Notas del Transcriptor:
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PROPAGANDA REFORMISTA
LA SITUACION
DE
PUERTO-RICO
LAS FALACIAS DE LOS CONSERVADORES
Y
LOS COMPROMISOS DEL PARTIDO RADICAL
POR
UN PUERTO-RIQUEÑO
MADRID
1873
IMPRENTA DE J. NOGUERA Á CARGO DE M. MARTINEZ
_calle de Bordadores, núm. 7_
AL PAÍS
LA SITUACION
DE
PUERTO-RICO
LAS FALACIAS DE LOS CONSERVADORES
Y
LOS COMPROMISOS DEL PARTIDO RADICAL
POR
UN PUERTO-RIQUEÑO
MADRID
1873
IMPRENTA DE J. NOGUERA Á CARGO DE M. MARTINEZ
_calle de Bordadores, núm. 7_
AL PAÍS
I.
Ocurre en estos instantes un hecho que no puede estrañar á los que
conozcan algo la historia de la América española y estén al tanto de los
recursos de que se valen los esclavistas y reaccionarios ultramarinos
para sorprender y violentar la opinion pública de la Península; pero que
parece como de encargo, para aumentar las confusiones y dificultades de
la política española, y por consecuencia para comprometer á la patria en
un camino de escollos y desastres.
Acaba de subir al poder el partido radical, que como partido digno de
este nombre, tenia y tiene su credo perfectamente determinado, y cuya
perfecta realizacion debia ser la esperanza de aquellos que á su
exaltacion habian contribuido, así como el punto de referencia y el dato
obligado de todas las observaciones y censuras de sus adversarios. Solo
así la vida política es una cosa séria, y solo así pueden desenvolverse
las opiniones y hacerse camino las reformas, sin sorpresas, violencias
ni decepciones siempre perturbadoras en el órden de los intereses
permanentes del país.
Entre los empeños del partido radical, uno era el de las reformas
ultramarinas, y singularmente el de las reformas políticas y sociales en
la isla de Puerto-Rico: y lo era, ya no solo por figurar en las filas
del partido--y, dicho sea de paso, en primera línea--un grupo bastante
numeroso de hombres cuyos compromisos en la cuestion colonial eran y son
notorios, sí que tambien por haber sido este punto concreto de la
política española (así como el de la inteligencia de los derechos
individuales y la soberanía nacional) uno de los temas de disidencia de
los dos célebres manifiestos de 13 y de 15 de Octubre de 1871, que como
todo el mundo sabe, sirvieron de base para la formacion de los partidos
conservador y radical.
Triunfante éste, era llegado el momento de esperar la inmediata
realizacion de las reformas de Puerto-Rico; y á esto, en buena
lógica,--no haciendo un agravio al partido dominante--tenian que
contraerse los esfuerzos de los devotos y las críticas de los enemigos.
Pero ¡oh sorpresa! Todo menos que esto hicieron los defensores del
_statu quo_, y toda su inteligencia y todos sus recursos se pusieron al
servicio de estas dos ideas: primera, que el partido radical no estaba
obligado por su historia ni por sus intereses, á hacer política radical
en Ultramar; segunda, que existia en Puerto-Rico un desórden y amagaban
tales conflictos que forzaban al radicalismo peninsular á buscar
soluciones y apoyo en las doctrinas y en los hombres del partido
conservador.
II.
La primera parte de esta empresa era por todo estremo difícil. Cuantos
de las cosas políticas se ocupan conocen bien los compromisos precisos,
terminantes, ineludibles, del partido radical en la cuestion
ultramarina. No era preciso remontarse al año de 1837 en que al ser
expulsados,--sin razon ni motivo, y contra el voto de 65 progresistas,
entre ellos D. Fermin Caballero, Vila, Diez y otros no menos
respetables,--los representantes en Córtes, de las provincias de
Ultramar, se levantaba D. Agustin de Argüelles á decir: «No condenamos á
la isla de Cuba y al resto de esa grande monarquía que ha finalizado
para nosotros, á un sistema absoluto, despótico... Yo quiero que sean
(aquellos habitantes) tan felices como nosotros; no quiero que haya un
solo ápice de diferencia entre ellos y nosotros, pero quiero que esta
felicidad proceda por leyes análogas á su situacion y circunstancias;»
vano deseo, protesta vana que dió de sí, por un lado, la promesa,
consignada como letra muerta en la Constitucion de 1837, de las _leyes
especiales_ por que se habian de regir las provincias de Ultramar, y,
por otra parte, cerca de cuarenta años de absolutismo, de persecuciones
y de opresion en las Antillas, que han tenido muy buen cuidado de
recordar siempre los partidos conservadores, declinando toda la
responsabilidad sobre el partido progresista.
Tampoco era menester acudir á las Constituyentes de 1855, en cuyo seno
el Sr. D. Nicolás M. Rivero sostuvo una proposicion de ley para llevar
las conquistas de la revolucion al otro lado de los mares; proposicion
retirada bajo la formal palabra de los hombres de aquellos dias de que
no tan solo se consignaria en las bases de la Constitucion el precepto
de las leyes especiales, sino que para nuestras Antillas, se harian
aquellas por las mismas Constituyentes, detenidas un instante ante el
temor de la conspiracion de Pintó y las exageraciones de los sucesos de
Cuba; recurso supremo á que han apelado siempre, para sostener el _statu
quo_ los reaccionarios ultramarinos, los reaccionarios de interés y de
corazon, con _voz y voto_ en los períodos revolucionarios y con
autoridad, tan evidente como perjudicial, entre sus mismos enemigos de
la Península, gracias al pretexto de que en nuestras Antillas solo se
ventila una cuestion nacional.
No se necesitaba tampoco recordar los discursos de las eminencias del
progresismo en las Córtes de 1858 al 62; las elocuentes protestas de
arrepentimiento del célebre banquete de los Campos Elíseos en 1864; el
texto del manifiesto del partido progresista y el espíritu y la letra de
todos los programas de la democracia, señaladamente el de 1865:
documentos todos en que aparece, de un modo claro y perfecto, la
voluntad de los dos bandos que luego, por la fuerza de las
circunstancias, han venido á formar el partido que hoy impera en las
esferas del poder, proclamando la personalidad del hombre, sus augustos
destinos y sus _derechos naturales é imprescriptibles_, y por tanto, los
mismos é idénticos, ora en medio de la bravura de los trópicos, ora en
las ardientes arenas del Africa, ora en el seno de las cultas y
refinadas ciudades de la vieja Europa.
De más cerca son los compromisos, llevados ahora casi al detalle, porque
la mayor comunicacion con nuestras provincias de Ultramar, la misma
guerra de Cuba, el adelantamiento general de las ideas y la mayor
cultura de nuestros hombres políticos--prescindiendo de otras
causas--han hecho posible la inteligencia de muchas de las cuestiones
coloniales, la distincion entre comarcas y comarcas y el presentimiento,
cuando menos, de problemas antes ni sospechados, pero cuya trascendencia
en el órden político interior de la Península no puede ocultarse á los
que han visto cómo en nuestras Antillas se han creado las fortunas y
robustecido las posiciones de ese centenar de soldados y ese grupo de
burócratas, de sedientos banqueros é inverosímiles cuanto escandalosos
potentados, base de los partidos reaccionarios de España é implacables
verdugos de nuestros partidos liberales.
Ahí está la solemne declaracion del último Gobierno Provisional, en su
Manifiesto de 25 de Octubre de 1868 á la Nacion, y que á la letra decia:
"De las ventajas y beneficios de la Revolucion gozarán tambien
nuestras queridas provincias de Ultramar, que forman parte de la
gran familia española y que tienen derecho á intervenir con su
inteligencia y su voto, en las árduas cuestiones políticas,
administrativas y sociales planteadas en su seno."
Ahí está el art. 108 de la Constitucion de 1869 que á la letra dice «que
las Córtes Constituyentes reformarán el sistema actual del gobierno de
las provincias de Ultramar, _cuando hayan tomado asiento los diputados
de_ CUBA Ó DE PUERTO-RICO, para hacer estensivas á las mismas, con las
modificaciones que se creyeren necesarias, los derechos consignados en
la Constitucion;» artículo en cuya primitiva redaccion se habia
suprimido la disyuntiva.
Ahí está el proyecto de Constitucion para Puerto-Rico, presentado á la
Cámara por el ministro de Ultramar, don Manuel Becerra, y en cuyo
preámbulo se leen estas elocuentes frases: «Aunque otros motivos más
íntimos no tuviera la Madre Patria, bastaria el indicado (el órden y la
fidelidad de la pequeña Antilla) para que volviendo sobre pasados
errores procurase el olvido de injusticias anteriores con la reparacion
solemne y pública de ellas, con el reconocimiento leal, á la vez que
ilimitado, del derecho igual para todos los hijos de España, no solo por
esta consideracion de índole política, sino por otra más poderosa, de
carácter puramente humano: que allí donde existe un sér inteligente y
responsable, se da el derecho como el único medio de manifestacion y
vida propia, de comunicacion con sus semejantes, de realizacion, en fin,
del destino individual y social que la Providencia ha marcado con
indelebles caractéres á los hombres y á los pueblos.... Hoy que la
provincia de Puerto-Rico ha expresado su voluntad y nos presta el
concurso de sus delegados, fuera _impolítico, y sobre impolítico
injusto, diferir por más tiempo el cumplimiento de solemnes compromisos,
de reiteradas promesas, y ante todo de deberes ineludibles_, que la
España, que las Córtes Constituyentes, que el Gobierno, ni pueden, ni
deben olvidar.»[1]
[1] 18 de Noviembre de 1869.
Ahí está el fallo de la Cámara que por 103 votos contra 13 desechó el
particular del Sr. Romero Robledo que proponia que «se aplazase la
deliberacion sobre el proyecto de Constitucion de Puerto-Rico, hasta que
tomasen asiento los diputados cubanos, recomendando al gobierno la
urgencia de que se procediese á hacer las elecciones en la isla de
Cuba;» votacion[2] importantísima no solo por la materia sobre que
recaia, si que tambien por haberse abstenido todos los diputados de
procedencia conservadora, emitiendo sus votos solo los tradicionalistas
y cuatro progresistas[3] y siendo quizá la primera vez que se rompia el
pacto de los dos partidos gobernantes desde Octubre de 1868.
[2] Sesion del 1.º de Abril de 1870.
[3] Los Sres. Palau, Rius, Paradela y Montero Telinge.
Ahí está la _Ley preparatoria para la abolicion de la esclavitud_,
presentada por el Sr. D. Segismundo Moret y votada por la Cámara
Constituyente; ley en cuyo art. 21 se dice de un modo terminante: «El
gobierno presentará á las Córtes cuando en ellas hayan sido admitidos
los diputados de Cuba, el proyecto de ley de emancipacion indemnizada de
los que queden en servidumbre, despues del planteamiento de la Ley
preparatoria;» siendo de advertir que la condicion de la presencia «de
los diputados de Cuba» se establecia por acuerdo del autor de la frase,
del ministro de Ultramar y de la comision que habia dado dictámen, en el
_supuesto de que en la próxima legislatura habrian de estar los tales
diputados_, sin que su ausencia, en todo caso, _pudiese detener la
ejecucion de la ley en la legislatura próxima_.[4]
[4] Sesion del 17 de Junio de 1870. Discursos de los Sres.
Cánovas, Moret y Villalobos.
Ahí está la _Ley de organizacion municipal_, obra del señor don Nicolás
M. Rivero, votada por las Constituyentes en Junio de 1870, y en cuya 4.ª
disposicion transitoria se manda que «se aplique la ley desde luego á la
provincia de Puerto-Rico con arreglo á los proyectos de Constitucion y
de Ayuntamientos de la misma»--presentados por el señor
Becerra--precepto hasta ahora no cumplido, para desdoro del poder
soberano de la Metrópoli y agravio de la memoria de las
Constituyentes.[5]
[5] Despues de escritas estas líneas ha aparecido el decreto
de 13 de Diciembre de 1872, cumpliendo el precepto, por más de
que no le siga la convocatoria de los comicios
puerto-riqueños, que es su lógico complemento.
Ahí están las palabras con que D. Cristino Martos, que á la sazon
ocupaba la presidencia de la Cámara saludó la entrada de los diputados
de Puerto-Rico en las Constituyentes:
"Sea bien venido ese represente Sr. Vardes Linares, (el que acababa
de hablar en la cuestion de los defensores de las Tunas, abogando
porque se hiciese de Puerto-Rico una verdadera provincia española)
con todos sus dignos compañeros. Que sepa que la Asamblea
Constituyente, representante de la revolucion de Setiembre, acoje
con placer su noble palabra y con gratitud la espresion de sus
patrióticos sentimientos, y que ciertamente las Córtes soberanas de
la nacion, lo mismo que el gobierno, han de responder á ese
sentimiento de elevado patriotismo que aquí se expone en nombre de
esa provincia, llevando allí tan pronto como sea posible las
reformas liberales á que tiene derecho."[6]
[6] Sesion del 12 de Octubre de 1861.
Ahí están las frases del presidente del Consejo de ministros, de D. Juan
Prim, en la misma sesion y con idéntico motivo:
"...Estén tranquilos los diputados por Puerto-Rico; tranquilícese
aquella hermosa provincia que yo aprendí á estimar cuando tuve el
honor de mandarla como capitan general: yo que me llevé de aquel
país un buen recuerdo, á mí recibieron allí con aprecio y
benevolencia, y siempre les he correspondido y _en cuanto de mi
dependa, pueden_ estar seguros los señores representantes de
Puerto-Rico que sus deseos serán satisfechos. En cuanto á las ideas
políticas, estén seguros tambien los puerto-riqueños que de una
manera completa y bien entendida quedarán satisfechas todas sus
aspiraciones."
Ahí está el discurso pronunciado por el entonces ministro de Ultramar,
D. Segismundo Moret, al terminarse las sesiones de las Constituyentes, y
cuyas últimas frases fueron--contestando al diputado Sr. Padial, que
preguntaba: ¿cómo se han de cumplir en lo sucesivo los arts. 108 y 109
de la Constitucion?
"La obligacion de hacer estensiva la Constitucion de la monarquía á
las provincias de Ultramar y la de presentar una ley especial de
gobierno para las islas Filipinas, es una obligacion constitucional
que queda perfectamente definida y habrá de continuarse, lo mismo
en este punto que en lo referente á la organizacion municipal en
las futuras Asambleas que por el país se elijan; y lo mismo digo
respecto á la cuestion de esclavitud. Esto me parece absolutamente
fuera de toda duda, y solo por satisfacer á S. S. lo afirma ahora
el Gobierno."
"...En resúmen, la Constitucion de Puerto-Rico queda para las
Córtes próximas, y entre tanto, los derechos electorales están para
siempre adquiridos en Puerto-Rico, pues no entiende el Gobierno que
pueda haber elecciones generales sin que las haya tambien en
aquella leal provincia. Y respecto de los demás puntos, en especial
á la esclavitud, el Gobierno cree que sus compromisos no concluyen
en esta Asamblea, sino que siguen y seguirán hasta que tengan
completa satisfaccion.[7]"
[7] Sesion del 23 de Diciembre de 1870.
Ahí está el párrafo de la contestacion al Mensage de la Corona de Abril
de 1871; párrafo debido, segun de público se dijo y nadie negó, á las
reclamaciones de los señores don Nicolás María Rivero y D. Gabriel
Rodriguez, presidente é individuo, respectivamente, de la comision
nombrada para redactar el documento, y que á la letra dice: «Fatal
legado del antiguo régimen, durante el cual fermentaron las pasiones
rencorosas y se preparó la esplosion, es la guerra civil que arde en
Cuba todavía; pero el Congreso de Diputados comparte con V. M. la
esperanza de que pronto y dichosamente termine. La entereza del
gobierno, el patriotismo, valor y sufrimiento de la marina, del ejército
y de los voluntarios, la pericia de sus jefes y el constante ánimo de la
nacion entera, contribuirán á este fin juntamente con la persuasion que
ha de ganar al cabo la mente de los rebeldes, de que sometidos,
alcanzarán las libertades que en vano quieren obtener por la fuerza. Su
empleo estorba solo el cumplimiento de las promesas de la revolucion,
las cuales _no tardarán en cumplirse, como el Congreso desea, en la otra
grande Antilla española, donde la paz no se ha turbado y donde el pleno
goce de los derechos políticos y la abolicion de la esclavitud no han de
influir en que se turbe_.»[8]
[8] Palacio del Congreso 24 de Mayo de 1871.--Nicolás M.
Rivero.--Tomás G. Mosquera.--Gabriel Rodriguez.--Francisco
Romero Robledo.--José Abascal.--Juan Valera.
Ahí está el manifiesto de 15 de Octubre de 1871, que sirvió de bandera
al partido radical de la Península, firmado por catorce diputados de la
pequeña Antilla, y que, con asentimiento (como era natural) de los
prohombres del radicalismo fué llevado á Puerto-Rico, por los Sres.
Baldorioty, Blanco y Sanromá, para que á su sombra peleasen, como
pelearon en medio de las mayores contrariedades, los electores
puerto-riqueños, y enviaran cuatro miembros, notables por su carácter y,
su inteligencia y su palabra[9], á la oposicion radical del Congreso, y
dos á la oposicion del Senado.[10] .....«Extinguir á todo trance la
rebelion de Cuba, y asegurar á toda costa la integridad nacional, sin
hacer para ello concesiones que el honor de España no consiente ni
transacciones que el patriotismo de nuestro partido rechaza; y una vez
restablecida la paz, entrar para aquella isla _en el camino de las
reformas que la Constitucion de 1869 ha ofrecido libremente á nuestros_
CONCIUDADANOS _de Ultramar_ y que han _comenzado á plantearse en
Puerto-Rico, donde la tranquilad no se ha turbado y donde el_
COMPLEMENTO DE ESTAS REFORMAS Y LA ABOLICION DE LA ESCLAVITUD _no han de
influir para que se turbe_...: he aquí nuestro firme propósito.»
[9] Los Sres. Mosquera, Sanromá, Labra y Alvarez Peralta.
[10] Los Sres. Rodriguez y Tirado.
Ahí está el discurso pronunciado por el Sr. Rivero (actual presidente
del Congreso y fundador de aquel célebre periódico _La Constitucion_,
que desde el primer dia levantó bandera contra las _dos rebeliones_ de
Cuba, antes del motin contra el Banco, la huelga de los cocheros y los
fusilamientos del 28 de Noviembre de 1871 en la Habana) en el gran
_meeting_ tenido por el partido radical en el Circo de Price el 26 de
Noviembre del año último, y donde decia:
"He sido llamado filibustero y republicano. Deseo ser bien
comprendido por lo que respecta á esta materia, y hablaré sin
reserva alguna á mis amigos políticos aquí reunidos. Señores, yo
siempre he defendido el mismo principio, del cual jamás me
desviaré. Es mi deseo que las colonias sean verdaderas provincias
españolas, pero que el pabellon de Castilla ondee siempre en ellas.
Siempre he defendido esto, y me tomo la libertad de observar que yo
fuí el primero que levantó la bandera de la perfecta asimilacion de
aquellas posesiones, en el sentido político y administrativo, con
las demás provincias de nuestro país. Pero, señores, por la misma
razon que amo á los habitantes de aquellas colonias como hermanos,
quisiera verlos en el goce de las mismas libertades y los mismos
derechos que aquí hemos conquistado con tanto trabajo: derechos y
libertades que les son debidos porque les han sido prometidos y
porque yo deseo que estén dispuestos á ser leales y verdaderos
hermanos nuestros. (_Aplausos._) Señores, yo no quiero esclavos.
(_Grandes aplausos._) Yo no quiero que mi país, no quiero que el
país de Isabel la Católica, no quiero que la patria del P. Las
Casas sea la última en arrancar de su seno este baldon de la
humanidad. Mas si deseo para mis hermanos de las colonias la
Constitucion y las libertades de España, nunca por mi parte,
concurriré á que mi país conceda esa libertad y esa constitucion á
los que nos las piden á balazos. (_Aplausos._) Ha de ser don
espontáneo de nuestras almas: acuerdo de los poderes públicos
generosamente tomado. Sólo así, esto que nuestros padres
conquistaron, que nosotros mismos hemos alcanzado á costa de tanta
sangre, de tantas lágrimas, de tantas heróicas víctimas, les puede
ser concedido."
Y el Sr. Martos añadia en la misma reunion entre los aplausos de las 12
mil personas que asistian á ella. «Somos llamados _filibusteros_ porque
queremos conceder reformas á nuestras posesiones coloniales, á Cuba,
despues de haber hecho sentir á los rebeldes el peso de nuestras armas,
y porque asimismo, somos favorables á la abolicion de la esclavitud,
que es un insulto al siglo. Con más justicia podríamos nosotros
apellidar á los que así nos hablan, _negreros_:»--palabras (de igual
suerte que las del Sr. Rivero) de tanta importancia, como que fueron
reproducidas en los despachos de Mr. Sickles, embajador de los
Estados-Unidos, al Gobierno de su país, y de Mr. Layard al conde
Granville, ministro de Negocios Extranjeros de la Gran Bretaña, en 28 de
Noviembre de aquel mismo año.[11]
[11] Del despacho de Mr. Layard traducimos estos discursos.
Ahí está la enmienda presentada (aunque no discutida) por los Sres.
Sanromá (actual consejero de Estado) Pasaron y Lastra (actual
vicepresidente del Congreso) Gomez Marin (actual subsecretario del
ministerio de Ultramar), Moreno Portela (actual gobernador de Toledo),
Alvarez Peralta, Molini y Anglada (actuales diputados á Córtes), como
miembros de la oposicion radical en Mayo de 1872, al proyecto de
contestacion al Mensaje de la Corona; Mensage notable por su absoluto
silencio respecto de Puerto-Rico y por sus afirmaciones del _statu quo_
ultramarino mientras durase la guerra de Cuba. «En tanto llega--decia la
enmienda--el anhelado dia de la paz en la grande Antilla, la Cámara cree
que deben cumplirse los compromisos de honor, contraidos por la
revolucion de Setiembre llevando á Puerto-Rico las reformas á que se
refiere el art. 108 de la Constitucion vigente y declarando abolida la
esclavitud de los negros, conforme á las constantes escitaciones de los
habitantes de aquella isla, preparada escepcionalmente para la solucion
definitiva de su cuestion social.»[12]
[12] Congreso 19 de Mayo de 1872.
Ahí está el discurso pronunciado en aquella misma legislatura por D.
Manuel Becerra que decia.....
"¿Hay alguna razon para que no se lleven á Puerto-Rico las reformas
que reclama con tanta justicia, despues de haberles dicho un dia y
otro que sí, que serian tales españoles, que gozarian de los mismos
derechos que nosotros, de los mismos deberes y de las mismas
ventajas? Nosotros que por una malhadada idea los echamos del
Congreso en 1837 á esos puerto-riqueños, que en una lucha con malas
condiciones han dado sus soldados, y no sólo dieron soldados sino
que el país quedó sin uno siquiera por que todos fueran á Santo
Domingo á defender la bandera española con motivo de la guerra á
que dió márgen la desdichada, la efímera anexion de 1861. Yo
pregunto: si allí no hay guerra ¿por qué no llevais la Constitucion
española modificada como requiere el estado de aquel país? ¿Por qué
no pensais en abolir la esclavitud? ¿Qué inconveniente ofrece esto
más que la indemnizacion? ¿Por qué no pensais en darles un Código
Penal, del cual carecen?..... De suerte que todo de consuno, la
conveniencia, la justicia nos aconseja _llevar inmediatamente_ la
reforma á Puerto-Rico. ¿Os parece, señores diputados, un escándalo
el que Puerto-Rico tenga un Ayuntamiento? ¿Os parece escándalo que
una poblacion de tal densidad y con tales condiciones viva sin
Ayuntamiento? ¿Os parece que es este un buen sistema colonial? ¿Es
este el sistema colonial de los ingleses, de los holandeses, de los
portugueses, del Brasil? ¡Quedamos hoy, ó somos nosotros la _sola_
Nacion que tiene la horrible mancha de la esclavitud, mancha que
cae lo mismo sobre el oprimido que sobre el opresor!"[13]
[13] Sesion del 4 de Junio de 1872.
Ahí está la prensa radical de Madrid en el momento de subir al poder el
partido dominante. _El Imparcial_ decia el 3 de Julio:
"Sería chusco que el partido radical, sólo por imitar á los
conservadores, que tanto han explotado las cuestiones ultramarinas
para hacerles servir á sus fines en la Península; que el partido
radical, decimos, no procediera respecto á aquellas provincias tal
y como en sus manifestaciones ha dicho al país, así en el
Parlamento como fuera de él, lo mismo por la voz autorizada de sus
jefes en el poder y en la oposicion, que por los solemnes
documentos que de vez en cuando se ha visto obligado á
publicar."[14]
[14] Artículo _Hablar por hablar_.
Y más tarde, el dia 4, añadía:
"_Nosotros no hemos dicho por cuenta propia que no existe política
radical para Ultramar._ Es una opinion de los conservadores y del
mismo _Debate_ cuando asegura que allí no es posible hacer otra
política que la española. La nuestra y la del colega son españolas
y sin embargo, _difieren en muchos puntos que no hay para qué
nombrar ahora_."
"Cuando ayer hablamos de la política ultramarina de nuestro
partido, nos referimos á las declaraciones que el partido ha
dirigido al país. _Ahí están nuestros manifiestos, los programas
de los gabinetes radicales. Las opiniones individuales que difieren
en más ó en menos del resto del partido, no constituye dogma en la
iglesia radical_."[15]
[15] Artículo _Dos palabras á El Debate_.
_La Tertulia_ en su número del 14 de Julio combatiendo á los que como
_La Discusion_, temian que el gobierno retrocediese en la política
colonial y á los que, como _El Debate_, le invitaban á entrar en sus
aguas, decia:
"¿Duda nadie que nuestros hombres cumplirán sus compromisos y sus
ofertas en puntos tan graves como las quintas, el jurado, el
derecho de asociacion, etc. etc.? Pues ¡porqué ha de retroceder en
la cuestion de Ultramar!!!....."
"Que dentro de un gran partido haya grados y matices, todo el mundo
lo sabe, y esto prueba la riqueza del partido. Así, no es estraño
que entre los radicales haya muchos que crean, sobre Ultramar, tal
ó cual reforma preferible á esta ó la otra..."
"Se trata, por ejemplo, de la abolicion de la esclavitud. Muchos de
nuestros amigos son partidarios de la abolicion inmediata, y otros
de la lenta ó aplazada, todos empero, y este es el compromiso del
partido, _son defensores, no sólo de la abolicion, sino á comenzar
desde luego á realizarla_."
"Y hay más. Dentro del partido radical, como dentro de todos los
partidos, caben hombres que no están en un todo y absolutamente de
acuerdo con el programa ó el credo de la Iglesia, si bien aceptan ó
defienden la mayor parte, la casi totalidad de sus artículos. No
por esto los rechazamos; pero en cambio sostenemos que esos hombres
no pueden tomar el nombre ni valerse de la autoridad del partido
para realizar sus opiniones particulares. _Un enemigo de las
reformas_, por ejemplo, _sería imposible en el ministerio de
Ultramar_, como lo sería un partidario de las reformas políticas
inmediatas en Cuba."[16]
[16] Artículo _Censuras injustas_.
_El Universal_ escribia el 5 de Julio:
"... Precisa, por tanto fijar bien el estado de las cosas. Ni
carantoñas, ni ladridos podrán conseguir del partido radical que
renuncie á sus compromisos ni falte á su palabra. Nosotros tenemos
un programa, y nadie, ni alto, ni bajo, puede faltar á él sin
incurrir en nota que todos los hombres honrados miran con horror."
"Nadie puede alegar duda respecto de lo que hará el partido
radical. Al aire tiene desplegada su bandera la víspera del 16 de
Junio, y todo el mundo conoce su manifiesto programa del 15 de
Octubre de 1871."
"En lo relativo á Ultramar es terminante."
"Extinguir á todo trance, etc... y que han comenzado á plantearse
en Puerto-Rico, donde la tranquilidad no se ha turbado, y donde el
_complemento de estas reformas y la abolicion de la esclavitud_ no
ha de influir en que se turbe."
"He aquí nuestros compromisos:"
"... Lo que se puede pedir, lo que hay perfecto derecho de pedir de
nuestro partido, y por tanto al ministro actual, lo dice claro el
párrafo que hemos copiado; _y nosotros podemos afirmar, que á fuer
de sincero y honrado el partido radical hará la reforma en
Puerto-Rico y abolirá la esclavitud. Para esto ha subido al
poder_."[17]
[17] Artículo _Entendámonos_.
_La Nacion_ decia el 3 de Julio:
"... (Despues de copiar las palabras del Manifiesto de Octubre del
71.)"
"Pues bien, cuando tan terminantemente se consignan esos propósitos
por un partido, ¿es justo abrigar sospechas sobre ellos? De ningun
modo. Nosotros venimos sosteniendo constantemente la opinion de
_que si en Cuba no es posible intentar reforma alguna, en
Puerto-Rico muy al contrario, estamos obligados á llevar aquellas á
que se han hecho acreedores con su conducta sensata, y tan
solemnemente les tenemos prometidas_."
"Que fuera gran torpeza y notoria injusticia condenar á la menor de
las Antillas á misma suerte que su vecina la isla de Cuba, por el
solo hecho de su proximidad á la insurreccion. Esto, en vez de
atraer culpabilidad sobre Puerto-Rico, es un timbre glorioso para
los fieles borinqueños que no se contagian con la traicion de sus
hermanos y que saben conservarse fieles á la madre patria." [18]
[18] Artículo _Una palabra sobre Ultramar_.
Ahí está la contestacion del Mensaje de la corona en las actuales
Córtes. El del Congreso decia:
"Conseguido el propósito, pacificada la isla, salvo el honor, que
ya no podrán estimarse las reformas ni motejarse la libertad como
muestras de flaqueza ó complacencias exigidas y arrancadas, anhelan
el Congreso y el gobierno que goce Cuba de libertades y derechos,
cumpliéndose lealmente las solemnes promesas hechas por las Córtes
Constituyentes."
"En la otra Antilla, donde la paz no se ha turbado, y donde el
pleno goce de los derechos políticos y la abolicion de la
esclavitud no han de influir en que se turbe, no tardarán sin duda,
como el Congreso desea, en verse totalmente realizadas las promesas
de la revolucion."[19]
[19] Firman este documento los señores diputados siguientes:
D. Manuel Becerra (presidente), D. Tomás M. Mosquera, D.
Augusto Comas, D. Sabino Herrero, D. Manuel Gomez Marin, don
Pedro Mata, D. Francisco de P. Canalejas.
El del Senado como sigue:
"Ese venturoso restablecimiento de la calma en la parte más
considerable y feraz de la isla, permite esperar que en breve han
de estenderse los beneficios de la paz á la escasa porcion de
territorio agitada todavía por el furor de las bandas insurrectas,
y que entonces, puestos á salvo de toda sospecha los generosos
móviles del gobierno, será dado cumplir, sin nota de flaqueza, los
solemnes compromisos de la revolucion."
"Parte de esta deuda está satisfecha ya con las acertadas reformas
que, despues de salvar la crísis económica, han regularizado la
administracion, introduciendo en ella escrupulosa moralidad."
"En más breve plazo podrá gozar de mayores ventajas la pacífica
isla de Puerto-Rico, la cual, encerrada en los limites del deber
por la sola fuerza de su lealtad, merece ver atendidas sin temor ni
recelo sus justas aspiraciones, y conseguir que los poderes
públicos, secundando la generosa conducta de sus habitantes,
promuevan la abolicion de la esclavitud."[20]
[20] Firman este documento los senadores D. Eugenio Moreno
Lopez (presidente), D. Eulogio Eraso, D. Vicente Morales Diaz,
Marqués de Seoane, D. Cándido Pieltain, D. Juan Manuel
Acebedo, D. Federico Balart (secretario).
Ahí están, en fin, los discursos del Sr. D. Manuel Ruiz Zorrilla; uno al
terciar en el debate sobre las actas de Puerto-Rico; otro al resumir los
solemnes debates de la contestacion del Mensaje en el Congreso. En el
primero decia:
"La cuestion de Puerto-Rico es completamente distinta, y así lo han
consignado el gobierno y la comision en el discurso de la corona y
en la contestacion al mismo: aquí discutiremos lo que más convenga
al bien de la patria y al reposo de este país tan perturbado,
mirando si una medida prematura puede traer la pérdida de unos ó
de otros intereses de los que debemos mirar con predileccion en las
Antillas."
"Examinaremos las cuestiones de Puerto-Rico, oiremos á sus
diputados; pero lo mismo acerca de esto que acerca de todo lo
demás, voy á hablar con sinceridad, como mi conciencia me dicta;
creo que así opinan mis compañeros de gabinete y la mayoría de
ambos cuerpos colegisladores: todo lo que pueda perjudicar á la
integridad del territorio, no lo hemos de hacer, ni lo hemos de
proponer ni lo hemos de procurar nosotros; todo lo que pueda
favorecer la integridad de la patria, nosotros lo hemos de hacer y
proponer y procurar. Y en _cuanto al cumplimiento de las promesas
que la revolucion ha hecho, hechas están, y los hombres que las
votaron no han de decir que no quieren cumplirlas. Si creyeran que
se habian equivocado, lo dirian; pero no lo creen, y están
dispuestos á sostener y realizar aquellas promesas_."
"Pero, ¿le parece al Sr. Sanromá que se puede marchar tan de prisa
como S. S. desea? Pues qué ¿hemos hecho aquí todo lo que teniamos
que hacer? ¿No está puesto en tela de juicio todo, desde la
dinastía hasta la última conquista revolucionaria? Si esto es
verdad, si los ánimos están agitados, si las conciencias no están
formadas sobre multitud de asuntos; si las opiniones están
divididas, y más que en nada en la cuestion de Ultramar, ¿no han de
creer los amigos que piensan que allí nada se puede hacer, y los
amigos que opinan que se puede hacer todo; no han de creer,
contando con la buena fé y el liberalismo de este gobierno, que se
han de conseguir estas dos cosas: para los unos la pacificacion de
la isla, defendiendo la integridad del territorio; para los otros
despues las reformas en las Antillas, recibiendo las bendiciones de
los que hoy las pretenden, y convenciendo á los que hoy las
combaten? (Aplausos.)"[21]
[21] Sesion del 12 de Octubre de 1872.
En el segundo discurso decia el Sr. Zorrilla, despues de hablar del
_statu quo_ en Cuba, mientras durase la guerra:
"Y vamos á Puerto-Rico, que es la otra colonia. En Puerto-Rico,
señores, éstos como los otros gobiernos de la revolucion, éste como
los otros Congresos, han marcado siempre la diferencia que habia
respecto de Cuba. Tomad los programas de los gobiernos; tomad los
discursos de todos los oradores; tomad la contestacion al discurso
de la Corona; tomad el proceder de todos los ministros, y vereis
cómo siempre se han propuesto, cómo siempre se han trazado una
marcha completamente distinta en la una y en la otra isla, en la
una y en la otra provincia. Respecto de esto dije tambien
terminantemente, en nombre de todos mis compañeros, que
sosteniamos todas y cada una de las promesas hechas por la
revolucion."
"Pero viene despues la segunda parte; y dicen los amigos, y dicen
los partidarios de las reformas en más ó menos escala en aquella
Antilla: "pero ¿y cuándo? porque esto lo han dicho todos los
gobiernos, hasta los gobiernos moderados. ¿Y qué reformas son las
que vais á llevar? porque esto lo necesitamos saber." Pues yo os
digo, despues de haber tomado antecedentes de ministros de
distintas opiniones, de unos oyéndolos de viva voz, de otros porque
hay datos en el ministerio de Ultramar, que la cuestion de la
esclavitud en la isla de Puerto-Rico es una cuestion fácil, es una
cuestion sencilla, es una cuestion que se podrá realizar pronto;
pero que no puede el gobierno, ni podia el gobierno, ni tenia nadie
derecho á exigirle que cuando no hay una sola ley todavía empezada
á discutir de las que ha presentado sobre la mesa á pesar de haber
muchas ó algunas que le hacen falta, pusiera sobre todas la
cuestion de la esclavitud en Puerto-Rico."
"Y viene una segunda cuestion, de la cual tambien hay antecedentes
en el ministerio de Ultramar, sobre la cual ha discutido el
gobierno, y sobre la cual tiene formada su opinion; y con esto
contesto á los que el otro dia tradujeron, sin acordarse de mi
carácter, sin reconocer mi franqueza, porque cuando no quiero decir
una cosa me la callo, pero nunca digo lo contrario, á los que el
otro dia creyeron que cuando yo decia: "estudiaremos todo lo que
hay que hacer en Puerto-Rico," yo decia: "estamos lo mismo que hace
diez años, estamos lo mismo que la víspera de la revolucion;
estamos lo mismo que si aquí hubiera un gobierno que se propusiera
que las Antillas estuvieran, en la situacion en que estaban hace
veinte años." Hay, pues, una cosa importantísima que desean, que
piden la mayor parte de los españoles de Puerto-Rico, y es el
planteamiento de la ley de ayuntamientos. El gobierno ha de
resolver tambien sobre esta cuestion, y el gobierno os ha de traer
á las Córtes la resolucion que acerca de ella recaiga; pero estad
seguros que aunque no sea más que para cargarse de mucha más razon
y de mucho más derecho con los rebeldes de Cuba, ha de manifestar
su gratitud, su cariño y su consideracion á los leales de
Puerto-Rico. ¿Qué quereis que os diga esta noche? ¿Estos y estos
artículos tendrá este proyecto de ley y el otro proyecto de ley?
¿Es esta la discusion en que estamos? ¿Hemos descendido á esto en
ninguno de los párrafos de que se ocupa el discurso de la Corona?"
"Y despues de todo, si creeis que el gobierno tarda, si creeis que
el gobierno no cumple sus promesas, ¿no teneis la iniciativa del
diputado ó para escitar su celo, ó para escitar á la Cámara para
que cumpla las promesas que el gobierno no quiere cumplir?"
"No tengo más que decir sobre la cuestion de Ultramar. El párrafo
del discurso de la Corona relativo á este punto es el que los
individuos de todos los partidos votaron en las Córtes del año
anterior, cuando existia el ministerio de conciliacion. Ese es
nuestro programa; ese es nuestro pensamiento; eso fué lo que se
dijo en el manifiesto del 12 de Noviembre, eso es lo que yo he
dicho cuando se ha reunido el partido radical; eso es lo que yo
dije antes del 15 de Octubre, y eso es lo que como hombres leales
estamos dispuestos á cumplir. ¿Hay algo más de lo que yo os he
dicho, porque exigen esta explicacion el estado de los ánimos y la
importancia que á esta cuestion se ha dado en estos dias; hay algo
más en el párrafo? Pues el gobierno está dispuesto á cumplirlo.
¿Hay algo menos? Pues ya sabeis lo que el gobierno ha agregado á lo
que en el párrafo se dice."[22]
[22] Sesion del 15 de Octubre.
Tales son no solo los compromisos del partido radical en la cuestion de
Puerto-Rico, sino las manifestaciones que los hombres más importantes
del radicalismo han hecho, lo mismo en la oposicion que en las esferas
del poder: comentario el más autorizado del Manifiesto de 15 de Octubre
de 1871.
III.
Pero es de notar el carácter gravísimo de estos compromisos, porque no
han sido meramente contraidos á la ventura y entregados á los caprichos
del aire; sí que aceptados solemnemente por un pueblo que ha obrado en
su conformidad y tiene hoy un derecho incuestionable á su exacto
cumplimiento.
El art. 108 era terminante: convocáronse los comicios puerto-riqueños y
vinieron á la Metrópoli, abandonando sus intereses y arrastrando los
peligros de una no corta navegacion, quince hombres, cuya llegada se
esperaba únicamente para _reformar el sistema de gobierno de las
provincias ultramarinas_--segun decia el art. 108 de esa Constitucion de
1869, que _no habian hecho los representantes de Puerto-Rico_, á pesar
de las promesas del manifiesto del Gobierno Provisional. Y llegan esos
hombres en Setiembre de 1869, y si á los dos meses está presentado el
proyecto de Constitucion en el Congreso por el Sr. Becerra (el 24 de
Noviembre) á poco (el 24 de Enero) la comision del Congreso da dictámen
sobre él y lo pone en la mesa para que el presidente--Ruiz
Zorrilla--señale el dia de su discusion.
¡Y todavía el 21 de Febrero de 1870 presentaban los señores Romero
Robledo, Figueroa, Navarro y Rodrigo, Barreiro, Merelles, Ayala y
Alarcon una proposicion pidiendo que «se aplazase el deliberar sobre el
proyecto de Constitucion de Puerto-Rico» en vista de las exposiciones
venidas de Cuba; proposicion retirada á instancias del Sr. Figuerola,
ministro de Hacienda, que convenia en acceder hasta cierto punto á los
deseos del Sr. Romero Robledo, recomendándolos á la presidencia de la
Cámara, que los hizo efectivos, á pesar de la protesta del diputado
puerto-riqueño Sr. Padial![23]
[23] Sesion del 21 de Febrero de 1870.
Meses despues, la Cámara constituyente, desestimando el voto particular
del Sr. Romero Robledo, declaraba la urgencia de la Constitucion
puerto-riqueña; y sin embargo, á pesar de las reclamaciones de los
diputados puerto-riqueños Sres. Becerra Delgado, Baldorioty y Hernandez
Arbizu, autores de varias proposiciones, sostenidas por muchos diputados
radicales y republicanos, y acogidas con buenas palabras por el Sr.
Moret, á la sazon ministro de Ultramar, ante cuyas promesas de que los
debates continuarian próximamente, eran retiradas las mociones,
entablándose así un verdadero pacto; todavía Puerto-Rico, casi al año de
haber acudido á los comicios, tenia que leer estas frases del Sr.
Moret....[24]
[24] Sesiones del 9 de Abril de 1870, de 23 de Mayo y del 10
de Junio.
"Pero, decís, han pasado ocho meses y no se ha hecho nada. Yo
comprendo vuestra impaciencia, pero en este puesto, al oiros decir
que han trascurrido ocho meses, casi me sonreia pensando en lo
breves que son en la vida de los pueblos los meses y los años. Ocho
meses para el que espera, para el que busca, para el que anhela, es
ciertamente un plazo muy largo; pero ocho meses, despues de haber
ganado la representacion nacional, no es un plazo estraordinario,
sobre todo, si en ese tiempo habeis obtenido, mejor dicho, habeis
realizado una série de mejoras que me voy á permitir recordar á la
Cámara!"
Y S. E. hablaba del presupuesto rebajado á 39 millones de 69; y de las
leyes municipal y provincial, y del voto de la Cámara, contrario al
particular del Sr. Romero Robledo; y decia:
"La Cámara ha decidido que es llegado el momento de aplicar las
reformas á Puerto-Rico y al desechar el voto particular del Sr.
Romero Robledo _ha aceptado en principio la Constitucion política
para aquella isla; de modo que desde entonces el que ocupe este
sitio, el que gobierne como el que administre para Ultramar, ya
tiene un principio fijo y seguro á que atenerse_. De hoy en
adelante, las leyes de Indias, como la real órden de 1825, son
letra muerta delante de esa afirmacion. Se podrá ir más ó menos de
prisa, se podrá tardar más ó menos tiempo, pero el principio está
aquí y los que gobiernen, como tienen que inspirarse en esta
atmósfera, lejos de retroceder, habrán de llevar adelante las
consecuencias de ese mismo principio. Verdad que esto no es todavía
ley, pero es ya la jurisprudencia."[25]
[25] Sesion de 10 de Junio de 1870.
Los diputados de Puerto-Rico aceptaron en aquella sesion que se aplazase
para la próxima legislatura el debate sobre el proyecto de Constitucion.
El Sr. Moret habrá visto despues, cómo los ocho meses han sido tres
años, que la ley municipal no se ha aplicado, que las leyes de Indias
rigen y que todo su discurso se redujo á buenos deseos y bellas
palabras.
Pero vino la segunda legislatura: este era el momento prometido por el
ministro de Ultramar para debatir el proyecto de Constitucion; la hora
llegaba; los diputados de Puerto-Rico anhelantes y satisfechos estaban
en sus puestos..... Pero es preciso _coronar el edificio
revolucionario_; es indispensable elegir un rey. Despues de varias
tentativas suena la candidatura del duque de Saboya.
Mas el partido conservador, la antigua Union liberal, apartada más ó
menos visiblemente de los demócratas y progresistas desde el voto
particular del Sr. Romero Robledo sobre la Constitucion de la pequeña
Antilla, resiste. Comiénzanse los tanteos; iniciánse las conferencias;
suavízanse las antipatías. Es posible; más aun, es fácil la
reconciliacion..... á costa de la libertad de Puerto-Rico.
Búscase á los diputados de la pobre Antilla; preséntaseles la suerte
difícil de la Patria; el momento es crítico; el porvenir de la
Revolucion está comprometido; la Constitucion de Puerto-Rico será un
hecho en otras Córtes... Es preciso ceder... Es necesario callar... Es
indispensable el sacrificio de Desdémona.
Y el rey Amadeo es votado. Y sigue el absolutismo en la infeliz
Borinquen. Y el ministro de Ultramar al cerrarse las Constituyentes dice
solemnemente: «Queda para las próximas Córtes la Constitucion de
Puerto-Rico... El Gobierno cree que sus compromisos no concluyen en esta
Asamblea, sino que siguen y seguirán hasta que tengan completa
satisfaccion.»[26]
[26] Sesion del 29 de Diciembre de 1870.
¡Cómo el partido radical puede olvidar este supremo sacrificio!
Pero llegan las primeras Córtes ordinarias de 1871. Por un olvido
inesplicable--muy parecido al de la Regencia en 1810--el Sr. Ayala deja
de convocar los comicios puerto-riqueños al propio tiempo que los de la
Península y hace imposible que los diputados de la pequeña Antilla
vengan á la primera legislatura. Cúpole al Sr. D. Rafael M. de Labra,
diputado á la sazon por Infiesto--Asturias--la honra de volver por los
fueros de la representacion nacional y por el derecho de los habitantes
de Puerto-Rico, en su proposicion de 10 de Julio de 1871, proposicion
que llevó por vez primera á la Cámara española los vastos problemas
políticos de Cuba, Puerto-Rico y Filipinas.
Mas al cabo los diputados puerto-riqueños vinieron en Setiembre; esto
es, en los instantes en que despues de rota la conciliacion y
entronizado el partido radical, los progresistas templados y los hombres
procedentes de la Union liberal se concertaban para dar una batalla al
gabinete Zorrilla en la votacion de presidente del Congreso. Los catorce
diputados de Puerto-Rico--el décimo quinto era un conservador--no
titubearon un momento; á pesar de las muchas quejas que los más tenian
de la administracion del general Baldrich en la isla y de no estar
unidos con ningun vínculo personal ni político al partido radical.
Pero á él le llevaban sus ideas y sus patrioticas inspiraciones. Por
esto si no pudieron estar con sus votos--todavía no habian sido
aprobadas sus actas por el Congreso--al lado de Rivero, en la eleccion
de presidente el 1.º de Octubre, con toda lealtad se pusieron en seguida
de parte de los radicales _caidos_, ocupando los escaños de la
izquierda, con Ruiz Zorrilla y resistiendo quizá, sin un momento de
vacilacion, tentaciones que hombres menos enérgicos y menos dignos
hubieran estimado, pues que por los contrarios solo se trataba de lograr
de ellos la abstencion en los asuntos particulares de los dos partidos
contendientes.
¡Podrá olvidar nunca esto el partido radical de la Península!
Corren los dias; marcánse las tendencias; llega la hora de la
organizacion de los partidos; es el momento de la redaccion de los dos
célebres manifiestos. El de los sagastinos--así se llamaba--sometia la
cuestion de Puerto-Rico, como todas las de Ultramar á la cuestion de
Cuba. Era un criterio claro y distinto. El radical, al principio corria
silencioso sobre este punto; y así _nunca_ lo hubiesen firmado ni los
diputados puerto-riqueños ni otros de la Península como los Sres. Labra
y Rodriguez (Gabriel). Pero sí lo hicieron desde el momento en que se
introdujo en él un párrafo espresivo sobre Ultramar, tomado de la
contestacion al Mensaje de cuatro ó seis meses hacia. Y así el partido
radical tuvo 14 soldados más--y soldados de valer--para la campaña de
oposicion; para abstenerse con él en la cuestion de la _Internacional_,
para con él votar sobre la ley de las asociaciones religiosas.
Y llega la disolucion de aquellas Córtes y la convocatoria de las
segundas. Al comité central del partido son llamados los
representantes--Sres. Blanco, Alvarez Peralta y Sanromá--del partido
radical de Puerto-Rico. Y de allí sale una escitacion á los liberales
puerto-riqueños, llevando por bandera el manifiesto de 15 de Octubre de
1871, y los electores de Puerto-Rico son perseguidos y derrotados por
radicales y como radicales envian á la oposicion del Congreso los
representantes de que se ha hablado, que con el partido luchan y votan y
hasta convienen en _seguir al partido al retraimiento_, aun cuando eran
hostiles á la idea, reservándose, empero, acudir á las Córtes si los
conservadores planteaban la cuestion de las reformas ultramarinas,
prevaliéndose de su ausencia.