También el señor Obispo doctor don Gil Esteve para uniformar la
enseñanza de la Doctrina Cristiana, que cada maestro la hacía á su modo
eligiendo el texto que más le placía, compuso un _Catecismo_ y costeó
una edición de doce mil ejemplares, que distribuyó gratis entre los
párrocos y profesores de instrucción primaria de la Isla.
El año de 1859 el señor Obispo Carrión pidió al Presidente de la Real
Academia de Buenas Letras, que el Catecismo de la Doctrina Cristiana de
Gil Esteve fuese declarado de texto en las escuelas.
He aquí el oficio, en que se hacía esta petición:
“Excmo Sr. Advirtiendo mi digno antecesor el Excmo. é Iltmo. Sr. Dr. D.
Gil Esteve, que la enseñanza de la Doctrina Cristiana se verifica en
esta Diócesis por varios y diversos textos, no faltando profesores de
instrucción primaria que se habían formado el suyo; y penetrado de la
urgente necesidad de uniformar este importante ramo de instrucción
pública, formó un Catecismo, el que aprobó y recomendó á los párrocos, á
los profesores y á los padres de familia para que les sisviera de texto
en la enseñanza de la Doctrina Cristiana. Al intento costeó una edición
de doce mil ejemplares que distribuyó gratis en todos los pueblos de la
Isla y con preferencia á los párrocos y á los profesores de instrucción
primaria, por medio de la Real Academia.
“A pesar de estos esfuerzos he advertido en la serie de la pastoral
visita que estoy practicando, que muchos profesores, porque han venido
de la Península é ignoran lo dispuesto en este ramo, ó porque instruídos
en su niñez por otros textos, encuentran dificultad en adoptar el que es
propio del Obispado, ó por otras causas, continúan enseñando por el
texto que más les place.
“Hace años, que penetrada la Academia de Buenas Letras de la importancia
de señalar texto á todas las materias de instrucción, trabaja por
uniformar la enseñanza en toda la Isla, más no habiendo aún realizado
tan beneficioso pensamiento, no se oculta á la ilustración de V. E. la
necesidad de que á lo menos en esta parte, que pertenece á nuestra
autoridad, se verifique la deseada uniformidad; y para que sea en toda
su extensión espero de la religiosidad de V. E., que como Presidente de
la Real Academia de Buenas Letras se sirvirá disponer, que en todos los
establecimientos de enseñanza pública de niños, de uno y otro sexo, sólo
se use del Catecismo de la Doctrina Cristiana del Obispado de Puerto
Rico, del que en la actualidad hay en esa Capital surtido abundante, de
donde pueden proveerse los interesados. _Fray Pablo Benigno_, Obispo de
Puerto Rico. Manatí, 28 de Julio de 1859.”[52]
Reunida la Academia de Buenas Letras, aprobó en sesión de 6 de octubre
del mismo año lo propuesto por el señor Obispo Carrión, publicándose en
la Gaceta Oficial del día 17, de dicho mes y año, para general
conocimiento. Además, fueron declarados de texto y recomendados por la
Academia los siguientes libros:
_Gramática Castellana_, por don Juan de Mata Aybar.
_Silabario de la lengua castellana_, por don Juan de Torres Roldán.
_Historia Sagrada_, por don José Turull.
_Tratado de Aritmética_, por don Julio L. de Vizcarrondo.
_El libro de los niños_, por Martínez de la Rosa.
_Crisol histórico español_, por don José Ferrer de Coute.