perdicion tienen jurada) y le aconsejan y le excitan como si se tratara
de sus más caros intereses. Y es de ver cómo, variando de traje y de
posiciones, ahuecan la voz y le amenazan--¡ellos, los representantes de
la esclavitud y del absolutismo!--con la eterna maldicion de la
historia.
«Cuidad del laborantismo, le gritan unas veces. Desconfiad de las
sirenas que os salen al camino. Estad prevenidos contra la melosidad
criolla y el maquiavelismo americano. Allende el mar no teneis amigos:
vuestra ruina está decretada y no debeis caer en el lazo que se os
tiende con vanas palabras y protestas de un patriotismo que en América
solo los _nuestros_ sienten.» Y á este propósito recuerdan--¡qué
recuerdo!--la conducta de los diputados americanos de 1810 y de 1820,
siendo así que aquellos insignes varones, los Feliú, los Mendiola, los
Megía y los Navarrete, no cesaron un instante en anunciar al gobierno de
la Península que la revolucion y la separacion sobrevendria en el nuevo
mundo si las Córtes no accedian á tiempo, como no accedieron, á la
libertad mercantil, á la supresion de las facultades omnímodas de los
vireyes, á la abolicion de los estancos, las mitas y las formas todas
de la servidumbre del siglo XVIII.
«Volved en vuestro acuerdo--le gritan otros.--Hartas desventuras habeis
traido á la patria con vuestras exageraciones revolucionarias. Teneis en
peligro la dinastía: nos conducis á la bancarrota: no tiene en vosotros
garantía alguna el órden social. Sois los alentadores de la
Internacional: sois el pretesto de la demagogia: sois los enemigos del
clero: sois los antípodas de todo lo que hay de tradicional y respetable
en nuestra patria. Estais solos--á pesar de vuestra aristocracia
_haitiana_--pero cuidad de no coronar vuestra obra con el
desmembramiento de la integridad nacional. Temed los lazos que os tienen
preparados los demagogos americanos, los separatistas de Puerto-Rico.» Y
á este propósito vuelven los ojos al principio de este siglo, olvidando,
ó haciendo que olvidan, que si Venezuela se perdió fué por no querer la
regencia igualarla á las provincias de España y que la separacion de
Méjico la realizaron en 1822 los reaccionarios, los ex-inquisidores, los
magistrados, el famoso Consulado, resistiendo los decretos de nuestras
Córtes sobre señoríos, mayorazgos y bienes amortizados, como antes lo
habian intentado, en 1820, para dar asilo á Fernando VII, mientras en
España rigiese la inmortal Constitucion de Cádiz.
Pero no conseguirán su intento esos... _españoles sin condiciones_.
Aun cuando el partido radical pudiese caer en la celada--que no
caerá--los radicales puerto-riqueños, el pueblo de Puerto-Rico vencerá
al cabo todas las dificultades.
El sabe de memoria las palabras de Argüelles en 1837, en el momento de
la espulsion de los diputados ultramarinos. «No os condenamos al
absolutismo...»
El ha recordado dia por dia aquella promesa de treinta años, consignada
sin ulterior resultado, en todas las constituciones de España. «Las
provincias de Ultramar serán regidas por leyes especiales.»
El no ignora aquellas frases concluyentes con que en 1865 el ministro
Cánovas del Castillo llamaba á Madrid á los representantes de los
ayuntamientos antillanos para discutir las bases de la reforma
ultramarina:
"Los adelantos científicos y literarios que se notan en ambas
Antillas: su riqueza actual, que en la primera de ellas puede
competir con la de los estados más florecientes de Europa y del
continente americano; la creciente estension y la importancia de su
comercio esterior, todo las coloca ya en una situacion escepcional
que requiere leyes y medios bien distintos de los que existen en
las demás provincias ultramarinas y de los que hace algun tiempo
habrian necesitado y reclamado ellas mismas."[38]
[38] Preámbulo del decreto de 25 de Noviembre de 1865.
Él repite á cada instante las palabras con que el Gobierno Provisional
de 1868, por conducto del ministro Lopez Ayala, anunció su advenimiento
á las colonias españolas:
"El alzamiento nacional, propagado con espontánea rapidez desde la
bahía de Cádiz hasta las playas de San Sebastian no se ha llevado á
cabo en beneficio esclusivo de los habitantes de la península, sino
tambien de nuestros leales hermanos de Ultramar, que al escuchar el
eco de nuestra victoria, siendo próximo el momento de ver
realizadas legítimas esperanzas, y nobles aspiraciones, en nada
opuestas á su íntima union con la metrópoli, antes engendradas por
el deseo de renovar, fortalecer y estrechar los antiguos vínculos
entre los apartados territorios que constituyen la nacion española.
Comprendiendo el Gobierno Provisional que la estension de los
municipios proclamados por la revolucion debe ser proporcionada á
su intensidad, no ha vacilado en su manifiesto del 25 de Octubre
que las provincias ultramarinas gozarán de las ventajas de la nueva
situacion é intervendrán con su inteligente criterio y con su voto
en la resolucion de las árduas cuestiones políticas,
administrativas y sociales, que tanto interesan á la poblacion
antillana. En el documento citado ha condensado el gobierno los más
culminantes dogmas de la revolucion consumada y entre ellos ha dado
con leal franqueza el debido lugar á la reforma del régimen de las
islas de Cuba y Puerto-Rico, dignas por su numerosa, rica é
ilustrada poblacion de adquirir y ejercitar derechos
políticos."[39]
[39] Circular del 27 de Octubre de 1868.
Él tiene grabadas en el alma las frases con que el ministro Becerra
recomendaba en 10 de Abril de 1870 al Regente del reino la creacion de
una comision encargada de discutir y proponer á aquel las bases á que
debian sugetarse los proyectos de ley convenientes para hacer la reforma
política y administrativa y realizar la abolicion de la esclavitud en la
isla de Puerto-Rico.
"Una deplorable y pertinaz tradicion de despotismo, que si pudiera
justificarse en sus comisiones carece de toda razon en los
presentes tiempos, encomendó la direccion y manejo de nuestros
establecimientos coloniales á los agentes de la Metrópoli, anulando
ante su prepotente y exclusiva autoridad las fuerzas vivas del
país, la actividad creadora y fecunda de los individuos que se
gobiernan á sí mismos y aunque en la época moderna el sistema haya
mejorado alguno de sus detalles, dejándose sentir menos la accion
avasalladora de la autoridad, todavía se ostenta muy saturado del
error de orígen, á lo cual contribuyen la pesadumbre de la
tradicion y la influencia necesaria de los intereses creados á su
amparo, que sin duda merecen respeto en cuanto sean conciliables
con las exigencias de la justicia, con el bien comun y con las
ideas en que debe inspirarse todo sistema liberal. Urge, pues, un
cambio de sistema así político como administrativo... Y si la
necesidad de la defensa del territorio impide temporalmente á la
revolucion española ejercer su influencia política en la más
preciosa de las Antillas, no sucede lo mismo con Puerto-Rico, y
libre el gobierno de los justos recelos que le asaltan respecto de
Cuba, pudiendo escuchar la autorizada voz de los enviados de
aquella isla cuando se trata de alterar radicalmente el sistema
político y social que en ella rige, conviene mostrar valerosamente
cuan enérgica, cuan honrada y sincera es su voluntad de llamar á
las colonias al pleno goce del derecho y á la entera participacion
en las grandes conquistas de la civilizacion moderna."[40]
[40] Preámbulo.--Véase _La Democracia en el ministerio de Ultramar_.
Todo esto lo sabe el pueblo de Puerto-Rico y al igual siente y conoce su
tristísima situacion. El libro 3.º del Código de Indias (leyes del siglo
XVII) es la base de su derecho político, porque es el fundamento del
poder de los capitanes generales, no intervenidos ya por las audiencias
(que eran una garantía) y cuya responsabilidad es absolutamente nula
desde que los famosos juicios de residencia que se abrian en la
Península al terminar cada autoridad el período de su mando, ó no se
abren ó han venido á reducirse á una vana fórmula. Las leyes de Partidas
(esto es, leyes del siglo XII) constituyen el punto de referencia y el
testo fehaciente de su órden penal, complicado, como poco ha se decia en
el Congreso, con la penalidad de las ordenanzas militares aplicable en
infinitos casos, mediante los consejos de guerra y el estado de sitio
que parece la situacion normal de las colonias españolas.[41] El
decreto de 1846 es el fundamento de lo que allí se llama el órden
municipal, es decir, la negacion del municipio (que habia existido en
Puerto-Rico próspero y feliz desde 1836) mediante la reduccion del
número de ayuntamientos á tres poblaciones en toda la provincia,
mientras al resto se las dotaba de juntas de visita nombradas _ad
libitum_ por la autoridad superior, limitándose el derecho de sufragio
para aquellos, á un grupo de mayores contribuyentes y reservándose el
capitan general la facultad de nombrar alcalde y asignarte sueldo. La
propiedad vive en las condiciones de la Novísima Recopilacion, sin
registro y sin las nuevas formas que hoy hacen imprescindibles en todos
los países civilizados, las leyes hipotecarias. La familia yace sometida
á las exigencias religiosas, á pesar de haberse llevado á Puerto-Rico,
por un decreto de la Regencia, la libertad de cultos, sin que le
siguieran las leyes sobre matrimonio civil... Y al lado de esto las
aspiraciones despertadas por la ley electoral, por el establecimiento de
la diputacion provincial, y por la ley preparatoria de 1870. ¡Puede
darse situacion más violenta!
[41] Discurso del Sr. Labra sobre aplicacion del Código penal
de la Península á Ultramar.--_Diario de Sesiones._ Octubre, 1872.
Porque el _statu quo_ es posible por muchos años y aún por siglos
mediante el procedimiento del Paraguay. Apartados de todos los pueblos:
cercados de una muralla de hierro: sumidos en añejas preocupaciones y
sin poder levantar la vista y enviar la mirada en busca de nuevos
horizontes, es dable resistir por bastante tiempo á la ley del progreso;
aunque á la postre se haya de pagar caro esta tranquilidad y esta
satisfaccion aparente. Pero en Puerto-Rico esto era de todo punto
imposible, desde el momento en que el absolutismo (que perdió los reinos
de América por no reconocer la libertad del tráfico) tuvo que abrir el
comercio de nuestras Antillas al extranjero; y desde que la revolucion
llamó á los representantes de la pequeña Antilla al seno del Congreso
español, producto de las agitaciones revolucionarias de la Europa
contemporánea y saturada de los principios de la democracia moderna,
cuyas grandezas habian de admirar y aprender en el augusto recinto de
las Córtes los hijos de aquel país esclavizado, si por acaso antes no
habian llevado á sus oidos, (en medio de la legislacion de los estados
de sitio y en lo más profundo del régimen colonial) palabras de
libertad, las refrescantes brisas del mar de los trópicos y el aura
embalsamada de las hermosas playas de la América libre.
Pues bien: los pueblos conquistan su derecho de dos modos: con las armas
ó con el civismo. Las armas son el medio de las revoluciones; y las
revoluciones, que siempre entrañan males sin cuento, cuando no están
_absolutamente_ justificadas, por lo insoportable de la situacion y la
imposibilidad perfecta de echar mano á otro recurso, producen males
superiores al que pretenden remediar. El civismo es otra cosa: es la fé
viva en los principios: la confianza absoluta en la ley providencial del
progreso: el dominio de sí propio: la discrecion en los momentos
difíciles: el aprovechamiento de todos los detalles y de todas las
conquistas que hace precisa é inescusable la marcha del siglo, para
asegurar la posicion y levantarse á nuevos goces.
Puerto-Rico no puede dudar en el momento actual: no ha dudado. Las armas
es el suicidio. Eso es lo que desean sus enemigos. A ello le escitan con
sus falsedades, sus insultos y su tiranía.
El civismo! este es el gran recurso para llegar al logro de sus justas
aspiraciones y á la consagracion de sus incontestables derechos. Y este
civismo lo demuestra Puerto-Rico:
Despreciando las provocaciones infames[42];
[42] Véanse los artículos de _La Discusion_ sobre la situacion
de Puerto-Rico. Julio, 1871.
Practicando á maravilla los derechos que la Metrópoli le reconoce[43];
[43] Véase el discurso del ministro Sr. Moret, en la sesion
del Congreso de Junio de 1870.
Emancipando espontánea y desinteresadamente á gran número de sus
esclavos[44];
[44] Véase la _Gaceta de Madrid_ de 31 de Agosto de 1872.
Y reclamando por medio de sus diputados á Córtes el cumplimiento de los
preceptos terminantes de las leyes:
DEL ART. 108 DE LA CONSTITUCION DE 1869--que entraña la proclamacion de
los derechos _naturales del hombre_ en Ultramar;
DEL ART. 4.º TRANSITORIO DE LAS LEYES SOBRE MUNICIPIOS Y DIPUTACIONES
PROVINCIALES, DE JUNIO DE 1870;--que exige la separacion de los mandos
militar y político en la pequeña Antilla y la consagracion de la vida
municipal;
Y DEL ART. 21 DE LA LEY PREPARATORIA, DE JULIO DE 1870, PARA LA
ABOLICION DE LA ESCLAVITUD--que implica la abolicion definitiva é
indemnizada de la servidumbre.[45]
=Un Puerto-Riqueño.=
1.º de Enero de 1872.
[45] Véase el discurso del Sr. Labra en la sesion del 21 de
Diciembre de 1872.
APÉNDICE
Número I.
Exposicion que treinta mil habitantes de Puerto-Rico hacen al rey D.
Amadeo I.
SEÑOR:
Los que suscriben, individuos de todas las clases de esta Isla,
hacendados, comerciantes, capitalistas, industriales, profesores y
artesanos, afiliados todos al gran partido radical, y leales y fieles
defensores de la nacionalidad á V. M. con el más profundo respecto
exponen: Que cuando comenzaba esta provincia á disfrutar paz y
tranquilidad unidas al más perfecto órden bajo el mando paternal y
justiciero del Excmo Sr. D. Simon de La Torre, á quien V. M. confió su
gobierno; cuando alentaba la más dulce esperanza de que continuando
dirigidos sus destinos por la recta y entendida mano de tan dignísimo
Jefe, se abriría á su porvenir la senda de progreso y de bienestar á que
aspira, y que hasta ahora por circunstancias históricas y excepcionales
no habia podido alcanzar, se ha propalado el alarmante rumor y la
infausta nueva, de que los adversarios á nuestras reformas y enemigos de
toda libertad en este suelo, poniendo en juego sus poderosas influencias
y usando de las terribles armas de la calumnia y la mentira, trabajan
con incansable ardor para sorprender el ánimo de V. M. y su gobierno,
con el fin de obtener que sea relevado del mando superior de esta Isla
el Excmo Sr. General Latorre y su Secretario D. José Ayuso.
Profunda sensacion ha causado y no podia menos de causar esa noticia; si
los planes interesados de esa agrupacion llegaran á realizarse,
Puerto-Rico esperimentaria una sensible pérdida, viendo desvanecerse en
un momento sus legítimas aspiraciones de mejoramiento en su régimen
político y administrativo.
No es de creer que esas maquinaciones prevalezcan, y que V. M. de oidos
á lo que notoriamente es sólo un ardid de partido para conseguir fines
determinados; pero la sola idea de que tal cambio pudiera efectuarse por
consecuencia directa ó indirecta de los activos é infatigables trabajos
de nuestros adversarios, mueve á los firmantes á elevar hasta V. M. su
respetuosa voz con objeto de que la verdad se abra paso y conozca V. M.
de una manera fehaciente la opinion y el deseo de la inmensa mayoría de
esta leal Provincia, que sólo aspira á que en ella reinen la justicia y
el órden, vínculos que la estrechen más y más con la Madre Patria por
cuya gloria y honra darian todos sus vidas y sus bienes.
Los que quisieran el estacionamiento del régimen colonial en esta
Antilla, incompatible con la gloriosa y trascendental revolucion de
1868, que conquistó la libertad para España, de que formamos parte
integral, y que dió por resultado la elevacion al trono de V. M. y su
dinastía para felicidad de la Nacion; los que á todo trance ansían que
se perpetúe ese funesto régimen; los que aman ardientemente esa
situacion política á cuya sombra han medrado con el privilegio y el
monopolio; los que aborrecen la libertad en este suelo porque comprenden
que siendo fuente del órden y de la justicia, caerán esos privilegios y
la igualdad del ciudadano ante la ley y en la ley los despojará de la
influencia y preponderancia indebidas, que por aquellos medios han
logrado y logran todavía; los que tan mal quieren á la noble España que
por su interés egoista prefieren verla aquí arbitraria é injusta antes
que liberal y noble, no omiten medios por reprobados que sean para
alcanzar sus torpes fines.
El Gobierno recto, muy recto del ilustre general La Torre, desde el
momento en que arribó á estas playas desconcertó y disgustó á esos
hombres. Acostumbrados á ser oidos y atendidos en los consejos del
gobierno, y á que sus ideas se practicaran; formando, si así puede
decirse, una administracion y un régimen gubernativo á su antojo y
sabor, la primera vez que una firme y justa autoridad celosa de sus
deberes cerró los oidos á toda exigencia y á toda insinuacion, y sin más
norma que la ley y la justicia distribuyó esta por igual entre todos los
habitantes de la provincia y á todos dispensó la misma proteccion; desde
ese momento el despecho y la ira encendieron sus corazones y
concentraron todas sus fuerzas para volver á la antigua situacion
perdida y echar por tierra sin consideracion ni miramiento alguno el
obstáculo que se oponia á sus planes.
De ahí su actitud hostil y osada en esta provincia; de ahí las
frecuentes alarmas con que han tratado de mantener intranquilo y
temeroso al país; de ahí sus contínuas reuniones y aparatos; de ahí sus
protestas irrespetuosas y sus escritos llenos de saña y de veneno en
los periódicos que aquí sostienen; de ahí, por último, las groseras
calumnias, las torpes mentiras, las falsedades escandalosas con que los
órganos de su devocion en la prensa de la Metrópoli intentan desfigurar
los hechos y la verdad, y sorprender y estraviar la opinion pública,
fingiendo que esta provincia se halla en el más triste estado de
desórden y de anarquía, y presentando á su digno gobernador como el jefe
del partido radical, á quien apostrofan con el calificativo injurioso de
partido filibustero y separatista que conspira contra la integridad de
la nacion.
No cabe ni cupo jamás tal osadía en inteligencia humana. Se concibe la
lucha legal y moderada entre dos partidos que disputan el triunfo y la
influencia en el poder. Se concibe la emulacion de las agrupaciones
políticas, que atentas á la felicidad de la patria comun, batallan en
noble lid, se esfuerzan en conseguir la victoria y usan de armas dignas
y lícitas. Pero no se concibe ni puede concebirse que con la vista fija
en un censurable egoismo, sin amor ni fé por la patria, que sin embargo
se toma por pretesto, haya un conjunto de hombres que quieren
sacrificarlo todo, justicia, derecho, consecuencias, libertad, moralidad
á sus planes funestos y verdaderamente perturbadores de la prosperidad y
el reposo de esta Isla.
Esa es la táctica, ese el sistema empleado por los hombres que en esta
Antilla se llaman defensores de la nacionalidad y se abrogan el
privilegio exclusivo de ser los únicos españoles que aquí alientan.
Esos hombres, penetrados de que la justicia no puede oscurecerse,
convencidos de la que asiste á esta Provincia para pedir los derechos de
ciudadanía, que como miembros de la Nacion Española la pertenecen, sin
poder contener el oleaje impetuoso de la revolucion justa y radical
verificada en la Madre Patria, que prometió esos derechos y las reformas
consiguientes, no encontrando razon alguna que oponer ni fundamento en
que apoyar la negativa al nuevo estado de cosas prometido, han apelado á
ese odioso medio de calumniar al país, llamándole enemigo de España y
confundiendo la reforma con la aspiracion al separatismo, para
ennegrecer con esa fea mancha á todo el que no sea de su opinion y ame
la libertad en esta tierra.
Así se explica lógicamente esa falsa imputacion, que prodigan al partido
radical de Puerto-Rico, y que utilizan en todas ocasiones. Es indigno
tal calificativo. No, Puerto-Rico es fiel y leal. Puerto-Rico ama á la
Patria con el mismo cariño que sus demás provincias hermanas.
Puerto-Rico guarda en su historia elocuentes ejemplos de su lealtad.
Puerto-Rico tiene en su vida pública atestados infinitos de su adhesion
y amor á la Metrópoli. Puerto-Rico no abriga más que españoles. La
inmensa mayoría de sus habitantes, aspira, es cierto, á la libertad,
pero con España, dentro de España, siguiendo su misma suerte. Esa
mayoría inmensa á que los monopolizadores de la nacionalidad apellidan
enemigos de la Patria, porque quieren reformas y libertad; esa mayoría
es más española que sus detractores, porque obedece y acata las
prescripciones del poder supremo, porque se conforma y cumple los
mandatos de sus autoridades, mientras que ellos, los que más gritan su
españolismo, no aman otra España que la que forjan sus intereses, la que
puede servir á favorecerlos, y se rebelan contra el Gobierno, y luchan
con las autoridades superiores, que desprestigian y amenazan osadamente
con la _rebelion de la lealtad_, cuando el poder no favorece esos
intereses y no dispensa injusta proteccion á sus planes.
Esta es la situacion actual. Ese grupo refractario á la libertad es
enemigo de lo existente hoy en la Madre Patria, y no lo oculta en sus
publicaciones. Es enemigo de nuestra primera y superior autoridad,
porque no coadyuva á sus deseos, porque no se hace instrumento de sus
proyectos, porque no sigue el curso que otros han seguido
desgraciadamente.
Por eso la injuria, la mentira y la calumnia. Por eso su inaudita
audacia. Al general La Torre, al digno y buen militar, al leal español
que ha derramado su sangre tantas veces por la Patria, al cumplido
caballero, modelo de honradez y de decoro, lo suponen partidario y jefe
de un partido separatista imaginario, entregado á sus influencias,
rendido á sus deseos y conspirando contra la nacion, perseguidor
acérrimo de sus defensores en esta provincia. Por fortuna, semejante
suposicion está desmentida de antemano por los antecedentes de tan digna
autoridad, y por la conciencia pública de los hombres honrados de esta
Isla.
El Excmo. Sr. General La Torre al encargarse de su mando se encontró
rodeado de elementos hostiles á las ideas que venia á plantear, de
elementos afines á las situaciones anteriores; en la administracion y en
la milicia era grande el número de sus desafectos, y cruda la guerra que
desde el primer dia le hicieron los intransigentes sostenedores del
_statu quo_, los que á la sombra de los abusos é injusticias del régimen
colonial habian predominado hasta entonces en el gobierno del país.
Hechos públicos referentes á las elecciones de Diputados á Córtes lo
demuestran, y sin embargo, atravesando esas difíciles circunstancias,
con todas esas contrariedades, una autoridad nueva en esta provincia y
sin conocimiento anterior de ella todo lo armonizó, todo lo superó, y el
país goza de una tranquilidad y de un órden admirables, sin que hasta
ahora haya tenido que lamentar la más mínima desgracia ni el más ligero
tumulto; que si los denuncian en sus periódicos mercenarios los
adversarios de nuestros derechos políticos, no son mas que creaciones
fantásticas de su imaginacion mal intencionada.