menester tornar donde comenzamos á describilla, esto es, á la provincia
de Guahaba y de Baynoa, á la cual se sigue por esta otra parte, ó mano
derecha, teniendo las espaldas al Norte, la provincia de Iguamuco;
esta es, y toda aquella tierra hasta la provincia de Xaraguá, la que
en fertilidad, hermosura, montes, çabanas ó campiñas, rios y arroyos,
aguas, aire, frescura, templanza, y el mismo cielo, sobrepuja todo
encarecimiento; es, en fin, para que la vida humana, si tanto bien
no le empeciese, pudiese gozar de un paraíso de deleites: en esta
provincia del Iguamuco sale un volcan de una sierra, que echa de
sí algunas veces humo. Síguese, á lo que pienso, otra por la mano
izquierda (digo pienso, porque esta sola no he visto aunque he estado
cerca de ella), que los indios llamaban Banique, la media sílaba breve,
que participa de los bienes mismos y calidades de la susodicha; ésta
tiene la cordillera de las sierras, que hacen la Gran Vega por la
mano derecha, teniendo las espaldas al Norte, como dije, á la mano
izquierda. Tornando, pues, á la mano derecha de estas dos provincias,
que nombré Iguamuco y Banique, ocurre la provincia que en lenguaje
de los indios se decia el Hátiey, la penúltima sílaba luenga, esta
es maravilla verla por su lindeza y amenidad, frescura y alegría,
fertilidad para todas las labranzas y frutas y cosas de esta tierra y
para muchas de las de Castilla; tiene muchas aguas de arroyos y rios
que descuelgan de las provincias de Guahaba y de Iguamuco, viene á dar
á ella tambien un gracioso y poderoso rio, mayor que el rio de Duero
junto con Pisuerga, el cual pasa por esta provincia algunas leguas
hasta dar en la mar, donde fenece, llámase Hatibonico en el lenguaje de
los indios: hácense unas salinas cerca de la boca dél. Puédese contar
con esta provincia del Hatiey lo que resta de todo aquel brazo desta
Isla de á mano derecha, teniendo las espaldas al Norte, que asemejé
como el dedo pulgar de la mano izquierda, cuanto del dicho brazo hay
por la mar del Sur, ántes que pasemos la punta ó cabo de San Nicolás,
que está en este brazo á la mar del Norte, y así parece que terná esta
provincia de Hátiey más de 20 ó 25 leguas de luengo; las que habrá de
ancho serán 15 ó más, segun sospecho. A ésta ocurre, por la ribera
de la mar, la provincia del Çahay; ésta, por la mar y por la parte
de la tierra, confina con la nobilísima provincia de Xaraguá, y como
participe de las pasadas y sea toda una tierra y de una manera, no hay
que decir ni encarecer de ella sino que es fértil y fructífera y muy
buena. Pero á ésta y á otras excede otra, la tierra más adentro desta,
viniendo todavía las espaldas al Norte como veníamos, y ésta es Baynoa,
otra sin la que primero que todas describimos en la primera vuelta;
ésta goza de todo el rio grande que nombramos Hatibonico ó de la mayor
parte dél, creo que más de 25 leguas; prosíguese á la del Hátiey el
rio arriba. Esta, por ambas á dos riberas del rio, es grande consuelo
verla y considerar su hermosura, disposicion, fertilidad, suavidad,
frescura da gozo y alegría; cuasi no se siente calor, frio no es de
hablar dél, es luégo temperatísima; tiene llanos por las dos riberas
del rio Hatibonico, tiene cerros, collados, valles, todos cubiertos
de yerba hermosísimos; los puercos que por ella se han criado son
infinitos. Entremos en la provincia de Xaraguá, que á las dichas se
sigue luégo, donde fué la corte (como diremos si Dios quisiere) de
toda esta Isla, ésta contiene en sí casi en redondo más de 40 leguas,
á mi parecer; por una parte tiene la vega de la Yaguana, que es cosa
hermosísima y deleitable y provechosa mucho para puercos, que han sido
innumerables los que allí han nascido, y tambien hay hoy muchas vacas
y ha habido. Esta llega hasta la mar y la ribera viene del Çahay, y
es el rincon y puerto, no buen puerto, deste golfo de Xaraguá, que
arriba digimos, y allí está poblada de españoles una villa. Hace esta
Vega la sierra grande, que por esta parte se hace grande, aquella,
digo, que dije ser loma, que desciende y se hace más baja de las
sierras de la provincia del Baoruco, en la cual loma ó lomas está la
provincia de Yaquimo, donde se cortaba el brasil, y está Norte-Sur,
por derecho, Yaquimo, desta Vega, justas 18 leguas, que es un grado
ménos media legua. Descienden desta alta sierra, que es todo lo más
della montuosa, algunos arroyos frescos, que proveen de abundante agua
toda la que la vega para hartar los hombres y animales ha menester.
Esta sierra va adelante junto á la mar, todo el brazo que digimos ser
el dedo con que señalamos de la mano izquierda, hasta el cabo desta
isla que llamamos del Tiburon y de la Guacayarima, donde hay la fruta
de los mameyes que tanto arriba encarecimos. Volviéndonos ocho leguas
atras, hácia el Oriente, de la ribera de la mar, fin desta Vega, estaba
la ciudad y corte de aquel rey Behechio y aquella reina Anacaona, su
hermana, de quien si place á Dios diremos. Este asiento desta ciudad y
corte del rey Behechio es tierra más enjuta que la que habemos dicho,
porque ménos húmida y por eso muy más sana; es muy llana, como una
gran campiña ó çabana, la yerba della es chequita y seca ó tostada
como la de Castilla; tiene á media legua delante de sí, hácia el Sur ó
Mediodía, la dicha sierra muy alta que va su camino al Baoruco, hácia
el Oriente, adonde se extiende y pára y regocija la vista. Desciende de
aquella frontera y alta sierra un muy hermoso rio, el cual se llamaba,
por la lengua de los indios, Camín, aguda la última sílaba; el agua
deste rio se solia decir la mejor y más delgada y más sana (puesto que
no es rio de oro) que la de todos los rios desta Isla, como quiera que
todos en comun excedan en sabor y delgadeza y bondad de agua y sanidad,
ó al ménos no sean inferiores de cuantos en estas partes puedan ser
referidos. Regábanse con el agua deste rio, sacada por acequias, todas
las labranzas de gran parte desta tierra, lo que no se hizo jamás (por
su gran fertilidad) en toda esta Isla; bien creo que ninguna cosa
de las de Castilla en esta tierra se pornía, así de plantas como de
pepitas y de cualquiera semilla, que no se hiciese muy buena y diese
los fructos que convernia, solamente dudo de los árboles ó frutales
que proceden de cuescos, porque hasta agora no se ha visto en esta
isla. En esta provincia, obra de una legua de la ciudad de Behechio,
Rey della, comienza una laguna de agua dulce al principio por los rios
que desaguan en ella, pero su principal orígen de la mar creemos que
viene; durará esta agua dulce y algo mezclada con la salada, de ancho
una y de largo tres leguas, donde hace la tierra una angostura y se
sangosta la laguna, y luégo entra en otra laguna ó lago muy grande, y
aquél va cerca de otras 15 leguas hácia el Oriente, el cual pertenece
á otra provincia y en ella diremos lo que de ambas á dos sentimos. Por
la vera de la sierra grande, que es las espaldas del Baoruco, vuelta la
cara al Oriente, vuelven los términos de la provincia de Xaraguá, creo
que por aquella parte 12 leguas, hasta una sierra muy alta que dura dos
leguas, que llamábamos el puerto de Careybana, porque á la descendida
del puerto estaba en un gran llano una grande poblacion, que se decia
por los indios Careybana. En esta provincia de Xaraguá, en el asiento y
ciudad del rey Behechio, despues de todo destruido, estuvo por algunos
años una villa de españoles poblada, que llamaron la Vera-Paz, no
porque la paz entró con ellos en ella, como se dirá placiendo á Dios,
y harto tambien dello arriba en algunos capítulos se ha dicho, la cual
no duró más, como otras muchas poblaciones que han hecho los españoles
en ésta y en las otras partes destas Indias, de cuanto quitaron las
vidas á los indios. La provincia que luégo se continúa despues desta
de Xaraguá es y se llama el Cayguaní, la última sílaba aguda; todo lo
más della consiste y se extiende por la ribera de la grande laguna.
Comienza de la gran poblacion que dije que se nombraba Careybana, que
está á la descendida del puerto, y va por la vera de la sierra que está
á las espaldas del Baoruco, dentro de la cual entra la sierra de la
sal y las poblaciones que allí habia, y llega á partir términos con la
provincia de Açua; bien tiene de circuito la tierra que he dicho más
de 30 leguas, pero lo que dello es de loar es la ribera de la laguna,
no toda, porque la banda del Baoruco y vera de la sierra que cae á la
parte del Sur ó del Austro, llega el agua della allí, que apénas puede
el hombre pasar, más de 10 leguas, sin mojarse, solamente la banda
del Norte es la fértil, y la tierra de por allí era muy fértil, donde
habia grandes poblaciones, como se dirá: por esta tierra hay cantidad
de yeso, lo que fuera de allí no he visto en esta Isla. La vecindad y
provecho que se sacaba desta laguna causó estar muy poblada toda esta
tierra, en especial la ribera della de la banda del Norte, como se
dijo, porque habia grandes pesquerías de muchos pescados de la mar;
y esto es cosa, cierto, de maravilla, que estando esta laguna, creo
que, no ménos que 10 leguas de la mar, que por los abismos, debajo de
tantas sierras como las del Baoruco, que están desta laguna al Sur
ó Mediodía, entre la mar tanto en la tierra y haga tan gran lago ó
laguna que tenga de longura 15, y de ancho buenas tres leguas. Que esta
agua sea y entre de la mar es manifiesto por esto: lo primero porque
es muy salada, lo segundo, porque tiene gran profundidad que no se
halla suelo, lo tercero, y esto es lo más eficaz, que se hallan en
ella tiburones y otros pescados grandes marinos que no se crian ni se
han visto en estas Indias sino en la mar. Algunos han creido que entra
la mar hácia esta laguna por la parte de Xaraguá, porque desde que
comienza la laguna dulce tiene tres leguas poco ménos de sí la mar, y
por estar más cerca juzgan que por allí debe entrar; pero no parece ser
así por estas razones: la una, porque como la mar sea tan profunda poco
hace al caso para poder impedir á la naturaleza que no entre la mar y
haga el dicho lago ó laguna por debajo de tres leguas de la tierra ó
de diez, ni que la tierra sea llana por su superficie ó que sobre ella
suban y haya grandes sierras, porque como la tierra que habitamos no
sea sino sierras ó montañas que suben desde el centro, harto mayores
que las que por la tierra en que vivimos vemos, segun aquello del Salmo
103, hablando de la tierra: _Qui fundasti terram super stabilitatem
suam, non inclinabitur in sæculum sæculi. Abyssus, sicut vestimentum,
amictus ejus, super montes stabunt aquæ._ El fundamento de la tierra es
el centro, del cual nunca se mudará. El abismo es el agua ó mar Océano,
que cubre y cerca la tierra como la vestidura del cuerpo humano. Y
así están las aguas de la mar sobre los montes que suben desde el
centro, como vemos que yendo en un navío, cuanto más nos apartamos de
tierra, tanto más honda se va haciendo la mar, y si echamos un plomo
en un cordel, que los marineros llaman sondava cuesta abajo, y está
esto bien claro, y por esto dice _super montes stabunt aquæ_. Así que,
como por los soterráños ó venas de la tierra entren las aguas de la
mar, y áun las aguas dulces de los rios, como en el _Ecclesiastes_ se
dice, poco puede hacer al caso que entre el agua en este lago estando
diez ó doce leguas ó tres de la mar, ni que tenga la tierra sierras
altas ó ásperas, ó que sea toda llana. La otra razon es porque la
primera laguna que decimos dulce ó cuasi dulce, que comienza junto
á Xaraguá, y que tiene tres leguas, que desagua en la grande, parece
por el angostura que tiene de la tierra al cabo, que otro tiempo
debia estar cerrada y distincta de la grande salada, y con el ímpetu
de aquella haberse rompido y así haberse una con otra mezclado, y la
que era dulce toda haberse hecho salobre ó salada. Y desto parece
otro muy claro argumento, porque tengo entendido de muchos años, y de
40 y 50 que lo platicábamos, y muchas veces que he pasado por ella,
atras en la primera laguna dulce ó poco salada, no se toman tiburones
ni otros pescados marinos sino en la grande salada, y así los indios
no se solian guardar ni quejar en la primera que los tiburones los
desgarraban, sino de la segunda entendia yo que temian y se quejaban.
Y así parece, que no por parte de las tres leguas y cerca de Xaraguá,
sino por las 10 ó 12 de hácia el Baoruco está el ojo ó ojos por donde
entra en este lago la mar.
CAPÍTULO VI.
Ya que habemos juntado esta provincia del Cayguaní con la del Baoruco,
y tambien con los términos de la de Açua, no queda más tierra que
descrebir por aquí; tornemos á la tercera vuelta, describiendo lo
íntimo de toda esta isla, con lo más gracioso, felice y rico della,
excepto la Vega. Tomemos, pues, desde las que arriba en la segunda
vuelta y en el capítulo 5.º nombramos provincias de Iguanuco y Banique,
á las cuales se sigue la gran provincia y rica de Cibao, que el
Almirante, oyéndola nombrar, creyó ser la de Cibanco, donde estimaba
que Salomon habia para el templo el oro llevado, y con esta opinion
creo que murió. Los indios, por su lenguaje, llamaban á esta provincia
Cibao, por la multitud de las piedras, porque ciba quiere decir piedra.
Toda esta provincia es sierras altísimas, todas de piedras peladas,
de las que en Castilla llamamos guijarros; no están comunmente las
piedras sueltas cada piedra por sí, sino juntas y pegadas, como si
lo estuviesen con argamasa; y todas las sierras están vestidas de
yerba cortita, como un palmo ó dos, en unas partes más crecida que
en otras, porque en algunas hay más tierra, aunque toda arenisca, y
más húmida ó ménos estéril que en otras. Están todas estas sierras
adornadas de muchos pinos y pinares, no espesos sino raros, por su
órden puestos, cuasi á la manera que en Castilla se ponen á mano los
olivares; son muy altos y muy gruesos y derechos para hacer dellos muy
lindos masteles para grandes naos, llenos de zumo para hacer dellos
infinita pez, no llevan fructo sino unas piñitas como en Castilla
los que llaman negrales. Comienzan desde las sierras de Niçao, que
digimos arriba estar ocho leguas de Santo Domingo, y pasan por las
minas viejas que arriba tocamos y diremos, placiendo á Dios, abajo, y
por toda aquella renglera de las sierras, y hinchen á esta provincia
de Cibao y pasan adelante, y segun creo hinchen y ocupan más de 70
leguas grandes, y más de 25, y quizás 30 por partes, en ancho. El
riñon desta provincia y áun de toda la isla es en casi la cumbre de
toda esta tierra y de más fertilidad, porque el terruño es de barro
ó cuasi barro, y aquello está sin pinos, porque regla general es que
toda la tierra donde hay pinos es estéril. No me acuerdo qué tanto
durará de ancho y largo esta cumbre, porque há más de 50 años que
estuve en ella; llámase Haytí, la última sílaba aguda, de la cual se
denominó y llamó toda esta isla, y así la nombraban todas las gentes
de las islas comarcanas. En ella y por ella hace mediano frio, y es
menester hasta que encumbra el sol algun fuego, pero no es tanto que el
agua se hiele; hay por ella zarzamoras como las de Castilla, y nueces
naturales, pero tienen mucha madera y poca médula ó meollo, por lo
cual no son de provecho. Por esta tierra granan las cosas que granan
en Castilla, que proceden de semillas, en especial se hacen muy buenos
nabos, y créese que se harian maravillosas viñas. Toda esta provincia
de Cibao es bien fresca, sin algun calor ni que cause pena el frio;
es toda ella hermosa, graciosa, alegre, y más que otra sanísima; la
causa es la enjutez de la tierra, y ser toda de sierras descubiertas
altísimas, exenta de toda humidad y que la baña el sol en saliendo por
todo el dia, y los aires templados continuos y muy sanos que son las
ordinarias y continuas brisas. Los rios y arroyos que desta provincia
de Cibao salen son los más graciosos, lindos, frescos y de las más
suaves y delgadas aguas que creo haber en el mundo, y estos son sin
número infinitos; los principales que de millares de arroyos se hacen
son los siguientes, todos por mis ojos vistos: uno se llama Xagua,
otro Guaba, otro Guanahumá, la última luenga, otro Baho, la última
breve, otro Yaqui, la misma breve, otro Xanique, la media breve, otro
Agmina, la misma breve, otro Maho, otro Paramaho, la penúltima luenga,
otro Guayobín, la última aguda, todos nombres del lenguaje de los
indios; los cinco primeros, cada uno por sí, é con ellos Maho, que es
octavo, son tan grandes, cuando ménos agua llevan, como por Córdoba
Guadalquivir; el sétimo poco ménos, el sexto y el noveno algo más
ménos, pero lindísimos y graciosísimos, y todos presurosos, corrientes
y rapidísimos, en especial Baho, Agmina y Guayobín. Los primeros cuatro
entran en el rio Yaqui, ántes que salga de las sierras; despues,
adelante por la gran Vega, recibe en sí todos los otros rios, donde
pierden todos sus nombres, y sólo queda Yaqui con el suyo hasta que
sale á la mar junto al Monte-Christi, y aunque lleva inmensa cantidad
de agua, cuasi siempre, sino es por el tiempo de las aguas lluvias,
todo él se vadea. Estos rios y arroyos, en muchas y diversas partes
de la tierra que ocupan, hacen muchas veguetas y hoyas graciosísimas
y deleitables, que no parecen sino pintadas en un paño de Flandes.
Todos estos rios y todos los desta isla están de pescados plenísimos,
y por la mayor parte los pescados dellos son lizas de las de Castilla,
pero muy mejores y más gruesas y sabrosas y en tamaño mayores, y la
semejanza tienen, en la escama, con los albures de Sevilla; hay otros
que llaman guabinas, la media sílaba breve, las cuales tienen cuasi el
parecer de truchas, en la escama, especialmente cuanto á las pinturas,
puesto que son las pinturas ó manchitas negrecitas y el pescado dellas
muy blanco, es sanísimo y delicatísimo pescado que se puede y suele dar
á los enfermos como si fuesen pollos. Otros, que se llaman dahaos, la
media luenga, son pequeños como pequeños albures, ménos que un jeme, y
tienen los huevos tan grandes y mayores que los de los sábalos, y esto
es lo principal que tienen de comida, porque lo otro todo tiene poca
sustancia. Hay tambien otros que se llamaban çages, pequeños pero muy
sabrosos, cuasi del tamaño y escama que albures chiquitos. Hay asimismo
los que llamaban los indios diahacas, la media luenga, éstas son como
mojarras de Castilla, difieren algo de mojarras en tener las escamas
prietecitas, y las mojarras son todas muy blancas; estos pescados son
tambien sabrosos y muy sanos. Hay anguilas grandes y chicas, pero son
tan dulces de comer que causan á algunos náusea ó mal estómago; hay
lagostines, que son camarones muy grandes, muy buenos de comer aunque
duros, de la manera de los de España. Estas seis especies de pescados
de escama son, y no más, los que se hallan y hay en abundancia en los
rios desta isla; en los arroyos pequeños hay unos pececitos chiquitos
que en Castilla llaman pece-rey y los indios tetí, la última aguda;
son sanísimos. Hay en ellos tambien hycoteas que son galápagos de los
arroyos de Castilla, puesto que estas hycoteas son muy más limpias
y más sanas que aquellos, segun creo, porque no son tan limosas ni
tan amigas de lodo y tierra, porque andan más por el agua que los
galápagos; verdad es que tenian por opinion los indios desta Isla que
las hycoteas eran madres de las bubas, y así á mí muchas y algunas
veces me lo dijeron, por esta causa nunca jamás las quise comer, puesto
que muchos las comian y nunca tuvieron bubas. Hay en los arroyos
tambien unos cangrejos, que sus cuevas tienen dentro del agua, que los
indios llamaban xaybas; estos cangrejos ó xaybas tienen dentro, en el
vaso ó caparacho, ciertos huevos ó cierto caldo que parece cosa guisada
con azafran y especias, y así tiene el color y el olor y el sabor de
especias, mayormente cuando están llenas, que es con la luna nueva,
porque entónces están sazonadas; hánse de comer asadas porque cocidas
irse hia el caldo y no serian tan buenas. Tornando á nuestra provincia
de Cibao, el oro que se ha sacado della no puede ser encarecido, y áun
tambien el que hoy en ella hay, sino que despues de haber muerto todos
los indios no se dan á buscarlo por inmensidad de arroyos y quebradas
y rios que por toda ella están, porque quien alcanza 10 ó 20 negros
más los quiere ocupar en otras granjerías que tiene más ciertas y con
menores trabajos, que andar con ellos buscando minas que suelen salir
muchas veces inciertas. Es muy fino en quilates todo el oro desta
provincia, y el más fino que otro de todas las partes destas Indias,
excepto lo de Carabaya, en el Perú, que dicen ser tan fino y más;
tambien hobo en la isla de Cuba en la provincia de Xagua oro fino,
poco ménos fino, pero yo digo que á mi parecer poco ha debido haber
en estas Indias que se iguale y ninguno que pase á lo de Cibao. Hay
en esta provincia de Cibao, al principio que á ella suben, dos leguas
pasado el rio de Yaqui, y siete de la ciudad de la Concepcion, que está
en el comedio de la Vega, como se dirá, una cuesta ó sierra pelada no
muy alta, harto seca y pedregosa, de la cual salen tres arroyos como
los tres dedos del medio salen de la mano, los cuales están secos sin
agua lo más del año; el uno llamaron los indios Buenicún, al cual
llamaron los españoles rio Seco, el segundo se llamaba por los indios
Coactinucum; el tercero Cybú, todos tres la última sílaba aguda; no
hay cuarto de legua de travesía en todos tres, ó al ménos no hay media
legua. En media legua, desde el nascimiento de cada uno hácia abajo,
el oro que se ha dellos sacado, y mayormente del rio Seco, ha sido
inmenso; hánlos vuelto cien mil veces de abajo arriba la tierra, y
siempre sacan oro poco que mucho, y, cierto, cada dia se cria, segun
la experiencia nos muestra, y dejando holgar por algunos años aquella
misma tierra tornaria á dar, como ha dado por tiempos, muchas riquezas.
Háse cogido tambien oro en otro arroyo que está adelante del Cybú, que
es el postrero de los tres dichos, yendo la cara al Norte, media legua,
que se llamaba Dicayagua; háse sacado tambien infinito en los rios
susodichos Yaqui, Xanique, Agmina, Maho y Paramaho, y adelante donde se
dicen los arroyos. Adelante desto, ántes, creo que, doce ó nueve leguas
de la villa de Puerto Real, en un arroyo que se llamó Guahaba y en la
tierra y cuestas de por allí, que es toda una sierra con la de Cibao,
mayormente en unas minas que se llamaron la Cienaga, fué mucho el oro
que en ella se cogió; y acaeció allí que dos españoles tomaron las
minas juntas, guardados ciertos pasos, que segun las ordenanzas sobre
aquello hechas se debian á cada mina de guardar, llegando que llegaron
á coger y sacar el oro de los confines de cada mina, porque era cosa
rica, acordaron de echar una plomada para que ninguno de los dos
tomase más tierra de la que le pertenecia, y descendiendo la plomada
por derecho abajo dió por medio de una gran plasta de oro, y así la
partieron ambos á dos. Comunmente todo el oro, que en esta provincia
de Cibao habia y hay, es menudo como sal menuda, puesto que se han
sacado en algunos arroyos granitos como lentejas, y otros poco ménos y
otros poco más. Paréceme que tendrá esta provincia de Cibao 30 y áun 40
leguas de longura y más de 20 en ancho. Y porque la fuerza del oro está
en todas las sierras, rios, y arroyos que miran al Oriente, las cuales
baña el sol en saliendo y todas las aguas se vierten al mismo sol, y
lo mismo es en las minas viejas y nuevas que están desta ciudad de
Santo Domingo ocho leguas; y de la otra parte de éstas sierras, aguas
vertientes al Poniente, no se ha hallado algun oro, por manera, que
parece que las influencias del sol tienen más eficacia en las tierras
que están hácia donde nascen que las de adonde se ponen; por esta causa
creo que en toda la cordillera de las sierras que comienza desde las
sierras del rio Niçao de la costa del Sur, las más descubiertas de
hácia el sol, hasta que acaban á la punta ó cabo de Guahaba que se
mira con la punta oriental de la isla de Cuba, y así dura la dicha
cordillera más de cien leguas, dentro de las cuales son infinitos los
rios y arroyos que hay, en toda, digo, la dicha cordillera y todos
los dichos rios y arroyos infinitos que en ella hay, que miran al sol
cuando nace, tienen oro, y ningun estimo, ó pocos, se hallarán que no
tengan oro poco que mucho. Desto es claro argumento y harto eficaz las
minas viejas que están continas á la dicha cordillera, y aquella va á
parar á éstas de Cibao, y de Cibao va siguiéndose hasta la provincia de
Guahaba, donde habemos dicho que se ha sacado mucha cantidad de oro. Y
porque el oro no se puede sacar de las minas sino es lavando la tierra
en agua, como abajo se dirá, y hay muchos lugares en las sierras y
quebradas donde suele estar el oro que están léjos del agua, por ende
infinitos lugares habrá y que tengan mucho oro, lo cual, empero, por la
falta del agua nunca se podrá sacar, sino fuesen tan ricas las minas en
los dichos lugares apartados del agua, que sufriesen la costa de llevar
la tierra á los rios ó arroyos léjos á lavar.
CAPÍTULO VII.