En el año de 1492, estando los Reyes Católicos don Hernando y doña

Isabel, de felice memoria, con su ejército en la villa de Santa Fe,

puesto cerco sobre la ciudad de Granada, fué mandado despachar por

sus Altezas el ilustre y egregio varon D. Cristóbal Colon, primero

Almirante del mar Océano, el cual Dios eligió sólo para esta tan

grande hazaña, como fué descubrir este orbe de las Indias. Tomada ya

la dicha ciudad y puesta ya la cruz de Cristo en el Alhambra, á 2 dias

de Enero del dicho año, salió con sus despachos el dicho Almirante

de la dicha ciudad de Granada, sábado 12 dias de Mayo; hízose á la

vela en el puerto de la villa de Palos, con tres navíos y en ellos

90 hombres, viérnes á 3 dias de Agosto del dicho año de 1492. Navegó

por este mar Océano, y á cabo de setenta dias que del dicho puerto de

Palos habia salido (como si ántes hobiera dejado estas Indias debajo

de su llave) descubrió la primera tierra dellas, jueves dos horas

despues de media noche á 11 de Octubre, y así parece pertenecer aqueste

descubrimiento al dia siguiente, que fué viérnes 12 del dicho mes de

Octubre. Esta primera tierra fué una isleta de las que llamamos de

los Lucayos, que las gentes de estas islas por propio nombre llamaban

Guanahaní, la última sílaba aguda, que en las cartas del marear que

agora se pintan llaman Triango, como ignorantes, los pintores, de la

antigüedad: tiene la dicha isla forma de una haba. Descubrió otras

por allí juntas, y luégo adelante la isla de Cuba, y andando por la

costa della algunos dias hácia el Poniente, como es muy luenga, creyó

que era tierra firme, y por las señales que por señas las gentes de

aquellas islas, que ya traia consigo en los navíos voluntarias, le

daban, entendió dejar atras esta grande y felicísima isla Española;

tornó para ella y desde á pocos dias la vido. Navegando, pues, por

ella de Poniente á Oriente, y comunicando con muchos de los vecinos y

con algunos señores principales que reinaban en ella, el tiempo que le

pareció, dejado 38 hombres en la tierra y reino de un muy virtuoso Rey

llamado Guacanagarí, la última luenga, el cual le habia hecho grande

y paternal hospedaje y abrigamiento, dió la vuelta á los reinos de

Castilla, para dar relacion y nuevas tan nuevas á los Reyes Católicos

que le habian enviado, lo más presto que pudo. Padecidos á la vuelta en

la mar inmensos é increibles trabajos y peligros, llegó con grandísima

y turbulentísima tormenta á Lisboa, en Portugal, á 4 dias de Marzo

del año siguiente de 1493; de allí entró en el dicho puerto de Palos,

de donde habia partido á 15 dias del mismo mes de Marzo, por manera

que tardó en todo su viaje seis meses y medio, que fueron 225 dias, y

viérnes salió y viérnes descubrió y viérnes tornó á entrar en el mismo

puerto de donde habia para este descubrimiento salido. Para tractar,

pues, en suma, la dispusicion, descripcion y calidades destas regiones,

reinos y provincias, y las condiciones naturales, policías y costumbres

de las gentes y naturales habitadores dellas, parecióme comenzar por

esta isla Española, pues fué primero que lo demas, de lo principal

hablando, descubierta, y su excelencia, bondad, fertilidad y grandeza

merece, cuanto á ser isla, que á todas las tierras sea prepuesta.

Della más singularmente que de todas las otras tractaremos cuanto á

la descripcion, porque más que de alguna otra, su sitio, su grandeza,

su latitud, su longura, sus provincias, sus calidades, fertilidad,

felicidad y amenidad, más que otro á lo que creemos, por muchos años de

experiencia de propósito y mirando en ello, penetramos y cognoscimos.

Y comenzando del sitio, la punta ó cabo della más oriental que agora

llamamos cabo del Engaño, y el Almirante primero lo nombró una vez

cabo de San Miguel y otra de Sant Theramo (si por ventura no puso este

nombre postrero á otro Cabo que á él viniendo navegando se le hacia),

está de la línea equinoccial apartado 18 grados y algo ménos. Por la

mayor parte toda la costa del Norte desta Isla, hasta el cabo de San

Nicolás que se mira con la primera punta oriental de la isla de Cuba,

está situada en 20 grados, en algunos lugares poco más y en otros poco

ménos. Toda la costa del Sur hasta una isleta que se llama la Beata,

que está pegada con esta Isla, está 17 grados, y desde la isleta Beata

obra de 15 leguas de tierra sale esta Isla hácia el Sur aquellas 15

leguas, un grado más, y aquel pedazo está en 15 grados; despues torna

desde un ancon que allí se hace á seguirse hasta el fin desta Isla en

17, algunos minutos ménos, y este es un brazo de esta Isla, que no

tiene de ancho de mar á mar ó de Norte á Sur sino obra de 15 leguas,

porque de la parte del Norte tiene el golfo de Xaraguá; llámase aquel

Cabo y parte occidental desta Isla el cabo del Tiburon, el Almirante

lo llamó al principio cuando descubrió á Jamáica, isla, el cabo de San

Rafael. Finalmente, toda esta Isla está en altura de 16 á 20 grados, y

el veinteno grado le cae y corta la costa ó ribera de la mar del Norte

por la longitud viniendo de Oriente á Poniente; la provincia de aquel

Cabo llamaban los indios moradores della, en su lenguaje, Guacayaríma,

la penúltima sílaba luenga. Tiene de ancho esta Isla, por lo más, 60

leguas medidas por el aire, segun parece vistos los grados, pero medida

por la tierra tiene más de 80, de longura terná 180 y áun más leguas;

en el anchura y longura desta Isla están erradas las cartas del marear

como en otras muchas partes destas Indias. Tiene de boja esta isla 600

leguas; el Almirante decia que tenía más de 700, quiere decir que para

rodealla un navío toda las ha de navegar. Tiénese por los que la han

paseado que es tan grande y mayor que toda España, aunque entren Aragon

y Portugal en ella; el Almirante la rodeó el año de 95, cuando fué á

descubrir á Cuba si era isla ó tierra firme. Por la parte del Poniente

ábrese ó pártese en dos ramos ó brazos, como quien abre un poco los

dos dedos de la mano izquierda, teniendo las espaldas al Oriente, el

dedo pulgar y el dedo con que señalamos, y esta abertura hace un gran

lago ó golfo que llaman de Xagua; está cuasi al rincon de este golfo,

aunque ocho leguas de la playa, una isla tan grande y harto más fértil

y mejor que Gran Canaria, que los indios llamaban el Guanabo. De

estos dos ramos, el uno es el que digimos que era el cabo ó punta del

Tiburon, y está frontero de la punta oriental de la isla de Jamáica,

y el otro ramo, que es el que hace el Cabo que nombró el Almirante

cabo de San Nicolás, se mira con la punta ó Cabo oriental de la isla

de Cuba, la cual creo que se llamaba, en tiempo, la punta de Mayci

ó de Bayatiquiri en lenguaje de los indios. Puertos tiene esta isla

Española, excelentísimos algunos, y otros buenos para algunos vientos y

para otros no muy seguros. El puerto de San Nicolás es muy bueno y el

puerto de la Concepcion, y otro maravillosísimo puerto, al cual llamó

el Almirante el puerto de la mar de Santo Tomás, y otros más que por

allí habia, y de aqueste dice el Almirante que es el mejor del mundo;

y éste creo que está frontero de donde sale ó llega la gran Vega Real

de que luégo se dirá. Estoy en duda si éste de la mar de Santo Tomás

ó el pasado de la Concepcion se nombra hoy puerto del Paraíso, porque

es felicísima la tierra de por allí, aunque toda es dignísima de ser

alabada por bienaventurada. Adelante de estos, cuatro ó cinco leguas,

segun creo, está el puerto de la Navidad, y hácelo una sierra que se

llamó por los indios Guarique; este puerto es bueno, pero adelante hay

otro, que es Puerto Real, y este es mucho bueno y por tal le puso,

quien se lo puso, Puerto Real, porque no hallo que le pusiese tal

nombre el Almirante en su primer viaje, como por allí pasó de priesa

con sus buenas nuevas para Castilla; pudo ser que al segundo como de

propósito buscó puerto para poblar que lo nombró, y sino paró allí por

ventura vido que para poblar en él le faltaba algo. De aquel Puerto

Real, 10 leguas, pocas ménos ó más, sino me he olvidado, está el puerto

de Monte-Christi, del que dijo el Almirante que era singularísimo.

Adelante de este Monte-Christi, está el puerto de la Isabela, donde

pobló el Almirante el primer pueblo, y este es buen puerto sino es para

guardarse del viento Noroeste, que es el más peligroso y dañoso en esta

parte del Norte que otro alguno. Adelante tres leguas está el puerto

de Martin Alonso, el cual es buen puerto y hondo, y donde podian caber

muchas naos, sino que la entrada en él no tiene más de dos brazas.

Despues de este puerto, cinco leguas, está el puerto de Plata, que es

como una herradura de caballo de las manos; tiene cuatro brazas en la

entrada, no es muy seguro con tormenta grande, y creo que con viento

Norte tienen los navíos el mayor trabajo, y yo he visto allí perderse

uno pero la tormenta fué muy grande. Pasando de allí algunas leguas, en

esta costa está otro puerto muy grande, al cual loó de bueno y nombró

el Almirante Puerto Sacro; y porque no hay poblacion de españoles por

aquesta costa, sino es en puerto de Plata, no se trata ni se sabe de

este puerto nada. El golfo de Samaná, donde sale el rio Yuna, que es un

rio grande cerca del golfo de las Flechas, de donde se despidió desta

Isla para Castilla, aunque es muy capaz y entra mucho en la tierra y

pudiera haber muy buen puerto, pero segun tengo entendido tiene la

entrada muy baja. Otro puerto no hay de aquí adelante hasta el de Santo

Domingo, puesto que entre la isla ó isleta Saona y esta Isla pueden

estar navíos surtos pero no seguros, y lo mismo entre esta Isla y la

isleta de Santa Catalina. Este puerto de Santo Domingo es un rio adonde

está la ciudad, en el cual se han perdido, creo yo, más de 50 y áun 60

navíos y más, grandes, estando surtos y amarrados con muchas anclas,

porque cuando es tiempo de muchas lluvias viene con tanto ímpetu de

avenida y con tanto poder de agua, que si torres hobiese donde están

las naos las llevaria de paso; y finalmente no es bueno, sino muy

peligroso y muy dañoso, como lo es cualquiera puerto que sea rio por

la misma causa, pero súfrese por no haber otro que tenga la tierra que

tiene éste en su comarca, y porque para la navegacion de aquí para

Castilla está en mejor paraje. Diez y seis leguas de aquí al Poniente,

más abajo, está un muy buen puerto, que se llamó, no sé por quien el

primero, Puerto Hermoso y así se llama hoy, otros le llaman Puerto

Escondido, y porque siempre tenía gracia especial en poner nombres á

las tierras que descubria, creo que se lo pornia el Almirante; si este

puerto tuviera buena tierra junto á sí y á sus alrededores, en él se

hiciera esta poblacion, pero es toda su comarca estéril y arenales

y tierra, por más de una ó dos leguas, para no poderse poblar, ni

sembrar, ni aprovecharse della. Cuatro leguas de allí está el puerto

de Açua, la sílaba del medio breve, puerto muy ancho y descubierto

como bahía, no bueno para estar en él mucho los navíos. Abajo de la

Beata, isleta, 12 leguas, está un ancon con una isleta á que puso el

Almirante Alto Velo, donde pueden surgir, y creo que es puerto seguro,

al ménos del Norte y de las brisas, pero no de vendavales ni de vientos

ponientes. Más abajo la costa ó ribera, otras ocho ó diez leguas, es

el puerto de Yaquimo, que el Almirante llamó del Brasil, porque allí

lo habia, es poco más cerrado que como media herradura; á la entrada

tiene una isleta que hace algun abrigo: no es mucho ni áun poco bueno.

De allí, 40 leguas ó pocas ménos, no hay surgidero alguno hasta llegar

á unas isletas, cuatro ó cinco cercanas unas de otras; hacen poco

abrigo, pero dos leguas más abajo está un rincon que hace la tierra y

casi el cabo de la Isla, donde pueden surgir mejor y estar guardados

los navios, al ménos del Poniente y algo del Sur, á lo que me acuerdo,

pero no de las brisas. De allí adelante, la vuelta del cabo de San

Rafael, que es el que dicen del Tiburon, tiene otras entradas y como

bahías ó puertos hasta llegar al rincon donde está agora el pueblo de

la Yagüana, y aquél no se puede decir puerto, porque para todos los

vientos está descubierto y desabrigado, como sea una mar grande, no más

de cuanto pueden llegarse á tierra. Volviendo la costa del otro ramo

que va á parar al cabo de San Nicolás, hay otras tres ó cuatro entradas

de mar en la tierra, y alguna que parece buen puerto; no sé si pueden

anclar en ellos al ménos grandes navíos, pero la principal es donde

sale el rio Hatibonico de que abajo diremos; es muy buen puerto y muy

capaz, entrarán naos grandes una legua rio arriba. Allende estos podrá

ser que haya algun puerto en la isla que allí está, que se llamaba por

los indios Guanabo, pero esto no miré cuando pudiera escudriñarlo;

finalmente, otros puertos no tiene más esta Isla de los que aquí ya he

señalado. Los de la mar y parte del Norte son muchos y encarecidamente

buenos y segurísimos, y otros buenos aunque no del todo muy seguros; de

la parte del Sur, sacado Puerto Hermoso, todos los demas no son buenos

ni seguros.

CAPÍTULO II.

Dicho del sitio, grandeza, longitud, latitud y puertos desta isla

Española, digamos agora de las provincias de ella, y primero por la

parte que el Almirante la descubrió, describiendo las provincias más

cercanas á la mar del Norte, y esto se hará en la primera vuelta. En

la segunda describiremos las provincias comarcanas de la mar del Sur.

La tercera vuelta describirá las provincias del riñon desta Isla, y

la cuarta se ocupará en referir las grandezas, hermosura, calidades,

amenidad y felicidad de la grande y admirable Real Vega; por manera

que describiéndola toda daremos por ella cuatro vueltas. La primera,

pues, de las provincias desta Isla por la parte susodicha, fué (cuando

estaba llena de sus naturales pobladores y agora es despoblada de

hombres y llena de bestias) la provincia de Baynoa, la sílaba penúltima

luenga; ésta, por la costa de la mar, es fértil y muy deleitable á la

vista, y podré decir fertilísima y deleitabilísima, y que cuando la

descubria el Almirante y la contemplaba, decia della maravillas; estaba

toda labrada de las labranzas del pan y de las otras raíces, que abajo

diremos, comestibles. Entre la costa de la mar y las sierras, tiene á

muchas partes grandes llanos y hermosas campiñas, y las mismas sierras

tienen montes ó bosques y rasos cubiertos de hermosa yerba, porque

lo uno y lo otro está en muchas partes dellas á manchas, todas muy

fértiles que se pueden sembrar y labrar, por lo que el Almirante, que

la iba costeando y considerando, dice; y con justa razon puso, creo

yo que él mismo, aunque no lo sé de cierto, á un puerto de los de

esta provincia, puerto del Paraíso, ántes toda ella parece un terrenal

Paraíso. Tiene frontero de sí esta provincia la graciosa isla que

llamó el Almirante la Tortuga, una legua ó dos de mar en medio: es tan

grande, segun el Almirante dijo, como la isla de Gran Canaria, pero

harto más fresca y fértil que aquella y más felice. La tierra dentro,

cuya parte que yo he andado y muy bien visto, y por muchos dias visto

y considerado su hermosura, es admirable y graciosísima; tiene muchos

y hermosos valles, alegres corrientes y deleitables rios, los nombres

de los más de ellos no me acuerdo segun que los llamaban los indios.

Entre otros valles, es uno que se llamaba Amaguey, la sílaba del medio

breve, y creo que se denominaba del rio que pasa por él; era y es uno

de los alegres (y lleno de buenos y abundantes pastos para puercos,

donde los hobo infinitos) que hay en esta Isla, puesto que hay muchos

uno mejor que otro, que es cosa de maravilla. Los cerros y los collados

y sierras della, por lo de dentro, dejadas las que parecen por la

mar en su postura quebradas ó arroyitos de agua, yerba y arboledas,

verdura y lindezas, no pueden ser encarecidos. Hay otro valle que

terná tres ó cuatro leguas de luengo, y una ó más de media en ancho,

pasa por medio dél un arroyo grande, cuasi rio; cerros y sierras y

llanos, todo lleno de alegría, hermosura, fertilidad y amenidad, que

no me ocurren palabras con que encarecer y engrandecer la dignidad de

todo ello. Al cabo dél se asentó una villa de españoles, y estuvo en

él algunos años hasta que los vecinos della consumieron, con trabajos

y opresiones, todos los indios naturales de la provincia; llamóse

la villa Lares de Guahaba, estuvo asentada en un cerro no muy alto,

sino tanto que señoreaba un buen pedazo del valle, al cual cercaban

dos rios ó arroyos grandes, el uno, el principal del valle, que se

llamaba en lenguaje de los indios Hamí, la última sílaba aguda, y el

otro Çapíta, la penúltima luenga, abundantes de pescado como los

otros desta Isla; un tiro de ballesta de la villa se juntaban ambos y

salian juntos por una muy estrecha abertura entre dos sierras altas,

aunque no mucho, en la una de las cuales se podia edificar una linda

fortaleza. Es toda esta provincia temperatísima y amenísima, mucho más

que otras desta Isla; por Navidad hace frescura de Paraíso, y por Julio

y Agosto ningun calor, y sin sentirse; yo vide en ella cogido mucho

buen trigo, y creo que se hará muy mejor y más que en toda la Isla,

y que lleve ventaja á la de Sicilia. Para ingenios de azúcar tiene

en los rios grandes heridos, y para todas las otras granjerías donde

hayan de intervenir instrumentos de aguas y semejantes artificios; háse

sacado de esta provincia mucha cantidad de oro fino, porque hobo en

ella muchas y buenas minas, donde se hallaron granos crecidos y grano

de ocho libras. Hay en ella unos gusanos ó avecitas nocturnas que los

indios llamaban cocuyos, la media sílaba luenga, y en Castilla llamamos

luciérnagas, ó quizá son escarabajos que vuelan, las tripas de las

cuales están llenas de luz; son tan grandes, que con uno vivo en la

mano, y mejor si son dos, se pueden rezar maitines en un breviario de

letra menuda (é yo los he rezado segun creo) como con dos candelitas;

el pellejuelo que tienen en la barriga es trasparente, y cuando vuelan

ó les alzamos las alillas resplandece la luz que tienen; luégo en

anocheciendo, salen y están los campos y los montes, en mil partes,

como si estuviesen llenos de candelillas: no se alzan mucho en alto

de tierra. Tomado uno se toman muchos, porque acuden muchos adonde

ven como preso á uno; muertos y estrujados con las manos, y puestas

aquellas tripillas por el cuerpo, como hacian los indios, y más si

fuesen pegadas sobre vestidos, queda todo el cuerpo reluciente como

luz esparcida, puesto que dura poco, pero siempre dura cuando vivos;

háylos muchos en toda esta Isla, pero no tantos ni tan grandes ni

tan lucientes como en esta provincia. Creo que se distingue de esta

de Baynoa otra que se dice de Guahaba, la tierra más dentro, y porque

es toda una tierra y toda de una manera felice, no hay que decir más

della que de la precedente, sino que sea una, que sean dos, me parece

que ternán de luengo 25 ó 30 leguas; la anchura, á mi parecer, será

de 12 á 15. Despues desta se sigue la provincia del Marien, siguiendo

la costa de la mar del Norte; aquí viene á parar y acabarse la Vega

Real, de que adelante haremos, placiendo á Dios, larga mencion. Aquí es

donde llegó el Almirante cuando perdió la nao el primer viaje, donde

rescibió del Rey de esta provincia Guacanagarí é de sus gentes tan

señalado y benévolo acogimiento y hospedaje que fué maravilla; aquí

tambien dejó los 39 cristianos, que llamó el puerto y la villa de la

Navidad. Esta provincia del Marien ocupa un buen pedazo de la Vega

Real, y la tierra desde las sierras, aguas vertientes á la mar, puesto

que no miré en los tiempos pasados qué tanto se extendia el señorío

del rey Guacanagarí; sé que habia por allí muchos señores y caciques,

aunque no supe si aquellos le obedecian, y creo que sí; paréceme que se

extendia el señorío hasta 15 ó más leguas, y si sobia las sierras en

lo alto podrian ser hasta otras tantas. De aquellas sierras descienden

muy graciosos y alegres rios; es fertilísima y alegre, tiene muchas

campiñas, muchos y diversos rincones que entran como valles entre

las sierras; estaban todos poblados, y de poblarse cada uno es muy

digno; puédense hacer tambien muchos ingenios de azúcar y otras muchas

granjerías, señaladamente los ganados vacunos son aquí, en grosura,

grandeza y sebo, áun sobre los desta isla, excesivos. Tiene sierras y

minas en ellas de muy fino cobre, del cual se sacaba por cada libra un

peso de oro; en otra parte se dirá cuando se quiso sacar de propósito y

se dejó por los gastos que se hacian, y porque hallaron ser más barato

entónces andar tras el oro, despues sucedieron tiempos y mudanzas por

las cuales esta granjería se olvidó del todo. Con todos los bienes y

fertilidad que esta provincia tiene, abunda de una poco ménos que plaga

más que otra, y es de muchos mosquitos de los que los indios llamaban

xoxenes, que son tan chiquitos que apénas con buenos ojos, estando

comiendo la mano y metiendo un ahijon que parece aguja recien quitada

del fuego, se ven; están comunmente por toda la ribera de la mar y

por la tierra cercana á ella desta Isla, por la mayor parte, donde es

la arena muy blanca, pero ninguno hay destos la tierra dentro; para

defenderse dellos hay buen remedio, y es tener escombrado de árboles

y de yerba el pueblo, y los aposentos para dormir algo oscuros, y lo

mejor de todo es tener unos pabelloncitos que se hacen con 12 ó 15

varas de angeo ó lienzo ó de algodon para que ni en poco ni en mucho

impidan el sueño; entre dia poca pena dan en los pueblos escombrados,

como dije, segun parece, porque en esta provincia está hoy y ha estado

asentada una villa de españoles más ha de 47 años, y dura, como dije,

hasta hoy, sin pena ninguna. Entre dia vientan comunmente las brisas

que bañan y refrescan toda esta Isla, y con el viento ningun mosquito

puede parar. Despues desta provincia del Marien se continúa la que

llamábamos en aquellos tiempos el Macorix de abajo, dentro de la cual

se contiene Monte-Christi; es tambien parte de la Vega Real y toma la

costa de la mar, y, porque es parte de la Vega Real, de encarecer su

bondad y lindeza no hay necesidad, pues adelante, cuando se refirieren

las maravillas desta Vega Real, se parecerá. Sale al Monte-Christi el

gran rio Yaqui, donde, por unas isletas que allí junto hay, se hace

aquel puerto, en uno de los cuales se hace ó cuaja alguna sal. Despues

deste Monte-Christi está otra provincia, que dura más de 20 leguas

y áun 25, aguas vertientes á la mar, de una sierra ó cordillera de

sierra que ha nacimiento del mismo Monte-Christi, que es una de las que

hacen la Vega Real; el nombre que tenía puesto por los indios no miré

preguntallo cuando pudiera muy bien sabello dellos, y áun en tiempo

que yo habia ya comenzado á escrebir esta Historia, y así quedó esto

como otras muchas cosas por mi inadvertencia. Entra en ésta el puerto

de la Isabela, donde el Almirante asentó, cuando vino á poblar, la

primera poblacion; entra tambien el puerto de Martin Alonso y el puerto

de Plata. La lindeza, hermosura y fertilidad de esta provincia, el

Almirante la encareció mucho cuando la descubrió, y mucho más despues

cuando la pobló, que no se hartaba de dar gracias á Dios por haberle

deparado tan gracioso y hermoso lugar para el primer pueblo, y esto

repitió á los Reyes en algunas cartas de las que en otro lugar habemos

referido. Esta provincia dura, por el ancho della, hasta encumbrar la

sierra dicha de donde se señorea la Vega Real; es toda tierra muy linda

y muy fresca todo el año, sin cuasi calor, mayormente lo que participa

de cerros y sierras no muy altas; es abierta, rasa, descuélganse de los

cerros y sierras muchos rios y arroyos muy graciosos y frescos; grana

la mostaza y los rábanos y otras semillas, lo que por muchos años no

se ha visto en muchas partes de esta isla. Tiene una vega de más de

15 leguas, hermosísima; de ancho tiene dos y tres y cuatro, entre dos

sierras, la una cubre la gran Vega y la otra la mar; pasa un rio por

ella, caudal, que lleva harta agua, que se llama, en lenguaje de los

indios, Bahabonico, que tiene grandes pesquerías de muy buenas lizas,

y éste es el que sale á la Isabela, el pueblo primero que digimos que

hizo cuando volvió á poblar el Almirante: otros dos ó tres pequeños

entran en ella. Pacen en la dicha vega, y beben en el dicho rio, más

de 20 y de 30.000 vacas y otras bestias caballares y de carga. A tres

leguas desta vega, al cabo, al Poniente, está el puerto de Plata, y

junto á él la villa que así se llama, y encima della, en un cerro,

hay un Monasterio de la Orden de Santo Domingo, donde se comenzó á

escrebir esta Historia el año de 1527; acabarse ha cuando y donde la

voluntad de Dios lo tenga ordenado. Dentro del sitio deste Monasterio

hice yo mismo sembrar trigo en cantidad, y sembráronse tres hazas, el

cual cresció y espigó tan perfectamente, que todos se maravillaban,

y la gente de las naos que venian de Castilla y pasaban por estas

partes lo venian á ver como á cosa señalada, pero porque se sembró

por Octubre como en Castilla, creyendo que acertábamos, llovió ántes

que del todo se secase, por lo cual se añubló y perdióse lo más, pero

todavía sacamos algun poco dello muy bueno; y molido en un almirez y

cernido por un paño y cocido en un tiesto, al fin se comieron tres muy

buenos panes; hiciéronse tambien muy buenas hostias, con las cuales se

dijeron misas y comulgaron otros algunos frailes, y tambien celebraron

los clérigos de la iglesia del pueblo con las hostias de la misma masa,

y todo esto fué dia del Espíritu Santo. No hobo duda alguna que si se

sembrara por Junio ó por Julio, cuando comunmente son en esta tierra

las aguas, que viniera á cogerse muy bueno por Navidad, porque por

aquel tiempo se seca y agosta la yerba por mucha parte deste orbe, como

adelante parecerá. El Almirante dice á los Reyes en una carta estas

palabras: «Dijeron que la tierra de la Isabela, adonde es el asiento,

que era muy mala é que no daba trigo, y yo lo cogí y se comió el pan

dello, y es la más fermosa que se pueda cudiciar, etc.»; esto dijo el

Almirante, y dijo verdad cuanto á la tierra ser hermosísima, y tambien

lo debió de decir cuanto á haber sembrado y comido pan. La sierra

que llamó el Almirante el Monte de Plata está tres ó cuatro tiros de

ballesta del pueblo, es altísima, y, como sea tan alta, está casi

siempre cierta neblina encima de la cumbre della que la hace plateada,

por lo cual el Almirante la llamó Monte de Plata; toda ella tiene

arboledas muy hermosas, pero muy raras, y por esto la hermosean más.

En lo más alto de la cumbre, decian los indios que hay una laguna de

agua dulce; quisimos un dia ir á verla, y subiendo muy gran parte de la

sierra hallámosla muy más alta de lo que de abajo parecia, y creyendo

que nos faltaria el dia nos tornamos á bajar no muy descansados; á

media legua y á una legua están dos ingenios de azúcar poderosos, y

otro de los menores.

CAPÍTULO III.

Historia de las Indias (vol. 5 de 5) · 第 19 / 41 段