Habia, eso si--y es natural--un número, pequeño despues de todo, de

gentes que vivian á la sombra de los monopolios de nuestro régimen

colonial, algunos poseedores de cincuenta y hasta cien esclavos, y, en

fin, un grupo de no gran valía, de interesados en el _statu quo_; pero

grupo poco importante así por el mérito de las personas cuanto por la

monta de los intereses.

El país era verdaderamente por tradicion, por sentimiento y hasta por su

situacion geográfica, liberal, siquiera no hubiese dado forma precisa y

acabada á sus aspiraciones.[33]

[33] Véase el libro del Sr. Labra: _La Cuestion de

Puerto-Rico_.--1870.

La revolucion de Setiembre de 1868 fué saludada con verdadero júbilo en

Puerto-Rico, sin que obstase á ello un pequeño motin, que luego los

conservadores han convertido en _insurreccion de Lares_[34], dirigido

por tres ó cuatro extranjeros, sofocado instantáneamente por las

milicias del país (no habia entonces _voluntarios_), al que el entonces

capitan general de la isla (el digno general Pavía, hombre del partido

moderado) calificó de mera _calaverada_, y que, atendido que brotó á

poco de la revolucion de Setiembre, en buena lógica debe suponerse

tramado en los tiempos de la _prevision y del rigor_ borbónicos.

[34] Véase el folleto del Sr. Hernandez Arbizu sobre _La

insurrecion de Lares_.--1869.

La voz del Gobierno Provisional, luego de votado en las Constituyentes

el art. 108 de la Constitucion actual, llamó al Congreso á los

representantes de la pequeña Antilla (sin duda para los efectos del art.

108 referido) y entonces comenzaron á ponerse en relacion todas las

personas que por pagar 500 rs. de contribucion al Estado ó ser

individuos de corporaciones científicas, empleados, jefes y oficiales

del ejército, doctores y licenciados y profesores de instruccion pública

eran electores, con arreglo al decreto del Sr. Lopez de Ayala, fecha 14

de Diciembre de 1868.

La isla se dividió en tres circunscripciones y en el momento de la lucha

electoral surgió una division entre los electores; division que no

entrañaba resistencia alguna á las reformas políticas, económicas y

sociales que eran de esperar, supuesto el voto de las Constituyentes,

sino que se referia al grado y alcance da las reformas; y en particular

la relativa á la esclavitud. Y buena prueba de ello es la alocucion que

en son de despedida dirigieron al país casi todos los diputados electos.

En ella se leen estos significativos párrafos:

"Vuestros diputados van á la madre patria, no en busca de medros

personales, sino á defender vuestros intereses y derechos, que son

los suyos y pedirán para esta Antilla _cuanto se necesite para su

regeneracion política, social y económica_, sin comprometer vuestra

tranquilidad y vuestra cara nacionalidad..."

"Esperad, pues, y oponed un corazon fuerte á toda seduccion;

aconsejad al que se estravie y manteneos unidos por los más

estrechos lazos de la fraternidad, que una vez rotos tarde vuelven

á reanudarse y solo dejan en pos de sí amargas lágrimas que

dificilmente se enjugan. Habitantes de Puerto-Rico, esperad _y

pronto os convencereis de que la España regenerada no concluye en

las playas de Cádiz_; esperad y vuestros diputados probarán que

saben cumplir como buenos."[35]

[35] Julio de 1869. Lo firman los Sres. Valdés Linares,

Vazquez Oliva, Hernandez Arbizu y Puig. Y en una nota se

consigna que no lo firman los Sres. Machicote y Esperanza por

haber salido ya para la Península.

Poco antes se habia publicado en Ponce (ciudad importante de Puerto-Rico

y cabeza de la tercera circunscripcion electoral) una exposicion al

gobierno de la Península entre cuyos párrafos habia algunos como los

siguientes:

"La revolucion de España, juntamente con otros acontecimientos que

se han venido sucediendo bajo distintas formas, han señalado

aquella, á las Antillas como la medida única y suprema de todos sus

sufrimientos, de toda su paciencia, de toda su lealtad. O entrar de

lleno á ser partícipes de las libertades de la madre patria ó rotas

sus ligaduras, no se les podria vituperar si en tan inesperado caso

procedieran por si mismas á atender á sus destinos."[36]

[36] _Diario de Sesiones_, Marzo de 1869.

Y esto lo firmaban D. Sebastian Plaja, D. Francisco Marich, D. Antonio

Arbizu, D. Luis Becerra, etc., etc., etc.

Las reformas, la asimilacion, el cumplimiento del artículo 108 de la

Constitucion de 1869 era hasta aquí la aspiracion unánime de los que á

poco se habian de separar por razon no de la cantidad y del grado, sino

de la esencia misma de las reformas. Pronto, empero, la division brota,

ya presentes los diputados puerto-riqueños en Madrid; y brota

decidiéndose los Sres. Plaja, Puig, marqués de la Esperanza, y Machicote

por el aplazamiento de las reformas políticas hasta que vinieran los

diputados de Cuba (esto es, aceptando el criterio del Sr. Romero

Robledo) y mostrándose, los mismos, decididos partidarios de la

conservacion de la esclavitud, como lo demostraron el Sr. Puig (_¡¡¡hoy

obispo de Puerto-Rico!!!_) en la junta creada por el Sr. Becerra en

Octubre de 1869 para proponer al gobierno las bases para la reforma del

órden político y social de la pequeña Antilla; el Sr. Plaja, en plena

Cámara Constituyente, abogando entre lacrimoso y asustado y en medio de

la indignacion del Congreso por la conservacion del castigo de azotes; y

los señores Esperanza y Machicote, siempre silenciosos y siempre

elocuentes, ayudando en la medida de sus fuerzas, las enmiendas

esclavistas del señor Plaja al proyecto de ley _preparatoria_ de 1870.

Sobre esta base se organizó en Puerto-Rico el partido conservador,

obteniendo, gracias á la existencia de los ministerios de conciliacion

de 1870 y 71, influjo y poder en la Capitanía general de Puerto-Rico y

medios en el ministerio de Ultramar (sobre todo en tiempo del Sr. Ayala,

es decir, durante el primer ministerio del rey Amadeo) para prodigar

favores á sus adeptos. Por aquel entonces parecia resignado no solo con

la ley _preparatoria_ de abolicion, sí que tambien con las leyes

municipales y provincial votadas para Puerto-Rico y la reforma de la ley

electoral que rebajó el censo á ocho pesos y dió capacidad á todo el que

supiese leer y escribir.

Pero llegan las elecciones de diputados provinciales y de diputados á

Córtes de 1871.

Entonces levanta bandera, usa el nombre de _conservador_ y declarando

que representa una política de _atraccion_, proclama la necesidad de

reformas administrativas y económicas y el principio de «la asimilacion,

mediante _profundas_ modificaciones de la Constitucion española de

1869.» ¿Cuáles eran estas modificaciones? ¿Comprendíase en esa

asimilacion la cuestion social? ¿Hasta qué punto se aceptaban las

conquistas hechas--las leyes de 4 de Junio sobre ayuntamientos y

diputaciones provinciales, la representacion en las Córtes españolas, la

ley electoral del Sr. Ayala con la modificacion del artículo adicional ó

de la ley de 3 de Enero de 1871 (que rebajó el censo á ocho pesos y dió

capacidad á todo el que supiera leer y escribir) y en fin, el decreto de

libertad de imprenta dado por el general Baldrich el 30 de Agosto de

1870, y en cuya virtud solo quedaba vedado tratar de la esclavitud y de

la integridad nacional, cometiéndose á los tribunales el conocimiento de

los delitos de imprenta?

Nada de esto decia el manifiesto conservador de 23 de Marzo de 1871,

venido al mundo despues de otro fechado el 11 del mismo mes y repartido

secretamente á los probables devotos de la nueva Iglesia, pero que por

su carácter agresivo y malsonante fué muy luego declarado apócrifo á

pesar de su perfecta verosimilitud.

Pero lo que el papel callaba, lo decian bien á las claras las gestiones

y los manejos de los se-dicentes conservadores, en el Ministerio de

Ultramar de la Metrópoli y los artículos y los sueltos de sus

periódicos--en particular, _El Español_, que por aquel entonces vino á

la luz para ser luego eclipsado por _El Debate_.

Las aspiraciones de los conservadores puerto-riqueños eran en realidad,

no dar un paso ni en lo relativo al artículo 108 de la Constitucion ni

al 21 de la ley _preparatoria_ del Sr. Moret: conseguir que no se

plantease la ley municipal: alzar el censo y escatimar el derecho de

sufragio; anular la diputacion provincial y sobre todo tener un capitan

general _suyo_, investido por de contado de las ámplias facultades de

los vireyes y capitanes generales, de leyes de Indias, con las que el

decreto de libertad de imprenta de Baldrich era ilusion y podrian

impedir la renovacion de los tres ayuntamientos de Puerto-Rico, Ponce y

Mayagüez (únicos en una isla de 600 habitantes) que quizá les quitase la

influencia que venian ejerciendo en ellos por el modo con que fueron

constituidos en 1869. Y consiguieron casi todo esto: todo menos lo del

censo.

El general Pulido, nombrado por el partido radical para sustituir al

general Baldrich se hizo conservador á la caida del ministerio

Zorrilla... y anuló la diputacion provincial puerto-riqueña con una

série de competencias que al fin ha resuelto el Consejo de Estado en

favor de aquella: y no renovó los ayuntamientos: y consiguió que la

prensa radical se limitase á teorizar, para enmudecer totalmente durante

las elecciones de diputados á Córtes, y en fin, _hizo_ unas elecciones

tales que su éxito sorprendió en Madrid á todo el mundo, inclusos el

ministerio y los mismos periódicos conservadores.[37]

[37] Véase el discurso del ministro de Ultramar, Herrera, en

la sesion de 7 de Mayo de 1872. _Diario de Sesiones._

Despues de la inesperada victoria de Febrero de 1872, el partido

conservador cambia de nombre: se llama _español_; y el general Gomez

Pulido da oficialmente cuenta de la lucha de los comicios y de los

candidatos respectivos de esta manera: general Sanz--_español_: general

Fernandez de Córdova--_radical_. De este modo pretendian los

conservadores puerto-riqueños (sólo uno habia nacido en la pequeña

Antilla) ser estraños á las contiendas políticas de la Península, al par

que marcaban á sus adversarios con la señal del antipatriotismo.

En honor de la verdad no consiguieron ni lo uno ni lo otro. Lo de la

_marca_, era soberanamente ridículo y bien lo condenó el Sr. Labra en su

discurso del 7 de Mayo de 1872 en medio de los aplausos de diversos

lados de la Cámara:

"He prometido, señores diputados, tratar con calma el asunto de las

actas de Puerto-Rico, porque no quiero que la pasion mia dañe á la

claridad del asunto y á la bondad de la causa. Por eso yo no he de

rechazar aquí, no ya con el desden, sí que con la santa ira que ha

de encenderse en pechos donde la lealtad se anida, la infame

imputacion que á las veces algunos menguados nos hacen, de que al

venir á abogar ante la Representacion nacional por los intereses de

la civilizacion, la causa de la justicia y la extension á nuestras

colonias de esos derechos consignados en nuestra ley fundamental

como propios é imprescriptibles del sér humano, y cuya consagracion

nos exalta y engrandece á los ojos del siglo XIX, despues de haber

aparecido ante el mundo como el lastre y compensador de toda la

historia, lo hacemos movidos de un resentimiento incalificable, con

ánimo de traer sobre nuestra Patria los desastres de una revolucion

que amanece por todos los estremos de nuestro imperio colonial;

amamantados, en fin, á los pechos de aquella perfidia

inmortalizada por el autor del _Príncipe_, y que tan cómodamente

hace su camino en el seno de los pueblos corrompidos y destrozados

por el despotismo. No; yo no he comprendido nunca cierto género de

acusaciones de esas que no se hacen cara á cara y frente á frente,

porque constituirian la mayor injuria posible, pero que sin embargo

van siendo muy admitídas en lo que se llama vida política, sin que

el mismo que las lanza crea que tienen más gravedad que la de la

mera suposicion de un error ó una falta. Y tan no lo comprendo, que

á mí nunca se me ocurriria suponer que aquí pudieran venir hombres

que levantando la bandera de patria trajesen oculto el puñal con

que hubieran de asesinarla á la faz del mundo civilizado."

"¡Cómo! ¡Quién tan menguado, quién tan miserable, que de tales

medios habia de valerse para satisfacer sus pasiones! ¡Cómo de

sospecharlo siquiera, lo habiais de consentir aquí! ¡Quién tan

villano que hubiera de venir aquí á engañar, estando Cuba donde

combatir! Y yo no necesito hacer protestas de ningun género, que

nadie tiene derecho á pedirme, que yo no consiento que nadie me

exija.--Y lamento haber hablado con cierto calor de este

particular. Perdóneme el Congreso la digresion."

"Pero es el caso que esto del españolismo de los unos y del

anti-españolismo de los otros es un arma muy del gusto de ciertos

conservadores de Puerto-Rico; y el anti-españolismo es

afortunadamente todavía un mote denigrativo en la pequeña Antilla,

no por los males que pueda acarrear, ni por las persecuciones que

pueda atraer, sino porque es una acusacion de deslealtad que afecta

gravemente al carácter de los hombres que uno y otro dia sostienen

que el interés de la patria no es el interés de un partido

determinado, y que con España pueden coexistir en nuestras Antillas

la libertad, los derechos, el órden que en las Antillas inglesas,

en la Australia y en el Canadá coexisten con el imperio de la Gran

Bretaña."

Respecto del apartamiento de las luchas políticas de la Península á poco

se levantó en el Congreso el Sr. Fernando de Vida á declarar que era

_alfonsino_, y al caer el ministerio Sagasta, y firmar los conservadores

ó constitucionales su protesta contra el partido radical triunfante y la

disolucion de las Córtes, aparecian con estos los Sres. Sanz, Sedano,

Cortés, Gallostra y demás diputados _españoles_ de la pequeña Antilla: y

en la reunion de los constitucionales del teatro Real voceaba, como

poseido de la fiebre, el ya famoso cubano D. Antonio Gonzalez Llorente,

diputado electo de Mataró y Mayagüez.

Pero llega la cuarta evolucion. Es en Julio. Está en el poder el partido

radical. Apróximanse las elecciones de diputados á Córtes y se acerca al

ministerio una comision de exdiputados conservadores pidiendo al

gobierno que desapruebe (por lo menos) determinadas candidaturas en

Puerto-Rico (las candidaturas _naturales_ de la isla) y se ofrecen á

conservar en las nuevas Córtes la autoridad de los diputados vascos. El

gobierno por de contado desoye tales proposiciones, resuelto á ser

neutral como pedian unánimemente los candidatos radicales; y envia á

Puerto-Rico de gobernador superior al Sr. D. Simon La Torre y de

secretario á D. José Ayuso.

Entonces el partido conservador de la pequeña Antilla toma una nueva

actitud, en relacion con la de sus amigos de Madrid. Se llama el partido

de _españoles sin condiciones_ y pretende torpemente introducir la

division en las filas de los radicales apoyando contra los Labra, los

Padial, los Blanco, los Sanromá y tantos otros perfectamente

caracterizados á los Sres. Gasset, Herrero, Romero Giron, etc., etc.

Tampoco el éxito corona sus esfuerzos y ante la seguridad de la derrota

proclaman el retraimiento... allí donde no podian luchar (á pesar de

tener suyos los ayuntamientos, las juntas de visita, la casi totalidad

de corregidores, la guarnicion y los empleados), en su famosa protesta

de 20 de Agosto de 1872: protesta que es solo un ¡ay! lanzado ante la

realidad de no poseer todos los medios de influencia y de coaccion que

hasta entonces habia tenido el partido conservador: pero nunca una

condenacion elocuente y terminante de las condiciones en que vive el

elector en Puerto-Rico y de los medios que las leyes, hechas, defendidas

y glorificadas por los conservadores mismos, ponen en manos del

gobierno, ora contra conservadores, ora contra radicales.

Desde este momento comprende el partido... (¿como se llamará luego?) que

tiene perdida la campaña. Su protesta es cuando más la mejor

demostracion contra las facultades omnímodas de los capitanes generales:

el éxito de la lucha electoral los pone en ridículo: su impotencia en

Madrid les arranca los medios de derramar cruces, marquesados y favores

de toda especie sobre sus devotos; la conducta enérgica del capitan

general los coloca en una actitud humillante; la severidad, la

inteligencia y el civismo del pueblo puerto-riqueño compromete su

causa--aquella _brillante_ causa que comienza con el manifiesto de Ponce

firmado por el Sr. Plaja en 1869 (manifiesto en que se amenazaba á la

Metrópoli) y concluye con la _inolvidable_ y celosa administracion del

_radical_ Gomez Pulido.

¡La esclavitud peligra! ¡El absolutismo agoniza! ¡Los monopolios se

cuartean! ¿Cómo callar? ¿Cómo permanecer tranquilos? ¿Por ventura no

pasó algo análogo en Julio de 1871? Pues ¡A las armas! ¡A la sorpresa!

¡A la difamacion! ¡A la calumnia!

Ahí está el general La Torre; pues fuego sobre él. Acúsesele de haberse

vendido á los conservadores por treinta mil pesos, para hacerles

traicion luego en el período de las elecciones. Acúsesele y es hombre

perdido. El gobierno tendrá que separarle y se repetirá la caida del

general Baldrich.

Cierto que desde luego resultaria que hay un partido ¡qué partido!!!--en

Puerto-Rico que se cree capáz de _comprar_ á la autoridad superior por

treinta mil pesos. Pero ¡qué importa! ¿No es ese el mismo partido que en

Cuba públicamente ha abierto en las columnas de sus periódicos, y á

ciencia y paciencia de la autoridad, una suscricion para pagar á los que

en la Península fuesen condenados por nuestros tribunales de justicia

por infamantes y CALUMNIADORES en la discusion de las cuestiones

ultramarinas? ¡Brava cosa! ¡Ya á nadie admiran estos recursos! A todo

nos tienen acostumbrados ciertas gentes!!! ¡Adelante! ¡Viva la

calumnia!!!

Ahí está el pueblo de Puerto-Rico. Pues caed sobre él. Haced correr que

la inquietud reina en la pequeña Antilla. Hablad de un motin... en

_Yabucoa_--como hace un año hablásteis de la espantosa insurreccion de

San Juan. Repetid lo del armamento de los separatistas y--¡horror!--de

la clase de color, que representa nada menos que el 60 por 100 de la

poblacion de Puerto-Rico. Volved sobre lo de la libre circulacion por la

capital y las costas de Puerto-Rico de Emeterio Betances, aquel honrado

médico, perseguido por _abolicionista_ hace diez ó doce años y á quien

la mala voluntad de las autoridades borbónicas lanzó al separatismo.

Gritad que los puestos de confianza y los cargos de alcaldes se dan á

los procesados de Lares: gritad que las familias acomodadas huyen de la

isla previendo graves y deplorables conflictos: insistid en que el

valor de la propiedad baja y en que los hacendados tratan á toda costa

de vender sus fincas..... Todo lo habeis dicho en Agosto de 1871: pero

no importa, repetidlo: repetid absolutamente lo mismo, que estas frases

son siempre de efecto, y el miedo es una debilidad frecuente de los

liberales.

Y si por ventura el cable trasatlántico se hubiera roto, aprovechad este

fracaso, y gritad por espacio de diez dias que no se reciben noticias de

Puerto-Rico; que las comunicaciones están interrumpidas, y que la alarma

cunde entre todas las personas que aquí residen y tienen intereses en la

pequeña Antilla. Y si teneis amigos--que si los teneis, y hasta

_íntimos!_--en el ministerio de Ultramar aprovechad sus indiscreciones y

asegurad en todos tonos que el capitan general llamado á Madrid por el

gobierno no ha contestado, á pesar de haber trascurrido ocho y diez

dias. Y no descanseis un momento: y repetid la noticia; y glosad los

sueltos..... y haced en fin, vuestro gusto, máxime si dais con algun

medio de conseguir que tal ó cual periódico reformista enmudezca, y de

que vuestra opinion sea la sóla que se haga escuchar en el estadio de la

prensa. Y luego preguntad si dada esta situacion son posibles las

reformas en Puerto-Rico!!!

Y así se ha hecho.

No parece necesario reproducir aquí los numerosos artículos é infinitos

sueltos que en la prensa conservadora y alfonsina han aparecido en todo

el mes de Noviembre sobre las primeras autoridades de Puerto-Rico, y

sobre la situacion de la pequeña Antilla. Hasta cierto punto el efecto

se ha conseguido.

El general La Torre ha sido llamado á Madrid por el gobierno á dar

esplicaciones--suceso que habia sido anunciado con mucha anticipacion á

Puerto-Rico por un telégrama de uno de los más conocidos representantes

del esclavismo, residente en Madrid. Y esto se unia con la exageracion

de los _españoles sin condiciones_ en la pequeña Antilla, con la

oposicion manifiesta de los jefes militares al capitan general de la

isla, con el aparatoso bullir y las comentadas reuniones de los

personajes del partido, allí donde, merced á los conservadores, no hay

derecho de reunion: con los ataques en _crescendo_ de los periódicos

reaccionarios de Puerto-Rico, dirigidos por funcionarios públicos que

hacian como ostentacion de su inesplicable conducta; con las

manifestaciones públicas, allí donde la ley las prohibe (no por gusto de

los radicales, en verdad), contra la política toda de la autoridad

superior (investida de las facultades escepcionales de las leyes de

Indias) á la cual se acusa de desleal y anti-española: hechos todos que

no parecen sino que obedecen á un plan preconcebido, en cuya virtud

debiera provocarse á la primera autoridad de la isla á determinadas

soluciones que aun siendo perfectamente legales (y perfectamente legales

son todas las del señor general La Torre, por la mera circunstancia de

estar en posesion de todas las atribuciones estraordinarias que nuestras

antiguas leyes conceden á las autoridades de Ultramar para el

mantenimiento del órden y tranquilidad de la tierra) darian pié para que

en Madrid se alzase un poderoso clamoreo contra los ataques de que

allende el mar eran víctimas los _españoles sin condiciones_.

De la misma manera, por espacio de un mes se han llenado los aires con

esclamaciones y denuncias del estado horrible de Puerto-Rico. Temerosa

la prensa ministerial, enmudeció en los primeros momentos; y bien

repartidos los papeles, los reaccionarios y esclavistas ultramarinos no

han cesado de solicitar la atencion pública aventurando todo género de

falsedades y haciendo esfuerzos estraordinarios para conseguir que en la

opinion de las gentes quede como verdad absoluta é incontrovertible que

el desórden reina en Puerto-Rico, y que en la pequeña Antilla es de todo

punto imposible cumplir los solemnes compromisos de la revolucion de

Setiembre, la abolicion de la esclavitud y la vida ordenada del derecho

y de la libertad.

VII.

Pero el tiempo ha pasado. Las _falsedades_ esclavistas han ido á

Puerto-Rico, y aquel pueblo se ha llenado de indignacion protestando

contra tantas calumnias y supercherías. MENTIRA ha sido lo de Yabucoa;

_mentira_ lo del armamento de los negros; mentira lo de la

intranquilidad del país. Por eso más de TREINTA MIL ciudadanos de

Puerto-Rico han elevado una esposicion al rey D. Amadeo; por eso los

vecinos de Yabucoa han dado un solemne _mentís_ á _El Debate_; por eso

han visto la luz pública todos los documentos que al final de estas

líneas verá el lector; documentos firmados por casi todo lo que hay de

inteligente, de rico, de digno en la quieta y liberal isla de

Puerto-Rico.

Atrévanse, atrévanse los esclavistas y reaccionarios á rectificar un

solo concepto: atrévanse los _españoles sin condiciones_ á discutir un

solo dato: Ahí están: ¡atrévanse!

Y conózcalos el público de la Península. Comprenda de que medios se

valen esos hombres para lograr sus inconfesables aspiraciones.

De una parte tratan de convencer á un partido honrado, digno de un

porvenir inmenso--_al partido radical_--que sus compromisos no son

aquellos que todo el mundo conoce, los consignados en manifiestos

solemnes, los reconocidos de un modo explícito por sus jefes y

directores. Y es de ver cómo acuden á todos los recursos, desde la

suavidad más mefistofélica hasta el apóstrofe más provocativo.

La situacion de Puerto-Rico Las falacias de los conservadores y los compromisos del partido radical · 第 3 / 7 段