"Sería chusco que el partido radical, sólo por imitar á los

Notas del Transcriptor:

Errores obvios de imprenta han sido corregidos.

Citas están denotadas de acuerdo al texto original con dos

símbolos distintos: " " y « ».

PROPAGANDA REFORMISTA

LA SITUACION

DE

PUERTO-RICO

LAS FALACIAS DE LOS CONSERVADORES

Y

LOS COMPROMISOS DEL PARTIDO RADICAL

POR

UN PUERTO-RIQUEÑO

MADRID

1873

IMPRENTA DE J. NOGUERA Á CARGO DE M. MARTINEZ

_calle de Bordadores, núm. 7_

AL PAÍS

LA SITUACION

DE

PUERTO-RICO

LAS FALACIAS DE LOS CONSERVADORES

Y

LOS COMPROMISOS DEL PARTIDO RADICAL

POR

UN PUERTO-RIQUEÑO

MADRID

1873

IMPRENTA DE J. NOGUERA Á CARGO DE M. MARTINEZ

_calle de Bordadores, núm. 7_

AL PAÍS

I.

Ocurre en estos instantes un hecho que no puede estrañar á los que

conozcan algo la historia de la América española y estén al tanto de los

recursos de que se valen los esclavistas y reaccionarios ultramarinos

para sorprender y violentar la opinion pública de la Península; pero que

parece como de encargo, para aumentar las confusiones y dificultades de

la política española, y por consecuencia para comprometer á la patria en

un camino de escollos y desastres.

Acaba de subir al poder el partido radical, que como partido digno de

este nombre, tenia y tiene su credo perfectamente determinado, y cuya

perfecta realizacion debia ser la esperanza de aquellos que á su

exaltacion habian contribuido, así como el punto de referencia y el dato

obligado de todas las observaciones y censuras de sus adversarios. Solo

así la vida política es una cosa séria, y solo así pueden desenvolverse

las opiniones y hacerse camino las reformas, sin sorpresas, violencias

ni decepciones siempre perturbadoras en el órden de los intereses

permanentes del país.

Entre los empeños del partido radical, uno era el de las reformas

ultramarinas, y singularmente el de las reformas políticas y sociales en

la isla de Puerto-Rico: y lo era, ya no solo por figurar en las filas

del partido--y, dicho sea de paso, en primera línea--un grupo bastante

numeroso de hombres cuyos compromisos en la cuestion colonial eran y son

notorios, sí que tambien por haber sido este punto concreto de la

política española (así como el de la inteligencia de los derechos

individuales y la soberanía nacional) uno de los temas de disidencia de

los dos célebres manifiestos de 13 y de 15 de Octubre de 1871, que como

todo el mundo sabe, sirvieron de base para la formacion de los partidos

conservador y radical.

Triunfante éste, era llegado el momento de esperar la inmediata

realizacion de las reformas de Puerto-Rico; y á esto, en buena

lógica,--no haciendo un agravio al partido dominante--tenian que

contraerse los esfuerzos de los devotos y las críticas de los enemigos.

Pero ¡oh sorpresa! Todo menos que esto hicieron los defensores del

_statu quo_, y toda su inteligencia y todos sus recursos se pusieron al

servicio de estas dos ideas: primera, que el partido radical no estaba

obligado por su historia ni por sus intereses, á hacer política radical

en Ultramar; segunda, que existia en Puerto-Rico un desórden y amagaban

tales conflictos que forzaban al radicalismo peninsular á buscar

soluciones y apoyo en las doctrinas y en los hombres del partido

conservador.

II.

La primera parte de esta empresa era por todo estremo difícil. Cuantos

de las cosas políticas se ocupan conocen bien los compromisos precisos,

terminantes, ineludibles, del partido radical en la cuestion

ultramarina. No era preciso remontarse al año de 1837 en que al ser

expulsados,--sin razon ni motivo, y contra el voto de 65 progresistas,

entre ellos D. Fermin Caballero, Vila, Diez y otros no menos

respetables,--los representantes en Córtes, de las provincias de

Ultramar, se levantaba D. Agustin de Argüelles á decir: «No condenamos á

la isla de Cuba y al resto de esa grande monarquía que ha finalizado

para nosotros, á un sistema absoluto, despótico... Yo quiero que sean

(aquellos habitantes) tan felices como nosotros; no quiero que haya un

solo ápice de diferencia entre ellos y nosotros, pero quiero que esta

felicidad proceda por leyes análogas á su situacion y circunstancias;»

vano deseo, protesta vana que dió de sí, por un lado, la promesa,

consignada como letra muerta en la Constitucion de 1837, de las _leyes

especiales_ por que se habian de regir las provincias de Ultramar, y,

por otra parte, cerca de cuarenta años de absolutismo, de persecuciones

y de opresion en las Antillas, que han tenido muy buen cuidado de

recordar siempre los partidos conservadores, declinando toda la

responsabilidad sobre el partido progresista.

Tampoco era menester acudir á las Constituyentes de 1855, en cuyo seno

el Sr. D. Nicolás M. Rivero sostuvo una proposicion de ley para llevar

las conquistas de la revolucion al otro lado de los mares; proposicion

retirada bajo la formal palabra de los hombres de aquellos dias de que

no tan solo se consignaria en las bases de la Constitucion el precepto

de las leyes especiales, sino que para nuestras Antillas, se harian

aquellas por las mismas Constituyentes, detenidas un instante ante el

temor de la conspiracion de Pintó y las exageraciones de los sucesos de

Cuba; recurso supremo á que han apelado siempre, para sostener el _statu

quo_ los reaccionarios ultramarinos, los reaccionarios de interés y de

corazon, con _voz y voto_ en los períodos revolucionarios y con

autoridad, tan evidente como perjudicial, entre sus mismos enemigos de

la Península, gracias al pretexto de que en nuestras Antillas solo se

ventila una cuestion nacional.

No se necesitaba tampoco recordar los discursos de las eminencias del

progresismo en las Córtes de 1858 al 62; las elocuentes protestas de

arrepentimiento del célebre banquete de los Campos Elíseos en 1864; el

texto del manifiesto del partido progresista y el espíritu y la letra de

todos los programas de la democracia, señaladamente el de 1865:

documentos todos en que aparece, de un modo claro y perfecto, la

voluntad de los dos bandos que luego, por la fuerza de las

circunstancias, han venido á formar el partido que hoy impera en las

esferas del poder, proclamando la personalidad del hombre, sus augustos

destinos y sus _derechos naturales é imprescriptibles_, y por tanto, los

mismos é idénticos, ora en medio de la bravura de los trópicos, ora en

las ardientes arenas del Africa, ora en el seno de las cultas y

refinadas ciudades de la vieja Europa.

De más cerca son los compromisos, llevados ahora casi al detalle, porque

la mayor comunicacion con nuestras provincias de Ultramar, la misma

guerra de Cuba, el adelantamiento general de las ideas y la mayor

cultura de nuestros hombres políticos--prescindiendo de otras

causas--han hecho posible la inteligencia de muchas de las cuestiones

coloniales, la distincion entre comarcas y comarcas y el presentimiento,

cuando menos, de problemas antes ni sospechados, pero cuya trascendencia

en el órden político interior de la Península no puede ocultarse á los

que han visto cómo en nuestras Antillas se han creado las fortunas y

robustecido las posiciones de ese centenar de soldados y ese grupo de

burócratas, de sedientos banqueros é inverosímiles cuanto escandalosos

potentados, base de los partidos reaccionarios de España é implacables

verdugos de nuestros partidos liberales.

Ahí está la solemne declaracion del último Gobierno Provisional, en su

Manifiesto de 25 de Octubre de 1868 á la Nacion, y que á la letra decia:

"De las ventajas y beneficios de la Revolucion gozarán tambien

nuestras queridas provincias de Ultramar, que forman parte de la

gran familia española y que tienen derecho á intervenir con su

inteligencia y su voto, en las árduas cuestiones políticas,

administrativas y sociales planteadas en su seno."

Ahí está el art. 108 de la Constitucion de 1869 que á la letra dice «que

las Córtes Constituyentes reformarán el sistema actual del gobierno de

las provincias de Ultramar, _cuando hayan tomado asiento los diputados

de_ CUBA Ó DE PUERTO-RICO, para hacer estensivas á las mismas, con las

modificaciones que se creyeren necesarias, los derechos consignados en

la Constitucion;» artículo en cuya primitiva redaccion se habia

suprimido la disyuntiva.

Ahí está el proyecto de Constitucion para Puerto-Rico, presentado á la

Cámara por el ministro de Ultramar, don Manuel Becerra, y en cuyo

preámbulo se leen estas elocuentes frases: «Aunque otros motivos más

íntimos no tuviera la Madre Patria, bastaria el indicado (el órden y la

fidelidad de la pequeña Antilla) para que volviendo sobre pasados

errores procurase el olvido de injusticias anteriores con la reparacion

solemne y pública de ellas, con el reconocimiento leal, á la vez que

ilimitado, del derecho igual para todos los hijos de España, no solo por

esta consideracion de índole política, sino por otra más poderosa, de

carácter puramente humano: que allí donde existe un sér inteligente y

responsable, se da el derecho como el único medio de manifestacion y

vida propia, de comunicacion con sus semejantes, de realizacion, en fin,

del destino individual y social que la Providencia ha marcado con

indelebles caractéres á los hombres y á los pueblos.... Hoy que la

provincia de Puerto-Rico ha expresado su voluntad y nos presta el

concurso de sus delegados, fuera _impolítico, y sobre impolítico

injusto, diferir por más tiempo el cumplimiento de solemnes compromisos,

de reiteradas promesas, y ante todo de deberes ineludibles_, que la

España, que las Córtes Constituyentes, que el Gobierno, ni pueden, ni

deben olvidar.»[1]

[1] 18 de Noviembre de 1869.

Ahí está el fallo de la Cámara que por 103 votos contra 13 desechó el

particular del Sr. Romero Robledo que proponia que «se aplazase la

deliberacion sobre el proyecto de Constitucion de Puerto-Rico, hasta que

tomasen asiento los diputados cubanos, recomendando al gobierno la

urgencia de que se procediese á hacer las elecciones en la isla de

Cuba;» votacion[2] importantísima no solo por la materia sobre que

recaia, si que tambien por haberse abstenido todos los diputados de

procedencia conservadora, emitiendo sus votos solo los tradicionalistas

y cuatro progresistas[3] y siendo quizá la primera vez que se rompia el

pacto de los dos partidos gobernantes desde Octubre de 1868.

[2] Sesion del 1.º de Abril de 1870.

[3] Los Sres. Palau, Rius, Paradela y Montero Telinge.

Ahí está la _Ley preparatoria para la abolicion de la esclavitud_,

presentada por el Sr. D. Segismundo Moret y votada por la Cámara

Constituyente; ley en cuyo art. 21 se dice de un modo terminante: «El

gobierno presentará á las Córtes cuando en ellas hayan sido admitidos

los diputados de Cuba, el proyecto de ley de emancipacion indemnizada de

los que queden en servidumbre, despues del planteamiento de la Ley

preparatoria;» siendo de advertir que la condicion de la presencia «de

los diputados de Cuba» se establecia por acuerdo del autor de la frase,

del ministro de Ultramar y de la comision que habia dado dictámen, en el

_supuesto de que en la próxima legislatura habrian de estar los tales

diputados_, sin que su ausencia, en todo caso, _pudiese detener la

ejecucion de la ley en la legislatura próxima_.[4]

[4] Sesion del 17 de Junio de 1870. Discursos de los Sres.

Cánovas, Moret y Villalobos.

Ahí está la _Ley de organizacion municipal_, obra del señor don Nicolás

M. Rivero, votada por las Constituyentes en Junio de 1870, y en cuya 4.ª

disposicion transitoria se manda que «se aplique la ley desde luego á la

provincia de Puerto-Rico con arreglo á los proyectos de Constitucion y

de Ayuntamientos de la misma»--presentados por el señor

Becerra--precepto hasta ahora no cumplido, para desdoro del poder

soberano de la Metrópoli y agravio de la memoria de las

Constituyentes.[5]

[5] Despues de escritas estas líneas ha aparecido el decreto

de 13 de Diciembre de 1872, cumpliendo el precepto, por más de

que no le siga la convocatoria de los comicios

puerto-riqueños, que es su lógico complemento.

Ahí están las palabras con que D. Cristino Martos, que á la sazon

ocupaba la presidencia de la Cámara saludó la entrada de los diputados

de Puerto-Rico en las Constituyentes:

"Sea bien venido ese represente Sr. Vardes Linares, (el que acababa

de hablar en la cuestion de los defensores de las Tunas, abogando

porque se hiciese de Puerto-Rico una verdadera provincia española)

con todos sus dignos compañeros. Que sepa que la Asamblea

Constituyente, representante de la revolucion de Setiembre, acoje

con placer su noble palabra y con gratitud la espresion de sus

patrióticos sentimientos, y que ciertamente las Córtes soberanas de

la nacion, lo mismo que el gobierno, han de responder á ese

sentimiento de elevado patriotismo que aquí se expone en nombre de

esa provincia, llevando allí tan pronto como sea posible las

reformas liberales á que tiene derecho."[6]

[6] Sesion del 12 de Octubre de 1861.

Ahí están las frases del presidente del Consejo de ministros, de D. Juan

Prim, en la misma sesion y con idéntico motivo:

"...Estén tranquilos los diputados por Puerto-Rico; tranquilícese

aquella hermosa provincia que yo aprendí á estimar cuando tuve el

honor de mandarla como capitan general: yo que me llevé de aquel

país un buen recuerdo, á mí recibieron allí con aprecio y

benevolencia, y siempre les he correspondido y _en cuanto de mi

dependa, pueden_ estar seguros los señores representantes de

Puerto-Rico que sus deseos serán satisfechos. En cuanto á las ideas

políticas, estén seguros tambien los puerto-riqueños que de una

manera completa y bien entendida quedarán satisfechas todas sus

aspiraciones."

Ahí está el discurso pronunciado por el entonces ministro de Ultramar,

D. Segismundo Moret, al terminarse las sesiones de las Constituyentes, y

cuyas últimas frases fueron--contestando al diputado Sr. Padial, que

preguntaba: ¿cómo se han de cumplir en lo sucesivo los arts. 108 y 109

de la Constitucion?

"La obligacion de hacer estensiva la Constitucion de la monarquía á

las provincias de Ultramar y la de presentar una ley especial de

gobierno para las islas Filipinas, es una obligacion constitucional

que queda perfectamente definida y habrá de continuarse, lo mismo

en este punto que en lo referente á la organizacion municipal en

las futuras Asambleas que por el país se elijan; y lo mismo digo

respecto á la cuestion de esclavitud. Esto me parece absolutamente

fuera de toda duda, y solo por satisfacer á S. S. lo afirma ahora

el Gobierno."

"...En resúmen, la Constitucion de Puerto-Rico queda para las

Córtes próximas, y entre tanto, los derechos electorales están para

siempre adquiridos en Puerto-Rico, pues no entiende el Gobierno que

pueda haber elecciones generales sin que las haya tambien en

aquella leal provincia. Y respecto de los demás puntos, en especial

á la esclavitud, el Gobierno cree que sus compromisos no concluyen

en esta Asamblea, sino que siguen y seguirán hasta que tengan

completa satisfaccion.[7]"

[7] Sesion del 23 de Diciembre de 1870.

Ahí está el párrafo de la contestacion al Mensage de la Corona de Abril

de 1871; párrafo debido, segun de público se dijo y nadie negó, á las

reclamaciones de los señores don Nicolás María Rivero y D. Gabriel

Rodriguez, presidente é individuo, respectivamente, de la comision

nombrada para redactar el documento, y que á la letra dice: «Fatal

legado del antiguo régimen, durante el cual fermentaron las pasiones

rencorosas y se preparó la esplosion, es la guerra civil que arde en

Cuba todavía; pero el Congreso de Diputados comparte con V. M. la

esperanza de que pronto y dichosamente termine. La entereza del

gobierno, el patriotismo, valor y sufrimiento de la marina, del ejército

y de los voluntarios, la pericia de sus jefes y el constante ánimo de la

nacion entera, contribuirán á este fin juntamente con la persuasion que

ha de ganar al cabo la mente de los rebeldes, de que sometidos,

alcanzarán las libertades que en vano quieren obtener por la fuerza. Su

empleo estorba solo el cumplimiento de las promesas de la revolucion,

las cuales _no tardarán en cumplirse, como el Congreso desea, en la otra

grande Antilla española, donde la paz no se ha turbado y donde el pleno

goce de los derechos políticos y la abolicion de la esclavitud no han de

influir en que se turbe_.»[8]

[8] Palacio del Congreso 24 de Mayo de 1871.--Nicolás M.

Rivero.--Tomás G. Mosquera.--Gabriel Rodriguez.--Francisco

Romero Robledo.--José Abascal.--Juan Valera.

Ahí está el manifiesto de 15 de Octubre de 1871, que sirvió de bandera

al partido radical de la Península, firmado por catorce diputados de la

pequeña Antilla, y que, con asentimiento (como era natural) de los

prohombres del radicalismo fué llevado á Puerto-Rico, por los Sres.

Baldorioty, Blanco y Sanromá, para que á su sombra peleasen, como

pelearon en medio de las mayores contrariedades, los electores

puerto-riqueños, y enviaran cuatro miembros, notables por su carácter y,

su inteligencia y su palabra[9], á la oposicion radical del Congreso, y

dos á la oposicion del Senado.[10] .....«Extinguir á todo trance la

rebelion de Cuba, y asegurar á toda costa la integridad nacional, sin

hacer para ello concesiones que el honor de España no consiente ni

transacciones que el patriotismo de nuestro partido rechaza; y una vez

restablecida la paz, entrar para aquella isla _en el camino de las

reformas que la Constitucion de 1869 ha ofrecido libremente á nuestros_

CONCIUDADANOS _de Ultramar_ y que han _comenzado á plantearse en

Puerto-Rico, donde la tranquilad no se ha turbado y donde el_

COMPLEMENTO DE ESTAS REFORMAS Y LA ABOLICION DE LA ESCLAVITUD _no han de

influir para que se turbe_...: he aquí nuestro firme propósito.»

[9] Los Sres. Mosquera, Sanromá, Labra y Alvarez Peralta.

[10] Los Sres. Rodriguez y Tirado.

Ahí está el discurso pronunciado por el Sr. Rivero (actual presidente

del Congreso y fundador de aquel célebre periódico _La Constitucion_,

que desde el primer dia levantó bandera contra las _dos rebeliones_ de

Cuba, antes del motin contra el Banco, la huelga de los cocheros y los

fusilamientos del 28 de Noviembre de 1871 en la Habana) en el gran

_meeting_ tenido por el partido radical en el Circo de Price el 26 de

Noviembre del año último, y donde decia:

"He sido llamado filibustero y republicano. Deseo ser bien

comprendido por lo que respecta á esta materia, y hablaré sin

reserva alguna á mis amigos políticos aquí reunidos. Señores, yo

siempre he defendido el mismo principio, del cual jamás me

desviaré. Es mi deseo que las colonias sean verdaderas provincias

españolas, pero que el pabellon de Castilla ondee siempre en ellas.

Siempre he defendido esto, y me tomo la libertad de observar que yo

fuí el primero que levantó la bandera de la perfecta asimilacion de

aquellas posesiones, en el sentido político y administrativo, con

las demás provincias de nuestro país. Pero, señores, por la misma

razon que amo á los habitantes de aquellas colonias como hermanos,

quisiera verlos en el goce de las mismas libertades y los mismos

derechos que aquí hemos conquistado con tanto trabajo: derechos y

libertades que les son debidos porque les han sido prometidos y

porque yo deseo que estén dispuestos á ser leales y verdaderos

hermanos nuestros. (_Aplausos._) Señores, yo no quiero esclavos.

(_Grandes aplausos._) Yo no quiero que mi país, no quiero que el

país de Isabel la Católica, no quiero que la patria del P. Las

Casas sea la última en arrancar de su seno este baldon de la

humanidad. Mas si deseo para mis hermanos de las colonias la

Constitucion y las libertades de España, nunca por mi parte,

concurriré á que mi país conceda esa libertad y esa constitucion á

los que nos las piden á balazos. (_Aplausos._) Ha de ser don

espontáneo de nuestras almas: acuerdo de los poderes públicos

generosamente tomado. Sólo así, esto que nuestros padres

conquistaron, que nosotros mismos hemos alcanzado á costa de tanta

sangre, de tantas lágrimas, de tantas heróicas víctimas, les puede

ser concedido."

Y el Sr. Martos añadia en la misma reunion entre los aplausos de las 12

mil personas que asistian á ella. «Somos llamados _filibusteros_ porque

queremos conceder reformas á nuestras posesiones coloniales, á Cuba,

despues de haber hecho sentir á los rebeldes el peso de nuestras armas,

y porque asimismo, somos favorables á la abolicion de la esclavitud,

que es un insulto al siglo. Con más justicia podríamos nosotros

apellidar á los que así nos hablan, _negreros_:»--palabras (de igual

suerte que las del Sr. Rivero) de tanta importancia, como que fueron

reproducidas en los despachos de Mr. Sickles, embajador de los

Estados-Unidos, al Gobierno de su país, y de Mr. Layard al conde

Granville, ministro de Negocios Extranjeros de la Gran Bretaña, en 28 de

Noviembre de aquel mismo año.[11]

[11] Del despacho de Mr. Layard traducimos estos discursos.

Ahí está la enmienda presentada (aunque no discutida) por los Sres.

Sanromá (actual consejero de Estado) Pasaron y Lastra (actual

vicepresidente del Congreso) Gomez Marin (actual subsecretario del

ministerio de Ultramar), Moreno Portela (actual gobernador de Toledo),

Alvarez Peralta, Molini y Anglada (actuales diputados á Córtes), como

miembros de la oposicion radical en Mayo de 1872, al proyecto de

contestacion al Mensaje de la Corona; Mensage notable por su absoluto

silencio respecto de Puerto-Rico y por sus afirmaciones del _statu quo_

ultramarino mientras durase la guerra de Cuba. «En tanto llega--decia la

enmienda--el anhelado dia de la paz en la grande Antilla, la Cámara cree

que deben cumplirse los compromisos de honor, contraidos por la

revolucion de Setiembre llevando á Puerto-Rico las reformas á que se

refiere el art. 108 de la Constitucion vigente y declarando abolida la

esclavitud de los negros, conforme á las constantes escitaciones de los

habitantes de aquella isla, preparada escepcionalmente para la solucion

definitiva de su cuestion social.»[12]

[12] Congreso 19 de Mayo de 1872.

Ahí está el discurso pronunciado en aquella misma legislatura por D.

Manuel Becerra que decia.....

"¿Hay alguna razon para que no se lleven á Puerto-Rico las reformas

que reclama con tanta justicia, despues de haberles dicho un dia y

otro que sí, que serian tales españoles, que gozarian de los mismos

derechos que nosotros, de los mismos deberes y de las mismas

ventajas? Nosotros que por una malhadada idea los echamos del

Congreso en 1837 á esos puerto-riqueños, que en una lucha con malas

condiciones han dado sus soldados, y no sólo dieron soldados sino

que el país quedó sin uno siquiera por que todos fueran á Santo

Domingo á defender la bandera española con motivo de la guerra á

que dió márgen la desdichada, la efímera anexion de 1861. Yo

pregunto: si allí no hay guerra ¿por qué no llevais la Constitucion

española modificada como requiere el estado de aquel país? ¿Por qué

no pensais en abolir la esclavitud? ¿Qué inconveniente ofrece esto

más que la indemnizacion? ¿Por qué no pensais en darles un Código

Penal, del cual carecen?..... De suerte que todo de consuno, la

conveniencia, la justicia nos aconseja _llevar inmediatamente_ la

reforma á Puerto-Rico. ¿Os parece, señores diputados, un escándalo

el que Puerto-Rico tenga un Ayuntamiento? ¿Os parece escándalo que

una poblacion de tal densidad y con tales condiciones viva sin

Ayuntamiento? ¿Os parece que es este un buen sistema colonial? ¿Es

este el sistema colonial de los ingleses, de los holandeses, de los

portugueses, del Brasil? ¡Quedamos hoy, ó somos nosotros la _sola_

Nacion que tiene la horrible mancha de la esclavitud, mancha que

cae lo mismo sobre el oprimido que sobre el opresor!"[13]

[13] Sesion del 4 de Junio de 1872.

Ahí está la prensa radical de Madrid en el momento de subir al poder el

partido dominante. _El Imparcial_ decia el 3 de Julio:

"Sería chusco que el partido radical, sólo por imitar á los

conservadores, que tanto han explotado las cuestiones ultramarinas

para hacerles servir á sus fines en la Península; que el partido

radical, decimos, no procediera respecto á aquellas provincias tal

y como en sus manifestaciones ha dicho al país, así en el

Parlamento como fuera de él, lo mismo por la voz autorizada de sus

jefes en el poder y en la oposicion, que por los solemnes

documentos que de vez en cuando se ha visto obligado á

publicar."[14]

[14] Artículo _Hablar por hablar_.

Y más tarde, el dia 4, añadía:

"_Nosotros no hemos dicho por cuenta propia que no existe política

radical para Ultramar._ Es una opinion de los conservadores y del

mismo _Debate_ cuando asegura que allí no es posible hacer otra

política que la española. La nuestra y la del colega son españolas

y sin embargo, _difieren en muchos puntos que no hay para qué

nombrar ahora_."

"Cuando ayer hablamos de la política ultramarina de nuestro

partido, nos referimos á las declaraciones que el partido ha

dirigido al país. _Ahí están nuestros manifiestos, los programas

de los gabinetes radicales. Las opiniones individuales que difieren

en más ó en menos del resto del partido, no constituye dogma en la

iglesia radical_."[15]

[15] Artículo _Dos palabras á El Debate_.

_La Tertulia_ en su número del 14 de Julio combatiendo á los que como

_La Discusion_, temian que el gobierno retrocediese en la política

colonial y á los que, como _El Debate_, le invitaban á entrar en sus

aguas, decia:

"¿Duda nadie que nuestros hombres cumplirán sus compromisos y sus

ofertas en puntos tan graves como las quintas, el jurado, el

derecho de asociacion, etc. etc.? Pues ¡porqué ha de retroceder en

la cuestion de Ultramar!!!....."

"Que dentro de un gran partido haya grados y matices, todo el mundo

lo sabe, y esto prueba la riqueza del partido. Así, no es estraño

que entre los radicales haya muchos que crean, sobre Ultramar, tal

ó cual reforma preferible á esta ó la otra..."

"Se trata, por ejemplo, de la abolicion de la esclavitud. Muchos de

nuestros amigos son partidarios de la abolicion inmediata, y otros

de la lenta ó aplazada, todos empero, y este es el compromiso del

partido, _son defensores, no sólo de la abolicion, sino á comenzar

desde luego á realizarla_."

"Y hay más. Dentro del partido radical, como dentro de todos los

partidos, caben hombres que no están en un todo y absolutamente de

acuerdo con el programa ó el credo de la Iglesia, si bien aceptan ó

defienden la mayor parte, la casi totalidad de sus artículos. No

por esto los rechazamos; pero en cambio sostenemos que esos hombres

no pueden tomar el nombre ni valerse de la autoridad del partido

para realizar sus opiniones particulares. _Un enemigo de las

reformas_, por ejemplo, _sería imposible en el ministerio de

Ultramar_, como lo sería un partidario de las reformas políticas

inmediatas en Cuba."[16]

[16] Artículo _Censuras injustas_.

_El Universal_ escribia el 5 de Julio:

"... Precisa, por tanto fijar bien el estado de las cosas. Ni

carantoñas, ni ladridos podrán conseguir del partido radical que

renuncie á sus compromisos ni falte á su palabra. Nosotros tenemos

un programa, y nadie, ni alto, ni bajo, puede faltar á él sin

incurrir en nota que todos los hombres honrados miran con horror."

"Nadie puede alegar duda respecto de lo que hará el partido

radical. Al aire tiene desplegada su bandera la víspera del 16 de

Junio, y todo el mundo conoce su manifiesto programa del 15 de

Octubre de 1871."

"En lo relativo á Ultramar es terminante."

"Extinguir á todo trance, etc... y que han comenzado á plantearse

en Puerto-Rico, donde la tranquilidad no se ha turbado, y donde el

_complemento de estas reformas y la abolicion de la esclavitud_ no

ha de influir en que se turbe."

"He aquí nuestros compromisos:"

"... Lo que se puede pedir, lo que hay perfecto derecho de pedir de

nuestro partido, y por tanto al ministro actual, lo dice claro el

párrafo que hemos copiado; _y nosotros podemos afirmar, que á fuer

de sincero y honrado el partido radical hará la reforma en

Puerto-Rico y abolirá la esclavitud. Para esto ha subido al

poder_."[17]

[17] Artículo _Entendámonos_.

_La Nacion_ decia el 3 de Julio:

"... (Despues de copiar las palabras del Manifiesto de Octubre del

71.)"

"Pues bien, cuando tan terminantemente se consignan esos propósitos

por un partido, ¿es justo abrigar sospechas sobre ellos? De ningun

modo. Nosotros venimos sosteniendo constantemente la opinion de

_que si en Cuba no es posible intentar reforma alguna, en

Puerto-Rico muy al contrario, estamos obligados á llevar aquellas á

que se han hecho acreedores con su conducta sensata, y tan

solemnemente les tenemos prometidas_."

"Que fuera gran torpeza y notoria injusticia condenar á la menor de

las Antillas á misma suerte que su vecina la isla de Cuba, por el

solo hecho de su proximidad á la insurreccion. Esto, en vez de

atraer culpabilidad sobre Puerto-Rico, es un timbre glorioso para

los fieles borinqueños que no se contagian con la traicion de sus

hermanos y que saben conservarse fieles á la madre patria." [18]

[18] Artículo _Una palabra sobre Ultramar_.

Ahí está la contestacion del Mensaje de la corona en las actuales

Córtes. El del Congreso decia:

"Conseguido el propósito, pacificada la isla, salvo el honor, que

ya no podrán estimarse las reformas ni motejarse la libertad como

muestras de flaqueza ó complacencias exigidas y arrancadas, anhelan

el Congreso y el gobierno que goce Cuba de libertades y derechos,

cumpliéndose lealmente las solemnes promesas hechas por las Córtes

Constituyentes."

"En la otra Antilla, donde la paz no se ha turbado, y donde el

pleno goce de los derechos políticos y la abolicion de la

esclavitud no han de influir en que se turbe, no tardarán sin duda,

como el Congreso desea, en verse totalmente realizadas las promesas

de la revolucion."[19]

[19] Firman este documento los señores diputados siguientes:

D. Manuel Becerra (presidente), D. Tomás M. Mosquera, D.

Augusto Comas, D. Sabino Herrero, D. Manuel Gomez Marin, don

Pedro Mata, D. Francisco de P. Canalejas.

El del Senado como sigue:

"Ese venturoso restablecimiento de la calma en la parte más

considerable y feraz de la isla, permite esperar que en breve han

de estenderse los beneficios de la paz á la escasa porcion de

territorio agitada todavía por el furor de las bandas insurrectas,

y que entonces, puestos á salvo de toda sospecha los generosos

móviles del gobierno, será dado cumplir, sin nota de flaqueza, los

solemnes compromisos de la revolucion."

"Parte de esta deuda está satisfecha ya con las acertadas reformas

que, despues de salvar la crísis económica, han regularizado la

administracion, introduciendo en ella escrupulosa moralidad."

"En más breve plazo podrá gozar de mayores ventajas la pacífica

isla de Puerto-Rico, la cual, encerrada en los limites del deber

por la sola fuerza de su lealtad, merece ver atendidas sin temor ni

recelo sus justas aspiraciones, y conseguir que los poderes

públicos, secundando la generosa conducta de sus habitantes,

promuevan la abolicion de la esclavitud."[20]

[20] Firman este documento los senadores D. Eugenio Moreno

Lopez (presidente), D. Eulogio Eraso, D. Vicente Morales Diaz,

Marqués de Seoane, D. Cándido Pieltain, D. Juan Manuel

Acebedo, D. Federico Balart (secretario).

Ahí están, en fin, los discursos del Sr. D. Manuel Ruiz Zorrilla; uno al

terciar en el debate sobre las actas de Puerto-Rico; otro al resumir los

solemnes debates de la contestacion del Mensaje en el Congreso. En el

primero decia:

"La cuestion de Puerto-Rico es completamente distinta, y así lo han

consignado el gobierno y la comision en el discurso de la corona y

en la contestacion al mismo: aquí discutiremos lo que más convenga

al bien de la patria y al reposo de este país tan perturbado,

mirando si una medida prematura puede traer la pérdida de unos ó

de otros intereses de los que debemos mirar con predileccion en las

Antillas."

"Examinaremos las cuestiones de Puerto-Rico, oiremos á sus

diputados; pero lo mismo acerca de esto que acerca de todo lo

demás, voy á hablar con sinceridad, como mi conciencia me dicta;

creo que así opinan mis compañeros de gabinete y la mayoría de

ambos cuerpos colegisladores: todo lo que pueda perjudicar á la

integridad del territorio, no lo hemos de hacer, ni lo hemos de

proponer ni lo hemos de procurar nosotros; todo lo que pueda

favorecer la integridad de la patria, nosotros lo hemos de hacer y

proponer y procurar. Y en _cuanto al cumplimiento de las promesas

que la revolucion ha hecho, hechas están, y los hombres que las

votaron no han de decir que no quieren cumplirlas. Si creyeran que

se habian equivocado, lo dirian; pero no lo creen, y están

dispuestos á sostener y realizar aquellas promesas_."

"Pero, ¿le parece al Sr. Sanromá que se puede marchar tan de prisa

como S. S. desea? Pues qué ¿hemos hecho aquí todo lo que teniamos

que hacer? ¿No está puesto en tela de juicio todo, desde la

dinastía hasta la última conquista revolucionaria? Si esto es

verdad, si los ánimos están agitados, si las conciencias no están

formadas sobre multitud de asuntos; si las opiniones están

divididas, y más que en nada en la cuestion de Ultramar, ¿no han de

creer los amigos que piensan que allí nada se puede hacer, y los

amigos que opinan que se puede hacer todo; no han de creer,

contando con la buena fé y el liberalismo de este gobierno, que se

han de conseguir estas dos cosas: para los unos la pacificacion de

la isla, defendiendo la integridad del territorio; para los otros

despues las reformas en las Antillas, recibiendo las bendiciones de

los que hoy las pretenden, y convenciendo á los que hoy las

combaten? (Aplausos.)"[21]

[21] Sesion del 12 de Octubre de 1872.

En el segundo discurso decia el Sr. Zorrilla, despues de hablar del

_statu quo_ en Cuba, mientras durase la guerra:

"Y vamos á Puerto-Rico, que es la otra colonia. En Puerto-Rico,

señores, éstos como los otros gobiernos de la revolucion, éste como

los otros Congresos, han marcado siempre la diferencia que habia

respecto de Cuba. Tomad los programas de los gobiernos; tomad los

discursos de todos los oradores; tomad la contestacion al discurso

de la Corona; tomad el proceder de todos los ministros, y vereis

cómo siempre se han propuesto, cómo siempre se han trazado una

marcha completamente distinta en la una y en la otra isla, en la

una y en la otra provincia. Respecto de esto dije tambien

terminantemente, en nombre de todos mis compañeros, que

sosteniamos todas y cada una de las promesas hechas por la

revolucion."

"Pero viene despues la segunda parte; y dicen los amigos, y dicen

los partidarios de las reformas en más ó menos escala en aquella

Antilla: "pero ¿y cuándo? porque esto lo han dicho todos los

gobiernos, hasta los gobiernos moderados. ¿Y qué reformas son las

que vais á llevar? porque esto lo necesitamos saber." Pues yo os

digo, despues de haber tomado antecedentes de ministros de

distintas opiniones, de unos oyéndolos de viva voz, de otros porque

hay datos en el ministerio de Ultramar, que la cuestion de la

esclavitud en la isla de Puerto-Rico es una cuestion fácil, es una

cuestion sencilla, es una cuestion que se podrá realizar pronto;

pero que no puede el gobierno, ni podia el gobierno, ni tenia nadie

derecho á exigirle que cuando no hay una sola ley todavía empezada

á discutir de las que ha presentado sobre la mesa á pesar de haber

muchas ó algunas que le hacen falta, pusiera sobre todas la

cuestion de la esclavitud en Puerto-Rico."

"Y viene una segunda cuestion, de la cual tambien hay antecedentes

en el ministerio de Ultramar, sobre la cual ha discutido el

gobierno, y sobre la cual tiene formada su opinion; y con esto

contesto á los que el otro dia tradujeron, sin acordarse de mi

carácter, sin reconocer mi franqueza, porque cuando no quiero decir

una cosa me la callo, pero nunca digo lo contrario, á los que el

otro dia creyeron que cuando yo decia: "estudiaremos todo lo que

hay que hacer en Puerto-Rico," yo decia: "estamos lo mismo que hace

diez años, estamos lo mismo que la víspera de la revolucion;

estamos lo mismo que si aquí hubiera un gobierno que se propusiera

que las Antillas estuvieran, en la situacion en que estaban hace

veinte años." Hay, pues, una cosa importantísima que desean, que

piden la mayor parte de los españoles de Puerto-Rico, y es el

planteamiento de la ley de ayuntamientos. El gobierno ha de

resolver tambien sobre esta cuestion, y el gobierno os ha de traer

á las Córtes la resolucion que acerca de ella recaiga; pero estad

seguros que aunque no sea más que para cargarse de mucha más razon

y de mucho más derecho con los rebeldes de Cuba, ha de manifestar

su gratitud, su cariño y su consideracion á los leales de

Puerto-Rico. ¿Qué quereis que os diga esta noche? ¿Estos y estos

artículos tendrá este proyecto de ley y el otro proyecto de ley?

¿Es esta la discusion en que estamos? ¿Hemos descendido á esto en

ninguno de los párrafos de que se ocupa el discurso de la Corona?"

"Y despues de todo, si creeis que el gobierno tarda, si creeis que

el gobierno no cumple sus promesas, ¿no teneis la iniciativa del

diputado ó para escitar su celo, ó para escitar á la Cámara para

que cumpla las promesas que el gobierno no quiere cumplir?"

"No tengo más que decir sobre la cuestion de Ultramar. El párrafo

del discurso de la Corona relativo á este punto es el que los

individuos de todos los partidos votaron en las Córtes del año

anterior, cuando existia el ministerio de conciliacion. Ese es

nuestro programa; ese es nuestro pensamiento; eso fué lo que se

dijo en el manifiesto del 12 de Noviembre, eso es lo que yo he

dicho cuando se ha reunido el partido radical; eso es lo que yo

dije antes del 15 de Octubre, y eso es lo que como hombres leales

estamos dispuestos á cumplir. ¿Hay algo más de lo que yo os he

dicho, porque exigen esta explicacion el estado de los ánimos y la

importancia que á esta cuestion se ha dado en estos dias; hay algo

más en el párrafo? Pues el gobierno está dispuesto á cumplirlo.

¿Hay algo menos? Pues ya sabeis lo que el gobierno ha agregado á lo

que en el párrafo se dice."[22]

[22] Sesion del 15 de Octubre.

Tales son no solo los compromisos del partido radical en la cuestion de

Puerto-Rico, sino las manifestaciones que los hombres más importantes

del radicalismo han hecho, lo mismo en la oposicion que en las esferas

del poder: comentario el más autorizado del Manifiesto de 15 de Octubre

de 1871.

III.

Pero es de notar el carácter gravísimo de estos compromisos, porque no

han sido meramente contraidos á la ventura y entregados á los caprichos

del aire; sí que aceptados solemnemente por un pueblo que ha obrado en

su conformidad y tiene hoy un derecho incuestionable á su exacto

cumplimiento.

El art. 108 era terminante: convocáronse los comicios puerto-riqueños y

vinieron á la Metrópoli, abandonando sus intereses y arrastrando los

peligros de una no corta navegacion, quince hombres, cuya llegada se

esperaba únicamente para _reformar el sistema de gobierno de las

provincias ultramarinas_--segun decia el art. 108 de esa Constitucion de

1869, que _no habian hecho los representantes de Puerto-Rico_, á pesar

de las promesas del manifiesto del Gobierno Provisional. Y llegan esos

hombres en Setiembre de 1869, y si á los dos meses está presentado el

proyecto de Constitucion en el Congreso por el Sr. Becerra (el 24 de

Noviembre) á poco (el 24 de Enero) la comision del Congreso da dictámen

sobre él y lo pone en la mesa para que el presidente--Ruiz

Zorrilla--señale el dia de su discusion.

¡Y todavía el 21 de Febrero de 1870 presentaban los señores Romero

Robledo, Figueroa, Navarro y Rodrigo, Barreiro, Merelles, Ayala y

Alarcon una proposicion pidiendo que «se aplazase el deliberar sobre el

proyecto de Constitucion de Puerto-Rico» en vista de las exposiciones

venidas de Cuba; proposicion retirada á instancias del Sr. Figuerola,

ministro de Hacienda, que convenia en acceder hasta cierto punto á los

deseos del Sr. Romero Robledo, recomendándolos á la presidencia de la

Cámara, que los hizo efectivos, á pesar de la protesta del diputado

puerto-riqueño Sr. Padial![23]

[23] Sesion del 21 de Febrero de 1870.

Meses despues, la Cámara constituyente, desestimando el voto particular

del Sr. Romero Robledo, declaraba la urgencia de la Constitucion

puerto-riqueña; y sin embargo, á pesar de las reclamaciones de los

diputados puerto-riqueños Sres. Becerra Delgado, Baldorioty y Hernandez

Arbizu, autores de varias proposiciones, sostenidas por muchos diputados

radicales y republicanos, y acogidas con buenas palabras por el Sr.

Moret, á la sazon ministro de Ultramar, ante cuyas promesas de que los

debates continuarian próximamente, eran retiradas las mociones,

entablándose así un verdadero pacto; todavía Puerto-Rico, casi al año de

haber acudido á los comicios, tenia que leer estas frases del Sr.

Moret....[24]

[24] Sesiones del 9 de Abril de 1870, de 23 de Mayo y del 10

de Junio.

"Pero, decís, han pasado ocho meses y no se ha hecho nada. Yo

comprendo vuestra impaciencia, pero en este puesto, al oiros decir

que han trascurrido ocho meses, casi me sonreia pensando en lo

breves que son en la vida de los pueblos los meses y los años. Ocho

meses para el que espera, para el que busca, para el que anhela, es

ciertamente un plazo muy largo; pero ocho meses, despues de haber

ganado la representacion nacional, no es un plazo estraordinario,

sobre todo, si en ese tiempo habeis obtenido, mejor dicho, habeis

realizado una série de mejoras que me voy á permitir recordar á la

Cámara!"

Y S. E. hablaba del presupuesto rebajado á 39 millones de 69; y de las

leyes municipal y provincial, y del voto de la Cámara, contrario al

particular del Sr. Romero Robledo; y decia:

"La Cámara ha decidido que es llegado el momento de aplicar las

reformas á Puerto-Rico y al desechar el voto particular del Sr.

Romero Robledo _ha aceptado en principio la Constitucion política

para aquella isla; de modo que desde entonces el que ocupe este

sitio, el que gobierne como el que administre para Ultramar, ya

tiene un principio fijo y seguro á que atenerse_. De hoy en

adelante, las leyes de Indias, como la real órden de 1825, son

letra muerta delante de esa afirmacion. Se podrá ir más ó menos de

prisa, se podrá tardar más ó menos tiempo, pero el principio está

aquí y los que gobiernen, como tienen que inspirarse en esta

atmósfera, lejos de retroceder, habrán de llevar adelante las

consecuencias de ese mismo principio. Verdad que esto no es todavía

ley, pero es ya la jurisprudencia."[25]

[25] Sesion de 10 de Junio de 1870.

Los diputados de Puerto-Rico aceptaron en aquella sesion que se aplazase

para la próxima legislatura el debate sobre el proyecto de Constitucion.

El Sr. Moret habrá visto despues, cómo los ocho meses han sido tres

años, que la ley municipal no se ha aplicado, que las leyes de Indias

rigen y que todo su discurso se redujo á buenos deseos y bellas

palabras.

Pero vino la segunda legislatura: este era el momento prometido por el

ministro de Ultramar para debatir el proyecto de Constitucion; la hora

llegaba; los diputados de Puerto-Rico anhelantes y satisfechos estaban

en sus puestos..... Pero es preciso _coronar el edificio

revolucionario_; es indispensable elegir un rey. Despues de varias

tentativas suena la candidatura del duque de Saboya.

Mas el partido conservador, la antigua Union liberal, apartada más ó

menos visiblemente de los demócratas y progresistas desde el voto

particular del Sr. Romero Robledo sobre la Constitucion de la pequeña

Antilla, resiste. Comiénzanse los tanteos; iniciánse las conferencias;

suavízanse las antipatías. Es posible; más aun, es fácil la

reconciliacion..... á costa de la libertad de Puerto-Rico.

Búscase á los diputados de la pobre Antilla; preséntaseles la suerte

difícil de la Patria; el momento es crítico; el porvenir de la

Revolucion está comprometido; la Constitucion de Puerto-Rico será un

hecho en otras Córtes... Es preciso ceder... Es necesario callar... Es

indispensable el sacrificio de Desdémona.

Y el rey Amadeo es votado. Y sigue el absolutismo en la infeliz

Borinquen. Y el ministro de Ultramar al cerrarse las Constituyentes dice

solemnemente: «Queda para las próximas Córtes la Constitucion de

Puerto-Rico... El Gobierno cree que sus compromisos no concluyen en esta

Asamblea, sino que siguen y seguirán hasta que tengan completa

satisfaccion.»[26]

[26] Sesion del 29 de Diciembre de 1870.

¡Cómo el partido radical puede olvidar este supremo sacrificio!

Pero llegan las primeras Córtes ordinarias de 1871. Por un olvido

inesplicable--muy parecido al de la Regencia en 1810--el Sr. Ayala deja

de convocar los comicios puerto-riqueños al propio tiempo que los de la

Península y hace imposible que los diputados de la pequeña Antilla

vengan á la primera legislatura. Cúpole al Sr. D. Rafael M. de Labra,

diputado á la sazon por Infiesto--Asturias--la honra de volver por los

fueros de la representacion nacional y por el derecho de los habitantes

de Puerto-Rico, en su proposicion de 10 de Julio de 1871, proposicion

que llevó por vez primera á la Cámara española los vastos problemas

políticos de Cuba, Puerto-Rico y Filipinas.

Mas al cabo los diputados puerto-riqueños vinieron en Setiembre; esto

es, en los instantes en que despues de rota la conciliacion y

entronizado el partido radical, los progresistas templados y los hombres

procedentes de la Union liberal se concertaban para dar una batalla al

gabinete Zorrilla en la votacion de presidente del Congreso. Los catorce

diputados de Puerto-Rico--el décimo quinto era un conservador--no

titubearon un momento; á pesar de las muchas quejas que los más tenian

de la administracion del general Baldrich en la isla y de no estar

unidos con ningun vínculo personal ni político al partido radical.

Pero á él le llevaban sus ideas y sus patrioticas inspiraciones. Por

esto si no pudieron estar con sus votos--todavía no habian sido

aprobadas sus actas por el Congreso--al lado de Rivero, en la eleccion

de presidente el 1.º de Octubre, con toda lealtad se pusieron en seguida

de parte de los radicales _caidos_, ocupando los escaños de la

izquierda, con Ruiz Zorrilla y resistiendo quizá, sin un momento de

vacilacion, tentaciones que hombres menos enérgicos y menos dignos

hubieran estimado, pues que por los contrarios solo se trataba de lograr

de ellos la abstencion en los asuntos particulares de los dos partidos

contendientes.

¡Podrá olvidar nunca esto el partido radical de la Península!

Corren los dias; marcánse las tendencias; llega la hora de la

organizacion de los partidos; es el momento de la redaccion de los dos

célebres manifiestos. El de los sagastinos--así se llamaba--sometia la

cuestion de Puerto-Rico, como todas las de Ultramar á la cuestion de

Cuba. Era un criterio claro y distinto. El radical, al principio corria

silencioso sobre este punto; y así _nunca_ lo hubiesen firmado ni los

diputados puerto-riqueños ni otros de la Península como los Sres. Labra

y Rodriguez (Gabriel). Pero sí lo hicieron desde el momento en que se

introdujo en él un párrafo espresivo sobre Ultramar, tomado de la

contestacion al Mensaje de cuatro ó seis meses hacia. Y así el partido

radical tuvo 14 soldados más--y soldados de valer--para la campaña de

oposicion; para abstenerse con él en la cuestion de la _Internacional_,

para con él votar sobre la ley de las asociaciones religiosas.

Y llega la disolucion de aquellas Córtes y la convocatoria de las

segundas. Al comité central del partido son llamados los

representantes--Sres. Blanco, Alvarez Peralta y Sanromá--del partido

radical de Puerto-Rico. Y de allí sale una escitacion á los liberales

puerto-riqueños, llevando por bandera el manifiesto de 15 de Octubre de

1871, y los electores de Puerto-Rico son perseguidos y derrotados por

radicales y como radicales envian á la oposicion del Congreso los

representantes de que se ha hablado, que con el partido luchan y votan y

hasta convienen en _seguir al partido al retraimiento_, aun cuando eran

hostiles á la idea, reservándose, empero, acudir á las Córtes si los

conservadores planteaban la cuestion de las reformas ultramarinas,

prevaliéndose de su ausencia.

La situacion de Puerto-Rico Las falacias de los conservadores y los compromisos del partido radical · 第 1 / 7 段