de Magallanes en Barcelona para descubrir la Especería, á cuyo
descubrimiento se habia ofrecido y ofreció, no por el camino que
seguian los portugueses, sino por cierto estrecho de mar que tenia por
cierto que descubriria, como fué arriba dicho en el cap. 101. Hízoles
el Rey merced del hábito de Santiago al Magallanes y al bachiller Ruy
Faleiro, y ciertas mercedes si cumpliesen lo que habian prometido,
y creo que al Ruy Falero hizo merced de 100.000 maravedís por su
vida en la casa de la contratacion de Sevilla, porque no quiso ir al
viaje con Magallanes por algunos respetos que tuvo; y díjose que de
miedo del Magallanes, ó porque riñeron, ó porque lo cognoscía, que la
compañía de Magallanes, donde mandase, no le convenia. Finalmente,
despues de partido Magallanes, ó quizá ántes, perdió el seso tornándose
loco el Ruy Falero. Dióse en Sevilla á Magallanes todo lo que pidió,
conviene á saber, cinco navíos muy bien proveidos de bastimentos, y
armas y rescates, y 230 hombres, y algunos más, no llegando á 40,
entre marineros y pasajeros, con cuatro oficiales del Rey. Gastáronse
en su despacho de la hacienda del Rey, creo que, 21.000 ducados y no
llegaron á 25.000. Partió de Sant Lúcar de Barrameda por el mes de
Setiembre del mismo año de 1519, al cual dejemos aquí hasta que abajo,
si place á Dios, refiramos el suceso de su viaje á su tiempo. A esta
sazon vino á la corte un marinero llamado Andrés Niño, que se habia
criado en las navegaciones destas Indias con su padre y otros deudos,
mayormente en la tierra firme. Este se halló con 2.000 castellanos mal
ó bien habidos, que entónces eran por riqueza tenidos, y tomóle gana de
descubrir tierra por la mar del Sur, porque hasta entónces adelante de
Natá, que es frontero de Veragua, y lo que anduvo Gaspar de Espinosa
por tierra, y Hernan Ponce por la mar, que descubrió hasta el golfo de
Chira, tierra y mar de Nicoya y de Nicaragua, como se dijo en el cap.
71, de la tierra ni de la mar cuál fuese no se sabia. Este marinero
para alcanzar su deseo, como sintió que á él no le darian el cargo sólo
de aquel descubrimiento, juntóse con un hidalgo y caballero, criado del
obispo de Búrgos, y dél no poco querido, llamado Gil Gonzalez de Avila,
que habia sido contador del Rey en esta isla, y persuadióle que pidiese
aquesta empresa, y que él con su hacienda le ayudaria, con que partiese
con él de las mercedes y provechos que de aquel descubrimiento se
siguiesen; el Gil Gonzalez no rehusó la carrera, porque no le sobraban
las riquezas, y así lo pidió y lo alcanzó como lo quiso, y otra cosa
mayor alcanzara por tener por señor al Obispo. Pidió, por aviso de
Andres Niño, los navíos que habia hecho para descubrir el Perú Vasco
Nuñez de Balboa, con mucha sangre de indios, que estaban en el puerto
de Sant Miguel ó Bahía, segun arriba se dijo, y en la obra dellos quizá
se habia hallado el Andres Niño. Obligóse Gil Gonzalez de descubrir
desde el dicho golfo de Chira adelante cierto número de leguas á costa
de Andres Niño; hiciéronle Gobernador de lo que descubriese, con otras
mercedes, y no supe el concierto y qué de aquellas mercedes habia de
caber á Andres Niño, y así se partieron de Barcelona el año de 19
sobre 500. Por estos dias tambien tractó el clérigo Bartolomé de las
Casas con el Almirante de las Indias D. Diego Colon, que se ofreciese
al Rey, á su costa, edificar de cien en cien leguas una fortaleza por
mil leguas de la costa de tierra firme, y en ella pusiese 50 hombres
para tractar y contractar, que llamamos rescatar, con los indios, y
trujese dos ó tres carabelas, que siempre anduviesen visitando las
fortalezas, y que habiendo traido por buena conversacion los españoles
á los indios á su amistad, que por la costa del mar hobiese primero,
y de allí los de la tierra dentro, por ejemplo de aquellos, viniesen
á la misma conversacion y contractacion y amistad, hiciese la tierra
dentro á trechos convenientes otras fortalezas, y así, el tiempo
andando, por toda la tierra firme; de donde manifiesto era que se
aseguraran todas las gentes della, y se supieran los secretos de la
tierra, y se hobiera todo el oro y riquezas ya cogidas y sacadas de
muchos años atras, y se diera cudicia á los indios de sacar más de
las minas, todo por contezuelas, cascabeles, y agujas y alfileres, y
entre estas comedias, los religiosos y celosos de predicar y dilatar
la fe, poco hay que adivinar el fructo que en la cristiandad hicieran,
y cuánto sacrificio de ánimas Dios por ésta vía rescibiera; y este
medio daba el Clérigo para que el negocio que él habia propuesto ante
el Rey, muy mejor porque con mayor fundamento, y más fácilmente porque
con más caudal como el Almirante podia ponello, se hiciera, como es
manifiesto. Pero no fué digna España que se atajasen los insultos,
y violencias, y robos, y estragos, y matanzas que habia comenzado á
hacer en estas tierras, sino que por todo aqueste tan vasto orbe,
prosiguiese con las mismas detestables obras, y con ellas le acabase
de destruir, é hiciese ante tanta infinidad de naciones, de que estaba
lleno, el nombre de Jesucristo increiblemente, ántes de cognoscido,
heder. Visto, pues, el Almirante, medio y traza tan manifiestamente
razonable, y, segun probabilidad moral, muy cierta para que todo este
orbe se redujese á la cristiandad y á la subjecion del rey de Castilla,
de donde le venia por consiguiente al mismo Almirante incomparable
temporal interese (porque pretendia, y con justa razon y justicia, en
todas estas Indias extenderse las mercedes que por sus previlegios le
habian hecho los Reyes), aceptólo luégo, y tratando de lo que pediria
por este ofrecimiento, y gastos que habia de hacer, con su hermano
D. Hernando Colon y con el Clérigo, parecia al D. Hernando que sobre
todo debia de contractar con el Rey el Almirante que le concediese la
gobernacion perpetua de toda la tierra donde hiciese las fortalezas. Y
como ésto fuese el punto que principalmente se tractaba en el pleito
que el Almirante tenia con el fiscal del Rey, que arriba hicimos
mencion, decia el Clérigo que no se debia pedir ni tocar en aquella
tecla que era muy odiosa, mayormente habiendo sobre ella pleito
pendiente, y que debia de pedir las mercedes todas las que quisiese,
que razonables fuesen, las cuales, sin duda, el Rey le concediera
como el Clérigo asistiera en ello, y lo aprobara diciendo que aquel
era el medio para mejor efectuarse el fin que pretendia y negocio que
habia puesto, y que sirviendo el Almirante en aquello mucho, como en
la verdad servir pudiera, el Rey despues, lo uno por ésto, y lo otro
por la justicia que en la verdad tenian sus privilegios, la cual entre
varones doctos y amadores de la verdad, dudosa no era, le satisfaciera
más complidamente. Pero prevaleció el parecer de D. Hernando, que no
quiso que el Almirante se obligase á hacer lo susodicho, sin que el
Rey le concediese el dicho gobierno; el Clérigo les dijo que tuviesen
por cierto que el Rey no lo admitiria, como quiera que el obispo de
Búrgos habia de intervenir con los demas para este Consejo: y así fué,
que dada la peticion por parte del Almirante, llegado á aquel punto
no curaron della. Era el D. Hernando docto en cosas de cosmografía y
de historias que llaman de humanidad, por lo cual, el Almirante, su
hermano, le daba demasiado crédito, y no fué chico el yerro que ambos,
el uno en dar el parecer y el otro en seguillo, hicieron, ni el daño
que la casa y estado del Almirante rescibió dello. ¡Oh, si por este
camino entraramos en estas tierras, cuál fructo Dios y la universal
Iglesia, y no sólo España, pero todo el mundo rescibiera! gran dolor
y angustia sería para cualquiera prudente ánimo que lo considerase,
si bien lo entendiese. Y porque ya entraba el año de 1520, y el Rey
concluyó las Córtes y se partió de Barcelona, ya electo Emperador,
para se embarcar en la Coruña é ir á Flandes, no hay en este año de
19 que referir, tocante á las Indias, de lo acaecido en los reinos de
Castilla.
CAPÍTULO CLV.
Estando el Rey de partida de Barcelona para Castilla, y de allí á
la Coruña, donde se aparejaba la flota de cien naos para se volver
á Flandes, llegaron los tres padres de Sant Hierónimo desta isla
Española, y queriendo besar las manos al Rey é hacelle relacion de
cómo la tierra quedaba, nunca, ni en Barcelona, ni por el camino, ni
en Búrgos, donde celebró, dia de Sancto Matías, su nascimiento, ni en
Tordesillas, donde fué á ver á la Reina, su madre, y ellos pensaron
que allí los oiria, pudieron jamás hablalle; acordaron, visto ésto, de
se ir cada uno á su monasterio y no pasar adelante. El clérigo Casas
todo lo atribuia al juicio de Dios, que no quiso que fuesen oidos del
Rey ni se hiciese dellos caso, pues tan poco remedio dieron á los
opresos indios, por quien se esperaba que habian de ser remediados,
teniendo el remedio en las manos; y pareció tambien algun indicio
deste juicio, despues algunos años, que siendo electo en Obispo desta
ciudad de Sancto Domingo el fray Luis de Figueroa, que habia sido el
principal de todos tres, cuanto á las cosas de su Órden, y Prelado
dellos, porque lo abonaron algunos que de la opresion y angustias de
los indios poco habian sentido, no quiso Dios que pasase acá porque
murió siendo electo. Todo esto decimos cuanto á lo que tocaba al
oficio que trujeron de poner remedio en la libertad de los indios, á
los cuales ningun bien hicieron ántes erraron muy gravemente, segun el
juicio de los hombres, Dios sabe si tuvieron excusa ante su divinal
acatamiento de sus yerros, pero cuanto á sus personas no dudamos que
fuesen religiosos buenos. Llegado el Rey á la Coruña, ocurrieron
grandes ocupaciones ordinarias de todos aquellos reinos, como el Rey
se iba, mayormente que se comenzaron á levantar algunas ciudades á
voz de comunidad, por lo cual estuvo el Rey allí dos meses, y tambien
porque por todos ellos siempre hizo contrarios tiempos. El Clérigo
daba priesa que se determinase su negocio ántes que el Rey se fuese,
y por medio del Gran Chanciller y de Mosior de Laxao, dedicáronse los
siete postreros dias y precedentes, _inmediate_ á la partida del Rey,
para entender y despachar los negocios concernientes á las Indias;
entre los cuales hizo clamores el Clérigo contra el obispo de Búrgos,
porque habia sido causa de que aquel Berrio se fuese, sin licencia y
sin órden del Clérigo, á sacar labradores, oficio que, para sólo, no
sabia, segun arriba dejamos dicho, porque supo el Clérigo que habia
enviado 200 ánimas á esta isla, sin tener cédula del Rey ni despacho
alguno para que los socorriesen llegando á esta isla, como estaba
proveido, porque, como ya queda dicho, lo primero y principal que se
requiere proveer, cuando se quisiere poblar de gente de Castilla, y en
especial de labradores, alguna destas tierras, es tenerles proveido
donde se aposenten y para un año al ménos de comida, porque como llegan
flacos y trabajados de la mar, y enfermos algunos (y si no luégo
enferman, despues, hombres, ó mujeres ó niños), y con ésto no traen
un maravedí, si el Rey no les provee hasta que ellos puedan trabajar
y tener de suyo, téngase por cierto que toda la más de la gente que á
estas tierras viniere perecerá, como siempre segun habemos visto ha
perecido. Por los clamores que el Clérigo dió, y por la buena voluntad
que como cristiano tenia el Gran Chanciller, se mandó y proveyó que
luégo se enviase á esta isla Española 3.000 arrobas de harina, y 1.500
arrobas de vino, para que se repartiesen por los labradores que Berrio
habia enviado tan sin órden y refrigerio; las cuales, llegadas á esta
isla, ya no se halló á quien repartillas, porque unos eran muertos, y
otros idos desta isla, y otros hechos taberneros, y así desbarató toda
la dicha poblacion que tan necesaria era, la cual, si se prosiguiera,
fuera esta isla otra España, y tuviera hoy sobre 200 y 300.000 vecinos,
de donde resultara ser nuestra antigua España felicísima con ella.
Tornando á la Historia, en los siete dias que dije haberse dedicado
para en que se tractasen y concluyesen los negocios del dicho Clérigo,
juntarónse muchas veces todos los Consejos del Rey que se hallaron
presentes, como siempre el Rey los mandaba juntar, á tractar dellos;
hobo muchas disputas y muchos apuntamientos cerca de la justicia y de
los agravios, y daños, y perdimiento destas indianas gentes, dello por
la gran ignorancia que en aquellos tiempos los Consejos todos, por la
mayor parte, cerca desta materia padecian, ignorando los principios y
reglas de la ley natural y divina que eran obligados á saber; dello,
por ventura, por algunos de los que intereses pretendian y los perdian
si se ponian en libertad los indios; dello, quizá, por salir algunos
con sus erradas opiniones y por la afrenta que por haber errado
la gobernacion y mal recaudo que pusieron á estas gentes temian.
Finalmente, en cierta sesion que se tuvo en uno de aquellos siete dias,
el cardenal Adriano, que despues fué Papa, hizo á todos una solemnísima
y doctísima oracion, probando por razones naturales, autoridades de la
Ley divina y de los sanctos doctores, de los derechos, y leyes humanas,
y eclesiásticas, cómo aquestas gentes infieles habian de ser traidas
al cognoscimiento de Dios y al gremio de su sancta Iglesia por paz, y
amor, y vía evangélica, segun la forma por Cristo establecida, y no
por guerra ni servidumbre, tácitamente condenando la vía mahomética
que en entrar en estas tierras nuestra gente Española habia tenido.
Fué de tanta eficacia esta oracion del sancto Cardenal, que todos, ó
al ménos los más, consintieron y alabaron su católica doctrina, y si
algunos hobo que disentiesen della por las causas dichas, al ménos
ninguno hobo que le osase ni supiese contradecir, porque manifiesto
era que ninguno de los que allí se hallaron presentes tenia letras,
aunque habia varones doctos, que le pusiesen en presuncion de pensar
podelle con razones sólidas argüir; por manera, que allí se determinó,
que los indios generalmente debian ser libres, y tractados como
libres, y traidos á la fe por la vía que Cristo dejó establecida.
Determinóse tambien que al Clérigo se diese el cargo de la conversion
de las gentes que vivian en aquella parte de tierra firme que habia
señalado, por la manera que la pedia, segun arriba parece en el cap.
130 con los siguientes, en especial el capítulo 132, donde están los
capítulos de la capitulacion que hizo con el Rey. Luégo el obispo de
Búrgos envió á llamar al clérigo Casas, y juntó consigo el Obispo á
Hernando de Vega, y al licenciado Zapata, y á Francisco de los Cobos,
secretario, y otros del Consejo Real, y tratando con el Clérigo en
pró y en contra, el pró defendiendo él, y el contra, limitando y
estrechando el poder al Clérigo y toda la negociacion, el Obispo y
los demas (aunque no con tanto rigor, sino muy diferentemente de la
manera que de ántes habia tenido el Obispo, como via que toda la
congregacion de los letrados lo habia determinado, y tambien porque ya
parecia que se le habia mitigado el enojo que solia tener del Clérigo
por los tártagos que tantas veces le habia causado), finalmente, se
acabó la capitulacion en buena paz, señalando por límites de la tierra
que se le encomendaba desde la provincia de Paria inclusive hasta la
de Sancta Marta exclusive, que son de costa de mar, leste gueste, 260
leguas pocas más ó ménos, y ambos á dos límites, corriendo por cuerda
derecha, hasta dar á la otra costa del Sur ó Mediodia, que son, como
despues ha parecido, más de 2.500 leguas por la tierra dentro, porque
no hay otra mar hasta el estrecho de Magallanes. Y así, no queriendo el
obispo de Búrgos conceder cien leguas que pedia el Clérigo para que,
sin los impedimentos que los españoles han dado y daban y suelen dar,
los frailes predicasen y convirtiesen aquellas gentes, como pareció
arriba en el cap. 104, fué forzado á conceder y firmar 2.000. Firmó
el Rey la dicha capitulacion, como arriba se dijo, á 19 dias del mes
de Mayo, en la ciudad de la Coruña, año de 1520 años. Resultaron de
la dicha capitulacion muchas provisiones y Cédulas, que despues de
partido el Rey se despacharon, que el Clérigo pidió para ejecucion
y cumplimiento de todo lo capitulado, las cuales el Obispo despachó
alegremente, quedando en el mismo cargo que ántes estaba, no con
nombre de Presidente sino de principal, que usaba el oficio dél como
siempre lo habia tenido desde que se descubrieron las Indias, segun ha
parecido, porque hasta estos tiempos no habia formado título de Consejo
de las Indias, sino que el Obispo llamaba del Consejo Real ciertos de
Consejo, los que los Reyes pasados católicos mandaban ó habian para
ello nombrado ó elegido. Trató muy bien, despues de partido el Rey,
al Clérigo el Obispo, no mirando los enojos que dado le habia, en lo
cual mostró ser generoso y de noble ánimo, como el Clérigo quedase
sin favor alguno despues del Rey ido y todos los flamencos que hacian
por él y por la verdad que estimaban que traia. El dia que el Rey se
embarcó, fué el Clérigo á ver al cardenal Adriano, que dejó el Rey
por Gobernador de aquellos reinos de España, y tambien destas Indias,
y el Cardenal, que salia de la Cámara á la sala y con él el Obispo
de Almería, que solia ser, licenciado Sosa del Consejo Real, y habia
entendido muchos años ántes en las cosas de las Indias con el Obispo
y los demas, y favorecia siempre la verdad que el Clérigo traia, dijo
al Clérigo: «Besá aquí las manos á su reverendísima señoría, porque él
sólo os ha libertado todos los indios.» Respondió el Clérigo riendo,
como no agradeciéndolo mucho, pues el Cardenal era como cristiano:
_Ad plura tenetur, reverendissima dominatio sua, Deo et proximis,
quia unicuique mandavit Deus de proximo suo._ Dijo entónces tambien
sonriendo el Cardenal: _Ad minus debetis mihi vestras orationes._
Va luégo el Clérigo con toda reverencia y humillacion á besalle las
manos, diciendo: _Ego jam dicavi me prorsus obsequio et obedientiæ
vestræ reverendissimæ dominationis, in quo proposito usque ad mortem
inclusive perseverabo._ De donde parece cuál pudo ser la oracion que en
el ayuntamiento de los Consejos hizo, y de cuánta eficacia, pues por
ella todos se determinaron á seguille, y en favor de la libertad destas
gentes todos los más votaron. Pero como el Rey se fué, y el Clérigo
no pudo más sustentarse en la corte, faltó todo mamparo, y así no se
guardó nada de cuanto allí se determinó, sino robarse y proseguirse
la tiranía y las guerras que llamaron conquistas, las muertes, los
robos, los extragos cada dia creciendo, despoblando y yermando de sus
infinitos moradores estas tierras, con la ceguedad y crueldad pasada,
y mayor que de ántes. Y ha sido despues acá, tanta la ignorancia
inexcusable, especialmente en los del Consejo que el Rey ha siempre
para tractar estos negocios nombrado, que han perecido hasta hoy, que
es el año de 1560, sobre 40 cuentos de almas, y más de 4.000 leguas de
tierra despoblado, cosa nunca jamás otra oida, ni acaecida, ni soñada,
segun que abajo parecerá, si la divina providencia y bondad diere vida
para contallo. Y como el obispo de Búrgos quedó con el mismo cargo que
de ántes, parece que si él llevara adelante lo en aquella congregacion
de la Coruña determinado, las tiranías y matanzas, y destrucciones
y perdicion destas Indias se hobieran estorbado. Yo, gran temor
tengo, que como siempre hobiese al bien de los indios sido contrario
(quizá, cierto, no por malicia, sino pensando que acertaba, porque
no era letrado y seguia la ignorancia y errores de los letrados),
que todos los males y daños por nuestros españoles perpetrados se
le hayan imputado. Haya placido á Dios que tantas crueldades, tan
facinorosísimos pecados y perdiciones de ánimas no hayan sido á su
cargo.
CAPÍTULO CLVI.