(1) HAlló el Conde en Ceuta en boca de todos, alabãças del ſezo,
i valor, con q̃ D. Duarte governô en ſu auſencia; i eſtẽdiaſe la
fama a los enemigos; los quales fatigados de miedo, por las rotas
conſiderables, que havemos contado, no oſavan a deſmandarſe ni ſalir
un paſſo, de lo màs aſpero, i oculto de las ſierras; de manera que
con eſto Ceuta mâs parecia lugar metido en Heſpaña, q̃ frõtera de
Berberia; por̃q a eſta paz ſe acrecẽtava grã copia de baſtimẽtos, con
que D. Duarte procuroprocuró ſiẽpre tener contenta, i mantenida la
ciudad; i como era hombre recto, i no eſtava odiado por algun vicio;
ſupo ganar la voluntad de todos; conciliando los extremos, de facil,
i autorizado, en un medio agradable, que adquiria los animos màs
rebeldes. Eſto obligò al Conde, a dexarle la deſpoſicion de todas las
coſas; reſervandoſe ſolamente el conſejo, i ſuperioridad del oficio,
en lo màs preciſo, i neceſſario de ſu perſona. Bien entendian los
prudentes, que el hazer eſto ſin limitacion alguna, i en ſu preſencia,
era introduzirle en la ſuceſsion de aquel cargo: i auñq lo aprovavã
muchos, q̃ no attendian a odios, ó enojos particulares, i miravan
la utilidad publicas; Cõ todo havia otros, que de pura embidia lo
murmuravan, ſeñalando algunas conveniencias; que conſideradas, más
deſcobrian ſu paſſion, que fundamento de algun bien comun. Y como no
ay maldad, que no tenga valedores, ô ſombra de algun bien, con que
los malos ſiempre disfraçan ſus pretenſiones. Baſtaron eſtas para
deſcomponer a D. Duarte, de ſuerte que pudo quitarle la embidia, lo que
tan liberalmente le concedia la virtud. Diremos las cauſas, ſin las
quales mal ſe conocẽ los effectos, ſiendo uno, i otro neceſſario para
la inteljgencia de la hiſtoria.
(2) Deſpues, que los Portugueſes entendieron los bienes, que le
reſultavan de la conquiſta de Berberia, una vez empeñados en ella con
la ſuſtentacion de Ceuta, tomarõ eſta frontera para eſcuela adonde
criaſſen ſus hijos, i aprendieſſen las primeras letras de la honra,
deſdeñando el ocio de la patria, que entonces con la paz uniuerſal,
que gozaua, iva debilitando los animos poco a poco. Guiados deſta
conſideracion, entrò en Ceuta deſpues de aquellos cavalleros Soſas ya
referidos, D. Sancho de Noroña, hijo tercero de los Condes de Gijon, i
hermano de Don Fernando, yerno del Conde. Era eſto en los principios
del año de mil quatrocientos, i treynta, i cinco. Y D. Sancho ſiendo
uno de los maiores caualleros en ſangre, i virtudes deſte Reyno,
llevó conſigo otros muchos, cõvidados de ſu liberalidad, diſcrecion,
i agrado (calidades todas, que conſtituyen un buẽ corteſano, i hazen
un ſeñor bien quiſto, i amable) ò inſtados tambien de ſu exemplo, que
es el general provecho, que produzẽ las reſoluciones acertadas de los
mayores. Con ſu gallardia reforçò el Conde el preſidio, porque (ſegun
Gomez Eanes notò) paſſarõ de cincuenta cavalleros los que acompañarõ a
Don Sancho, a ſu costa.
(3) Tentò el Conde feſtejar la entrada deſte hueſped, con diſponer
alguna la tierra dentro del enemigo; porque D. Sancho no deſſeava otra
coſa, ni el Conde le podia regozijar, como queria, con fieſta, q̃ màs
le agradaſſe; q̃ ſolo eſtas ſe acoſtumbravan en aquellos lugares.
Communicó eſte penſamiento con ſu hijo, i aſſentarõ ambos dar en
Cencẽ, lugar de duzientas caſas, cinco leguas de Ceuta en la ſierra de
Mexequiſe: i luego ſobre Tetuan. Eſta empreſa ultima no ſe declarò;
porque tenia mucha dificultad, i el Conde temia hallar reſiſtencia en
los fronteros, i quiſo cevarlos en la jornada primera, para facilitar
la ſegunda. Apartò Don Duarte cinquenta cavallos, con la preſteza, i
valor, que acoſtumbrava, i arrazò a Cencen, ſin dexarle piedra ſobre
piedra. Importò la preſa un gran deſpojo de ganado, i otras preſeas de
eſtima; porque era el pueblo rico, i los moradores con la diſtancia,
i aſpereza del ſitio vivian deſcuidados deſte acometimiento.
(4) Sucediô a eſte, proſperamẽte el de Tetuã, porque la fortuna
parece que andava apoſtada a halagar a Don Duarte por deſpertar a los
embidioſos de ſus glorias, que aun entõces ſoſſegavan con la eſperãça
de igualarle en la fama. La ciudad de Tetuan (que los Africanos llaman
Tetevain, que quiere dezir ſolo un ojo) yaze riberas del Cuſque; el
qual baxando de las ſierras del Atlante maior, tira derecho al Levante,
quaſi ſiete leguas de Ceuta, haſta meterſe en el Oceano, dõde ſe forma
una barra, no mui capaz; por el arriba una legua eſtà la poblacion en
ſitio freſco, i hermoſo, cercado de viñas, arboledas, huertas, q̃ por
la copia de las aguas vezinas, ſon de mucho vicio; es fundacion de
los naturales, auñq deſpues la ſeñorearõ los Romanos, i ultimamente
los Godos: peró cõ la general ruina de Heſpaña, ſe la ganarõ los
Mahometanos: a eſtos, una armada Caſtellana, en el año de mil i
quatrociẽtos, con q̃ eſtuvo muchos deſpoblada: deſpues un Granadino la
fortalecio de manera, que fue los tiempos futuros una de las plaças más
fuertes, i de maior porte, que tenian los Reyes de Fez. En eſte tiempo
no havia llegado a tanta opulencia; pero tendria haſta mil caſas, i
guarnicion baſtante para defender la entrada por aquella parte a los
Chriſtianos. Gomez Eanes la haze diez leguas de Ceuta, ſiendo no màs
que ſiete; perô eſte engaño no preſumo, que es culpa ſuya, ſino de los
copiadores de ſus eſcritos; que como andan de mano, ſon los yerros
tantos, como las letras: i verdaderamente, que a penas dan noticia
cierta de las coſas; en el camino tres leguas de Ceuta, i cinco de
Tetuan, tenian los Portugueſes hecho un caſtillo, a que Gomez Eanes
llama de Almiñecar, de una meſquita, que alli hallaron apropoſito, de
ſuerte q̃ los nuestros ſe aprovecharon deſta comodidad, para llevar la
infanteria en barcos, por ir más deſcançada haſta aquel caſtillo: i
advierte eſte autor, que eſta fue la vez primera, que los Portugueſes
hizieron eſto, por huyr los muchos pantanos, de que eſtà llena aquella
ſierra, por ſer mui baxa, i humeda; demàs que la marea con qualquier
creciente, i las aguas, que baxan de la ſierra, hazẽ un rio, q̃ llaman
oy del cañaueral en invierno, tan hondo, q̃ a penas ſe puede vadear ſin
mucho peligro: eſta dificultad era de maior rieſgo para la gẽte de a
pie, i aſsi fuerõ de gran remedio los barcos.
(5) Reſuelto el Conde en mandar a D. Duarte ſobre Tetuan, partieron
trecientos infantes por mar haſta el caſtillejo, i D. Duarte cõ ciento
i cinquenta cavallos eſcogidos, por tierra, a prima noche, deſſeando
llegar a tiẽpo, que la obſcuridad hizieſſe maiores ſus fuerças,
teniendo por coſa mui favorable, el aſſaltar de noche al enemigo;
por̃q ſiẽdo de ſuyo eſpantable, las armas, i el eſtruendo dellas; el
deſcuido, i falta de prevencion, confunde, i acobarda aun haſta los mâs
praticos, i esforçados, de manera que ni ſaben, ni pueden valerſe de
remedio alguno. Era por el mes de Outubre, i havia llovido de manera,
que paſsò la cavalleria con mucho trabajo eſte camino haſta que ſe
juntò con los de apie, ſiendo màs de media noche. D. Duarte, entonces,
con acuerdo, i prudencia, ordenò, q̃ deſcanſaſsẽ un poco, i dieſſen de
comer a los cavallos, porque a penas podian dar màs paſſo. Eſtando en
eſto, vieron los almocadenes (aſsi llaman en Africa a los corredores
del campo) unos fuegos, i oyeron vozes, como de Moros: dieron aviſo
a Don Duarte, i començòſe a diſcurrir lo que hariã: quien dizia era
temeridad paſſar adelante, eſtando deſcubiertos del enemigo; pues no
havia duda, que aquellas vozes eran dellos, i los fuegos, ſeñales, con
que ſe ayuntavan; que en un inſtante acudiria tal muchedumbre; que a
penas tendrian lugar para retirarſe; mayormente quando le atajaſſen
el paſſaje del rio, adonde era impoſsible eſcapar alguno con vida;
que el perderlas era menos, ſi ſalvaſſen las honras, porque eſto
hallavan, por màs difficultoſo, quando no ſolo havian de pelear con los
cõtrarios, ſino tambien con los pantanos; donde era màs forçoſo, que
peligraſsen, dando ocaſion a una perpetua infamia, con que los enemigos
offendieſſen la reputacion Portugueza, diziendo, que morian anegados
como cobardes, por huyr de ſus golpes; q̃ la temeridad no era hõra,
ni esfuerço, la prudẽcia ſi, i la conſideracion: que eſtas partes
erã las que davan las victorias, i no irritavan al cielo; que muchas
vezes caſtigava ſemejantes reſoluciones: otros en contrario afirmavan
cõ maior conocimiento de aquella tierra; que aquellos fuegos eran de
paſtores, i de gente, que hazia arrope, ocupada en las vendimias,
(era el ſuſtento ordinario de Tetuan) i las vozes de unos animalejos,
a manera de zorras; (llamanſe Adibes) los quales en los aùllos, no
hazen differencia de los alaridos de aquellos barbaros: que ſeria
notable mẽgua ſuya, bolver a Ceuta, ſin ver los muros de Tetuan, quando
ſalieron con eſſe intento; q̃ para ellos no havia paſſo impoſsible en
Berberia; pues en los más dificiles hallavan los ſocorros del cielo,
que no ceſſava en darle ſingulares victorias.
_Como (clamò D. Duarte) conſentireis, ſeñores, que blazonen nueſtros
enemigos, que huymos de imaginaciones? i que para amedrentarnos,
baſten vnos animales; que otra coſa no ſon aquellas vozes? Si la
reputacion, i el valor, es lo que nos ſuſtenta en Ceuta, ſerâ bueno,
que lo aventuremos todo, aunque ſea a trueque de las vidas? Pareceos,
que paßarâ ni un dia, ſin que ſe publique en Berberia eſta entrada,
i que ſe ſepa tan vil acaecimiento? Quien, pergunto, ha de encubrir
nueſtra cobardia? Por ventura, como podremos eſcapar de ſer notados, ô
de mal conſejo, o de mucho miedo? Havra infamia, que ſe iguale a eſta?
Ambas coſas nos dañan igualmente: por lo menos no ſe ha de dezir en
algun tiempo, que ocaſione tal deſatino. Para empreza tan facil, yo
baſto ſolamẽte. Los que en ella quiſieren acõpañarme, ſiguen ſu honra.
Si fueren pocos, maior gloria nos eſpera. O compañeros aqui teneis Don
Duarte capitan de los brioſos ſolamente: buſquen otro caudillo los
cobardes._
Hablando eſto colerico, i animoſo diò de piernas al cavallo. Fueſſe
con el D. Sancho, i no quedò cavallero, q̃ no le acõpañaſse. Animòſe
la otra gente con eſta reſoluciõ: comẽçò a marchar, offreciendoſe a
ſu capitan, a no deſempararlo, haſta lo ultimo de la vida. Bolviò Don
Duarte a darle gracias deſte offrecimiento, con palabras llenas de mil
favores, con que ſe encendieron de nuevo, procurando cada uno, con la
prieſſa, i ſemblante deſmentir el miedo, i ſer el primero que llegaſſe.
Eſtavan cinco leguas del caſtillo, que era grande eſpacio de camino
para lo que quedava de la noche; i por eſſo llegaron al amanecer, con
que el enemigo tuvo viſta de los Portugueſes. Viendo Don Duarte, que
no podia ya executar ſu deſignio, haziendo dos alas de la cavalleria;
i tomando en medio la infanteria, ſe fue derecho a la ciudad, por
moſtrarſe bizarro; i acercandoſe lo màs que pudo, huvo Chriſtiano, que
clavò vna lança en la puerta principal della. Diò buelta entonces,
con la miſma ordenança, i eſpacio, ſin conſentir a los ſuyos, que ſe
rebolvieſſen con el enemigo; el qual dividido en tropas, les venia
aſſaltando por los lados, haziendole mucho daño; porque la ſierra
eſpeſſa de arboles, i azequias, forçava a los nueſtros a caminar con
mucho tiento, i cuidado, por una ſenda eſtrecha; ignorando los boſques,
de cuya maleza ſe aprovechavan los Moros, como quiẽ las ſabia para
moleſtar los Chriſtianos. Viendoſe D. Duarte en aquel aprieto, con un
terrible impetu rompiò un eſquadron contrario, que lo tomava por la
frente, i lo fue llevando haſta campaña raza. Mas el Moro entreteniendo
eſte brio con moderada reſiſtencia, dava lugar a que los ſuyos en
tropas caminaſſen con mucha prieſſa, provocandoſe unos a otros; con
que iva creciendo el numero, baxando de aquellas ſierras, con intento
de atajar el vado del rio, que era el paſſo donde el enemigo penſava
tomarlos a las manos con mayor eſtrecheza. Entendió Don Duarte eſte
penſamiento, i llegando al caſtilejo, encomendó los infantes a Don
Sancho, para que los embarcaſſe; i el animando, con valientes razones,
la cavalleria, ordenò, que procuraſse vadear el puerto con las lanças
en hieſtas, de manera que pudieſſe offender luego que ſalieſſen en
tierra, porque el enemigo derramandoſe por las orillas, eſtava de la
otra parte eſperando el ſuceſſo para enveſtirlos. Fue el primero D.
Duarte, que con valiente reſolucion ſe echò al agua, i los demàs en
ſu ſeguimiento; però los Moros empeçando a defender la ſalida, los
dexaron paſſar libremente; i fiandoſe en el numero, los acometieron
por todas partes, con muchas algazaras, i gritos, que manifeſtavan
ſu alegria. Duraron con eſto porfiadamente en la eſcaramuça, aunque
tan confuſos, i ſin orden, que le pareció a D. Duarte poca gloria el
desbaratarlos, ſino fueſſe con exceſsivo daño. Venciò al fin, degollãdo
màs de cinco mil; i los otros juzgando, que no havia coſa impoſsible,
ni dificultoſa, a gente tan determinada: deſempararon el campo, huyendo
a toda furia. Con eſta victoria ganò D. Duarte gran reputaciõ, i
nombre, por la prudencia, valor, i acuerdo, que moſtrò en ella. Antes
de entrar en Ceuta, quiſo D. Sancho de Noroña, que D. Duarte le armaſſe
cavallero, honrãdoſe tanto de ſer ſu ſoldado en aquella ocaſion, que
rompió en alabanças ſuyas. Eſcuchòlas D. Duarte con gran templança,
confeſſando dever todo a ſu valor, i al de ſus compañeros (que aſſi
llamava a ſus ſoldados) i pidiendole, dexaſſe aquel acto para el Conde:
no lo conſentiò D. Sancho; antes bolviendo a inſtar con palabras màs
encarecidas, ſe apearon, i le armò cavallero, haviendo entre ambos
grãdes cumplimientos, i pocas ceremonias, en q̃ moſtraron modeſtia,
hidalguia, i valor.
(6) La notable conformidad deſtos dos cavalleros, ſe turbò deſpues a
bien pocos dias, por culpa de D. Sancho, i ſolicitud de los embidioſos
de D. Duarte; los quales procurarõ tomarle por cabeça de ſus quexas;
i el cevandoſe en ellas, moſtrò la ambicion, que haſta alli tenia
oculta; i como es vicio, que no guarda ley, ni tiene fin, ni termino;
deſde entonces començò a ſer enemigo, quaſi deſcubierto, de D. Duarte;
creciendo el odio con los tiempos, i la emulacion con los ſuceſſos.
Deſte paſſado, que referimos, ſe originarõ eſtas enemiſtades, porque
algunos fronteros afrẽtados de ciertas palabras aſperas, con que
D. Duarte vituperò los cobardes en aquella ocaſion; pareciendoles,
que pues lo eran, no hablava con otros: fomentaron la embidia, cõ
que muchos cavalleros miravã la continuacion, i excelencia de ſus
victorias: i entre todos induzieron a D. Sancho con adulaciones, i
engaños; que ſiempre ſuenan bien en los oydos del ambicioſo. Dezianle,
que ſu calidad no ſufria mando ageno, i mucho menos ſu esfuerço:
que razon havia para ſalir al campo a la obediencia de D. Duarte;
̃q las canas, autoridad, i oficio del padre, aũ parecia duro, q̃ le
preſidieſſe, quanto màs un moço poco apaſible. El lugar de caudillo
ſuyo, ſolo a ſu Rey ſe devia, no a un ſoldado, a quien igualauan todos
los que eſtavan en aquella plaça; haviendo muchos, que lo excedian en
la edad, i experiencia; que ſi el valor dava ventajas, no era menos
el de Don Sancho, antes mui ſuperior; que con eſto no era juſto, que
ſufrieſſen ver uſurpar la gloria de ſus hechos, a un mancebo, que
a penas tenia años baſtantes para empuñar la lança, quanto màs el
baſton. Deſcubrieron con eſto los intentos del padre, i el eſtado, en
que eſtava, de quebrantado, viejo, i impedido. Perſuadianle a que la
ſuceſsion de aquella plaça competia por derecho, i razon a D. Fernando
de Noroña ſu hermano, i que era bien atendieſſe, a que no quedaſſe
defraudado de la herencia, ſiendo ſu muger la hija mayor, legitima
heredera del Conde Don Pedro: que a no ſer eſto, màs ſe devia a Doña
Leonor ſu hija ſegũda, para dote de ſu caſamiento, que a D. Duarte
moço, i ſin meritos. Tuvo eſta ſeñora noticia de la conjuracion, i con
la codicia de muger, que de ordinario ſon faciles a vencerſe de ſu
interes; començò tambien a ayudar a los embidioſos, contra ſu hermano.
Al principio hallò repugnancia en el padre; deſpues entendiendo la
confiança, que hazia de un medico ſuyo Iudio, que vivia en ſu ſecta, el
qual con el engaño de la religion, tenia otros muchos de entremetido,
i palabrero; como era mui acepto al Cõde, por̃q le governava la ſalud
̃q es el maior biẽ de la vidatorciòle D. Leonor, a q̃ introduxeſſe ſu
pretẽſiõ en el animo del Conde. Allanólo el Iudio cõ ſus traças, i
obligólo a que deſpachaſſe al Rey D. Duarte, un criado ſuyo ſolamente
a pedirle de merced la tenencia de Ceuta, para la perſona, que caſaſſe
con Doña Leonor. Para eſta menſaje eſcogiô Doña Leonor un hombre mui
a ſu propòſito, llamado Vaſco Dois, que demàs de haverla criado, pendia
de ſus acrecentamientos, i tenia ingenio, i entendimiento aplicado
para ſemejantes caſos, i prompto para qualquier maldad. Llegò, pues, a
Lisboa, i dando una carta de creẽcia al Rey, propuſo la peticion del
Conde, encareciendo entre ſus grandes ſervicios, virtudes, i partes de
Doña Leonor ſu hija, condenando juntamente las faltas de capacidad,
prudencia, i valor de D. Duarte, moſtrando gran dolor en repetirlas,
i que a màs no poder lo hazia, ſolo por el zelo, que devia guardar
al ſervicio de ſu Rey, i ſeñor. Fundôſe en eſto lo principal de la
pretenſion; por que el Rey ſiempre ſe havia moſtrado mui affecto a
las coſas de D. Duarte, i para deſcõponerlo deſta aficion, fueron
neceſſarias tantas diligencias; aunque el amor de los Principes es màs
facil a mudarſe, q̃ el de los otros hombres, principalmente quando ſe
trata de ſus conveniencias, que ſon las cauſas, que más los perſuadẽ.
Eſtrañò el Rey la reſoluciõ del Conde, porque le havia oydo por vezes
lo contrario, i las relaciones, que de contino venian de Ceuta, ſolo de
D. Duarte hablavã, i de ſus hechos; i era cierto, que el Conde no diô
lugar a que vituperaſſen al hijo, aunque conſentiô en el penſamiento
de Doña Leonor. Peró examinando el Rey con maior advertencia, a Vaſco
Dois, de todo lo q̃ paſſava, aunque hallò en ſu informacion grande
conſtancia en lo propueſto, arguyendo della alguna verdad; ſe deliberò,
con todo, a no conceder por entonces al Conde lo que pedia, haſta
enterarſe de todas las dudas; maiormente quando determinava, en caſo,
̃q fueſſe cierta la inhabilidad de Don Duarte, dar Ceuta a D. Fernando
de Noroña, pues de yerno a yerno ninguno havia, que la merecieſſe mejor
que el. Mandò al Conde, que le embiaſſe a ſu hijo para verle; porque
queria deſengañarſe por ſus ojos, de lo que, quiçá, ſe engañava por los
oydos. El deſabrimiento deſta reſpueſta ſoſſegò a Doña Leonor de ſus
imaginaciones; i el Conde, aunque deſſeava darle guſto, porque era el
govierno de ſu vida, i caſa; con todo amava mucho a D. Duarte; i aſsi
holgòſe, aunque interiormente del deſpacho del Rey; i determinando
embiarle el hijo, lo deſviò D. Leonor, por no ſe deſcobrir la paſsion,
i engaño, con que ſe havia informado a un Rey, en cuya preſencia ſe
deven tantas verdades, i ſe dizen tan pocas. No hallo, que deſte
negocio tuvieſſen noticia los contrarios de D. Duarte; porque fue hecho
en gran ſecreto; però igualmente creſcia la fama del, que la embidia
dellos; porque los animos una vez mordidos deſta ſierpe ponçoñoſa, mal
ſe quietan, ſino con la muerte del que aborrecen: i es cierto, que el
embidioſo es el maior enemigo, que tiene la miſeria humana, pues acuſa
a la virtud por los medios, que no la alcança, haziendoſe inferior del
embidiado; confeſſando excelencias dignas de que ſe deſſeen, ſiendo
vltimamente tan ignorante, que ſaca daño para ſy del bien ageno.
(7) D. Duarte tomò en aquellos dias a Benagara, poblacion grande de
la ſierra de Benifilet, de donde traxo gran copia de ganado, con
otro mucho deſpojo. Iuzgòſe eſta jornada por de mucho rieſgo, i
fortuna; i añadiòle eſtimacion la malicia, con que algunos dizian,
que las rezes de aquel lugar tenian màs puntas, que las de la ſierra
de Mexequiſe, como burlando del ſuceſſo. No entró en el Don Sancho,
porque deſcubiertamente rehuzava ſalir en eſtas entradas, ſubordinado
a Don Duarte; i el Conde, aunque ſentia eſta diuiſion, diſsimulava,
feſtejando las felicidades del hijo; mas Don Duarte con maior
ſufrimiento, i prudencia todas las vezes que ordenava alguna ſalida,
aviſava a Don Sancho, para que eſcogieſſe lo que le eſtuvieſſe mejor; i
deſta ſuerte, auñq le dava ocaſion a la embidia, le procurava tẽplar
el odio: mas ſon eſtos vicios inſeparables, i no es buen camino de
atajarlos, quando los embidiados logran la honra con proſperidades.
(8) Reſultaron deſtas tanto miedo en los Moros, que no ſe dando por
ſeguros los de la comarca, i ſierras de Tetuan, Mexequiſe, i Benamade,
trataron de rendirſe al Conde, i bivir de paz en ſu proteccion, dandole
un moderado tributo de ſus coſechas. Porque con eſta fingida libertad,
querian diſculpar la ſervidumbre verdadera. El Conde no admitiò el
partido, porque pidiò le pagaſſen todo el quinto de los frutos, que
cogieſſen. Los Moros entonces bolvieron a las armas, incitados con la
deſeſperacion; i aunque el Rey advertidamente no reprehendiò al Conde,
por la eſtima, en q̃ le tenia; ſin duda quedó ſentido, de q̃ negaſſe
amparo a los afligidos; por ſer eſte el modo de maior utilidad para las
conquiſtas; pues del buen acogimiento, que ſe haze a los conquiſtados,
ſiendo voluntariamente rendidos, ſe grangea muchas vezes màs, que con
las armas, cuyos ſuceſſos ſon varios, i peligroſos. Deſta vez bolviò
ſobre Tetuan Don Duarte; i ſi bien la hallô ſin gente, puſo por tierra
ſus edificios, que eran muchos, i mui hermoſos; por no dexar aquel
padraſto en pie, en caſo que los Infantes fueſſen ſobre Tanjar; ſiendo
aquel el camino donde pudieran los Moros facilmente impedir el paſſo al
exercito, ſuſtentando aquella ciudad.
(9) Acabòſe eſte año con lutos en Portugal, haviẽdoſe comẽçado cõ
fieſtas, i fue la cauſa, ſaber el Rey la priſion, i rota de los Reyes
de Aragon, i Navarra; el Infante Don Henrique, ſus cuñados, hermanos
de la Reyna Doña Leonor ſu muger. Eſtes Principes entraron en Italia
con una poderoſa armada, ſobre la pretenſion, que tenia Aragon al
Reyno de Napoles, por la adopcion de Iuana Reyna ſuya. Sucedioles
infelicemente: fueron preſos, i desbaratados por Genoveſes, i por
Phelipe Maria Esforcia Duque de Milan; que recelando el poder Aragones,
tan vezino a ſus eſtados, defendieron el Napolitano, en favor de Iuana;
i ultimamente el de Milan, con nueua conveniẽcia, reſtituyô la libertad
al Rey Don Alfonſo de Aragon, i le ayudò a cobrar a Napoles: de donde
fue deſpues Rey pacifico. Portugal entonces hizo alegrias publicas,
aunque duraron tan poco, que ſervieron de afligir màs al Reyno.
(10) Por eſte tiempo bolviô el Conde de Ouren del Concilio de Baſilea,
que ſe comẽçò en Ferrara, i concluyò en Florencia; ſobre la union
de las Igleſias Latina, i Griega. Aſsiſtiò el Cõde como embaxador
extraordinario del Rey (̃q era ſu tio, hermano de ſu padre) i el
Papa Eugenio agradecido al cuidado del Rey, le concedio la Cruzada
para la cõquiſta de Africa, i facultad, para que los cavalleros
militares de las Ordenes de Chriſto, i Avis, pudieſſen legitimamente
caſar abſolviendolos del voto, que primero hazian de caſtidad, que
quedò en el conjugal. No tuvo effecto eſta gracia, haſta el reynado de
Don Manuel, que nuevamente la impetrò, porque no ſe expedieron Bulas
dello por falta de dinero. De otra haze mencion Ruy de Pina, tambien
olvidada, i que nunca ſe puſo en pratica: i fue, para que los Reyes
de Portugal ſe pudieſſen coronar, i ungir de la manera que lo uzavan
los de Francia, i Inglaterra. Huvo ſciſma entonces en la Igleſia, ̃q
tardò en deshazerſe los fines de Eugenio, i de Martino ſu ſuceſſor.
Però llegando el de Nicolao tercero, por la renunciacion de Felix (̃q
havia ſido Duque de Saboya, hõbre de buena vida, i con favor de Milan,
i otros potẽtados ſe llamò Põtifice) ſe compuſo todo, i apaſiguaron
diſcordias, que ya amenazavan la paz, q̃ havia entre los Principes
Chriſtianos, quebrantada ſiempre por eſtas cauſas.
(11) En los principios del ſiguiente año de mil quatrocientos i treynta
i ocho, metió D. Duarte a ſaco las villas de Benamade, i Caudil,
vezinas a Tetuan, pueſtas en ſu termino; ſalió en ſu defenſa un Moro
Xeque dellas de grande valor, i opinion, por nombre Bucar Caudil:
matôlo en ſingular batalla; alcançando dos victorias ſeñaladas en eſte
dia, de particular eſtima, i gloria: fueron baſtantes para que Tetuan
temeroſa deſtos ſuceſſos, cõ el miedo de los nueſtros, ſe deſpoblaſſe
de todo, desẽparãdola ſus moradores; haziẽdo la fama, lo q̃ haſta alli
no pudierõ las armas: ſi bien es cierto, q̃ las que ſe apercebian en
Portugal, dieron tambien cauſa a eſte miedo: por̃q ya ſe ſonava en
Berberia, q̃ los Infantes paſſavan a ella con grande poder, a cõquistar
Tanjar. El fin deſta jornada fue tan deſaſtrado como el principio.
Referirlo hemos en ſuma, por̃q ſe hallo en el D. Duarte, en cuyo
diſcurſo de vida, fuerõ notables las coſas, que ſucedierõ a eſte Reyno
de bien, i de mal; porque era el tiempo de ſu virilidad, donde los
animos andavan màs ambicioſos de virtud, i de imperio; que es lo que
màs vezes ocaſiona a ſemejantes ſuceſſos. Antes que ſe reſolvieſſe
eſta empreſa por Agoſto, pariò la Reyna una hija, que llamaron del
nombre de ſu madre; que deſpues fue muger del Emperador Federico
tercero.
(12) Aunque es verdad, que no ſe puedẽ prevenir los acaecimientos con
certeza, por màs que ſea grande la pratica, i la prudencia (porque ſon
llenas de tenieblas, i confuſion, las coſas de los mortales) todavia
los grãdes hechos no ſe han de emprender ſin grãdes fundamentos;
deviendo ſer guiados con mucha conſideracion, i conſejo; porque el
impetu, i la temeridad los atropella, i desbarata. Tuvo eſta reſolucion
mucho de arrojada: por̃q pueſto que el Rey gaſtò màs de un año, en
conſultas, i preparaciones; no eſcuchava cõtrarios pareceres, ſiendo
los acertados; falta ordinaria de los Principes, q̃ dã a la adulaciõ
mejor ſemblante, que a la verdad. No faltò quien ſe la dixeſſe
deſcubiertamente; mas importava poco, por no ajuſtarſe a ſu guſto;
ſobre muchos pareceres diverſos, ſe aſſentò la empreſa de Africa.
Fueron los autores, q̃ la fomentaron, i la concluyeron los Infantes,
D. Henrique, i D. Fernando, por màs que D. Pedro, D. Iuan, i el Conde
de Barcelos, la contradixeron prudentemente. Eran eſtos cinco hermanos
del Rey; aunque cada uno de por ſy, de ſingulares meritos, i prudencia;
mucha parte, para que el Reyno eſtuvieſſe en miſerable eſtado; porque
dividido en tantas grandezas, deſluſtravan en algo la Real, conſumiẽdo
el patrimonio, de ſuerte q̃ quando más eſtirado, llegava a lo forçoſo
de los gaſtos, ſin dar lugar a lo voluntario; de manera que el Rey
tenia hermanos para aconſejarſe, mas no para enriquecerſe; porque
la bondad dellos màs le ſervia de deſaſsoſsiego, que de aumento.
Gozava paz con caſtilla, i alianças con Inglaterra, Francia, i otros
Principes de la Chriſtiandad; però los ſubditos, no ſufrian bien
eſte ocio, i peor los Infantes, porque andavan mendigãdo eſtados: no
les ſufriendo ſu altivez vivir como particulares. El primero, que
habló en eſto, fue D. Fernando màs moço, i màs pobre; ſeguiòlo D.
Henrique, por brioſo, i aficionado a cõquiſtas, i en particular a la
de Africa, porque ſiempre que paſſó a ella, bolviô victorioſo; de
que ſe prometia, nadie le podria hazer reſiſtencia, ſucediendole todo
igualmente; aſsi lo poſsible, como lo mui dificultoſo, con mucho, ò
poco aparejo: porque haſta la proſperidad, en q̃ eſtava Ceuta, con las
victorias del Cõde D. Pedro, i ſu hijo, le dava animo, i eſperãças.
El deſſeo deſtes Principes era ganar Tanjar; i el Rey conſiderando,
faltava gente, dineros, i armas, q̃ ſon los fundamẽtos de la guerra;
dificultóla al principio. Deſpues tornò a trabajar, i enflaquecer los
ſubditos cõ pedidos, i tributos, q̃ es ſiẽpre el ultimo ſocorro de los
Principes, auñq muchos le hazen el primero. Diziaſe con eſto, que
en guerras voluntarias, i en que los pueblos no entran a defenderſe,
ſino ſolamente a ofender, por el guſto del Principe, no podiã ellos
imponer eſtas cargas legitimamente, auñq la guerra fueſſe juſta; ̃q
no ſiendo euidentemẽte neceſſaria, en todo el peligro manifieſto,
̃q metieſſen a los vaſſallos, de que pudieſſen ſeguirſe muertes, i
daños, pecava el Principe grauemente. Eſta advertencia ſin otras de
no menos conſideracion, tuvo el Rey Don Duarte. Perô no ay gente, que
más facilmente atropelle la razon, i el derecho, que los poderoſos,
donde ſe atravieſſa algo de guſto, ò paſsion propria. Divulgòſe luego
la empreſa, que haſta eſto ſe errò; porque es el ſecreto, el alma de
los negocios, que deſvia las prevenciones contrarias, maiormente en
tales caſos. Comẽçarõ los inconvenientes a crecer cõ las preparaciones:
por̃q demás de ſer cierto, q̃ en los grandes movimientos ſiẽpre
ſuelẽ ocaſionarſe grandes dificultades. Vn Reyno acoſtũbrado largo
tiẽpo a tener paz, ſuele faltarle todo lo neceſſario para la guerra.
Aliſtaronſe luego quatorze mil hombres, i al punto de la ocaſion ſe
hallaron ſolamente ſeis mil, mal armados, i poco ſatisfechos: rieſgo,
̃q ſe corre ſiẽpre en jornadas mal diſpueſtas. No ſucediô paſſo en
eſta, q̃ no fueſſe preſagio de ſu infelicidad: i parece, q̃ Dios la iva
impidiẽdo por los medios miſmos, con que el Rey la preparava. Llegaron
los Infantes Don Henrique, i D. Fernando, a Ceuta a veynte i dos de
Agoſto de mil quatrocientos i treynta i ſiete; año el màs fatal, i
calamitoſo, que tuvo deſde ſu principio eſta corona; porque diò cauſa,
a q̃ mucho deſpues no enxugaſsẽ las lagrimas, de que aun oy duran las
ſeñales.
(13) El Conde D. Pedro, ni D. Duarte, no aprovaron la reſolucion de
los Infantes; aunque como los vieron en Ceuta los hoſpedaron con
mucha grandeza, i fauſto; mas deſpues que praticaron largamente ſobre
el intento, deſconfiaron de poder atajarlo. Salió D. Henrique la
buelta de Tanjar, i ſin contradicion alguna, llegò a ponerla cerco
por mar, i por tierra. El Conde offreciôſe para acompañarle, perô
el Infante lo rehuzò, por verle mui enfermo; i en ſu lugar llevò el
guion Real D. Duarte, como Alferez maior. De lo noble, i iluſtre
de Portugal, no faltò perſona en eſte exercito: porque el Infante
D. Henrique, como Principe bien quiſto, i grande favorecedor de la
nobleza, le amavan todos ſingularmente, tanto por lo que entereſſavã,
quanto por ſus virtudes, i aſsi le ſiguierõ muchos: i aunque voy
recopilando el ſuceſſo, es digno de memoria, lo que cuenta Ruy de
Pina, acerca de los eſtandartes, que los Portugueſes entonces vſavan
traher en ſus exercitos, para esforçar los animos, i excitarlos a
la imitacion de quien llevavan delante de ſus ojos: al guion Real,
ſiguian el de la Cruzada; una imagen de nueſtra ſeñora: el ſanto Leño,
i otras Reliquias; luego los retratos del Rey D. Iuan el primero;
del Condeſtable D. Nuño Alvarez Pereira; ſingular hõra para ſus
deſcendientes, i no para olvidar en los ſiglos venideros.
(14) Los Moros entretanto, con el miedo del grande poder, que trahian
los Infantes; que la fama hazia mucho maior del que era, guarnicieron
a Tanjar con ſiete mil hõbres; i llamando otros ſocorros por toda
Berberia, acudieron a ſu defenſa de diverſas partes, haſta diez mil
cavallos, i noventa mil de a pie. Antes que entraſſen la ciudad, quiſo
el Infante darles batalla; ſaliò de los alojamientos, con ſus banderas
tendidas, provocando al enemigo; i deſpues de haver eſtado tres horas
en orden de pelea, le acometiô, i hizo retirar, haſta bolverlos a ſus
quarteles. Al otro dia tornaron a dar ſegunda viſta los Moros en maior
numero, por amedrentar los Chriſtianos: però en varios recuentros,
̃q acometieron en treynta i ſiete dias, que duró eſte ſitio, ſe
ofrecieron caſos raros, i coſas admirables, i grandioſas. Notaronſe
milagros; i ay quien afirme, que al quinto dia del cerco, en que los
Portugueſes ſe avantajarõ de ſus quarteles, con grande mortandad del
enemigo; apareciò una Cruz blanca en el cielo. Deſpues deſcanſando los
nueſtros dos dias, dieron un aſſalto porfiado a la ciudad; i queriendo
ſegundar el Infante, ſe hallò cercado de los Reyes de Fez, Marruecos,
Beles, i Tafilete; que con liga univerſal, por bien de ſu religion, i
eſtados, havian juntado un poder immenſo, para echar los Portugueſes
de Africa. Defendieronſe con notable esfuerço, mientras la neceſsidad
no diò otro combate màs furioſo, i cruel, que el de los Barbaros, que
era cõtinuo ſin ceſſar una hora: porque la gente inumerable ſiempre
llegava de refreſco. Apretava a los Portugueſes no menos la hambre,
que el enemigo: comieron todas las beſtias, ſin que la neceſsidad
preciſa de la guerra exceptaſe los cavallos: vino a faltarles agua;
porque los poços de que a coſta de ſu ſangre, podian ſacar alguna;
eſtavan por los enemigos llenos de coſas aſqueroſas, i hediondas;
i deſta ſuerte tanto los trabajava la ſed, como la hambre. En tan
eſtrema eſtrechura aconſejaron al Infante eſcuchaſſe ultimamente los
partidos, que los Moros offrecian; deſengañados de vencer gente tan
determinada a morir; i aunque no muy decentes; cargavale el pezo de
conſiderar, que havia ſido cauſa de aquel deſacierto, donde acabava
lo màs iluſtre de Portugal. Llegò tarde el arrepentimiento, como en
las coſas mal conſideradas de ordinario ſuele ſuceder. Tambien le
acuſava la conciencia en no haver obedecido la Orden del Rey. Aſsi
que ſobraron coſas en eſta jornada, que la ayudaron a ſu mal ſuceſſo.
El que tuvo fue, concluyr el Infante, que dexandole los Moros la mar
libre para embarcar ſus gentes ſe obligava a entregarle Ceuta; para
ſeguridad dello, dió en rehenes al Infante Don Fernando ſu hermano;
i en teniendole los Barbaros en ſu poder, bolvieron a combatir los
nueſtros, los quales deſeſperados con el impetu, i deſſeo de ſalvar
las vidas, ſe hizieron con las armas, paſſo haſta que ſe embarcaron, i
llegaron a Portugal con perdida de quiniẽtos ſoldados, i entre ellos
ocho fidalgos, muriendo mâs de quatro mil de parte del enemigo. Quedó
con eſto el concierto roto, i el Infante D. Hẽrique ſin obligacion de
cumplirlo, tomãdoſe por cauſa para no entregar a Ceuta; ſiendo la coſa
de que màs ſe hablò en aquellos tiempos, i en que el Rey conſultó al
ſacro Collegio, i a todos los Principes de la Chriſtiandad, i tuvo el
fin, que ſe verà.
(15) Sirvio en eſte laſtimoſo cerco, D. Duarte, con valor conocido, i
brio ſingular, en los pueſtos de maior peligro. Pero antes, pocos dias,
que ſe alçaſſe, lo forçò el Infante, biẽ a pezar ſuyo, a que fueſſe
a Ceuta a ver al Conde ſu padre, que con grandes inſtancias le pidiò
al hijo para encomendarle ſus coſas, antes que murieſſe. A eſta ſazon
eſtava en lo ultimo de la vida, porque ſe le aumentó la enfermedad,
deſpues que paſſaron los Infantes a Tanjar; ó fueſſe tambien con la
pena de aquel ſuceſſo: ò por los males, que le obligavan a eſtar
ſiempre en cama como tollido. Llegò a Ceuta D. Duarte, i hallò al Conde
quaſi eſpirando; però con tan entero juyzio, i firme entendimiento,
que deſpues de haver confeſſado muchas vezes; recebido el Viatico,
hecho teſtamento, i todos los actos, que devia un ſeñor Chriſtiano,
i prudente: llamó al hijo, i le hablò delante de ſus criados, deſta
ſuerte.
_Eſtas ſeran (hijo mio) las ultimas advertencias, que oygas de mi
boca; i por eßo imagino de tu obediẽcia, que eſtudiarâs por ellas
ſiempre, pues deves a mi amor, i cuidado todo eſto reſpeto. Trabajê
quanto pude, porque heredaras mi caſa, i oficio: no lo permitiô el
cielo, quiçâ por hazerte mâs honrado; pues la verdadera felicidad,
es parecer digno della; en lugar deſta herencia, (que es tan de la
fortuna) te dexo otra del animo, que es de maior estima, conforme la
opinion de los Sabios: los quales tienẽ ſolo por buenas las coſas
honeſtas, i por malas las cõtrarias; i ninguna de las que no tocan
al alma, como el poder, riqueza, i otras cuẽtan entre bienes, males.
Reconocido pues del beneficio, que te ha hecho Dios, procura darle
continuas gracias, i obligarle con ellas, a que no te deſampare: pues
el primer grado de la honra, es amar a Dios, i ſeguir a la virtud.
Criête en ella deſde niño, cumpliendo con el oficio de buen padre.
Solicita pues aora no errar eſte camino, que tan adelante llevas, pues
te lo tienen tan facilitado el exercicio, i tu buena naturaleza. Con
el zelo de la Religion acompaña al de la fidelidad, que con tantas
razones de ſubdito, i cavallero deves a tu Rey, i a tu patria. Ambos
ſon dueños de tu vida, aſsi que a ſu diſpoſicion eſtà que vivas, o
no, honrado. Por donde no conviene, que examines ſus mandamientos,
pues no le toca al ſubdito, más que la obediẽcia. En la preſteza de la
execucion has de moſtrar tu hidalguia, i valor. En los particulares de
tu eſtado poco tengo, que amoneſtarte, pues elegiſte el de ſoldado,
donde en tus cortos años llegaſte a conocer la diſciplina, q̃ a
penas ſe puede aprẽder en muchos. Entretanto, q̃ tarda el premio,
ſeguirâs la corte de tu Rey, tomãdo, ſus acciones por regla de tus
merecimientos; porque quanto en otras ſe enseñan vicios: es en la de
Portugal virtudes. Verás muchos dechados dellas, pues no ay Infante
de los nueſtros, que no ſea un perfecto Principe; gran dicha de los
virtuoſos, i vẽtura de los tiẽpos. Cõviene agradarlos igualmẽte, por
más que la inclinaciõ te lleve a ſeguir a alguno. Dexarâs cõ las armas
el parecer ſoldado, por ſer nombre faſtidioſo a los palacios; mas ni
por eßo te entregues de manera a la Corte, q̃ no te puedas librar
de ſus daños. Advierte hijo, q̃ mâs crueles enemigos te eſperã en
la paz, q̃ en la guerra: peligrarâs, ſino andas aduertido, por̃q
haziendo menos ruido por domeſticos, tienẽ maior poder en los animos,
i cõ mucha facilidad lo eſtragan, i arruinan. Entras en ella mãcebo,
brioſo, criado en otros exercicios mui diferẽtes de los q̃ alli ſe
uzã. Luego acudiran tus iguales a deſvanecerte. Con ellos, ni ſeas
ſingular, ni facil; cuerdo, i agradable ſi; por̃q no te murmurẽ, ni
deſprecien. Para cõverſar familiarmẽte buſca los buenos; guardãdote de
los q̃ tienen opiniõ de malos, no menos q̃ de ſerpientes, cuya amiſtad
inficiona mâs q̃ ſu veneno. Por eſte medio alcançaràs buen nõbre, i la
gloria de ſer bien quiſto; no deſeſtimãdo la aclamaciõ publica, auñq
no ſiẽpre juſtificada. Huiràs los q̃ condena, i aborrece, pues en ſu
cõpañia haſta tus buenas partes ſerã defectos. Vltimamente te acuerdo,
q̃ la corteſia, agrado, modeſtia, i liberalidad, ſon las coſas, que
mâs dominan los coraçones: ocultã faltas, i diſsimulã liviandades.
Eres moço, tẽdras algunas, en q̃ la edad ſea màs culpable, q̃ la razõ;
bueno es hazer de manera, q̃ quien las murmurare, en tu exterior,
i ſemblante vea lo cõtrario; por̃q no ay deſdicha, q̃ ſe iguale al
ſer hypocrita de vicios; quãdo la nobleza es parto de la virtud
exercitada; la qual con obras ſe conserva, i ſin ellas ſe pierde._
Dictò el Cõde eſtos, i otros preceptos, con el coraçõ tan ſeguro, i
el ſemblante tan alegre, que no moſtrava el peligro, en q̃ eſtava.
Bolvió a echarle ſu bendiciõ, i encomẽdarle màs a ſolas la cõpañia
de D. Leonor ſu hermana: el amparo de la familia: la correſpondencia
dalos amigos. D. Duarte a todo, ya q̃ no pudo hablar con lagrimas, con
el animo le prometiò no olvidarſe de ſus mandatos. El Conde entonces
buelto a Dios, pueſtas las manos, con evidentes ſeñales de ſu ſalvaciõ,
eſpirò en los fines de Septiẽbre, deſte año de 1437 a los ſeſenta de ſu
edad, i de ſu generalato veynte i dos, q̃ fue el tiempo, que governò
a Ceuta, con guerra tan prolija, i porfiada, q̃ no devo callar una
coſa maravilloſa, que encarece bien el rieſgo della, i el valor deſte
cavallero; i es, q̃ traxo diez i ſeis años continuos una cota veſtida,
ſin deſnudarla de dia, jamâs de manera que llegô a rompella, como ſi
fuera un jubon ordinario por muchas partes.
(16) Alcançò todas las calidades, que ſe requieren para un perfecto
capitan, no deſdeñando las de corteſano, i ſabio, en que fue excelente,
con muchas letras, erudicion, i noticia, mezclando otras virtudes del
animo, q̃ lo igualaron a aquellos iluſtres varones, que los antigos
celebran por maiores. Fue cazado quatro vezes: la primera, con D.
Margarita de Miranda, hija de Don Martin Alfonſo de Miranda Arçobiſpo
de Braga, Primaz de las Heſpañas: ſingular matrona de meritos, calidad,
i riqueza. Tuvo della dos hijas, de q̃ ya hizimos mencion, q̃ la maior,
i heredera caſó con D. Fernando de Noroña, ſegundo Cõde de Villa Real,
progenitor de los q̃ oy cõ titulo de Marqueſes deſta villa, i Duques
de Camina, ſucedieron en ſu nõbre, valor, i grandeza. Fue D. Leonor la
ſegunda, i tratada a caſar con D. Fernãdo primogenito del de Barcelos;
murió ſin cõſeguirlo; peró ſin embargo de lo que havemos contado, que
hizo cõtra D. Duarte, tuvo excelencias de gran ſeñora, i tanto amor a
ſu padre, que ſe mandò enterrar a ſus pies; aunque la deſdora en algo
el rancor, que ſiempre moſtrô a ſu hermano; pues en el teſtamento, que
hizo, i oy ſe guarda, excluye de ſu herencia, muriendo ſin hijos, los
de D. Duarte, i toda ſu linea; llamando los de ſu hermana menor Doña
Beatriz, de quien deſcienden los ſeñores de Mafra, i Ericeira. Tal es
el odio, quando ſe arraiga entre deudos.
(17) Casô deſpues el Conde ſegunda vez cõ una ſeñora Coutiña, hija
de Gonçalo Vazques Coutiño Mariſcal deſte Reyno, q̃ muriò antes de
efectuarſe el matrimonio. La tercera fue con hija de Hernando Martines
Coutiño, de la qual huvo D. Beatriz, que casô con D. Fernando de
Vazconcelos, hijo de D. Alonſo, ſeñor de Caſcais, que era baſtardo del
Infante D. Iuan, uno de los hijos delRey D. Pedro, i de Doña Ines de
Caſtro. Deſtos cavalleros procede la caſa de Monſanto: el quarto,
con la heredera del Almirante Miſer, Emanuel Peſaña, de que no quedò
ſuceſsion: ſin eſtos tuvo màs dos hijas ilegitimas, una que ſe llamò
Doña Iſabel, i fue muger de Ruy Gomes de Silva, Alcaide de Campo Maior,
i Ouguela; decendiente por varonia de D. Gutierre alderete de Silva;
̃q fue el primero, que deſte apellido entrô en eſte Reyno; donde tuvo
gran lugar, i nõbre. Quedaron ſus herederos por cabeças deſta familia,
como lo era Ruy Gomez; i naciẽdo deſte matrimonio D. Diego de Silva
(que a reſpeto de ſu madre, ſe añadiò tambien Meneſes) diò principio
a los Condes de Portalegre; Marqueſes ya de Gouvea: de Doña Aldonça
de Meneſes, ſegunda hija natural del Conde: fue marido primero Ruy
Noguera, noble cavallero, i rico, Alcaide de los Alcaceres de Lisboa:
i muriendo ſin ſuceſsores, casò con Luys de Azevedo, de igual calidad,
i rẽtas, Preſidente de hazienda (llamanlos Veedores los Portugueſes)
i entonces dexò una hija unica, en quien inſtituyò un maiorazgo, con
obligacion de llamarſe Meneſes; i fue muger de Iuan Rodrigues de Sá,
ſeñor de Sever, que ſon calificados progenitores de los Condes de
Matoſiños, i Penaguion, Camareros maiores de Portugal. Pareciòme dar
eſta noticia de la iluſtre poſteridad del Cõde D. Pedro, por quan
eſtendida yaſe en nobleza principal deſte Reyno.
(18) Fue ſu muerte contada tambien entre las infelicidades del Rey
D. Duarte; porque en ſu valor, prudencia, i edad, conſideravã los
Portugueſes el arrimo principal, en q̃ ſe fundava la guerra de
Berberia, la qual temian aora con maiores veras, viendo, que la liga de
los Principes Moros aun no eſtava deshecha, i la reputacion Portugueſa
aventurada a perderſe facilmente: ſi aquellos barbaros ſupieſſen gozar
del eſtado preſente, diſcurriendo caſi como vencedores por los campos
de Ceuta; ſiendo cierto, tras un yerro ſuceder otros, con que el
enemigo ſe mejoraria, i nueſtras coſas ſe debilitaran, perdiendo mucha
parte de la reputacion, que las hazia temeroſas, i veneradas. D. Duarte
al fin ceſſando en el llanto, en que fue mui continuo, notãdo començava
ya a experimentar la falta de ſu padre en ocaſion tan apretada;
procurò no deſemparar aquella fuerça mientras no llegaſſe Don Fernando
ſu cuñado, a quien elRey la havia encomẽdado con el titulo de Cõde de
Villa Real, luego que muriò el ſuegro; vino, i entregóſela con tanta
conſtancia, que no ſe puede juzgar, ſi lo havia ſentido, ò no; porque
ſu modeſtia, aſsi como deſcubrió grã valor en los ſuceſſos proſperos,
moſtrava ſufrimiento en los adverſos. Diſpuſo ſu jornada a Portugal,
en compañia de D. Leonor ſu hermana; però no ſe effectuó en quanto
durarõ las amenazas de la liga; i como hazia hõra ſolamente de ſervir
a ſu Principe; lo primero que atropelló fue ſu conveniẽcia, i luego la
autoridad, poniendola en el zelo de no huyr al peligro, ni dexar coſa
por hazer, que fueſſe de ſu obligaciõ. Los Moros entretãto aguardãdo
a ver lo en q̃ parava la entrega de Ceuta, derramarõ ſus gentes por
Africa; i el de Fez, quedãdoſe cõ la perſona del Infante, haziẽdole mil
caricias, i buenos tratamientos, lo dexò en poder del Alcayde de Arzila
para eſte efecto, i ſe bolvió a Fez.
(19) Con eſto D. Duarte reſolviò partirſe, amediado el año de mil
quatrociẽtos treynta i ocho, cõ proſpero viage de quatro dias ſurgiò en
Lisboa; i de alli paſsò a Aviz, villa de Alentejo, cõvẽto, i cabeça de
aquel maeſtrazgo; donde elRey, con la nueva deſaſtrada de los hermanos,
ſe havia retirado, huyẽdo tãbiẽ de la peſte, q̃ por muchas partes
fatigava a Portugal, por̃q tras tantas perdidas, no le faltaſſe eſta;
viniẽdo unas ſobre otras. Peró muchas vezes la ceguedad de un Principe
no conoce ſus yerros por los aviſos, ni por las quexas de los ſubditos,
ſino por los manifieſtos caſtigos de Dios; deviendoſe ſacar dello la
emienda, i conocimiento de la templança, i cuidado, con que han de
procurar governarſe, para dar buena cuenta de ſu oficio; pues lo es el
reynar, i tã trabajoſo, q̃ los Sabios lo juzgan por de grã rieſgo; ſi
la vanidad humana no ſuſpẽdiera eſta cõsideraciõ; por̃q ſi los trabajos
de los Reyes no fueſſen acõpañados de las comodidades de ſu grandeza,
no havria ſujeto, que lo pudieſſe llevar. Andava elRey inquieto,
vagando de un lugar a otro; i con ſer recto, ſabio, i gran catholico,
vivia deſaſſocegado, i penoſo; porque la conciẽcia le hazia cargo de
los deſaciertos, i daños de aquella empreſa. El Infante D. Henrique
cõfuſo, i triſte, parô en el Algarve, i los cavalleros que le
acompañavan, entraron en la Corte, con los ſemblantes tan macilentos
de la hambre, i trabajos, que paſſaron, i tan cargados los coraçones,
i los cuerpos de luto, q̃ elRey començô de nuevo a entriſtecerſe;
i ellos por obligarle a ſus deſpachos, con aquellos exteriores, no
hallavan premio que hartaſſe ſu ambicion. Ruy de Pina cuẽta, que entre
todos fue ſolo Alvaro Vaz de Almada, Conde de Abranches, el que entrô
a ver al Rey veſtido de gala, i con diferente trage, i alegria de los
otros; por̃q ſolo en ſus obras virtuoſas hallava el galardon dellas;
aũque elRey como ſabia, que las ocaſiones perdidas laſtiman de manera,
que caſi no admiten conſuelo, porque falta la eſperança de cobrarlas,
i el arrepentimiento llega tarde, i ſin fruto; andava verdaderamente
afligido de las dificultades, conſiderãdo en la libertad del hermano,
a quien amava mucho, i no dava lugar a otro conſuelo, que hablar de
contino en eſte caſo, trayendole tan preſente ſiempre, que vino a ſer
gran cauſa de ſu muerte.
(20) Con todo ſe aliviò mucho con ver a D. Duarte, el qual deſpues de
bezarle la mano, i entregarle Doña Leonor de Meneſes, ſu hermana (̃q
recogió en palacio) ſin dar quexas, ni ofrecer memoriales de ſervicios,
ſe mezclò entre los demàs corteſanos, moderãdo cõ eſtas virtudes la
fama militar, moleſta a los ocioſos, moſtrandoſe tan obediente a las
advertencias del padre; que la primera accion, que hizo en la corte,
fue disfraçar ſus merecimientos; i luego poco curioſo en el traje, i
mui comedido en las palabras, ſe compuſo tanto, que los que ſolian
juzgar las perſonas graves por ſolas las apariencias, preguntavã,
porque era tan nombrado: mas elRey obligado ya de ſu talento,
comunicandole muchas vezes ſobre las coſas de Berberia, en q̃ ocupava
lo màs del tiempo, i dandole parte de los negocios ſecretos de maior
importãcia; yva provando, i aprovando ſu prudẽcia, valor, i conſejo,
con que un dia como en ſatisfacion publica le dixo eſtas, ò ſemejantes
palabras delante de los Infantes, i otros grãdes, deſpues de referir
los muchos ſervicios, que havia recebido de ſu mano.
_Don Duarte, mucho pueden vueſtros meritos, pues llegan a obligar
a un Rey, a que ſe mueſtre culpado, i arrepentido; ſiendo la coſa
mâs indigna de la mageſtad, por lo que arguye de haverſe governado
ſin conſejo, i con paſsion; teſtigo es Dios, que no la tuve quando
os quité la ſuceſsion de Ceuta, pues ni por darla a un hijo mio lo
hiziera; perô llevome a eſte yerro alguna informaciõ menos cierta,
que la que es justo ſuene a los oydos reales. En eſto os confieſſo
mi culpa, i la condeno, pues di maior credito a una embidia, que a
la fama, que me aſſegurava de vos lo que aora veo. El daño es mio
ſolamente, pues me quito vueſtra perſona del pueſto, que mâs le
ajuſtava: pero mientras no ocupais los muchos, en que eſpero poneros,
para ſatisfazerme deſta offenſa, quiero, que aſsiſtais a mi lado,
dõde con vueſtro conſejo, i virtud me ſereis de igual utilidad, que
en Ceuta. Sus peligros tiene el aconſejar los Principes: no os doi
deſcanſo, ſino trabajo, ni premio, ſino merecimiẽto. Los q̃ grangeò
vueſtro valor en la guerra cõtinuarâ en la paz vueſtra prudencia: uno
i otro conſidero igualmẽte en vueſtro animo, con q̃ me obligais a no
reparar en edad tan deſigual para eßo, preciandome de elegiros por
conſejero, quando a penas llegais a veynte i quatro años._
Callô, i D. Duarte ſin alterarſe, ni enſoberbecerſe (ſiẽdo los favores
de los Principes poderoſos a deſcomponer la modeſtia del eſpiritu màs
hõrado) reſpõdio humilde, i agradable.
(21) Iurô con eſto de conſejero, oficio ſiẽpre de grande eſtima, i ſolo
de rieſgo en tiẽpo de un mal Principe; poco deſpues le hizo Alferez
maior, q̃ vacò por muerte de ſu padre, i le diò en propriedad la
tenencia del caſtillo de Beja, ciudad de la provincia de Alentejo, una
de las tres chancellerias, que los Romanos tuvieron en la Luſitania,
conocida por el nombre de Pax Iulia. A eſtos cargos añadiò algunas
rentas, i luego la muger; porque lo caſó con Doña Iſabel de Melo,
hija de Martin Alonſo de Melo cavallero mui conocido en las hiſtorias
Portugueſas, por ſu esfuerço, i calidad; viuda ya de Iuan Rodrigues
Coutiño; el qual no dexando herederos, lo fue D. Iſabel de los bienes
libres del primer marido, con que llevò gran dote al ſegundo.
(22) Eſtas, i otras mercedes tuvieron termino con la muerte delRey,
que ſucediò a breves dias deſpues, porque ſe cansò la fortuna de ver
premiar a un hombre, que lo merecia. Bolviò a picar la peſte en Avis,
i elRey huyẽdo della, como de daño irreparable, ſe paſſó a Thomar;
conociendo, que aquellas aflicciones eran pregoneros de Dios. Alli
enfermò herido deſte mal (a lo que algunos dizen) ſi bien otros le
dan por motivo el gran diſguſto, que le cauſó la perdida de Tanjar, i
ſaber los malos tratamientos, que padecia el ſanto Infante D. Fernando
en ſu cautiverio; por̃q viendo el de Fez, que ſe dilatava la entrega
de Ceuta, i que los Chriſtianos no paravan en ſus correrias penſó
reduzirlos con el mal trato, que hazia al Infante, de cuyo fin, i
virtudes diremos algo adelante.
(22) ElRey acabo de treze dias de ſu enfermedad, muriò a los nueve de
Septiembre, de mil quatrocientos i treynta i ocho, a los quarenta i
ſiete de ſu edad: perdida tan general creyeron pronoſticava el cielo
eſpantoſo, el año antes, con ſeñales. Vieronſe cometas de exceſsiva
grandeza, en diverſas partes. Padeciò el Sol eclypſe el miſmo dia de ſu
muerte: en la de ſu coronacion, le avisô un Aſtrologo gran judiciario,
i medico, por nombre Guedeja, reynaria poco, i ſiempre infelicemente:
fue tan verdadero, q̃ no durò ſu govierno màs que cinco años; ſiẽpre
con muertes, i entierros continuos. Los Portugueſes fatigados con
tantos accidentes hizieron grandes demõſtraciones en ſu muerte; por̃q
lo contavan entre los mejores Reyes que tuvieron; ſiendo tan ſabio,
i virtuoſo, como deſdichado: i quanto es dificil hallarſe un Rey tan
bueno, i querido, como el lo fue de ſus ſubditos, tanto màs lamentavan
eſta falta, perſuadidos, a que como es merced rara del cielo, un
Principe tal, raramente ſe alcançan otros ſemejantes. Dexô de la Reyna
Doña Leonor, hija delRey D. Fernando el primero de Aragon, i Cicilia,
cinco hijos: el Principe D. Alonſo, que ſucedio en el Reyno, quinto
deſte nombre, i el primero, que tomò aquel titulo, en vida del padre;
los Infantes D. Fernando padre, que fue delRey D. Manuel: Doña Leonor,
muger del Emperador Federico tercero: D. Catalina, que ſiendo deſpoſada
con el Rey de Inglaterra, muriò ſin concluyrſe el caſamiento: D. Iuana
ſegunda muger del Rey D. Henrique el quarto de Caſtilla. Con tan luzida
poſteridad, parece, que el cielo quiſo reſtituir deſpues de muerto, al
Rey, las fortunas, que merecia, ſiendo vivo.
(23) Al ſegundo dia de ſu muerte aclamarõ por Rey D. Alfonſo niño
de ſeis años en la plaça de Thomar, i luego juraron por Principe
heredero, en falta de que no tuvieſſe hijos, a ſu hermano el Infante
D. Fernando. Eſta diligencia diſpuſo la fidelidad, i valor del Infante
D. Pedro tio de ambos; porque notava como prudente inconvenientes, que
ſe atajavan por eſta via, aſſegurando la ſuceſsiò de ſus ſobrinos,
quando eſte Reyno eſtava lleno de tantos ſujetos Reales; que facilmente
podian aſpirar al ſupremo imperio, guiados de alguna ambicion, i de
otras novedades, q̃ por la maior parte ſe ocaſionan en los reynados
de Principes moços: tãbien ſe puede preſumir, q̃ la preuencion del
Infante, fue neceſſaria para grangear al pueblo, por el amor que
moſtrava a los niños; como prendas del Rey D. Duarte, cuya memoria no
ceſſavan de llorar affectuoſamente con el dolor reciente de ſu perdida.
(24) Aſsiſtiò D. Duarte en aquel acto, haziẽdolo, ſegũ la coſtũbre de
Portugal, cõ grãdes ceremonias; andãdo por las calles la nobleza, i los
eſtados: en los lugares màs publicos; rõpẽ el dia antes los eſcudos de
las armas reales, por el Principe muerto, cõ grãdes lutos, i lagrimas:
i luego al otro dia, veſtidos de gala, i alegria, diziẽdo a vozes: Real
real por el Rey de Portugal, ſe apellidã por todo el pueblo; ſiendo
en todo Reyno cõ real põpa; en la corte lleva el Alferez maior, el
eſtandarte arbolado el dia del alevantamiento. Cumpliò D. Duarte con
ſu oficio mui enteramente; i el Infante D. Pedro deſpues q̃ concluyò
todo lo q̃ tocava a eſte acto, convocò a cortes para aquel proprio
lugar; accion, q̃ acoſtũbran hazer todos los Principes en la entrada
de ſu govierno, para acariciar los animos, i conocer el que tienẽ los
ſubditos en ſu obediencia: auñq el Infante lo reſolviò con maior
neceſsidad por dar cũplimiento al teſtamẽto del Rey, en el qual, entre
otras diſpoſiciones ſobre la educaciõ de ſus hijos, dexava a la Reyna
ſu muger por tutora, i curadora de ellos, i governadora del Reyno,
mientras duraſſe el impedimiento de la edad del Rey.
(25) Causò deſabrimiento eſta reſolucion al pueblo, diziendo, como ſe
havia de ſufrir, q̃ haviendo en el Reyno los Infantes D. Pedro, D.
Iuan, i D. Henrique; Principes naturales, i cada uno capaz de qualquier
gran govierno, ſe le antepuſieſſe la Reyna eſtrangera; que de fuerça
no havia de ſaber los eſtilos, coſtumbres, i fueros Portugueſes, ni
librarſe de las imperfeciones, a q̃ el ſexo feminil eſtá ſujeto.
(26) Son tan varios los deſſeos, i diferẽtes los pareceres de los
hõbres, q̃ no ſe puedẽ hazer obras, ni dezir palabras, con aplauſo
general. Eſtas del pueblo tuvieron ſus contradiciones en la nobleza; i
aunque al principio no pareció màs que un juyzio ſuelto, i a penas con
fundamento; llegò poco a poco a hazerſe ſedicion popular, començando
por los inquietos, en corrillos, i lugares ſolos, haſta que penetrò a
los más apartados en las plaças publicas. Eligieron cabeça a propoſito,
i con motin ya declarado, con la ordinaria confuſion, con que ſuele el
pueblo deſsear las coſas; pidierõ al Infante D. Pedro por governador;
i entendiaſe, que en nada deſto era culpado el Infante, por ſu poca
codicia, i mucha modeſtia. Irritòſe la Reyna con la propueſta, i
como muger, que con facilidad ſe mueven a iras, i dificultoſamente
las diſsimulan; no ſe contentò con moſtrar ſu enojo, i publicarlo
con palabras aſperas contra el cuñado; perô notando, que ſu remedio
conſiſtia en haver ſeparacion entre los Infantes, por deſunirlos, i
grangear alguno, que ſe oppuſieſſe a la autoridad de D. Pedro; tẽtò
traher a ſy a D. Iuan; eſto por medio de ſus acreſcentamientos, que ſon
los que violentan, i deshazen la conformidad màs compueſta.
(27) Ordenava el Rey D. Duarte caſaſse el hijo con Doña Iſabel hija
del Infante D. Pedro; i eſtava eſte matrimonio tratado con cedulas ya
paſſadas, i aprovacion de los eſtados. Quiſo la Reyna trocarlo para una
hija de D. Iuan del miſmo nombre, que fue los tiempos adelante Reyna de
Caſtila, i madre de la catholica; peró el Infante rehuzando haſta la
pratica, ſe moſtró tan deſentereſſado en eſte particular, i amigo del
hermano, que en quanto viviò, jamàs ſe apartò de ſu amiſtad, ofendido
de la propueſta tanto, como deſpreciador de iguales offrecimientos.
La Reyna entonces halló acogida en el Conde de Barcelos D. Alfonſo,
el qual por ſer caſado con hija del Conde de Gijon, tia de la Reyna,
meſclando con el parenteſco conveniencias particulares; admitiô de
buena gana amparar ſu cauſa. Muchos otros cavalleros ſiguieron tambien
ſus parcialidad, llevados de ſus intentos, cuyas acciones, ni apruevo,
ni cõdeno; peró entre todos D. Duarte no deſdeñò el ſervirla; antes
aſsiſtiendola con la miſma fidelidad, que ſi fuera vivo el Rey ſu
marido, cumpliò con el agradecimiento, q̃ devia a ſu memoria; de màs
que a voto de los prudentes, ſu partido tenia entonces la maior parte
de fidelidad; porque el Rey niño eſtava debaxo de la tutela de la
madre: aſsi q̃ el tomar ſu voz, era acudir a la razon de ſubdito, a
quien no toca mudar goviernos, ſino obedecerles, i ſeguir la perſona de
ſu Rey dõde quiera que eſtè. D. Duarte advertido deſta obligacion, no
quiſo deſdezir de las que tenia por tantas cauſas.
(28) Mucho daño hizieron eſtas ſediciones a Portugal, por ſer ſu
medio, el que màs arraiga la quietud, i bien publico; aſsas examinado
en lo preſente; pues los accidentes, q̃ ſe originaron dellas, le
derribaron, i reduxeron a eſtado; que antes de repararſe bien, no huvo
aflicion, que no padecieſſen; i dolor, q̃ no le laſtimaſſe; ſiendo los
medicamentos, que le aplicaron para ſanar, medicos poco zeloſos del
bien publico, por ſangrientos, i entempeſtivos, los que le cauſaron
maior daño.
ARGVMENTO
DEL
LIBRO TERCERO
_GOvierno; inconvenientes, que reſultaron de la ambiciõ de la Reyna D.
Leonor. Oppoſicion, que hizo al Infante D. Pedro ſu cuñado. Como ſe
apartô D. Duarte de Meneſes de ſu bando, i el Infante quedò en cortes
con titulo de regente abſoluto. Diſcordias de Caſtilla, i ſocorros,
que le dio Portugal a cargo de D. Duarte. Renunciaciõ del govierno por
el Infante, en manos del Rey D. Alfonſo ſu ſobrino, yerno i pupilo.
Enemiſtad, i odios, con que le perſiguieron ſus emulos. Quienes eran,
i que cauſas tuvieron para eſte deſacierto: el q̃ moſtro el Rey en
armar contra el Infante. Su muerte, virtudes, i deſcendencia, i otras
coſas, que acontecieron deſde el año de treynta i nueve, haſta el de
cincoenta, i cinco._
VIDA DE
DON DVARTE
DE MENESES
TERCERO CONDE
de Viana.