LIBRO QVARTO.

(1) COn la perdida de Cõſtãtinopla, que ſucedió en el año de mil

quatrocientos cinquenta i tres, Calixto tercero, que entonces preſidia

en la Igleſia, con la vigilancia, i piedad de Paſtor univerſal della;

perſuadiò cõ màs zelo, que fruto, por ſus delegados, a todos los

Principes Chriſtianos a una liga, contra Turcos, que andavan muy

ſuperiores en poder, i fortuna; concluyôſe en eſte de cinquenta i

quatro: i tomaron la Cruzada, que era la inſignia, debaxo de la qual

avian de militar en aquella empreſa. Fue el Rey Don Alfonſo de los

primeros, que la aceptaron; i armò buen numero de velas; però deſpues

de largas prevẽciones, por accidentes, i dudas, que huvo entre los

coligados, ſe deshizo la union; pudiẽdo poco el ruego, i ſolicitud del

Pontifice: mas el Rey viendoſe con las armas en la mano, las bolviò

contra Berberia; aviſandole antes D. Sancho de Noroña (que eſtava

por general en Ceuta) los rumores, que ſonavan, de que el Rey de Fez

venia ſobre aquella ciudad, con poderoſo exercito: però eſta fama parò

en amenazas ſolamente, por donde el Rey màs ambicioſo de gloria, que

neceſsitado de otro motivo, con aquel apetito, que para los Principes

moços es ley màs poderoſa, que la razon; ſe fue a Lagos con ſu hermano

el Infante D. Fernando, i D. Pedro ſu cuñado (que ya por eſte tiempo

eſtava reſtituido) el Marques de Villa Vicioſa, i otros ſeñores, i

fidalgos del Reyno; donde con aſſiſtencia del Infante D. Henrique ſu

tio juntó una grueſſa armada de duzientos i veynte vaſos, conforme

quiere Ruy de Pina, aunque Damian de Goes, acreſcienta màs ſeſenta.

(2) Determinado, pues, en dar ſobre Alcaçar el ceguer; partiò de Lagos,

i llegò a la playa de Tanjar a los veynte i ſeis dias de Octubre, de

mil quatrocientos cinquenta i ocho: alli eſtuvo un dia aguardando, que

llegaſſen algunos navios, que faltavan; i ſiendole el viẽto eſcaço,

quiſo combatir aquella fortaleza: mas el Infante D. Henrique, ayudado

de D. Duarte de Meneſes (que fue tambien deſte parecer) con los

capitanes de maior nombre, i experiencia; lo contradixeron con muchas

razones; i al fin perſuadido a eſto fue ſobre Alcaçar el ceguer. Es

ciudad pueſta ribera del Oceano Herculeo, entre Ceuta, i Tanjar, quaſi

en igual diſtancia, en lo màs angoſto del eſtrecho de Gibraltar; porque

queda en el parage de Tarifa, donde no ay màs de traveſia, que cinco

millas de la coſta de Africa a la de Eſpaña: junto quaſi a ſus murallas

pierde ſu nombre, entrandoſe en la mar, el Balone, rio de menos aguas,

que fama; cuya boca pone Ptolomeo en ſiete grados de longitud; i de

latitud treynta i cinco, i cinquẽta minutos. Es lugar pequeño, i nuevo,

porque le fundó Iacob Almançor, quarto Rey de los almohades, por

facilitar el paſſo de Eſpaña, adonde paſſava todos los años cõ ſus

exercitos, para hazer guerra a los Chriſtianos; hallando el camino,

̃q hazia para ir a Ceuta, fragoſo, i aſpero, i el puerto de Alcaçar

razonable, i menos trabajoſo. Deſde alli apreſtava ſus armadas, i

armava ſus baxeles, q̃ andavan en corſo, por todo el eſtrecho, teniẽdo

mucha madera en las tierras al rededor de la ciudad, buena para eſte

efeto: llamòla Alcaçar el ceguer, q̃ quiere dezir, palacio pequeño, a

diferencia del de Alcaçar el quibir, o viejo, que es mâs sũptuoſo; i de

otros q̃ tenia otras ciudades de maior mageſtad. La preſencia continua

deſte Principe la enriqueciò deſpues de edificios, comercio, i nobleza;

porque hizierõ trato de ſu inclinacion los ſubditos, de ſuerte ̃q

creciendo ſiempre, por eſte tiempo, era una de las plaças importantes

de Berberia.

(3) Llegado el Rey a Alcaçar, tratò luego de ſaltar en tierra. Pero

el enemigo cõ haſta quinientos cavallos, i mucha infanteria, ſalio

a defender el deſembarcadero; i huyendo con perdida, ſobreviniendo

la noche, tuvo el Rey tiẽpo de aſſentar ſu real, ſin dificultad.

Repartieronſe los quarteles de los Chriſtianos, i dada ſeñal,

acometierõ las trincheras del enemigo: ganarõlas brevemẽte haſta

meterlos en la ciudad; yẽdo en ſu ſeguimiẽto. Serrarõ los Moros las

puertas, defendiẽdolas de manera que no las pudierõ los nueſtros

derribar, ni quemar; por̃q eſtavan cubiertas de chapas de hierro, i

deſde lo alto del muro con la artilleria, hachos de fuego, i otras

armas, hizierõ mucho daño a los Portugueſes. Retirarõſe entõces, i el

Rey provocado con la reſiſtencia, otro dia mandó arrimar las mantas

para picar a prieſſa el muro; i al Infante Don Henrique con ſu gente

puſieſſe las eſcalas por otra parte, procurando ſubir: deſta manera ſe

començô un rezio aſſalto, andando el Rey con ſu guardia, animando la

gente, i dando orden en todo lo que convenia para reforçar el combate;

durô dudoſo haſta media noche. A eſte tiempo el Infante hizo aſſeſtar

una pieſſa grueſſa de artilleria hàzia una parte del muro, que le

parecio eſtar màs flaca, i como al primer tiro cayeſſe gran parte del;

Los Moros, que vieron la entrada abierta, a la poſtre cayeron de

aquella gallardia, i ſe offrecieron al Rey con ciertas condiciones

honeſtas; aceptôlas el Infante en ſu nombre: i en cumplimiento dellas,

deſampararon la ciudad, i la dexaron libre al vencedor. Entrò en ella

el Rey a pie en proceſsion, fueſſe derecho a la Meſquita, i deſpues de

hazerla conſagrar a la advocacion de nueſtra Señora de la Concepcion,

i de dar gracias al Cielo, por la victoria recebida: tratò de eligir

General para aquella plaça. Tuvo muchos oppoſitores el cargo; por̃q

el ſer de tanto rieſgo, eran los gajes, q̃ más los convidava a

pretendelle. Però el Rey advertiendo, que en las proviſiones de cargos

publicos, han de ſer publicas las qualidades del que fuere proveido;

porque a ſer de otra manera, es màs ſuerte, que eleccion; la hizo de D.

Duarte, con penſamiento de ſoſſegar a los pretendientes; porque eſta es

la ventura de acomodar los oficios en las perſonas màs dignas, que ſe

grangean los quexoſos igualmente, que los provehidos; porque ſiempre

los benemeritos ſon los ojos del pueblo; i las proviſiones, que haze la

acclamacion publica tienen otros aciertos, que no ſe pueden conſiderar

en las demàs.

(4) Deſta fueron publicos los agradecimientos, que ſe dieron al Rey,

por el Infante Don Henrique; porque eſte Principe tenia tanto cuidado

de la nobleza, que eſtimava como proprias, las mercedes, que recebia:

ſiẽdo eſte zelo tan provechoſo a los Reyes, como a los ſubditos; pues

entre las gracias, que ſe le dan de ſemejantes beneficios, ſe mezclan

otras advertencias de grande eſtima, que ſiempre ſon mejor oydas por el

camino de la adulacion, que de la libertad; quando las verdades dichas

a ſecas a los Principes deſagradã màs de lo que perſuaden; por la

coſtumbre quaſi comun de eſcuchar ſolamente con guſto lo màs agradable.

(5) Señalòſe D. Duarte en eſte cerco con grãdes ventajas, ſerviendo

de avẽturero; porque los pueſtos principales de exercito, ocuparon el

Rey, los Infantes, i el Marques de Villa Vicioſa; i no ſacó menos fama

de obedecer, que de quando mandava: porque ſabia ſer ſoldado tambien

como capitan, preciandoſe ſolo de cumplir enteramente con la obligacion

de la honra, ſin dar lugar a la vanidad, ó a la ſobervia, antes

moſtró con una ſingular modeſtia, que no rehuzava nada por temor, ni

aſpirava por codicia. El Rey pues en el acto de encargar eſte oficio

a D. Duarte, procedio con toda la beneuolencia de palabras, i favores

publicos, con que los Principes ſaben obligar a los ſubditos, quando

quierẽ; que por la maior parte es, en la ocaſion, en q̃ juzgan les ſon

meneſter. Al darle las llaves de la fortaleza, i el baſton de General,

diſcurrio largamente por ſus merecimientos, eſtãdo preſentes los

Infantes, ſeñores, fidalgos, i capitanes del exercito; i deſpues màs en

publico, i en voz alta, de manera que lo eſcuchaſſen todos, mirandole

con alegre, i ſerena frente, le hablò deſta manera.

_No rehuzo el confeßaros (D. Duarte) por acreedor tan en publico,

quando las deudas, en que me haveis pueſto, ni ſon ſecretas, ni de

calidad, que olvidallas no ſea condenar yo miſmo mi reputacion.

Siento los muchos, que os aventajan en los premios; no os igualando

en los meritos: por ajuſtarme a ellos, os encargo deſta plaça; porque

conoſco de vueſtro valor, que ſolo tendreis por merced la occaſion de

exercitarle. Librome con eſto de una reſtituicion, en que os eſtava

del govierno de Ceuta; pues ſe os quito ſin razon, haviendola vos

ſuſtentado igualmente, que el Conde vuestro padre: pero ſiendo eſta

la ſegunda fortaleza, que ganamos en Berberia, ſois vos el primero,

con que podemos aßegurarla en eſtos principios; q̃ es quando las

perdidas tienen la vehemencia de ſu dolor, i la vengança propria,

maiores affectos: differentes alabanças merece, el que defiende una

plaça recien rendida; de aquel que la conſerva, deſpues a largo tiempo

de conquiſtada. Eſpero, que me ſirvais de ſuerte en eſta conquiſta,

que os deva nueſtra Real corona mâs ciudades, que eſta, haziendola

puerta, por donde entremos victorioſos a ſeñorear haſta Fez, a cuyo

imperio puedo aſpirar ſeguramente, con vueſtro braço, i prudencia._

Callò, i D. Duarte pueſto de rodillas, reſpondiò en eſta forma.

_Sereniſsimo Senhor, ya no me queda lugar de ſolicitar otro galardon

a mis ſervicios, quando V. A. me aventaja tãto en repetirlos;

premiandome el zelo, cõ que los hize, que es ſolo el que merece tanta

ſatisfacion: en eſta de aora hallo el cumplimiento de mi deſſeo; pues

confieſſo a V. A. una ambicion, que me abrazô ſiempre, i fue de morir

por el ſervicio de Dios, i vueſtro. Haſta aqui no os puedo negar, que

vivia quexoſo, i aun quiçâ impaciente, quando haviendo enemigos deſta

corona, eſtava ſin las armas en las manos. Que honrado ay, ſeñor, ̃q

no tenga por afrenta el ocio? La fortaleza ſin exercicio, eſtá cerca

de entorpecerſe: dizelo la experiencia, i la virtud lo acclama; ſin

ella, que valen dichas? Podran enriquecer a uno, però no honrarlo.

Verdad es, que eſte cargo me deviades de juſticia, aun no entra

aqui gracia, porque la guardo para ſuplicaros empleeis muchas en ſu

conſervacion. Eſta es ciudad mâs vueſtra, que todas; pues la ganaſtes

por vueſtro braço. No olvideis eſta gloria, que aumentarâ, ſin duda,

dignidad a vuestra grandeza, en el grado, que và de lo adquirido, a

lo heredado. Serâ uno de vueſtros titulos Reales, que el tiempo, ni

la embidia podran borrar jamâs. Añadio a vueſtro abuelo algo de ſus

proezas, el ſer ſeñor de Ceuta; pareciendole, que en nada moſtrava

mâs ſu mageſtad, que en publicar ſus brios: dellos ſe originaron los

Reyes, i ſolo tuvieron de Principes, lo que tuvieron de fuertes;

obligaciõ es de los nueſtros mâs preciſa, pues ſe hizieron por ſu

valor ellos miſmos: quedando por herencia deſta corona, conquiſtar

imperios, de quien los goza tan ſin derecho, i razon, como eſtos

barbaros; ſi tras deſto conſiderais eſta fuerça, vereis el empeño,

que os dexa para conſervarla. No la reguleis por el tamaño, ſino por

la importancia: fue eſcogida por los Moros para paſſage, i eſcala de

Eſpaña. Eſtà, como veis, en lo mâs angoſto deſte eſtrecho; cõ maiores

comodidades de madera, i puerto para navios, cõ que los enemigos

infeſtavã toda eſta costa. Deſtas utilidades, que ellos poſſehian,

nacerâ, ſin duda, la prieſſa, con que bolveran a conquiſtarla; que a

mi ver, no tardarâ mâs, que en quanto llegue la perdida a la noticia

del Rey de Fez; de ſu poder ſoy yo teſtigo. No lo advierto, porque

lo tema, ſino para que advierta V. A. las obligaciones, que lleva a

los ſoldados, que dexa en eſte preſidio. Es el favor de la milicia,

credito, i autoridad de los Reyes: noteſe en ſus aumentos, i ſe echarâ

de ver facilmente. Eſta merced ſola os ſuplico, que auñq auſente,

continueis en ver los peligros, i las dificultades, que allana vueſtro

agradecimiento: ſingular grandeza de los Reyes, poder eſtar preſentes

a los ſubditos en ſus hechos repreſentados en ſus capitanes, i mucho

mâs en los beneficios, que les hazen. Frequentandolos, tẽdreis

vaßallos valeroſos, imperios dilatados, enemigos ſiempre vencidos; i

ſobre todo una fama glorioſa, que vencerâ tanto, como las armas; pues

no la dâ menor cũplir con eſta obligacion._

Besòle tras eſto la mano, i con el todos los que ſe hallaron preſentes

a eſte acto. Fue de increyble guſto; i los ſoldados viendoſe

favorecidos dieron a vozes ſeñal de ſu alegria.

(6) Con la eleccion de D. Duarte ſe offrecieron de nuevo muchos

cavalleros para quedar en Alcaçar; que eſto es otro bien, que alcança

un Principe, quando acierta en lo q̃ elige; que grangea todos con la

merced de uno. Compueſto al fin todo lo q̃ tocava a la defẽſa deſta

frontera, deſpachó el Rey con la nueva, navios a Portugal, i cõ los màs

del armada, ſe fue a Ceuta, donde llegò martes por la mañana veynte

i quatro de Octubre. Alli acabò de concluyr otras coſas, i remunerô

con muchas dadivas, i mercedes, a todos los q̃ le ſirvieron en eſta

ocaſion, ſin haver otros memoriales, i conſultas, mâs que ſus ojos; que

ſi ſer pudiera verlo todo, fueran fieles, i grandes ayudadores para el

acertamiento de los Principes, haviendo aſsi muchos bien premiados, i

muchos menos quexoſos; por la eſtrecheſa de algunos miniſtros, que la

aconſejan a titulo de no cargar la hazienda Real; i quiçà ſolo para que

aya màs para ſy, i ſus adherẽtes. Ruy de Pina, Gomez Eanes, i Damian de

Goes, encarecẽ mucho los deſpachos generales, q̃ diò el Rey en aquella

ciudad, ſin otra interceſsiõ, q̃ la de los merecimiẽtos, conociẽdo quan

grande falta es en vn Principe, embiar un ſubdito de ſu preſencia, con

el ſemblante, i coraçon triſte; porque no ay daño, q̃ llegue al de ſer

Rey de vaſſallos mal contentos; por los grandes inconveniẽtes, que

reſultã dello.

(7) Portòſe D. Duarte en el govierno deſta plaça, aunque pequeña, i

limitada, de ſuerte que ſe echava bien de ver, el talento, que tenia

para los maiores: i aſsi no moſtró menos lo que era en lo poco de un

preſidio, que ſi governara una provincia entera; ſi biẽ con lo exterior

de la perſona encubria eſta verdad, para cõ muchos, q̃ ſe muevẽ por

apariẽcias a calificar los ingenios; porque hablava, comunmente poco,

mas eſto con reſolucion, i modeſtia; de que naciò ſer juzgado por menos

entendido de aquellos, que quieren con la lengua ſuplir la falta de la

prudencia, i del animo.

(8) Naciale deſto, ſer tan prevenido, i maduro en ſus conſejos, que ya

màs propuſo coſa, que no ſucedieſſe; con que adquirió gran reputacion

mui util para la guerra, i tan importante, q̃ el enemigo lo confeſſava

por adiuino de ſus penſamientos; aunque hazia deſto particular

eſtudio deduziendo de los caſos, exemplos, i ſemejanças; i no ſe

contentando con que las eſpias que de contino, embiava, inquirieſſen

lo ſecreto de los deſignios, i ardides de los ſoldados; ſino tambiẽ

el particular de los votos del pueblo, que las màs vezes deſcubre lo

flaco, i fuerte de los eſtados.

(9) Sabia por eſta cauſa tanto de los enemigos, como de ſus ſoldados;

entre los quales todo ſu cuidado empleò en reformar la diſciplina

militar algo cahida, con los tiempos licencioſos, ya referidos; i para

que eſta reformacion (que ſiempre ſuele ſer odioſa) tuvieſſe lugar,

i buena diſpoſicion en los animos; començô a hazerſe primero amar,

i luego a temer; de cuyos extremos formò un reſpeto agradable, para

emendar los daños, que reſultan de la floxedad, i rebeldia, en obedecer

la gente de guerra Portugueſa; porque en brios tan embotados poco

obligava el amor, ſino ſe meſclara tambien la ſeveridad, que a ſolas

cada coſa irrita màs de lo que aprovecha, i aſsi no le fue de pequeño

trabajo, diſciplinarlos con clemencia, i caſtigarlos ſin ira.

(10) Para eſto fue grande expediente el modo, que tomó de vivir ſin

diferenciarſe en nada de los demàs; antes haziendo documentos del

exemplo, enſeñava con las obras, ſiendo el primero en el deſvelo,

trabajo, i neceſsidad, con que remediava, i acudia a todos; tan

incanſable, que en la ocaſion de los cercos (que veremos deſpues) no

dava tres horas continuas al repoſo; alentando los cãſados, curando los

enfermos, i rodeando los compañeros; llamando a todos por ſu nõbre, i

cevandolos, con dadivas, ya de eſperanças, ya con honras publicas, i

agradecimientos a la virtud militar, que en grado eminente luzia en

eſte valeroſo capitan; acõpañavale una ſingular piedad, que lo hazia

màs excelente; ſiendo ſu primera alabança el ſer tan religioſo en las

coſtumbres, que ſiẽpre procurò, que ſus ſoldados no lo parecieſſen

en las deſordenes; rehuſando admitir a los q̃ ſiguen eſte nõbre, por

comodidad de ſus deleites. Deſta manera militava igualmẽte cõtra los

vicios, q̃ contra los Moros; i andava tan cuidadoſo en quitar a ſu

ſoldados occaſiones de offender a Dios, que más parecia Alcaçar el

ceguer un monaſterio, que un preſidio.

(11) Si oya juramento, caſtigavale primero de palabra, i deſpues con

alguna pena a los incorregibles. Quando permitia juegos, cõdenavalos en

publico; porque deſta ſuerte los atajava con menos violencia, pues por

darles guſto, no havia ſoldado, que vſaſſe de libertad, aunque fueſſe

indifferente; que el deſſeo de imitarle, i complacerle, emẽdava la

inclinacion, muchas vezes, quando el apetito la deſordenava por otra

parte.

(12) Tenia gran cuenta en reſcatar los cautivos Chriſtianos, i para

eſto vendia con gran liberalidad, haſta lo mas neceſſario de ſu

caſa. Al igual deſta piedad, uſava otra, no menos digna de perpetuas

alabanças; porque ya más ſe canſava en admitir, i favorecer Moros,

que ſe reduzian a nueſtra ſagrada Religion; dandoles con el Baptiſmo

(que era la libertad del alma) tambien la del cuerpo, i bienes, con

que pudieſſen vivir modeſtamente; con que acariciò muchos por eſte

modo; que deſpues de Chriſtianos fueron mui dañoſos al enemigo, por la

conſtancia, i fidelidad, con que ſirvieron a D. Duarte en las entradas,

̃q continuamente hazia por ſus caſas, i poblaciones.

(13) Su liberalidad no exceptava perſonas, ni eſtados; porque en

todos, con larga mano deſpendio ſiempre quanto pudo. En eſta virtud

le encarece tanto Gomez Eanes, q̃ cuenta prodigalidades ſuyas, quaſi

ſucedidas de ordinario. A Xeque Laros, Moro riquiſsimo, i el màs

poderoſo de aquella ſierra (de que havemos de hazer mencion deſpues)

alargò libremente el reſcate de un hijo ſuyo, a quien queria mucho,

ſiendo gran cantidad de ducados, i otras muchas joyas de precio

inextimable: i nota, que en menos de tres años diò màs de treciẽtos

cavallos. De veſtidos, joyas, dineros, i otras coſas, es increyble

lo que repartia por todos; pareciendo impoſible, que en hazienda tan

limitada, como la ſuya, cupieſſe tanta largueza; porque es cierto, que

ya màs ſalio de ſu preſencia ſoldado, ó perſona alguna afligida, ſin

ſocorro, i conſuelo de ſu neceſsidad, ó diſguſto.

(14) Deſte animo tan generoſo en las dadivas, procedia el que moſtrava

en las paſsiones, no ſiendo menos liberal en perdonar offenſas,

quando no tocavan a la honra, de q̃ fue ſiẽpre mui eſcrupuloſo, auñq

no tanto, q̃ llegaſſe a deſcõfiado; mas era ſingular el brio q̃ hazia,

de no ſolo tomar vengãça de enemigos, però en ſu lugar les hazia todo

el bien, q̃ podia; entendiendo, q̃ ſolo los hombres cobardes eran

vengativos, pues de medroſos deſſean matar a ſus contrarios, por

librarſe aun de la ſombra de temer.

(15) Sobre todo amava grandemente a la verdad; i eran ſus palabras tan

infalibles, que llegô a ſer la ultima confiança de los Moros, ſiendo

ellos el miſmo engaño. Mas tiene la virtud el poder de hazerſe eſtimar

de los que màs la aborrecen. Por eſto no ſufria, q̃ ſe trataſse,

ni por eſtratagema, cõ nadie doblemẽte; dezia, q̃ la mentira nunca

fue provechoſa, i la verdad era màs neceſsaria con los enemigos,

que con los amigos. Fiados en ſu palabra ſolamente, i ſin otros

rehenes deſempararõ los Moros a Tarifa en la toma de aquella ciudad,

confeſſando, que no querian otra ſeguridad, que la promeſſa de D.

Duarte.

(16) Concluyo con notar tres coſas, que por excelencia luzieron en

eſte cavallero. Fue mui zeloſo del bien publico, i del ſervicio de

ſu Rey; cuidadoſo del provecho de los particulares; i olvidado de ſu

conveniencia; porque nunca tuvo oficio, en que no ſalieſſe màs pobre,

de lo que auia entrado; ni pidiò coſa, q̃ no fueſſe en orden a ſus

ſoldados; tan dexado de los aumentos proprios, q̃ ſolo tuvo de rico,

el no haver ſido codicioſo; riqueza por cierto de gran eſtima, i

valor; aunque eſta parte, como era en tiempos de un buen Rey, ſerviale

de memorial para ſus ſervicios; porque holgava màs de dar premios, a

quiẽ los merecia, que a quien los pedia: condenando con eſto a los

Principes, que tienen por buena razon de eſtado, no hazer mercedes,

a los que no tratan de ſuplicarlas; como ſi la peticion, i el ruego,

fuera merecimiento: i aſsi màs quieren, que ſu corte eſtè llena de

importunos, que ſu reyno de benemeritos; bien diferente de lo que deve

hazer un Principe prudente.

(17) Partido el Rey, como avemos dicho, a Ceuta, lo primero, q̃ hizo D.

Duarte en Alcaçar, fue pedir a Dios ayuda, i aciertos en ſu govierno

eſtilo, que guardava ſiempre en el principio de ſus acciones; i por

eſſo las acabava con tãta gloria. Deſpues bolviò los ojos a las coſas

de ſu oficio. I conociendo quanto importava a los capitanes, que les

ſalieſſen favorables los principios de ſus empreſas, porque en ellos

ſe gana, ò ſe pierde el animo, i la reputacion, procurò reconocer

la defenſa de aquella plaça. Hallòla poco fuerte en el ſitio por

naturaleza, porque era en tierra llana, arenales todos, i pantanos;

donde el arte ſolamente podia obrar, aunque con dificultad, algun

reparo. El caſtillo baſtantemente fuerte; porque quedava en lo ſuperior

de la ciudad: la muralla algo deshecha. Y aſsi acudiẽdo a reparar la

parte, que los nueſtros deſmantelaron, hizo al rededor una profunda

cava, a manera de dique, que facilmente ſe llenava de agua; i luego

repartiẽdo por las puertas, i muro guardas, i centinelas, nombrò en los

pueſtos de maior peligro, a los fidalgos de màs ſatisfacion; haziendo

todo con tanta pontualidad, como ſi ſe viera cercado ya del enemigo.

Al quarto dia ſalio el miſmo en perſona a reconocer la tierra del

contrario; lo uno, por tomar lengua de ſus intentos; i tambien, por

que era neceſsario limpiarla de lugares diſpueſtos para emboſcadas; i

aſsi hizo tala general de arboles, viñas, i heredades, de q̃ havia gran

copia por aquella parte de tierra firme, al rededor de Alcaçar.

(18) Los Moros, con el dolor deſta perdida, andavan por aquella ſierra

incitandoſe unos a otros, con lagrimas, i alaridos; màs como gente

vagabunda, que como hombres belicoſos: porque juntandoſe en tropas,

ſin eligir cabeça, que los governaſſe, moſtravan unas vezes, que

querian acometer la ciudad, i luego deſviandoſe, con el miedo (a manera

de goſques, q̃ ladran de lexos, deſſeando morder la perſona, de que

huyen) andavan derramados, ſin tener lugar cierto, mudando jũtamente

las familias; por̃q diſcurriendo por todos en ninguno ſe aſſeguravan.

A eſta deſorden, i confuſion, ſe ſiguió un impetu, que fue cauſa de

que un Moro valiente de aquella ſierra offendido de la deſtruicion,

que Don Duarte hazia en las heredades (que aun miravan como ſuyas)

incitandole la codicia màs que la honra: le enveſtiò con trecientos

Infantes, que pudo juntar de aquella muchedumbre: i algunos cavallos

de mejor reſolucion: mas los Portugueſes, ſiendo a penas cinquenta, lo

recibieron de manera, que a los primeros golpes no oſarõ los Moros a

paſſar a delante, con el brio primero; antes huyendo deſcompueſtamente,

dexaron cautivo (como en pena de ſu ſoberbia) al Moro, que los

acaudillava: deſte ſupo D. Duarte, como ſe eſperava en Tanjar al Rei de

Fez, i como venia con penſamiento de cercar a Alcaçar.

(19) Reynava Muley Abdalà Moro robuſto, i de valor; ambicioſo de fama,

aunque de animo ſervil, i ſujeto a privados, principalmente a Muley

Aboacim Benantus; el qual ſiendo de ſangre de los Benemerines, con eſta

qualidad tenia otras mui proprias para validos de Principes; como eran

traça, diſsimulacion, ſufrimiento, i prudencia. Quando ſucedió la toma

de Alcaçar, andava el Rey Moro en el Reyno de Tafilete, con propoſito

de venirſe a Tremecen, por aſſegurar una rebelion, que le fatigava

con amenazas; mas callãdola entonces por acudir al ſocorro de Alcaçar

dió buelta a Fez, a toda prieſſa, i de alli ſe paſsò a Tãjar en tres

jornadas; dõde aguardò el exercito, q̃ marchava màs de eſpacio, por el

exceſsivo numero de gentes, que trahia.

(20) Deſte aviſo diò cuenta luego D. Duarte al Rey, repreſentandole

los pocos baſtimentos, que havia dexado en aquella fortaleza; eſto por

culpa de un miniſtro deſcuidado, a quien ſe havia encomendado aquella

proviſion; i fue eſte deſcuido tan perjudicial, que puſo en rieſgo la

defenſa deſta plaça, dando larga materia, a que en el diſcurſo del

cerco ſe murmuraſſe de los Principes, que en tales negocios, en que

les và no menos que la honra, i reputacion, los fien menos, q̃ de ſus

ojos, quando puedẽ; cuya advertencia ataja todas las faltas, porque

es cierto que el cuidado del Principe en eſto obliga a los miniſtros,

por cuya mano paſſa, a mucha confiança; que podria ſer ſe diſminuyera,

ſi el Rey no lo huviera de ver, ni entender las deſayudas, que unos

ſe ſuelen hazer a otros, por ſus reſpetos particulares, en gran daño

de ſu ſervicio; i mucho diſcredito, ya que no ſea total impedimento

de effectos mui importantes: accion harto uſada en cortes, i cauſa

de inconvenientes grandes, como ſe viô bien en el cuidado, que diô

al Rey, i a ſu Conſejo, eſtãdo en Ceuta, ſobre lo que ſe haria en

reparo de tan gran falta. El Rey, como era brioſo, i mancebo quiſo

entrarſe en Alcaçar, i eſperar el cerco. Los Infantes D. Henrique, i

Don Fernando, offrecian ſus perſonas para eſte effecto, reſervando la

de ſu Rey, como ſuprema; la qual no es bien aventurarſe, ſino en la

ultima aflicion de un Reyno; pues de ſu ſalud depende la ſeguridad del:

dañandole màs una temeridad, ò arrojamiento, como cabeça; que muchos

deſaciertos de los otros miembros: màs faciles de reparar, aunque

grandes, que el menor daño del Principe. Todavia el nueſtro ſe reduxo

al voto de ſu conſejo, que fue de parecer, que plaça adonde aſsiſtia D.

Duarte de Meneſes, ſolo de proviſion neceſsitava, però no de cabeça:

mucho menos de la del Rey, a cuya grandeza, i mageſtad, no convenia

el dexarſe ſitiar de otro. Aſſentado eſte acuerdo quiſo el Rey paſſar

los limites de gallardo, i mandò deſafiar al de Fez, por dos fidalgos,

que fueron Martin de Tavora, i Lope de Almeida (ambos mui valientes,

i determinados) para pelear de poder a poder. Embarcaron en Ceuta,

i al tomar tierra en Tanjar, los hizo el enemigo cañonear del muro,

advertido por ſus eſpias a lo que ivan. Con eſto començaron los Moros

a amotinarſe contra ſu Rey, pareciendoles dilatava mucho el ſitiar

Alcaçar, dando la culpa ſolamente al privado; ſiendo ordinaria deſdicha

dellos, aplicarles los daños, que ſuceden, aunque no tengan culpa.

Perſuadianſe, que Muley Aboacin aborrecia mucho la guerra, porque en

ella neceſsitava el Rey de los fuertes, i virtuoſos; gente a vezes poco

grata a algunos privados; moderandoſe eſte recelo en la paz, donde el

poder, i la adulacion obran màs libremente.

(21) Aboacin, pues, penetrandole eſte ſentimiento haſta el coraçon,

perſuadiò a ſu Rey començaſſe el cerco, enviando algunas vandas de

cavallos a cargo del Alcayde de Alcaçar el Quibir buen ſoldado, para

impedir la obra de la cava, que D. Duarte continuava con ſingular

diligencia. Llegó el Alcayde à viſta de la ciudad; i queriendo

echarſe en una emboſcada con dos mil cavallos, travó con los demàs

una eſcaramuça con los Chriſtianos, que eſtavan de guarda a la obra;

tentó deshazerla, mas todo fue en vano; porque D. Duarte ſaliendole al

encuentro hizo retirar los Moros con alguna perdida, apartandolos del

muro con la artilleria, que no ceſſava en moleſtarlos: i reconociendo

la reſulucion de los nueſtros, no hizo el Alcayde màs, los primeros

ocho dias que el Rey de Fez tardò en llegar, que correr por el campo

libremente, ſin oſar a bolver ſobre la foſſa, cuya fabrica no parava

un momento, trabajando en ella D. Duarte, i con ſu exemplo los demàs

fidalgos con el miſmo cuidado, que los otros oficiales. Al dia de S.

Martin onze de Noviembre appareciò el de Fez ſobre Alcaçar, trayendo

gẽtes de Granada, i toda Berberia; i por ſer el Principe màs poderoſo,

i rico della, juntò campo de cien mil combatientes.

(22) Alojóſe ſin contradicion, porque Don Duarte ſe ocupò en reconocer

enteramente las fuerças del enemigo, deſde un baluarte del muro, donde

eſtava tan deſcubierto, q̃ le alcançò una flecha, haſta herirle en un

labio: de q̃ le quedó ſeñal ſiempre, biẽ honrada, como prueva de ſu

valor; eſtas ſon las heridas, que los antiguos llamavan inſignias de

la virtud, i de tanta honra, i eſtima para los capitanes maiores, que

llegò Servilio a objectar a Galba, de que tenia el pecho, i la cara

liſa, i ſin ellas, ſolo por notarle de cobarde, de dõde acoſtũbravan

los Romanos andar con la toga ſuelta, i ſin tunica muchas vezes, de

manera que con facilidad pudieſſen moſtrar al pueblo, las que havian

recebido en ſervicio de la Republica, como ſe cuenta, que hizo Marco

Antonio, a quien ſiguieron los Eſpartanos, i otras naciones llevadas de

la gloria deſte coſtumbre.

(23) Mientras el de Fez ſe yva alojando, con tantas tiendas, i

pavellones, que parece, que le faltava tierra donde cupieſsẽ;

convaleciô Don Duarte de la herida: i con maravilloſo esfuerço en el

ſemblante, i en las palabras, animava los ſuyos, moſtrandoſe tã alegre

en aquel peligro, como ſi tuviera cierta la victoria; i tentando

prudentemente hazer alguna ſalida contra el enemigo, començó a

deſaſſocegarle de manera, que no paſſava dia ſin eſcaramuça; i ſiempre

felizmẽte de ſu parte.

(24) Vinieron algunos cavalleros de Ceuta, de que diremos a ſu tiempo

los nombres, i refiriera ſus proezas, ſino temiera faltar a la brevedad

deſte compendio, reduzido ſolo a dar noticia de la vida, i hechos de D.

Duarte, i de algunos ſuceſſos, que por maior acaecieron en ſu tiempo;

dexando lo demàs a quienes por obligacion han eſcrito, ò eſcriven las

coſas de Portugal.

(25) En eſte cerco ſon inumerables los que tuvieron los Portugueſes, en

que moſtraron ſingular virtud, i valor. De dos trahe Gomez Eanes (que

ſe llamavan Alonſo de Miranda, i Rodrigo viejo Comendador de Almourol)

dos acciones grandioſas, i fueron, q̃ llegando apartados en dos bateles

a la playa de Alcaçar para entrarſe en ella, deſembarcaron en ocaſion,

que los Moros tomavan alojamientos; i como lo primero, q̃ ocuparõ

fue la marina, por evitar el ſocorro de los ſitiados, ſin embargo

deſſo ſaltarõ en tierra, moſtrando brio, i bizarria; i el enemigo

teniẽdo por menoſprecio aquella temeridad, mandó a algunas mangas de

arcabuzeros, para q̃ los tomaſſen vivos; mas ellos ſe defendieron

tan esforçadamente, que ſe ſalvaron en la ciudad ſin rieſgo alguno.

Eſtas, i otras tales gallardias, fue mucha parte, para que los Moros no

difirieſſen un punto, el batir la ciudad, continuamente, i por todas

partes, con barbara arrogancia, i deſorden. Durò la bateria algunos

dias con poco daño de los nueſtros.

(26) Entre tanto D. Duarte ordenó a los ſuyos, confeſſaſſen

devotamente; diziendo, que pues aquella cauſa era de la fé, con ella

ſe havian de fortalecer: luego conociendo, q̃ en la ciudad havia algun

miedo de la multitud de los Moros, pueſto en la plaça de armas, en

medio de todos, de ſuerte que lo oyeſſen, començô a dezir.

(27) _Mil gracias doy al cielo, que llego a pediros albricias (o

Portugueſes) de q̃ os veais en la ocaſion, q̃ ha tanto tiẽpo, ̃q

vueſtras honras ſuſpiran. Haſta aora os afrentavades con razon, de

tomar armas cõtra eſtos Moros, ſiẽpre pocos para vueſtro valor. Ya

ſe vê eßa vega, i mõtañas, ocupadas con tãtos millares, i reduzidos

en eſta cortedad de tierra, los moradores de quaſi toda Berberia;

cõvido a vueſtro esfuerço para eſta victoria, por la reputaciõ, ̃q

alcançareis cõ ella; pues en tanta deſigualdad, ſerâ deſigual la

fama, q̃ publicarâ vueſtros hechos. Diferẽte es eſte, del q̃ ſucedio

en el cerco de Tanjar, dõde los cercados erã en mucho maior numero,

q̃ los cõbatientes: teneis ocaſion, con q̃ ſoldar aquella quiebra

paſſada; fatal ſiẽpre, i digna de lagrimas: dudo, q̃ el enemigo fiado

en ſu multitud eſfuerce ſu cobardia, por̃q os cõfießo, que quiſiera

preſtarles animo, para que en ſu reſistencia hallarades mâs gloria:

porque ſiendo gente advenediſa, biſoña, flaca, i deſarmada, noto,

que tiene ſu perdicion en la muchedumbre. Pues que baſtimientos no

han de apurar; ni que petrechos le han de ſer baſtantes, que no

lleguen a conſumirſe con ſu propria neceſsidad? Notad la riguridad

del tiẽpo, en q̃ emprẽden eſto; la fragoſidad deſtos lugares veſinos,

ſu aſpereza, i eſtrechura, i vereis en ſus moradores, el trabajo, con

q̃ vivẽ divertidos en eſta ocupacion: q̃ han de hazer; o quiẽ les ha

de acudir. Si de lexos, primero los conſumirâ la neceſsidad, o la

impaciencia? de cerca, donde, o como? Acreſcentad a eſto, la inquietud

de ſus animos: viven de la libertad, i ſolo a los vicios conocen

ſujecion. Su milicia es la deſorden, peleãdo como barbaros, i no como

ſoldados. Pues ſin diſciplina, que exercito con ſu grandeza miſma no

ſe pierde? Son ſus caudillos el robo, i la tyrania: a eſtos tienen

obediencia; porque ſu crueldad no differencia ſexo, ni deſtingue

eſtados. El exemplo de Tanjar capaz, es de q̃ os mueua a eſte

conocimiento: no tengo que advertiros, ni encomendaros en el, ſino que

peleeis como Portugueſes, i cõ el ultimo deſengaño, de que vueſtra

vida conſiſte en las armas; que no ay otro camino de ſalvaros, pues no

ſea mâs peligroſo, que ellas._

(28) El remedio màs eficaz, para que los ſoldados ſe reſuelvan a pelear

obſtinadamẽte, es quitarles la eſperança de alcançar la ſalud, ſino

por la punta de la eſpada. Sobre eſtas razones encareciò D. Duarte

advertidamente, la aleuoſia, i crueldad de los Moros. Soſſegòſe, viendo

el aplauſo, con que los ſuyos ſe offrecian al peligro. Por otra parte

el Rey de Fez, aunque moço, de conſejo de Aboacin Bonantus, viſitava de

ordinario ſu campo, con grande apparato, i ſobervia: i haviendo batido

en vano la ciudad algunos dias, conociendo, que ſu fortaleza conſiſtia

màs en los azeros de los Portugueſes, que en la fuerça de ſu muralla;

deſpues que la conſiderô por vezes, al nono dia del cerco, llamò a ſu

tienda los Alcaydes, i otros capitanes, i hablóles deſta manera.

(29) _Hallome, que eſtoi corrido, i que a penas oſo hablaros,

viendo, que llega la oſadia de una gente tan deſeſperada, como los

Portugueſes, a emprender cõquiſtar nueſtras fortalezas dentro en

nueſtras proprias caſas, i defenderſe de un exercito capaz de rendir

el mundo, ſiendo tan pocos como veis: quando nueſtros maiores deſpues

de dominar a Eſpaña glorioſamente, por eſpacio de ſietecientos,

i mâs años, aun oy tienen ſujeto parte della; ſin duda, que eſte

atrevimiento ſe funda ſolo en nueſtro deſcuido; pues ſi de una vez lo

huvieramos caſtigado, no ſe atrevieran a paßar mares, ni a profanar

nueſtro imperio cõ ſus banderas; poſſeen Ceuta, cercan a Tãjar,

ganan a Alcaçar, i ſobre todo menoſprecian nueſtro nombre, i poder.

Y vôsotros tan cobardes, i deſcuidados, q̃ pareceis delãte de mi,

ſin tomar ſatisfaciõ de tantas injurias. Haſta aqui mi corta edad

ſalvò mi credito. Però que accion no condenarâ el vueſtro? Governo

mi niñez vueſtra ambiciõ, i olvidada de los reſpetos publicos atẽdia

a ſus particulares, infamãdo la reputaciõ, con que havemos ſeñoreado

a Berberia. Como, i que razon podreis dar de vueſtra tibieza? quando

teneis los Chriſtianos dẽtro en vueſtros muros. Dezidme el titulo, con

q̃ entrarõ en ellos? Fueron a caſo de ſus maiores? o no les coſto a

los nueſtros ſus vidas? Por conſervar la ſuya infamemente deſamparô a

Ceuta el Rey Buhale, intentando deſpues grangearla por trato, quãdo

no quizo defenderla con las armas. O amigos, i que afrẽta tã grãde!

ſean teſtigos los cielos, q̃ no ay cõsuelo, q̃ me aliente a ſufrir

lo q̃ veo; pues_ _diera la mitad de mi corona, porque mi enemigo me

igualara en poder, ſolo por hartaros de ſu ſangre, i ſatisfazerme cõ

la vengança, que pide ſu oſadia. Bolved por vos; no me contẽto, con

q̃ deſterremos eſta gente de Africa, ſino q̃ tras caſtigarla, por los

robos, i latrocinios, q̃ haze en ella, los deſpojemos de Heſpaña; dõde

eſpero reſuſcitar la fama de nuestros maiores, con igual felicidad, i

fortuna._

La arrogancia deſta reprehenſion, fue eſcuchada de los Alcaydes, con

gran miedo, i maior aborrecimiento; porque conocieron las palabras

de Aboacin en la boca del Rey; el qual por diſculpar ſu avaricia, i

atraher a ſy la voluntad del moço, le imponia, en que hizieſſe cargo a

los Alcaydes de ſu culpa. Però como la privança tiraniza los coraçones

de los ſubditos, ſujetandolos a una ſervidũbre volũtaria, i aborrecida;

callarõ los Alcaides, i bezãdo el pie al Rey cõ ſu acoſtõbrada

ceremonia, dierõ las gracias al privado, ſiẽdo eſta diligencia mui

propria en los ſubditos, q̃ de ſus offenſas procuran ſacar ocaſiones

de obligar como meneſteroſos, a los que aborrecen como offendidos.

Con eſto ſe renovò el combate de la ciudad con tanta eſtrechura, que

començò a faltar baſtimento a los cercados.

(30) Determinò nueſtro Rey ſocorrerlos en perſona, i para eſte effecto

partiò de Ceuta con toda la armada junta. Parò en frente de Alcaçar, i

el enemigo temiendo, que deſembarcaſſe, eſtuvo a la mira, para ver lo

que hazia, mientras el Rey començò a prevenir baxeles para echar gente

en tierra. Conocio D. Duarte la eſtratagema, i hizo inclinacion de ir a

recebirla. El enemigo con eſte engaño corrio a gran prieſſa a la playa

confuſamente, i ſin reparar las eſpaldas, D. Duarte entõces dio en el,

con tal esfuerço, que le degollô mucha gente, ayudado de la artilleria

de la armada, que tirò muchas pieſſas grueſſas, con que hizo mortandad

conſiderable. La preſencia de dos Principes tan poderoſos, engrãdecio

ſingularmente la deſtreza, valor, i ardid, con que D. Duarte peleò

en eſta ocaſiõ, recogiendoſe ſin deſorden, ni daño alguno, de manera

que no perdio un ſoldado. Deſpues tentó meter baſtimentos por el rio,

mas no pudo, porque el Moro lo havia atajado con vigas grueſſas, i

maderos: i a la poſtre el Rey entendiendo, que ſu aſsiſtencia, en aquel

puerto, era de poca utilidad a los cercados, dando muchas eſperanças

a D. Duarte, de q̃ bolveria con maior ſocorro; ſiguiò ſu derrota a

Portugal, i deſembarcó en el Algarve, i ſe vino a la ciudad de Evora,

donde hallò tan apurada la hazienda Real, i los pueblos tan afligidos,

i gaſtados de tributos, i donativos, que no les fue poſsible continuar

el penſamiento, que trahia; entõces conocio el mal govierno, que

tenia, en no ſaber guardar para poder gaſtar; pues las ſuperfluidades

de los Reyes, trahen conſigo muchos inconuenientes de moleſtias

publicas; ſiendo forçoſo ſuplir ſu neceſsidad, con la aflicion de los

particulares, quando fuera juſto, que conſideraran, que no ay Principe

rico con vaſſallos pobres; ni Rey poderoſo con ſubditos moleſtados.

(31) Havia ya treynta i ſiete dias, que Don Duarte eſtava ſitiado,

padeciendo increibles trabajos; porque los Moros de noche, i de dia

con continuas mangas de arcabuzeros remudados a tiempos, limpiavan

la muralla de cõbatientes, i con eſto quaſi ſin impedimento alçavan

montañas de tierra, que igualavan los muros, haſta que, como en una

llanura podian combatir con los cercados. Mas ellos viendoſe perdidos

ſe animavan con ſu capitan, que no ſolo los esforçava con ſu exẽplo;

pero curando los heridos, i exalçando en particular las hazañas de cada

uno, los tratava con gran cortezia, i benignidad, inchiẽdo a unos de

eſperanças, a otros de glorias; i cõ ſus buenas razones, i cuidado le

aſſeguravan todos, moririan primero, que deſmayaſsen en la defenſa.

(32) Apretava a los nueſtros, no menos la hãbre, que el enemigo; i D.

Duarte con eſta neceſsidad fue eſtrechando la racion, de manera que

ſaliò rumor entre los Moros, que los cercados perecian; i ayudandoſe

tambien de un tiro mui grueſſo, con que de nuevo batieron la muralla,

la deſmantelaron por una parte. Mandò entonces el Moro dar un aſſalto

con màs ruido, que effecto; durò porfiadamente; i los nueſtros

moſtraron en eſte dia ſer invencibles; porque haviendo tan pocos, que

a penas llegavan a quinientos ſoldados, rechaçaron valientemente al

enemigo, por muchas vezes peleando ſiempre con diverſa gente, porque

la ivan mudando cõ otra nueva; i los Chriſtianos ſiendo ſiempre unos,

nunca diſminuyeron de ſu primer brio.

(33) En eſta ſazon entrô en el puerto de Alcaçar un baxel de Portugal,

lleno de eſperanças de ſocorro, el qual deſeſperò màs los cercados;

porque entẽdieron, q̃ era ſupueſto; i D. Duarte teniẽdo modo para

entrar vitualla por una parte menos guardada del contrario, auisò a D.

Sancho de Noroña (Conde de Odemira, i Adelantado maior del Algarve,

que aſsiſtia por general en Ceuta) del eſtado, en que eſtava: i

auñq a eſte cavallero le tocava tanto el ſocorrerle; rehuzò hazerlo

deſabridamente: por̃q ciega el odio los caminos de la honra, i no dexa

libres los movimiẽtos del animo, para diſcurrir contra la paſsion, ̃q

los tiraniza. D. Sancho fue uno de los maiores ſoldados de ſu tiempo,

i por no parecer ſoſpechoſo en ſus alabanças (como ſu deſcendiente)

ſerè mâs corto en ellas, que en referir ſus faltas. Eſtrañóſe mucho

la que tuvo en eſta ocaſion, no pareciendo accion de cavallero, ſino

vengança de hombre ordinario, acordarſe entonces de las emulaciones,

que trahia con D. Duarte, con otro caſo, que ſucediò entre Martin de

Tavora, i Gõçalo Vaz Coutiño, bien extraordinario; tenian odio antiguo,

i hallandoſe en eſte cerco juntos en una refriega, viò Martin de

Tavora, que cautivaron los enemigos al que lo era ſuyo, i arrojandoſe

al peligro con aquel animo, que ſi fuera para ſocorrer un hermano,

ò el maior amigo: librô a Gonçalo Vaz, i el dandole las gracias

deſte beneficio quedaron en ſus enemiſtades. Mas la de D. Sancho fue

condenada de todos, mucho màs quando ſe fundava en faltar al ſervicio

de ſu Rey. No le obſtò deſpues al premio, aunque manchò en parte ſus

virtudes, ſiendo hartas: dãdoſe a conocer por hombre, con quien las

paſsiones podian mucho, pues no las vencia con el valor, que a los

enemigos.

(34) Como D. Duarte ſe vió tan deſemparado, determinó de dar cuenta

al Rey por Luys Alvares de Soſa (que era el que havia llegado a aquel

puerto por alentar a los cercados) i con eſto eſcriviò una carta en

Frances (que ſabia eſta lengua màs que medianamente) i atãdola en

una piedra la hizo arrojar de lo alto del muro al baxel; no pudo

ſalvarle, i cayò en el campo; recogiola el enemigo, i con ver lo que

contenia, alegre, i perſuadido, de q̃ ſupueſto la eſtrechura, en que

D. Duarte eſtava, i q̃ confeſſava a ſu Rey, con aquella llaneza, i

encarecimiento, con que un neceſsitado deſcubre miſerias a ſu Principe,

quando las padece por ſu cauſa; qualquier partido eſcucharia; ordenò a

Aboacin, que le eſcrevieſſe en eſta forma.

_La clemencia, como virtud digna ſiempre, de que viva en el pecho de

los Principes, obliga al mio (o Duarte) a que por mis ruegos perdone

tu locura. Sabemos el miſerable eſtado, en q̃ estâs, i no te negamos,

que merece muchas alabanças tu valor, i fidelidad. Tengote por eſto

aficcion, i no menos a la memoria de aquel buen viejo tu padre, que

tãto tiempo ſuſtentô a Ceuta. Llevado deſto me perſuado a amoneſtarte,

que te põgas en nueſtras manos. Hará mi Rey contigo, lo que hizo el

tuyo con los nueſtros, quando ganô eſſa plaça. Quiero, que me devas

eſte beneficio, pues es maior el q̃ hazes en ſalvar tu vida, i la de

eſſos miſerables, que te acompañan, que en perderla deſeſperados, por

el furor militar de nueſtra gente; pues incitada de otras offenſas

deſſea hartar ſu colera con tu muerte._

(35) Fue incluſo en eſte papel, el que ſe hallò de D. Duarte;

corrieron luego los Chriſtianos a ſaber lo que havia; recelò D.

Duarte, que no ſonaſſe mal la carta a los oydos de los ſuyos; porque

deſcõfiados del ſocorro, i quaſi en la ultima deſeſperacion de la

ſalud, andavan triſtes, i ſin hablar palabra: D. Duarte bolviendoſe

a ellos con el ſemblante màs riſueño, como de coſa nueva, encubrió

las del papel, diziendo por maior, i ſin declararſe, q̃ los enemigos

ivan conociendo el esfuerço de los Portugueſes: que no cayeſſen deſta

opinion, pues baſtava pelear como tales: que de Dios, cuya era aquella

cauſa, eſperava otro ſocorro màs breve, que el que ſu Rey podia

embiarles; aunque no deſconfiaſſen deſte, pues no tardava, ſegun las

preparaciones, que ſe aviſavan; que el cielo bolvia por ellos, pues

enflaquecia los contrarios, i les piſava aquel orgullo, con q̃ entraron

en aquel cerco. Repreſentòles algunas razones, auñq fingidas, de

la carta, que moſtravan miedo en los enemigos, i con eſto encareciò

la fama, que alcançarian, ſaliẽdo victorioſos de aquel ſitio, como

eſperava, i que libres de las fatigas, quan agradable les havia de ſer

la memoria de lo que havian ſufrido por Dios, por ſu Rey, i por ſus

honras.

(36) Tomaron mucho brio los Portugueſes con eſtas palabras, i D. Duarte

reſpondio a Moley Aboacin en ſuma, agradecia ſu aficciõ, auñq no

admitia el cõſejo: por̃q notava en ſu gẽte valor para vẽcer exercitos

maiores, que el de ſu Rey: juntaſſe todos los del mundo, quando

deſeaſſe combatir con los Portugueſes; q̃ lo q̃ ſentiã mucho, era no

ver abreviado en aquel cãpo toda Berberia: q̃ no los querian conſumir

del todo, por tener con quien pelear ſiẽpre: q̃ eran de la calidad del

rayo, que moſtrava ſu fuerça en la maior reſiſtencia: q̃ ſe querian ver

eſto por experiencia, no ſe alejaſſen tanto, pues todas aquellas traças

parecian inventadas por el miedo: que a el le dezian, q̃ ſu Rey tratava

de darle aſſalto, q̃ para eſte efecto mandaria arrimar el proprio

las eſcalas al muro, para q̃ con menos trabajo lo pudieſſen ſubir, i

entrar a averſe cõ ellos màs de cerca, q̃ era lo que màs deſſeavan ſus

ſoldados. Amedrentò eſta reſpueſta a los enemigos, i fue cauſa, de ̃q

alçaſſen el cerco. Replicó el Moro, i D. Duarte con maior prudẽcia

mandò tirar una pieſſa al menſſagero, por̃q entendia el daño, q̃ podia

reſultar de ſemejantes platicas, en la poſtrera aflicion de un cerco,

donde todo el partido es conveniẽte.

(37) El enemigo por ultima diligencia llevantò un fuerte de madera

ſuperior a la ciudad de donde la batia ſin ceſſar un punto con muchas

pieſſas de exceſsiva grandeza. Salio Don Duarte de noche, i deshizo

eſta machina, i luego otras, que hizieron de nuevo, i con eſto afloxò

algo la bateria; mas viendoſe perecer de hambre, determinò mandar al

Rey con eſta nueva, a Rodrigo Alonſo, hombre noble, i uno de los màs

valientes fronteros de aquella plaça, lo embarcô en un navio, q̃ tenia

retirado en el rio, defendiẽdolo todo lo poſsible, por̃q el enemigo

no lo quemaſſe, auñq lo procurò hazer con grande fuerça. Divulgòſe

entõces por el real, q̃ los cercados entravan ya a comer los cavallos,

i la eſtrechura era de ſuerte, q̃ entre los nueſtros uvo votos de q̃ lo

hizieſſen. Perô D. Duarte, ya q̃ no tenia otro remedio, por deſmẽtir

eſta fama, ordenô a D. Henrique de Meneſes, ſu hijo maior (moço a

penas de quinze años) que con treinta cavallos eſcogidos, de los màs

hermoſos, i bien penſados, ſalieſſe a deshazer una trinchera, de que

recebian algun daño. Eſto fue tan de repente, q̃ el enemigo admiró

aquella viſta, como de coſa no imaginada. Cargó a defenderla el Alcayde

de Tanjar, por tocarle aquel pueſto; i Don Duarte ſocorriendo al hijo,

i el de Fez a los ſuyos, ſe peleô quaſi de poder a poder i fue eſte

dia tan glorioſo para los nueſtros, q̃ a no eſconder la ocaſion el

roſtro, ſe pudo ſepultar el nõbre deſte barbaro; però no quiſo la

fortuna acabar en una hora el imperio, que con increyble favor havia

levantado en mucho tiempo. Finalmente los Moros acobardados ya con

tantas perdidas, i fatigados de otros accidentes, q̃ no los moleſtavã

menos, por̃q la rigoridad del invierno les offendia de ſuerte, ̃q

muchos, q̃ eſcapavan las vidas de nueſtras manos, las acabavan en la

de ſu aſpereza. Comẽçaron a desãparar el cãpo, i los primeros hizierõ

puente para los demàs, conociẽdo la obſtinaciõ de ſu Rey; el qual tãto

por ira, como por brio, rehuzava eſcuchar los Alcaydes, que a bozes

le pedian deſiſtieſſe de aquel ſitio. Rieſgo corre quien ſe oppone

deſcubiertamente al guſto de un Principe moço ya empeñado en una

empreſa: porque la razon, que es ſolo el juez de los Reyes, anda menos

admitida en los pocos años, por falta de conſideracion, i ſobra del

apetito, las canas por la experiencia, lo advierten; i aunque executan

las coſas con menos prieſſa deliberanſe con maior eſpacio, en que ſuele

conſiſtir mucho del acierto de los ſuceſſos.

(38) Continuava el Rey Moro en su porfia, i los Alcaydes temeroſos

de ſu enojo, procuravã màs librarſe de ſu colera, que del impetu de

los contrarios; porque Aboacin no osãdo tampoco a contradezir el amo,

esforçava ſu intento, ſolo por moſtrar a los ſuyos, quã en vano ſe

quexarõ al principio de ſu deſcuido. Perô a lo ultimo viendo, q̃ el

real ſe amotinava, i q̃ los motines ſon cauſa de muchos deſpeñaderos,

principalmente para los validos; bolvio a juſtificar ſu parecer

delante del exercito; i ſiendo todos los que deſſeavan hablar al

Rey libremente con zelo de buenos criados, entre una gran copia de

Alcaydes, i Caciques, q̃ alli aſsiſtiã; uno fue ſolo el q̃ rõpio eſte

ſilẽcio, i aũ no fue poco hallarſe uno; por̃q la comiſsiõ de deſviar

a un Rey de lo q̃ deſea, ſiẽpre es mui aſpera, i peligroſa, por eſtar

ſus oydos tan acoſtũbrados a engaños, q̃ cueſta mucho un deſengaño.

Al fin ſe lo vino a dar el Cadi (tiene entre los Moros el lugar, i

reſpeto, q̃ entre noſotros el Cardenal legado) juntando para eſſo

los Caciques, por autorizar màs el conſejo, i tambien porque ayudaſſe

al cumplimiento lo ſuperſticioſo de la ſecta, entrò al Rey, diziendo;

que «las quexas laſtimoſas de ſus gentes le obligavan, como a voz de

Dios, a quien por oficio competia denunciar ſu voluntad; repreſentar

a ſu Alteza quiſieſse alçar aquel cerco, pues no havia coſa en el,

que no contradixeſse a la razon, i a la milicia: que las iras, i

enojos celeſtes no ſe aplacavan con fuerça, ó deſeſperacion, ſino

con lagrimas, i arrepentimiento: que en eſto conſiſtia el vencer los

contrarios, pues el caer en ſus manos, ſiendo una gente tan ciega, i

poco poderoſa, no era otra coſa, que diſpoſiciõ del gran Propheta,

para que bolvieſſen ſobre ſy con eſta afrenta; que no importava el

poder humano, quando del immenſo ſe derivavan las victorias de nueſtros

enemigos; q̃ el cielo de irritado con ſus offenſas, era el primero,

que los ſujetava a nueſtras manos: que no havia monarchia tan fuerte,

a que conſejeros poco conſiderados no derribaſsen, màs que fuerças

contrarias: que huyeſſe los aduladores, como pernicioſos, i peſte de

la Republica; que menos amor tiene a ſus Principes, i maior a ſus

conveniencias; i eſcuchaſſe los prudentes, i zeloſos, cuyo voto ſe

encaminava ſiempre a la conſervacion publica, ſiendo la coſa, q̃ màs

fortalece los imperios, i ſuſtẽtã los Reynos.» Añadiò, q̃ todo eſto

represẽtava de parte del grã Propheta, por cauſar miedo, i reſpeto

a ſus palabras: porque es ſingular la veneracion, con que aquellos

barbaros attienden a ſemejantes ſuperſticiones.

(39) Pareciòle, con eſto, a Aboacin, que eſta practica mirava màs que

todos, a offenderle; porque bien ſe entendia, que las acciones del

Rey no tenian de ſuyas màs, que el movimiento, i la execucion; però

la voluntad, de q̃ dependian, era toda del valido: i como la edad del

Rey, i la aficcion publica, i ſecreta, con que lo tratava, no le dava

lugar para moſtrarſe inocente en eſta culpa, i echar a los hombros del

Rey, los deſaciertos de lo mal hecho, quedandoſe el con las gracias

de lo acertado; conociò, que el Cadi hablava mui a lo juſto, i que la

conſonancia de ſus palabras tenian màs alma, en lo que moſtravan del

animo, que en el ſonido dellas; i aſsi tomando la mano a los otros

Alcaydes pueſto de rodillas, dixo al Rey: que las razones del Cadi

(como de hombre ſanto, a quien la religion acreditava) no admitian

contradicion; que era verdad, que los Chriſtianos alegres deſdeñavan

todo el peligro, ſabiendo, q̃ no havia coſa en aquel ſitio, que no

peleaſſe por ellos; que paſſava de treynta años, que ſuſtentavan

glorioſamente a Ceuta, librãdoſe de otros cercos tan apretados; que no

era poſſible, que en eſte ſe huvieſſen de rendir por otro trato, que

el de las armas; que para eſto faltava lo principal, la artilleria, i

polvora; que era juſto bolvieſſe los ojos al clamor de los ſubditos, en

cuyo aplauſo ſiempre ſe conſiderava el mejor conſejo; principalmente

quando aquel exercito lo màs del conſtava de labradores, que vivian

de ſus ſementeras; i eſtos como nervios de la Republica, i a quien ſe

devia el ſuſtento della, deſtruidos una vez pereceria el Reyno; ̃q

el invierno havia entrado, i tan aſpero, que fatigava igualmente los

alojamientos, que los enemigos; i ſobre todo, no era creyble la hambre,

que ſe dezia de los cercados; pues haviendoſe dicho, que comian haſta

los cavallos, los vieron gordos, i luzidos; que ſin duda ſu Rey al

paſſar de Ceuta los havia baſtecido de mantenimientos, i eſperanças

de maiores ſocorros; pues peleavan tan confiados, i vencedores; que

ſupueſto eſtas dificultades, que totalmente impoſsibilitavan aquella

empreſa, devia ſu Alteza ſuſpenderla haſta el verano ſiguiente, i

entonces con doblado poder, i fuerças, bolver ſobre aquella plaça,

procurando ganar todas las que tenian uſurpadas los Chriſtianos en

Berberia: porque era mui conveniente de una vez extinguir aquella

plaça, antes que vinieſſe a dilatarſe tanto que deſpues haſta la tierra

para retirar ſus familias les faltaſſe.

(40) Tienen los privados en los conſejos, q̃ dan a ſus Reyes otra

fuerça, i aplauſo, con q̃ perſuaden màs facilmente, que otros votos

de los màs cuerdos conſejeros; i es la cauſa, porque llevan embuelto

en ſus razones el imperio, con q̃ la fortuna los hizo validos, i

ſingulares entre todos los demàs. Reduxoſe el Rey al parecer de

Aboacin, haviendo perdido tres mil hombres en cinquenta i tres dias que

durò, al ſegundo de Henero de mil quatrocientos cinquenta i nueve, alçò

el cerco quaſi de repente.

(41) D. Duarte entre tanto vſando entre las armas terreſtres, valerſe

ſiempre de las celeſtiales, hallandoſe libre de aquella affrenta;

bolviò a dar gracias al cielo en una proceſsiõ publica, reconociendo a

Dios por autor de tan grande felicidad; luego deſpachó aviſo al Rey,

el qual con el cuidado, i anſia del ſocorro, andava ſin quietud, por

todo el Reyno, de una ciudad, en otra (a manera del enfermo, que con

el ardor, de la fiebre, en ninguna parte del lecho halla deſcanſo).

Parò al fin en el Algarve en la ciudad de Faro, por eſtar màs cerca

de Berberia: feſtejó la nueva al paſſo, que la deſſeava; i en el

agradecimiento no pareciò Rey obligado, que por la maior parte olvidan

los beneficios, que reciben al tiempo de la ſatisfacion: pues fue mui

entera la q̃ diò, con honras publicas del capitan, i copioſas mercedes

a los demàs ſoldados, i cavalleros.

(42) Los nombres de los que ſe paſſaron de Ceuta a Alcaçar, para ſervir

en eſte cerco, ſon eſtos, los que trahen Ruy de Pina, i Gomez Eanes; i

pareciòme referirlos para gloria de ſus deſcendientes, ſin embargo de

que no havrà pocos embidioſos, que quieran deſluſtrar eſte trabajo: mas

yo como procedo en el ſin reſpeto, ni aficion, facilmẽte deſprecio eſte

genero de maldizientes; por quienes dixo un Sabio; que a ninguna gẽte

devian màs los buenos, por̃q muchas vezes los excitavã a la virtud,

por no caer en ſu malicia. Fue el primero Martin de Tavora, hermano

ſegundo de Alvaro Perez de Tavora, noble cavallero, en qualidad, valor,

i vaſſallos. Eſte pues yẽdo con Lope de Almeyda (como havemos dicho)

al deſafio del Rey de Fez, ſe apartò del compañero en el camino, i ſe

entrò en Alcaçar: i Lope de Almeyda ſe fue al Rey, por cumplir con

ſu commiſsion; aunque deſpues por ſus merecimientos, i nobleza, vino

a ſer Conde de Abrantes, con otros oficios ſuperiores deſte Reyno, i

dexô iluſtre decendencia. Luego vino Iuan da Sylva de Meneſes, hijo

de Ruy Gomez de Sylva, que los tiempos ſiguientes debaxo del nombre

de Amador, con maravilloſa converſion en Italia, dõde paſsó con la

Imperatriz Doña Izabel: fundó la orden de los Amadeos, que oy milita

en la Religion Seraphica de los Franciſcanos ſiendo colocado ſu nombre

en el catalogo de los Santos beatificados. Acompañólo en la jornada de

Alcaçar Diego de Sylva, que fue deſpues el primer Conde de Portalegre,

i Alfonſo Telles ſus hermanos, Rodrigo de Soſa, i Iuan de Soſa tambien

hermanos, Hernãdo Telles, Arias de Miranda, Iuan Rodrigues de Sà, que

caſó con nieta del Conde Don Pedro; Diego de Acuña, Rodrigo Caſco de

Vaſconcelos, Iuan Pinto, Duarte Cerveira, Duarte de Melo, Gomez Arias,

i otros muchos de igual valor, i no de menos calidad. Sin eſtos eſtavan

en Alcaçar D. Alfonſo de Vaſconcelos, nieto del Infante D. Iuan, que

fue hijo del Rey D. Pedro, i de Doña Ines de Caſtro. Don Henrique de

Meneſes, primogenito de D. Duarte, Vaſco Martines de Soſa Chichorro,

D. Pedro de Noroña, D. Pedro Deça, i D. Iuan ſu hermano, D. Alvaro

de Atayde, Nuño Vaz, Montero maior, i Gonſalo Vaz ſu hermano, Alonſo

Pereira Repoſteiro maior del Rey, Alvaro de Faria comendador del

caſal, Rodrigo Iuan, i Pedro Borges, Iuan Peſtaña, Rodrigo de Melo,

hijo de Martin Alonſo de Melo, que deſpues fue primer capitan general

de Tanjar, i Conde de Olivẽcia, cavallero de gran virtud, i nobleza:

Rodrigo Lopez Cotiño, Martin Correa, fidalgo del Infante D. Henrique,

Diego Correa, Iuan de Lima, Alonſo de Miranda, Eſtevan de Gama, padre

de aquel famoſo D. Vaſco de Gama, Almirante perpetuo de los mares de la

India Oriental, i Conde de la Videguera, Alonſo Hurtado de Mendoça, con

tres hijos, i Rodrigo Gonſales de Caſtelblanco con cinco.

(43) No es tan larga como deviera la relacion, que haze Gomez Eanes

deſtos, i otros cavalleros, pues alcançando quaſi aquellos tiempos ſe

contenta con dezir por mayor, muchos ſin appellido, de que a penas

podemos ſaber quien eran; i a otros, les nombra los padres, ò deudos,

como ſi eſto baſtara para hazerlos conocidos. Era notable entonces

la falta, ò ignorancia, que havia de ſaber eſcrevir hiſtorias,

porque los hombres como ſiempre ſiguen lo màs neceſſario, i de que ſus

Principes màs ſe agradan, dexavan las letras por las armas; ignorando,

que de ambas coſas reſulta igual utilidad a la Republica, pues de

balde trabajan en ella los varones ſingulares, para ſuſtentarla, i

engrandecerla, ſi las acciones de ſu vida no quedaſſen, como exemplos

eſcritos en los annales publicos, que para eſte efecto ordenarõ los

prudentes.

(44) Deſte deſcuido infiero una quexa, que juſtiſsimamente tengo contra

algunos genealogicos deſte tiempo, que governandoſe en lo antiguo,

por conjecturas, ſiendo las hiſtorias tan inciertas, i diminutas, ſin

examinar particularmente lo tocante a cada uno; por maior condenan,

i abſuelven; manchan, i ennoblecen, deſtruyendo a ſu arbitrio lo

limpio, i lo noble; de que reſulta daños de mucha conſideracion al

bien publico, i que merecian grandes advertencias; en que muchos

Reynos zeloſos de ſu conſervacion, i aumento, repararon con leyes

prohibitorias de libros de linages, con que totalmẽte extinguieron eſte

mal uzo, màs introduzido en Portugal, de lo que es razon; quando excede

la curioſidad, i lo juſto.

(45) Mas dexãdo eſto a parte, no le ſufriò ſu valor a D. Duarte

ocioſidad alguna: por lo q̃ deziã los Moros, que ya más repoſava,

ſiendo como el Sol, q̃ no deſcãſa en ſu curſo; i aſsi cõ la coſtumbre,

que tenia de buſcar al enemigo en ſu caſa, i ſuſtentarſe de ſus

coſechas; viendoſe libre del cerco, i hallandoſe ſin baſtimentos para

repararſe, mientras llegavan los del Reyno, quiſo correr la campaña de

Tanjar, donde havia muchas aldeas llenas de ganados, i otras riquezas.

Derramòſe eſta voz, porque no fue tan callada, que ſe ocultaſſe a las

atalayas del enemigo, el qual juntando en gran ſecreto ochocientos

cavallos, i tres mil Infantes a cargo de Xarate Alcayde de Tanjar;

eſperò a D. Duarte en una emboſcada, i el ignorando eſta prevencion,

entendiẽdo del miedo, que el Rey de Fez moſtrò en el cerco paſſado, ſe

eſtendia a los ſubditos, i con aquella fama nadie oſaſse a reſiſtirle.

Salió de Alcaçar a prima noche, ſin revelar a nadie ſu penſamiento,

encargando la infanteria a Alfonſo Telles ſu ſobrino, i a una legua

de la ciudad hizo alto con toda ſu gente, i llamando a parte los

cavalleros, que llevava conſigo (que eran muchos, de los que havemos

nombrado) conſultò lo que haria: quiẽ dezia fueſſe ſobre Anexames lugar

rico, i grande, pueſto a poniente de Tanjar, al parecer deſcuidado de

aquel encuentro, por ſu capacidad, i diſtancia. D. Duarte intẽtava

derribar unos fuertes, que el enemigo iva levantando, para defenſa de

aquellas aldeas. Iuzgò a temeridad apartarſe màs de Alcaçar; porque era

tarde, la tierra aſpera, i poco conocida, i el rieſgo mui grande, mandò

a Mahamede con veinte peones, a que en ſon de ſalteadores, entraſse a

deſpertar las centinelas del enemigo, i deſpues fingiendo miedo, ſe

retiraſſe haſta meterlos en la emboſcada.

(46) Era Mahamede perſona mui capaz para eſte engaño, porque con los

que de contino hazia a ſus naturales, havia adquirido credito con

D. Duarte, i lo eſtimava con particular cuidado, por la verdad, i

valor, con q̃ ſervia a los Chriſtianos; i deſpues continuando en eſte

exercicio, tuvo el fin, que diremos. Con eſta orden tomò el camino de

Benambros aldea frontera a Alcaçar, q̃ le quedava al naciente; començò

a alterar con gritos disfraſſados al enemigo; el qual ſoſpechoſo del

ardid, embió primero tres exploradores, a que aſſeguraſſen la tierra

con perros (uzanlos en Africa llevar conſigo en tales ocaſiones,

criados en eſte exercicio con notable inſtincto por el raſtro conocen

ſi ay enemigos, o no, en campaña). Don Duarte aviſado de las Atalayas

ordenò a quatro cavallos que ſalieſſen al encuentro de los Moros,

i los perros con notable manſedumbre ſe venieron a halagar a los

nueſtros. Pareció novedad, i obediencia devida, haſta de las fieras, a

la Religion Catholica. Con eſto los tres Moros, tomados de improviſo,

ſe rindieron los dos, i el tercero huyendo a uña de cavallo fue aviſar

a Xarate, que eſtava en un valle detenido, no lexos de nueſtra gente.

Deſcubrioſe entonces, i mandò haſta ciento i ſeſſenta cavallos, que

fueſſen eſcaramuçando con los Chriſtianos por detenerlos.

(47) Puſo D. Duarte la frente en Benãbros i començò a marchar

ordenadamente contra aquel lugar, con intento de fortificarſe en el,

ſi el enemigo proſiguieſſe en acometello, porque le quedava en medio

una ſierra mui eminente con paſſo peligroſo, ſi a caſo lo atajaſſen.

Venia Xarate detras caminando muy deſpacio haſta ajuntarſe con Abdala

Laros Xeque de los famoſos, i valientes del Reyno de Fez, que con gran

copia de lanças, i peones ſaliô al rebato. Entonces ſe fue acelerando,

i los Portugueſes deſconfiados de la retirada, le hizieron rostro, que

baſtò para hazellos huir. Don Duarte ſin conſentir a los ſuyos que los

ſiguieſſen con paſſo màs ligero, llegò al lugar, i alli eſperò por

ſus gentes, que venian algo derramadas: i hecho vn eſquadron de la

cavalleria, guarneciendo ambos lados de arcabuzeros, i balleſteros,

tomò el camino de Alcaçar intentando atraueſar la ſierra, porque eſtava

màs cerca; los Moros que la conocian mejor, como lo vieron en la cumbre

repartiendo ſu gente en dos tropas, quedando Xarate con la una, fue

picando la retaguarda de los nueſtros, i Abdala Laros apreſurandoſe

quanto pudo ſe adelantò por un atajo para ponerſe en las raizes del

monte, i tomarlos en medio: notò Don Duarte quan peligroſa era la

baxada, conſiderando el intento del enemigo, i mandò a Alfonſo Telles,

que ſe quedaſſe en lo alto con los Infantes, i algunos cavallos para

aſſegurar las eſpaldas, mientras el con los demàs lo acometia.

(48) Affrontaronſe valientemente, i Xarate ſin poder ſufrir eſtar

ocioſo, inveſtió tambien a Alfonſo Telles; durò la pelea de ambas

partes muchas horas en un peſo, porque los Moros eran muchos, i de los

màs esforçados de Berberia; perô Don Duarte corrido de que tardaſſe

eſta victoria mâs tiempo de lo que acoſtumbrava, entrandoſe en la

fuerça de la batalla, como quien havia nacido para atropellar ſin miedo

los mayores impoſsibles, abozes, dixo.

_Que es eſto (Portugueſes mios) ya deſconoceis los enemigos, que por

instantes venceis; eſtos ſon los miſmos, que ayer con ſu Rey, i todo

ſu poder hiziſtes retirar affrentoſamente. Quien detiene vueſtro

valor? bolved por nueſtra reputacion._

Animados con eſtas palabras, ſalieron en breve eſpacio victorioſos

con muerte de cien Moros, i ciento i diez i ſeis cautivos, todos

perſonas de conſideracion, entrando en ellos un hijo de Abdala Laros,

Moro de brio, i que el padre con la ſeguridad de la empreza, quiſo

que ſe hallaſſe en ella con otro hermano, que muriô deſpues de haver

cumplido muy bien con ſu obligacion. Fuera mayor la mortandad, ſi un

Alfaqueque advertido, por nombre Balarao, no la atajara ardiloſamente:

porque como era de noche (el traje con que peleavan los nueſtros en

aquel tiempo, era comun a los Moros,) començò en lengua Portugueza

apellidar Sanctiago: i con eſte ardid, hizieron lo miſmo muchos de

ſus compañeros, i fue parte para que ſe eſcapaſſen engañando a los

Portugueſes, perô la mayor copia ſe ſalvò eſcondida en la maleza del

monte.

(49) Reſultò alguna vtilidad a Don Duarte deſta victoria, porque el

reſcate de los cautiuos fue de importancia, però el con ſu acoſtumbrada

liberalidad repartiò lo que le tocava por los ſoldados pobres de ſu

preſidio.

(50) Por eſte tiempo entrò Don Fernando, Marques de Villa Vicioſa en

Alcaçar, con lucido acompañamiento de criados, i cavalleros, llevando

tres hijos conſigo mancebos, que en aquella edad davan mueſtras de

raro esfuerço. Obligole la fama de Don Duarte a buſcar el credito de

ſer ſu ſoldado, i erale tan affecto, que no he podido deſcubrir otra

cauſa que lo lleuaſſe a aquella frontera, màs q̃ eſte deſeo. Durò en

ella pocos meſes, porque el Rey lo llamò con prieſſa, mas en ellos

moſtrò ſu valor, i brio, procurando ſer el primero que procurava verſe

con el enemigo. Don Duarte llevado de ſu correſpondencia, i amiſtad,

quizo eſtar a ſu orden, el tiempo que gaſtò en Alcaçar entregandole

el baſton, mas el rehuzando, no ſolo el cargo, però acudiendo con

otras palabras de mayor cortezia, le acõpañô ſiẽpre como ſoldado

particular en muchas entradas que hizo conſiderables. Las que merecen

ſingular memoria, i aun mayor eſtimacion fue vna que ſuccediô a

quinze de Henero, en que ſe quemaron quatro aldeas pueſtas ſobre el

rio Guadeleon, de màs de duzientas caſas ricas; i luego en veinte del

miſmo mez ſe hizieron ſeñores de la villa de Benambros, cabeça de la

ſierra de la Maſmuda: glorioſo con eſtas, i otras victorias ſe bolviò

el Marquez a Portugal con ſus hijos, dexando en Alcaçar gran copia de

baſtimẽtos, i armas a contemplacion de Don Duarte, a quien confeſſava

por uno de los famoſos Capitanes que avia, i muy digno de ſer comparado

a los mayores antigos.

(51) Llevô encargado el Marquez ſolicitar al Rey D. Alonſo ayudaſſe

con mayor pũtualidad la fortificacion de aquella plaça; pues entonces

neceſsitava de gran cuidado por las amenazas, q̃ decontino hazia el

de Fez de bolver ſobre ella: para aſſegurarla del ſegundo ſitio,

nada le era tan conveniente como guardar la marina, de ſuerte que

quedaſſe libre para entrar ſocorro a la ciudad. Conſideroſe el modo,

i aſſentoſe, que ſe hizieſſe una cortina muy fuerte, (Gomes Eanes la

llama Couraça) deſde la playa haſta dentro en la muralla. Facil es

determinar ſe haga alguna coſa conveniente, però muy difficil dar la

forma, i traça, ſea de la manera, que más convenga; lo uno conſiſte

ſolo en buena voluntad, i deſeo, però lo otro requiere ſezo, i pratica;

i aſsi en los conſejeros es neceſſario buena intencion, i mucha

experiencia de las materias que tratan para acertarſe.

(52) Mientras ſe preparava la obra, i los materiales ſe embiavan del

Reyno; apparecierõ por algunos dias muchos Moros en tropas muy cerca

de Alcaçar en ſon de eſcaramuça. Don Duarte que no ſufria ſemejantes

atrevimientos, quiſo caſtigarlos: i a veinte i dos del mez ſeguiente

ſaliò con quarenta i cinco de acavallo a limpiar la tierra deſtos

embaraços, encargando a Rodrigo Vaz Alcaforado, criado que avia ſido

de ſu padre, hidalgo de grande experiencia, i valor la guarda de la

ciudad; i corriendo Don Duarte haſta Benãbros una legua larga al

enemigo, ſin hallar reſiſtencia, i viendo que anocheſia, tratò de

dar buelta a Alcaçar: mas los compañeros deſeoſos de algun recuentro,

le hizieron grandes inſtancias, i a ſu perſuacion fueron de cerro en

cerro, haſta q̃ deſcubrieron una Aldea de cien caſas, riberas del

Cañete, i algunos Moros eſparſidos por aquel cãpo; con eſte alvoroço

mandò D. Duarte a Iuan Peſtaña, i Hernando Cabral con tres mangas de

arcabuzeros q̃ fueſſen a quemarla, i Alfonſo Telles con haſta veinte

cavallos cõtra los Moros. Paſsò Iuan Peſtaña el Rio trabajoſamente,

por̃q venia grande por ſer invierno, i halló impedido el puerto de

una pared hecha a propoſito por los Moros para aquel efecto; gritò a

D. Duarte q̃ la deshizieſſe entretanto que iva a obedecelle. Alfõſo

Telles hallando ganado, en lugar de Moros començò a recogerſe con

eſta preza. Los Moros de la ſierra, que ya tenian noticia de lo que

paſſava, llamandoſe unos a otros, tomando por caudillo a un Xeque muy

valiente ſe aceleraron de manera a tomar el paſſo del Rio, q̃ ya quando

dio buelta Iuan Peſtaña, i Alonſo Telles ſe hallarõ atajados. Acudió

D. Duarte, i el Moro, q̃ le viô nõbrãdole a vozes le hizo una gran

cortezia, diziendo q̃ en aquel dia ſe veria qual era màs valiente;

reſpondiôle Don Duarte cõ ſemblante riſueño, i cortez, ſe alegrava de

verlo tã brioſo, por̃q le daria mayor gloria aquel vẽcimiento. Con

todo D. Duarte recogiẽdo entre ſi la preza, procurò hazer eſpaldas a

los ſuyos, haſta que paſſaron quaſi a nado el Rio, i luego tomò un

camino q̃ le quedava màs eſtrecho por tener los lados amparados con

la eſpeſura del mõte, por̃q el numero de los Moros paſſava de mil i

quinientos, i temia q̃ le rodeaſſen ſu gẽte, q̃ era tã poca q̃ no

llegava por toda a ciẽ hombres. Los Moros ſin oſar a cometerlos lo ivan

ſiguiẽdo, i por poco perdiera la vida D. Duarte, por̃q como venia el

ultimo de todos eſcapò milagroſamẽte a dos lãças cõ q̃ le hizierõ tiro,

aũ̃q de la una quedó laſtimado, però no herido.

(53) Cõ eſto los Moros cobrãdo ſobervia de nueſtra retirada, comẽçarõ

a acercarſe, i llamar a los nueſtros, Ahudes (en àrabigo ſuena Iudios)

colerico D. Duarte deſta licẽcia, diò ſeñal para acometer; i bolvió

ſobre ellos cõ tal impetu, q̃ a los primeros golpes mató por ſu mano

al Xeque principal; i embuelto entre los demás ciego, i furioſo con

la reſiſtencia cayò con el cavallo en un barranco; trabajaron por

levantarle Iuan Peſtaña, Rodrigo Paez, i Alvaro de Faria; i fuera

cierto el peligro; ſi Don Duarte con menos animo del que acoſtumbrava

tener en los mayores no bolviera con nuevos brios, i los acabara de

vencer con valeroſa determinacion.

(54) Succediò que algunos Infantes Portugueſes viendo la cayda de Don

Duarte, i dãdole ya por muerto, con eſte miedo, i poca conſtancia

huieron a Alcaçar, publicando la nueva luego; mas Rodrigo Vaz

Alcaforado mãdãdo al inſtãte cerrar las puertas de la ciudad, ſe

previno para la defenſa: llegó entretanto Don Duarte con màs de tres

horas de noche, i queriendo entrar, rehuzò Ruy Vaz abrirle la puerta

haſta enteràrſe del ſucceſſo. Eſta accion tan acertada, i digna de

grandes alabanças encarecio D. Duarte grandemente, no ceſſando dar

las gracias a aquel hidalgo de lo bien que havia procedido, porque en

ninguna ocaſion dexava eſte famoſo Capitan de alabar a ſus ſoldados las

determinaciones lucidas que hazian, con que diſsimuladamente vituperava

las otras, en q̃ cada uno procurava abſtenerſe, mas por el reſpecto que

tenian a Don Duarte muchas vezes, que por ſu credito dellos. Refiere

Gomes Eanes, que en eſta eſcaramuſa murio Gonçalo Peres Malafaya,

ſingular cavallero de virtudes, i de valor, i fue de los primeros

fronteros calificados que en Africa mataron los Moros.

(55) Ya en toda ella ſonavan las prevenciones que hazia el Rey de Fez

para bolver ſobre Alcaçar, i Don Duarte con eſte recelo apreſurava

quanto podia dar principio a la Cortina; començôla un Lunes de la

ſemana ſancta, que ſe contavan veinte i dos de Março; i ſiendo el

primero que llevava los materiales, pudo tanto eſte exemplo que en

primero de Iunio del miſmo año en ſetenta i un dias ſe concluyo no

quedando cavallero que no trabajaſſe igualmente que los officiales.

(56) Tuvo el Alcayde de Tanjar noticia deſta obra, i para impedirla,

jũtò mil i quinientos cauallos, i muchos Infantes; Don Duarte porque

conocia el provecho que reſultava della mientras ſe hazia por

moleſtar al enemigo, i quitalle la oſadia deſte penſamiento lo iva a

buſcar de dia, i de noche; ſuccediò a eſta ſazon, que haviendo aplazado

una entrada, communicandola a ſus fronteros; dos centinelas que

eſtavan de poſta en el muro aſſegurados con el ſilencio de la noche,

ſe deſcubrieron uno a otro la reſolucion de D. Duarte, contando muy

por extenſo el modo que ſe havia de guardar en ella. Oyolos un Moro

Almograve (aſsi llaman las eſpias) el qual ſabiendo muy bien la lengua

Portugueſa con el deſeo de aprovechar a los ſuyos ſe venia a echar las

màs noches al pie del muro, entendiendo lo que paſſava, ſe fue a Tãjar

a dar el aviſo, a tiempo que el Alcaide ſalia con la gente que tengo

referido. Pareciòle al Moro con aquella facilidad con que ſe creen las

coſas favorables, mas que las adverſas; que de aquella vez no podia

eſcaparſe Don Duarte de muerto ò cautivo, i que la ciudad quedava

quaſi a ſu arbitrio, i con mucha alegria marchó con ſu gente la buelta

de Anexames, i alli tuvo conſejo de emboſcarſe i dexar entrar a Don

Duarte la ſierra dentro con que era fuerça desbaratarlo. Eſte parecer

no pudo ſer tan oculto por el alvoroço que tenian los Moros entre ſi,

cõ la certeza de la victoria; que no llegaſſe a oydos de un eſclavo

Chriſtiano q̃ eſtava en aquel lugar; i cõſiderando el peligro de los

nueſtros, determinò remediarlo, auñq fueſſe aventurando la vida. Tenia

un Moro llamado Aſmede por amigo particular: llamòlo a ſolas: diole

cuẽta del ſucceſſo, aſſegurandole muchos intereſſes, q̃ podria ſacar ſi

lo fueſſe a dezir a Don Duarte. Es la fé de los Moros muy vendible, i

no tiene otra ley que la ganancia.

(57) Partioſe con eſta eſperança Aſmede a Alcaçar, i llegó a punto que

Don Duarte eſtava ya para ſalir; dudô de la infalibilidad del aviſo,

aunque el Moro lo juſtificô de manera, que vino a darle credito,

deſpues que conociol el engaño aſſegurado por los deſcubridores:

porque ſaliendo a reconocer las emboſcadas, el enemigo enfadado de la

tardança, imaginando lo que paſſava, i que eſtavan deſcubiertos, los

fue ſiguiendo, i Don Duarte ſaliol a vengarlos, con ciento i veinte

cavallos. Los Moros entonces los encontraron con quatrocientos, i

travando una porfiada eſcaramuça en la mayor fuerça della, conociendoſe

poca mejoria en los dos campos començaron los Moros a huir, i Dõ Duarte

metiendoſe con el miedo que moſtravan, a ſeguirlos, reparò en que temor

tan intempeſtivo moſtrava algun ardid, i con eſto no conſentiô a los

ſuyos que ſiguieſſen el alcance, aunque tambien naciò eſte recato de

haverſele rompido el freno del cavallo, i detenerſe en adereçarlo.

(58) Fue milagroſo el ſucceſſo porque los Moros ayudados ya de todo

ſu poder cõ los de la ſegunda emboſcada, bolvieron a cargar en los

nueſtros con tal furia, que a ſer màs lexos de la fortaleza corrieron

mucho rieſgo; mas Dõ Duarte por atajarlos deſpues de haver hecho mucho

daño al enemigo, ſe amparò de la artilleria, retirandoſe haſta ponerſe

debaxo del muro. Tuvo eſta jornada aſſas de felicidad, porque hallò

remedio en la verdad de un Moro, que por naturaleza, i religion, no

profeſſan màs que mentir: moſtròle Don Duarte grande agradecimiento

a Aſmede, i con ſingulares beneficios le honrò deſpues, i ſe ſiruio

de ſu aſtucia para ſus emprezas, porque ſabida ſu traycion por los

Moros ſe vino a Alcaçar con el miedo del caſtigo, i durô muchos años

en el ſeruicio de nueſtros Principes de quienes recibiò mercedes, i

priuilegios.

[Illustration]

ARGVMENTO

DEL

LIBRO QVINTO.

_SEgundo ſitio de Alcaçar: cuidado, i virtud con que lo defendiô D.

Duarte, i los cavalleros Portuguezes que ſe hallarõ en esta ocaſion.

Muertes de Principes en eſte Reyno: viene a el Don Duarte llamado de

el Rey, dale titulo de Conde de Viana, buelve a Alcaçar: ſierras, i

lugares que reduxo a la obediencia deſta Corona. Reſolucion que el

Rey tomô de paſſar a la conquiſta de Tanjar, iornada que ſuccediò

infelizmẽte. Enpreſa_ _de Tanjar executada contra el voto de Don

Duarte. Viſtas que tuvieron los Reyes de Portugal, i Caſtilla; entrada

del Rey en la ſierra de Benacofu. Matan los Moros a Don Duarte; conocio

ſu fin antes: ſeñales ciertas de ſu salvacion: i ultimamente ſe trata

de ſus decendientes. Eſto en diſcurſo de cinco años deſde el de

cinquenta i nueve al de cinquenta i quatro._

VIDA DE

DON DVARTE

DE MENESES

TERCERO CONDE

de Viana.

Vida de Don Duarte de Meneses, tercero Conde de Viana, y sucessos notables de Portugal en su tiempo · 第 9 / 12 题