(1) GOvernó la Reyna un año, q̃ fue el de mil quatrocientos i treynta
i nueve, con mando abſoluto, en virtud del nombramiento del Rey
ſu marido: peró fueron tantas las contradiciones del pueblo, que
interpueſtos los cuñados por bien de paz, ſe conformaron en dexar a la
Reyna la educacion de ſus hijos; proviſion de oficios, i mercedes. Al
Infante D. Pedro, las armas, i defenſa del Reyno; al Cõde de Arrayolos,
la adminiſtracion de la juſticia: era hijo ſegundo del de Barcelos,
de gran ſujeto, i valor, i tan apartado de las paſſiones del padre,
que no le ſeguia, en lo que no mirava a la utilidad publica, que era
ſolo ſu animo. Apaſiguaronſe con eſte triunvirato los exteriores del
pueblo; mas fue por tan corto tiempo, que llegò arrebantar deſpues con
maior violencia, como mina encubierta; porque el remedio, que ſe tomò
en eſtas recõciliaciones, dividiò de nuevo los animos entereſſados,
no quedando alguno de los tres abſoluto para ſus conveniencias, que
era lo que cada uno deſſeava, i juntos todos aborrecian. Dizian, que
haviendo tantas cabeças vivian ſin una, que los governaſſe triſtes, i
afligidos: que de la miſma manera que la Religion no permitia muchas
deidades, ni el cielo dos ſoles: tal eran los Reynos, porque ſiendo
uno ſolo ſu cuerpo, ſe avia de regir por la prudencia de uno; que
hazer lo cõtrario ſeria confundir las coſas, i dar motivo, a que
con la diſſenſion de los que governavã, ſiendo muchos, ſe hizieſſen
parciales los ſubditos, llevados de ſus particulares; que era facil
de anegar la nave, donde los marineros no eran conformes; que las màs
vezes por odio, ó por ambicion, ſe opponian a los pareceres unos de
otros, con que alteravan los acuerdos neceſſarios a los peligros, i
la execucion, ò ſe ſuſpendia, ò ſe negava: que ſiendo eſto caſi proprio
a todos los Reynos: en el de Portugal, aun militavan otros fundamentos
màs apretados; pues los Portugueſes de puro brioſos, i altivos,
llevavan mal cortejar, i aſsiſtir a tantos; i de no hazerlo, ó perdian
ſu autoridad los que governavan; ò los pretendientes ſu negocio, ſin
eſta ordinaria adulacion: que los buenos por la maior parte encogidos,
ſe encerravan en los limites de ſu bondad, i no andavan de ordinario en
la plaça, i a los ojos de los governadores; dõde los malos, como gente
más eſparſida, i aſiſtente, disfrutavan el premio de ſus merecimientos:
que no havia duda, que governando uno, ſe cercenavan reſpetos de
ſangre, i familiaridades; coſas que fatigan de ſuerte a una Republica,
que no ay aflicion, que ſe le aventaje: porque la opreſsion de haver
muchos previligiados, es tan dañoſa, como la de los enemigos; que no
lo ſon menos los reſpetos, pues alcança generalmente a todos, que no
exceptua perſonas, llegando a obrarſe coſas injuſtas ſin culpa de los
que goviernan, porque los inferiores miden ſus utilidades ſiempre por
razones extrinſecas, como ſon el deudo, ò la amiſtad.
(2) Eſtas, i otras razones, andavan en boca, no ſolo de los prudentes,
i zeloſos, que llorã de cõtino las afliciones publicas; pero tambiẽ en
la de todo el pueblo; el qual como ſi fuera obligacion ſuya mudar el
govierno, lo emprendiò hazer; primero con quexas en ſecreto, i luego
conjuntas, i ſediciones, como la vez paſſada, en otro levantamiento
màs peligroſo: porque no quedô de la gente popular, i ordinaria,
oficial alguno mecanico, que no tomaſſe las armas, i corrieſſe a
palacio atrevidamente. Es el impetu, i furia de un pueblo, de manera
que por falta de conſideracion no echa de ver los peligros, que le
eſtà amenazando, aunque aya llegado al punto de caerſe en ellos,
i naturalmẽte ſe inclina ſiẽpre al peor conſejo, ſin que baſte a
perſuadirle el ſaber, ni la prudẽcia de los hombres graves, i bien
experimentados; i con eſta ſu condicion cae en el atoladero de ſu
daño, i ſe llega a rendirſe, es con el cuchillo en la gargãta.
Para ſoſſegar eſta muchedumbre ſalierõ D. Duarte, i otros muchos
cavalleros de los màs principales, i bien quiſtos del pueblo, cuya
preſencia ſuele ſerenar maiores tormẽtas: peró en eſta tenian por
ſoſpechoſa a la nobleza; i como era fundada tambien en la aficion,
que moſtravan al infante D. Pedro, a quien pidian por governador
ſolamente, ſin compañeros; fue neceſſario, que el miſmo, como a quien
màs tocava la quietud de tal deſconcierto, hablaſſe a los principales
fautores. Iuntólos en la Igleſia de los Carmelitas, i eſtrañòles el
modo, diziendo; que no era de la lealtad de los Portugueſes tales
demonſtraciones con ſus Principes: intentavã en la paz, lo que ni aun
los enemigos ſe atrevieran en la guerra; que las ſediciones civiles
diſponian los Reynos a ruinas ciertas; i con la fuerça offendian la
mageſtad, i deſluſtravan la antigua fama de ſus maiores: eligieſſen
procuradores, a quien dieſſen inſtruccion de lo que pretendian pedir
en Cortes. Es razon amigos (continuó el Infante) q̃ vueſtro zelo, i
moderado, ſea la mancha de mi reputacion: que diran mis enemigos? que
los mal intencionados? ſino que os incito, i ſin ambicion lo cauſa, i
os dà las ordenes de lo que intentais; ſabeis la verdad, i a ella ſolo
apelarè deſte agravio: ah no esforceis ſu malicia! Siempre los motines
fueron deſagradables al Principe, de igual peligro a quiẽ los mueve:
vueſtro buen animo ya le conoſco, i agradeſco: no deis lugar a la ira,
miniſtra ſiẽpre de deſaciertos, i conſejera de deſordenes. En un punto
quereis perder la fama, que en tantos ſiglos alcançaſtes, de leales. Ah
Portugueſes, que diran las naciones eſtrangeras? Como, i havra quien os
aventaje en obediencia; ſiendo tan ſeñalados en valor. Encareciôles con
eſto el de los Infantes ſus hermanos; a quien devian reſpeto, i amor.
El que les tenia la Reyna; ſu virtuoſo proceder, i ſingulares meritos.
Oyeron eſto poſtrero deſapaſiblemente, i tanto que moſtraron no
admitir quietud, menos que con dexar la Reyna el govierno: porque las
perſonas, que cõ maior atencion notavan eſta muchedumbre; cõsideravan
los animos de un pueblo, que no hazia nada dividido; ni por parecer de
pocos, ſinó que todos juntos ſe entendiã a una voz, i juntos callavan
con la igualdad, i firmeza, que ſe pudiera creer, que tenian, quiẽ
los governaſſe. La Reyna, como muger facil a enojos, i poco aſtuta en
ocultar ſentimientos; de todo el que moſtrava, hazia culpado al Infante
D. Pedro, publicandolo por autor deſta rebelion: mas lo cierto era, que
manifeſtava aora, con màs claridad, el odio heredado, que por diſcurſo
de años tuvo encerrado en el coraçon, ſegun ſe entendiò ya en vida del
Rey ſu marido. Para eſte aborrecimiento ſeñalavan como cauſa principal,
las diſſenſiones, que huvo entre el Rey D. Fernãdo de Aragon, padre de
la Reyna, i el Conde de Vrgel ſuegro del Infante; ſobre la ſuceſsiõ de
aquella corona; en que por el derecho de ſu muger, moſtrava el Infante
ſer heredero forçoſo della; i conſideravaſe, la Reyna temia, que el
Infante, una vez apoderado del govierno abſoluto de Portugal, quedaria
con fuerças, i poder para alentar eſta pretenſion; porque eſtava el
derecho en las armas del màs poderoſo, que con eſte titulo lo poſſehia
el Rey D. Fernando de Aragon.
(3) Andava Caſtilla igualmente por eſte tiẽpo, tan trabajada, como
Portugal; i aunque ſea con brevedad, que profeſſo; darè noticia de las
cauſas, por lo mucho que ſe mezclarõ con las nueſtras, i parte, que
le alcançò a Don Duarte. Reynava en aquel Reyno D. Iuan el ſegundo;
Principe menos cuidadoſo, que otros de ſu autoridad: porque la mucha
aſtucia del Condeſtable D. Alvaro de Luna, le havia reduzido de
manera a ſu voluntad, q̃ parece no tenian ambos coraçones, màs que un
movimiento. Deſta privança tan prodigioſa, ſe ofendieron gravemente
los grandes, i ſeñores de Caſtilla: creyẽdo, que la inclinacion facil
del Rey llegava a hazer dueño al Condeſtable de ſus vidas, honras, i
haziẽdas; i como aun entonces durava en ellos el deſſear parecerlo en
las acciones, i brios: moſtraron a ſu Rey el daño, que reſultava a ſu
corona de tener un valido tan codicioſo, como dizian era D. Alvaro;
el qual abusò de manera de ſu fortuna, que vino los tiẽpos adelãte a
ſer el monſtruo, i exemplar más vivo de ſus mudanças, i deſconciertos;
determinaron cõ eſto deshazer el pezo del privado, reſervando el de
la fidelidad; perô en union tan apretada fue impoſsible diſguſtar al
valido, i agradar al Rey: i aſsi atropellando todo rompieron el ñudo
de la obediencia, con que quiſieron ſer desleales, por parecer zeloſos.
Haviã entrado en Caſtilla entonces los Infantes de Aragon D. Pedro,
i D. Henrique, cuñados del Rey; i ſiendo por naturaleza inquietos,
i ambicioſos, ſufrian tambien mal a D. Alvaro; por̃q no lo hallavan
propicio a ſus aumẽtos; i los aborrecia ſumamente conociẽdolos por
enemigos, ſiẽdolo el tan declarado ſuyo, que determinó echallos de
Caſtilla, por aſſegurarſe en la valia; repreſentando maior peligro en
la oppoſicion de los Infantes, que en el deſabrimiento de los grandes;
haſta que juntandoſe todos, experimentò, que el privado no tiene mayor
adverſario, que ser aborrecido de muchos: concluyeron pues todos en
procurar su ruina; por̃q el favor, que el Rei le hazia, como mal
repartido, cauſava zelos a los grandes, a los iguales embidia, i a los
pequeños odio; viendo tambien, que el Reyno ſe yva empobreciendo con
las riquezas del valido; i las ordenes de los negocios ſe pervertian;
i el enteres particular ahogava el publico: començaron a desacreditar
al Rey, cõ que ſolo lo era en el nombre, i luego menospreciandole con
engañoſo pretexto, acudieron a las armas con voz de bien publico, que
es ſiempre la cubierta deſtas maldades: el Rey con eſta demonſtracion
andava combatido por todas partes ſin ſaber reſoluerſe, porque la
afficion del Condeſtable le obligaua a no reparar en el peligro, i cõ
eſte deſcuido fue creciendo de manera, que los Infantes excluyeron
al Condeſtable del govierno, i ſe apoderaron de la perſona del Rey:
matandole la luz màs biva que tiene la Mageſtad Real, i haziendo ſu
authoridad imaginada: pues dura es la condicion de un Principe, que no
puede en tanto numero de criados eſcoger alguno màs digno de confiança,
por dicha de eleccion, ó fuerça de merecimiento: quando a los vaſſallos
puede eſtar bien, q̃ la dignidad reconoſca el merito, i la afficion
ſuſtente el ſeruicio.
(4) Destas diſcordias de Caſtilla, ſe alentaron de nueuo las de
Portugal, porque el Infante Don Pedro aviendo llamado a Cortes quietò
al pueblo: i la nobleza deſeando la compoſicion deſtos Principes,
offrecio a la Reyna tratar de concordias; però ella induzida de la
proſperidad que los hermanos trahian en Caſtilla, communicandolos
muy a menudo; i alentando ſus eſperanças con las promeſſas que les
hazian: cerró los oydos al trato, eſcuchando ſolamente aquellos que le
aconſejauan; procuraſſe la Ruina del Infante, por qualquier medio que
fueſſe, ſin deſiſtir del gouierno, ò largar de ſu mano la perſona del
Rey ſu hijo; que mientras lo tenia en ſu poder tendria las coſas a ſu
guſto; que los ſocorros de Caſtilla eran ciertos, i aſsi no le quedava
que temer ruin ſucceſſo a ſus deſeos: Contrarios eran a eſto los
diſcurſos de Don Duarte, i a ſi màs conuenientes al bien de la Reyna
i Reyno; notaua en q̃ de las diſcordias ciuiles ſuele ordinariamẽte
nacer la perdicion de los eſtados, con que ſe cõſumen, i deshazẽ unos
a otros, i tal vez quãdo ſe entremeten fuerças eſtrangeras ſe leuantã
con todo, ò lo deſtruyen haſta el fundamento. Hablò a la Reyna con eſta
reſolucion, y dixo.
_Grande es la confiança de un buen criado, pues llega pareciendo
locura oponerſe a la voluntad de ſu Principe: i pedirle la razon de lo
que haze. Como es poſsible (ſeñora) que no pondere V. Alteza el modo
con que ſe và deſpeñando, (ſeame licito dezillo aſsi) en un negocio,
de cuyo acierto pende ſu vida, i la de tantos ſeruidores ſuyos;
los que deßean hazer algun hecho de importancia han de alargar la
conſideracion, i eſtenderla por todo el diſcurſo de la obra, porque en
el progreſſo, i ſin de las empreſas ſuele auer mayores difficultades,
que en el principio dellas: Emprende vueſtra Alteza echar del gouierno
publico deſte Reyno, quando menos al ſeñor Infante Don Pedro ſu
cuñado, hermano del Rey mi ſeñor, Principe de grande authoridad, i
credito, aſsiſtido de ſus hermanos; ſolicitado del pueblo; i bien
quiſto de la nobleza. Demos que las cauſas de nueſtra parte ſean
juſtificadas, el effecto parece impoſsible: pues ſi todos a una boca
piden por Gouernador al Infante; ay por ventura quien reſiſta a eſte
applauſo? O quien ſea Iuez deſta cauſa; ſi lo es el Reyno, el Reyno
lo acclama. Si los Infantes, ellos lo eligen. Si los nobles, ſon los
primeros, que lo aprueuan. No fuera perder el ſezo luchar con vna
fiera: o impedir la corriente del Occeano? Pues no es menos (ſeñora)
ſeguir la reſolucion, que os aconſejan; haſta aqui fundauades en
derecho vueſtro intento; ya parece codicia, ô thema, que a ſer zelo
del bien publico, eſte os perſuadiera a apaziguar diſcordias, que
ſon los incendios que abrazan a una Republica. No ay utilidad para
ella, como la paz, i la union, dividiendoſe muere, i unida vive, i
ſe conſerva: comiença a arder por vueſtro reſpecto, ſino aplacais
el fuego acabarâ, ſin duda, breviſsimamente. Iuzgue V. Alteza, que
fama dexarâ a la poſteridad con eſte ſuceſſo. Direis, que vueſtra
pretenſion es tratar del Reyno de vueſtro hijo; pues, pregunto, como
le quereis deſtruir los ſubditos? i ſi deſſeais hazer mercedes, como
entrais primero por caſtigos? Reynaſtes en Portugal, i no os duele
ſu miſeria? Los que rehuzan vueſtro govierno, dan por causa, que
ſois muger, i eſtrangera. Dadme licencia, a que pergunte, en que
moſtrais lo contrario deſto? Eſtà en vueſtras manos el ſociego deſte
Reyno, i no le admitis? eſcuchais dos, que os ſiguen, i no muchos,
que os niegan? ya que advertis en los amigos, porque no contais los
adverſarios; en numero tan deſigual, que puede aconteceros, que no
ſea vuestra deſtruicion? aun deſtos pocos, que os reconocẽ, vereis
quantos ſon menos en la ocaſion; porque mâs no ſiguierõ vueſtra
perſona, ſino vueſtra fortuna. Quando la juzgueis proſpera con el
ſocorro, que os prometen los ſeñores Infantes vueſtros hermanos,
advertid: que entonces ſe ha de temer la contraria; i prevenirſe mui
de ante mano para las adverſidades; pues ſobre coſas tan movibles,
es deſvario aßegurar confianças: i aunque havemos de eſperar buenos
suceßos, no es justo, que preſumamos tanta certeza dellos; porque que
la fortuna es varia, i no ſe dexa regir por razon, ni por fuerça;
maiormẽte no paßando, a mi ver, de cumplimiento (ſi bien ſe conſidera)
la promeſſa de los Infantes. Son pretenſores de eſtados en Caſtilla;
como han de alejarſe a Portugal? Su poder no es firme, i quãdo no ſe
funda en fuerças proprias, facilmente derriba el más encumbrado; ſiẽdo
cierto, que las confederaciones, i ligas de los potentados, no tienen
más ſeguridad, de quanto importa a cada uno en particular; teniendo
ſolo por parenteſco ſu conveniencia, pues ſegun las ocaſiones; ſe
van afloxando, ò apretando con maña, i arteficio, debaxo de colores
diferentes._
La libertad deſta pratica deſabrió a la Reyna de manera que de alli
adelante tratô D. Duarte de bolver ſobre ſy; porque anduvo tan
prudente, i cuerdo en eſta ocaſion, que pagando a la Reyna la deuda,
en que le eſtava por ſu marido, ſervió a ſu Rey, i no ſe odiò con el
Infante; ſiendo a todos amable, i a ninguno ſoſpechoſo; ni con eſta
templança ſe puede dezir, que fueſſe neutral, pues pueſta la mira en el
ſervicio de ſu Rey, moſtró claramente, que no convienen parcialidades
cõ la lealtad de ſubditos: ni a eſtos toca alterar el govierno, ò
ſeguir voz, q̃ ſuene diviſiõ; pues con ella ſe facilitan peligros a la
Republica.
(5) Del vando de la Reyna eran las cabeças principales D. Alonſo
Conde de Barcelos, D. Alonſo ſeñor de Caſcais, i ſu hijo D. Fernãdo
de Vaſconcelos, el Prior de S. Iuan, D. Nuño Fernandes de Goes, el
Arçobiſpo de Lisboa D. Pedro de Noroña, i D. Sancho ſu hermano; però
la maior parte deſtos, i otros cavalleros, aſpiravan o a ſus vẽgãças,
ò a ſus cõueniẽcias; i aſsi tomavan eſte camino para alcançar lo ̃q
deſſeavan conociendo q̃ en los tiempos alterados con el agua rebuelta
ſiempre, quedan las manos llenas a los autores de las diſcordias; ̃q
por eſta cauſa lo ſon tambiẽ de la paz deſpues q̃ tienẽ en ſy el fruto
de ſu malicia. Al revez deſto D. Duarte ſaliô pobre, i honrado deſta
guerra domeſtica; por̃q es punto en que dan los brioſos de zelo, i
hõra, no ignorado de alguno, però ſeguido de mui pocos.
(6) Fueron en vano todas las diligencias, q̃ el Infante D. Pedro, i
ſus hermanos, D. Hẽriq; i D. Iuan, hizieron para aplacar la Reyna; mas
deſengañados del poco efeto, acudierõ al govierno, por̃q no ſucedieſſe
lo q̃ al enfermo peligroſo, q̃ miẽtras debaten los medicos ſobre el
remedio, ſe paſſa el tiẽpo de la cura. Tratarõ de llamar a cortes, i
determinôſe en ellas que el Infante D. Pedro fueſſe governador, con
titulo de regente: notificaronſelo a la Reyna; i poco deſpues largaſse
los hijos; por̃q tãbien ſe reſolviò no cõvenia tenerlos en ſu poder,
pues criados en la dotrina de ſus odios, no fueſſen principio de
maiores males. Como en eſtas deliberaciones no ſe eſperava el guſto
de la Reyna, cõ la brevedad, que fueron decididas; fuerõ executadas;
i ella con algunos de ſu bãdo (̃q ya començavã a faltarle muchos) ſe
retirò a Almerin, i de alli cõ maior prieſſa, i en ſon de huyda a la
villa del Crato; encomiẽda, i cabeça del Priorato de S. Iuã. Reſolviò
eſta retirada ſin neceſsidad, ò aprieto alguno, ſolamẽte por moſtrar
miedo al Reyno, de las aſſechanças del Infante, ya governador; i con
eſte penſamiento ſaliò de noche de Almerin, fingiẽdo grãdes alborotos,
i vozes, de q̃ la veniã a prender, por diſsimular cô las tinieblas
el engaño: luego q̃ llegò al Crato divulgò por el Reyno algunas
cartas, en que pedia a la nobleza le reſtituyeſſen el govierno, i
los hijos, meſclãdo entre otras palabras, muchas amenazas de romper
guerra, i meterla en eſte Reyno: tornòſe con eſto a encender el fuego,
de que ya no ſe via tãta llama; i el Infante por atajar eſtos, i
otros inconvenientes; acudiò en perſona al Priorato, i aſſegurò las
fortalezas, que ſe le rendieron ſin alguna contradicion: deſpues marchò
la buelta del Crato, donde la Reyna havia metido copia de gente de
guerra Caſtellana, a cargo de D. Alonſo Henriques tio ſuyo; perô el
Infante, aunque lo ſabia, fue caminando tan de eſpacio, que bien ſe
entendiò, que no queria vencer la Reyna, ó detenerla, ſino darle lugar
a que ſe arrepentieſſe, ò se retiraſſe. El Prior de S. Iuan, entõces,
receloſo del cerco, deſamparò la villa, impoſsibilitado de ſuſtẽtarla;
i la Reyna ſe entrò por Albuquerque, en Caſtilla, en Deziembre de mil
quatrocientos i quarenta.
(7) No hallo q̃ la acompañaſſe en eſte cõflicto, de los Portugueſes,
màs q̃ el Prior de S. Iuan: porque el Cõde de Barcelos andava ya tan
tibio en eſte bando, deſpues que le viò caydo; q̃ ſe fue a ſus tierras
de la Beira, i ſolo tratò de aſſegurarſe: i el Arçobiſpo D. Pedro que
era ſu cuñado, acomodandoſe con los tiempos; procuró ſalvarſe en el
ſagrado de ſu Igleſia, de los fines, que comunmente reſultan deſtas
diſſenſiones.
(8) Fue el Arçobiſpo una de las perſonas de maior lugar, que tuvieron
aquellos ſiglos, en eſte Reyno; i verdaderamente merece gran culpa en
negar ſu autoridad, i talento, a la quietud i deſcanſo de la Reyna,
de quien era tio, primo hermano del Rey ſu padre; por̃q ceſſaran
los rompimientos, que dieron motivo a que la Reyna murieſſe deſpues
deſterrada, i afligida quando por el oficio de buen paſtor era
obligado a unir ſus ovejas, i no derramarlas. Però con eſto moſtrô
bien los daños, que cauſan Prelados, q̃ ſiendo Ecleſiaſticos, en la
profecion, ſon en los cuidados ſeglares. Con el deſamparo, q̃ hizo de
ſu Igleſia, andava Lisboa tan ſuelta, que los ciudadanos con motines,
i otras licencias, pareciã arbitros de la paz, i la guerra; i como
procedian con las conſciencias rotas, moſtravan tambien enfermas las
fidelidades; porque de una corrupcion nacia la otra; ſiendo cierto,
̃q el eſtrago de las conciencias es la fuente de todos los males,
que padece una Republica; que eſtas ſon ſus enfermedades intrinſecas,
̃q como no trahen dolores publicos; quando ſe curan es con deſcuido;
i como no ſanan nũca, van creciendo poco a poco haſta llegar a ſer
irremediables; i aſsi el Arçobiſpo atropellando eſtos inconvenientes,
trepeçava en otros maiores, con menos decencia, de lo q̃ permitia la
razon, dando lugar a que ſe murmuraſſe de ſu codicia; que lo llevava a
tratar de coſas tan agenas de ſu obligacion, en tiempo, que ſu Igleſia
neceſsitava tanto de cuidado, vigilancia, i reformacion; por los
vicios, que ſe originavan de las deſordenes referidas.
(9) El retiramiento de la Reyna ſoſſegó apparentemente los animos
Portugueſes, obedientes ya ſin contradicion alguna al Infante D. Pedro;
mas deſpues de auer governado dos años, q̃ fueron el de quarenta
i uno, i dos; conſiderò eſte Principe quanta neceſsidad tenia de
velar ſobre las coſas de Caſtilla, pues era ſolo la parte de donde
ſe podia temer, q̃ la Reyna hallaſſe recurſo a ſus deſſeos. Andavan
ſus hermanos tan ſeñores en aquel Reyno, que la voluntad del Rey Dõ
Iuan eſtava màs a ſu diſpoſicion, que los pueblos; por̃q los grandes
con el odio q̃ tenian al Cõdeſtable no repararõ en el deſluzimiento
de ſu Principe, conociendolo por facil para mouerſe a qualquier
accidente. Cõ eſtos i otros referidos en las hiſtorias Caſtellanas ̃q
dexo, por̃q no ſon de mi juriſdicion; Llegó el Condeſtable D. Aluaro
de Luna a valerſe de Portugal; confederãdoſe primero cõ el Maeſtro
de Alcantara; por̃q herido de la miſma enfermedad, neceſsitava del
miſmo remedio: ſuſtẽtavan ambos ſus eſtados mui a pedaços, por̃q los
Infantes diſcurrian victorioſos por todas partes, ganandole los mayores
lugares. Apretados pues, recorrierõ al Infante Gouernador, el qual
temeroſo de q̃ eſte rayo le alcãſaſſe a herir, viendo que la Reyna no
ceſaua un momento en ſu pretenſion; determinó ſocorrerlos con acuerdo
de los Infantes ſus hermanos, i de los ſeñores, i cavalleros del
Conſejo; perſuadieronſe a eſto por cartas del Rey de Caſtilla, que el
Condeſtable envió al Infante Gouernador; en que ſe quexava de los
cuñados grauemente, i permitia al Condeſtable meter gente, i armas
eſtrangeras para defender ſus rentas, i eſtados; pareció eſte pretexto
baſtante al Infante para entrar en eſtas coſas, no como medianero, mas
como parte; porque como la guerra ſe auia de hazer em nombre del Rey;
La confederacion, i amiſtad que tenia con el de Caſtilla lo forſaua
a ſemejante ſocorro: pediòlo a gran prieſſa el Maeſtro de Alcantara;
porque ſe iua rindiendo ſu eſtado con la miſma, a la voz de los
enemigos; parte con el miedo, i lo más con las armas; i como quedaua
lo más del en eſtremadura. Iuſgò el Infante Gouernador, que aquello
era acercarſe mucho a Portugal; i con eſte recelo tratò de acudirle
breuemente; juntò dos mil cauallos diuididos em quatro cõpañias, a
quienes ſeñalò por capitanes, caualleros todos de nombre valor, i
ſangre.
(10) Nombrò entonces por general deſta empreſa a Don Duarte de Meneſes;
i eſta es la ultima confiança, que ſe puede dezir de ſu fidelidad, pues
auiendo ſeguido a la Reyna a los principios, en quanto juſtificò ſu
cauſa; deſpues ſe quizo valer el Infante, de ſu valor para ſuſtentar la
contraria.
(11) Partiò Don Duarte la buelta de Alentejo; entrò en Caſtilla por
aquella parte de la ciudad de Badajòz haſta la fortaleza de Mõtanches,
donde le eſperaua el Maeſtro de Alcantara: ſin llevar orden cierta, ni
inſtruccion de lo que auia de hazer, que el Infante lo remitiò todo a
ſu parecer, i prudencia, cõformandoſe con el tiempo, i los ſucceſſos:
aunque en eſta incertidumbre bien conociò Don Duarte que lo màs iua
a parar en deſtruir los Infantes de Aragon: ſalieron ſus gentes a
impedirle el paſſo, i quiſieron inueſtille antes que ſe juntaſſe con
el Maeſtro; porque llevavan partido muy auantejado; però Don Duarte
recebiendolos con notable brio los desbaratô en tan pocas horas, ̃q
parece encarecimiento referirlo, y le degollò màs de quinientos hombres.
(12) Eſta rota fue de grande importancia para el Maeſtro, porque
en todo aquel contorno no quedò fortaleza que no ſe le rindieſſe:
solo la de çalamea ſe puſo en defenſa, ſobre la qual fue luego Don
Duarte. Es çalamea ò como otros pronuncian Zalamea, villa pueſta
en el deſtricto de la ſerena cabeça de ſu encomienda: ſu nombre le
dieron los Arabes Mahometanos, ó porque eran de los Arabes Salameos,
que a differencia de las otras naciones ſe llamaron aſsi, por ſer
confederados, i compañeros de los Nabatheos; ſignificando en ſu lengua
Arabica la palabra, Salama, lo miſmo que, Paz: ô por otra cauſa que ſe
ignora, quitandole el ſuyo antigo, que no ſin grande fundamento algunos
entienden, que es la antiga Ilipa de la qual haze memoria Tito Liuio;
Ptolomeo, llamandola Ilipula: i la ſitua cerca de la Luſitania en los
Turdetanos, i aſsi eſtá quatro leguas de Guadiana, i veinte de Cordoua;
conformando todo una hermoſa columna, que oy ſe vè en ella, i la trahe
Ambroſio de Morales, en la qual eſtâ vna elegante Inſcripcion: i en
ella _Municipium Iulipenſe_. No dudo que de la mudança deſtos nombres
de Ilipa a Zalamea: fueſſe por ventura alguna razon ſuperior, ó por la
ſignificacion del nombre de la Paz, por la que oy tiene eſte lugar con
la Imagen de un Chriſto crucificado de modeſta eſtatura, pueſto en el
trono de la Cruz, repreſentando bien al vivo, la paz, que nos truxo del
cielo, i la eſtà dando, i repartiendo de ſus precioſiſsimas llagas,
con gran liberalidad, i largueza derramando rios caudaloſiſsimos de
gracias, i dones de ſalud ſpiritual, i corporal; de que yô vi muchos
milagros authenticos. Don Duarte rindio en dos dias a Çalamea: retiroſe
la gente al Caſtillo que era fuerte con buen foſſo, i murallas; però
los Portuguezes alentados con la victoria paſſada en el ſegundo
aſſalto lo entraron con muerte de muy pocos. El Maeſtro dio la villa
a ſaco por acariciar los ſoldados, i moſtrar a los rebeldes el fin de
ſu porfia: con eſte exemplo fueron mejorando ſus coſas notablemente:
mas el offendido de la gente de algunos lugares, quizo que Don Duarte
vzaſſe con ellos de la licencia de vencedor, paſſando unos a cuchillo,
i otros deſpojandolos. Mas Dõ Duarte, por no mãchar la piedad; con ̃q
tratava los vencidos, deſviò eſto con buenas palabras; i no ſe ſupo
ſe tenia inſtruccion en ſecreto del Infante Governador, para quitar
eſta ganancia a los ſoldados; porque los deſentereſados juzgavan a
gran cordura no adelantarſe tanto en deſtruir los ſubditos de un Rey
amigo, i vezino, aunque fueſſe con permiſsion ſuya; que ſuele acaecer,
que acabadas las diſſenciones domeſticas conociendo el engaño en
que andava, i cahiendo en la razon de quanto le conviene vaſſallos
proſperos, tener por affrenta lo que antes juzgava por neceſsidad; i
entonces aborrece a los inſtrumentos de ſu colera.
(13) Los Infantes de Aragon aunque por eſta parte no trahian tan
proſpera la fortuna; con todo aſſegurandoſe con la perſona del Rey, no
oſavã a largarla de ſi un punto: antes con mueſtras de aſsiſtido, i màs
venerado le cercavan como prezo, governandole los movimientos por ſus
conveniencias: Tubo traça el Condeſtable tras muchas diligencias que el
Rey mandaſſe al Infante Dõ Henrique a governar la Andaluzia, en ſon de
aquietarla, i reduzirla a ſu obediencia. Engañòſe el Infante con las
appariencias, i la codicia: i como ignorava los ſecretos por donde el
Condeſtable negoceava; tubo a demonſtracion de amor el deſpacho; mas
procedioſe en el con trato tan doble, que luego que llegó a aquella
Provincia, no ubo quien le obedecieſſe en ella. El Infante Governador
ordenó a Don Duarte paſſaſſe allà unido con las gentes de los Maeſtros
de Calatraua, i Alcantara, i Conde de niebla, i otros muchos ſeñores,
que tomaron la boz del Rey, i el partido de Don Alvaro ſob color de
libertar a ſu Principe de la priſion en que le tenian ſus cuñados.
Allanoſe la Andaluzia, i Don Duarte por mandato del Infante ſe bolviò a
Portugal.
(14) Entretanto la Reyna Doña Leonor pendiente deſtos ſucceſſos
aſsiſtia en Toledo, olvidada de los hermanos, i poco favorecida del
cuñado, viviendo con tanta eſtrecheza, i apretura, que fueron notables
las neceſsidades que paſsó en aquella ciudad: donde Don Fernando de
Noroña, Conde de Villa Real fue ſolo el que de Ceuta le embiò un gran
prezente de dinero, joyas, i otras coſas, ſolo a fin de ayudarla a
ſu ſuſtento, ſin que en eſto offendieſſe la paz univerſal que gozava
eſte Reyno; por̃q a eſte ſocorro le obligó màs la memoria del deudo,
que tenia con aquella Princeza, que novedad de intentar ſu buelta:
aſsi paſsô algunos tiempos, haſta que con la ordinaria mudança dellos
trató de bolver a Portugal a ſus hijos, i ponerſe en manos del Infante
Governador.
(15) Deſta reſolucion reſultò al Infante grande alegria, porque deſeava
moſtrar al mundo lo mucho que trabajò, porque la Reyna no llegaſſe a
aquel eſtado; però el cielo que ordenava otra coſa, no quizo darle vida
para lograr la concordia; porque aviendoſe quaſi capitulado, murió en
Toledo por Hebrero de mil quatrocientos i quarenta i cinco: ſu muerte
affirman muchos Autores, fue de Veneno diſpueſto por Don Alvaro de
Luna, temiendola igualmente, que a ſus hermanos; i ſoſpechando, que por
medio de Pero Lopez de Ayala, Alcayde de Toledo perſona de valor, les
queria entregar aquella ciudad: eſtas cauſas miſmas dezian mataron la
Reyna de Caſtilla quaſi a un tiempo, i el Rey diſsimulò eſtas maldades
entre otras que avia permitido al Condeſtable, porque el aborrecimiento
con q̃ tratava las coſas de Aragon era igual al amor que tenia a
Don Aluaro: i aſsi attendiendo ſolamente a ſu acrecentamiẽto, erã
muchos los yerros q̃ ſe ocaſionavã deſta privança; quedando entre los
limites de la prudencia dar la mano a los merecimientos, i recompenſar
los ſeruicios, porque la virtud adonde ſe halla, ſe ha de honrar en
conſideracion ſolo del ſujeto, i la ſufficiencia; que en todos tiempos
ha viſto el mundo hombres nueuos en la cumbre de grandes honras.
(16) Bolvio a esforçarſe el partido de Don Alvaro, con las muertes de
las dos Reynas, i como no era nada pereçoſo, ni deſcuidado en todo lo
que le tocava, hallò ocaſion de acabar de una vez con los Infantes
de Aragon; porque por inſtantes ivan de mal en peor ſus coſas, i el
Rey Don Iuan deſcubiertamente, i con quexa publica prevenia gente
para echallos del Reyno. Por conſejo de D. Alvaro pidiò ſegũda vez
ſocorros al Infãte Gouernador por ſus embaxadores, declarandoſe en
el diſignio; i el Infante guſtò tanta de la reſolucion i pratica, que
aunque no lo manifeſtò con las palabras, facilmente ſe entendió por
las obras: porque no ſolo concediò el ſocorro que pidiò Caſtilla, però
por authorizarlo, i juſtificarlo mas, mandò a Dõ Pedro ſu hijo mayor
con el; moço de haſta quinze años, i el Principe de mayores eſperanças
que tenia eſte Reyno; al principio del negocio determinó el Infante
gouernador de ir en perſona; però mudò de deſignio pareciẽdole cierto
que el gouierno de Portugal no ſufria auzencias, quando los enemigos
domeſticos eran tantos, i tan poderoſos, que a penas podia atajar con
prudencia, i vigilancia las aſſechanças con que cercauan al Rey Don
Alfonſo para hazerle dueño de ſus enemiſtades; i como la edad del Rey
no paſſaua de treze años, hallaua mayor peligro, no pudiendo aduertirlo
como a hombre, ni guardarlo como a niño. Ivaſe criando en el odio del
tio induzido de algunos, a quien oya de contino haſta que echò raizes,
i tan grandes, que ſe puede creer, que la ſangre, i memoria de ſu madre
tubo tambiẽ harta parte en eſta perſecucion.
(17) La prudencia del Infante Gouernador era mucha, i preſumia
nouedades de las demonſtraciones menos conſiderables, que iuã
ſuccediendo; que un prudente todo lo aduierte, i nada deſprecia, todo
le ſirue de auiſo, i de conſejo. Pareciole mejor tentar con beneficios
al Conde de Barcelos ſu medio hermano, que era el mas entero emulo
que tenia, i cabeça de todos los demàs, i reduzirlo a ſu amiſtad por
eſte camino: i como lo conocia por ambicioſo, tomô por inſtrumẽto
de las reconciliaciones ſu miſma ambiciõ: diſpuſo al Rey le dieſſe
la ciudad de Bragança con titulo de Duque della; acceptó el Cõde la
merced; però no la agradeciô al Autor della, ſino al Rey que no ſabia
como moço lo que hazia, ni lo que dava; perô quizo de aquella manera
disfraſſar ſu ingratitud, i no obligarſe a olvidar ſus paſsiones. Vacò
deſpues por muerte de Don Diego, hijo mayor del Infante Don Iuan la
dignidad del Condeſtable. El Infante pues conociendo la malicia de la
tierra en que avia ſembrado el primer beneficio, rehuzò hazer el
ſegundo en el Conde de Ouren primogenito del de Bragança; el qual ſe
deſcubriò por pretendiẽte de aquel cargo. Fundava ſu derecho en que era
nieto del Condeſtable Don Nuño Aluarez Pereira, por cuyo reſpecto ſe
diera al defuncto Don Diego como hijo de Doña Iſabel nieta del miſmo
Condeſtable; i aunque la razon era ſufficiente; el derecho era poco,
porque la juſticia no ſe funda en conſideraciones, i reſpectos, ſino en
fundamẽtos, i verdad; el officio ſin duda eſtava devoluto a la corona,
i cõ eſta certeza ſe dio a ſu hijo D. Pedro hijo del Infante. Sintio
el Cõde de Ouren mucho eſta proviſion, i retiróſe de la Corte para ſus
lugares, i aviendo ſido uno de los que más profeſſaron la amiſtad del
Infante ſu tio, entonces ſe declarò por ſu enemigo; borrando con eſta
offenſa todos los fauores que avia recibido, porque no ay aggrauio,
que no viva ſiglos en un coraçon vengatiuo, ni beneficio, cuyo
agradecimiento en el paſſe del momento en que ſe recibe.
(18) Todas eſtas coſas precedieron al ſocorro de Caſtilla, q̃ no
deſayudaron a la brevedad, i cuidado con que ſe hizo. Eſtava el Infante
Governador en Coimbra por eſte tiẽpo, i llamando del Algarve a D.
Henrique ſu hermano para la execucion deſta jornada, aſſentada por
ambos; i por el conſejo, i los mayores del Reyno; armò Don Henrique
cavallero a ſu ſobrino Don Pedro dos dias antes de ſu partida.
Solemnizòſe el acto con muchas fieſtas, i hecho ya Condeſtable,
partiò la buelta de ciudad Rodrigo, cõ quatro mil Infantes, i dos mil
cavallos, gẽte luzidiſsima, i en q̃ entrava la nobleza de Portugal;
porque no ubo cavallero, q̃ por agradar al Infante perdieſſe la ocaſion
de adularle con hazer offrecimiento de acompañar al hijo; i el moço
de por ſi era amable por ſu buen talle, brio i cortezia, q̃ ſon las
partes, que màs facilmente vencen animos del pueblo.
(19) En eſta empreza eſcogiò el Infante Gouernador a Don Duarte
de Meneſes, por conſejero, i ayo de Don Pedro, encomendãdole a ſu
prudencia el pezo del negocio, i a ſu valor, i arbitrio, la diſpoſicion
de la guerra. Mandò al hijo, que en todo le obedicieſſe, i a el que
en todo governaſſe al hijo, i cumplieron tan bien los dos con la
comiſſion, que no ubo acciõ deſta jornada deſacertada.
(20) Supo el Condeſtable en ciudad Rodrigo, que el Rey de Caſtilla, con
las anſias que tenia de deſtruir los cuñados, los cercò en la villa de
Olmedo, ſin eſperar por el ſocorro Portuguez; i los Infantes temeroſos,
de que las fuerças de los contrarios ſe reforçaſſen con la llegada de
Don Pedro; quizieron antes provar ſu fortuna; i ſaliendo de la villa,
dieron batalla al Rey en campaña de poder a poder, haziendo todo lo que
devian a mui valientes cavalleros; quedaron al fin vencidos muerto Don
Henrique, i herido el de Nauarra. Sin embargo deſta nueua obligò Don
Duarte al Condeſtable a que marchaſſe adelante con ſu campo, porque no
eſtavan ſeguros aun del ſucceſſo que reſultò de la victoria; i como
los grandes de Caſtilla andavã tan rebueltos, tanto tiempo avia, no ſe
imaginava, que ſe podian ſoſſegar en breve.
(21) El Rey de Caſtilla luego que tubo noticia, de q̃ el Condeſtable
no parava con ſu exercito, lo embiò recibir con Don Aluaro de Luna,
i otros muchos cavalleros, por la poſta haſta donde pudieſſen; i el
ſe fue a eſperarlo a Mayorga con toda ſu Corte; donde llegado le hizo
notables fieſtas, i agaſajos; moſtrãdoſe mui liberal, i cortès con los
Portugueſes; aunque Don Pedro no le quedô inferior en las dadiuas,
porque fueron muchas las q̃ repartiò por los cavalleros Caſtellanos.
Todos eſtos aciertos ſe deven a Don Duarte, porque no diſponia menos
biẽ las acciones de la paz, que los peligros de la guerra.
(22) Concluyoſe con eſto la de Caſtilla, i las coſas de Don Alvaro
ſe mejoraron grandemente; ſi bien deſpues ſe canſô la fortuna en
fauorecerle, i con el exceſſo con que le ſubiò con otro mayor le
deshizo: cauſando tanto miedo, i eſpanto ſu caida; como admiracion
ſu proſperidad; porque ya mas antes del ubo en aquella corona quien
alcançaſſe mayores honras mas generales, i menos eſperadas; poſſeyendo
largo tiempo ſu govierno heredado por el Rey Don Iuan el Segundo de
Caſtilla, adminiſtrado, i repartido por el. Honró mucho el Rey a Don
Duarte, en eſte viage; que fue la primera vez que le conociò de
viſta, porque ſu fama a todo alcançaua. Communicolo, i tratôlo entonces
familiarmente, haziendolo de ſu conſejo, coſa que los Portugueſes
eſtrañaron, por la facilidad con que murmuran de ſus naturales. Deſta
merced tomò motiuo ſin duda de no bolverſe a Portugal con Don Pedro,
porque no le conſentia ſu animo vivir ocioſo, i como la conquiſta del
Reyno de Granada prolijamente durava; alcançò del Rey Don Iuan grandes
fauores, para ſervirle en ella.
(23) Inclinòſe a eſto entre otras cauſas, pareciẽdole cordura huir las
diſſenciones, i trabajos ciuiles, que ya amenazauan a Portugal, i que
luego ſuccedieron, i quaſi los prophetizò, conſiderando prudentemente,
que de quan cargado eſtava de enfermedades el Reyno, no avia coſa
que prometieſſe buena eſperança de ſu mejoria, no la aplicando Dios
poderoſamente per medios no alcançados de los hombres.
(24) Avia ocho años, que el Infante Don Pedro governaua a Portugal
ſingularmente, quando los odios de ſus enemigos començaron a recoger
el fructo de ſus ſiſañas: cumplio el Rey quatorze por Henero de mil
quatrocientos quarenta i ſeis, i el Infante en Cortes, que llamô a
Lisboa para eſte effecto; toda la ſolemnidad hizo en ſus manos reales
dexacion del govierno. Fue buen dia para ſus contrarios: però el Rey
mejor aconſejado, rehuzo aceptarlo, i ſe lo bolviô a encargar con
nuevas demonſtraciones de amor, i agradecimiento: el Infante entonces
engañoſe cõ la accion pareciẽdole natural, i no preſtada como era, i al
fin cõtinuò en ſu officio, haſta q̃ los emulos incitados cõ aquellas
mueſtras ſe dierõ tales traças, q̃ metierõ al Rey en zelos del suegro,
entẽdiendo q̃ aquel camino era màs ſeguro para ſus pẽſamientos, por
la facilidad cõ q̃ los Principes oyen ſemejantes praticas; de q̃ no
ay edad libre, ni valor ezento; deziã, q̃ el Infante ya no tratava de
governar, ſino de reynar; grãgeando los ſubditos, i repartiẽdo por
ellos mercedes, i privilegios, eximiendolos de tributos, con q̃ los
enriquecia, procurando enflaquecer el patrimonio real, ſolo a fin de
fortalecer ſu partido; que para eſte effecto los iva atrahiendo, de
manera q̃ no ſolo era querido, però adorado del pueblo; que llegava
a dedicarle eſtatuas publicas llamandole Padre de la patria, como
ſi no tubieron Rey, i ſeñor natural; que el Infante, no ſin grande
induſtria, i cuidados ſuperiores ſe avia confederado en Caſtilla con
el Condeſtable Don Alvaro de Luna; q̃ ſin duda fueron entrambos los
inſtrumentos de la muerte de la Reyna ſu madre, i del Infante Dõ Iuan
ſu tio, ſolo por quitar de en medio las perſonas que podian opponerſe
a ſus pretenſiones; que atendiendo a encaminarlos dividia los officios
publicos, i fortalezas conſiderables por ſus màs familiares; que ſin
duda eſto no mirava a vivir como particular, ni a contentarſe con
ſer ſubdito. Hallaron para approuar eſtas maldades muchos teſtigos
induzidos falſamente, que deponian con la capa de zeloſos, i ſin
deſcubrir paſsion, ó enemiſtad declarada.
(25) Es eſta la gente màs pernicioſa de una Republica, porque engañan
con la verdad apparente, ſiendo la mentira, el aſpid que ſe oculta
entre las flores del zelo, i de la razon. Tubola el Rey de enojarſe,
aunque poca de eſcucharlos, i menos en creerlos; peró teniẽdo
reſolucion de moço, ſobre appetitos de Principe, baſtò eſte engaño
para hazer ſoſpechoſo al tio; i deſpues començando a temelle, deſeo
deſtruille. El Infante quiſo acudir a ſu honor, mas era ya tarde;
porque los Principes cierran los oydos a la diſculpa, quando entrã el
miedo en el coraçon: era tambien el Rey muy moço para ſaber pezar las
coſas, i los ojos a penas abiertos no veian más que los colores que le
querian moſtrar los que le aſsiſtian, hallãdoſe mâs poderoſos entonces;
porque el Infante no ſolo dexò el govierno, pero tambiẽ la Corte;
retiroſe a Coimbra, ciudad cabeça de ſu eſtado, riberas del mondego, i
treinta i quatro leguas de Lisboa: creciò la acuſacion con la auzencia,
i ſus enemigos, ya negociavan, no como de antes en ſecreto, però mui en
publico, infamando ſu lealtad, i virtudes; quien más apretava en las
diligencias era el Conde de Ouren, ayudado del Arçobiſpo de Lisboa, i
Don Sancho de Noroña ſu hermano; porque el de Bragança eſtava en la
Beira, mas de allà buſcava ſus inteligencias para inquietar al hermano.
Emplearon en eſto un fulano de Berredo protonothario, hombre aſtuto,
i eloquente, i que en Roma donde eſtuvo años, avia cobrado opinion de
entendido, i Curial. Con eſte pretexto para acudir mejor al engaño, ſe
hizo mui familiar con el Infante, i tanto, que ſe puede dezir, q̃ en
ſu proprio pecho, i apoſento ordenava los enredos con que provocava al
Rey cõtra el deſcuidado Infante, porque ſo color de avizos le revelava
mentiras: deſte hombre, i aquellos ſeñores, ſalio la conjuracion de tan
terrible hecho, i como le concibieron, aſsi lo executaron.
(26) Contra eſta violencia no le aprovechò al Infante el apartamiento
que hizo para Coimbra, porque allâ tenian ſus enemigos, quien le
notaſſe haſta el menor deſcuido, q̃ ſin parar iva al Rey hecho ya
culpa. En eſto llegò el Infante Don Henrique a la Corte, i publicoſe
que era a defender la causa del hermano, i el pueblo contentiſsimo,
andava deſenfrenado por las calles, dandoſe los parabienes deſta nueva.
Trocaronla luego, en q̃ ò no quizo, ò no pudo. Algunos le culpan, otros
le abſueluen; perô nadie hallo que dexaſſe de confeſſar, que no avia
en Portugal perſona, que pudieſſe atajar eſtos inconvenientes, ſino
Don Henrique por ſu autoridad, i reſpecto. El Rey moço; el Infante
D. Iuan muerto; la Reyna muger, i entereſſada el Duque Don Alfonſo
autor; ſu hijo maior complice: el Infante Don Pedro Reo; Don Pedro de
Noroña enemigo: los demàs parciales: al fin ſolo el, quedava libre,
para la compoſicion deſtos odios: maiores alabanças merece el Conde
de Arrayolos, hijo segundo del de Bragança: el qual eſtando en Ceuta
por general, por muerte de D. Fernando de Noroña, tuvo noticia de lo
̃q paſſava, i luego ſe vino a Santaren, donde ſe havia mudado el Rey
con la corte, para ver ſe podia componer eſtos deſabrimientos; amava
al Infante D. Pedro ſumamente; i como hermano del Conde, i hijo del
de Bragança, procuró impedir ſu determinacion; però ellos deſpues que
no pudieron perſuadirlo a ſu vãdo, ſe valieron de maña, i echarõ en
la corte una voz fingida, con cartas ſupueſtas, de q̃ el Rey de Fez
venia ſobre Ceuta con gran poder. Obligò al Conde la honra a bolver
a ſu plaça, i no ſe apartò della, haſta q̃ las coſas tuvieron el
deſaſtrado fin que veremos.
(27) Antes del Conde, havia venido tambien de Ceuta, donde eſtava por
frontero, Alvaro Vaz de Almada, Conde de Abranches gran ſervidor del
Infante, i enemigo del de Ouren, eſtimado por ſu valor, qualidad, i
ſervicios del Rey, i de aquellos Principes: en ſu preſencia llegò
a deſafiar con palabras aſperas a todos los que calumniavan de
deslealtad al Infante; reptandolos de aleves, i diziendo, que en el
campo defenderia eſta cauſa el ſolo a tres juntos. La maldad ſiempre
fue cobarde, porque toda ſu induſtria pone en la vengança. Callôſe la
demanda, i el de Abranches ſe fue a Coimbra, ſiendo el que ſeguiô la
fortuna del Infante, haſta lo ultimo de la vida, dando un ſingular
exemplo de amiſtad, i esfuerço, igual a los que màs celebra la
antiguedad.
(28) Dos años paſſaron en eſtas diſcordias con varios debates, i
ſucceſſos, todos encaminados a deſtruir al Infante, porque ſus
enemigos no paravan en eſte intento, ni el Rey en darles credito, con
el miedo q̃ ſiẽpre cree, quanto más imagina. Coſa es eſtraña, q̃ los
mâs principales eran miniſtros de ſu paſsiõ, i otros como alanos, que
ſe criavan de ſangre humana, andavan ladrando tras la del Infante,
criminandole aora de nuevo la muerte de la Reyna Doña Leonor; i para
encẽder màs la ira del Rey en eſta vẽgança perſuadiã a los Infantes
niños, a q̃ la clamaſſẽ como hijos, i partes màs offendidas. Cõ tãtas
culpas ſupueſtas, repetidas ſiẽpre por todos lados; vino el Rey a
reſolverſe a armar contra el Infante en ſon de caſtigarle como culpado
en el crimẽ de leſa Mageſtad; i auñq al principio eſte conſejo fue
diſpueſto lẽtamente cõtra el q̃ dan los ſabios, q̃ quieren q̃ las coſas
grãdes eſten hechas, antes q̃ conſultadas; cõ todo eſſo deſpues ſe
dierõ prieſſa a executar la maldad, por̃q no ſe aſſeguravan del Rey
por moço, i por la afficion q̃ moſtrava a ſu muger (Princeſa digna de
grandes loores) por la paciencia cõ que ſe portò en eſte caſo, ſiendo
tã entereſſada en el, q̃ de una parte andava la quietud, i credito
de ſu marido, i de la otra la vida, i hõra de ſu padre. Trabajô (mas
ſiẽpre en vano) por cõponerlos, cõ lagrimas, ruegos, i encarecimiẽtos:
entretãto padecer cõ el ſpiritu, no quedò libre la reputaciõ de
la pena; por̃q le imputarõ en aquellos dias, q̃ D. Alvaro de Caſtro
camarero maior del Rey, i q̃ los años ſeguiẽtes fue Conde de Monſanto;
cavallero cõfidente, i brioſo; le hablava amores; el Rey cõ aquel
impetu primero lo mãdo prẽder; mas ſoltarõle luego, por̃q ſe aueriguo
la verdad; i el autor de la mẽtira quedò ſin caſtigo; q̃ eſſo fue el
exceſſo maior, q̃ ſe puede dezir deſtos tiẽpos, en q̃ andavan las
maldades favorecidas, i las innocencias caſtigadas.
(29) Mientras ſe infamava la opinion del Infante con editos, ſe
aparcebieron tambien las armas, convocando gente, i haziendo levas por
todo el Reyno. Avisò los pueblos, i la nobleza del caſo; i como tocava
en poca fidelidad contra el Principe, no huvo cavallero, que dexaſe de
venir a Santaren donde el Rey eſtava acudiendo con prieſſa, i cuidado a
moſtrar ſu obediencia, i lealtad; porque en eſtas materias mucho maior
peligro ſe corre por las demonſtraciones; que por el effecto, i la
tardança ſe acuſa por delito, como la brevedad ſe encarece por fineza.
(30) Preſumo, auñq no ſolo he podido apurar con mâs que una
probabilidad, que Don Duarte de Meneſes ſe vino en eſta ocaſion de
Caſtilla a Portugal; porque los dos años antes, i parte deſte tercero,
que era el de mil quatrocientos i quarenta i nueve, eſtuvo ſerviendo de
frontero en Granada: deſpues ò fueſſe con expreſſo mandato del Rey, ò
por otro aviſo que tuvieſſe de que armava con aquella fama de caſtigar
rebeldes, pareciendole obligacion preciſa de ſubdito; a quiẽ no toca
eſcudriñar los ſecretos del Principe; ſino obedecer ſus mandamientos:
Acudiò a la corte; quando appareció en ella, fue a tiempo, en que con
la final determinacion aſſentó el Rey en el Conſejo; priſiõ perpetua;
deſtierro; ó muerte del Infante. Admira cierto, q̃ haviendo hecho
tantas amiſtades, tubieſſe tanta falta de amigos en eſta ocaſion, i que
entre tantos votos no ſe hallaſſe uno de vida, que hablaſſe libremente,
i cõ verdad al Rey. Mas eſta es la comun deſdicha de grãdes, q̃ todo
lo q̃ ſe les habla, ha de ſer agradable a ſus oydos. La Reyna ſolamẽte
cõ el amor de hija le eſcreviò la ſentẽcia difinitiva: dizẽ, que al
leer la carta ſin alterarſe, ni dar otra ſeñal de triſteza, eſtuvo un
gran rato perguntando al menſagero por la ſalud, i entretenimientos del
Rey: i que deſpues comiò a las horas ordinarias mui ſeguramente; i la
noche gaſtò con gran quietud, i repoſo, en lo que ſiempre acoſtumbrava.
Enfurecierõſe ſus enemigos con eſta conſtancia, porque luego la
ſupieron: i como al otro dia por parecer del Conde de Abranches ſe
reſolviò el Infante a venirſe a Santaren a defender en campo ſu honra,
i lealtad: ſiendo eſta reſolucion tan peligroſa como honrada; porque
quando los juſtos reſpectos no hallan buena acogida, toqueſe el pulſo a
las fuerças, i ſino ſon poderoſas valganſe del ſofrimiẽto, cuerdamente
eſperando el beneficio del tiempo: Eſte penſamiento ſe trocò al Rey,
porque le dixeron, que con exercito poderoſo ſe venia a entrar en
Lisboa: entonces mandò a Don Duarte a que ſe metieſſe en Pombal, cinco
legoas de Coimbra (plaça importante) por̃q era paſſo de Lisboa, villa
de haſta quiniẽtos vezinos, con un Caſtillo baſtantemente fuerte;
pueſta en la ribera del Arunca, rio pequeño, que algo antes nace de
unas ſierras vezinas, i a breve eſpacio muere, en el Mondego; celebre
no tanto por ſu nombre, quanto por̃q la fama approvada de muchos, le
haze ſegunda patria, en el retiramiento, i ſepultura de nueſtro Liuio
Portuguez, el inſigne Iuan de Barros. Euripides imaginò, que importava
para la fortuna de un hombre nacer en lugar noble: però más glorioſo
es, que aya hecho famoſo al Pombal eſte varon ſingular como otro Homero
(a Eſmirna ciudad de Aſsia la menor en la Ionia) que ſi le diera nombre
la grandeza de ſu tierra.
(31) Como el Infante entendiò la venida de Don Duarte, torcio el camino
por la ſierra, que dizen de Anſion; i ſe fue derecho al convento
de la Batalla, dividida ſu gente en tropas; porque parecieſſe màs
acompañamiento, que exercito; llevava ſus banderas tendidas, i eſcrito
en ellas, Lealtad, Iuſticia, i Vengança: i toda la ordenança que ſe
guarda en la guerra. En el numero ſe difiere; los màs dizen que no
paſſava de mil cavallos, i ſinco mil Infantes; pocos para campo, y
muchos para acompañamiento: en eſta reſolucion peccó de arrojado el
Infante, porque el Rey aunque ſe hallava con treinta mil hõbres;
la proviſion, i baſtimentos eran tan limitados por la eſterilidad
del año, i poco aparejo de carruaje, i artilleria, que la miſma
muchedũbre difficultava el deſeo del Rey; i ſi el Infante tuviera
mayor ſufrimiento, ô diferente conſejo, no ay duda, que ó ſus coſas ſe
mejoraran, ò ſu muerte no fuera tan apreſurada; perô affrentas deſta
qualidad pueden mucho en pechos honrados, quando en ellos ſe antepone
ſiempre la honra a la vida; porque la fama es el bien mayor de los
buenos, i el theſoro donde fundan ſus felicidades.
(32) Llegò el Infante por jornadas largas a tres leguas de Lisboa;
i ſus enemigos, que a cada paſſo ſuyo, ivan abreviando los de ſu
deſtruicion; apretaron entonces al Rey con la amenaça del cercano
peligro; que le perſuadio màs reziamente, temiendo que ſi ſe entraſſe
en Lisboa, ſe apoderaſſe della, como ciudad metropoli del Reyno, i
donde ſiẽpre hallò fauores publicos del pueblo; el qual como beſtia
de muchas cabeças de contino ſe govierna por extremos de amor, i
aborrecimiento. Con eſto ſacò el Rey ſus hueſtes de Santaren, i diôſe
tanta prieſſa a ſeguir al Infante que lo alcançò junto a la villa
de Alverca en el ſitio, que llaman la Alfarrobeira, que deſpues dio
nombre a eſta rota; era por Mayo, i el calor grãde del dia, le obligô
al Infãte a hazer alto, por dar un poco de deſcanço a ſu gente, que
del camino, i la incomodidad venia deſanimada. Los corredores del
campo Real, ò fueſſe de induſtria, ó a caſo; ſe encontraron con los
del Infante, i meſclandoſe otros ſoldados, que por adelantarſe en
la adulacion, procuravan hazer merecimiento deſte zelo demaſiado,
començaron en bozes, i denueſtos infames provocar a la perſona del
Infante, tratandole de traydor, i que ſe queria alçar con el Reyno,
i otras coſas ſemejãtes. Todas eſtas diligencias fueron neceſſarias
para deſcomponer una modeſtia tan leal, como la del Infante; el qual
con el dolor deſta ofenſa impaciente de oyr ſemejantes palabras; mandò
a un artillero, que diſparaſſe una pieſſa por amedrentar a aquella
gente vil, induzida (ſegun ſe entendio) de los enemigos del Infante:
ſuccediò q̃ eſte tiro fue tan dieſtramente hecho, que paſso haſta la
tienda del Rey; i ſiẽdo el miedo mayor que el peligro, ſe alborotaron
los Reales de manera, que ſin guardar pueſto, ni orden, i obediencia
alguna; ſe embiſtieron màs, en forma de pendencia particular, que
de batalla, conforme el uzo de la milicia. Peleoſe de ambas partes
con un odio, i porfia, como ſi fuera contra los enemigos de la Fè.
Veianſe padres contra hijos, i hermanos contra hermanos, governando
ſolo la afficion las lealtades de cadauno. Finalmẽte el Infante quedo
desbaratado, i ſin vida, i de los ſuyos no eſcapò nadie de muerto, ó
preſo.
(33) Es digno de referirſe lo que ſe cuenta del Conde de Abranches;
entre eſte cavallero, i el Infante havia muchas prendas de cõfiança,
i amor; i fue de manera, que hizieron los dos un contrato firmado
con juramentos, i otros vinculos de amiſtad, antes algunos dias de
partir de Coimbra; de que en aquella jornada ſeguirian una fortuna,
cõ la eſtrecheza, que ſi las vidas de ambos fuerã una ſola; i aſsi
lo parecio, porque ſe puede dezir, que ſolo vn golpe los matò a
entrãbos. Pudo ſalvarſe el Conde, pero luego que ſupo en el real la
muerte del Infante, retirandoſe a ſu tienda a deſcançar un poco,
comiò ſoſſegadamente; i deſpues entrandoſe en la fuerça de la pelea,
haviendo recibido muchas heridas, i muerto muchos contrarios, ſe dexò
caer en medio dellos desfalecido con la falta de la ſangre, i diziendo
eſtas ultimas palabras. _Hartaos rapazes._ Murió màs valiente que
devotamente; aunque es de creer, que en aquel punto ſocorreria Dios a
una alma que ſupo tambien cumplir con las obligaciones de la honra,
i amiſtad, con tanto esfuerço. Mayormente quando perdiò la vida por
defender una innocencia.
(34) La ceguedad, i odio con que el Rey mirava las coſas del Infante,
le hizo juzgar eſtas muertes por grande proſperidad, igualando eſta
victoria a las primeras que ſus mayores alcançaron contra Moros.
Començò a celebrarla con fieſtas, recibiendo los parabienes della,
con aquella adulacion que los animos apaſsionados inventaron para
entretener ſu brio; porque ſiendo governado con poca prudencia, i
menos conſejo, como era aquel encuentro el primero en que viò las
armas deſnudas, no hazia differencia de amigos, i enemigos. Tres dias
ſe detuvo en el campo por ſuſtentar la victoria, conforme el uſo de
aquella edad; i no le quedò por hazer alguna demonſtracion publica, con
intento de juſtificar eſta guerra, porque la licencia de los tiempos
dava lugar para todo; i los emulos del Infante no ſe contentavan con
acabarle la vida, ſino mancharle la honra, que era lo que procuraron
tantos años; aconſejarõ al Rey, que hizieſſe entrada publica en Lisboa
a manera de triunfo, llevando delante de ſi, los deſpojos de la que
acclamavã por victoria, en que ſe notavan màs los de ſu deſacierto;
pues no havia coſa dellos, que no manifeſtaſſe la innocencia del
Infante, el arrojamiento del Rey, i la malicia de los conjurados.
(35) En Lisboa derramô por la Chriſtiandad relaciones del caſo, hechas
con aquella verdad con que hizieron las demàs coſas; peró no baſtarõ
eſta, i las demàs diligencias para q̃ generalmente no fueſſe manifieſta
la juſtificacion del Infante: porque la ſingularidad, i excelencia de
ſus virtudes, le diò en la fama la ſatisfacion, que el Rey ſu ſobrino,
yerno, i pupilo por tantos caminos le devia; midiendo eſta paga, por
las q̃ ſuelẽ dar los Principes quando màs obligados.
(36) La muerte del Infante executada con tanto rigor, i violencia,
eſpantó, no ſolo como trueno; però paſſando adelante, hiriò tambien
como rayo, a los que ſe hallaron cerca del peligro; però con eſto no
ſe puede negar, que vino a perderſe tanto por ſus virtudes, quanto
por los vicios agenos, i para maior gloria ſuya; pues entonces ſe
calificaron ſus merecimientos, quando no havia ya que temer dellos.
Con todo ſucediò en eſte caſo, lo que en pocos ſuele acaecer: i es,
que reſultò una paz univerſal de una maldad tan conocida; ſiendo las
màs vezes eſtos, los motivos de muchas diſcordias, quedando ſiempre de
tan grandes incendios, alguna centella, que baſta a reſuſcitar llamas,
que abrazan regiones, i monarchias enteras. Muriò con el Infante la
vengança tambien de ſu muerte: aunque Ruy de Pina, Ieronymo de
Çurita, Philipo de Cuminis, cõ otros muchos hiſtoriadores Portuguezes
notaron advertidamente; que de los graves odios que en eſta ocaſion ſe
ſembraron, vinieron deſpues los deſcendientes deſtos Principes acoger
en ſi el fructo amargo dellos, con tan encontrados ſucceſſos, que el
Rey Don Iuan el Segundo, hijo del Rey Don Alfonſo, i nieto por ſu
madre Doña Iſabel, del Infante Don Pedro; por ſola eſta cauſa, aunque
con otro pretexto llegô a matar por juſticia a D. Fernando, tercer
Duque de Bragança, que era nieto tambien del Duque Don Alfonſo, Autor
deſtas diſcordias del Infante: aſsi que en la innocẽcia del nieto, ſe
caſtigò la culpa del aguelo; ſiendo entonces eſtrañada communmente en
las cauſas que ſe buſcaron para manchar tambien la fama, i lealtad del
Duque D. Fernando, q̃ pareciò coſa prevenida, por igualar ſu muerte a
la del Infante D. Pedro, pues quando murian ambos innocẽtes, murieſſen
tambien ambos infamados.
(37) Eſta deſgracia, como ſi fuera original, ſe eſtendiò a toda ſu
familia de manera, que de ſu muger, i hijos no quedó alguno, que no
perdieſſe con la patria el ſociego, i la hazienda. Deſterraronſe para
diverſas partes; mas los tiempos ſiguientes diô buelta la fortuna;
favoreciẽdolos con tanta felicidad, q̃ en breves años de tres hijos que
le quedaron; fue el mayor D. Pedro, Rey jurado de Cataluña; el ſegundo
Don Iaime, Cardenal, i Arçobiſpo de Lisboa; Don Iuan q̃ ſiendo caſado
con Carlota ſucceſſora de Iuã, Rey de Chipre; muriò intitulado Rey de
aquella Isla. De las hijas que fueron otras tres, fue la mayor la Reyna
Doña Iſabel, de Portugal; la ſegunda Duqueza de Cleves, i ſe llamò Doña
Beatris; la ultima Doña Phelipa, que vivió recogida ſin eſtado, en el
Monaſterio de Odivelas, de San Bernardo, i alli jaze ſepultada. Entre
tales ſucceſſos el cielo màs ayrado que benigno con eſtos Principes,
por ſecretos Iuizios ſuyos, nunca entendidos de los mortales, hallaron
mayor deſdicha en las proſperidades, que en los infortunios; porque
ni tuvieron vida para gozarlas, ni muertes que no fueſſen violentas:
moſtrando que no ſolo fueron herederos de las virtudes del padre, però
tambien del modo, i deſgracia de ſu muerte.
(38) Mas bolviendo a Don Duarte en llegando a Pombal, hechò ſus eſpias
para ſaber el eſtado de la tierra; i conociendo, que el animo del
Infante no era otro, que bolver por ſu credito en preſencia de ſu Rey,
i que a eſſo ſe partia a Santaren: procurò eſtar a la mira ſoſſegando
los animos de aquellos pueblos; los quales ſe alteravan ſegun los
movimientos del Infante, governandoſe por ſus acciones; però como
nunca deſdixo del camino de la fidelidad, más trabajo tuvo Don Duarte
en quitar el temor del Rey, i de ſus familiares, que el deſaſſociego
de los contrarios: porque ſiempre el miedo en eſtas coſas es peor,
que el effecto. Sabida la muerte del Infante en Coimbra, ſe entregô
aquella fortaleza, i a ſu exemplo las demàs de ſu eſtado, ſin haver
quien oſaſſe, no ſolo a contradezirlo, perô ni aun a mentar un nombre
tan odioſo, cuya acuſacion ſe acriminava en las plaças igualmente, que
en los palacios; los ſoſpechoſos, con maior cautela, i vigilancia:
porque el Rey andava notando en los ſemblantes la juſtificacion deſte
caſo; como ſi la conſciencia ſe quietara con las demonſtraciones: mas
baſtaron eſtas para olvidar en breve tiẽpo, lo q̃ ſe preparò en muchos
años.
(39) Deſpues de algunos ſe moſtrô el Rey mejor informado de la
innocencia del Infante; i reſtituyendo a ſu cuerpo (que andava vagando
con la propria fortuna, que vivo) ſepultura Real en el Convento de la
Batalla; paſſó editos, en que le declarò por fiel; con que deſautorisò
no menos ſu credito, q̃ ſi le matara de nuevo: entendiendoſe, que el
error de un Rey, nunca tiene enmiẽda; pues en las llagas, que una vez
haze, laſtima tanto la cura, como los golpes. Eſta reſtitucion fue
hecha à inſtancia de los Duques de Borgoña, Phelipe, i Iſabel, hermana,
i cuñado del Infante; intercediendo juntamente la autoridad de Calixto
tercero, que entonces regia la ſilla de S. Pedro: i el Rey humillandoſe
a ſus ruegos, quiſo obligarle con eſta obediẽcia, a que le concedieſſe
la Cruzada, para paſſar en perſona a Berberia; la qual tuvo el effecto,
que veremos adelante.
(40) En la entrada del año de mil quatrocientos i cinquenta, ſe bolviò
Don Duarte a la Corte, i deſde entonces haſta el de cinquenta i ocho
no hallo ſuceſſo, en que entraſſe: porque la paz, q̃ gozava eſte Reyno
era más llena de peſte, i otros caſtigos publicos, que denunciavan la
ira de Dios, q̃ de glorias militares; pues haſta la conquiſta de Africa
andava mui tibia con las diſſenciones domeſticas.
(41) Entre tanto, fue lo màs notable, q̃ paſsò en Portugal, el
caſamiento de la Infante D. Leonor hermana del Rey, que ſe effectuò a
nueve de Agoſto, de mil quatrocientos i cinquenta i uno, con Federico
electo Rey de Romanos. Celebróſe con muchas fieſtas, por̃q el Rey
tambien quiſo alegrar el pueblo, i divertirlo de las memorias del
Infante D. Pedro, en cuya aficcion durava con notable triſteza: porque
la peſte, que afligia a eſte Reyno, lo obligava a q̃ la tuvieſſe por
caſtigo de aquella perſecucion injuſta: i renovòſe aun màs con la
muerte de la Reyna D. Iſabel, que ſucedio en Deziembre de mil quatro
ciẽtos i cinquenta i cinco: haviendo precedido el Março antes, el
dichoſo nacimiento del Principe D. Iuan deſte nombre, el ſegundo,
Principe digno de imortales alabanças. De cuya vida, i acciones,
entre otros autores, que eſcrevieron de ſus hechos; deſcurri yo
tambiẽ largamente con menos adulacion, i màs certeza: pareciendome,
que la virtud de ocupacion tan honeſta, llegaſſe a deſpertar los
ingenios Portugueſes, para que fueſſen agradecidos a la buena memoria
de ſus Reyes; pues le devian amor, i tratamiẽto de padres: i con el
comovimiento de las acciones valeroſas, i prudentes, que huvo en ſus
tiempos, ſe procuraſſe en eſtos la emulaciõ dellas; de que parece ay
màs olvido, de lo que conveniera.
(44) La muerte de la Reyna, quiſieron algunos, que fueſſe ordenada por
los enemigos del Infante; i aſsi la lloraron los Portugueſes muchos
dias; porque le ſaltô una Princeſa de grandes merecimientos. Però deſte
mal nacieron otros bienes, que fue alçarſe el deſtierro a D. Pedro ſu
hermano, que andava por Caſtilla pobre, i afligido. Bolviòle el Rey el
maeſtrazgo de Avis, i otras rentas baſtantes para el ſuſtento de ſu
grandeza.
ARGVMENTO
DEL LIBRO
QVARTO
_EL Rey D. Alfonſo paßa a Berberia: rinde Alcaçar el ceguer: buelveſe
a Portugal, dexando encargado aquel preſidio a D. Duarte de Meneſes.
Virtudes, en que mâs reſplãdecio en ſu govierno: entradas, que hizo, i
eſcaramuças, que tuvo con los Moros, de que alcançò muchas victorias
ſeñaladas. Aßedio primero, de que defendio eſta plaça contra el poder
del Rey de Fez; ſuceſsos deſde el año de cinquenta i cinco haſta el de
cinquenta i nueve._
VIDA DE
DON DVARTE
DE MENESES
TERCERO CONDE
de Viana.