VICENTA. No, María, no es para asustarse... Soy su
mejor amiga; me intereso mucho por usted, y quiero
prevenirla de ciertos rumores...
MARÍA. (_Serena._) ¿A ver, a ver?... ¿Qué dicen
de mí? 160
VICENTA. Naturalmente, todo el mundo encuentra
muy extraordinario, encuentra inverosímil que una mujer
sola pueda...
MARÍA. ¿Levantar del suelo a una familia, sostenerla
en una pobreza decorosa?... ¡Vaya con el milagro! 165
¿Y de esto se asombran?
VICENTA. Se asustan, se escandalizan. Este compra-y-vende
de una señorita noble, hija de Marqueses,
no está en nuestras costumbres.
MARÍA. Ni ello les cabe en la cabeza a estas mujercitas 170
encogidas y para poco... Como si lo estuviera
oyendo, Vicenta... dirán que una mujer no puede ganar
dinero...
VICENTA. Honradamente. Se lo digo a usted con
toda esa crudeza, para, que se indigne. 175
MARÍA. No, amiga mía: si no me indigno.
VICENTA. ¡Y se queda tan fresca!
MARÍA. Cuando me determiné a sacar a mis padres
de la miseria, por los medios que usted conoce, ya conté
con que me habían de tomar por loca, o por otra cosa 180
peor... y fortifiqué mi alma contra esos ataques... que
no podían faltar.
VICENTA. ¿De modo que usted no teme...?
MARÍA. ¿A lo que llaman la opinión, a la falsa crítica,
a la mentira maliciosa? No la temo. Todo es pura 185
espuma, y yo soy roca.
VICENTA. Dios la conserve a usted en esa fortaleza y
serenidad.
MARÍA. Con ellas me va muy bien: nadie viene a
turbarme... 190
VICENTA. ¿Nadie? (_Picaresca._) Eso no es verdad;
que por ser usted mujer de tanto mérito, no le falta el
asedio de pretendientes, alguno tan enfadoso como el
pobre Corral...