sierras, altísimas como él, hácia el Oriente, y luégo está la provincia
de Cubao, que es el Macorix de arriba, que así lo llamamos á diferencia
del de abajo. Macorix quiere decir como lenguaje extraño, cuasi
bárbaro, porque eran estas lenguas diversas entre sí y diferentes de
la general desta isla. Esta provincia de Cubao terná 15 ó 20 leguas de
luengo y 8 ó 10 de ancho; de una parte, hácia la mar, se descuelgan
muchos arroyos y rios; de la otra parte va á la cordillera de las
sierras que vierten sus aguas en la grande y Real Vega. En estas 8 ó
10 leguas de ancho de esta provincia de Cubao son infinitos los rios y
arroyos, sin los que están dichos de las dos sierras ó cordilleras, que
caen y hacen riberas muy fértiles, aunque angostas y estrechas, para
las labranzas de los indios, dentro de las cuales hay, agora que están
despobladas de indios, grandes manadas y cercados de yeguas y caballos
y de otras bestias, puesto que todo esto está entre altísimas sierras,
y todas estas son vestidas y cubiertas de árboles muy altos. En estas
muy altas sierras se crian unos pajaritos de diversos colores, hermosos
á lo que tengo entendido por lo que se me ha dicho, pero yo no los he
visto sino oido y bien oido, los cuales cantan á tres voces cada uno
solo; digo que cantan por sí á tres voces, que, cierto, es cosa de
maravilla, no juntas todas tres voces, sino una tras otra diferentes y
consonas como tiple y tenor y contra, pero tan presto todas, tan claras
y dulces, que cuasi parecen tres juntas y tres subjetos ú órganos que
las producen. Cosa es que no se puede su dulce sonido encarecer, ni
dar bien á entender más de que es una música mucho dulce y deleitosa;
yo los he oido en aquellas muy altas sierras, y testifico que es cosa
para provocar á los hombres, que los oyesen, á dar muchas y magnificas
gracias á Dios. En oyéndolo la primera vez, para gozar de aquel canto,
luégo se ha de asentar el hombre, y con silencio pararse á oir,
porque en sintiendo cualquiera estruendo, luégo callan y por ventura
se esconden. Dije que habia entendido que estos pajaritos eran muy
pintados de muchos colores, porque me dijo quien mató uno con ballesta,
(uno muy pintado que era maravilla verlo, parezque por allí hablando,
que hablábamos, de la dulzura del canto dellos), que creia que debia
ser aquel; fácil cosa es de creer, que avecita en quien la bondad
divina puso tanta suavidad por objeto del sentido del oir tuviese
tambien concedido en sí con qué deleitara el sentido del ver. Adelante,
por esta cordillera de sierras hácia el Oriente, que hacen, como he
dicho, la gran Vega Real, se sigue la provincia de los Ciguayos, de
quien abajo en otros capítulos hablaremos largamente, y de las injustas
guerras que le hicieron los cristianos, cuyo Capitan fué el Adelantado.
Esta provincia es más larga y ancha, y más capaz, y fértil, y graciosa,
que la precedente de Cubao, cuya longura, segun yo creo, se extiende
más de 30 leguas, porque llega junto á las sierras de la provincia del
Macao por la tierra adentro, por la parte de la Vega Grande, y por la
mar hasta la provincia de Higuey; tiene muy lindas campiñas y riberas
de rios, en el anchor de ella, entre las sierras que hacen la dicha
gran Vega y las sierras que están junto á la mar, y creo que pertenece
á esta provincia de los Ciguayos el golfo que el Almirante llamó de
las Flechas. Pasada esta de los Ciguayos, viene luégo allí, por la
costa de la mar, la provincia grande de Higuey, dentro de la cual se
contiene todo lo que resta desta isla por aquel camino de la banda del
Norte, que fenece en el cabo del Angel ó del Engaño y puntas ó tierras
orientales, y dentro dellas se encuentran los pueblos, ó quizá es
provincia, de Samaná, la última sílaba aguda; torna la dicha provincia
de Higuey por la del Sur hasta cuasi 25 leguas ó 30 de Santo Domingo, y
así tiene de costa de mar más de 45 ó 50 leguas; por la tierra dentro
creo que tiene en lo que resta de contorno más de 30. La isla de la
Saona, que está pegada con esta cuasi dos leguas, como arriba en cierto
capítulo digimos, pertenece á esta provincia de Higuey; pertenece
tambien ó está muy cerca, la isleta que dicen de Santa Catalina.
Dentro tambien de esta provincia, se contiene la provincia que se dijo
de Cotubanamá, que está frontero de la Saona, de las cuales diremos
adelante, si place á Dios, muchas cosas nuevas; entran lo mismo los
pueblos del Macao, adonde van á fenecer, ó junto allí, la cordillera de
las sierras que hacen la Vega Grande. Esta provincia tiene dos partes,
la una de llanos y campiñas, que los indios llamaban çabanas, de yerba
muy hermosa, como parte y fin que son de la Vega Real y grande, y duran
10 y 12 leguas algunas dellas, con algunas manchas de arboledas; la
otra parte della es admirable desta manera: que al cabo de las çabanas
ó campiñas dichas, comienzan unas peñas cuasi cortadas ó tajadas, que
apénas se puede subir á gatas, asiéndose el hombre á las ramas que allí
hay, por ellas, y esta altura terná 50 y 100 estados, y en partes más;
todo lo de arriba, 10 y 15 y 20 leguas, es tan llano como una mesa muy
llana, y en algunas partes hay otras mesas de la misma manera sobre
aquellas; todas estas mesas son de peña muy llanas, pero levantan de
sí infinitas puntas como de diamantes, segun solemos proverbialmente
decir, tan espesas y duras que vamos por ellas como si fuéramos encima
de alesnas, y habemos de ir bien herrados de alpargates, porque zapatos
no se pueden traer por allí, porque no duran (sino cosa blanda que
asiente por aquellas puntas) cuatro ó cinco ó pocos más dias. Todas
estas duras y ásperas, aunque llanas, peñas ó lajas, son de la especie
y naturaleza de las piedras que hay mejores de que se hace cal; tienen
muchos hoyos de dos ó tres palmos de hondo, y en contorno otro tanto
y más, y en este hondo hay una tierra muy colorada ó bermeja como
almagra, esta tierra es de tanta virtud y fertilidad, que las cosas
que en ella se siembran de las labranzas de los indios (porque son
plantas de donde nacen las raíces de que hacen su pan), que si echan
en las otras tierras ó partes desta isla las dichas raíces tan gruesas
como la pierna ó el brazo, se hacen allí tan gruesas cuanto es todo el
hoyo, que partidas por medio tiene un indio, con llevar á cuestas la
mitad, no chica carga. Como si pusiéramos allí una simiente de nuestras
zanahorias serian tan gruesas como por la cinta es un hombre, lo mismo
si sembrásemos una pepita ó dos de melon, se harian los melones tan
gruesos que hinchan y ocupen todo ó cuasi todo el hoyo; y así se hacen
en la isleta de la Mona, de la cual diremos, si Dios quisiere, algo
más, porque es toda ella de aquellas mesas de peñas ó lajas y hoyos,
y en ellos la tierra colorada ó bermeja; y son aquellas mesas todas
tan peñas, que acaece andar dos y tres dias sin hallar tierra ni tanto
hoyo de ella donde pueda dormir tendido un hombre una noche. Todas
ellas están llenas de árboles y monte bajo; en medio de estos montes
hacian los indios sus pueblos, talados los árboles tanto cuanto era
menester quedar de raso para el tamaño del pueblo y cuatro calles en
cruz, (quedando el pueblo en medio), de 50 pasos en ancho y de luengo
un tiro de ballesta; estas calles hacian para pelear, á las cuales se
recogian los hombres de guerra cuando eran acometidos. Por esta parte
de esta provincia que decimos ser de peñas, no hay rio alguno, y no
carecen de aguas, que beban, excelentes; estas están en aljibes obrados
por la misma naturaleza, que en lengua de indios se llaman xagueyes; la
causa destos aljibes y aguas en ellos, es esta, conviene á saber, que
la otra parte desta provincia, que digimos que era de campos rasos y
campiñas ó çabanas graciosas, que son el cabo de la gran Vega, rescibe
en sí muchos arroyos y rios muy lindos y frescos, que descienden de
las sierras que digimos venir de la cordillera, que tiene su orígen
de Monte-Christi y va por la Isabela y puerto de Plata, y Cubao, y
los Ciguayos, y hace como he dicho la Vega, y al cabo va á fenecer á
las dichas çabanas y campiñas, y en llegando estos arroyos al medio
dellas, súmense todos por debajo de la tierra y van á salir grandes
ayuntamientos de aguas á los dichos aljibes ó xagueyes (que son unas
concavidades que la naturaleza hizo debajo de aquellas mesas y peñas),
al ménos á las más bajas, de las cuales las aguas que dellas llenas
sobran, van, finalmente, á vaciar en la mar. Diré aquí una cosa digna
de oir, que vide en aquella provincia, en la parte della que está en
derecho de la isla Saona, en la tierra y señorío de un Rey ó Señor que
se llamaba Cotubanamá, de quien en otro lugar se dirán cosas notables:
en este señorío y tierra, cuatro ó cinco leguas de la mar, está un
aljibe ó xaguey, cuasi media legua del pueblo donde residia el dicho
Señor ó Rey, el cual, segun nos parecia á los que íbamos por allí,
ternía media legua de ancho ó quizá en todo él, porque andando sobre
las mesas dichas y peñas, lo que nunca ántes en toda aquella tierra
habíamos sentido, sonaban unos pasos como si anduviéramos sobre un
hueco ó vacío tablado ó sobre una tolda de navío, tanto que íbamos no
con poco miedo; descubrimos el aljibe, llegamos, pues, donde tenía la
boca, que sería como tres ó cuatro palmos en cuadro, cuasi como una
escotilla del pañol, que llaman los marineros en las naos, parámonos
á mirar por ella, y estaba tan oscuro todo lo de abajo que parecia un
abismo; allí no nos faltó harta grima. Puesta diligencia en buscar unas
raíces que llamaban bejucos, que sirven de cuerdas, con un vaso de
barro sacamos el agua, la más dulce, delgada, fresca y fria y la más
sabrosa que podia ser vista; habia ocho brazas hasta llegar al agua
desde arriba, y queriendo experimentar la hondura, hallóse, finalmente,
que tenía 40 brazas de hondo, las 32 de salada y las ocho de dulce,
la cual, por su ligereza, es natural, como suele, estar encima: otros
muchos hay y hallamos muy someros, de muy buena agua, clara, dulce y
muy fria. Lo que creíamos de aquella salada era que, aunque estaba
léjos la mar, entraba por aquellas cavernas el agua salada della, y de
los rios que se sumian venia la dulce; y cierto, este xaguey era verlo
maravilla. Adonde se sumen los rios queda en seco tanto pescado, que
podria mantenerse por algun tiempo la gente de una villa. Por todas
las dichas mesas de lajas ó peñas, y entre ellas, se crian unas raíces
que no las hay en toda esta isla; estas raíces se llaman guayagas, y
hacen dellas el pan que comian por toda esta provincia los indios: las
raíces son como cebollas gruesas albarranas, las ramillas y hojas que
salen fuera de la tierra dellas, obra de dos ó tres palmos, parecen
algo como de palmitos de los que hay en el Andalucía, puesto que son
más angostas y más lisas y delicadas que las de los palmitos. Hácese
el pan de esta manera, conviene á saber, que en unas piedras ásperas
como rallos, las rallan como quien rallase un nabo ó zanahoria en un
rallo de los de Castilla, y sale luégo masa blanca, y hacen della unos
globos ó bollos redondos, tan grandes como una bola, los cuales ponen
al sol, y luégo pónense de color de unos salvados ó afrechos; están al
sol uno y dos y tres dias, y al cabo dellos se hinchen de gusanos como
si fuese carne podrida, y quedan eso mismo tan negros poco ménos como
una tizne, como un negro algo deslavado que tira á pardillo: despues
que ya están en esta dispusicion, negros y herviendo de gusanos tan
gordos como piñones, hacen unas tortillas dellos, que ya es masa cuanto
á la blancura y ser correosa como la de nuestro trigo, y en una como
cazuela de barro que tienen ya sobre unas piedras, y fuego debajo,
caliente, ponen sus tortillas, y desde un rato que están cociendo de
un lado las vuelven del otro, donde bullendo los gusanos con el calor
se frien y mueren y así se quedan allí fritos. Y este es el pan de
aquella tierra y provincia; y si se comiese ántes que se parase prieto
y no estuviese lleno ó con alguno ó muchos gusanos, los comedores
moririan. En la parte otra que digimos ser de llanos y campiñas, en
esta provincia, se hacen más que en otra parte de esta isla los mayores
y más gruesos puercos que pienso jamás haber visto; allí vide puercos
que habian sido domésticos, de la simiente traida de Castilla, que
se habian á los montes huido, que eran tan grandes que con un solo
cuarto iba tan cargado un valiente hombre indio, que cuasi daba pasos
para atras y al traves como si llevara dos quintales encima; cierto,
eran tan grandes los cuartos como de grandes terneras, las enjundias
de la manteca no eran creibles, porque, á lo que me puedo acordar,
creo, de una sola enjundia vide que se hinchieron dos botijas y más,
de á media arroba cada una, de las que vienen con aceite de Castilla.
Toda esta provincia, por la mayor parte, mayormente la de las dichas
mesas, es templada, y la otra de los llanos ó campiñas no tiene calor
excesivo. Entre la isleta de Saona y Santa Catalina sale un rio que me
parece llamarse Heuna; á la ribera dél se pobló una villa que se llama
Salvaleon, de donde procedió hacerse decirse há, si á Dios pluguiere.
En las sierras que vienen de donde se dijo y en esta provincia se
acaban, se ha cogido oro y buen oro, y creo que si á ello se diesen más
se cogeria, pero como despues que mataron los indios (de cuya muerte
y perdicion total ellos poco se dolian) no acordaban de sacarlo por
sus manos, por esta causa luégo cesó el sospiro de buscar y descubrir
minas.
CAPÍTULO IV.
Yendo por esta costa del Sur al Poniente, ocurre, luégo despues de
esta de Higuey, otra provincia que se llamaba Cayacoa ó Agueybana y
llega á Santo Domingo, que serán 30 leguas, la ribera de la mar; es
toda de peñas, cuasi de la naturaleza de las ya dichas, pero no á
mesas sino baja, y á un tiro de piedra, y no tanto la tierra adentro,
es todo campiñas y çabanas, que son el fin de la Vega con sus rios y
arroyos y florestas adornadas de toda hermosura, fertilidad y lindeza;
á las 15 leguas destas 30, ántes que lleguen á Santo Domingo, está un
pedazo desta provincia, donde sale á la mar un lindo rio que se llama
el Macorix, fertilísima tierra para el pan cazabí y para criar puercos
y otras muchas cosas de provision y mantenimientos. En todos estos
campos y çabanas no tienen número las vacas que hay, y las que cada dia
multiplican y crecen. Ocho y diez leguas de ancho, la tierra dentro de
Santo Domingo, y 15 de luengo de campiñas y rios grandes y florestas y
hermosura con fertilidad, es toda tierra beatísima y utilísima. Tres
leguas abajo deste puerto y rio de Santo Domingo sale un rio que se
llama, en lenguaje de los indios, Hayna; la ribera, agua y pescado
y alegría dél no puede ser encarecido. En 10 leguas y hasta 12 dél
están muchas estancias que llaman en nuestra Castilla cortijos, y en
ellas muchas haciendas de la tierra, huertas y granjerías; hay algunos
ingenios de azúcar entre ellas. Luégo, creo que á dos leguas, sale á la
mar el rio Nigua, no tan grande como Hayna precedente, cuya ribera está
bien avecindada de muchas y gruesas haciendas, y entre ellas algunos
poderosos ingenios. Sale otro poderoso rio, que se llama Niçao, de
allí tres leguas, donde hay tambien ingenios, y es tierra mucho buena,
y creo que por ella se halló metal de hierro. En las sierras donde
nace este rio Niçao, que son muy altas, en la cumbre más alta, se dijo
haber una laguna de agua, y que subieron ciertos cristianos y indios,
y que, con dificultad subida la sierra, vieron la laguna y oyeron tan
grandes ruidos y estruendos que quedaron espantados; debia por ventura
ser que el agua de aquella laguna se derrocaba por algunas peñas que
tenía dentro de sí que no se vian, como hemos visto en estas Indias
hacer ruidos grandes otras aguas. Queda, pues, Santo Domingo, llamando
la tierra que la atribuimos provincia con 30 leguas buenas de luengo
y áun 40 ó pocas ménos, aunque dejemos 10 de la provincia de Cayacoa
para la villa de Salvaleon, que está en la provincia de Higuey, puesto
que no las ha menester como arriba parece. Adelante desta hallaremos
la provincia de Açua, que tiene cerca de 30 leguas por la ribera de la
mar, y 10 ó 12, y á partes más, creo yo, de 15, por la tierra dentro;
no es toda muy fertil porque tiene gran pedazo de sierras ásperas y
comparadas á las comunmente de toda esta Isla son algo estériles, pero
tiene una vegueta donde hay una villa que se nombra de Açua, muy fresca
y muy fértil. Hay en esta provincia tres ó cuatro ingenios muy buenos;
uno dellos está en el rio de Ocoa, tres leguas ó cuatro ántes de Açua,
y otro en un arroyo que se llama Cepicepi, una ó dos leguas, y otro
junto al pueblo ó cerca dél. Otra provincia está delante desta, que se
llama de Baoruco, que tiene 25 ó 30 leguas de costa de mar y más de
20 dentro en la tierra; y ésta es toda muy altas y ásperas sierras,
grandes quebradas de arroyos, muchas montañas de arboledas, pero todas
las más fértiles para las labranzas de las del pan y lo demas que se
dá en esta Isla, y plenísima de puercos monteses de los traidos de
Castilla, que se han multiplicado y en número grande crecido; es muy
templada y fresca, sin calor alguno, y por consiguiente sanísima. En
esta provincia, y cuasi al principio della, está una sierra de sal,
que segun he oido tiene más de seis leguas; yo la he visto muchas
veces, puesto que no miré la longura ni anchura della. Y ésta parece
cosa maravillosa, y lo es, que sobre la sal, que es como peña, esté
obra de dos palmos de tierra, y aquella tierra produzca de sí raíces
y arboledas diversas, pero estériles, bajas y secas, y en última
dispusicion para quemarse en el fuego, porque es cuasi como tea. La
costa abajo, y por la tierra dentro, al descender de las sierras desta
provincia, se continúa otra que llamamos de Yaquimo, y ésta, puesto
que tiene montes y lomas, pero á partes, es más abierta y rasa que la
precedente y más fértil; es tierra de mucho algodon, y de las labranzas
del pan y cosas de bastimentos de los indios habia abundancia. No es
muy calurosa, ántes alcanza parte de templanza; tiene algunos buenos
valles y arroyos no grandes, y en ellos hay muchos árboles robles, y
hobo los años pasados, en tiempo del primer Almirante, mucho y buen
brasil, y se llevó á Castilla, y pensó que fuera perpetuo y de donde
los reyes de Castilla tuvieran mucha renta, segun en otra parte se
verá, pero en estos dias de agora y de muchos atras no veo que hay
dello memoria. Toda esta provincia está cuasi en una loma, y comenzó
ancha como la del Baoruco, de donde continuándose hobo principio,
pero váse ensangostando por el brazo desta Isla, que allí va angosto
de 12 ó 15 leguas, entre las dos mares, como arriba se dijo; bien
tiene largas 30 leguas esta provincia, y áun cerca de 40. A ésta se
junta la provincia de Haniguayagua, que comprende todo el resto, por
aquella parte, desta Isla; tendrá más de 25 leguas de largo y 12 ó 15
de ancho. Desta provincia, dejados algunos pedazos de la costa del
Sur, cerca de la mar, donde hay algunos esteros y salitrales, que no
creo que serán más de cinco ó seis leguas, toda la demas es hermosa y
fertilísima tierra, y parte della cuasi como un pedazo de la Vega, de
çabanas, llanos ó campiñas, para todas las cosas que hay é se crian en
esta isla; es llana por la mayor parte y á partes rasa, como son las
çabanas dichas, y tiene muchas manchas de montes llanos ó florestas ó
arboledas: á partes tiene algunas no muy altas sierras, llenas de muy
altos árboles y espesos. Al cabo último desta provincia y punta de toda
esta Isla, que digimos arriba llamarse en el lenguaje de los indios
Guacayarima, que se mira con la punta oriental de la isla de Jamáica,
son todos los árboles ó los más, de grandes montes ó arboledas que allí
hay, de la fruta que los indios llamaban mameyes; esta fruta es en
olor y sabor fruta de reyes, y en color y á la vista no mucho ménos;
podremos dar alguna semejanza comparándola en algo á alguna de las de
Castilla, y ésta es á los melocotones, cuanto á la color y manera de la
carne dellos, solamente son los mameyes tan grandes como una bola con
que se juega á los bolos ó birlos ó muy poco ménos, y en esto de los
melocotones harto difieren. Tienen la color cuando están con su cáscara
como la cáscara del níspero, y será poco ménos gorda que la de una
granada; quitada aquella cáscara y raida un poco otra tez ó cascarilla
delgada, como blanquilla, que un poco es amarguilla, tiene luégo la
carne, como el melocoton, bien amarilla. Terná desta carne un dedo
de altos sobre los cuescos, y dentro cuatro dellos tan grandes como
buenos huevos de gallina, y de la manera de los duraznos cuanto á ser
ásperos; tiene de carne entre los cuatro cuescos, tanta, que poco ménos
hinchirá un escudilla, y con toda la que en el mamey hay restará poco
della para henchilla: el olor y sabor dellos cierto es tal, que ninguna
fruta se le iguala de todas cuantas habemos y comemos en Castilla.
No los hay estos mameyes ni los hobo de naturaleza nascidos en toda
esta Isla, sino en aquella punta nombrada, como digimos, Guacayarima;
trujeron algunos cuescos de allí los religiosos de San Francisco al
monasterio de San Francisco de esta ciudad de Santo Domingo y al que
tienen en la Vega, pusiéronlos y nacieron y hiciéronse grandes árboles
y dieron la fruta ó mameyes, pero degeneraron mucho de los de su
orígen y nascimiento porque no tienen más de un cuesco, al ménos los
que yo he visto, y así son muy menores que aquellos, cuasi como bolas
ó poco mayores de las de jugar á la sortija, y en el sabor y color,
cierto, mucho difieren, porque lo principal dellos es la carne que está
entre los cuatro cuescos. Es admirable en hermosura el árbol que los
produce y las hojas en color, y verdor, y forma de lindísima manera,
el árbol es muy alto y grueso, de muchas y grandes y chicas ramas, de
hojas densísimas ó espesas copado, adornado y cubierto; y esto es de
maravillar más, que, si lo contemplamos despacio, cuasi todas las ramas
grandes y chicas van subiendo hácia arriba en modo de cruz, las hojas
cuasi lo mismo, porque son de la forma de un corazon y tan anchas, por
lo más, como una grande palma de la mano y más, y que tenga en ancho
buenos seis y ocho dedos, es gruesa más que un canto de real, no floja
sino tiesta, muy lisa y de color verde algo escura; finalmente, árbol,
rama y hojas, son muy hermosas, fruta sabrosa, odorífera y nobilísima.
Es tierra, un buen pedazo de esta provincia, buena para vacas, pero
muy mejor en los montes llanos que dije para infinitos puercos, porque
hay unas palmas que tienen una cierta fruta de color de dátiles que
llamamos palmicha, que los puercos comen mucho y engordan mucho con
ella. Hobo infinitos puercos, agora no creo hay tantos por los perros
en gran número, que se han hecho monteses, que los destruyen y apocan y
ellos cada dia crecen. En esta provincia estuvo asentada una villa de
españoles á la ribera de la mar del Sur, frontero de las isletas que
cuasi en fin del capítulo primero digimos; llamóse Salvatierra de la
Çabana, tuvieron cargo los vecinos advenedizos de Castilla de consumir
los naturales señores y dueños de la tierra, y porque siempre, acabados
de matar los indios, los españoles se despueblan y van á buscar otra
guarida, por eso creo que no debe haber memoria della, como han hecho
en otras muchas partes destas Indias. Y esto baste para cumplir con la
vuelta primera de la descripcion que propusimos hacer desta Isla.
CAPÍTULO V.