¿Qué, encanto mio?...

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NOTA DE TRANSCRIPCIÓN

* Las cursivas se muestran entre _subrayados_, las negritas entre

=iguales= y las versalitas se han convertido a MAYÚSCULAS.

* Los errores de imprenta han sido corregidos sin avisar.

* Se ha respetado la ortografía original, que difiere de la actual,

normalizándola a la grafía de mayor frecuencia.

* Se han añadido tildes a las mayúsculas que las necesitan.

* Se han reparado los emparejamientos de los signos de admiración e

interrogación.

* En el original impreso, las indicaciones o acotaciones escénicas

se distinguen del texto principal por su menor tamaño. En esta

transcripción se presentan en cursiva.

* Se ha añadido, al final del libro, un índice de jornadas y escenas

no presente en el original.

DON ÁLVARO

Ó

LA FUERZA DEL SINO.

DRAMA ORIGINAL,

EN CINCO JORNADAS Y EN PROSA Y VERSO,

DE

DON ÁNGEL DE SAAVEDRA,

DUQUE DE RIVAS.

Este drama ha sido aprobado para su representacion por la Junta de

censura de los Teatros del Reino, en 19 de Abril de 1849.

MADRID:

IMPRENTA DE JOSÉ M. DUCAZCAL,

Plaza de Isabel II, núm. 6.

—

1879.

[Ilustración: LIT. ARENAL, 27, MADRID.

El Duque de Rivas]

PERSONAS.

DON ÁLVARO.

EL MARQUÉS DE CALATRAVA.

DON CÁRLOS DE VARGAS, _su hijo_.

DON ALFONSO DE VARGAS, _idem_.

DOÑA LEONOR, _idem_.

CURRA, _criada_.

PRECIOSILLA, _gitana_.

UN CANÓNIGO.

EL PADRE GUARDIAN DEL CONVENTO DE LOS ÁNGELES.

EL HERMANO MELITON, _portero_.

PEDRAZA Y OTROS OFICIALES.

UN CIRUJANO DE EJÉRCITO.

UN CAPELLAN DE REGIMIENTO.

UN ALCALDE.

UN ESTUDIANTE.

UN MAJO.

MESONERO Y MESONERA.

LA MOZA DEL MESON.

EL TIO TRABUCO, _arriero_.

EL TIO PACO, _aguador_.

EL CAPITAN PREBOSTE.

UN SARGENTO.

UN ORDENANZA Á CABALLO.

DOS HABITANTES DE SEVILLA.

SOLDADOS ESPAÑOLES, ARRIEROS, LUGAREÑOS Y LUGAREÑAS.

Este drama pertenece á la Galería Dramática, que comprende los teatros

moderno, antiguo español y extranjero, y es propiedad en el todo de su

editor _D. Manuel Pedro Delgado_, quien perseguirá ante la ley, para

que se le apliquen las penas que marca la misma, al que sin su permiso

le reimprima ó represente en algun teatro del Reino, ó en los liceos y

demás sociedades sostenidas por suscricion de los socios, con arreglo á

la ley de 10 de Junio de 1847, y decreto orgánico de teatros de 28 de

Julio de 1852.

_Esta obra, representada en el_ =Teatro Español= _en la temporada

de 1878 á 1879, con extraordinario éxito, durante veintidos noches

consecutivas, ha tenido el siguiente_

REPARTO.

DOÑA LEONOR. SRA. MENDOZA TENORIO.

CURRA. » GARCÍA.

PRECIOSILLA. » VARELA (D.ª ANA).

MESONERA. » REVILLA.

MOZA DEL MESON. » RAMIREZ.

DON ÁLVARO. SR. CALVO (D. RAFAEL).

DON CÁRLOS VARGAS. }

DON ALFONSO VARGAS. } » CALVO (D. RICARDO).

PADRE GUARDIAN. » JIMENEZ.

HERMANO MELITON. » FERNANDEZ.

CAPITAN. » MARTINEZ.

VENTERO. » GUERRA.

CANÓNIGO. }

OFICIAL 1.º } » EGEA.

MARQUÉS DE CALATRAVA. » CALVO (D. JOSÉ).

ESTUDIANTE. » PEÑA.

PEDRAZA. }

HABITANTE 1.º } » C. REVILLA.

SUBTENIENTE. }

HABITANTE 2.º } » MIRALLES.

TIO TRABUCO. }

MAJO. } » CASTRO.

OFICIAL 1.º }

TENIENTE. } » CALVO (D. FERNANDO).

VIEJO. }

TIO PACO. } » LETRE.

CAPELLAN. » TERCEÑO.

COJO. }

CIRUJANO. } » CORRAL.

ALCALDE. » LOPEZ CHICO.

MANCO. }

SARGENTO. } » ALMANSA.

OFICIAL 2.º » ESCAY.

OFICIAL 3.º » AGUADO.

OFICIAL 4.º }

ARRIERO. } » GIL.

UNA MUJER. SRA. MARTIN.

JORNADA PRIMERA.

_La escena es en Sevilla y sus alrededores._

_La escena representa la entrada del puente de Triana, el que

estará practicable á la derecha. En primer término al mismo lado un

aguaducho, ó barraca de tablas y lonas, con un letrero que diga:

_Agua de Tomares_: dentro habrá un mostrador rústico con cuatro

grandes cántaros, macetas de flores, vasos, un anafre con una

cafetera de hoja de lata y una bandeja con azucarillos. Delante del

aguaducho habrá bancos de pino. Al fondo se descubrirá de lejos

parte del arrabal de Triana, la huerta de los Remedios con sus altos

cipreses, el rio y varios barcos en él, con flámulas y gallardetes.

Á la izquierda se verá en lontananza la alameda. Varios habitantes

de Sevilla cruzarán en todas direcciones durante la escena. El cielo

demostrará el ponerse el sol en una tarde de Julio, y al descorrerse

el telon aparecerán: EL TIO PACO detrás del mostrador en mangas de

camisa; EL OFICIAL bebiendo un vaso de agua, y de pié; PRECIOSILLA

á su lado templando una guitarra; EL MAJO y los DOS HABITANTES DE

SEVILLA sentados en los bancos._

ESCENA PRIMERA.

OFICIAL.

Vamos, Preciosilla, cántanos la rondeña. Pronto, pronto: ya está bien

templada.

PRECIOSILLA.

Señorito, no sea su merced tan súpito. Déme antes esa mano, y le diré

la buenaventura.

OFICIAL.

Quita, que no quiero tus zalamerías. Aunque efectivamente tuvieras la

habilidad de decirme lo que me ha de suceder, no quisiera oírtelo...

Sí, casi siempre conviene el ignorarlo.

MAJO.

(_Levantándose._) Pues yo quiero que me diga la buenaventura esta

prenda. Hé aquí mi mano.

PRECIOSILLA.

Retire usted allá esa porquería... Jesus, ni verla quiero, no sea que

se encele aquella niña de los ojos grandes.

MAJO.

(_Sentándose._) ¡Qué se ha de encelar de tí, pendon!

PRECIOSILLA.

Vaya, saleroso, no se cargue usted de estera, convídeme á alguna cosita.

MAJO.

Tio Paco, déle usted un vaso de agua á esta criatura, por mi cuenta.

PRECIOSILLA.

¿Y con panal?

OFICIAL.

Sí, y despues que te refresques el garguero y que te endulces la boca,

nos cantarás las _corraleras_.

(_El aguador sirve un vaso de agua con panal á Preciosilla, y el

oficial se sienta junto al majo._)

HABITANTE 1.º

Hola; aquí viene el señor canónigo.

ESCENA II.

CANÓNIGO.

Buenas tardes, caballeros.

HABITANTE 2.º

Temíamos no tener la dicha de ver á su merced esta tarde, señor

canónigo.

CANÓNIGO.

(_Sentándose y limpiándose el sudor._) ¿Qué persona de buen gusto,

viviendo en Sevilla, puede dejar de venir todas las tardes de verano á

beber la deliciosa agua de Tomares, que con tanta limpieza y pulcritud

nos dá el tio Paco, y á ver un ratito este puente de Triana, que es lo

mejor del mundo?

HABITANTE 1.º

Como ya se está poniendo el sol...

CANÓNIGO.

Tio Paco, un vasito de la fresca.

TIO PACO.

Está usía muy sudado; en descansando un poquito le daré el refrigerio.

MAJO.

Dale á su señoría el agua templada.

CANÓNIGO.

No, que hace mucho calor.

MAJO.

Pues yo templada la he bebido, para tener el pecho suave, y poder

entonar el rosario por el barrio de la Borcinería, que á mí me toca

esta noche.

OFICIAL.

Para suavizar el pecho, mejor es un trago de aguardiente.

MAJO.

El aguardiente es bueno para sosegarlo despues de haber cantado la

letanía.

OFICIAL.

Yo lo tomo antes y despues de mandar el ejercicio.

PRECIOSILLA.

(_Habrá estado punteando la guitarra, y dirá al majo._) Oiga usted,

rumboso, ¿y cantará usted esta noche la letanía delante del balcon de

aquella persona?...

CANÓNIGO.

Las cosas santas se han de tratar santamente. Vamos. ¿Y qué tal los

toros de ayer?

MAJO.

El toro berrendo de Utrera, salió un buen bicho, muy pegajoso...

Demasiado.

HABITANTE 1.º

Como que se me figura que le tuvo usted asco.

MAJO.

Compadre, alto allá, que yo soy muy duro de estómago... aquí está mi

capa (_Enseña un desgarron._) diciendo por esta boca, que no anduvo muy

lejos.

HABITANTE 2.º

No fué la corrida tan buena como la anterior.

PRECIOSILLA.

Como que ha faltado en ella Don Álvaro el indiano, que á caballo y á

pié es el mejor torero que tiene España.

MAJO.

Es verdad que es todo un hombre, muy duro con el ganado, y muy echado

adelante.

PRECIOSILLA.

Y muy buen mozo.

HABITANTE 1.º

¿Y por qué no se presentaria ayer en la plaza?

OFICIAL.

Harto tenia que hacer con estarse llorando el mal fin de sus amores.

MAJO.

Pues qué, ¿lo ha plantado ya la hija del señor marqués?...

OFICIAL.

No: Doña Leonor no le ha plantado á él, pero el marqués la ha

trasplantado á ella.

HABITANTE 2.º

¿Cómo?...

HABITANTE 1.º

Amigo, el señor marqués de Calatrava tiene mucho copete, y sobrada

vanidad para permitir que un advenedizo sea su yerno.

OFICIAL.

¿Y qué más podia apetecer su señoría, que el ver casada á su hija

(que con todos sus pergaminos está muerta de hambre) con un hombre

riquísimo, y cuyos modales están pregonando que es un caballero?

PRECIOSILLA.

Si los señores de Sevilla son vanidad y pobreza todo en una pieza. Don

Álvaro es digno de ser marido de una emperadora... ¡Qué gallardo!...

¡qué formal y qué generoso!... Hace pocos dias que le dije la

buenaventura (y por cierto no es buena la que le espera si las rayas de

la mano no mienten), y me dió una onza de oro como un sol de mediodia.

TIO PACO.

Cuantas veces viene aquí á beber me pone sobre el mostrador una peseta

columnaria.

MAJO.

¡Y vaya un hombre valiente! Cuando en la Alameda vieja le salieron

aquella noche los siete hombres más duros que tiene Sevilla, metió

mano, y me los acorraló á todos contra las tapias del picadero.

OFICIAL.

Y en el desafío que tuvo con el capitan de artillería se portó como un

caballero.

PRECIOSILLA.

El marqués de Calatrava es un vejete tan ruin, que por no aflojar la

mosca, y por no gastar...

OFICIAL.

Lo que debia hacer Don Álvaro era darle una paliza que...

CANÓNIGO.

Paso, paso, señor militar. Los padres tienen derecho de casar á sus

hijas con quien les convenga.

OFICIAL.

¿Y qué, no le ha de convenir Don Álvaro, porque no ha nacido en

Sevilla?... Fuera de Sevilla nacen tambien caballeros.

CANÓNIGO.

Fuera de Sevilla nacen tambien caballeros, sí señor; pero... ¿lo es

Don Álvaro?... Solo sabemos que ha venido de Indias hace dos meses, y

que ha traido dos negros y mucho dinero... Pero ¿quién es?...

HABITANTE 1.º

Se dicen tantas y tales cosas de él...

HABITANTE 2.º

Es un ente muy misterioso.

TIO PACO.

La otra tarde estuvieron aquí unos señores hablando de lo mismo, y uno

de ellos dijo que el tal Don Álvaro habia hecho sus riquezas siendo

pirata.

MAJO.

¡Jesucristo!

TIO PACO.

Y otro, que Don Álvaro era hijo bastardo de un grande de España, y de

una reina mora...

OFICIAL.

¡Qué disparate!

TIO PACO.

Y luego dijeron que no, que era... no lo puedo declarar... finca... ó

brinca... una cosa así... así como... una cosa muy grande allá de la

otra banda.

OFICIAL. ¿Inca?

TIO PACO. Sí señor, eso, Inca... Inca.

CANÓNIGO.

Calle usted, tio Paco, no diga sandeces.

TIO PACO.

Yo nada digo, ni me meto en honduras; para mí cada uno es hijo de sus

obras, y en siendo buen cristiano y caritativo...

PRECIOSILLA.

Y generoso y galan.

OFICIAL.

El vejete roñoso del marqués de Calatrava hace muy mal en negarle su

hija.

CANÓNIGO.

Señor militar, el señor marqués hace muy bien. El caso es sencillísimo.

Don Álvaro llegó hace dos meses, y nadie sabe quién es. Ha pedido

en casamiento á Doña Leonor, y el marqués, no juzgándolo buen

partido para su hija, se la ha negado. Parece que la señorita estaba

encaprichadilla, fascinada, y el padre la ha llevado al campo, á la

hacienda que tiene en el Aljarafe, para distraerla. En todo lo cual el

señor marqués se ha comportado como persona prudente.

OFICIAL.

Y Don Álvaro, ¿qué hará?

CANÓNIGO.

Para acertarlo debe buscar otra novia; porque si insiste en sus

descabelladas pretensiones, se expone á que los hijos del señor marqués

vengan, el uno de la universidad y el otro del regimiento, á sacarle de

los cascos los amores de Doña Leonor.

OFICIAL.

Muy partidario soy de Don Álvaro, aunque no le he hablado en mi vida, y

sentiría verlo empeñado en un lance con Don Cárlos, el hijo mayorazgo

del marqués. Le he visto el mes pasado en Barcelona, y he oido contar

los dos últimos desafíos que ha tenido ya, y se le puede ayunar.

CANÓNIGO.

Es uno de los oficiales más valientes del regimiento de Guardias

Españolas, donde no se chancea en esto de lances de honor.

HABITANTE 1.º

Pues el hijo segundo del señor marqués, el Don Alfonso, no le va en

zaga. Mi primo, que acaba de llegar de Salamanca, me ha dicho que es

el coco de la universidad, más espadachin que estudiante, y que tiene

metidos en un puño á los matones sopistas.

MAJO.

¿Y desde cuándo está fuera de Sevilla la señorita Doña Leonor?

OFICIAL.

Hace cuatro dias que se la llevó el padre á su hacienda, sacándola de

aquí á las cinco de la mañana, despues de haber estado toda la noche

hecha la casa un infierno.

PRECIOSILLA.

¡Pobre niña!... ¡Qué linda que es, y qué salada!... Negra suerte la

espera... Mi madre la dijo la buenaventura, recien nacida, y siempre

que la nombra se le saltan las lágrimas... Pues el generoso don

Álvaro...

HABITANTE 1.º

En nombrando al ruin de Roma, luego asoma... allí viene don Álvaro.

ESCENA III.

_Empieza á anochecer, y se va oscureciendo el teatro. DON ÁLVARO

sale embozado en una capa de seda, con un gran sombrero blanco,

botines y espuelas, cruza lentamente la escena mirando con dignidad y

melancolía á todos lados, y se va por el puente. Todos le observan en

gran silencio._

ESCENA IV.

MAJO.

¿Adónde irá á estas horas?

CANÓNIGO.

Á tomar el fresco al Altozano.

TIO PACO.

Dios vaya con él.

MILITAR.

¿Á que va al Aljarafe?

TIO PACO.

Yo no sé, pero como estoy siempre aquí de dia y de noche, soy un

vigilante centinela de cuanto pasa por esta puente... Hace tres dias

que á media tarde pasa por ella hácia allá un negro con dos caballos

de mano, y que Don Álvaro pasa á estas horas, y luego á las cinco de

la mañana vuelve á pasar hácia acá, siempre á pié; y como media hora

despues pasa el negro con los mismos caballos llenos de polvo y de

sudor.

CANÓNIGO.

¿Cómo?... ¿Qué me cuenta usted, Tio Paco?...

TIO PACO.

Yo nada, digo lo que he visto; y esta tarde ya ha pasado el negro, y

hoy no llevaba dos caballos, sino tres.

HABITANTE 1.º

Lo que es atravesar el puente hácia allá á estas horas, he visto yo á

Don Álvaro tres tardes seguidas.

MAJO.

Y yo he visto ayer á la salida de Triana al negro con los caballos.

HABITANTE 2.º

Y anoche, viniendo yo de San Juan de Alfarache, me paré en medio del

olivar á apretar las cinchas á mi caballo, y pasó á mi lado, sin verme

y á escape, Don Álvaro, como alma que llevan los demonios, y detrás iba

el negro. Los conocí por la jaca torda, que no se puede despintar...

¡cada relámpago que daban las herraduras!...

CANÓNIGO.

(_Levantándose y aparte._) ¡Hola, hola!... Preciso es dar aviso al

señor marqués.

MILITAR.

Me alegrára de que la niña traspusiese una noche con su amante, y

dejára al vejete pelándose las barbas.

CANÓNIGO.

Buenas noches, caballeros: me voy, que empieza á ser tarde. (_Aparte

yéndose._) Sería faltar á la amistad no avisar al instante al marqués

de que Don Álvaro le ronda la hacienda. Tal vez podamos evitar una

desgracia.

ESCENA V.

_El teatro representa una sala colgada de damasco, con retratos

de familia, escudos de armas y los adornos que se estilaban en el

siglo pasado, pero todo deteriorado, y habrá dos balcones, uno

cerrado y otro abierto y practicable, por el que se verá un cielo

puro, iluminado por la luna, y algunas copas de árboles. Se pondrá

en medio una mesa con tapete de damasco, y sobre ella habrá una

guitarra, vasos chinescos con flores, y dos candeleros de plata con

velas, únicas luces que alumbrarán la escena. Junto á la mesa habrá

un sillon. Por la izquierda entrará el MARQUÉS DE CALATRAVA con una

palmatoria en la mano, y detrás de él DOÑA LEONOR, y por la derecha

entra la CRIADA._

MARQUÉS.

(_Abrazando y besando á su hija._)

Buenas noches, hija mia;

hágate una santa el cielo.

Adios, mi amor, mi consuelo,

mi esperanza, mi alegría.

No dirás que no es galan

tu padre. No descansára

si hasta aquí no te alumbrára

todas las noches... Están

abiertos estos balcones, (_Los cierra._)

y entra relente... Leonor...

¿nada me dice tu amor?

¿Por qué tan triste te pones?

LEONOR.

(_Abatida y turbada._)

Buenas noches, padre mio.

MARQUÉS.

Allá para Navidad

iremos á la ciudad:

cuando empiece el tiempo frio.

Y para entonces traeremos

al estudiante, y tambien

al capitan. Que les dén

permiso á los dos haremos.

¿No tienes gran impaciencia

por abrazarlos?

LEONOR.

¿Pues no?

¿qué más puedo anhelar yo?

MARQUÉS.

Los dos lograrán licencia.

Ambos tienen mano franca,

condicion que los abona,

y Cárlos, de Barcelona,

y Alfonso, de Salamanca,

ricos presentes te harán.

Escríbeles tú, tontilla,

y algo que no haya en Sevilla

pídeles, y lo traerán.

LEONOR.

Dejarlo será mejor

á su gusto delicado.

MARQUÉS.

Lo tienen, y muy sobrado:

como tú quieras, Leonor.

CURRA.

Si como á usted, señorita,

carta blanca se me diera,

á Don Cárlos le pidiera

alguna bata bonita

de Francia. Y una cadena

con su broche de diamante

al señorito estudiante,

que en Madrid la hallará buena.

MARQUÉS.

Lo que gustes, hija mia.

Sabes que el ídolo eres

de tu padre... ¿No me quieres?

(_La abraza y besa tiernamente._)

LEONOR.

¡Padre!... ¡Señor!... (_Afligida._)

MARQUÉS.

La alegría

vuelva á tí, prenda del alma;

piensa que tu padre soy,

y que de contínuo estoy

soñando tu bien... La calma

recobra, niña... en verdad

desde que estamos aquí

estoy contento de tí,

veo la tranquilidad

que con la campestre vida

va renaciendo en tu pecho,

y me tienes satisfecho;

sí, lo estoy mucho, querida.

Ya se me ha olvidado todo;

eres muchacha obediente,

y yo seré diligente

en darte un buen acomodo.

Sí, mi vida... ¿quién mejor

sabrá lo que te conviene,

que un tierno padre, que tiene

por tí el delirio mayor?

LEONOR.

(_Echándose en brazos de su padre con gran desconsuelo._)

¡Padre amado!... ¡Padre mio!

MARQUÉS.

Basta, basta... ¿Qué te agita?

(_Con gran ternura._)

Yo te adoro, Leonorcita,

no llores... ¡Qué desvarío!

LEONOR.

¡Padre!... ¡Padre!

MARQUÉS.

(_Acariciándola y desasiéndose de sus brazos._)

Adios, mi bien.

Á dormir, y no lloremos.

Tus cariñosos extremos

el cielo bendiga, amen.

(_Váse el Marqués, y queda Leonor muy abatida y llorosa sentada en

el sillon._)

ESCENA VI.

_CURRA va detrás del MARQUÉS, cierra la puerta por donde aquel se ha

ido, y vuelve cerca de LEONOR._

CURRA.

¡Gracias á Dios!... me temí

que todito se enredase,

y que señor se quedase

hasta la mañana aquí.

¡Qué listo, cerró el balcon!...

que por él, del palomar

vamos las dos á volar

le dijo su corazon.

Abrirlo sea lo primero; (_Ábrelo._)

ahora lo segundo es

cerrar las maletas. Pues

salgan ya de su agujero.

(_Saca Curra unas maletas y ropa, y se pone á arreglarlo todo sin

que en ello repare Doña Leonor._)

LEONOR.

¡Infeliz de mí!... ¡Dios mio!

¿Por qué un amoroso padre,

que por mí tanto desvelo

tiene, y cariño tan grande,

se ha de oponer tenazmente

(¡ay, el alma se me parte!...)

á que yo dichosa sea,

y pueda feliz llamarme?...

¿Cómo, quien tanto me quiere,

puede tan cruel mostrarse?

Más dulce mi suerte fuera

si aún me viviera mi madre.

CURRA.

¿Si viviera la señora?...

usted está delirante.

Más vana que señor era;

señor al cabo es un ángel.

¡Pero ella!... Un genio tenia

y un copete... Dios nos guarde.

Los señores de esta tierra

son todos de un mismo talle.

Y si alguna señorita

busca un novio que le cuadre,

como no esté en pergaminos

envuelto, levantan tales

alaridos... Mas ¿qué importa

cuando hay decision bastante?

... Pero no perdamos tiempo;

venga usted, venga á ayudarme,

porque yo no puedo sola...

LEONOR.

¡Ay, Curra!... ¡Si penetrases

cómo tengo el alma! Fuerza

me falta hasta para alzarme

de esta silla... ¡Curra, amiga!

lo confieso, no lo extrañes,

no me resuelvo, imposible...

Es imposible. ¡Ah!... ¡mi padre!

sus palabras cariñosas,

sus extremos, sus afanes,

sus besos y sus abrazos,

eran agudos puñales

que el pecho me atravesaban.

Si se queda un solo instante

no hubiera más resistido...

Ya iba á sus piés á arrojarme,

y confundida, aterrada,

mi proyecto á revelarle,

y á morir, ansiando solo

que su perdon me acordase.

CURRA.

¡Pues hubiéramos quedado

frescas, y echado un buen lance!

Mañana veria usted,

revolcándose en su sangre,

con la tapa de los sesos

levantada, al arrogante,

al enamorado, al noble

Don Álvaro. Ó arrastrarle

como un malhechor, atado

por entre estos olivares

á la cárcel de Sevilla;

y allá para Navidades

acaso, acaso en la horca.

LEONOR.

¡Ay Curra!... El alma me partes.

CURRA.

Y todo esto, señorita,

porque la desgracia grande

tuvo el infeliz de veros,

y necio de enamorarse

de quien no le corresponde,

ni resolucion bastante

tiene para...

LEONOR.

Basta, Curra;

no mi pecho despedaces.

¿Yo á su amor no correspondo?

Que le correspondo sabes...

Por él mi casa y familia,

mis hermanos y mi padre

voy á abandonar, y sola...

CURRA.

Sola no, que yo soy alguien,

y tambien Antonio va,

y nunca en ninguna parte

la dejaremos... ¡Jesus!

LEONOR.

¿Y mañana?

CURRA.

Dia grande.

Usted la adorada esposa

será del más adorable,

rico y lindo caballero

que puede en el mundo hallarse,

y yo la mujer de Antonio:

y á ver tierras muy distantes

iremos ambas... ¡qué bueno!

LEONOR.

¿Y mi anciano y tierno padre?

CURRA.

¿Quién?... ¿Señor? rabiará un poco,

pateará, contará el lance

al capitan general

con sus pelos y señales;

fastidiará al Asistente,

y tambien á sus compadres

el canónigo, el jurado,

y los vejetes maestrantes;

saldrán mil requisitorias

para buscarnos en balde,

cuando nosotras estemos

ya seguritas en Flandes.

Desde allí escribirá usted,

y comenzará á templarse

señor, y á los nueve meses,

cuando sepa hay un infante,

que tiene sus mismos ojos,

empezará á consolarse

y nosotras chapurrando,

que no nos entienda nadie,

volveremos de allí á poco,

á que con festejos grandes

nos reciban, y todito

será banquetes y bailes.

LEONOR.

¿Y mis hermanos del alma?

CURRA.

¡Toma! ¡Toma!... Cuando agarren

del generoso cuñado,

uno con que hacer alarde

de vistosos uniformes

y con que rendir beldades,

y el otro para libracos,

merendonas y truhanes,

reventarán de alegría.

LEONOR.

No corre en tus venas sangre.

¡Jesus, y qué cosas tienes!

CURRA.

Porque digo las verdades.

LEONOR.

¡Ay desdichada de mí!

CURRA.

Desdicha por cierto grande

el ser adorado dueño

del mejor de los galanes.

Pero vamos, señorita,

ayúdeme usted, que es tarde.

LEONOR.

Sí, tarde es, y aún no parece

Don Álvaro... ¡Oh, si faltase

esta noche!... ¡Ojalá!... ¡cielos!...

Que jamás estos umbrales

hubiera pisado, fuera

mejor. No tengo bastante

resolucion... lo confieso.

Es tan duro el alejarse

así de su casa... ¡ay triste!

(_Mira el reloj y sigue en inquietud._)

Las doce han dado... ¡qué tarde

es ya, Curra!... No, no viene.

¿Habrá en esos olivares

tenido algun mal encuentro?

Hay siempre en el Aljarafe

tan mala gente... Y Antonio

¿estará alerta?

CURRA.

Indudable

es que está de centinela...

LEONOR.

¡Curra!... ¿Qué suena?... ¿Escuchaste?

(_Con gran sobresalto._)

CURRA.

Pisadas son de caballos.

LEONOR.

¡Ay! él es... (_Corre al balcon._)

CURRA.

Si que faltase

era imposible...

LEONOR.

¡Dios mio! (_Muy agitada._)

CURRA.

Pecho al agua, y adelante.

ESCENA VII.

_DON ÁLVARO en cuerpo, con una jaquetilla de mangas perdidas sobre

una rica chupa de majo, redecilla, calzon de ante, etc., entra

por el balcon y se echa en brazos de LEONOR._

D. ÁLVARO.

(_Con gran vehemencia._)

Ángel consolador del alma mia...

¿Van ya los santos cielos,

á dar corona eterna á mis desvelos?

Me ahoga la alegría...

¿Estamos abrazados

para no vernos nunca separados?

Antes, antes la muerte,

que de tí separarme y que perderte.

LEONOR.

¡Don Álvaro! (_Muy agitada._)

D. ÁLVARO.

Mi bien, mi Dios, mi todo.

¿Qué te agita y te turba de tal modo?

¿Te turba el corazon ver que tu amante

se encuentra en este instante

más ufano que el sol?... ¡Prenda adorada!

LEONOR.

Es ya tan tarde...

D. ÁLVARO.

¿Estabas enojada

porque tardé en venir? De mi retardo

no soy culpado, no, dulce señora;

hace más de una hora

que despechado aguardo

por los alrededores

la ocasion de llegar, y ya temia

que de mi adversa estrella los rigores

hoy deshicieran la esperanza mia.

Mas no, mi bien, mi gloria, mi consuelo,

protege nuestro amor el santo cielo,

y una carrera eterna de ventura,

próvido á nuestras plantas asegura.

El tiempo no perdamos.

¿Está ya todo listo? Vamos, vamos.

CURRA.

Sí: bajo del balcon, Antonio, el guarda,

las maletas espera;

las echaré al momento. (_Va hácia el balcon._)

LEONOR.

Curra, aguarda, (_Resuelta._)

detente... ¡Ay Dios!... ¿no fuera,

Don Álvaro, mejor?...

D. ÁLVARO.

¿Qué, encanto mio?...

¿Por qué tiempo perder?... La jaca torda,

la que, cual dices tú, los campos borda,

la que tanto te agrada

por su obediencia y brío,

para tí está, mi dueño, enjaezada,

para Curra el obero.

Para mí el alazan gallardo y fiero...

¡Oh, loco estoy de amor y de alegría!

En San Juan de Alfarache, preparado

todo, con gran secreto, lo he dejado.

El sacerdote en el altar espera;

Dios nos bendecirá desde su esfera:

y cuando el nuevo sol en el oriente,

protector de mi estirpe soberana,

númen eterno en la region indiana,

la regia pompa de su trono ostente,

monarca de la luz, padre del dia,

yo tu esposo seré, tú esposa mia.

LEONOR.

Es tan tarde... ¡Don Álvaro!

D. ÁLVARO.

Muchacha, (_Á Curra._)

¿qué te detiene ya? Corre, despacha;

por el balcon esas maletas, luego...

LEONOR.

Curra, Curra, detente. (_Fuera de sí._)

¡Don Álvaro!

D. ÁLVARO.

¡¡¡Leonor!!!

LEONOR.

¡Dejadlo os ruego

para mañana!

D. ÁLVARO.

¿Qué?

LEONOR.

Más fácilmente...

D. ÁLVARO.

(_Demudado y confuso._)

¿Qué es esto, qué, Leonor? ¿Te falta ahora

resolucion?... ¡ay yo desventurado!

LEONOR.

¡Don Álvaro! ¡¡¡Don Álvaro!!!

D. ÁLVARO.

¡Señora!

LEONOR.

¡Ay! me partís el alma...

D. ÁLVARO.

Destrozado

tengo yo el corazon... ¿Dónde está, dónde,

vuestro amor, vuestro firme juramento?

Mal con vuestra palabra corresponde

tanta irresolucion en tal momento.

Tan súbita mudanza...

No os conozco, Leonor. ¿Llevóse el viento

de mis delirios toda la esperanza?

Sí, he cegado en el punto

en que apuntaba el más risueño dia.

Me sacarán difunto

de aquí, cuando inmortal salir creía.

Hechicera engañosa,

¿la perspectiva hermosa

que falaz me ofreciste así deshaces?

¡Pérfida! ¿Te complaces

en levantarme al trono del eterno,

para despues hundirme en el infierno?

...¿Solo me resta ya?...

LEONOR.

(_Echándose en sus brazos._)

No, no, te adoro.

¡Don Álvaro!... ¡Mi bien!... vamos, sí, vamos.

D. ÁLVARO.

¡Oh mi Leonor!...

Curra.

El tiempo no perdamos.

D. ÁLVARO.

¡Mi encanto! ¡Mi tesoro!

(_Doña Leonor muy abatida se apoya en el hombro de Don Álvaro, con

muestras de desmayarse._)

Mas ¿qué es esto?... ¡ay de mí!... ¡tu mano yerta!

Me parece la mano de una muerta...

Frio está tu semblante

como la losa de un sepulcro helado.

LEONOR.

¡Don Álvaro!

D. ÁLVARO.

¡Leonor! (_Pausa._) Fuerza bastante

hay para todo en mí... ¡Desventurado!

La conmocion conozco que te agita,

inocente Leonor. Dios no permita

que por debilidad en tal momento

sigas mis pasos, y mi esposa seas.

Renuncio á tu palabra y juramento:

hachas de muerte las nupciales teas

fueran para los dos... Si no me amas,

como te amo yo á tí... Si arrepentida...

LEONOR.

Mi dulce esposo, con el alma y vida

es tuya tu Leonor; mi dicha fundo

en seguirte hasta el fin del ancho mundo.

Vamos, resuelta estoy, fijé mi suerte;

separarnos podrá solo la muerte.

(_Van hácia el balcon, cuando de repente se oye ruido, ladridos,

y abrir y cerrar puertas._)

LEONOR.

¡Dios mio! ¿Qué ruido es este? ¡¡¡Don Álvaro!!!

CURRA.

Parece que han abierto la puerta del patio... y la de la escalera...

LEONOR.

¿Se habrá puesto malo mi padre?...

CURRA.

¡Qué!, no señora, el ruido viene de otra parte.

LEONOR.

¿Habrá llegado alguno de mis hermanos?

D. ÁLVARO.

Vamos, vamos, Leonor, no perdamos ni un instante.

(_Vuelven hácia el balcon, y de repente se ve por él el resplandor de

hachones de viento, y se oye galopar caballos._)

LEONOR.

Somos perdidos... Estamos descubiertos... imposible es la fuga.

D. ÁLVARO.

Serenidad es necesario en todo caso.

CURRA.

La Vírgen del Rosario nos valga, y las ánimas benditas... ¿Qué será de

mi pobre Antonio? (_Se asoma al balcon y grita._) Antonio, Antonio.

D. ÁLVARO.

Calla, maldita, no llames la atencion hácia este lado; entorna el

balcon. (_Se acerca el ruido de puertas y pisadas._)

LEONOR.

¡Ay desdichada de mí!... Don Álvaro, escóndete... aquí en mi alcoba...

D. ÁLVARO.

(_Resuelto._) No, yo no me escondo... No te abandono en tal conflicto.

(_Prepara una pistola._) Defenderte y salvarte es mi obligacion.

LEONOR.

(_Asustadísima._) ¿Qué intentas? ¡ay! retira esa pistola que me hiela

la sangre... Por Dios suéltala... ¿La dispararás contra mi buen

padre?... ¿contra alguno de mis hermanos?... ¿Para matar á alguno de

los fieles y antiguos criados de esta casa?

D. ÁLVARO.

(_Profundamente conmovido._) No, no, amor mio... la emplearé en dar fin

á mi desventurada vida.

LEONOR.

¡Qué horror! ¡¡¡Don Álvaro!!!

ESCENA VIII.

_Ábrese la puerta con estrépito despues de varios golpes en ella,

y entra el MARQUÉS en bata y gorra con un espadin desnudo en la

mano, y detrás dos criados mayores con luces._

MARQUÉS.

(_Furioso._) Vil seductor... hija infame.

LEONOR.

(_Arrojándose á los piés de su padre._) ¡¡¡Padre!!! ¡¡¡Padre!!!

MARQUÉS.

No soy tu padre... aparta... Y tú, vil advenedizo...

D. ÁLVARO.

Vuestra hija es inocente... Yo soy el culpado... Atravesadme el pecho.

(_Hinca una rodilla._)

MARQUÉS.

Tu actitud suplicante manifiesta lo bajo de tu condicion...

D. ÁLVARO.

(_Levantándose._) ¡Señor marqués!... ¡señor marqués!...

MARQUÉS.

(_Á su hija._) Quita, mujer inícua. (_Á Curra, que le sujeta el

brazo._) Y tú, infeliz... ¿osas tocar á tu señor? (_Á los criados._)

Ea, echaos sobre ese infame, sujetadle, atadle...

D. ÁLVARO.

(_Con dignidad._) Desgraciado del que me pierda el respeto. (_Saca una

pistola y la monta._)

LEONOR.

(_Corriendo hácia Don Álvaro._) ¡Don Álvaro!... ¿qué vais á hacer?

MARQUÉS.

Echaos sobre él al punto.

D. ÁLVARO.

Ay de vuestros criados si se mueven; vos solo teneis derecho para

atravesarme el corazon.

MARQUÉS.

¿Tú morir á manos de un caballero? no, morirás á las del verdugo.

D. ÁLVARO.

¡Señor marqués de Calatrava!... Mas ¡ah! no: teneis derecho para

todo... Vuestra hija es inocente... más pura que el aliento de los

ángeles que rodean el trono del Altísimo. La sospecha á que puede dar

orígen mi presencia aquí á tales horas concluya con mi muerte; salga

envolviendo mi cadáver como si fuera mi mortaja... Sí, debo morir...

pero á vuestras manos. (_Pone una rodilla en tierra._) Espero resignado

el golpe, no lo resistiré; ya me teneis desarmado.

(_Tira la pistola, que al dar en tierra se dispara y hiere al marqués,

que cae moribundo en los brazos de su hija y de los criados, dando un

alarido._)

MARQUÉS.

Muerto soy... ¡ay de mí!...

D. ÁLVARO.

¡Dios mio! ¡arma funesta! ¡noche terrible!

LEONOR.

¡Padre! ¡¡¡padre!!!

MARQUÉS.

Aparta; ¡sacadme de aquí... donde muera sin que esta vil me contamine

con tal nombre!

LEONOR.

¡Padre!...

MARQUÉS.

Yo te maldigo.

(_Cae Leonor en brazos de Don Álvaro, que la arrastra hácia el balcon._)

FIN DE LA JORNADA PRIMERA.

JORNADA SEGUNDA.

_La escena es en la villa de Hornachuelos y sus alrededores._

ESCENA PRIMERA.

_Es de noche, y el teatro representa la cocina de un meson en

la villa de Hornachuelos. Al frente estará la chimenea y el

hogar. Á la izquierda la puerta de entrada: á la derecha dos

puertas practicables. Á un lado una mesa larga de pino, rodeada

de asientos toscos, y alumbrado todo por un gran candilon. EL

MESONERO Y EL ALCALDE aparecerán sentados gravemente al fuego,

LA MESONERA de rodillas guisando. Junto á la mesa, EL ESTUDIANTE

cantando y tocando la guitarra. EL ARRIERO, que habla, cribando

cebada en el fondo del teatro. EL TIO TRABUCO tendido en primer

término sobre sus jalmas. LOS DOS LUGAREÑOS, LAS DOS LUGAREÑAS,

LA MOZA y uno de los ARRIEROS, que no habla, estarán bailando

seguidillas. El otro ARRIERO, que no habla, estará sentado junto

al estudiante, y jaleando á las que bailan. Encima de la mesa

habrá una bota de vino, unos vasos y un frasco de aguardiente._

ESTUDIANTE.

(_Cantando en voz recia al son de la guitarra, y las tres parejas

bailando con gran algazara._)

Poned en estudiantes

vuestro cariño,

que son como discretos

agradecidos.

Viva Hornachuelos,

vivan de sus muchachas

los ojos negros.

Dejad á los soldados,

que es gente mala,

y así que dan el golpe

vuelven la espalda.

Viva Hornachuelos,

vivan de sus muchachas

los ojos negros.

MESONERA.

(_Poniendo una sarten sobre la mesa._) Vamos, vamos, que se enfria...

(_Á la criada._) Pepa, al avío.

ARRIERO.

(_El del cribo._) Otra coplita.

ESTUDIANTE.

(_Dejando la guitarra._) Abrenuncio. Antes de todo la cena.

MESONERA.

Y si despues quiere la gente seguir bailando y alborotando, váyanse al

corral ó á la calle, que hay una luna clara como de dia. Y dejen en

silencio el meson, que si unos quieren jaleo, otros quieren dormir.

Pepa, Pepa... ¿no digo que basta ya de zangoloteo?...

TIO TRABUCO.

(_Acostado en sus arreos._) Tia Colasa, usted está en lo cierto. Yo por

mí, quiero dormir.

MESONERO.

Sí, ya basta de ruido. Vamos á cenar. Señor alcalde, eche su merced la

bendicion, y venga á tomar una presita.

ALCALDE.

Se agradece, señor Monipodio.

MESONERA.

Pero acérquese su merced.

ALCALDE.

Que eche la bendicion el señor licenciado.

ESTUDIANTE.

Allá voy, y no seré largo, que huele el bacallao á gloria. _In nomine

Patri et Filii et Spiritu Sancto._

TODOS.

Amen.

(_Se van acomodando alrededor de la mesa, todos ménos Trabuco._)

MESONERA.

Tal vez el tomate no estará bastante cocido, y el arroz estará algo

duro... Pero con tanta babilonia no se puede...

ARRIERO.

Está diciendo comedme, comedme.

ESTUDIANTE.

(_Comiendo con ansia._) Está exquisito... Especial; parece ambrosía.

MESONERA.

Alto allá, señor bachiller; la tia Ambrosia no me gana á mí á guisar,

ni sirve para descalzarme el zapato, no señor.

ARRIERO.

La tia Ambrosia es más puerca que una telaraña.

MESONERO.

La tia Ambrosia es un guiñapo, es un paño de aporrear moscas; se

revuelven las tripas de entrar en su meson, y compararla con mi Colasa

no es regular.

ESTUDIANTE.

Ya sé yo que la señora Colasa es pulcra, y no lo dije por tanto.

ALCALDE.

En toda la comarca de Hornachuelos no hay una persona más limpia que la

señora Colasa, ni un meson como el del señor Monipodio.

MESONERA.

Como que cuantas comidas de boda se hacen en la villa pasan por estas

manos que ha de comer la tierra. Y de las bodas de señores, no le

parezca á usted señor bachiller... Cuando se casó el escribano con la

hija del regidor...

ESTUDIANTE.

Conque se le puede decir á la señora Colasa, _tu das mihi epulis

accumbere divum_.

MESONERA.

Yo no sé latin, pero sé guisar... Señor alcalde, moje siquiera una sopa.

ALCALDE.

Tomaré, por no despreciar, una cucharadita de gazpacho, si es que lo

hay.

MESONERO.

¿Cómo que si lo hay?

MESONERA.

¿Pues habia de faltar donde yo estoy?... Pepa (_Á la moza._) anda á

traerlo. Está sobre el brocal del pozo, desde media tarde, tomando el

fresco. (_Váse la moza._)

ESTUDIANTE.

(_Al arriero que está acostado._) Tio Trabuco, hola, tio Trabuco, ¿no

viene usted á hacer la razon?

TIO TRABUCO.

No ceno.

ESTUDIANTE.

¿Ayuna usted?

TIO TRABUCO.

Sí señor, que es viérnes.

MESONERO.

Pero un traguito...

TIO TRABUCO.

Venga. (_Le alarga el mesonero la bota, y bebe un trago el tio

Trabuco._) ¡¡¡Jú!!! Esto es zupia. Alárgueme usted, tio Monipodio, el

frasco del aguardiente para enjuagarme la boca. (_Bebe y se acurruca._)

(_Entra la moza con una fuente de gazpacho._)

MOZA.

Aquí está la gracia de Dios.

TODOS.

Venga, venga.

ESTUDIANTE.

Parece, señor alcalde, que esta noche hay mucha gente forastera en

Hornachuelos.

ARRIERO.

Las tres posadas están llenas.

ALCALDE.

Como es el jubileo de la Porciúncula, y el convento de San Francisco de

los Ángeles que está aquí en el desierto, á media legua corta, es tan

famoso... viene mucha gente á confesarse con el P. Guardian, que es un

siervo de Dios.

MESONERA.

Es un santo.

MESONERO.

(_Toma la bota y se pone de pié._) Jesus por la buena compañía, y que

Dios nos dé salud y pesetas en esta vida, y la gloria en la eterna.

(_Bebe._)

TODOS.

Amen. (_Pasa la bota de mano en mano._)

ESTUDIANTE.

(_Despues de beber._) Tio Trabuco, tio Trabuco, ¿está usted ya con los

angelitos?

TIO TRABUCO.

Con las malditas pulgas y con sus voces de usted, ¿quién puede estar

sino con los demonios?

ESTUDIANTE.

Queríamos saber, Tio Trabuco, si esa personilla de alfeñique que ha

venido con usted, y que se ha escondido de nosotros, viene á ganar el

jubileo.

TIO TRABUCO.

Yo no sé nunca á lo que van ni vienen los que viajan conmigo.

ESTUDIANTE.

Pero... ¿es gallo, ó gallina?

TIO TRABUCO.

Yo de los viajeros no miro más que la moneda, que ni es hembra ni es

macho.

ESTUDIANTE.

Sí, es género epiceno, como si dijéramos hermafrodita... Pero veo que

es usted muy taciturno, tio Trabuco.

TIO TRABUCO.

Nunca gasto saliva en lo que no me importa: y buenas noches, que se me

va quedando la lengua dormida, y quiero guardarle el sueño; sonsoniche.

ESTUDIANTE.

Pues señor, con el tio Trabuco no hay emboque. Dígame usted, nostrama,

(_Á la mesonera._) ¿por qué no ha venido á cenar el tal caballerito?

MESONERA.

Yo no sé.

ESTUDIANTE.

Pero, vamos, ¿es hembra ó varon?

MESONERA.

Que sea lo que sea, lo cierto es que le ví el rostro, por más que se lo

recataba, cuando se apeó del mulo, y que lo tiene como un sol; y eso

que traia los ojos de llorar y de polvo, que daba compasion.

ESTUDIANTE.

¡Oiga!

MESONERA.

Sí señor; y en cuanto se metió en ese cuarto, volviéndome siempre la

espalda, me preguntó cuánto habia de aquí al convento de los Ángeles,

y yo se lo enseñé desde la ventana, que como está tan cerca se ve

clarito, y...

ESTUDIANTE.

¡Hola, conque es pecador que viene al jubileo!

MESONERA.

Yo no sé. Luego se acostó; digo, se echó en la cama vestido, y bebió

antes un vaso de agua con unas gotas de vinagre.

ESTUDIANTE.

Ya, para refrescar el cuerpo.

MESONERA.

Y me dijo que no queria luz, ni cena, ni nada, y se quedó como rezando

el rosario entre dientes. Á mí me parece que es persona muy...

MESONERO.

Charla, charla... ¿Quién diablos te mete en hablar de los huéspedes?...

Maldita sea tu lengua.

MESONERA.

Como el señor licenciado queria saber...

ESTUDIANTE.

Sí, señora Colasa; dígame usted...

MESONERO.

(_Á su mujer._) ¡Chiton!

ESTUDIANTE.

Pues señor, volvamos al tio Trabuco. Tio Trabuco, tio Trabuco. (_Se

acerca á él y le despierta._)

TIO TRABUCO.

¡Malo!... ¿Me quiere usted dejar en paz?

ESTUDIANTE.

Vamos, dígame usted, esa persona ¿cómo viene en el mulo, á mujeriegas ó

á horcajadas?

TIO TRABUCO.

¡Ay qué sangre!... De cabeza.

ESTUDIANTE.

Y dígame usted, ¿de dónde salió usted esta mañana, de Posadas ó de

Palma?

TIO TRABUCO.

Yo no sé sino que tarde ó temprano voy al cielo.

ESTUDIANTE.

¿Por qué?

TIO TRABUCO.

Porque ya me tiene usted en el purgatorio.

ESTUDIANTE.

(_Se rie._) ¡Ah, ah, ah!... ¿Y va usted á Extremadura?

TIO TRABUCO.

(_Se levanta, recoge sus jalmas y se va con ellas muy enfadado._) No

señor; á la caballeriza, huyendo de usted, y á dormir con mis mulos,

que no saben latin, ni son bachilleres.

ESTUDIANTE.

(_Se rie._) ¡Ah, ah, ah, ah! Se afufó... Hola, Pepa, salerosa, ¿y no

has visto tú al escondido?

MOZA.

Por la espalda.

ESTUDIANTE.

¿Y en qué cuarto está?

MOZA.

(_Señala la primera puerta de la derecha._) En ese...

ESTUDIANTE.

Pues ya que es lampiño, vamos á pintarle unos bigotes con tizne... Y

cuando se despierte por la mañana reiremos un poco. (_Se tizna los

dedos y va hácia el cuarto._)

ALGUNOS.

Sí... sí.

MESONERO.

No, no.

ALCALDE.

(_Con gravedad._) Señor estudiante, no lo permitiré yo, pues debo

proteger á los forasteros que llegan á esta villa, y administrarles

justicia como á los naturales de ella.

ESTUDIANTE.

No lo dije por tanto, señor alcalde...

ALCALDE.

Yo sí. Y no fuera malo saber quién es el señor licenciado, de dónde

viene y adónde va, pues parece algo alegre de cascos.

ESTUDIANTE.

Si la justicia me lo pregunta de burlas ó de veras, no hay

inconveniente en decirlo, que aquí se juega limpio. Soy el bachiller

Pereda, graduado por Salamanca, _in utroque_, y hace ocho años que

curso sus escuelas, aunque pobre, con honra, y no sin fama. Salí de

allí hace más de un año, acompañando á mi amigo y protector el señor

licenciado Vargas, y fuimos á Sevilla, á vengar la muerte de su padre

el marqués de Calatrava, y á indagar el paradero de su hermana, que

se escapó con el matador. Pasamos allí algunos meses, donde tambien

estuvo su hermano mayor, el actual marqués, que es oficial de Guardias.

Y como no lograron su propósito, se separaron jurando venganza. Y el

licenciado y yo nos vinimos á Córdoba, donde dijeron que estaba la

hermana. Pero no la hallamos tampoco, y allí supimos que habia muerto

en la refriega que armaron los criados del marqués, la noche de su

muerte, con los del robador y asesino, y que éste se habia vuelto

á América. Con lo que marchamos á Cádiz, donde mi protector, el

licenciado Vargas, se ha embarcado para buscar allá al enemigo de su

familia. Y yo me vuelvo á mi universidad á desquitar el tiempo perdido,

y á continuar mis estudios, con los que, y la ayuda de Dios, puede ser

que me vea algun dia gobernador del Consejo ó arzobispo de Sevilla.

ALCALDE.

Humos tiene el señor bachiller, y ya basta; pues se ve en su porte y

buena explicacion que es hombre de bien, y que dice verdad.

MESONERA.

Dígame usted, señor estudiante, ¿y qué, mataron á ese marqués?

ESTUDIANTE.

Sí.

MESONERA.

¿Y lo mató el amante de su hija y luego la robó?... ¡Ay! cuéntenos su

merced esa historia, que será muy divertida: cuéntela su merced...

MESONERO.

¿Quién te mete á tí en saber vidas ajenas? ¡Maldita sea tu curiosidad!

Pues que ya hemos cenado, demos gracias á Dios, y á recogerse. (_Se

ponen todos en pié, y se quitan el sombrero como que rezan._) Eh,

buenas noches; cada mochuelo á su olivo.

ALCALDE.

Buenas noches, y que haya juicio y silencio.

ESTUDIANTE.

Pues me voy á mi cuarto. (_Se va á meter en el del viajero incógnito._)

MESONERO.

Hola, no es ese, el de más allá.

ESTUDIANTE.

Me equivoqué.

(_Vánse el alcalde y los lugareños: entra el estudiante en su cuarto:

la moza, el arriero y la mesonera retiran la mesa y bancos, dejando la

escena desembarazada. El mesonero se acerca al hogar, y queda todo en

silencio y solos el mesonero y la mesonera._)

ESCENA II.

MESONERO.

Colasa, para medrar

en nuestro oficio, es forzoso

que haya en la casa reposo,

y á ninguno incomodar.

Nunca meterse á oliscar

quiénes los huéspedes son.

No gastar conversacion

con cuantos llegan aquí.

Servir bien, decir _no_ ó _sí_,

cobrar la mosca, y ¡chiton!

MESONERA.

No, por mí no lo dirás,

bien sabes que callar sé.

Al bachiller pregunté...

MESONERO.

Pues eso estuvo de más.

MESONERA.

Tambien ahora extrañarás

que entre en ese cuarto á ver

si el huésped há menester

alguna cosa, marido,

pues es, sí, lo he conocido,

una afligida mujer.

(_Toma un candil y entra la mesonera muy recatadamente en el

cuarto._)

MESONERO.

Entra, que entrar es razon,

aunque temo á la verdad

que vas por curiosidad,

más bien que por compasion.

MESONERA.

(_Saliendo muy asustada._)

¡Ay, Dios mio! Vengo muerta;

desapareció la dama;

nadie he encontrado en la cama,

y está la ventana abierta.

MESONERO.

¿Cómo? ¿cómo?... Ya lo sé...

La ventana al campo dá,

y como tan baja está,

sin gran trabajo se fué.

(_Andando hácia el cuarto donde entró la mujer, quedándose él á la

puerta._)

Quiera Dios no haya cargado

con la colcha nueva.

MESONERA.

(_Dentro_) Nada,

todo está aquí... ¡desdichada!

hasta dinero ha dejado...

Sí, sobre la mesa un duro.

MESONERO.

Vaya entonces en buen hora.

MESONERA.

(_Saliendo á la escena._)

No hay duda, es una señora,

que se encuentra en grande apuro.

MESONERO.

Pues con bien la lleve Dios,

y vámonos á acostar,

y mañana no charlar,

que esto quede entre los dos.

Echa un cuarto en el cepillo

de las ánimas, mujer,

y el duro véngame á ver;

échamelo en el bolsillo.

ESCENA III.

_El teatro representa una plataforma en la ladera de una áspera

montaña. Á la izquierda precipicios y derrumbaderos. Al frente un

profundo valle atravesado por un riachuelo, en cuya márgen se ve

á lo lejos la villa de Hornachuelos, terminando el fondo en altas

montañas. Á la derecha la fachada del convento de los Ángeles

de pobre y humilde arquitectura. La gran puerta de la iglesia

cerrada, pero practicable, y sobre ella una claraboya de medio

punto por donde se verá el resplandor de las luces interiores;

más hácia el proscenio la puerta de la portería, tambien

practicable y cerrada; en medio de ella una mirilla ó gatera que

se abra y se cierre, y al lado el cordon de una campanilla. En

medio de la escena habrá una gran cruz de piedra tosca y corroida

por el tiempo, puesta sobre cuatro gradas que puedan servir de

asiento. Estará todo iluminado por una luna clarísima. Se oirá

dentro de la iglesia el órgano, y cantar maitines al coro de

frailes, y saldrá como subiendo por la izquierda DOÑA LEONOR, muy

fatigada y vestida de hombre, con un gaban de mangas, sombrero

gacho y botines._

LEONOR.

Sí... ya llegué... Dios mio,

gracias os doy rendida.

(_Arrodíllase al ver el convento._)

En tí, Vírgen Santísima, confío;

sed el amparo de mi amarga vida.

Este refugio es solo

el que puedo tener de polo á polo. (_Álzase._)

No me queda en la tierra

más asilo y resguardo

que los áridos riscos de esta sierra;

en ella estoy... Aún tiemblo y me acobardo...

(_Mira hácia el sitio por donde ha venido._)

¡Ah!... nadie me ha seguido.

Ni mi fuga veloz notada ha sido.

... No me engañé, la horrenda historia mia

escuché referir en la posada...

Y ¿quién, cielos, sería

aquel que la contó? ¡Desventurada!

Amigo dijo ser de mis hermanos...

¡Oh cielos soberanos!...

¿Voy á ser descubierta?

Estoy de miedo y de cansancio muerta.

(_Se sienta._)

¡Qué asperezas! ¡Qué hermosa y clara luna!

¡¡¡La misma que hace un año

vió la mudanza atroz de mi fortuna,

y abrirse los infiernos en mi daño!!!

(_Pausa larga._)

No fué ilusion... aquel que de mí hablaba

dijo que navegaba

Don Álvaro, buscando nuevamente

los apartados climas de Occidente.

¡Oh Dios!... ¿Y será cierto?

Con bien arribe de su patria al puerto.

(_Pausa._)

¿Y no murió la noche desastrada

en que yo, yo... manchada

con la sangre infeliz del padre mio,

le seguí... le perdí?... ¿Y huye el impío?

¿Y huye el ingrato?... ¿Y huye y me abandona?

(_Cae de rodillas._)

¡Oh Madre Santa de piedad! perdona,

perdona, le olvidé. Sí, es verdadera,

lo es mi resolucion. Dios de bondades,

con penitencia austera,

lejos del mundo en estas soledades,

el furor expiaré de mis pasiones.

Piedad, piedad, Señor, no me abandones.

(_Queda en silencio y como en profunda meditacion recostada en las

gradas de la cruz, y despues de una larga pausa continúa:_)

Los sublimes acentos de ese coro

de bienaventurados,

y los ecos pausados

del órgano sonoro,

que cual de incienso vaporosa nube

al trono santo del eterno sube,

difunden en mi alma

bálsamo dulce de consuelo y calma.

(_Se levanta resuelta._)

¿Qué me detengo pues?... corro al tranquilo,

corro al sagrado asilo...

(_Va hácia el convento y se detiene._)

Mas ¿cómo á tales horas?... ¡Ah!... no puedo

ya dilatarlo más, hiélame el miedo

de encontrarme aquí sola. En esa aldea

hay quien mi historia sabe.

En lo posible cabe

que descubierta con la aurora sea.

Este santo prelado

de mi resolucion está informado,

y de mis infortunios... Nada temo.

Mi confesor de Córdoba hace dias

que las desgracias mias

le escribió largamente...

Sé de su caridad el noble extremo,

me acogerá indulgente.

¿Qué dudo, pues, qué dudo?...

Sed, oh Vírgen Santísima, mi escudo.

(_Llega á la portería y toca á la campanilla._)

ESCENA IV.

_Se abre la mirilla que está en la puerta, y por ella sale el

resplandor de un farol que dá de pronto en el rostro de DOÑA

LEONOR, y ésta se retira como asustada. El HERMANO MELITON habla

toda esta escena dentro._

MELITON.

¿Quién es?

LEONOR.

Una persona á quien le interesa mucho, mucho, ver al instante al

reverendo P. Guardian.

MELITON.

¡Buena hora de ver al P. Guardian!... La noche está clara, y no será

ningun caminante perdido. Si viene á ganar el jubileo, á las cinco se

abrirá la iglesia; vaya con Dios; él le ayude.

LEONOR.

Hermano, llamad al P. Guardian. Por caridad.

MELITON.

¡Qué caridad á estas horas! El P. Guardian está en el coro.

LEONOR.

Traigo para su reverencia un recado muy urgente del P. Cleto, definidor

del convento de Córdoba, quien ya le ha escrito sobre el asunto de que

vengo á hablarle.

MELITON.

¡Hola!... ¿del P. Cleto, el definidor del convento de Córdoba? Eso es

distinto... iré, iré á decírselo al P. Guardian. Pero dígame, hijo, ¿el

recado y la carta son sobre aquel asunto con el P. General, que está

pendiente allá en Madrid?...

LEONOR.

Es una cosa muy interesante.

MELITON.

Pero ¿para quién?

LEONOR.

Para la criatura más infeliz del mundo.

MELITON.

¡Mala recomendacion!... Pero bueno; abriré la portería, aunque es

contra regla, para que entreis á esperar.

LEONOR.

No, no, no puedo entrar... ¡¡¡Jesus!!!

MELITON.

Don Álvaro, o, La fuerza del Sino · 第 1 / 5 段