MARÍA. (_Con energía._) No mañana, mañana no, esta
noche misma, ahora, corra usted a su casa, que está
bien cerca, dos pasos, y tráigame... cuatrocientos duros.
VICENTA. (_Confusa, sin saber qué hacer._) Pero...
verá usted... el caso es que esta noche... Naturalmente, 545
no voy a decirle a Nicolás... Quizás se opondría.
MARÍA. Pues entonces, no hay trato.
VICENTA. Mañana, amiga mía... ma...
MARÍA. (_Cortándole el concepto._) No hay amiguitas,
ni carantoñas, ni mañanas, ni nada de eso. ¿No sabe 550
usted que soy de bronce?
VICENTA. Ya lo veo, ya... Pero... No sé cómo arreglarlo...
(_Con una idea salvadora._) ¡Ah! Si usted se
aviene a recibir esta noche la mitad, un poquito menos...
Sin enterar a Nicolás ni a nadie, puedo disponer ahora 555
mismo de unas novecientas pesetas.
MARÍA. Acepto, siempre que usted me dé formal
promesa de entregarme el resto antes de las veinticuatro
horas... mil cien pesetas.
VICENTA. Justas y cabales. Pero no perdamos tiempo... 560
Corro a casa... Nicolás, a quien dije que iríamos
juntas, ya está allá. Luego le diré: «¿no sabes? llegó
el vestido...» Y mañana le cuento... En fin, yo lo
arreglaré... tardaré tres minutos... Que cuando yo
venga, esté usted despojada... ¿Subiré a su casa? 565
MARÍA. No: espéreme aquí. (_Se quita el abrigo y
sombrero._)
VICENTA. A prisita, a prisita, para que yo tenga
tiempo... (_Vase corriendo por el patio._)