desolar; civilizar no es sustituir la población de un territorio con los
advenedizos que ponemos en lugar de ella. Civilizar es proceder con alta
razón, con entera y benévola conciencia, con dominio completo de los
recursos y el objeto del progreso, y transmitir, para bien de ellos y
para nuestro bien, atrayéndolos á la vida civilizada, que es vida de
razón y de conciencia, á los seres que llamamos inferiores por sólo ser
más novicios en el uso de los recursos de la asociación.
II
La inmoralidad total que resalta en la vida de relación de las naciones
y en la de cada pueblo culto, causa por una parte, por otra parte es
efecto de la inmoralidad de los grupos inferiores y de la moralidad
pasiva, negativa ó pervertida del individuo social. Es causa, porque el
ejemplo del todo trasciende, en forma de hechos persuasivos, á las
partes. Es efecto, porque la acción de las ideas individuales asciende,
de componente en componente, al compuesto general.
De ese modo, y por una continua y simultánea acción y reacción de los
hechos sobre las ideas y de las ideas sobre los hechos, toda vida social
está contaminada de la misma indiferencia moral, que es mucho más
peligrosa que la indiferencia religiosa, porque ésta se refiere tan sólo
á interpretaciones de lo absoluto por los relativos, en tanto que
aquélla se refiere á la torpe concepción de sus relaciones por el sér
llamado á conocerlas, acatarlas y aplicarlas á su vida esencialmente
relativa.
En síntesis extrema, el problema de la vida social es éste: desarrollar
toda la fuerza de razón que corresponda al período biológico, lógico y
sociológico en que se vive, para desarrollar toda la fuerza de
conciencia equivalente al desarrollo de razón, con el fin de conocer la
cantidad de bien ya realizado y los medios del bien por realizar.
Sólo á ese precio se es Humanidad, sólo para eso se es humano. Si ese no
fuera el fin real de toda vida particular y total, no valdría la pena de
vivirse, porque no sería una vida digna. Tanto valdría ser individuos de
tipos inferiores; valdría más, porque la indiferencia moral de los tipos
inferiores es una característica y no una responsabilidad, un ser lo que
se puede ser, y no un dejar de ser lo que se debe.
Ya la razón humana es adulta, puesto que puede plantear el problema de
la vida; ya la conciencia tiene edad suficiente para reprobar los
desvíos del problema y para inducir á reformar el plan de conducta
irracional é inmoral que sigue el hombre civilizado en el desarrollo de
su vida.
Tan adulta es la razón, tan adulta la conciencia humana, que se puede
probar exactamente la superioridad moral del hombre contemporáneo con
respecto al hombre antepasado. Pero si es superior al pasado, no es
igual á sí mismo; es decir, no es igual á lo que debe ser, á lo que su
actual desarrollo de razón y de conciencia exige de él que sea.
El problema de la Moral consiste en eso: en hacer que el hombre de esta
civilización sea tan digno y tan bueno, tan racional y tan consciente
como de la íntima correlación de la razón con la conciencia y de la
conciencia con el bien, resulta que debe ser y puede hoy ser.
Por no serlo es por lo que se puede decir y decimos que es más malo
cuanto más conoce el mal, pues claro es que si el conocimiento del bien
es proporcional al desarrollo de conciencia, y el de conciencia al de
razón, y ésta ha llegado ya al dominio de las fuerzas naturales
conocidas, de donde se ha derivado la civilización superior en que
vivimos, ya debiera practicar el bien, no por acaso, no por incidente,
no como acción consecuencial de la fuerza que ha adquirido la verdad,
sino como efecto buscado, como consecuencia premeditada, como palpitante
expresión del aumento de dignidad y del conocimiento de ese aumento de
dignidad humana en cada hombre.
Mas para resolver su problema y conseguir que el hombre sea tan bueno
cuanto ya es consciente, tan moral cuanto ya es racional, ¿qué ha de
hacer la ciencia de las costumbres y de los deberes? Respondiendo de una
vez: convertir los deberes en costumbres.
Acostumbrar á la idea del deber; demostrar que el deber no es tan
austero ni tan repulsivo ni tan incompatible como se cree con la
abundancia y fecundidad de recursos que están á disposición del hombre,
según su capacidad para conocerlos y emplearlos; presentar en la idea
del deber la fuente más pura de moralidad; hacer de la práctica del
deber el modo normal de desarrollo individual y colectivo, la norma,
pauta, regla, y si es lícito ennoblecer este vocablo, el _comodín_ de
nuestra vida práctica; hacer ver con los ojos de la cara, palpar con los
dedos de las manos, sentir con los nervios de la sensibilidad orgánica,
que es más fácil, más útil, más conveniente, más grato, más bello, más
bueno, más verdadero, más justo el ser hombre de su deber en todo caso
que el no serlo en caso alguno; patentizar que el hombre es más hombre
cuanto más hace lo que debe, porque así prueba que ha llegado á mayor
conciencia de su racionalidad, y porque, probándolo, es más digno;
probar, en fin, que ser civilizado y ser moral es ser lo mismo; que
civilización y moralización de la Humanidad debe ser el mismo propósito,
y que para cumplirlo el modo más sencillo es atenerse al cumplimiento
del deber en cada una de las relaciones sociales; tal ha de ser la idea
de la moral.
Tal es la que aquí desenvolvemos.
Se presenta incompletamente desenvuelta, porque la moral social supone
conocidos los fundamentos científicos de la Moral, y el por qué funciona
en ella el deber como elemento que naturalmente la organiza, y como el
único verdadero elemento capaz de organizarla. Pero cuando se sigue el
curso de la idea aún incompletamente desarrollada, como se presenta en
la moral social aislada, basta para vivificarla como vivifica la moral
universal.
¿Qué otra idea puede tanto? Sin examinarla, para rehuir ociosas
discusiones, basta hacer pensar que el deber reune, abarca y contiene
cuantas ideas parciales se han supuesto ó pueden suponerse fuente de
moral y origen de moralidad.
El mismo deber, concebido como ha sido, y presentado como ha sido
presentado, concepto artificial deducido de ideas _à priori_ y de
principios también artificiales, no tiene tampoco la virtud orgánica que
aquí le suponemos. Su fuerza de organización moral resulta de hechos
positivos, y su fuerza científica dimana de ser el resultado de una
inducción exacta. Los hechos en que se basa la inducción son estos dos:
1.º Que la conciencia, una realidad orgánica en nuestro organismo moral,
y no una palabra, una idea ó un concepto, es susceptible de un
crecimiento proporcional al de la razón. 2.º Que las relaciones del
individuo con la sociedad y de los grupos con los grupos sociales y con
la Humanidad de todos los tiempos, son naturales, efectivas y patentes
en todos y cuantos motivos ó estímulos tiene la existencia colectiva.
Partiendo de estos dos hechos se llega á este principio: El conocimiento
y acatamiento de nuestras relaciones con la Naturaleza en general, y con
la sociedad en particular, es condición de desarrollo para la
conciencia, puesto que, reflejándose en ella toda la actividad psíquica,
y especialmente la intelectiva, cuanto más activos sean los órganos más
activo es el organismo.
Ahora, como el conocimiento reflejo de una ley lleva á quien lo
adquiere, que es la conciencia, á someterse á los preceptos de la ley, y
el deber no es más que sumisión de conciencia á las leyes y principios,
preceptos y reglas, mandatos y ordenanzas de la Naturaleza en cualquiera
de sus manifestaciones y en cualesquiera fines y propósitos de vida, el
deber es una deducción espontánea de todas y cuantas relaciones nos
ligan con el mundo externo, con el mundo interno y con el mundo social.
Este, que es el mundo en que directamente se aplica la moral social,
relaciona y liga al individuo y á las entidades sociales con relaciones
tan claras y positivas, y de ellas se derivan tan sesgamente los deberes
del hombre social, que es imposible confundir esta noción del deber con
la que suele entrar como una concausa de moralidad en la moral
dependiente de otras ideas.
Pero aunque importe precisar los límites propios de la idea fundamental
de un libro para así darle la fuerza lógica que ha de manifestar, lo que
más importa aquí es obtener que se reconozca el poder constructivo del
deber, para hacer de la Moral el complemento de la ciencia del derecho,
la última ciencia, la ciencia final, la que podría llamarse la ciencia
de todas las finalidades, puesto que no hay fin de vida, derecho,
ciencia, arte, industria que no sea necesario realizar por medio del
deber, en los cuales no entre el deber como un medio esencial de todos
ellos.
PRIMERA PARTE
RELACIONES Y DEBERES
CAPÍTULO PRIMERO
LA SOCIEDAD Y SUS ÓRGANOS
Definición de sociedad.—Órganos del organismo social.—Descripción de
los órganos sociales: El individuo. La familia. El municipio. La
región. La nación. La familia de naciones.
El fundamento de los deberes que la Moral impone está en el conocimiento
de las relaciones que ligan al hombre con la Naturaleza general ó con
algunos de los aspectos particulares de la Naturaleza. Y como la
sociedad es un aspecto particular de la Naturaleza, el conocimiento de
los deberes sociales se funda en el conocimiento de las relaciones del
individuo con la sociedad.
Ante todo es necesario saber qué es sociedad y cuál es el objeto de la
moral social; mas para saber cuál es el objeto de la moral social, hay
que saber primero qué es la sociedad.
Sociedad es una reunión espontánea y natural de individuos, con el
objeto de satisfacer todas las necesidades de su vida física, moral é
intelectual, que no podrían satisfacerse aisladamente por ninguno de los
seres organizados para esa triple vida.
Claro está que no pudiendo el individuo aislado satisfacer las
necesidades de su vida, y siendo la sociedad el medio necesario para que
el individuo realice fines de su vida, la sociedad es un _medio_ que
corresponde á un _fin_, y, por lo tanto, siendo natural el medio, es
claro también que la sociedad está en el orden de la Naturaleza, es por
sí misma un aspecto de la Naturaleza, es un verdadero fenómeno natural,
un conjunto de hechos relacionados entre sí que constituyen una parte de
la Naturaleza y que están, como los hechos del orden físico,
constituyendo un orden, y resultando de leyes inmutables.
No es ése, sin embargo, el único modo positivo de considerar la
sociedad. Además de ser y presentársenos como una ley de procedimiento
de la Naturaleza, se nos presenta como una entidad biológica que vive
por sí misma y realiza por sí misma los fines de su existencia. Con
efecto: tan pronto como tratamos de sumar las actividades del vivir
individual, hallamos en todas ellas, tanto en su motivo como en su
objetivo, una relación de dependencia ó una relación de referencia á un
sér más universal ó menos efímero que nosotros y que se nos presenta
como un conjunto vivo de seres que, viviendo cada uno para sí,
contribuye á la actividad del todo social. Ese todo social, compuesto de
esas partes individuales, manifiesta una vida y una actividad, que
aunque dependiente de la vida y actividad de las partes, tiene por sí
misma operaciones y funciones propias. Bien se ve, pues, que la sociedad
es un todo orgánico ó un organismo compuesto de órganos varios, de
funciones varias y de una multitud de operaciones, como sucede con
cualesquiera otros organismos. Ahora bien: siendo la sociedad un
organismo natural, evidentemente es una vida; y bien podemos decir, sin
que la apariencia nos engañe, que toda sociedad es un ser viviente, por
más que no sea un ser individual, sino colectivo.
_Órganos del organismo social._—Siendo la sociedad un organismo, ya se
sabe que ha de tener órganos. Y los tiene. Son: 1.º, el individuo; 2.º,
la familia; 3.º, el municipio; 4.º, la región; 5.º, la nación ó sociedad
particular; 6.º, la familia de naciones ó sociedad internacional.
El conjunto de todos estos órganos es lo que llamamos sociedad general ó
universal, y la suma de todas las sociedades en todos los tiempos de la
Historia, pasados, presentes y futuros, es lo que constituye la
Humanidad. Cuando las ciencias sociales, como las morales, hablan de
sociedad, se sobreentiende _Humanidad_.
_Descripción de los órganos sociales._—El primer órgano es _el
individuo_. Es un ser viviente, compuesto de los órganos ya descriptos
(en la _moral individual_)[5], que compone por sí solo un organismo de
organismos. El individuo es á la vez causa y efecto de la sociedad;
causa, porque sin él no existiría ella; efecto, porque sin ella no
podría él cumplir sus fines. Esta íntima correlación entre individuos y
sociedad, que es la fuente de los deberes sociales, es también la razón
de la inutilidad de aquellos sistemas de filosofía política ó moral que
pretenden prescindir de uno de los dos términos de la relación.
Footnote 5:
Segunda parte del _Tratado de Moral_, inédito.—(_N. del E._)
El segundo órgano es _la familia_. La familia es la primera evolución
del individuo unido á otros individuos por la Naturaleza, por los
afectos, por la ley y por intereses del orden económico y moral; forma
con sus congéneres la primera sociedad: de modo que puede decirse que si
la familia es la primera evolución del individuo en su procedimiento
hacia los fines de su vida, es también la sociedad elemental.
El tercer órgano es _el municipio_. Conjunto reflexivo de individuos y
familias reunidos para auxiliarse mutuamente en la satisfacción de las
necesidades materiales, morales é intelectuales, el municipio continúa
la evolución de la familia.
El municipio es la segunda forma natural de sociedad. Así como el
individuo es una realidad viviente que resulta de fuerzas combinadas de
la Naturaleza; y así como la familia es una reunión necesaria de
individuos, así el municipio es una sociedad natural necesaria, que no
resulta de artificio alguno, sino de la fuerza natural del principio de
asociación y del reflexivo aprovechamiento del principio de asociación.
_La región_ es el cuarto órgano del organismo social. La región,
comarca, departamento ó provincia es una sociedad natural, compuesta de
municipios, familias é individuos. Como el individuo se une al individuo
para cumplir los fines de su especie, y forma la familia; y como la
familia se une á la familia y constituye el municipio, el municipio,
unido al municipio con las familias y los individuos que lo componen,
forma la región, comarca, departamento ó provincia. Es una sociedad no
menos natural que las anteriores, pues está fundada en las mismas
necesidades, aunque, por más extensas y por lo mismo menos intensas, son
menos inmediatamente percibidas.
_La nación_, sociedad particular, es el quinto órgano de la sociedad. La
provincia se funda en necesidades mucho más extensas que las del
municipio, la familia y el individuo, por ser también un órgano más
extenso de sociabilidad: por la misma causa, la nación ó sociedad
particular de una porción de hombres reunidos en determinados límites
geográficos, se funda en la mayor extensión que toman las necesidades
del individuo y de los grupos anteriores, dentro del espacio que abarca
un territorio poseído.
La nación es una sociedad general con respecto á los grupos sociales ya
descriptos, pero es una sociedad particular con respecto á los grupos
que faltan por describir. La nación, que en su territorio determinado
abarca los seres y grupos de seres racionales, asociados para fines más
vastos, es un individuo colectivo en el conjunto de sociedades que
forman la Humanidad.
_Familia de naciones_, ó sociedad internacional es el sexto órgano
social. Como hemos visto en los grupos anteriores, cada uno de ellos es
más extenso en su actividad que el anterior, y según vimos que la
familia es la primera evolución del individuo, así podemos ver que la
sociedad internacional es, con respecto á los grupos anteriores, mucho
más extensa en su actividad que todos ellos, y es comienzo de una
evolución superior en que cada grupo nacional evoluciona hacia fines
cada vez menos concretos ó egoístas, y por lo mismo más humanos: una
reunión de sociedades equivale á una familia de naciones. Por eso
podemos comparar la sociedad internacional á la familia, y decir de ella
que es, con respecto á una sociedad particular cualquiera, lo que la
familia natural es con respecto al individuo.
CAPÍTULO II
OBJETO DE LA MORAL SOCIAL.—EN QUÉ SE FUNDA
Según acabamos de ver, la sociedad es un organismo viviente, que forma
todo un aspecto de la Naturaleza real, que es exponente de un orden
real, y que está sujeto á las leyes naturales. Por lo tanto, si la Moral
por sí misma es una ciencia, y si la sociedad es el sujeto de otra
ciencia, es indudable que la moral social será también una ciencia, y
que su objeto no puede ser otro que el de aplicar de un modo concreto
las verdades abstractas de las dos ciencias en que está fundada.
Ahora bien: como la Moral estudia aquel orden fundado en leyes
invariables que, aunque integrante del orden universal de la Naturaleza,
afecta de una manera más directa á nuestra actividad psíquica, y como
las ciencias sociales estudian el orden natural de las sociedades, el
objeto de la moral social no es otro que la aplicación de las leyes
morales á la producción y conservación del bien social. En otros
términos: el objeto de la moral social es aplicar al bien de las
sociedades todas aquellas leyes naturales que han _producido el orden
moral_.
Hablar de un orden moral es distinguirlo de un orden físico, é
implícitamente considerarlo determinado ó producido por leyes distintas
de las que rigen el mundo físico, puesto que no pudiendo existir orden
sin leyes, debe haber y puede haber leyes peculiares, de orden peculiar,
que distinguimos del orden general de la naturaleza.
Aunque esa, en el fondo, es una distinción de mero método, pues siendo
una la Naturaleza, uno es el orden en que se manifiesta, importa
sostener la distinción, para, tomando como punto de partida la
diferencia establecida por el método entre la que se llama naturaleza
física y la que se nos presenta ó tomamos como no física ó como
totalmente independiente y distinta de ella, fundar en esa afirmación de
que hay una naturaleza moral, las relaciones que necesariamente han de
unir á cuantos seres participan de ella.
Ciencia como es, la Moral no se funda más que en realidades naturales, y
no se nos impone, ni gobierna la conciencia, sino en cuanto sus
preceptos se fundan en relaciones naturales. Estamos ligados por nuestro
organismo corporal con la naturaleza de que es parte, y de ese vínculo
natural entre todo y parte se derivan las relaciones de la moral
natural. Nos relaciona de un modo más inmaterial con nuestros organismos
intelectivo, volitivo y afectivo la que llamamos naturaleza moral ó
humana, y en todas las relaciones de ese orden se funda la moral
individual. Pues de una serie de relaciones con la naturaleza social
nace la rama de la Moral que tiene por objeto patentizar y hacer amables
los deberes que hacen efectivo el bien social.
Esas relaciones del hombre individual con el social, de cada individuo
con el grupo y del grupo con la sociedad, son tan manifiestas como las
que ligan cada organismo corporal con la naturaleza física y cada
conciencia con la naturaleza moral de que depende. Sería bueno
exponerlas y enumerarlas, y lo haremos; pero es ocioso establecerlas por
razonamiento: son hechos de la misma naturaleza á que se refieren, y eso
basta para que se imponga á la Ciencia. Lo importante es fundar la
Ciencia en ellas, y demostrar que no hay moral social sino en cuanto hay
relaciones necesarias entre individuo y sociedad, entre las fracciones y
el todo social, entre la Humanidad y sus fracciones.
En cierto modo, hasta esa demostración es innecesaria, pues la crisis
moral continua patentiza la insuficiencia de los motivos que teólogos,
metafísicos y moralistas han atribuído á todas y cada una de las ramas
de la Moral. Patentizar esa insuficiencia es demostrar la realidad de
motivos diferentes. Como esos motivos morales corresponden en toda la
serie histórica á relaciones efectivas, basta evidenciar la
insuficiencia de las unas para evidenciar la suficiencia de las otras.
Y efectivamente: con estar por naturaleza relacionado á la sociedad y á
la humanidad le basta al hombre para ser moral. Como esa es una realidad
patente en la historia de los tiempos, basta á la Ciencia. No sólo
basta, sino que limita. La ciencia moral, para ser ciencia, no puede
salir de ahí: sus límites están precisamente dentro de las relaciones
que enlazan la vida orgánica, psíquica y social del hombre con el orden
cósmico, moral y social. Por tanto, si la Moral general está fundada en
las relaciones del hombre con la Naturaleza general, la moral social se
funda en las relaciones particulares del hombre con la sociedad.
Toda otra concepción del fundamento de la Moral nos parece artificio
indigno del grado de desarrollo á que han llegado la razón y la
conciencia humanas. Ni una ni otra necesitan para la práctica del deber
y para la busca reflexiva del bien, de otros estímulos que la excelsa
dignidad del bien y del deber. Y si necesitaren de otros, prueba será de
que no han llegado en su desarrollo al grado en que toda moral es
consecuencia del conocimiento de nuestras relaciones positivas con la
Naturaleza, con nuestro propio sér y con el sér social.
CAPÍTULO III
EXPOSICIÓN DE LAS RELACIONES
El individuo humano está tan íntimamente relacionado con todos y cada
uno de los órganos sociales que integra, y con la humanidad que
personifica, como el átomo con las moléculas, las partículas, las masas
y los mundos. Todo en él, vida física, vida moral, actividad de voluntad
y de razón, sensibilidad psíquica y física, animalidad y conciencia, el
sér entero, es una relación.
Depende de otros individuos en cuanto la ley de la generación, de la
herencia y de los medios sociales lo sujetan á la influencia biológica,
fisiológica y sociológica de sus generadores, de sus antepasados y de
sus contemporáneos.
Depende de la familia en cuanto á ella lo llaman el instinto de
reproducción y el de conservación, el egoísmo y el altruísmo, las
pasiones más perturbadoras y las más ordenadoras, las fuerzas más
indisciplinadas de su naturaleza y las facultades á que más
inmediatamente encomendado está el cumplimiento del destino individual.
Depende del municipio cuanto más capaz es de apreciar en su valor propio
la fuerza orgánica de esa entidad social, con la cual está relacionado
como individuo aislado, como individuo en la familia, como factor de
producción y de consumo, como elemento jurídico y moral, como hombre de
su derecho y como hombre de su deber.
Depende de la provincia porque el individuo está ligado á la provincia
por cuantas relaciones nacen del interés individual, del egoísmo de
familia y de la vanidad local. La provincia es el primer escenario de la
actividad social del provinciano, y su propio interés le dicta su
conducta; la provincia es un Estado en que el derecho de familia entra
por mucho, y el egoísmo de estirpe y de procedencia liga al provinciano;
la provincia es por sí misma una entidad pareada por la vida y por la
ley á otras entidades provinciales dentro del todo nacional, y el
provinciano se liga á ella por vanidad y por orgullo, con toda la fuerza
de su personalidad: cuanto más provincial, más provinciano. Eso en
cuanto á las relaciones por defecto; que en cuanto á las relaciones por
conocimiento suficiente de la potencia integral de la provincia en el
desarrollo general de la sociedad, no hay móvil honesto, desinteresado y
puro que no sea un lazo de unión entre el provinciano y su provincia.
Las relaciones de dependencia entre el individuo y la nación son todavía
más numerosas y más poderosas: más numerosas, porque la sociedad
nacional es generalmente, para la inmensa pluralidad de los individuos,
el último término de la evolución social, y en él agotan cuanta
individualidad nativa y adquirida pueden y les es dable consumir.
Los individuos que pueden pasar de ese último término de la primera
evolución, y están capacitados por su fuerza de humanidad ó de cultura
para entrar en la segunda evolución, se hallan inmediatamente ligados á
la sociedad internacional por cuantos vínculos inmateriales tiene la
razón en el espectáculo de la vida de la sociedad universal en un
momento dado de la Historia, y por cuantos estímulos comerciales é
industriales tiene la actividad física en un momento dado de la
civilización.