempos pasados mucho oro y

muy fino. Y con esto, á la vuelta tercera damos fin.

CAPÍTULO VIII.

Dicho queda en las tres vueltas de la descripcion desta Isla todo lo

que se me ha ofrecido referir, para poder dar noticia de las provincias

y disposicion de la tierra y puertos della; para la cuarta vuelta

quedó reservado el hablar de la grande y bienaventurada y Real Vega,

y como muchas particularidades, y en encarecida manera, se hayan

afirmado de la fertilidad y bondad de todas y tantas provincias como

hay en esta Isla y de su grandeza, no parece que puede haber ya más

vocablos, ni para relatar las condiciones y calidades desta Vega, ni

vehemencia para con encarecimiento las dar á entender. Esta Vega lo

primero tiene de longura de mar á mar (y va de Oriente á Poniente) 80

grandes leguas, las cuales todas yo he andado por mis piés, comienza

desde la provincia de Higuey, sobre la de Samaná, de las cuales en el

capítulo 3.º hicimos mencion, que están á la parte del Sur desta Isla,

desde un pueblo grande de indios que llamaban Macao, la penúltima

luenga, despues se viene enderezando esta Vega y se pone de Oriente

á Poniente, como digimos; va á parar á la mar del Poniente y pasa la

provincia del Marien, digo pasa, puesto que la dicha provincia llega

hasta la mar, y comprende, como se dijo, el puerto de la Navidad. Su

anchura ó latitud tiene 12 y 15 leguas, y 7, y 6, y 4, y cuando llega á

estas cuatro, aquí estuvo y está asentada la ciudad de la Concepcion,

que tambien llaman la ciudad de la Vega, cabeza de obispado; y fué la

cabeza de toda la Isla los primeros años, pero despues de muertos los

indios fuese despoblando de españoles, y, por el trato y frecuencia

de los navíos al puerto de Santo Domingo, prevaleció la poblacion de

aquella ciudad, y así se hizo cabeza de la Isla, quedando la Concepcion

con hasta 10 ó 12 vecinos, aunque con su iglesia catedral. De aquí

se va la Vega, á veces, un poco sangostando, poco más de media ó una

legua, otras veces un poco ensanchando, hasta llegar á la provincia

del Marien, donde allí en la mar fenece y se sangosta hasta no quedar

sino una legua, ó quizá ménos, si bien me acuerdo. Hacen esta Vega

ó cércanla, desde que comienza hasta que se acaba, dos cordilleras

de altísimas y fertilísimas y graciosísimas sierras, de que ya hemos

hecho mencion, que la toman en medio, lo más alto dellas y todas

ellas fértil, fresco, gracioso, lleno de toda alegría; la una destas

sierras, de la parte del Sur, es la que habitaban los Ciguayos, y

otra parte della la gente de los Macoriges del Macorix de arriba, de

las cuales naciones hablaremos abajo, y arriba en el capítulo 3.º las

tocamos; y esta cordillera comienza desde la provincia de Higuey é de

la comarca del pueblo del Macao, y se acaba en el Monte-Christi, y,

á lo que yo creo, corre más de 100 leguas. Es toda esta sierra muy

fértil, tan fértil en las cumbres como en el medio y en el principio,

para labranzas y ganados, como si fuera campiña llana, y es llena de

grandes arboledas, y estaban de pueblos y gentes rebosantes. La otra

cordillera de sierras, que por respecto de la ya dicha y de la Vega,

está hácia la parte del Sur ó Mediodía, tiene su nascimiento de los

términos de la provincia de Açua, y prosíguese por las minas viejas,

y va por las minas de Cibao, y llega á la primera provincia que

describimos de Baynoa, y pónese sobre la mar, y de allí torna hasta

la punta de Guahaba, que así se solia decir el cabo de San Nicolás

que se mira con la punta primera y más oriental de la isla de Cuba;

bien creo que tiene aquesta cordillera de sierras más de 150 leguas

bien tiradas. A partes son estas sierras fértiles, como las otras sus

fronteras que hacen la Vega, y á partes es algo estéril, en especial

lo que comprende de la provincia de Cibao; digo estéril, no tanto que

no estuviesen todas muy pobladas, y encima de la más alta dellas no

pudiesen pacer hatos de ovejas y cabras, salvo las muy altas donde

fueron las minas muy señaladas, porque comunmente las tierras donde

hay metales suelen ser estériles y como quemadas, puesto que áun en

aquellas de Cibao hay infinitos valles y riberas de rios fértiles,

donde habia muchas labranzas y estaban de gentes muy pobladas. Lo que

desta sierra tan luenga la Vega alcanza será hasta 50 ó pocas más

leguas, que comienzan de la sierra ó puerto que dicen del Bonao, el

cual es una sierra alta que yendo de Santo Domingo á la Concepcion la

suben por la parte de la villa que solia haber del Bonao, y á la bajada

entran en la Vega, y de allí á donde se fundó la Concepcion hay tres

leguas, como en los capítulos de arriba hemos algunas veces hablado;

llega esta sierra, con la Vega, hasta en el puerto de la Navidad,

junto á la mar, donde la Vega se acaba y la sierra torna sobre la mano

izquierda, teniendo al Poniente la cara, y váse por la dicha provincia

de Baynoa á la de Guahaba. Por cualquiera parte destas dos sierras que

se asomen los hombres, mayormente por el dicho puerto del Bonao y por

la de la Isabela (donde primero pobló el Almirante, y viéndola por

allí la llamó la Vega Real, como se dirá en otro lugar), y por otras

partes, se parecen y descubren 20, 30 y 40 leguas á los que tienen la

vista larga, como quien estuviese en medio del Océano sobre una altura

muy alta. Creo cierto que otra vista tan graciosa y deleitable, y que

tanto refrigere y bañe de gozo y alegría las entrañas, en todo el orbe

no parece que pueda ser oida ni imaginada, porque toda esta Vega tan

grande, tan luenga y larga, es más llana que la palma de la mano, ántes

es más llana que una mesa de bisagras; está toda pintada de yerba,

la más hermosa que puede decirse, y odorífera, muy diferente de la

de España; píntanla de legua á legua, ó de dos á dos leguas, arroyos

graciosísimos que la atraviesan, cada uno de los cuales lleva por las

rengleras de sus ambas á dos riberas su lista ó ceja ó raya de árboles,

siempre verdes, tan bien puestos y ordenados como si fueran puestos á

mano, y que no ocupan poco más de 15 ó 20 pasos en cada parte. Y como

siempre esté esta Vega y toda esta Isla como están los campos y árboles

en España por el mes de Abril y Mayo, y la frescura de los continos

aires, el sonido de los rios y arroyos tan rápidos y corrientes, la

claridad de las dulcísimas aguas, con la verdura de las yerbas y

árboles, y llaneza ó llanura tan grande, visto todo junto y especulado

de tan alto, ¿quién no concederá ser el alegría, gozo, y consuelo, y

regocijo del que lo viere, inestimable y no comparable? Digo verdad,

que han sido muchas, y más que muchas que no las podria contar, las

veces que he mirado esta Vega desde las sierras y otras alturas, de

donde gran parte della se señoreaba, y considerándola con morosidad,

cada vez me hallaba tan nuevo y de verla me admiraba y regocijaba, como

si fuera la primera vez que la vide y la comencé á considerar. Tengo

por averiguado, que ningun hombre prudente y sabio que hobiese bien

visto y considerado la hermosura y alegría y amenidad y postura desta

Vega, no ternía por vano el viaje desde Castilla hasta acá, del que

siendo filósofo curioso ó cristiano devoto, solamente para verla, y

despues de vista y considerada se hobiese de tornar; el filósofo, para

ver y deleitarse de una hazaña y obra tan señalada en hermosura de la

naturaleza, y el cristiano para contemplar el poder y bondad de Dios,

que en este mundo visible cosa tan digna y hermosa y deleitable crió,

para en que viviesen tan poco tiempo de la vida los hombres, y por

ella subir en contemplacion qué tales serán los aposentos invisibles

del cielo, que tiene aparejados á los que tuvieren su fe y cumplieren

su voluntad, y coger dello motivo para resolvello todo en loores y

alabanzas del que lo ha todo criado. Pienso algunas veces, que si la

ignorancia gentílica ponia los Campos Elíseos comunmente en las islas

de Canaria, y allí las moradas de los bienaventurados que en esta

vida se habian ejercitado en la vida virtuosa, en especial secutado

justicia, por lo cual eran llamadas Fortunadas, y teniendo nueva dellas

acaso aquel gran Capitan romano, Sertorio, aunque contra Roma, le

tomó deseo de irse á vivir y descansar en ellas por una poquilla de

templanza que tienen (y áun la tierra dellas es harto seca y estéril,

y las sierras ásperas y peladas en las más partes), ¿qué sintieran los

antiguos, y qué escribieran desta felicísima Isla, en la cual hay diez

mil rincones, y en todo este orbe de las Indias cuentos de millares,

cada uno de los cuales difiere tanto, en bondad, amenidad, fertilidad

y templanza y felicidad, de la mejor de las islas de Canaria, como hay

diferencia del oro al hierro y podria afirmarse que mucho más? ¿Cuánto

con mayor razon se pusieran en esta Vega los Campos Elíseos, y Sertorio

la vivienda della cudiciara, la cual excede á estas Indias todas, y

siento que á toda la tierra del mundo sin alguna proporcion cuanta

pueda ser imaginada?

CAPÍTULO IX.

Prosiguiendo, pues, adelante, la relacion comenzada desta Vega,

tiene más, que toda la tierra della no es cualquiera, ni para que á

una parte sea fértil y á otra estéril ó seca, ó alguna cenagosa, y

á otra con otro daño y dificultad; no es así, ántes es toda enjuta,

toda fértil, toda en bondad igual, toda dignísima para producir de sí

frutos de cuantas plantas, cuantas semillas, cuantas cosas en ella y

en todas las partes della quisieren plantar y sembrar, y para haber

en ella 10 y 15 ciudades como Sevilla, muy mejor que en Lombardía.

Y puesto que algunas plantas y semillas luégo no se den bien por la

lozanía, grosura y fortaleza de la tierra y estar holgada, poniendo

empero diligencia é industria, y aguardando los tiempos y la sazon,

ninguna de las de España tengo por cierto que se dejara de dar. Así

fué y acaeció en la villa de Açua, que, ántes que hobiese cebollas,

un clérigo procuró de las sembrar, y muchas veces perdió la semilla,

no acertando con el dia ó el mes, ó con el viento, ó con el agua, ó

porque la tierra estaba holgada; cayó en sembrallas cada mes y en cada

tiempo, y por alguna de las dichas causas que cesó, acertó en las

sembrar, y hiciéronse tan hermosas y grandes como las de España, el

cual, sembrando 100.000 granitos de semilla de cebollas, tuvo de renta

por algunos dias 100.000 cuartos de á cuatro maravedís, porque á cuarto

las vendia, hasta que ejercitaron la granjería otros. Entran en esta

Vega, de ambas á dos cordilleras de las sierras dichas, sobre creo que

30 rios y arroyos que la pintan y adornan, y hermosean y refrescan con

sus nocturnos vahos ó aires suaves, con la frescura y suavidad de

las hermosísimas corrientes, rápidas, quebradas y delgadas aguas que

traen, cosa dignísima de maravillar. Nace un arroyo bien grande hácia

la sierra de Cibao, que los españoles por su hermosura nombraron rio

Verde, que corta por medio á la luenga la Vega, por la parte donde se

asentó la ciudad de la Concepcion, y va por ella cuatro ó cinco leguas

hasta que entra en el rio que luégo se dirá, que toda la fertilidad y

alegría que decirse puede parece comprehender; en cuya ribera, obra

de dos leguas, tuve labranzas de pan de la tierra, que valian cada

año más de 100.000 castellanos. En el capítulo 6.º queda dicho cuán

llenos y de cuántas especies de pescados suelen estar los principales

rios grandes que en esta Vega entran; son 14, los 10 que arriba en el

capítulo 6.º nombré, que fueron Xagua, Guahaba, Guanahuma, Bao, Yaqui,

Xanique, Agmina, Maho, Paramaho, Guayobin (los acentos destos allí se

declaran), el onceno se llamó Dahabon; todos estos once desaguan en

la mar del Norte. Otros tres, que son Camó, la última aguda, que pasa

una legua de la ciudad de la Concepcion, donde entra el rio Verde, que

poco ha dije, y el otro Yuna, que pasa por la provincia del Bonao, y

el otro Maymón, la última aguda, que tambien desciende por la dicha

provincia; estos desaguan en la mar del Sur. Estos tres, con otros

muchos arroyos grandes y de mucha agua, que por evitar largura no curo

de nombrar, y otros pequeños infinitos que estos en sí reciben, van á

parar y salir al golfo de mar que arriba en cierto capítulo digimos

llamarse de Samaná, la última aguda. Cuando Yuna allí llega, y á otra

provincia ántes de Samaná que se llamó Canabócoa, la penúltima luenga,

no se puede vadear, y todos los que con él se juntan pierden el nombre

y él queda con el suyo, y así lo llamaban por allí los indios, Yuna.

Hay grande copia de pescado destos rios juntos, en especial lizas muy

grandes y muy buenas en las dos dichas provincias Samaná y Canabocoa;

y el rio destos que más abunda en estas lizas es el rio Camó, la última

aguda, del cual, desde que nace, obra de dos leguas de la dicha ciudad

de la Vega ó Concepcion, solian pescar los indios, cuando eran vivos,

grande cantidad. Los 10 susodichos que van á parar al Norte rescibe

Yaqui en sí, quitando el nombre á todos, quedándose con el suyo, y

cierto es graciosísimo y hermoso rio, aunque á cada uno de los otros no

le falta frescura y hermosura, agua suavísima y disposicion de tierra

y arboledas, aires suaves y alegría; cuando están juntos, Yaqui ya no

se vadea. Van á salir en la mar, todos juntos con Yaqui, al puerto de

Monte-Christi, como arriba se ha dicho; los arroyos grandes y chicos

que en estos entran son infinitos. Algunas de las provincias desta Vega

están ya referidas en la primera vuelta, como la del Marien (y esto

viniendo del principio de donde comenzamos á contar las provincias), y

el Macorix, que nombramos, de abajo, y parte de la provincia de Higuey,

la sílaba de en medio luenga, que es el fin de toda la Vega, y está á

la costa del Sur, y que por ventura la podríamos aplicar al Macao, que

era una poblacion grande, la cual podria ser que fué cabeza de todo lo

que eran llanos y parte ó cabo de la dicha Vega Real, como digimos en

el capítulo 3.º, de manera que Higuey y Macao fuesen dos provincias;

y parece haber razon para esto, por la diferencia grande que hay en

grandeza y calidad, ser la de Higuey aquellas mesas de piedra ó peña, y

la del Macao muchas y grandes campiñas ó çabanas. A esta del Macao, que

es ya el cabo de la Vega como he dicho, se consigue la de Samaná, en la

misma Vega, y tiene un valle muy hermoso donde fué asentada una villa,

una legua de la mar, que se llamó Santa Cruz de Icaguá, la última

sílaba aguda, porque se debia llamar así el valle ó el pueblo de los

indios que allí estaba; á la de Samaná, la de Canabócoa, la penúltima

sílaba luenga, y paréceme que deben ser diversas provincias estas

dos. Esta provincia de Canabócoa era abundante de pan y pesquerías,

como está dicho. Las leguas que cada una tenía no puedo certificar,

porque ha muchos años (y son más de 50) que estuve en la de Canabócoa;

paréceme que las podemos atribuir á ambas, si son dos, 20 leguas y más

en torno. Entrando la Vega adentro, la cara hácia el Norte, porque las

dichas provincias de Samaná y Canabócoa están al Sur, no me acuerdo

que tuviese nombre otra provincia hasta llegar á la casa y pueblo

real del rey Guarionex, Señor desta Vega, que estaria de las dichas

provincias ó poblaciones 30 leguas, pocas ménos, y esto es donde se

puso la ciudad de la Concepcion como despues diremos; y pienso que

se debia llamar todo su estado deste rey Guarionex, Maguá, la última

sílaba aguda, cuasi por excelencia, como si dijeran reino de la Vega,

porque llamaban los indios, á esta Vega Maguá, en su lenguaje, como se

ha dicho. Hay en esta Isla, mayormente en esta Vega, aves infinitas,

los aires llenos dellas, naturales en ellas, como son palomas torcazas,

tórtolas, gorriones, pezpitas, garzas, ánades, ansares de paso muchas

por Navidad, y infinitos tordos negrillos, cuervos que dan gritos que

apénas se pueden oir los hombres donde ellos están; hay aves de rapiña,

como halcones muchos, no sé de qué especies, cernícalos, milanos,

inmensidad de papagayos verdes con algunas manchas coloradas. Y en

esta Isla son tres especies dellos, mayores y menores y muy chiquitos,

los mayores se llamaban por los indios higuacas, la sílaba de enmedio

luenga, y éstos difieren de los de las otras islas en que tienen sobre

el pico ó la frente blanco, no verde ni colorado; los de esta especie

que hay en la isla de Cuba tienen sobre el pico ó la frente colorado.

Estos higuacas son muy parleros, cuando les enseñan á hablar las

palabras humanas. La otra especie de los medianos son los que llamaban

xaxabis; son muy más verdes, y pocos tienen plumas coloradas; son muy

traviesos y inquietos, bullidores, muerden y aíranse más que otros;

nunca toman cosa de la habla humana por mucho que los enseñen, pero son

muy chirriadores y parladores en su parlar natural. Diez destos xaxabis

acometen á ciento de los higuacas y los desbaratan, y nunca en paz se

juntan éstos con aquéllos. Vuelan cada especie muchos juntos por sí,

y por donde quiera que pasan van todos, cada especie, voceando á su

manera, porque los higuacas tienen el sonido más entero y grueso, los

xaxabis más delgado y agudo, y aunque no hablan los xaxabis palabras

humanas, todavía, puestos en jaula, es placer vellos porque nunca

están quietos ni callando. La tercera especie es de unos chiquitos

como gorriones, verdes todos, y no me acuerdo que tengan alguna pluma

colorada; hay pocos dellos, y cuasi no suenan ni hacen bullicio alguno,

sólo por ser verdes y chiquitos parecen bien y son agradables. Hay lo

mismo ruiseñores que cantan dulcísimamente todo el año, de lo que el

Almirante se maravilló, y con razon, cuando los oyó cantar por Navidad,

como en otra parte será dicho. Hay los pajaritos que en el capítulo 3.º

digimos, que cantan á tres voces, y estos exceden á todas otras aves,

aunque sean calandrias y ruiseñores. Hay eso mismo unos pajaritos poco

más grandes que el dedo pulgar con algunas colorcitas hermositas, que

no vuelan más altos del suelo, de una lanza, y su volar es cerca de

arbolitos y florestillas bajas; de tal manera suenan y con el ronquido

hacen estruendo como si fuesen puercos grandes, y uno sólo que por

cerca del hombre suene no le parece sino que es algun puerco berraco.

Toda esta Isla es refrescada de los suavísimos aires ordinarios, que

son los que llaman los marineros terrales, conviene á saber, los vahos

y frescores fresquísimos que producen de sí los muchos rios y arroyos

y frescos valles. Estos refrescan las noches, y comienzan cuasi á las

diez de la noche y duran hasta las diez del dia, y de allí adelante

comienzan en los puertos de mar los templados y suaves aires que los

hombres de la mar llaman mareros ó embates, y estos duran tambien hasta

las diez de la noche, que ellos cesan y tornan á ventar los terrales;

pero en esta Vega, de las diez del dia en adelante, vientan las suaves

y sanísimas brisas ó cuasi vientos orientales y boreales, más recios

algo que los mareros, aunque suaves, y todos muy sanos naturalmente,

los cuales refrescan y alegran y consuelan todas las cosas vivas que

moran y habitan en esta Vega, por manera que ninguna cosa le falta para

ser felicísima y los verdaderos terrestres Campos Elíseos.

CAPÍTULO X.

Historia de las Indias (vol. 5 de 5) · 第 22 / 41 段