El mismo Gobernador Marchesi, por decreto de 30 de junio del citado año
de 66, declaró provisionalmente de texto para las escuelas elementales y
superiores los siguientes libros:
_Lectura._ Silabario de los niños puertorriqueños, por don Julio L. de
Vizcarrondo. Silabario completo de la lengua castellana por don Juan A.
de Torres Roldán. Libro de lectura, por don José Montenegro. El
Abecedario de la virtud, por don Juan de Dios de la Cada y Delgado. Los
Mandamientos de la ley de Dios, por doña Pilar Sinués de Marco. Manual
de Moral práctica y religiosa, edición de don José Solves. Cuaderno de
Lectura, por don Ramón M. Ballestero. Colección de trozos escogidos, en
prosa y verso, por don Pascacio Sancérrit.
_Historia Sagrada._—Catecismo Histórico por el abad de Fleury.
_Aritmética._—Aritmética, por don E. J. Diaz. Aritmética elemental por
don Emeterio Colón.
_Sistema métrico._—Catecismo del Sistema métrico, por don Pascasio
Sancérrit.
_Comercio._—Nociones de comercio, por don Emeterio Colón.
_Industria_—Ligeras nociones de industria, por don Federico Asenjo.
_Geografía._—Elementos de geografía, por don Patricio Palacios.
Elementos de historia y geografía de la isla de Puerto Rico, por don
Julio L. Vizcarrondo. Manual de geografía moderna, por don Ernesto
Butten.
_Agricultura._—Elementos de agricultura, por don A. Blanco Fernández.
Manual de agricultura, por don Alejandro Olivan.
_Geometría._—Tratado de geometría, por don J. Cortázar.
_Física._—Elementos de física y química, por don Miguel Ramos.
_Historia Natural._—Historia natural, por don Benito García de los
Santos. Programa de un curso de Historia natural, por José Monlau.
_Dibujo lineal._—Elementos de dibujo, geometría y agrimensura, por don
Juan B. Perromet. Curso de dibujo industrial, por don Juan Villamera.
_Agrimensura._—Guía práctica de agrimensura y labradores, por don
Verdejo Paez.—Tasación de tierras, por don Francisco Ruiz y Portera.
_Historia._—Curso elemental de historia, por don Joaquín Federico
Rivera. Compendio de historia universal, por don Juan Cortada. Manual de
historia universal, por don Alejandro Gomez Ranera.
_Historia de España._—La de don Alejandro Gomez Ranera. Compendio de
España, por don Manuel Ibo Alfaro.
Basta la ennumeración de los libros declarados de texto, para que se vea
los esfuerzos que se realizaban en el país en bien de la enseñanza
pública; teniendo el orgullo de anotar que muchos de esos libros estaban
escritos por educacionistas criollos, educados en el Seminario Colegio
de la calle del Cristo, como Vizcarrondo Sancérrit, Asenjo y Colón. Nos
extraña no ver figurar en esta relación el _Catecismo de geografía de
Pastrana_, de que ya hemos hecho mención, y el _Tratado de verbos
irregulares para facilitar su conocimiento y conjugación_, arreglado par
los alumnos del _Colegio de La Concepción_ por el bachiller don Manuel
H. Cuevas y Amalbert, hijo y discípulo connotado del maestro don Manuel
Sergio Cuebas Bacener. Obra impresa en 1862 y utilísima para el dominio
de los verbos irregulares castellanos.
Continuó el Gobernador Marchesi ocupándose de la instrucción y dispuso,
que don José María Caracena sustituyera á don Miguel Alvarez Mir, en el
puesto de Vice-Presidente de la Junta Superior de Instrucción por haber
pasado aquel señor á desempeñar el cargo de Director General de la
Administración local de la Isla. Ordenó, con fecha 24 de julio del 66,
que á los maestros de escuelas públicas elementales se les diera casa
habitación _decente y capaz para sí y su familia_, así como el local
escogido y bueno y suficiente para el establecimiento de la escuela, y
mobilario preciso para la enseñanza. Y con fecha 3 de agosto del mismo
año, decretó que el 19 de noviembre inmediato, se inaugurase en la casa
primera de la Caleta de San Juan, que estaba frente á la Catedral y las
Monjas y donde hoy se ha edificado una capilla protestante, la _Escuela
Superior de Niñas_, para que sirviera de modelo, considerando la
utilidad y conveniencia de dicho plantel de enseñanza, que había de
servir para organizar después la buena instrucción de maestras idóneas,
que habían de difundir por la Isla los conocimientos adquiridos. Este
colegio no se estableció porque el 18 de noviembre hubo un terrible
temblor de tierra, que llevó el miedo y el espanto á todos los hogares.
La isla siguió teniendo ligeras oscilaciones seísmicas, habiendo tenido
lugar otro fuerte temblor el 1º de diciembre. Empezaron á abandonarse
las casas de San Juan, todas de masposterías, y las familias huyeron en
demanda de las casas de madera de los campos. El Seminario Colegio
suspendió sus estudios y despidió los educandos á sus casas; y la
tranquilidad pública sufrió una honda pertubación con las
manifestaciones, casi diarias, de la onda seísmica. Hay que añadir á
esta desolación, que á fines de octubre del mismo año había sido azotado
el país por el fuerte huracán de San Narciso. Así se explica, que la
derrama de 4 mil pesos que había repartido el Gobernador Marchesi entre
los pueblos de la Isla para el sostenimiento de la Escuela Superior de
niñas no le fuera posible recaudarla, dado el estado de penuria en que
quedó Puerto Rico con el temporal y los temblores de tierra.
El Gobernador Marchesi, con fecha 19 de octubre de 1867, creó la
_Inspección general de Instrucción pública_, para ejercer una saludable
vigilancia sobre la enseñanza en toda la Isla, dando así un paso de
avance en tan ardua tarea y para darle mayor unidad á los sistemas de
instrucción.
Nuestro compatriota el doctor Ferrer, en la pág. 66 de su interesante
_Memoria_ ataca á los Municipios del año de 1866 y á los padres de
familia por el fracaso del Decreto Orgánico de Messina. Como no estamos
de acuerdo en este punto y creemos que parte de las dificultades para
implantar en el país el proyecto de Messina se debió á la índole del
documento en algunas de sus exigencias, copiamos á continuación un
párrafo de lo que dijo el Gobernador Marchesi al crear la _Inspección
General de Instrucción pública_. Dice así:
“Al fijar este Gobierno Supr. Civil toda su atención en el importante
asunto de la enseñanza pública, no ha podido olvidar el interés con que
los Municipios, consignando sumas considerables en los presupuestos para
aumentar de día en día las enseñanzas reglamentarias, llegaron á
interpretar fielmente las aspiraciones del Gobierno, que no ha podido
permitir que queden desfraudadas las legítimas esperanzas de la
juventud, ni que se malgasten en todo ó en parte los sagrados intereses
de los pueblos. La educación popular en su mayor extensión es la primera
de las necesidades públicas; por consiguiente, la más leve omisión
voluntaria en el ejercicio de la enseñanza puede producir y produce de
hecho males de tanta gravedad, que es indispensable estudiar su curación
desde su origen. A este importante fin se dirije la creación de la
Inspección general de Instrucción pública, llamada á practicar profundas
investigaciones en todo lo relativo á la enseñanza y proponer á este
Gobierno las inmediatas reformas que reclaman las particulares
condiciones en cada pueblo y en cada localidad.”
Y el Gobernador Marchesi, con muy buen tacto político, nombró un
peninsular y un hijo del país para desempeñar tan delicada misión,
siendo los agraciados don Vicente Fontán y don Federico Asenjo; cargos
_gratuitos_, con el abono de los gastos que ocasionaran las visitas á
las escuelas de la Isla. El Reglamento de estos Inspectores fué aprobado
por Real Orden de 25 de junio de 1866.