Bendito sea su santo nombre... Pero ¿sois algun excomulgado?... Si no

es cosa rara preferir el esperar al raso. En fin, voy á dar el recado,

que probablemente no tendrá respuesta. Si no vuelvo, buenas noches: ahí

á la bajadita está la villa, y hay un buen meson. El de la tia Colasa.

(_Ciérrase la ventanilla, y Doña Leonor queda muy abatida._)

ESCENA V.

LEONOR.

¿Será tan negra y dura

mi suerte miserable,

que este santo prelado

socorro y proteccion no quiera darme?

La rígida aspereza

y las dificultades

que ha mostrado el portero

me pasman de terror, hielan mi sangre.

Mas no, si dá el aviso

al reverendo Padre,

y éste es tan docto y bueno

cual dicen todos, volará á ampararme.

¡Oh Soberana Vírgen,

de desdichados Madre:

su corazon ablanda

para que venga pronto á consolarme!

(_Queda en silencio: dá la una el reloj del convento: se abre la

portería, en la que aparecen el P. Guardian y el H. Meliton con

un farol: éste se queda en la puerta y aquel sale á la escena._)

ESCENA VI.

DOÑA LEONOR, el P. GUARDIAN, el H. MELITON.

GUARDIAN.

El que me busca ¿quién es?

LEONOR.

Yo soy, Padre, que queria...

GUARDIAN.

Ya se abrió la portería;

entrad en el cláustro, pues.

LEONOR.

(_Muy sobresaltada._)

¡Ah!... imposible; Padre, no.

GUARDIAN.

¡Imposible!... ¿Qué decís?...

LEONOR.

Si que os hable permitís,

aquí solo puedo yo.

GUARDIAN.

Si os envía el Padre Cleto,

hablad, que es mi grande amigo.

LEONOR.

Padre, que sea sin testigo,

porque me importa el secreto.

GUARDIAN.

¿Y quién?... Mas ya os entendí.

Retiraos, fray Meliton,

y encajad ese porton;

dejadnos solos aquí.

MELITON.

¿No lo dije? Secretitos.

Los misterios ellos solos,

que los demás somos bolos

para estos santos benditos.

GUARDIAN.

¿Qué murmura?...

MELITON.

Que está tan

premiosa esta puerta... y luego...

GUARDIAN.

Obedezca, hermano lego.

MELITON.

Ya me la echó de guardian.

(_Ciérrase la puerta y váse._)

ESCENA VII.

DOÑA LEONOR, el P. GUARDIAN.

GUARDIAN.

(_Acercándose á Leonor._)

Ya estamos, hermano, solos.

Mas ¿por qué tanto misterio?

¿No fuera más conveniente

que entrárais en el convento?

¡No sé qué pueda impedirlo!...

entrad, pues, que yo os lo ruego;

entrad, subid á mi celda;

tomareis un refrigerio,

y despues...

LEONOR.

No, Padre mio.

GUARDIAN.

¿Qué os horroriza?... no entiendo...

LEONOR.

(_Muy abatida._) Soy una infeliz mujer.

GUARDIAN.

(_Asustado._)

¡Una mujer!... ¡Santo cielo!

¡Una mujer!... á estas horas,

en este sitio... ¿qué es esto?

LEONOR.

Una mujer infelice,

maldicion del universo,

que á vuestras plantas rendida

(_Se arrodilla._)

os pide amparo y remedio,

pues vos podeis libertarla

de este mundo y del infierno.

GUARDIAN.

Señora, alzad. Que son grandes (_La levanta._)

vuestros infortunios creo

cuando os miro en este sitio,

y escucho tales lamentos.

Pero ¿qué apoyo, decidme,

qué amparo prestaros puedo

yo, un humilde religioso

encerrado en estos yermos?

LEONOR.

No habeis, Padre, recibido

la carta que el Padre Cleto...

GUARDIAN.

(_Recapacitando._)

¿El Padre Cleto os envía?...

LEONOR.

Á vos, cual solo remedio

de todos mis infortunios,

si benignos los intentos

que á estos montes me conducen

permitís tengan efecto.

GUARDIAN.

(_Sorprendido._)

¿Sois Doña Leonor de Vargas?...

¿Sois por dicha?... ¡Dios eterno!

LEONOR.

(_Abatida._) ¡Os horroriza el mirarme!

GUARDIAN.

(_Afectuoso._) No, hija mia, no por cierto.

Ni permita Dios que nunca

tan duro sea mi pecho,

que á los desgraciados niegue

la compasion y el respeto.

LEONOR.

¡Yo lo soy tanto!

GUARDIAN.

Señora,

vuestra agitacion comprendo.

No es extraño, no. Seguidme,

venid. Sentaos un momento

al pié de esta cruz; su sombra

os dará fuerza y consuelos.

(_Lleva el Guardian á Doña Leonor, y se sientan ambos al pié de la

cruz._)

LEONOR.

¡No me abandoneis! Oh, Padre.

GUARDIAN.

No, jamás; contad conmigo.

LEONOR.

De este santo monasterio

desde que el término piso,

más tranquila tengo el alma,

con más libertad respiro.

Ya no me cercan, cual hace

un año, que hoy se ha cumplido,

los espectros y fantasmas

que siempre en redor he visto.

Ya no me sigue la sombra

sangrienta del padre mio,

ni escucho sus maldiciones,

ni su horrenda herida miro,

ni...

GUARDIAN.

¡Oh! no lo dudo, hija mia;

libre estais en este sitio

de esas vanas ilusiones,

aborto de los abismos.

Las insidias del demonio,

las sombras á que dá brío

para conturbar al hombre,

no tienen aquí dominio.

LEONOR.

Por eso aquí busco ansiosa

dulce consuelo y auxilio,

y de la reina del cielo

bajo el régio manto abrigo.

GUARDIAN.

Vamos despacio, hija mia:

el Padre Cleto me ha escrito

la resolucion tremenda

que al desierto os ha traido;

pero no basta.

LEONOR.

Sí basta:

es inmutable... lo fío,

es inmutable.

GUARDIAN.

¡Hija mia!

LEONOR.

Vengo resuelta, lo he dicho,

á sepultarme por siempre

en la tumba de estos riscos.

GUARDIAN.

¡Cómo!...

LEONOR.

¿Seré la primera?...

No lo seré, Padre mio.

Mi confesor me ha informado

de que en este santo sitio,

otra mujer infelice

vivió muerta para el siglo.

Resuelta á seguir su ejemplo

vengo en busca de su asilo:

dármelo sin duda puede

la gruta que la dió abrigo,

vos la proteccion y amparo

que para ello necesito,

y la Soberana Vírgen

su santa gracia y su auxilio.

GUARDIAN.

No os engañó el Padre Cleto,

pues diez años ha vivido

una santa penitente

en este yermo tranquilo,

de los hombres ignorada,

de penitencias prodigio.

En nuestra iglesia sus restos

están, y yo los estimo

como la joya más rica

de esta casa, que aunque indigno,

gobierno, en el Santo nombre

de mi Padre San Francisco.

La gruta que fué su albergue,

y á que reparos precisos

se le hicieron, está cerca

en ese hondo precipicio.

Aún existen en su seno

los humildes utensilios

que usó la santa; á su lado

un arroyo cristalino

brota apacible...

LEONOR.

Al momento

llevadme allá, Padre mio.

GUARDIAN.

¡Oh, Doña Leonor de Vargas!

¿Insistís?

LEONOR.

Sí, Padre, insisto.

Dios me manda...

GUARDIAN.

Raras veces

Dios tan grandes sacrificios

exige de los mortales.

Y, ¡ay de aquel que de un delirio

en el momento, hija mia,

tal vez se engaña á sí mismo!

Todas las tribulaciones

de este mundo fugitivo,

son, señora, pasajeras;

al cabo encuentran alivio.

Y al Dios de bondad se sirve,

y se le aplaca lo mismo

en el cláustro, en el desierto,

de la córte en el bullicio,

cuando se le entrega el alma

con fé viva y pecho limpio.

LEONOR.

No es un acaloramiento,

no un instante de delirio

quien me sugirió la idea

que á buscaros me ha traido.

Desengaños de este mundo,

y un año ¡ay Dios! de suplicios,

de largas meditaciones,

de continuados peligros,

de atroces remordimientos,

de reflexiones conmigo,

mi intencion han madurado

y esfuerzo me han concedido

para hacer voto solemne

de morir en este sitio.

Mi confesor venerable,

que ya mi historia os ha escrito,

el Padre Cleto, á quien todos

llaman santo, y con motivo,

mi resolucion aprueba,

aunque cual vos al principio

trató de desvanecerla

con sus doctos raciocinios,

y á vuestras plantas me envía

para que me deis auxilio.

No me abandoneis, oh Padre,

por el cielo os lo suplico;

mi resolucion es firme,

mi voto inmutable y fijo,

y no hay fuerza en este mundo

que me saque de estos riscos.

GUARDIAN.

Sois muy jóven, hija mia;

¿quién lo que el cielo propicio

aún os puede guardar sabe?

LEONOR.

Renuncio á todo, lo he dicho.

GUARDIAN.

Acaso aquel caballero...

LEONOR.

¿Qué pronunciais?... ¡Oh martirio!

Aunque inocente, manchado

con sangre del padre mio

está, y nunca, nunca...

GUARDIAN.

Entiendo.

Mas de vuestra casa el brillo,

vuestros hermanos...

LEONOR.

Mi muerte

solo anhelan vengativos.

GUARDIAN.

¿Y la bondadosa tia

que en Córdoba os ha tenido

un año oculta?

LEONOR.

No puedo,

sin ponerla en compromiso

abusar de sus bondades.

GUARDIAN.

¿Y qué, más seguro asilo

no fuera, y más conveniente,

con las esposas de Cristo,

en un convento?...

LEONOR.

No, Padre;

son tantos los requisitos

que para entrar en el cláustro

se exigen... y... ¡oh! no, Dios mio,

aunque me encuentro inocente,

no puedo, tiemblo al decirlo,

vivir sino donde nadie

viva y converse conmigo.

Mi desgracia en toda España

suena de modo distinto,

y una alusion, una seña,

una mirada, suplicios

pudieran ser que me hundieran

del despecho en el abismo.

No, jamás... Aquí, aquí solo;

si no me acogeis benigno,

piedad pediré á las fieras

que habitan en estos riscos,

alimento á estas montañas,

vivienda á estos precipicios.

No salgo de este desierto;

una voz hiere mi oido,

voz del cielo que me dice:

aquí, aquí; y aquí respiro.

(_Se abraza con la cruz._)

No, no habrá fuerzas humanas

que me arranquen de este sitio.

GUARDIAN.

(_Levantándose y aparte._)

¡Será verdad, Dios eterno!

¿Será tan grande y tan alta

la proteccion que concede

vuestra Madre Soberana

á mí, pecador indigno,

que cuando soy de esta casa

humilde prelado, venga

con resolucion tan santa

otra mujer penitente

á ser luz de estas montañas?

¡Bendito seais, Dios eterno,

cuya omnipotencia narran

estos cielos estrellados,

escabel de vuestras plantas! (_Pausa._)

¿Vuestra vocacion es firme?... (_Á Leonor._)

¿Sois tan bienaventurada?...

LEONOR.

Es inmutable, y cumplirla

la voz del cielo me manda.

GUARDIAN.

Sea, pues, bajo el amparo

de la Vírgen soberana.

(_Extiende una mano sobre ella._)

LEONOR.

(_Arrojándose á las plantas del P. Guardian._)

¿Me acogeis?... ¡Oh Dios!...¡ Oh dicha!

¡Cuán feliz vuestras palabras

me hacen en este momento!...

GUARDIAN.

(_Levantándola._)

Dad á la Vírgen las gracias.

Ella es quien asilo os presta

á la sombra de su casa.

No yo, pecador protervo,

vil gusano, tierra, nada. (_Pausa._)

LEONOR.

Y vos, tan solo vos, oh padre mio,

sabreis que habito en estas asperezas,

no otro ningun mortal.

GUARDIAN.

Yo solamente

sabré quien sois. Pero que avise es fuerza

á la comunidad de que la ermita

está ocupada, y de que vive en ella

una persona penitente. Y nadie,

bajo precepto santo de obediencia,

osará aproximarse de cien pasos,

ni ménos penetrar la humilde cerca

que á gran distancia la circunda en torno.

La mujer santa, antecesora vuestra,

solo fué conocida del prelado,

tambien mi antecesor. Que mujer era

lo supieron los otros religiosos

cuando se celebraron sus exequias.

Ni yo jamás he de volver á veros:

cada semana, sí, con gran reserva,

yo mismo os dejaré junto á la fuente

la escasa provision: de recogerla

cuidareis vos... Una pequeña esquila,

que está sobre la puerta con su cuerda

calando á lo interior, tocareis solo

de un gran peligro en la ocasion extrema,

ó en la hora de la muerte. Su sonido,

á mí ó al que cual yo prelado sea,

avisará, y espiritual socorro

jamás os faltará... No, nada tema.

La Vírgen de los Ángeles os cubre

con su manto, será vuestra defensa

el ángel del Señor.

LEONOR.

Mas mis hermanos...

ó bandidos tal vez...

GUARDIAN.

Y ¿quién pudiera

atreverse, hija mia, sin que al punto

sobre él tronára la venganza eterna?

Cuando vivió la penitente antigua

en ese mismo sitio, á donde os lleva

gracia especial del brazo omnipotente,

tres malhechores con audacia ciega

llegar quisieron al albergue santo;

al momento una horrísona tormenta

se alzó, enlutando el indignado cielo,

y un rayo desprendido de la esfera

hizo ceniza á dos de los bandidos,

y el tercero, temblando, á nuestra iglesia

acogióse, vistió el escapulario

abrazando contrito nuestra regla,

y murió á los dos meses.

LEONOR.

Bien: ¡oh Padre!

pues que encontré donde esconderme pueda

á los ojos del mundo, conducidme,

sin tardanza llevadme...

GUARDIAN.

Al punto sea,

que ya la luz del alba se avecina.

Mas antes entraremos en la iglesia;

recibireis mi absolucion y luego

el pan de vida y de salud eterna.

Vestireis el sayal de San Francisco,

y os daré avisos que importaros puedan

para la santa y penitente vida,

á que con gloria tanta estais resuelta.

ESCENA VIII.

GUARDIAN.

¡Hola!... Hermano Meliton.

¡Hola!... despierte le digo;

de la iglesia abra el postigo.

MELITON.

(_Dentro._) ¿Pues qué, ya las cinco son?...

(_Sale bostezando._)

Apostaré á que no han dado. (_Bosteza._)

GUARDIAN.

La iglesia abra.

MELITON.

No es de dia.

GUARDIAN.

¿Replica?... Por vida mia...

MELITON.

¿Yo?... en mi vida he replicado.

Bien podia el penitente

hasta las cinco esperar;

difícil será encontrar

un pecador tan urgente. (_Váse._)

GUARDIAN.

(_Conduciendo á Leonor hácia la iglesia._)

Vamos al punto, vamos;

en la casa de Dios, hermana, entremos,

su nombre bendigamos,

en su misericordia confiemos.

FIN DE LA JORNADA SEGUNDA.

JORNADA TERCERA.

_La escena es en Italia, en Beletri y sus alrededores._

ESCENA PRIMERA.

_El teatro representa una sala corta, alojamiento de oficiales

abandonados. En las paredes estarán colgados en desórden

uniformes, capotes, sillas de caballos, armas, etc.; en medio

habrá una mesa con tapete verde, dos candeleros de bronce con

velas de sebo, los cuatro oficiales alrededor, y uno de ellos con

la baraja en la mano, y habrá otras sillas desocupadas._

PEDRAZA.

(_Entra muy de prisa._) ¡Qué frio está esto!

OFICIAL 1.º

Todos se han ido en cuanto me han desplumado: no he conseguido tirar

una buena talla.

PEDRAZA.

Pues precisamente va á venir un gran punto, y si ve esto tan desierto y

frio...

OFICIAL 1.º

¿Y quién es el pájaro?

TODOS.

¿Quién?

PEDRAZA.

El ayudante del general, ese teniente coronel que ha llegado esta

tarde con la órden de que al amanecer estemos sobre las armas. Es

gran aficionado, tiene mucho rumbo, y á lo que parece es blanquito.

Hemos cenado juntos en casa de la coronela, á quien ya le está echando

requiebros, y el taimado de nuestro capellan le marcó por suyo. Le

convidó con que viniera á jugar, y ya lo trae hácia aquí.

OFICIAL 1.º

Pues señores, ya es este otro cantar. Ya vamos á ser todos unos... ¿Me

entienden ustedes?

TODOS.

Sí, sí, muy bien pensado.

OFICIAL 2.º

Como que es de plana mayor, y será contrario de los pobres pilíes.

OFICIAL 4.º

Á él, y duro.

OFICIAL 1.º

Pues para jugar con él tengo baraja preparada, más obediente que un

recluta, y más florida que el mes de Mayo. (_Saca una baraja del

bolsillo._) Y aquí está.

OFICIAL 3.º

¡Qué fino es usted, camarada!

OFICIAL 1.º

No hay que jugar ases ni figuras. Y al avío, que ya suena gente en la

escalera. Tiro, tres á la derecha, nueve á la izquierda.

ESCENA II.

DON CÁRLOS DE VARGAS y el CAPELLAN.

CAPELLAN.

Aquí viene, compañeros,

un rumboso aficionado.

TODOS.

Sea, pues, muy bien llegado.

(_Levantándose y volviéndose á sentar._)

D. CÁRLOS.

Buenas noches, caballeros.

¡Qué casa tan indecente! (_Aparte._)

Estoy, vive Dios, corrido,

de verme comprometido

á alternar con esta gente.

OFICIAL 1.º

Sentaos.

(_Se sienta Don Cárlos, haciéndole todos lugar._)

CAPELLAN.

Señor capitan, (_Al banquero._)

¿y el concurso?

OFICIAL 1.º

Se afufó (_Barajando._)

en cuanto me desbancó.

Toditos repletos van.

Se declaró un juego eterno

que no he podido quebrar,

y siempre salió á ganar

una sota del infierno.

Veinte y dos veces salió

y jamás á la derecha.

OFICIAL 2.º

El que nunca se aprovecha

de tales gangas soy yo.

OFICIAL 3.º

Y yo en el juego contrario

me empeñé, que nada ví,

y ya solo estoy aquí

para rezar el rosario.

CAPELLAN.

Vamos.

PEDRAZA.

Vamos.

OFICIAL 1.º

Tiro.

D. CÁRLOS.

Juego.

OFICIAL 1.º

Tiro, á la derecha el as,

y á la izquierda la sotita.

OFICIAL 2.º

Ya salió la muy maldita.

Por vida de Barrabás...

OFICIAL 1.º

Rey á la derecha, nueve

á la izquierda.

D. CÁRLOS.

Yo lo gano.

OFICIAL 1.º

¡Tengo apestada la mano! (_Paga._)

Tres onzas, nada se debe.

Á la derecha la sota.

OFICIAL 4.º

Ya quebró.

OFICIAL 3.º

Pegarle fuego.

OFICIAL 1.º

Á la izquierda siete.

D. CÁRLOS.

Juego.

OFICIAL 2.º

Solo el verlo me rebota.

D. CÁRLOS.

Copo.

CAPELLAN.

¿Con carta tapada?

OFICIAL 1.º

Tiro, á la derecha el tres.

PEDRAZA.

¡Qué bonita carta es!

OFICIAL 1.º

Cuando sale descargada.

Á la izquierda el cinco.

D. CÁRLOS.

(_Levantándose y sujetando la baraja._)

No,

con tiento, señor banquero,

(_Vuelve su carta._)

que he ganado mi dinero,

y trampas no sufro yo.

OFICIAL 1.º

¿Cómo trampas?... ¿Quién osar?...

D. CÁRLOS.

Yo; pegado tras del cinco

está el caballo, buen brinco

le hicísteis, amigo, dar.

OFICIAL 1.º

Soy hombre pundonoroso,

y esto una casualidad...

D. CÁRLOS.

Esta es una iniquidad,

vos un taimado tramposo.

PEDRAZA.

Sois un loco, un atrevido.

D. CÁRLOS.

Vos un vil, y con la espada...

TODOS.

Esta es una casa honrada.

CAPELLAN.

Por Dios no hagamos ruido.

D. CÁRLOS.

(_Echando á rodar la mesa._)

Abreviemos de razones.

TODOS.

(_Tomando las espadas._)

Muera, muera el insolente.

D. CÁRLOS.

(_Sale defendiéndose._)

¿Qué puede con un valiente

una cueva de ladrones?

(_Vánse acuchillando, y dos ó tres soldados retiran la mesa, las

sillas y desembarazan la escena._)

ESCENA III.

_El teatro representa una selva en noche muy oscura. Aparece al

fondo DON ÁLVARO, solo, vestido de capitan de granaderos, se

acerca lentamente, y dice con gran agitacion._

DON ÁLVARO, solo.

¡Qué carga tan insufrible

es el ambiente vital,

para el mezquino mortal

que nace en signo terrible!

¡Qué eternidad tan horrible

la breve vida! Este mundo

¡qué calabozo profundo,

para el hombre desdichado

á quien mira el cielo airado

con su ceño furibundo!

Parece, sí, que á medida

que es más dura y más amarga,

más extiende, más alarga

el destino nuestra vida.

Si nos está concedida

solo para padecer,

y debe muy breve ser

la del feliz, como en pena

de que su objeto no llena;

¡terrible cosa es nacer!

Al que tranquilo, gozoso

vive entre aplausos y honores,

y de inocentes amores

apura el cáliz sabroso;

cuando es más fuerte y brioso,

la muerte sus dichas huella,

sus venturas atropella;

y yo que infelice soy,

yo que buscándola voy,

no puedo encontrar con ella.

Mas ¿cómo la he de obtener,

¡desventurado de mí!

pues cuando infeliz nací,

nací para envejecer?

Si aquel dia de placer

(que uno solo he disfrutado)

fortuna hubiese fijado,

¡cuán pronto muerte precoz,

con su guadaña feroz

mi cuello hubiera segado!

Para engalanar mi frente,

allá en la abrasada zona

con la espléndida corona

del imperio de occidente,

amor y ambicion ardiente

me engendraron de concierto.

Pero con tal desacierto,

con tan contraria fortuna,

que una cárcel fué mi cuna,

y fué mi escuela el desierto.

Entre bárbaros crecí,

y en la edad de la razon,

á cumplir la obligacion

que un hijo tiene acudí:

mi nombre ocultando fuí

(que es un crímen) á salvar

la vida, y así pagar

á los que á mí me la dieron,

que un trono soñando vieron,

y un cadalso al despertar.

Entonces risueño un dia,

¡uno solo, nada más!

me dió el destino; quizás

con intencion más impía.

Así en la cárcel sombría

mete una luz el sayon,

con la tirana intencion

de que un punto el preso vea

el horror que le rodea

en su espantosa mansion.

¡¡¡Sevilla!!! ¡¡¡Guadalquivir!!!

¡Cuán atormentais mi mente!...

¡Noche en que ví de repente

mis breves dichas huir!...

¡Oh qué carga es el vivir!...

Cielos, saciad el furor...

Socórreme, mi Leonor,

gala del suelo andaluz,

que ya eres ángel de luz,

junto al trono del Señor.

Mírame desde tu altura

sin nombre en extraña tierra,

empeñado en una guerra,

por ganar mi sepultura.

¿Qué me importa por ventura

que triunfe Cárlos ó no?

¿Qué tengo de Italia en pró?

¿Qué tengo? ¡terrible suerte!

Que en ella reina la muerte,

y á la muerte busco yo.

¡Cuánto, oh Dios, cuánto se engaña

el que elogia mi ardor ciego,

viéndome siempre en el fuego

de esta extranjera campaña!

Llámanme la prez de España,

y no saben que mi ardor

solo es falta de valor,

pues busco ansioso el morir

por no osar el resistir

de los astros el furor.

Si el mundo colma de honores

al que mata á su enemigo,

el que lo lleva consigo

¿por qué no puede?...

(_Óyese ruido de espadas._)

D. CÁRLOS.

(_Dentro._) ¡¡¡Traidores!!!

VOCES.

(_Dentro._) ¡Muera!

D. CÁRLOS.

(_Dentro._) ¡Viles!

D. ÁLVARO.

(_Sorprendido._) ¡Qué clamores!

D. CÁRLOS.

(_Dentro._) ¡¡¡Socorro!!!

D. ÁLVARO.

(_Desenvainando la espada._)

Dárselo quiero,

que oigo crujir el acero;

y si á los peligros voy

porque desgraciado soy,

tambien voy por caballero.

(_Éntrase; suena ruido de espadas; atraviesan dos hombres la escena

como fugitivos, y vuelven á salir Don Álvaro y Don Cárlos._)

ESCENA IV.

DON ÁLVARO y DON CÁRLOS, con las espadas desnudas.

D. ÁLVARO.

Huyeron... ¿Estais herido?

D. CÁRLOS.

Mil gracias os doy, señor;

sin vuestro heróico valor

de cierto estaba perdido;

y no fuera maravilla:

eran siete contra mí,

y cuando grité me ví

en tierra ya una rodilla.

D. ÁLVARO.

¿Y herido estais?

D. CÁRLOS.

(_Reconociéndose._)

Nada siento.

(_Envainan._)

D. ÁLVARO.

¿Quiénes eran?

D. CÁRLOS.

Asesinos.

D. ÁLVARO.

¿Cómo osaron tan vecinos

de un militar campamento?...

D. CÁRLOS.

Os lo diré francamente;

fué contienda sobre el juego.

Entré sin pensarlo ciego

en un casuco indecente...

D. ÁLVARO.

Ya caigo, aquí á mano diestra...

D. CÁRLOS.

Sí.

D. ÁLVARO.

Que extrañe perdonad,

que un hombre de calidad,

cual vuestro esfuerzo demuestra,

entrára en tal gazapon,

donde solo va la hez,

la canalla más soez,

de la milicia borron.

D. CÁRLOS.

Solo el ser recien llegado

puede, señor, disculparme:

vinieron á convidarme,

y accedí desalumbrado.

D. ÁLVARO.

¿Conque há poco estais aquí?

D. CÁRLOS.

Diez dias há que llegué

á Italia; dos solo que

al cuartel general fuí.

Y esta tarde al campamento

con comision especial

llegué de mi general,

para el reconocimiento

de mañana. Y si no fuera

por vuestra espada y favor

mi carrera sin honor

ya terminada estuviera.

Mi gratitud sepa, pues,

á quién la vida he debido,

porque el ser agradecido

la obligacion mayor es

para el hombre bien nacido.

D. ÁLVARO.

(_Con indiferencia._) Al acaso.

D. CÁRLOS.

(_Con expresion._) Que me deis

vuestro nombre á suplicaros

me atrevo. Y para obligaros,

primero el mio sabreis.

Siento no decir verdad: (_Aparte._)

soy Don Félix de Avendaña,

que he venido á esta campaña

solo por curiosidad.

Soy teniente coronel,

y del general Briones

ayudante: relaciones

tengo de sangre con él.

D. ÁLVARO.

¡Qué franco es, y qué expresivo! (_Aparte._)

me cautiva el corazon.

D. CÁRLOS.

Me parece que es razon

que sepa yo por quién vivo,

pues la gratitud es ley.

D. ÁLVARO.

Soy... Don Fadrique de Herreros,

capitan de granaderos

del regimiento del Rey.

D. CÁRLOS.

(_Con gran admiracion y entusiasmo._)

¿Sois... ¡grande dicha es la mia!

del ejército español

la gloria, el radiante sol

de la hispana valentía?

D. ÁLVARO.

Señor...

D. CÁRLOS.

Desde que llegué

á Italia, solo elogiaros

y prez de España llamaros

por donde quiera escuché.

Y de español tan valiente

anhelaba la amistad.

D. ÁLVARO.

Con ella, señor, contad,

que me honrais muy altamente.

Y segun os he encontrado

contra tantos combatiendo

bizarramente, comprendo

que sereis muy buen soldado.

Y la gran cortesanía

que en vuestro trato mostrais,

dice á voces que gozais

de aventajada hidalguía.

(_Empieza á amanecer._)

Venid, pues, á descansar

á mi tienda.

D. CÁRLOS.

Tanto honor

será muy corto, señor,

que el alba empieza á asomar.

(_Se oye á lo lejos tocar generala á las bandas de tambores._)

D. ÁLVARO.

Y por todo el campamento,

de los tambores el son

convoca á la formacion.

Me voy á mi regimiento.

D. CÁRLOS.

Yo tambien, y á vuestro lado

asistiré en la pelea,

donde os admire y os vea

como á mi ejemplo y dechado.

D. ÁLVARO.

Favorecedor y amigo,

si sois cual cortés valiente,

yo de vuestro arrojo ardiente

seré envidioso testigo. (_Vánse._)

ESCENA V.

_El teatro representa un risueño campo de Italia, al amanecer;

se verá á lo lejos el pueblo de Beletri y varios puestos

militares; algunos cuerpos de tropas cruzan la escena, y luego

sale una compañía de infantería con EL CAPITAN, EL TENIENTE y EL

SUBTENIENTE: DON CÁRLOS sale á caballo con un ordenanza detrás,

y coloca la compañía á un lado, avanzando una guerrilla al fondo

del teatro._

D. CÁRLOS.

Señor capitan, permanecereis aquí hasta nueva órden; pero si los

enemigos arrollan las guerrillas, y se dirigen á esa altura donde está

la compañía de Cantabria, marchad á socorrerla á todo trance.

CAPITAN.

Está bien, cumpliré con mi obligacion. (_Váse Don Cárlos._)

ESCENA VI.

CAPITAN.

Granaderos, en su lugar, descanso. Parece que lo entiende este

ayudante. (_Salen los oficiales de las filas y se reunen mirando con un

anteojo hácia donde suena rumor de fusilería._)

TENIENTE.

Se va galopando al fuego como un energúmeno, y la accion se empeña más

y más.

SUBTENIENTE.

Y me parece que ha de ser muy caliente.

CAPITAN.

(_Mirando con el anteojo._) Bien combaten los granaderos del Rey.

TENIENTE.

Como que llevan á la cabeza á la prez de España, al valiente Don

Fadrique de Herreros, que pelea como un desesperado.

SUBTENIENTE.

(_Tomando el anteojo y mirando con él._) Pues los alemanes cargan á la

bayoneta y con brío; á Dios, que nos desalojan de aquel puesto. (_Se

aumenta el tiroteo._)

CAPITAN.

Don Álvaro, o, La fuerza del Sino · 第 2 / 5 段