porciones cada vez mayores de su mitad iluminada, hasta que llega á la
quinta posición, esto es, la que se encuentra situada en la parte
inferior de la figura, y en la cual vuelve hacia nosotros la mitad
entera. Entonces se ve iluminado completamente el disco; este es el
momento de la _Luna llena_ ó de la _oposición_, porque al llegar este
momento nuestro satélite ocupa, respecto de la Tierra, una posición
opuesta á la del Sol. La Luna llena se verifica 14 días y cuarto
próximamente después de la nueva.
El movimiento continúa y la Luna vuelve á ocupar en la segunda mitad de
su revolución, pero en sentido inverso, posiciones completamente
análogas á las de la primera. El disco presenta porciones iluminadas
menguantes, primero el semi-círculo luminoso, luego las _hoces_ ó
_medias Lunas_, cada vez más estrechas y que entonces vuelven su
convexidad hacia oriente. En los días 21º á 22º de la revolución se
presenta el _cuarto menguante_, y á los 29 y medio, la Luna ha vuelto á
hacerse invisible: ha terminado, pues, la _lunación_.
[Illustración: Fig. 21. Movimiento propio de la Luna.]
Se llama, en efecto, _lunación_ el período que recorre así nuestro
satélite entre dos conjunciones consecutivas, ó, lo que es lo mismo,
entre dos lunas nuevas.
=56. Lunación.=--Ya se ha visto que la Luna efectúa su revolución
alrededor de la Tierra en 27 días y 1/4 próximamente, mientras que la
lunación es de 29 días y medio. Esta diferencia procede de que, mientras
la Luna efectúa una revolución sobre su órbita, la Tierra recorre
igualmente, en el mismo sentido, un arco de la suya. La Luna, que ha
dado una vuelta entera, se presenta otra vez á coincidir con la misma
estrella; pero no ha llegado aún á su misma posición respecto del Sol, y
como necesita aún 2 días y 5 horas más para realizar este regreso,
resulta que se debe añadir esta diferencia á la duración de la
revolución sobre la órbita, para obtener el tiempo exacto que tarda en
efectuarse la lunación.
=57. Movimiento propio de la Luna.=--El movimiento de la Luna alrededor de
la Tierra no se manifiesta sólo por las fases ó apariencias variadas de
su disco.
También se le observa por el movimiento de la Luna sobre la bóveda
celeste. Si este astro permaneciese inmóvil, tendría el mismo movimiento
diurno que las estrellas, y se le vería ocupar siempre el mismo sitio en
las constelaciones. Por el contrario, de un día á otro cambia de lugar
retrocediendo hacia el oriente, como es fácil comprobarlo en el curso de
una misma noche. Dicho movimiento de occidente á oriente es, en efecto,
muy sensible, y llega á 13 grados próximamente en 24 horas.
ECLIPSES DE SOL Y DE LUNA
=58. Órbita de la Luna.=--La órbita que la Luna describe alrededor de la
Tierra no está en el mismo plano que la de la Tierra alrededor del Sol.
Aquél se inclina sobre la eclíptica formando un ángulo de 5 grados
próximamente.
Examinando la figura que nos ha servido para explicar las fases, es
fácil ver:
Que si la Luna describiese su órbita en el plano de la eclíptica, al
llegar cada Luna nueva ó novilunio, la mitad oscura que este astro
presenta á la Tierra, se encontraría opuesta necesariamente al Sol en
línea recta; como los discos de ambos cuerpos tienen la misma dimensión
aparente, la luna ocultaría el Sol á la Tierra, durante todo el tiempo
de su paso en conjunción. El Sol sería invisible para las partes de la
Tierra sobre que proyectara su sombra nuestro satélite; en una palabra,
habría _eclipse de Sol_;
Que, en el mismo supuesto, al llegar la época de la oposición ó el
plenilunio, habría eclipse de Luna, puesto que entonces la Tierra se
hallaría interpuesta en línea recta entre el Sol y nuestro satélite.
Este último quedaría sumido, pues, en la sombra de la Tierra.
De modo que en cada lunación habría dos eclipses, uno de Sol y otro de
Luna, separados entre sí por un intervalo de catorce días y medio
próximamente.
=59. Inclinación sobre la eclíptica de la órbita de la Luna.=--Todo el
mundo sabe que los fenómenos de esta clase son mucho más raros, lo cual
depende de que, como la órbita lunar se encuentra en un plano inclinado
respecto de la órbita de la Tierra, una mitad de esta órbita es descrita
por encima de la eclíptica, y la otra mitad por debajo. En la época del
novilunio, nuestro satélite se encuentra, es verdad, en la dirección
indicada, pero ya por encima ya por debajo del disco de la Tierra; y la
sombra proyectada por él en el espacio pasa por encima ó por debajo de
nuestro globo.
De análoga manera, en la oposición ó durante el plenilunio, la sombra de
la Tierra que se encuentra necesariamente en el plano de la eclíptica,
pasa por encima ó por debajo de la Luna sin tocarla, y no hay eclipse.
=60. Condiciones de posibilidad de los eclipses.=--No olvidemos, sin
embargo, que la Luna, para describir su órbita ya por encima ya por
debajo del plano de la órbita terrestre, pasa necesariamente dos veces
por este plano, en cada revolución. Dichos dos puntos se denominan
_nodos_.
Ahora bien, los nodos de la Luna cambian de posición, moviéndose sobre
la órbita, y ocurre de tiempo en tiempo que la Luna se encuentra en uno
y luego en el otro de estos nodos, en los instantes en que es también
_Luna nueva_ y _Luna llena_. Cada vez que se efectúa la mencionada
coincidencia, hay eclipse de Sol ó de Luna, puesto que entonces Luna,
Tierra y Sol se encuentran en línea recta. Lo que hemos dicho arriba
sobre lo que ocurriría en la hipótesis de que la órbita lunar
coincidiese con la eclíptica, se aplica en todo su rigor á los casos que
acabamos de indicar.
Ahora es posible darse cuenta de la razón que ha hecho dar su nombre al
plano de la _Eclíptica_ ó de la órbita terrestre. Los eclipses no son
posibles más que cuando la Luna pasa por este plano.
[Illustración: Fig. 22. Eclipse total de Sol.]
=61. De los eclipses de Sol.=--Distínguense tres especies de eclipses
solares. Unos son _totales_: en ellos el disco oscuro de la Luna cubre
enteramente la superficie aparente del astro radioso (fig. 22). Los
demás son _parciales_, es decir que en ellos sólo se oculta una parte
más ó menos grande del disco solar que aparece recortado. Por fin, hay
eclipses de Sol _anulares_, que se verifican cuando el disco de la Luna
no es bastante grande para ocultar enteramente el del Sol; entonces un
anillo luminoso de cierto ancho desborda alrededor del hemisferio oscuro
de la Luna.
Esto equivale á decir que el cono de sombra pura proyectado por la Luna
nueva hacia la Tierra, alcanza ó no la superficie de nuestro globo. Si
llega á dicha superficie, hay eclipse total para todos los puntos de la
Tierra que entran en su circunferencia, y parciales para cuantas
regiones sólo quedan sumidas en la penumbra. Este es el caso
representado por la figura 23.
[Illustración: Fig. 23. Eclipse anular de Sol.]
Según esto, las condiciones de posibilidad de los eclipses totales de
Sol son las siguientes:
La Luna debe hallarse en _conjunción_, esto es, ha de ser _novilunio_.
Este astro debe encontrarse además en las cercanías de uno de sus nodos.
Finalmente, su distancia á la Tierra debe ser menor que la longitud del
cono de sombra pura proyectado por ella en el espacio.
Las mismas condiciones, excepto la última, son las de los eclipses
anulares de sol.
=62. Visibilidad de los eclipses de Sol.=--Los eclipses de Sol no son
visibles más que en una porción muy limitada de la superficie de la
Tierra. Es perfectamente evidente, en primer lugar, que el fenómeno es
completamente invisible en todos los puntos de la Tierra para los cuales
no ha salido aún el Sol mientras dura el eclipse entero. Pero esto es
también exacto para otros muchos puntos de la Tierra, y la razón se
comprende sin dificultad.
En efecto, la Luna tiene un diámetro que es casi cuatro veces inferior
al de la Tierra. Su cono de sombra es, en su mayor anchura, demasiado
estrecho para que nuestro globo entero quepa en él; y hacia las
extremidades, sus dimensiones son bastante pequeñas para no producir en
la superficie de nuestro globo más que un círculo negro de unas 22
leguas de ancho. Según esto, un eclipse de Sol no es total, en un mismo
instante físico, sino para un círculo de dicha dimensión. Sólo que los
movimientos combinados de la rotación terrestre y lunar hacen que en
realidad el cono de sombra se pasee por gran parte de la superficie de
la Tierra, describiendo esta superficie una curva oscura. Las mismas
observaciones se aplican á la penumbra.
=63. Eclipse de Luna; condiciones de posibilidad.=--Los eclipses de Luna
pueden ser también parciales ó totales; pero nunca anulares, porque el
cono de sombra de la Tierra tiene siempre, aún en las mayores distancias
á que puede hallarse el satélite, dimensiones mucho más considerables
que el disco lunar mismo.
Los eclipses de Luna no pueden efectuarse más que en la época de la
oposición ó en plenilunio, con tal sin embargo que dicho astro se
encuentre en uno de sus nodos ó á escasa distancia de ellos. En
definitiva, para que el fenómeno ocurra, es indispensable que el globo
lunar atraviese los conos de sombra y de penumbra que la tierra proyecta
en el espacio, conos cuyo eje común coincide necesariamente con el plano
de la eclíptica.
Si la penetración en la sombra pura es completa, el eclipse de Luna es
total; si el astro sólo penetra en parte en dicho cono, el eclipse es
parcial.
Finalmente, el eclipse total se llama central cuando la Luna atraviesa
el cono de sombra en su mayor diámetro, lo cual exige evidentemente que
el instante de la oposición coincida con el paso de la Luna por su nodo.
=64. Aspecto de la Luna durante un eclipse.=--Al principio de un eclipse
total de Luna se observa primeramente una disminución marcada de la luz
del disco; la Luna entra en este momento en la penumbra. Luego, y de
pronto, se forma sobre el contorno un pequeño recorte oscuro que invade
poco á poco la parte luminosa del disco; pero este recorte dista mucho
de ser tan marcado como el de los eclipses solares. Su forma es
circular; pero de una curvatura menos pronunciada, circunstancia fácil
de prever y que el cálculo confirma, puesto que el diámetro de la sombra
de la Tierra es casi tres veces tan grande como el diámetro lunar.
=65. Forma y dimensión de la órbita lunar.=--La órbita de la Luna no es
circular; su forma es la de una elipse en uno de cuyos focos se hallara
la Tierra.
De ahí resulta que la distancia de nuestro satélite á nuestro globo es
ya mayor, ya menor. Su distancia media, calculada tomando como unidad el
radio del ecuador de la Tierra, es algo más de 60. Expresándola en
kilómetros, se encuentran 384,000, ó sean 96,000 leguas. En su mayor
distancia ó apogeo, la luna se halla á 101,000 leguas; en el perigeo,
sólo dista de nosotros 91,000 leguas. Estos números se aplican á los
centros de ambos astros.
[Illustración: Fig. 24. Dimensiones comparadas de la Tierra y de la
Luna.]
=66. Dimensiones de la Luna.=--Conociendo la distancia de la Luna á la
Tierra se han podido deducir las dimensiones de su diámetro, su
superficie y su volumen.
El diámetro es algo mayor que la cuarta parte del diámetro de nuestro
globo: equivale, en efecto, á sus 27 centésimos, lo que hace en
kilómetros 6,950, ó sean unas 1,738 leguas. La Luna mide 11,000
kilómetros de contorno.
Su superficie es la 13ª parte de la terrestre; su volumen, la 49ª parte
próximamente del de nuestro globo.
=67. Rotación de la Luna.=--Examinando las manchas que cubren el disco
lunar, no se tarda en reconocer, si se continúa este examen durante
algún tiempo, que la Luna presenta siempre las mismas á la Tierra, es
decir, que vuelve constantemente hacia nosotros el mismo hemisferio.
Este hecho constituye una prueba de que la Luna tiene movimiento de
rotación que dura lo mismo que la revolución sideral. Nada más que por
el hecho de presentar siempre la Luna la misma cara á la Tierra, que es
el centro de su movimiento, resulta claro que, dado un punto del espacio
celeste más ó menos distante de la órbita lunar, nuestro satélite debe
por el contrario presentar, en el mismo intervalo, todas sus caras á un
observador colocado en dicho punto.
=68. Montañas de la Luna.=--=Constitución física.=--Cuando se estudia la
Luna por medio de un telescopio de bastante alcance, se ven en la
superficie de su disco multitud de asperezas cuya presencia se acusa más
aún por las sombras que proyectan en la dirección opuesta á la del Sol.
La mayor parte de esas asperezas que no son más que las montañas de la
Luna, tienen forma circular que las hace parecerse á grandes circos, ó á
los cráteres de los volcanes terrestres. Las hay de todas dimensiones.
La altura de muchas de estas montañas ha sido medida; casi todas son muy
elevadas, y son varias las que suben tanto como las principales cimas de
la Tierra.
Rigurosamente hablando, en la Luna no hay cordilleras de montañas ó, por
lo menos, las alturas que se denominan así, son sólo los bordes ó
barreras, en parte ruinosas, de grandes cavidades circulares, á las
cuales ha hecho dar el nombre de _mares_ el color agrisado de su fondo.
Pero se ha reconocido que en la Luna no hay agua, y por tanto tampoco
océanos, así como no existe en ella atmósfera alguna.
Por efecto de su revolución alrededor de la Tierra y de su rotación
sobre su eje, la Luna presenta sucesivamente al Sol todos los puntos de
su superficie, durante la lunación, que se efectúa, según ya se ha
visto, en 29 días y medio. De ahí resulta que el día y la noche lunares
tienen en junto 709 horas. En el ecuador del mencionado astro, la
duración de los días es igual á la de las noches, siendo por tanto una y
otra de 354 horas y media. En las polos, el Sol permanece sobre el
horizonte 179 días, esto es, casi la mitad de uno de nuestros años. Ese
día viene seguido por una noche de análoga extensión.
EL SOL
=69. Foco de las órbitas de los planetas.=--El Sol es el foco común de las
órbitas de los planetas, esto es, de los astros que efectúan á su
alrededor un movimiento periódico de revolución, como lo hace la Tierra.
Está inmóvil respecto de ellos, á los cuales envía su luz y su calor.
Todo el mundo sabe que esta luz es tan viva que no se puede mirar al Sol
de frente, á menos que alguna nube ó la niebla no se interpongan entre
su disco y la vista del observador; en este último caso, es fácil ver
que dicho disco tiene forma perfectamente circular y que el Sol es
esférico, lo mismo que la Tierra y la Luna.
Sus dimensiones aparentes son con corta diferencia las mismas que las de
la Luna; pero como su distancia á la Tierra es mucho mayor que la á que
se encuentra nuestro satélite, sus dimensiones verdaderas son también
infinitamente mayores. Entremos en algunos detalles sobre este punto.
70. =Distancia del Sol á la Tierra.=--La distancia del Sol á la Tierra
ha sido calculada por procedimientos que no podemos describir aquí. Se
ha hallado que en su término medio equivale á 23,200 radios del ecuador
terrestre, esto es, en números redondos, á 148 millones de kilómetros, ó
á 37 millones de leguas. Es unas 384 veces la distancia de la Luna.
Estos últimos números dan la distancia media: las extremas se deducen de
ellos fácilmente, cuando se recuerda que la diferencia en más ó en menos
es de la 60ª parte próximamente de la distancia media. Entonces se
encuentra que el Sol, en la época de su máximum, se halla alejado de la
Tierra 23,600 radios terrestres, ó 37,600,000 leguas, y en su distancia
mínima 22,000 radios ó 36,350,000 leguas.
Como la distancia media sirve de unidad á todas las restantes, sea en
nuestro mundo solar, sea en el sideral, haremos algunas comparaciones
para que se comprenda mejor que por una simple enumeración de cifras,
cuan considerable es. Por lo demás, no hay dificultad para efectuar los
cálculos cuyos resultados damos aquí: un tren expreso de camino de
hierro que anduviese sin pararse 50 kilómetros por hora, no llegaría al
Sol sino al cabo de 336 años y 7 meses. Si el sonido pudiera propagarse
á través de los espacios celestes, desde el Sol á la Tierra, uno cuya
intensidad fuera bastante grande para agitar el aire en espacio tan
grande, no sería percibido por nosotros hasta los 13 años y 3/4
próximamente después de su emisión. Por último, la misma luz, cuyo
movimiento de propagación es el más rápido de todos los movimientos
conocidos, tarda 8 minutos y 16 segundos para recorrer la misma
distancia, no obstante su velocidad de 300,000 kilómetros por segundo.
71. =Dimensiones del Sol.=--Vengamos ahora á las dimensiones del Sol. El
radio de esta inmensa esfera equivale á más de 108 veces el radio
ecuatorial de la Tierra. Calculándolo en kilómetros, mide 692,000 ó sean
173,000 leguas, lo que da 4,350,000 kilómetros próximamente para la
circunferencia de uno de sus círculos máximos.
Si de las dimensiones lineales pasamos á las superficiales, se
encuentran 6,000,000 de millones de kilómetros cuadrados, esto es,
11,800 veces la superficie terrestre.
[Illustración: Fig. 25. Dimensiones comparadas del globo del Sol y de la
órbita de la Luna.]
Finalmente, el volumen del Sol no es inferior á 1,280,000 veces el de
nuestro globo, lo que da, en cubos de un kilómetro de lado, la cifra
enorme de 1,381,000,000,000,000,000.
Según se ha visto antes, la Luna se encuentra á una distancia media de
la Tierra igual á 60 radios terrestres próximamente. Si se imaginara,
pues, que el centro de la esfera solar viniese á coincidir con el centro
de la Tierra, no sólo se encontraría comprendida toda la órbita de la
Luna dentro del cuerpo del Sol, sino que sobraría 48 veces más el radio
de la Tierra entre la circunferencia de aquella órbita y la del inmenso
astro. La figura 25 da idea exacta de dichas proporciones y del
prodigioso tamaño del astro que distribuye en nuestro sistema la luz y
el calor.
Para representar al Sol, la Tierra y la Luna en sus verdaderas
proporciones de tamaño y de distancia, habría que disponer las imágenes
de esta manera. La Luna debería hallarse representada por un grano de
munición de 1 milímetro de diámetro. Á la distancia de 11 centímetros de
éste, se colocaría otro de 4 milímetros de diámetro, que sería la
Tierra. Y siguiendo la misma escala, el Sol quedaría representado por un
globo de 40 centímetros de diámetro, colocado á 42 metros de los dos
granos, para que la distancia fuera proporcional á las dimensiones
elegidas.
=72. Manchas del Sol.=--Visto á través de una neblina suficientemente
transparente, el disco parece de deslumbradora blancura. Pero si se le
observa con un anteojo provisto de un vidrio ahumado, se notan en la
superficie del cuerpo solar pequeñas manchas, rodeadas de una envoltura
agrisada. Estas manchas son en ocasiones redondas, pero á menudo
presentan también las formas más variadas é irregulares.
Se ha observado que se mueven siempre en el mismo sentido, y de esos
movimientos se ha deducido que el Sol gira uniformemente alrededor de
uno de sus diámetros y que la mencionada rotación dura 25 días
próximamente.
El Sol tiene luz propia, y su masa se encuentra en estado de continua
incandescencia; su globo está envuelto por una capa de hidrógeno en
ignición.
Por el contrario, los planetas carecen de luz propia y se limitan á
recibir y reflejar la del Sol. Esto lo sabemos ya en lo tocante á la
Tierra y á la Luna, y lo que no tardaremos en ver también respecto de
los demás cuerpos que efectúan revoluciones alrededor del gran astro.
Si el Sol se encontrara á distancias tan grandes como las estrellas que
más cerca se hallan de nosotros, sólo se presentaría á nuestra vista
como un sencillo punto luminoso; de lo cual se deduce que el astro
central de nuestro sistema no es sino una estrella, ó que cada estrella
es un Sol análogo al nuestro.
LOS PLANETAS
=73. Los Planetas=.--Ya hemos dicho que la Tierra no es el único cuerpo
que circula alrededor del sol. Otros siete planetas, cuatro de los
cuales tienen dimensiones más considerables que nuestro globo, y tres
que las alcanzan casi iguales ó un poco más pequeñas, efectúan sus
revoluciones periódicas alrededor del gran astro, en tiempos que varían
de 87 días á 165 de nuestros años.
Los ocho planetas son, par orden de sus distancias al Sol:
Mercurio
Venus
La Tierra
Marte
Júpiter
Saturno
Urano
Neptuno
Además, entre Marte y Júpiter circulan multitud de planetas muy
pequeños, separando así á los planetas inferiores de los grandes
planetas. Llámaseles _pequeños planetas_ ó _planetas telescópicos_,
porque no se les puede ver más que con anteojos poderosísimos. Se
conocen en la actualidad 271, y cada año se descubren otros nuevos.
Entre los planetas medios hay dos que están acompañados de satélites,
los cuales circulan alrededor de ellos del mismo modo que los planetas
lo efectúan en torno del Sol. Son la Tierra con la Luna y Marte con 2
satélites. También los grandes planetas tienen satélites. Júpiter posee
cuatro; Saturno, ocho; Urano, cuatro; y Neptuno, uno solo.
Contando todos estos cuerpos, y entre ellos el Sol, se encuentra que el
sistema planetario está compuesto de 300 astros, de ellos 279 planetas y
20 satélites.
=74. Distancia de los Planetas al Sol.=--He aquí las distancias medias de
los 8 planetas principales al Sol, representadas primero tomando por
unidad la de la Tierra, y luego en millones de kilómetros:
Mercurio 0.387 ó 57 millones de kil.
Venus 0.723 107 --
La Tierra 1.000 148 --
Marte 1.524 225 --
Júpiter 5.203 770 --
Saturno 9.538 1.400 --
Urano 19.183 2.832 --
Neptuno 30.035 4.428 --
=78. Duración de las revoluciones de los Planetas.=--Las duraciones de las
revoluciones en días y años de la Tierra son las siguientes:
Mercurio 88 días.
Venus 225 --
La Tierra 365, 25
Marte 1 año 322 días.
Júpiter 12 " 315 "
Saturno 29 " 167 "
Urano 84 " 7 "
Neptuno 164 " 280 "
=76. Planetas inferiores; superiores.=--Dos de los ocho planetas
principales están como se ve, más cercanos que la Tierra al Sol; por el
contrario, cuatro se encuentran más distantes. Los primeros se llaman
_planetas interiores_ ó _inferiores_; los otros, entre los cuales se
deben incluir los telescópicos, se denominan _planetas exteriores_ ó
_superiores_.
Como Mercurio y Venus describen órbitas que se encuentran envueltas por
las de la Tierra, parecen oscilar hacia una y otra parte del Sol; ya
pasan delante del astro, y á veces sobre su propio disco, donde se las
ve destacarse á manera de pequeñas manchas negras y redondas; ya pasan
por detrás del Sol. Estos planetas, vistos con el telescopio, presentan
fases como la Luna, y por las mismas razones que ella. Cada uno de
dichos cuerpos está animado de un movimiento de rotación que dura casi
lo mismo que el de nuestro globo. En efecto, mientras la Tierra gira
sobre su eje en... 23 h. 56 m.
Mercurio lo hace en... 24 h. 50 m. y.
Venus, en... 23 h. 21 m.
=77. Mercurio y Venus.=--Mercurio es más pequeño que la Tierra. Su
diámetro equivale á algo menos de los 4 décimos del terrestre, lo que da
como volumen algo más de la mitad. En cuanto á Venus, sus dimensiones
son casi las mismas que las de nuestro globo. La luz de estos dos
planetas es tan viva, que no se puede distinguir nada en su superficie,
cuando se les examina con el telescopio. Sin embargo, algunas manchas
distinguidas en Venus, y algunas desigualdades sobre el contorno de
Mercurio, han hecho suponer que en sus superficies existen altas
montañas.
Las órbitas de los planetas superiores envuelven por completo la de la
Tierra, de modo que nunca los vemos pasar por delante del Sol; pero en
cambio, van periódicamente á colocarse en el sitio opuesto al Sol, y nos
presentan un hemisferio completamente iluminado. Como esta posición
coincide, además con sus más pequeñas distancias á la Tierra, los
planetas mencionados pueden ser objeto de fructuoso estudio.
=78. Marte.=--Entremos en más detalles sobre cada uno de los planetas
superiores.
La órbita que Marte describe alrededor del Sol es, como todas las
órbitas planetarias, una elipse; pero, después de la de Mercurio,
ninguna es tan prolongada, quiero decir, tan distinta del círculo como
ésta. Así es que las distancias de Marte al Sol varían entre 204 y 246
millones de kilómetros, según que el planeta se encuentre en su
perihelio ó en su afelio. Sus distancias á la Tierra son igualmente muy
diversas, siendo la más pequeña posible cuando Marte se halla en
oposición, á 56 millones de kilómetros próximamente.