Y sobreviene el inesperado cambio del mes de Junio de 1872. Sube al

poder el partido radical, y los radicales de Puerto-Rico alzan bandera,

pidiendo no los goces del mando, no la reparticion del presupuesto, sí

que el cumplimiento exacto de los compromisos del partido y de las

promesas legales de 1869 y 1870.

IV.

Y esto así ¿se comprende, que los enemigos encarnizados del partido

radical se atrevan á sostener uno y otro dia que el radicalismo no está

obligado á intentar reforma alguna, ni política ni social en la isla de

Puerto-Rico? ¡Pues se atreven! Y llegan á más: llegan á afirmar con una

frescura y un aplomo piramidales que los compromisos del partido son de

no tocar al _statu quo_ en la _pequeña_ Antilla mientras no se resuelva

la cuestion en Cuba! Y no es lo sorprendente que esto se diga por

ciertos periódicos y ciertos hombres políticos que están en frente del

partido dominante y que sin embargo, presumen de tal habilidad y tal

elocuencia que piensan han de seducir y envolver á los radicales; lo

extraño, lo peregrino, lo maravilloso es que haya radicales que por un

solo momento se detengan en estas afirmaciones y estos consejos.

Bien es que las huestes del radicalismo triunfante no son las mismas que

ayer figuraron en la oposicion ni de seguro, las que hayan de resistir

compactas al ataque, el dia de la desgracia. Mas por lo mismo, conviene

que se dividan los campos, se conozcan las caras, y se muestren las

enseñas.

¡Ah! Uno de los graves errores del gran partido liberal de nuestra

patria ha sido no comprender que los enemigos de la libertad en América

eran los mismos que aquí en la Península odiaban la libertad. Morillo,

Elío, Monteverde, Venegas, Calleja y casi todos los generales que

pelearon en 1811 y 1820 en la América meridional contra los americanos,

fueron los mismos, absolutamente los mismos, que aquí luego se ponian al

servicio de los famosos _Persas_, y escribian en el martirologio del

liberalismo peninsular los nombres de Torrijos y el Empecinado.

Los mismos que en la regencia de Cádiz, en las Córtes de 1810, y en las

dos legislaturas de 1821 y 22 se opusieron á la libertad mercantil en

América, á la abolicion del tráfico negrero, á la estension de la

Constitucion gaditana al Nuevo Mundo, á la supresion de ciertas gabelas

y ciertos monopolios contra los que sin cesar, y desde el primer dia,

protestaron los diputados americanos, fueron los mismos que aquí

trabajaron luego por la ruina del bando liberal, haciendo traicion, como

Lardizábal, á los hombres de Cádiz ó echando, como Toreno, las bases del

partido moderado.

¡Ah! Es que no hay nada más incontrastable que la lógica de las ideas y

el correr de las cosas necesarias. Es que, como decia el gran Lincoln al

decretar la emancipacion de cuatro millones de negros: _¡Un pueblo no

puede ser mitad libre mitad esclavo!_ Es que Dios no permite, ni á

pueblos ni á individuos, el pleno goce de la libertad si antes no hacen

en su altar el sacrificio de la tiranía: testigo Polonia: testigo

Italia.

Por eso ¡ay! del partido radical si hoy que está solo en el poder, hoy

que asume todas las responsabilidades, hoy que tiene en su mano la

gloria de la patria, por frívolos pretestos ó por miedos pueriles niega

su dogma de _los derechos naturales_, en América: ¡ay! si por respetos

inesplicables, tal vez por consideraciones torpes y menguadas á un

puñado de hipócritas que quizás han buscado los pliegues de su bandera

para resguardarse del huracan revolucionario y adquirir fuerzas para el

negro dia de las traiciones y de las venganzas, retrocede en el camino á

que la voz de sus deberes le llama y olvida la palabra de guerra con que

comprometió en tres luchas, en los comicios puerto-riqueños, á los

habitantes de una isla que siempre ha pagado tributo y enaltecido con su

propio ejemplo, la clásica lealtad española!!

Pero si hubiera alguna duda de esta forzosa cuanto natural intimidad de

los intereses de la reaccion allende y aquende los mares, desaparecia

para todo observador un tanto avisado, reparando lo que ha surgido en

Madrid desde el instante en que los reaccionarios y esclavistas

ultramarinos han llegado á entrever que el gobierno radical persistia

en cumplir los solemnes compromisos á que viene obligado.

Desde aquel momento se ha comenzado un enérgico llamamiento á todas las

fuerzas políticas y sociales en contra de la actual situacion política.

Cierto que los voceadores han puesto todo su empeño en quitar al

movimiento un carácter político bien pronunciado, y hasta se han

atrevido á afirmar que la protesta que hacian contra los presumidos

proyectos del Gobierno era estraña á todo interés de partido. Se

trataba, segun ellos, de una _cuestion nacional_; se trataba de un

interés superior á los esclusivos de los diferentes bandos que pretenden

la direccion de los destinos del país, y quizá más el monopolio de las

satisfacciones y los provechos del poder; se trataba, en una palabra, de

la integridad nacional, de esa causa que nos lleva costados 60 millones

de pesos y sobre setenta mil soldados, mas por la que estamos dispuestos

á hacer todo género de sacrificios, sin discutir las condiciones ni la

cantidad.

Harto se comprende la intencion del propósito. Este es el instante de

allegar fuerzas, de obtener prosélitos. Es preciso que el honrado

agricultor de Castilla, ó el fabricante de Cataluña, ó el paisano de

Asturias y Galicia no recuerden al hacer su viaje y prestar su

cooperacion, respondiendo al _clamor_ que se dice _de la lealtad_,

cuales son sus compromisos en el órden político de la Península y que de

reflexion en reflexion, vengan á caer en que es imposible, es moralmente

imposible, ser liberal en esta tierra para prestar ayuda al absolutismo,

cien leguas más allá, y que no cabe en la armonía de las cosas sociales

que el mismo que aquí ha protestado contra los señoríos, la mano muerta,

el régimen de los Borbones y la intolerancia religiosa, sea el que con

entusiasmo ampare y defienda en un mundo nacido por la libertad y

predestinado á la democracia, la ley de sospechosos, la confiscacion y

la esclavitud. Para evitar esto nada como un llamamiento á las pasiones,

que no permiten la calma ni el juicio; nada como una invocacion potente

al sentimiento nacional. _¡España está en peligro!_ Volad en su ayuda,

heróicos almogávares, soldados de Cortés, defensores de Zaragoza, hijos

del Cantábrico, voluntarios de Ceniceros, de Bilbao y de Madrid!!

¡Pero notadlo! En este instante ¿quiénes toman la direccion del

movimiento? ¿Acaso los hombres del partido liberal? ¡Oh! no; los

personajes del antiguo régimen; los dinásticos dudosos del partido

constitucional; los jefes del ministerio poco hace caido por sus

violencias sobre la máquina electoral, por el convenio de Amorevieta y

por su deseo vehementísimo de gobernar al país con el sable y el

calabozo, mediante la suspension de las garantías individuales. ¡Y sobre

ellos un grupo de comerciantes de Bilbao, de Barcelona, de Santander, de

Cádiz, de Sevilla, de Valencia, que recuerdan á aquellos comerciantes de

Cádiz de 1810 que consiguieron de Lardizábal que retirase el decreto

sobre libertad de comercio de los reinos de América para que ellos

pudiesen continuar sus monopolios, aunque dos años más de intolerancia

mercantil nos hicieran perder las vastas provincias del Nuevo

Continente, la víspera de ser forzados por la ley inescusable del

tiempo, á reconocer esa libertad tan combatida y tan calumniada en las

islas de Puerto-Rico y Cuba!

¿Qué quiere decir esto?

Que no, no es verdad que el partido radical pueda ser indiferente á las

reformas ultramarinas. Aun cuando no tuviera compromisos perfectamente

definidos, sobre su voluntad estaría la naturaleza de las cosas. Lo

semejante llama á lo semejante.

Vedlo sino. Dudad un momento de que el partido radical caiga en el lazo;

pues se organiza la resistencia como se debe organizar: cada hombre va á

su puesto, al puesto que le tienen designado sus antecedentes y sus

intereses. Y la lucha toma el carácter que debe tener: la lucha de la

reaccion contra la libertad.

Suponed que el partido radical titubee, buscando pactos con la

conciencia; suponed que el partido radical retroceda...; pues en seguida

volverán esos elementos y esos hombres á buscar refugio en los pliegues

de la bandera nacional, para ejercer desde allí su influencia en la

marcha de la Revolucion, para fortalecerse y buscar la oportunidad de

caer sobre estos pobres revolucionarios que no habian sabido mas que

despedir á una reina que nadie se habia cuidado de amparar; reina de los

favores y señora de los banquetes, viuda del dolor y solitaria de la

desgracia.

V.

Pero si son asombrosos--por lo audaces y lo inverosímiles--los esfuerzos

de los reaccionarios y esclavistas para convencer al partido radical de

que sus compromisos están por la reforma ultramarina y su interés no

corre pareja con el de la libertad en América (lo cual no obsta para que

por admirable coincidencia los periódicos que aquí más defienden el

_statu quo_ ultramarino, y cuya vida se refiere más ó menos á la vida

del esclavismo americano sean precisamente los que en el órden de la

política peninsular más enérgica oposicion hacen al partido que

domina)[27]; pero ni causa maravilla el empeño de estas gentes en

convertir lo blanco en negro y lo negro en blanco, fiando lo que no es

decible en la bondad, por ellos tan reida, del antiguo progresismo; ni

es menos digno de particular mencion el trabajo que ponen en violentar

la realidad de los hechos y sorprender la opinion pública para que en la

Península se crea que todo lo que ocurre en Puerto-Rico es una razon

bastante para que el hombre político más atrevido aparte la mano del

_majestuoso_ edificio del _statu quo_ colonial.

[27] Se exceptúa un periódico republicano cuyo director se

rie, en pleno Congreso (y no del mejor modo posible) de los

misterios del catolicismo, pero que en su periódico defiende á

capa y espada la teocracia paraguayana de Filipinas.

No es el fenómeno nuevo. Hace poco más de año y medio los pacíficos

habitantes de la coronada villa fueron sorprendidos, bien de mañana, por

el descompuesto vocerío y la escandalosa movilidad de una turba de

muchachos que gritaban: «_¡¡¡La revolucion de Puerto-Rico, La revolucion

de Puerto-Rico!!!_» y repartian un papel en que se leia:

"El gobierno debe saber que nuestro ejército ha sido atacado en la

capital de Puerto-Rico al grito de _¡Muera España!_ de cuyas

resultas hay que lamentar CUARENTA Y CINCO víctimas; y no contentos

con esto los que quieren difundir la alarma (!!!) y borrar á esta

Antilla del mapa nacional, al dia siguiente reproducen con mayor

fuerza y mayor cinismo sus gritos separatistas, sus actos de

rebelion y sus ataques al ejército que al grito de _¡viva España!_

atacó á los insurrectos, reproduciéndose otras víctimas en número

de OCHENTA Y DOS. El gobierno debe saber que un invicto español,

oficial de voluntarios, al caer MORTALMENTE HERIDO, supo gritar

_¡viva España!_ y se vió contestado por quien debia secundar este

grito con un _¡Eso no, la ley!_ que pudo ocasionar sabe Dios si la

desolacion y la muerte de los que en nombre de nuestro pabellon

representan el órden y la autoridad."

"El gobierno debe saber que fuera de la capital, en Rio Piedras y

otros puntos han sido _desarmados por los rebeldes algunos guardias

civiles_; el gobierno debe saber que se _han dado licencias para

que puedan armarse los habitantes de la isla_, y con ello están

entregadas armas para que los enemigos de la integridad del

territorio logren, sin presumirlo, el poder separar de España esa

isla y ayudar en Cuba á los rebeldes, que con este auxilio tienen

ya un nuevo punto de apoyo y el gobierno español una lucha doble

con el filibusterismo en armas. ¿Sabe el gobierno _que han

circulado, sin que la autoridad se aperciba, ó si se apercibió sin

poner correctivo, terminadas las elecciones, por todo el litoral

personas aptas sin duda y en condiciones personales para poder

hablar contra España y á favor de derechos á la nacionalidad

funestos_? ¿Sabe el gobierno si la rebelion ha sido capitaneada

_por algun cabo ido ad hoc_ de la Península? Si sabe todo esto y lo

ha tolerado y parece dispuesto al _statu quo_ hasta Octubre, por

razones que su alta política personal comprenda, el gobierno está

juzgado."[28]

[28] Suplemento á _Las provincias de Ultramar_ de Agosto de 1871.

La señal estaba dada. Desde aquel momento todos los periódicos que en

Madrid tenian el cargo de servir los intereses de los reaccionarios

ultramarinos comenzaron á reproducir y comentar las horribles nuevas de

la hoja volante, que, en efecto, consiguió que las gentes se alarmasen y

brotase el deseo universal de conocer lo que habia pasado en

Puerto-Rico.

_La Epoca_, la conservadora y autoritaria _Epoca_, habia dicho pocos

dias antes bajo la firma de su corresponsal de la pequeña Antilla:

"Los leales son menos que los laborantes y aunque estén dispuestos

á todo no pueden contar con el apoyo _de la autoridad_ (el general

Baldrich) _que con sus actos protege á los separatistas_ y tiene la

insensatez de decir que allí no hay más insurrectos que los

españoles y que fusilando á dos docenas él conseguiria que la isla

quedase completamente tranquila. Tanta obcecacion, tanta infamia

parece mentira que quepa en el pecho de un general español."[29]

[29] _Epoca_ del 3 de Agosto de 1871.

Pero _El Debate_ no se habia quedado en zaga. Su corresponsal le

escribia desde San Juan de Puerto-Rico:

"La Internacional se halla entre nosotros. Numerosos agentes han

invadido la isla y empezado á predicar el reparto de bienes, el

odio á España, á la monarquía y á la religion. Dícese que los

filibusteros é internacionalistas han hecho un pacto de auxilios

mútuos... _Los propietarios están haciendo inmensos esfuerzos para

liquidar en parte sus bienes ya que por las circunstancias no

puedan otra cosa y marcharse á Europa._ El valor de la propiedad ha

bajado extraordinariamente. Haciendas que producen 15.000 duros

anuales he oido que se ofrecen por 100.000 á plazo."[30]

[30] _El Debate_ del 4 de Agosto de 1871.

Así preparado el terreno--y cuenta que los reaccionarios y esclavistas

no dejan de la mano el propósito que tienen,--la hoja volante de

mediados de Agosto debia producir efecto. _La Epoca_, _El Tiempo_, _El

Debate_... todos los periódicos del _statu quo_ repitieron el grito de

alarma. «Nuestras predicciones se han cumplido--decia _El Debate_ del

dia 16--_la sangre ha corrido en abundancia por las calles_ de

Puerto-Rico.» Y aquí de las protestas, de las amenazas, de los recuerdos

terribles. ¡Oh! aquello era para imponer al mismo Convidado de piedra.

Así que _La Correspondencia_ primero y luego la prensa ministerial

comenzaron tímidamente á poner reparos y pedir tregua para inquirir la

verdad de los hechos. Pero entonces gritaba con más furia _El Debate_:

"El ejército español ha sido víctima de traidoras celadas de los

traidores y alevosos que pueblan la isla: el ejército español se ha

visto, como los voluntarios y muchos leales españoles, atropellado,

insultado y maltratado en la pequeña Antilla. _La prensa

ministerial no lo niega._ LOS HECHOS ESTÁN, PUES, RECONOCIDOS."

Verdaderamente la cosa era séria. La cuestion de Cuba palidecia ante

este conflicto. Corríamos un peligro colosal. Quizá habia llegado el

momento de exclamar: _caveant consules_.

Pero corrieron los dias... Y se supo que todo habia sido la derrota

pacífica y ordenada de los conservadores en las urnas electorales. A lo

sumo, un pequeño motin ocurrido en la capital de la isla (esto es, donde

los conservadores tienen toda su fuerza y el gobierno todos sus soldados

y sus medios de accion) dos ó tres semanas despues de las elecciones; y

que el voluntario que se suponia herido _mortalmente_ habia recibido

solo un palo y que no habian ocurrido bajas de ninguna especie y que el

grave ataque dado al ejército español y á los voluntarios habia

consistido en unas cuantas pedradas tiradas no se sabe por quién (el

gobierno sí lo sabe porque tiene el parte detallado del general

Baldrich) á un batallon de hombres armados hasta los dientes.

La falsedad de las noticias quedó, por lo tanto, absolutamente

demostrada. Pero esto no obstó para que los enemigos de las reformas

consiguieran dos cosas: la primera, dejar en el espíritu de la multitud,

que no se ocupa de los asuntos políticos sino bajo la fé de los rumores

y las conversaciones públicas, la impresion de que en Puerto-Rico habian

sobrevenido disgustos y complicaciones á consecuencia de las reformas

(porque al derecho electoral y á la libertad de imprenta se atribuyeron

los sucesos de Julio de 1871) y bajo la administracion radical. La

segunda, que se minase la autoridad del general Baldrich hasta el punto

de conseguir su relevo de la capitanía general de Puerto-Rico.

Debian ya conocer los reaccionarios que el camino que emprendian era de

seguro efecto. Medio año antes lo habian andado, tomando por objetivo al

Sr. D. Cárlos de La Torre, capitan general de Filipinas. Disgustábales

lo que no es decible la administracion de esta autoridad de la

Revolucion. De repente _La Epoca_ y _El Debate_, _La Esperanza_ y _El

Pensamiento Español_ principian á hablar de perturbaciones y conflictos

revolucionarios en Filipinas. No habia llegado el correo: no existia

entonces telégrafo: nadie podia saber por dónde ni cómo se habia

recibido la noticia. Pero los rumores crecian: los comentarios iban en

aumento: el general La Torre era atacado: pedíase al general Prim la

separacion de éste, aunque los que lo solicitaban no se atrevian á

acceder á los deseos del conde de Reus pidiendo la separacion por

escrito y bajo su firma... Pero llega la Mala. _No habia sucedido

nada._--Esto no obstante, mes y medio ó dos meses despues estaba

relevado el capitan general don Cárlos María de La Torre.

Pues bien, ahora no se ha hecho más que seguir igual conducta. Han

comenzado las noticias de efecto y han seguido los sueltos y los

artículos de sensacion: pero desde el principio al fin no se ha

abandonado un instante el camino de las falsedades.

¡Oh! habia ocurrido en Puerto-Rico una cosa grave, muy grave; de nuevo

habian sido derrotados en las elecciones los conservadores. Derrota

efectiva, por más de que estos se hubieran decidido por el retraimiento,

en vista de la inutilidad de sus esfuerzos, aunque bajo el especioso

pretesto de que el Gobierno habia intentado y realizado coacciones de

todo género.

Hablar de coacciones ellos, que habian hecho unas elecciones bajo la

direccion del general Gomez Pulido en Abril de 1872, faltando á todas

las leyes y todos los principios, como demostró hasta la saciedad el Sr.

Labra en su discurso contra el acta de San Juan de Puerto-Rico[31];

ellos que habian tenido que alquilar casas (como en Mayagüez) para

encerrar á los radicales que prendian la víspera ó el mismo dia de las

elecciones; ellos que de un golpe habian arrebatado el derecho de

sufragio á la cuarta parte de los electores de un distrito (Sabana

Grande) so pretesto de insolvencia como segundos contribuyentes, no

estando apremiados; ellos, que habian prohibido la publicacion de

manifiestos y detenido y preso á sus firmantes (como en San German y

Arecibo); ellos que contra el precepto de la ley habian dado curso á

espedientes gravísimos de escepcion de contribuciones; ellos, que

detuvieron á las puertas de la pequeña Antilla el manifiesto del partido

radical de la Península, bajo el pretesto de ser falso en algunos de sus

asertos y atentatorio al principio de autoridad; ellos, que obligaron á

la prensa liberal á no tratar de asuntos políticos durante el período de

las elecciones; ellos, que habian llenado las listas de candidatos con

nombres de personas, respetables sin duda, pero absolutamente

desconocidas del país y que casi en su totalidad jamás se habian ocupado

un solo momento de cuestiones coloniales ni de los asuntos

ultramarinos; ellos, que habian separado de los corregimientos y las

alcaldías á los hombres de posicion que gratuitamente los desempeñaban,

para poner á su frente verdaderos _corregidores_, con sueldo, émulos de

los famosos _Desvravadores_ y _Antonets_ de Ecija y Sevilla; ellos, en

fin, que se habian fabricado un censo _ad hoc_, no aceptando

rectificacion alguna del censo de 1871, pero incluyendo á todos los

soldados y marinos que habian de votar á gusto de sus jefes...!! ¡Oh!

atrevimiento era hablar de las elecciones del mes de Agosto de 1872, en

que no hubo un preso, ni un disgusto, ni se negó á nadie el derecho de

sufragio, ni se puso limitacion á la prensa, ni se reprendió siquiera

por la autoridad á los empleados _activos_ del Gobierno que (como los

directores del _Boletin_ y del _Don Cándido_), no daban tregua en sus

periódicos á los ataques á la situacion y á la conducta de la primera

autoridad, ó (como los funcionarios de Mayagüez) se unian á los

conservadores, sus patronos, para abstenerse en la eleccion, y con esta

abstencion realizar un acto político; ó en fin (como los jefes y

oficiales de la guarnicion de la capital) resueltamente votaban á un

candidato de oposicion, al general D. José Laureano Sanz. ¡Atrevimiento

se necesitaba! pero no es atrevimiento lo que falta á los se-dicentes

conservadores de Ultramar.[32]

[31] Sesion del 7 de Mayo de 1872.

[32] Al final insertamos las dos cartas publicadas en _El

Imparcial_ sobre las elecciones de Agosto: debió publicarse

una tercera; pero _El Imparcial_ no la quiso insertar.

Mas como queda dicho, era grave, gravísimo lo que habia ocurrido en

Puerto-Rico. ¡Habian triunfado los radicales! Aquí vendrian estos; la

Península los oiria; creeria con justicia que eran los legítimos

representantes de la pequeña Antilla; por lo menos lo creeria el partido

radical. Y esos diputados hablarian; espondrian sus quejas; esplanarian

sus deseos; afirmarian sus derechos. ¡Y horror!!!--se prepararia el

advenimiento de las _reformas_.

Era preciso destruir estas perspectivas. Hacer callar á los

diputados,--llamándose estos Sanromá, Blanco, Padial, Labra, Maitin,

Cintron, Alvarez Peralta, Moret, Borrell, Soria, Alvarez Osorio,

Mosquera....--¡imposible de toda imposibilidad! Y consentir, en el

ínterin que al otro lado de los mares continuase echando raices el

partido radical por medio de aquella diputacion provincial que con mil

cuestiones de competencia habia anulado el general Gomez Pulido, pero

que ahora creceria al amparo de la autoridad imparcial, digna y justa

del nuevo gobernador superior de la isla D. Simon de La Torre.... ¡ah!

esto era más imposible todavía.

VI.

No es del momento hacer la historia del partido conservador de

Puerto-Rico. Ocasion oportuna llegará. Pero sí es del caso (aun cuando

se haga precisa una digresion) advertir que ese partido no existia antes

de la revolucion de 1868 y que de 1869 acá ha sufrido tantos cambios y

ha adoptado tantos nombres que apenas si merece ser considerado con

seriedad. En otros países, en Cuba por ejemplo, ya la cosa es muy otra.

Allí lo mismo en 1820, que en 1840, que en 1854, que en 1868, existió un

partido conservador, más ó menos simpático, pero al fin digno de este

nombre, con fuerza y autoridad, y que repetidas veces dió señales de

vida. Mas en Puerto-Rico nada de esto sucedia. Con aplauso de todo el

país, Power, el ilustre diputado doceañista, habia conseguido en 1811

que se suprimieran las facultades omnímodas de los capitanes generales.

En 1820 se habia promulgado la Constitucion del 12 en Puerto-Rico, é

instaládose y funcionado los ayuntamientos sin oposicion de nadie. En

1836, mientras en Cuba se perseguia á los que proclamaban el código

político de Cádiz, era este jurado por autoridades y particulares en la

pequeña Antilla. En 1866, cuando el Gobierno de la Metrópoli abrió la

célebre Junta de informacion en Madrid, los ayuntamientos (llamémoslos

así) comisionaron á cuatro personas, de las que tres principiaron por

pedir la _abolicion de la esclavitud, con indemnizacion ó sin ella, con

organizacion ó sin organizacion del trabajo_, y la cuarta solo se

atrevió á discutir la oportunidad de la protesta abolicionista. No

existia, pues, en Puerto-Rico un grupo de verdaderos conservadores, ni

hombre alguno caracterizado por su posicion ó su inteligencia, á cuya

direccion pudieran someterse los elementos tradicionalistas del país.

La situacion de Puerto-Rico Las falacias de los conservadores y los compromisos del partido radical · 第 2 / 7 段